|
Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007. Diario de un exiliado. Capítulo 11. El ludópata![]() Mi vida es mucho más lamentable que antes. Me he aficionado a las partidas nocturnas de poker y también llevo unos días yendo al casino. Suelo jugar al poker en casa de un compañero de la facultad que organiza las partidas. Me encanta jugarme el poco dinero que tengo, cuando no tienes nada hay poco que perder. En el casino también me divierto. Esta semana ha sido la primera vez que he ido a uno y lo cierto es que me ha encantado. Entré jugándome cinco euros y acabé con treinta. Me fui contentísimo a casa, como si me hubiese emborrachado. Ahora entiendo lo que contaba Dostoyevski en El jugador . Cuando lo leí no entendía la mentalidad de un jugador, pero ahora lo sé porque lo puedo experimentar en mis carnes. Lo primero que hago al salir del casino es pensar en cuando voy a volver. La sensación de ver caer la bolita en tu numerito, tu color o tu docena no se puede comparar con nada. Tenéis que probarlo, seguro que se os quitan todas las penas que tengáis. También llevo una viciada descomunal al Pro Evolution Soccer 6 , ahora mismo soy invencible. Gano a todos los impresentables que juegan contra mí. Desde aquí quiero retar a cualquier mortal que crea que pueda ganarme , seguro que a los pocos minutos de comenzar la partida se arrepentirá de haberlo hecho y se ira con el culo escaldado a su puta casa. La ruleta es una droga. No quiero ni imaginar cómo será el hipódromo, desde que leo a Bukowski tengo ganas de ir a uno. Si ya me emociono cuando veo caer la bolita en mi número el día que mi caballo entré el primero en la línea de meta me volveré loco. Y no quiero hacelo por el dinero, sino por diversión. Intentaré apostar a los caballos antes de que se acabe el curso. Y hasta aquí todo por hoy. Mañana más. Diario de un exiliado. Capítulo 12. La cena de mierdaHoy he asistido a una cena de mis excompañeros de trabajo. Hacía mucho tiempo que no los veía y que no me iba a tomar unas cervezas con ellos. Lo malo que me he sentido fuera de lugar, como si no pudiera integrarme en sus estilos de vida. He hecho todo lo posible por comentar con ellos viejas anécdotas, por hablarles de mi nueva vida, pero es inútil. Entre ellos y yo hay un abismo. Ellos hablaban de sus proyectos de vida, de las casas que se han comprado, de las reformas de cocina que se han hecho, de lo que han subido sus viviendas durante los últimos meses, de los negocios que están pensando montar y de los hijos que han tenido. Esas conversaciones a mí no me interesan lo más mínimo y soy incapaz de participar en ellas, no sé hablar de esas cosas porque, entre otras cosas, yo no tengo propiedades y no hago nada de eso. Me sentía un inútil junto a ellos, como si fuera una persona que no se acaba de integrar en el mundo. Como un idiota que todavía sigue estudiando y no tiene proyectos de vida a los 24 años. Ellos se han casado o tienen un relaciones estables y yo sólo puedo hablarles de mi vida de estudiante, de lo que estoy aprendiendo, de cine, de videojuegos, de televisión y de frikadas por el estilo que no le interesan a nadie. Desde que dejé el trabajo para poder estudiar siento que me he convertido en un deshecho social, en alguien raro que no promete nada, que no resulta interesante a las personas aparentemente normales simplemente porque no tengo la cartilla del banco llena. Ellos hablan de sus propiedades, como si lo que poseyeran formara parte de sus vidas, como si eso les hiciese mejores personas. Y a mí me gusta hablar de experiencias vitales, de sensaciones, de sentimientos; en definitiva: me gusta mantener conversaciones interesantes. Me gusta que me hablen de cosas que desconozco y aprender, yo sólo quiero estar con personas auténticas que no estén alienadas. Me gustaría poder escapar de aquí. Siento que he defraudado al mundo (aunque puede que el mundo me haya defraudado a mí). Quiero ser escritor y he de hacer algo por conseguirlo. Todavía no me arrepiento de haber dejado ese trabajo fijo, gracias a eso no me he convertido en una mierda de persona que sólo piensa en casarse y comprar una puta casa. Prefiero seguir siendo así, un bohemio que camina sin rumbo y que quiere llevar una vida artística, aunque para los ojos de los demás no resulte más que un introvertido idota que no tiene nada que decir, que se eclipsa en conversaciones aburrídisimas. Quiero seguir adelante. Si hubiese continuado con ese puto trabajo de vendedor de teléfonos me hubiese convertido en uno de ellos. Desprecio a todos aquellos que sólo sirven para pagar hipotecas y para contar cuántas letras tienen para pagar a final de mes, sólo preocupan del próximo coche que se van a comprar, creen tener unas vidas plenas y en realidad son esclavos de sí mismos, de sus coches y de sus posesiones. Yo no quiero ser así. Me gustaría ir a la India y ver cómo es el mundo allí. Sé que allí la gente no vive bien, pero me gustaría verlo. Sé que hay miseria. Sé que hay hambre, sé que los orfanatos están llenos de niños. Pero desde que una amiga fue y vio todo aquello le cambió la vida. Me encantaría descubrirlo y verlo con mis propios ojos. Mi amiga dice que cuando entró al orfanato no tenía intención de coger a ningún niño. Que iba sólo a dejar unos medicamentos que había comprado para donarlos. Pero vio a un niño de apenas un año que estaba llorando. Entonces ella lo cogió y el niño dejó de llorar al instante. Se agarró a ella y se tranquilizó. Después ella no pudo deshacerse de él, era un niño que no tenía madre, un niño que vivía con otros niños que no tenían padres. Estuvo durante dos horas con ese niño en brazos y nunca olvida el momento en el que tuvo que volver a dejarlo donde estaba repleto de felicidad porque alguien le había prestado atención. Me contó que durante mucho tiempo estuvo llorando recordando a aquel niño... y ahora cuando lo cuenta todavía se emociona .... yo quiero llenarme de sensaciones así. Esas son las experiencias vitales que quiero experimentar. Quiero aprender de la vida y saber apreciar lo que tengo. Quiero organizar un viaje a la India para este verano. Aunque lo difícil será reunir todo el dinero que me hace falta para poder realizarlo. Pero no puedo quedarme más tiempo aquí, viviendo como un puto pijo niño de papá, no quiero ser uno más: uno de esos que quiere sacarse una carrera para alcanzar una estabilidad y luego hablar de los coches y pisos que se han comprado. No. Si yo comencé a estudiar comunicación audiovisual es porque quiero transmitir a la gente lo que siento, porque quiero dar voz a las personas olvidadas, porque quiero viajar por los países recónditos de África, porque quiero ser corresponsal de una guerra y contar lo que allí ocurre, quiero hacer algo por el mundo, quiero mostrar a través de mis ojos las cosas que ocurren. No soy uno más. Soy alguien grande. Y así no me voy a quedar. Creedme. |
|||||