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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006. ¿Te gusta leer? Capítulo 3- Oye. ¿Has visto la película del Código Da Vinci? - Sí – le respondo. - Es que yo la vi y cuando leí el libro no me enteré que la chica era descendiente de Jesús. - Pues eso lo sabía yo antes de ver la película... y eso que no me he leído el libro. - Se ve que no me entero cuando leo. - A mí también me pasa. - ¿Qué calor hace no? - Sí. Tres tristes tigres comen trigo en un trigal. ¿Se puede hablar en verano de algo que no sea el calor? ¡Ya sé que hace calor! ¡No hace falta que me lo digas! Si no sabes de qué hablar quédate callada que no pasará nada. Hazme el favor de no mencionarme el calor que solo de hablar del tema me dan ardores. Viene un cliente. - ¿Me puedes decir qué teléfonos suenan más alto? - Todos suenan más o menos igual –le digo. - Pero yo es que estoy un poco sordo. Necesito que suene muy alto. Era extranjero. Se le notaba un poco de torpeza para hablar. Pero lo entendía bien. No sé si él a mí me entendía. - Pues estos modelos, por lo general, suelen sonar muy alto – y le señalo un teléfono al azar. - ¿Puedes sacarlo y ponerlo en marcha? - Sí claro, ¿Cómo no? Me produce fatiga enseñar los teléfonos. La mayoría de los que me piden que les enseñe los teléfonos luego no los compran. Los mejores clientes son aquellos que saben qué modelo quieren comprar y qué prestaciones tienen. Me gusta la gente con las ideas claras. Busco una tarjeta. Abro el teléfono. Quito la batería. Pongo la tarjeta. Monto el teléfono. Lo enciendo. Voy al menú. Selecciono los sonidos. Los pongo en marcha. - ¿Qué me dice? ¿Le gusta? - La verdad es que se oye muy bajito –me dice gritando. - Pues el volumen está al máximo. Le cambio la melodía con la esperanza de que se escuche mejor. El hombre arrima la oreja al teléfono y se concentra en la melodía polifónica como si estuviese recibiendo unas instrucciones militares. - No, no se escucha bien –dice- enséñame otro modelo. Saco la tarjeta. Monto el teléfono. Cojo otro teléfono de la vitrina. Le pongo la tarjeta. Lo enciendo. Pongo la melodía. - ¿Y este qué tal? – le digo con la esperanza de que se lo lleve y con una flamante sonrisa en la boca al comprobar la gran potencia con la que suena el teléfono. - La verdad es que este suena más. Pero me parece insuficiente. Enséñame ese otro –dice mientras señala a otro teléfono. El hombre iba acompañado de su esposa y de su hija. La esposa parecía muy sucia y la hija hablaba el castellano a la perfección. - Papá, este se escucha bien –le decía. De nuevo otro teléfono. Ya me estaba tocando los cojones. Sigue sin gustarle. Dice que suena muy bajito. Me pide que le enseñe otros. Prácticamente le enseño todos los que hay. Cuando le enseño dos teléfonos más y me vuelve a pedir otro le digo: - Oiga señor, todos los teléfonos suenan más o menos igual. - Sí. Pero quiero ver si ese suena mejor. - No va a sonar mejor. Es de la misma marca que el primero que te he enseñado. No va a encontrar ninguno que suene más. Si usted tiene un problema con su oído vaya al médico y que le pongan un sonotone, pero no esté buscando móviles especiales para usted –le digo ya cabreado. La esposa se siente ofendida. La hija me mira como a un criminal. El hombre creo que no me ha oído. La mujer le tira del brazo. - Vámonos, vámonos. El hombre me sonríe. Definitivamente no se ha enterado de lo que he dicho. - ¡Me lo pensaré! – me dice el sordo. Se va. Me giro. Mi compañera de trabajo se está muriendo de risa. - ¿Cómo le dices que se compre un sonotone? ¡Estás loco! - Si lo dices tú, que eres psicóloga, te creeré. Es la hora de la merienda. Todos quieren salir a merendar. Pero no podemos salir todos a la vez. Hay que turnarse. Como mucho pueden salir dos de las tres compañías que hay. - Me voy a merendar. Digo. - Oye, no vayas ahora. Que está ahí delante el jefe –me dice una. Me señala a un hombre con corbata. ¿El jefe? ¿Y a mí qué? ¿Por qué la gente se comporta de una forma u otra delante o detrás del jefe? Ellas ponen buena cara cuando está delante. Le chupan el culo. Fingen que le adoran y que les gusta trabajar y detrás son unas escandalosas maleducadas. Yo al menos soy maleducado delante y detrás. Me paso por el forro lo que me dicen. Me meo en quien haga falta. Salgo de allí. Nadie tiene derecho a impedir que yo salga media hora a merendar. A mí me importa una mierda causar una buena sensación al jefe. Que le hagan otros la pelota. Quiero mi napolitana, mi kas de naranja y mi periódico. No soy un hipócrita. Yo no tengo miedo de que me echen. Yo no estoy pagando ninguna hipoteca ni ningún coche. No soy como todos esos que han vendido 30 años de su vida para pagar una mierda de piso. Después presumen de que su piso se ha revalorizado el doble de lo que pagaron cuando lo compraron, como si eso les hiciese mejores personas o fuese una grata noticia. ¿No te das cuenta de que si se ha doblado el valor de tu piso también se revalorizan los demás? ¿Qué vas a hacer? ¿Vender el tuyo para comprarte otro que está igual de caro? Estúpidos. Luego la gente se queja de que la vivienda está cara. ¿Qué se puede esperar de estos idiotas que se sienten orgullosos de que sus pisos valgan el doble? Me paso media hora merendando. Vuelvo. Me pongo de nuevo al frente. El resto de gente se va a merendar. Yo me enfrento contra la gente. Me doy cuenta de que mi puesto de trabajo se parece a una trinchera. Voy vestido de mi uniforme militar y los enemigos se acercan para intentar acabar conmigo. Me agacho tras la vitrina. Me apoyo contra la pared. Se oyen los estruendos de los disparos y los cañones. En la guerra uno está muy solo. Busco en mi bolsillo interior de mi chaqueta la foto de mi amada. Encuentro una foto de Carmen de Mairena. En la guerra uno se acuerda siempre de su amada. La beso. Espero que ella me dé fuerzas para enfrentarme a los enemigos. Oigo unos pasos. Alguien está cerca. Debo salir para ver qué pasa. La integridad de mi bando depende de mí. Me asomo. Hay una persona. - ¿Qué desea? – le digo. - Quiero pasarme de tarjeta a contrato. Pero no sé cuándo finaliza el periodo de seis meses que tengo que estar como mínimo utilizando la tarjeta. - Yo no tengo acceso a esa información. Deberás llamar a atención al cliente. El cliente enemigo se pone a llamar a atención al cliente. Se le pone el contestador. Me sé de memoria lo que dice. - Diga que quiere otras consultas –le indico. - Otras consultas – dice. Por la cara que hace ya sé que el contestador le ha dicho: “perdone, pero no le he entendido”. - ¡HE DICHO QUE OTRAS CONSULTAS! – grita como un loco. La gente se gira para ver qué le pasa al hombre. Por lo visto el contestador no reconoce la voz y mucho menos los gritos. - ¡OIGA! –se pone a hablar con la máquina- ¡PÓNGAME CON UN SEÑOR DE ESOS QUE HABLAN! Me meto en la trinchera de nuevo. Tengo que reírme. No lo soporto más. Ahí fuera son muchos y yo estoy solo. Seguiremos en la guerra hasta que nos invadan. Hasta la derrota siempre. ¿Te gusta leer? Capítulo 4Estoy trabajando. No hay gente y me aburro. La tarde es angustiosa, hace calor y me quiero ir a casa. Intento distraerme como puedo y para ello me quedo absorto en las preguntas filosóficas que habitualmente suelo formularme: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Por qué se creó el universo? ¿Por qué nos crece pelo en los sobacos? ¿Por qué hasta el más idiota tiene novia y yo no? Mi compañera me dice que se va un momento. Me quedo solo. Cuando veo que se aleja me acerco al ordenador y me conecto al messenger. Lo hago por inercia aunque no tenga nada que hablar con nadie. Pero me sigo aburriendo. ¿Qué puedo hacer? Miro alrededor y compruebo que no hay nadie cerca. Voy a aprovechar para visitar mi blog y ver si alguien me ha dejado algún comentario. Busco la página en google para que no se quede grabada la dirección en el Explorer; sería fatídico que mis compañeras se enterasen de que tengo un blog y que en él escribo lo que pienso de ellas. Entro y veo que alguien me ha dejado un comentario. Me alegra que me comenten, aunque últimamente no lo hacen mucho, supongo que todos estarán de vacaciones, aunque lo curioso es que últimamente estoy recibiendo más visitas que nunca. El problema es que la mayoría vienen desde google porque andan buscando a Jesucristo. Me he dado cuenta de que si pones la palabra “Jesucristo” en el google imágenes aparece mi página en primer lugar . Es todo un honor que mi página aparezca en primer lugar cuando introduces en el buscador el nombre del personaje más importante de la historia. Seguramente se trate de una señal. Ya sabemos que dios ha intentado comunicarse conmigo muchas veces y esto significará que mis escritos representan la palabra de Dios en la actualidad. No puede ser otra cosa. Einstein ya dijo que el azar no existe y que dios no juega a los dados. - ¿Qué haces? – me pregunta mi compañera de repente. - Nada, nada –respondo asustado, no la había visto venir. - ¿En tierra firme? – pregunta mientras mira al monitor – ¿Qué es eso? - Nada, nada, una página de teología –le digo mientras me apresuro para cerrar la ventana lo más rápido posible. Precisamente tenía abierta una historia de la saga que hablo de ella. Abro la ventana del messenger y finjo estar hablando con gente para disimular. - Oye, yo quiero abrirme una cuenta de esas de messenger. ¿Cómo se hace? Pienso que es una buena forma para que se entretenga. Le indico los pasos a seguir para que se cree una cuenta. Parece que eso la hace feliz. Finalmente, le digo que abra el programa y que introduzca su dirección y su contraseña. Pone su dirección, le da al cursor en la casilla de la contraseña y me mira. - ¿Qué contraseña he puesto? - Tú sabrás, yo no lo te la he visto. - Pues no me acuerdo. - ¡Pero si no hace ni un minuto que la has puesto! - Pues ya se me ha olvidado. Tras 4 o 5 intentos fallidos consigue recordar que su contraseña era su fecha de nacimiento y, al fin, consigue conectarse. - ¡Qué bien! ¡Ahora puedo agregar a gente! - Eso ya es más difícil. Se levanta y comienza a pedir el correo a todas las chicas de las otras compañías y una a una las va agregando. De pronto se dirige a mí y me dice: - Dame tu correo. Me quedo pensando. No puedo dárselo. Si me agrega y visita mi espacio verá que hay un link que dirige al blog y no puedo consentir que eso pase porque vería todo lo que escribo sobre el trabajo. - Ahora me conectaré y te agrego yo, es que mi dirección es un poco complicada de escribir – le digo para intentar hacer tiempo. Vienen clientes. Hacemos unos cuantos contratos y vendemos otros tantos teléfonos. Parece que ella ya se ha olvidado de mi dirección de correo. Eso me relaja. Cuando ya es casi hora de cerrar ella vuelve a conectarse y se pone por el messenger con las compañeras que tiene a dos metros de ella. - Oye, todavía no me has dado la dirección. Dámela ahora. Santo dios... si se la doy leerá todo y me denunciará. No me hablará y seré una nueva víctima del mobbing. ¿Qué puedo hacer? Se la daré. Me da igual. - La dirección es... entierrafirme@hotmail.com Me agrega. - ¡Ahora ya podré hablar contigo! ¡Qué bien! Luego se pone a cantar una canción por lo bajo. Hablaba de amor y de alguien que deja a otro y que, por lo visto, se querían pero su amor era imposible. - Oye, ¿Se puede saber qué cantas? –pregunto. - ¡Camela! ¿Te suena la canción? - No, era curiosidad. - Es que tengo todo el día esa canción en la cabeza, la cantaba en mi adolescencia. ¿Sabes? Tengo tooooodas las cintas de Camela, imagínate el tiempo que tendrán, cuando me las compraba todavía no tenía ni un reproductor de CD. - Qué interesante... ¿Y cómo se titula esa canción? – se lo pregunto con la intención de detallar en el blog semejante conversación. - La canción se titula: “No puedo estar sin ti”. Si te gusta te puedo traer algunas de esas cintas y las escuchas. - No, no, eres muy amable, pero no es necesario que te molestes. - Pero si está guay. Y de pronto comienza a cantar la canción entera: “No puedo estar sin ti, me muero por tu amor...” y se pone a bailar como si estuviese en una discoteca. Un cliente que anda por allí nos mira con mala cara. Yo siento vergüenza ajena. No sé dónde meterme. Ella sigue cantando y bailando. La situación es desesperante y prácticamente irreal. Yo comienzo a reírme sin parar en su cara. Para colmo le he dado mi dirección de correo donde tengo un espacio en el que aparece la dirección del blog. Leerá todo lo que he contado de ella y se lo contará a los jefes y me echarán. ¡No! ¡No puede ser! ¡Debo hacer algo! Compañera de trabajo: Sé que esto no es el Código da Vinci y posiblemente no lo leerás, pero si por alguna de aquellas lo lees y encima te enteras de lo que dice, que sepas que me caes bien y que todo lo que escribo aquí es mentira, lo único que pasa es que yo exagero la realidad para que los lectores se diviertan. Suelo hacerme pasar por un tipo duro al que todo le molesta y el mundo le asquea. Yo, en realidad, pienso que la vida es maravillosa y que ser católico es lo mejor del mundo. Como bien sabes, yo amo mi trabajo y en ningún momento pretendo criticarlo. De hecho, me gustaría trabajar más horas para poder estar con vosotras y que me contéis lo bien que lo habéis pasado en la discoteca y lo guays que son vuestros amigos. Ya sabes que me meo cuando me cuentas esas anécdotas tan divertidas que te suceden junto a tus amigos cuando estás en el parking de la discoteca. Espero que me perdones si te has sentido ofendida con alguno de mis comentarios sobre ti, sabes que me caes bien y no me perdonaría nunca hacerte daño. Debería haberte dicho antes que yo quiero ser escritor, y algún día me gustaría poder publicar una novela o escribir un guión de cine, y para ello se requiere decir tantas mentiras como las que yo he dicho aquí sobre ti. Lo dicho, espero que no te haya sentado mal y que pronto nos podamos ir de fiesta para poder liarla por ahí. Un afectuoso abrazo. Fdo: Fredy Espero que con esta carta tan sincera perdone mi desfachatez. - Oye, pues tráeme alguna cinta de esas de Camela, igual me gustan –le digo. - Vale, mañana te la traigo. Está oscureciendo y es la hora de cerrar. La vida es maravillosa y todo lo que sale en las películas, en los libros y, por supuesto, en los blogs, es mentira. Y justo en el momento de partir viene un cliente. Lleva un vaso de cerveza en la mano y va borracho. Tiene unas melenas que le llegan hasta la cintura, lleva una camiseta negra y pulseras de cuero. Es un auténtico heavy. Me mira y me dice con su lengua trabada: - Quiero comprar el móvil más barato... es que cada semana pierdo uno. Ir al cine solo![]() Era la una menos cuarto de la noche y de pronto se me ocurre la genial idea de ir al cine. A la una había una sesión y me apetecía ver la nueva película de Superman. Rápidamente me cambié y a la una menos cinco cogí el coche. Llegué a los cines a la una en punto y me fui corriendo a la taquilla.
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Yo me pregunté. ¿Por qué cojones ponen Superman Returns y luego el regreso? Si lo repiten porque es la traducción que al menos lo pongan entre paréntesis. Pero parece parte del título y están repitiendo lo mismo. ¡Serán garrulos!
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Borges me perdonaría![]() Fui a la biblioteca del instituto a estudiar. No había nadie. No era extraño: en mi biblioteca nunca había gente. Ese día no estaba ni el bibliotecario. Abrí los libros y me concentré en el estudio. Entonces sentí una extraña sensación: miré a mi alrededor y por un momento sentí que los libros de la biblioteca habían cobrado vida y me estaban mirando con pena. Nadie les hacía caso, parecía que se estaban muriendo del asco. Los libros estaban marginados por los alumnos del instituto. En ese lugar la cultura estaba abandonada. Entonces me dirigí a la estantería de literatura española. Desde hacía tiempo que quería leer a Borges, todos decían que era un Dios de las palabras. Vi un libro de relatos del maestro, era una edición del año 82, el año en que nací. El libro parecía nuevo. Seguro que tan sólo lo habrían leído dos o tres alumnos en 23 años. Cogí el libro, lo metí en la mochila y me largué de allí. Al salir, imaginé que Borges comprendía el acto solidario que realicé con su libro. Él sabía que rescaté a su libro del olvido y que ya no volvería a estar más en esa polvorienta biblioteca. No me sentí culpable, todo lo contrarío: me sentí un santo, como Fray Guillermo cuando en el Nombre de la Rosa rescató de las llamas el mayor número de libros posible. Aquel mismo proceso se repitió durante semanas con otros libros que merecían estar en un lugar mejor, como, por ejemplo, en mi casa. Un hombre con el alma corrupta defecando.![]() Entró en el cuarto de baño, se situó de culo al inodoro y se bajó los pantalones. Una persona aparentemente normal se hubiese sentado, pero él introdujo su cabeza en el inodoro e hizo el pino. Haciendo un gran esfuerzo consiguió alcanzar el equilibrio y que su culo apuntara hacia el techo, hacia arriba, hacia la Idea de Bien. Comenzó a hacer fuerza. De su culo iba apareciendo lentamente una figura cónica marrón que crecía como una flor, como una montaña que se eleva hacia el cielo, como una orca que sale del océano para dar un salto. Cuando aquel cuerpo castaño estuvo medio fuera, el hombre dejó de moverse y la mierda abrió los ojos, miró a su alrededor y se vio atrapado en aquel ano. Hizo un gran acopio de fuerzas y logró sacar sus extremidades superiores aprisionadas y con ellas pudo impulsarse para salir de aquel agujero negro. La caca caminó hasta el botón para tirar de la cadena, lo presionó y el cuerpo fue engullido por el inodoro y transportado a través de las cañerías hacia una vida mejor. Y así, queridos amigos, la mierda salió de aquel cuarto de baño dispuesta a encarar su nueva vida mostrándose tal y como era. El alma que habitaba dentro de él, la que daba movimiento a su cuerpo, se había desprendido de su disfraz. Pintura: Elisa M. Rufat Madrid. Capítulo 2Lo primero que vi al entrar fueron a dos gogos bailando sobre el podium situado en medio de la pista central. ![]() Sólo llevaban un pequeño calzoncillo que tapaba lo mínimo. La discoteca estaba repleta. La mayor parte de la gente se congregaba en la pista central o estaban agolpados en la barra. Aproximadamente había unos veinte tíos por cada tía. Esto iba a ser peor de lo que me pensaba. Tenía que aguantar. A lo largo de mi vida he pasado muchos malos ratos. He trabajado mucho, he tenido que ver las horas pasar una tras otra hasta que llegase el momento de mi liberación. Cuando curraba me sentía así, por lo tanto hoy iba a ser como uno de esos días: puro trámite. Estaría allí metido con mis amigos, sobre todo con Salva, que encima que me había ofrecido alojamiento no iba a estar diciéndole dónde teníamos que ir o no. No tenía derecho a quejarme. Además, yo no conocía Madrid y no podía irme a ninguna parte. Soportaría lo que fuera necesario. Decidieron ponerse a bailar en medio de la pista central. Yo apenas me movía, yo era el más muermo que estaba metido allí dentro. No quería llamar la atención a nadie. Quería ser invisible, no quería existir durante unas horas. Los hombres comenzaron a bailar entre ellos y algunos se besaban. Las luces rojas me hicieron imaginar que yo era como Dante y había descendido a los infiernos para observar de primera mano cómo pecaba el ser humano en ese tugurio de mala fama. Un buen periodista debe meterse en la boca de lobo para extraer todo el jugo y dar mayor realismo a sus crónicas, debe estar en plena guerra para contar a través de sus ojos lo que pasa. Pero yo sólo era un idiota que se creía poeta y soñaba con ser periodista que estaba metido en una discoteca de maricones. Sentía asco de mí mismo, yo, que siempre había defendido a ultranza los derechos de los homosexuales me estaba convirtiendo en un homófobo, tenía miedo de que me hicieran algo, pensaba que me iban a violar y que, para colmo, me iba a gustar. Pero a medida que iba pasando el tiempo me di cuenta de algo: no veía que los homosexuales se liaban mucho más que los heterosexuales en cualquier discoteca. Es más, incluso podía decir que eran más recatados. Además, había una similitud entre las discotecas que conozco y esta: jamás iba a ligar con nadie. Hecho que me consoló en ese momento. Y todo tiene una sencilla razón: Por lo que pude ver, todos los gays se cuidan muchísimo más, la mayoría iban al gimnasio, tenían una ropa que se notaba que habían elegido de forma muy selecta. Tenían clase. Y yo sólo era un barrigón que iba con mis vaqueros y zapatillas. Por suerte no me arreglé mucho para salir. Salva y Diego se fueron a pedir su consumición. Yo me quedé con el excompañero de piso de Salva, el que se ponía a llorar cuando él se iba. Intenté no intercambiar ni una sola palabra con él. Se me notaría en mi cara el desagrado. Me fijé que de las pocas chicas que había, la mayoría estaban situadas a pie de los podiums mirando a los gogos. Había una que estaba mirando fijamente a un gogo con cara de ninfómana salida, intentaba provocarle mostrando su escote y dejando caer los tirantes de su vestido para que se asomaran mejor sus dos enormes globos. Con la mirada le estaba diciendo: “quiero que me folles, quiero que dejes de ser maricón y aproveches tu cuerpo para joder a una tía como yo, sé que te la puedo poner dura, mírame, ¿Ves mi cara? Quiero que te corras en ella”. Los gogos les seguían bastante el juego, las miraban, les dedicaban sonrisas, pero no bajaban. No lo entendía. Supongo que muchos de los homosexuales que trabajaban allí lo eran porque ya estaban hartos de perforar coños. ![]() Al cabo del rato vi a un tío que no paraba de mirarme. Mal asunto. Pero de pronto me acordé de las palabras de Salva: me dijo que le gustaba jugar con ellos y mostrar lo que no era solamente para divertirse. Entonces comencé a mirarlo yo también, quería saber qué pasaba, aunque sabía que me estaba metiendo en un marrón. Comenzamos un juego de miraditas completamente descaradas. Yo me reía, el tío se pensaba que me hacía gracia, pero me reía de la absurda situación, yo haciendo juegos de nenas en ese lugar. Era para matarme. Si algún amigo se enterase de lo que estaba haciendo seguramente me dejaría de hablar o cuando fuese conmigo iría siempre con el culo pegado a la pared. Por no hablar de todos esos personajes de mi clase que piensan que ser homosexual es la mayor deshonra que puede haber para una familia y para una persona, como si fuera una enfermedad terminal. Eso no lo contaría a nadie, sería mi ruina. Hasta que me cansé de aquel absurdo juego y ya no le miré más. Se iba a quedar con las ganas. Que le den. El tiempo avanzaba (no, aunque parezca mentira no retrocedía). Estaba acusando el cansancio del viaje. La noche anterior no había dormido y los pies comenzaban a dolerme. Quería irme a casa pero no podía. Era como un niño pequeño llorando a su mamá en medio del peor antro del universo. Necesitaba sentarme o iba a morirme. - Salva. Voy a los asientos de allí a sentarme. Necesito descansar un poco. - Yo te espero aquí. Me acerqué a los asientos que estaban en el lateral. Tenían forma de media luna. Todos los sitios estaban ocupados menos uno donde estaban dos chicas sentadas en un extremo. Me senté en medio del semicírculo. Mis pies por fin descansaban y mi culo estaba a salvo. De pronto se acercó una borracha y se sentó a mi lado. No le hice mucho caso, pero pronto comenzó a reírse sola, echaba la cabeza hacia atrás y no dejaba de reír. Me quedé mirándola para ver qué le pasaba. Ella se giró y al verme comenzó a reírse más. - No quiero ni imaginar lo que estarás pensando de mí – me dijo. - Nada, no pienso nada. - Es que como estoy aquí sola riéndome, te pareceré patética. - No, que va. Me parece bien que te rías. - ¿Qué haces aquí? - Descansar, tengo los pies molidos. ¿Y tú? - También descanso. Estoy echa polvo. - ¿Sabes? Es la primera vez que vengo aquí y a un lugar como este. - ¿Y? - Estoy muy sorprendido. Es que yo soy de pueblo y ver todo esto me deja un poco estupefacto. - ¿Sí no? - Sí - ¿Y esperas que me crea este rollo? - Te estoy diciendo la verdad. ¿No me crees? - Pues claro que no. Menudo cuento me estás soltando para excusarte de que estás aquí. - ¡Es verdad! He venido porque un amigo me ha traído. - Y yo también estoy aquí para acompañar. - ¿De verdad no me crees? Puedes preguntarle a él que está ahí enfrente bailando. - No tienes por qué demostrarme nada. Tú eres libre de decir lo que quieras y yo de pensar lo que quiera. - Sí, pero yo te digo la verdad joder. Yo no tengo por qué mentirte. Comenzó a reírse de nuevo como una loca. - Qué fuerte los tíos. Ya no sabéis qué decir. - Joder, que es verdad. Yo en mi vida he estado en un sitio así. Y ya que estoy pues veo por curiosidad lo que hay, cómo es, me gusta meterme en la boca del lobo. Me gusta estar en el cielo y en el infierno. - ¿Y esto es el cielo o es el infierno? La pregunta me había pillado por sorpresa. Si decía que era el infierno igual se sentía ofendida. Posiblemente era una lesbiana despechada que me tiraría la copa por la cara si le dijese lo que pensaba del lugar. Decidí ser prudente y decir: - No lo sé, la verdad. Sólo sé que todo esto para mí es nuevo y muy sorprendente. - ¿Sorprendente por qué? - No lo sé, me gustaría entender qué hay en la cabeza de la gente, qué es lo que quieren y por qué son así. - Mira a tu alrededor. ¿Qué ves? Eché un vistazo y lo único que veía era a mucha gente. - A mucha gente. - Fíjate bien. La mayoría están solos. - Es cierto – observé. - Vienen aquí para estar solos y bailar. Quieren olvidarse de lo que hay ahí fuera. Quieren desconectar. ¿No te das cuenta? - Tienes toda la razón del mundo. - ¿Qué tal si te quitas los prejuicios y sales a bailar un rato? Intenta divertirte tú también. - Si yo intento divertirme, pero no es mi lugar. - Es increíble que alguien como tú esté en este lugar. Creo que eres la única persona normal que hay aquí. - No sé si eso me consuela. - Bueno amigo, me voy a ir, ya he descansado suficiente. Ha sido un placer hablar contigo. Y lo dicho, sal ahí y diviértete tú también. - Gracias, el placer ha sido mío. Por cierto. ¿Cómo te llamas? - Cristina. ¿Y tú? - Fredy. - Encantada – nos dimos dos besos – espero verte más tarde. - Lo mismo digo. Se levantó del asiento, y se perdió entre la gente con un paso desequilibrado. No la volví a ver. Inmediatamente, se acercó un tío al sofá y se sentó en el mismo sitio en el que estaba Cristina. No le dirigí la mirada, pero por el rabillo del ojo veía que no paraba de mirarme descaradamente esperando un gesto por mi parte. Era el momento ideal para levantarme e irme. Y así lo hice. Todavía conservaba el ticket de consumición en el bolsillo. Al principio tenía miedo de ir a la barra solo. Pero me di cuenta de que la gente era inofensiva, era gente normal que lo único que quería era distraerse un rato con la música. Les dije a mis amigos que iba a la barra a pedir y caminé hacia la barra. Esquivé a la gente que se interponía en mi camino, observaba las caras de la gente, ¿y si algún conocido había ido a Madrid y nos encontramos allí? ¿Cómo le iba a explicar que no era lo que parecía? La barra estaba abarrotada de gente y me costó bastante hacerme un hueco para pedir. Sólo había un camarero pero no tardaría mucho en atenderme a mí. Me apoyé tranquilamente en la barra y me puse a pensar mientras esperaba. En ese momento ya tenía claro que iba a hacer un relato con todo lo que me estaba sucediendo y comencé a pensar cómo lo contaría. Cuando de pronto, un tío se acercó por detrás de mí para pedir y me restregó todo su paquete por el culo. ¡Mierda! Reaccioné enseguida poniéndome firme y de lado. ¡Qué horror! Con el descuido de la barra puse el culo en pompa y un hijo de puta se acercó y arrimó la cebolleta. ¡Me cago en su madre! Sentí un asco indescriptible. Me dieron ganas de empujarle y de pegarle un puñetazo. Pero era imposible hacerlo. Si lo hiciese todos vendrían a pegarme a grito de “¡hay un heterosexual entre nosotros!”, “¡hay un topo!” y me matarían. Era una sensación horrible. Ahora sé lo que siente una mujer cuando un tío se le acerca en una discoteca y le refriega todo su material ¡Qué repugnancia! En mi vida había he hecho algo así, pero sabiendo el asco que ocasiona ni se me pasaría por la cabeza. Aunque bueno.... sé de muy buena tinta que a muchas chicas les gusta sentir eso y por eso van tanto a las discotecas. Mi copa y yo salimos a salvo de aquel infierno. Eran casi las ocho de la madrugada y la discoteca iba a cerrar. En ese tiempo había visto todo tipo de personas allí dentro: chulos, maricones, violadores, asesinos, pijos, locos, travestis, transexuales, sacerdotes de incógnito, gordos de 200 kilos vestidos de mujer, de todo. Anunciaron que iban a cerrar. Había pasado cuatro horas dentro de ese antro y pude sobrevivir. Por fin nos iríamos a casa a dormir. Por fin podría descansar. Por fin me alejaría de los homosexuales. Por fin podría dar rienda suelta a mi orgullo heterosexual. ¡Aleluya! Salimos de la discoteca y la luz del día nos deslumbró. Volví a mirar al cielo y vi de nuevo la bandera de 20 minutos. ![]() Al fin estaba fuera de ese ignominioso lugar. La discoteca Ohm, tenía el nombre el mantra más sagrado, el primer sonido de la creación. En aquel lugar uno podía creer que Dios era gay. Más de un budista habrá entrado a la discoteca pensándose que se trataba de un templo sagrado y habrá salido con un curioso escozor en el ano. - Bueno chicos, ¿Qué hacemos ahora? – preguntó Salva. En ese mismo momento pasó un relaciones públicas por nuestro lado y nos dio unas invitaciones para un after. Diego se quedó mirando la tarjeta. - ¿Qué tal si vamos a este sitio? Está cerca –dijo Diego. - Me parece bien –dijo Salva. - Sí, debe estar bien. Hijos de puta. Aún tenían fuerzas para ir a un after y yo estaba muerto. Claro, como ellos no acababan de hacer un viaje y no pararon de meterse coca durante toda la noche aún tenían ganas de más. Yo creía que me iba a morir. Pensaba que me iba a ir a casa y ahora resulta que querían ir a un after. Pero bueno, al menos ya habíamos salido de aquel espantoso lugar, en el after al menos habrían mujeres... ¿O era otro local de ambiente? - Oye Salva –le dije por lo bajo mientras caminábamos hacia el after – ¿El sitio al que vamos también es de gays? - Sí. No contesté. Argumento para un videojuego![]() Nombre del videojuego: Grand theft Auto. Cullera City. (Fredy quiere vivir en paz)
Primera fase Fredy está durmiendo y el perro del vecino no deja de ladrar. Para poder conciliar el sueño Fredy debe lanzar desde su balcón salchichas envenenadas para matar al maldito perro de los cojones. Es una prueba de extrema violencia, ya que matar a un animal es más grave que matar a una persona. Segunda Fase Fredy quiere seguir durmiendo hasta el mediodía, pero en su casa no paran de poner la tele a tope. Fredy deberá coger una katana y degollar a todos sus familiares. El nivel de dificultad aumenta porque si uno de ellos consigue escapar llamará a la policía y te detendrán. ¡Suerte! Tercera Fase Fredy debe ir a trabajar con su coche de mierda y no soporta que lo adelanten los pijos con cochazos que ponen música puchipuchi. Cuando uno de estos descerebrados intente adelantarle, Fredy deberá acelerar para que el pijo no pueda reincorporarse al carril y se estrelle con los coches que vienen de frente. Cuantos más coches de pijos consigas destrozar más puntos ganarás. Cuarta Fase Fredy intenta trabajar. Pero la gente le molesta. Fredy deberá matar a todos los que se acerquen al estand de telefonía con los rayos infrarrojos de un teléfono mortífero. Hay que aplicarse con contundencia ya que los clientes tienen la capacidad de resucitar y convertirse en zombies y volver al ataque. Deberá procurar que no acaben con él. El nivel de dificultad aumenta a medida que se matan a más personas. Quinta Fase Fredy está harto del consumismo que hay en su centro comercial. Considera que toda la gente es idiota y merece morir. Para ello robará una pistola al vigilante de seguridad e iniciará una matanza indiscriminada contra todo sujeto que circula por el centro comercial. La policía entrará en acción y te podrá detener. Podrás matar a policías y robarles sus armas cada vez más superiores. Nivel de dificultad altísimo. Fredy está harto de la Iglesia. Para acabar con ella roba un tanque en una academia militar y se lanza por la ciudad en busca de Iglesias y conventos que destrozar. La matanza de curas y monjas aumentará tu reputación. Fredy pasea por Cullera y se da cuenta de que no hay librerías. Los únicos negocios que hay en Cullera son inmobiliarias y la especulación urbanística de cuatro mafiosos. Ante esta situación Fredy pasa a la acción directa y debe incendiar con cócteles molotov todas las inmobiliarias de Cullera. Décima fase La fase final. Extrema dificultad, casi imposible. Fredy intenta ligar y deberá encontrar a una mujer adecuada a sus pretensiones. Fredy deberá buscar entre 50 millones de chicas y encontrar a la chica ideal. (si es que existe).
¿Te gusta leer? Capítulo 5Tenía que ir a trabajar. Me dirigí hasta el coche y vi que había una moto aparcada en doble fila que no me dejaba salir. Era una Harley y yo no quería quitarla por si se me caía. Supuse que su propietario estaría dentro de la peluquería que había enfrente y fui a buscarle. Caminé hacia la puerta de la peluquería y divisé a través del cristal a dos chicas hablando. Ellas vieron que me acercaba y me miraron. Una de ellas se inquietó ante mi llegada y cuando vio que yo iba a entrar, rápidamente se abalanzó hacía la puerta, echó el cerrojo y dio unos pasos atrás sin dejar de mirarme aterrorizada como si fuese Jack Nicolson en “El resplandor”. ![]() ![]() Me pregunté si la acción de la chica estaba provocada por mi cara de asesino o por lo feo que soy. - Oye. ¡Sólo quiero preguntar si la moto esa de ahí fuera es vuestra! – dije a través del cristal. La otra chica, que parecía más calmada, me abrió la puerta y me indicó que la moto era del chico de la tienda de al lado. Fui a la tienda de al lado y el chico retiró la moto. Ya llegaba tarde, no puedo remediarlo. Aunque en realidad me importa un comino (por no decir una mierda). No hace mucho llamé a la empresa para decirles que me pagasen la gasolina, les dije que me gastaba mucho dinero en ir y volver al trabajo y que eso me lo deberían pagar en una dieta de viaje. Les faltó poco para reírse de mí. Desde entonces decidí llegar tarde a propósito, si mi jornada laboral empieza a las cinco de la tarde yo salgo de casa a esa hora. Desplazarme al trabajo entra dentro de la jornada laboral y por lo tanto siempre llego media hora tarde. Soy justo con el trato que me han dado y, por suerte, a mis compañeras no les importa que llegue a la hora que me dé la gana. Como soy un refuerzo no requieren mi presencia allí y pueden arreglárselas a solas. De hecho, la chica que está allí me dice una hora antes de acabar que si quiero que me vaya, o me dice que llegue tarde y duerma tranquilo la siesta, incluso hay mañanas que me dice que no es necesario que vaya, dice que no le importa, como por las mañanas y a última hora no hay mucho trabajo puedo irme y no pasa nada. No hace falta que me lo diga dos veces, cuando me lo dice me voy al instante. Me agrada que me deje marchar pronto y que no le importe, aunque pienso que en realidad lo hace porque mi presencia le resulta desagradable y cuando me voy puede chatear mejor en messenger sin que yo la moleste. Bien por ella y bien por mí. A mí me pagan lo mismo aunque no vaya. De algún modo debo cobrar la gasolina que no me quieren pagar. Hay una compañera de trabajo que detesto, trabaja en otra compañía y cada vez que la veo intento huir de ella. No soporto sus conversaciones, siempre que hablo con otra persona viene ella a dar la puntilla, cuenta su caso sobre lo que estamos hablando o nos da su opinión sin que nadie se la pida. De algún modo quiere sentirse protagonista en todo momento, se cree que es una tía interesante y que todo lo que dice es de interés general. No tía, te equivocas, cada vez que hablas es para soltar mierda por la boca, estoy harto de que me hables de tus jodidos hijos, ¿No sabes hablar de otra cosa? ¿Por qué la gente tiene que hablar de sus hijos y presumir de ellos? Yo no soporto que mis padres hablen de mí ni para bien ni para mal. A mí me importa un carajo si tu hijo se caga, si mea, si dice una tontería o si le vas a comprar un vestidito supermono. ¡No me interesa! Intentas justificar tu vida teniendo un hijo porque en tú vida has hecho nada. Los hijos son prolongaciones de uno mismo, se aman, se quieren y se les cuida, pero sólo porque son parte de ti, ¿Pero qué pasa si te odias a ti mismo? Yo lo que no entiendo es que haya gente que se quiera a sí misma, y más tratándose de gente con mentes infrahumanas. No sé quién dijo una vez que los hijos son como los pedos: Sólo te gustan los tuyos. Yo espero no tener nunca un demonio de esos. Por mí la raza humana se puede extinguir. La experiencia con esta tía me ha ayudado a reconocer a las tías idiotas. Me ha llevado años conseguirlo, pero al final he descubierto cómo hacerlo. Las tías más detestables son aquellas que apenas tienen labios. Piensa en alguien que te caiga mal, ¿Ya? ¿A que tiene los labios finos? ¿A que sí? Es infalible. Alejaos de todas las tías que no tengan labios carnosos, son dementes psicópatas que os hablarán de sus hijos y sus pedos. ¿Qué pasa? ¿Qué no estás de acuerdo con mi teoría? ¿Es que no tienes labios y crees que eres una persona que vale la pena? No lo intentes justificar: eres una de ellas por mucho que digas. No entiendo por qué los científicos no se han dado cuenta antes. Debo estar agradecido a esta tía por el extraordinario hallazgo. Y es curioso, esta tipa me caía bien al principio. El primer día la escuché tararear una canción de Sabina y le pregunté si le gustaba, ella me dijo que sí, que se sabía todas sus canciones, que tenía todos sus discos y que su hijo de diez años también se sabía todas las canciones. Desde entonces sólo hablábamos de Sabina y de su música, me contó anécdotas que vivió en conciertos a los que ha asistido. Pero un día que ella quería impresionarme con lo mucho que sabía sobre Sabina me dijo: - ¿Y sabes qué? También tengo el libro de la biografía de Sabina. - ¿Ah sí? Qué interesante. ¿Y qué tal está? - No lo he leído. Pero está muy bien. Desde entonces la miré con otros ojos. Comencé a sospechar que era una imbécil más. No tardó muchos días en demostrármelo por completo. Vi cómo ella vendía los teléfonos libres sin que nadie se lo pidiera. En teoría, los que se encargan de vender los teléfonos libres son los empleados del centro comercial, los promotores de las distintas compañías no tenemos por qué meter la pezuña en esas vitrinas. Pero claro, los encargados están encantados con gente como ella, que ahorra el sueldo y el trabajo de otros trabajadores. Ella hace los trabajos que no son de su competencia porque cree que haciendo eso es una buena trabajadora y una buena persona. Eso agrada mucho a los jefes. Por culpa de gente como ella los que nos negamos tajantemente a vender teléfonos que no sean de nuestra compañía estamos mal considerados, y es que ahora los jefes quieren que todos hagamos lo mismo, que sigamos los pasos de esa esquirol que, por lo visto, lleva haciendo eso desde hace tiempo. Además, aparte de vender teléfonos que no son de su compañía, ella se pone a atender a los clientes que van a recoger las fotos reveladas o, incluso, se pone a vender cámaras digitales. No deberían existir personas como ella. No sé cuándo llegará el día en el que los propios trabajadores se apiñen y hundan las empresas desde dentro y el sistema se vaya a pique en pro de la holgazanería. Todo el mundo debería hacer una gran huelga general para pedir mejoras en los trabajos. La gente trabaja para enriquecer a otros que no pegan palo al agua. Estamos puteados mientras los grandes propietarios están bañándose en un gran jacuzzi con un puro en la boca sin hacer nada y sus cuentas corrientes aumentan por arte de magia y sus hijos seguro que no tienen que estar prostituyéndose en centros comerciales para pagarse una puta matrícula de la universidad, ni tampoco tienen que estar aguantando a la gente que viene a quejarse por vicio y que consideran a los dependientes los culpables de todas las desgracias que les ocurren en la vida. .......... Esa tarde en el centro comercial fue soporífera. A veces me quedo mirando a la gente pasar y entro en una especie de trance místico, me hipnotiza el rumor de la gente que va y viene sin ton ni son. Intento adivinar sus vidas, sus preocupaciones, sus deseos, sus aspiraciones, pero todo eso me resulta cada vez más incomprensible e inaccesible. En pleno trance místico se acercó un chico acompañado de su novia para comprar un teléfono. Me preguntó las características de todos los teléfonos que habían expuestos y cuando se las dije no parecía muy satisfecho. - ¿Tienes teléfonos con brújula? - preguntó - No. - ¿Y para qué coño quieres un teléfono con brújula? – le preguntó la novia de mala manera, como si estuviese acostumbrada a las preguntas estúpidas de su novio. - No lo sé –contestó él. - La querrás para guiarte en medio del monte ¿Verdad? – dije yo con un tono muy serio pero con mucho recochineo. - Es que una vez vi el teléfono con brújula y me gustó mucho. ¿De verdad no lo tenéis? - De verdad que no. - Qué lástima, yo es que lo vi... creo que era un modelo que vendían para los moros, para que sepan en cualquier momento dónde está la Meca. - ¿Pero tú para qué quieres saber dónde está la Meca? – volvió a preguntarle la novia. - Para nada, pero me gustó ese teléfono con brújula. - Hay algunos teléfonos con GPS, que te pueden ayudar a saber dónde está el Norte. - Ya, pero eso no me interesa. Se fueron sin más, sin decir nada, sin brújula, sin rumbo... El trance ya se me había pasado. Era el último día de trabajo. Siempre he creído que en este mundo todo es comprensible y tiene su explicación. Supongo que algún día renunciaré a entenderlo todo y simplemente asumiré las cosas como son. Creo que no tengo otra elección.
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