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Hospitalidad

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Siempre he sido un buen anfitrión. Cuando tengo invitados trato de que estén lo más a gusto posible. Les ofrezco de beber, de comer y les pregunto qué quieren. No es que sea igual que Isabel Presley en sus recepciones con Ferrero Rocher, pero trato de hacer todo lo posible desde mi humilde posición social.

La cuestión es que somos una familia normal, pertenecientes a la clase media trabajadora. Mi madre trabaja en una escuela fregando wáteres y muchas veces se encuentra en la basura bricks de zumos que los niños han tirado a la basura sin abrir. Ella no tiene pudor alguno en cogerlos y traerlos a casa, al fin y al cabo el contenido está intacto y es perfectamente bebible. Al principio a mí me daba un poco de reparo bebérmelos, pero en cuanto te bebes uno te das cuenta de que no te vas a morir por beberte algo así.

A muchos de mis invitados les permito abrir la nevera y que se sirvan ellos solos. A veces son gente de una clase social mucho más elevada que sería incapaz de acercarse a una basura a más de cinco metros y mucho menos de beberse cualquier cosa que haya en ella. Algunos de ellos reparan en los zumitos que tengo y me preguntan si pueden beberse uno. Yo les digo que sí, que por supuesto, que cojan lo que quieran.

Ellos mientras se lo beben hablan de lo mucho que les gusta ese zumo. Una vez, un invitado me dijo que los zumos le recordaban a su infancia. Su madre siempre le ponía ese zumo en su mochila y acabó tan harto del zumo que muchas veces lo tiraba a la basura sin ni siquiera abrirlo.

Desde entonces me encanta ofrecer basura a mis invitados sin que ellos lo sepan.

Lunes, 22 de Diciembre de 2008 23:54 #. Tema: Cosas de la vida Hay 3 comentarios.

Yo me alegro cuando a la gente le va mal

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Hace tiempo que no me tomo la medicación que me recetó el psiquiatra. Con esas pastillas pretendían envenenarme, me debilitaban poco a poco y estaban robándome mi incombustible vitalidad. Yo soy una persona que necesita vivir con intensidad y si me tomo esas pastillas mi descollante inteligencia no se despliega al máximo y pierdo lo único que me hace especial. La gente no me creerá, pero yo no tomo drogas porque necesito que mi mente esté completamente activa. Las drogas lo único que hacen es aletargarme el pensamiento y enturbiar mi sorprendente percepción de la realidad. Y es que no hay mayor drogadicción que la vida. No hace falta tomar nada para darse cuenta de que la realidad es una alucinación y en tu vida todo está lleno de personajes desquiciados la mar de pintorescos.

El psiquiatra me dijo que era una persona cruel y no lo entiendo. Simplemente le dije que yo me alegraba cuando a la gente le iba mal. Le dije que fingía una falsa compasión por todos aquellos amigos que me contaban sus problemas pero que por dentro disfrutaba enormemente indagando en el dolor de ellos. Suelo tener las mismas dudas que Santo Tomás y meto el dedo en la llaga para conocer mejor el dolor. Yo no lo considero crueldad, simplemente soy curioso y me gusta estudiar los dolores del alma. Aunque, evidentemente, si el que sufre soy yo no me hace ni puta gracia, como es lógico. Lo único que ocurre es que la gente está tremendamente cretinizada por culpa de las drogas y la música de Pignoise, menos yo, que soy puro y mi mente no está podrida de gilipolleces anodinas.

Yo no veo nada malo en odiar a la gente, sobre todo a aquellos que se creen que por llevar cuatro rastas y dos piercings ya se están oponiendo al sistema. Se creen que con un peinado asaltarán la Bastilla. ¡Oh! ¡Sí! no he visto acción más alternativa y subversiva en mi vida que ensuciarse los mechones de pelo y oler mal. Si al menos tuviesen cicatrices o agujeros de bala pues los empezaría a tomar con más consideración, pero para mí son gente indigna mientras sus únicos agujeros sean sus sucios y cochambrosos piercings.

Vamos a ver, ¿Se puede saber qué tiene de malo alegrarse del mal del vecino? Disfruto viendo sufrir a la gente, hay gente que disfruta viendo sufrir a los toros o viendo cómo se dan de hostias en un ring de boxeo y nadie les dice nada. A mí simplemente me gusta ver a la gente morder el polvo, sobre todo la gente que me cae mal. No existe un placer superior. ¿Tan raro soy? ¿Por qué me ha tenido que decir el psiquiatra que no tengo empatía y que podría tener un principio de psicopatía? ¿Es que nadie más en el mundo disfruta viendo cómo pierde Fernando Alonso? ¿Nadie disfruta cuando ve que Raúl no está en la lista del seleccionador? ¿Nadie sigue con interés las noticas de Amy Winehouse para ver cuando se muere y se convierte en mito? Reconócelo: tú también eres de los que se alegra cuando alguna persona rompe con su pareja después de que anunciara su amor a los cuatro vientos, incluso en sus ridículos nicks del msn, en los cuales no sabes si está contando algo o intenta batir un record Guiness de faltas de ortografía por metro cuadrado. Yo lo reconozco, yo disfruto enormemente viendo cómo la gente se hunde, sobre todo cuando se tratan de gilipollas como los que leen ahora mismo esto.

No es por nada, pero las pastillas que me ha recetado el psiquiatra se las puede meter por el culo, yo me considero una persona completamente normal. Bueno no, mentiría si digo que soy una persona normal, en realidad soy El Elegido. Tengo que cumplir una gran misión en la Tierra y he de luchar contra todos los que me persiguen, entre los que están la CIA, el FBI y el videoclub de la esquina. Pero gracias a dios tengo la protección del séptimo ángel, que me guía y me advierte de los peligros con sabios consejos que me da en momentos clave. A veces escucho la voz del ángel que me susurra cosas y dicta lo que tengo que escribir...

Lunes, 29 de Diciembre de 2008 01:13 #. Tema: Relatos Hay 12 comentarios.