A veces uno le encuentra sentido a lo que hace después de mucho tiempo. Hace años escribí un poema bastante curioso y enigmático. Era el proyecto de una canción de amor que terminó hablando de mi actitud ante la vida. Yo entonces no sabía nada, no sabía a dónde me dirigía ni lo que quería, pero sin querer tracé con ese poema la hoja de ruta a seguir el resto de mis días. Ahora ese poema no para de sonar en mi cabeza, lo recito mentalmente y sé que esconde la clave de mi actual situación.
Hoy en día estoy en medio de un desierto de arena. En los horizontes no se divisa nada. Sólo recuerdo de dónde partí y a dónde quería dirigirme. El proyecto de hacer una carrera se desvanece con cada paso que doy. Cada huella que dejo en el desierto tiene menos sentido que la anterior. Tengo la absoluta certeza de estar caminando hacia La Nada. Sólo escucho la melodía de la desmotivación y del desencanto. Los objetivos no me deparan ninguna alegría ni satisfacción. No me interesa seguir el camino, no me interesa ser mejor persona obedeciendo y haciendo lo que debo. Yo ya no me autoengaño y tal vez eso sea lo peor de todo. No soy capaz de ver el sentido pragmático de la vida. Desprecio hacer las cosas por inercia y maldigo todo acto de la vida que no contenga una chispa de amor. Odio que solo se valoren los frutos de las acciones y no las acciones en sí. Odio tener que aprender cosas que no me interesan y luchar por aprobados de asignaturas con las que no disfruto y carecen de completo sentido para mí.
Ya sé que la vida no es un camino de rosas y sé que cualquier persona racional me explicará con doscientos mil argumentos que el paso que voy a dar es el equivocado y me podrán dar cien mil razones para continuar adelante en esta travesía. Pero es inútil tratar de hacerle creer a un suicida que la vida es maravillosa. La vida del suicida no es la misma que la del luchador aunque compartan el mismo escenario. Yo he decidido que no voy a continuar adelante con esto. No quiero seguir compitiendo en esta carrera. No soy como ellos. No puedo desvivirme por algo que no siento. No puedo esforzarme por objetivos que me parecen bromas de mal gusto o insultos a la inteligencia. Desprecio a los subhumanos que sí que lo hacen al igual que ellos despreciarán mi total actitud cínica ante la vida. A mí me da vergüenza ajena ver cómo alguien es capaz de llorar porque no sabe si aprobará el próximo examen de comunicación interactiva.
Ahora la única palabra que inunda todo es IMPRODUCTIVIDAD, con mayúsculas. No he hecho nada útil. He aprendido algunas cosas, pero siento que soy un completo inútil que si sigue la travesía sólo servirá para darle al botón REC de una cámara y poco más. El único aprendizaje de la vida es leer libros y es lo que más echo de menos. Pero la desidia que me invade me impide leerlos. Así que soy un auténtico parásito, una cucaracha que encima tiene que pagar alquiler y la comida que compra. Soy un trozo de vida insana que ha alcanzado una lucidez tan abrumadora que cualquier acto de la vida me parece irracional.
Tan sólo voy a disfrutar del camino. Voy a ir a mi marcha, voy a perderme, no llegaré al objetivo que me marqué. Voy a trazar mi propio camino y es probable que acabe perdiéndome lejos de la meta de esta carrera sin sentido. El estado me va a dar una beca para que pase un año en Turquía estudiando, aprovecharé la financiación para pasar un año sabático en tierras asiáticas y a partir de ahí continuaré mi propio camino, lejos de las aulas, lejos de los profesores, lejos de los botellones y lejos del sinsentido. Mi sueño siempre fue ser un creador y no un instrumento.
Por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos.
Os dejo con el poema profético que escribí hace mucho tiempo, cuando todavía creía que rimar tiempos verbales eran proezas de un auténtico poeta.
ERA
La mariposa hoy reposa, me falta un ala para volar, soy nadie si soy mitad, son horas y tiempos de calamidad.
Encontré la ansiada meta en mitad de la carrera, sabía cuál era mi destino y ya no compito por el objetivo.
Tentaciones, curiosas voces, Son inaudibles si son permitidas Y retumban en mi oído si son prohibidas, dudas y ansiedad de emociones.
Lagos azules, faros verdes ¿lo que busques o lo que encuentres? ¿lo que escuches o lo que sientes? ¿vulnerable o perenne?
Es muy cruel tu forma de pensar Yo siempre he preferido elegir que descartar, más silencios emitirás y más sordo me notaras.
Vamos, entra tu primero, nunca me ha gustado ser un caballero y siempre he negado ser un plebeyo, pero hoy he sentido el agua en el cuello.
lagos azules, faros verdes agua que fluye , tormenta de Viernes tiempo que pudre, espero que llegues quizás no escuches, quizas no quieres
No hay palomas que hablen si mi imaginación no las hace
Ayer escribí un poema superbonito. Hablaba del amor que sentía por ti y de lo mal que lo paso cada vez que te alejas.
Hice unas metáforas increíbles, en las que salía el mar y unos pájaros.
También decía lo mucho que significas para mí, y te pedía perdón por el daño que te he hecho, pero lo hice de una forma tan sutil y brillante que ni yo mismo me creía que estaba escribiendo tan bien.
Uno de los versos que más me gustó era uno que decía que yo quería ser tu droga, pero lo único que conseguí ser es tu camello. Eso me encantó.
Sin duda era el mejor poema que he escrito en mi vida, y uno los que más sentimientos descargué sobre el papel.
Te aseguro que era un poema muy bonito.
La putada es que lo dejé encima de la mesa, y lo he perdido y no sé dónde está. Creo que se lo ha comido el perro.
Ahora es imposible que lo vuelva a escribir como antes, no me saldrán las mismas palabras tan precisas y exactas, y ya no quedaría tan bien como lo hice ayer.
Lo cual me fastidia un huevo, Porque era un poema realmente bonito.
De pequeño tenía un amigo al que odiaba. Él representaba todo lo que yo nunca quería ser. El asco que me daba era tal que si identificaba algún rasgo de su personalidad en mí automaticamente lo modificaba. No soportaba parecerme a él en algo. Si él decía blanco yo tenía que decir negro. Me parecía la persona más despreciable que existía sobre la faz de la Tierra y mi único objetivo era ser lo contrario que él. Era algo absurdo, pero el odio me influenciaba mucho más en la formación de la personalidad que la admiración que sentía hacia alguien.
Hoy en día ya no sé nada de esa persona a la que tanto odiaba. Se dividieron nuestros caminos y desapareció como si nada. Pero hoy me ha dado por acordarme de él y he descubierto algo muy importante. Creo que en el fondo le odiaba porque se parecía a mí en todo. Éramos tan parecidos que pude ver mi propio patetismo reflejado en otra persona. Veía en él todo lo que yo era. Y gracias a él vi que yo era una persona realmente lamentable que daba asco y que debía cambiar para no ser lo peor de lo peor.
Lo más preocupante es que ahora que ya no le tengo he descuidado mi personalidad. Al perderle perdí el ejemplo de lo que no quería ser y sin querer he vuelto a ser quien soy. Ahora no puedo apartarme de mi "yo" más despreciable que tanto se parece al del chico que odiaba y me he convertido en lo que nunca quise ser.
Ahora estoy convencido de que la gente que me conoce me odiará. Modificarán cualquier rasgo de su personalidad que identifiquen en mi persona con tal de no parecerse a mí. No querrán ser el asco de persona que soy y huíran de sí mismos al verme. He encarnado todos los males de la humanidad para enseñar al mundo cómo no se debe ser. Quizá por eso no hay ningún ser humano en la Tierra que piense como yo, que le guste lo mismo que a mí y, por supuestísimo, que yo pueda gustarle.
Y es que todo el mundo huye de lo que soy al igual que huyen de una catástrofe... pero yo nunca podré escapar de mí mismo.
Siempre he sido un buen anfitrión. Cuando tengo invitados trato de que estén lo más a gusto posible. Les ofrezco de beber, de comer y les pregunto qué quieren. No es que sea igual que Isabel Presley en sus recepciones con Ferrero Rocher, pero trato de hacer todo lo posible desde mi humilde posición social.
La cuestión es que somos una familia normal, pertenecientes a la clase media trabajadora. Mi madre trabaja en una escuela fregando wáteres y muchas veces se encuentra en la basura bricks de zumos que los niños han tirado a la basura sin abrir. Ella no tiene pudor alguno en cogerlos y traerlos a casa, al fin y al cabo el contenido está intacto y es perfectamente bebible. Al principio a mí me daba un poco de reparo bebérmelos, pero en cuanto te bebes uno te das cuenta de que no te vas a morir por beberte algo así.
A muchos de mis invitados les permito abrir la nevera y que se sirvan ellos solos. A veces son gente de una clase social mucho más elevada que sería incapaz de acercarse a una basura a más de cinco metros y mucho menos de beberse cualquier cosa que haya en ella. Algunos de ellos reparan en los zumitos que tengo y me preguntan si pueden beberse uno. Yo les digo que sí, que por supuesto, que cojan lo que quieran.
Ellos mientras se lo beben hablan de lo mucho que les gusta ese zumo. Una vez, un invitado me dijo que los zumos le recordaban a su infancia. Su madre siempre le ponía ese zumo en su mochila y acabó tan harto del zumo que muchas veces lo tiraba a la basura sin ni siquiera abrirlo.
Desde entonces me encanta ofrecer basura a mis invitados sin que ellos lo sepan.
Este año vuelvo a participar en el concurso de 20 minutos. Me he inscrito en la categoría de ficción, en la que quedé finalista en la anterior edición. No estoy de acuerdo con el criterio de selección del ganador, pues sólo van a optar al premio los que más votos tengan y estén entre los cinco primeros clasificados de cada categoría. Esto hará que muchos blogs de calidad se pierdan en el olvido y nadie del jurado los leerá.
Os invito a que participéis en este concurso con vuestro blog. Es una buena oportunidad para daros a conocer. Y si creéis que no vais a ganar pues lo inscribís igual aunque sólo sea para votarme, pues sólo los que participan pueden votar. Con vuestro voto contribuiréis a que el mundo sea un poco mejor gracias a mí, pues yo soy el cordero de dios que quita el pecado del mundo y tengo mucha piedad de vosotros.
De momento me despido, tan sólo os pido que cuando vayáis a cagar recordéis las enseñanzas del maestro Yoda: “Usa la fuerza”.
Andaba yo tranquilamente por las calles de mi ciudad disfrutando de la suave brisa mediterránea en de un día caluroso de verano, cuando de pronto advertí que dos muchachas de Cullera, y por definición paletas, caminaban delante de mí a unos veinte metros. La fortuna hizo que a una de ellas se le cayera la chaqueta que llevaba colgada en el bolso sin que se diera cuenta. Yo que vi lo sucedido me dispuse a actuar como un ciudadano ejemplar que soy y llamé a las dos chicas con un simple “¡oye!”.
Estoy seguro de que me escucharon, pero no quisieron girarse. Yo seguí caminando y continué llamándolas con un tono más elevado: “¡Ey, Chicas!”. Ambas me oyeron, pero tampoco se giraron. Yo ya estaba comenzando a mosquearme.
Llegué a la altura de la chaqueta y la recogí mientras ellas seguían impasibles caminando y haciendo oídos sordos a lo que creían que eran las voces de un macho baboso en celo.
Podría haber corrido y llegar a su altura. Pero si lo hubiese hecho, y ante mi llamada constante, probablemente saldrían corriendo pensando que soy un macho cabrío que las va a violar como si se fuese un animal de algún documental del National Geographic. Así que decidí elevar el tono de mi llamada, intentando modular la voz para que creyera que las estoy llamando por algo serio y no porque quiera hacer algún comentario respecto a sus culos, que es lo que se creían.
Las llamé unas quince veces, hasta que al final, una de ellas se giró disimuladamente, con una sonrisita de puta creída, como si me regalase el privilegio de mirarme por mi alocada insistencia. Cabreado, levanté la chaqueta y les dije desde lejos “se os ha caído”. La chica miró el bolso y vio que, efectivamente, se trataba de su chaqueta.
Las muy vagas, al ver que yo caminaba en esa dirección no se limitaron a caminar hacia a mí, sino que esperaron a que llegara a su altura para que les diese la chaqueta.
“Gracias” dijo la que perdió la chaqueta. Sin mirarlas a la cara no contesté y pasé de largo.
Lo peor es que se todavía se creerán que están buenas.
Organizaron un viaje para ir a la ciudad de la luz. Los estudios de cine de la Comunidad Valenciana que cuando acaben de construirlos serán los más grandes del mundo. Fui entusiasmado, con la idea de ver cómo era un estudio por dentro, de ver cámaras e incluso pensé que podríamos ver algún rodaje y los decorados exteriores de alguna película que estuviesen rodando.
Llegamos a Alicante en una hora. Entramos en la Ciudad de la Luz y sin bajar del autobús un guía comienza a hablarnos de los estudios, de las cosas que tiene, mientras atravesamos los aparcamientos. Nos dice los metros cuadrados que tiene, las posibilidades que ofrece, todo tenía buena pinta. Luego, siguiendo con el autobús, nos enseñan la parte de los estudios exteriores, en la que están construyendo un gran tanque de agua para escenas de mar, y que será el único estudio del mundo que tendrá el mar a tiro de cámara, cosa que ningún estudio ofrece, también vemos que en ese estudio exterior no hay edificios ni nada de fondo para no entorpecer las tomas. Nos dicen el nombre de las películas que se han rodado allí y nos entusiasmamos. Luego pasamos por delante del edificio de Kodak y nos dicen que es uno de los mejores laboratorios de película del mundo, en el que se puede positivar la película al instante y se puede transmitir vía satélite a cualquier parte del mundo.
Cuando llegamos al final del parking, cuando pensaba que íbamos a bajar y ver todo por dentro nos dicen: Lo malo que no podemos entrar en los estudios ni en nada por una política de las productoras que alquilan los estudios. Y entonces todos comenzamos a indignarnos, pataleamos, gritamos y nos cabreamos. Una excursión, gratis sí, pero en la que nos habían dado una vuelta por un parking como a subnormales y en la que no habíamos visto nada. La información que nos dieron es la misma que la que podrías haber conseguido en cualquier página de Internet sobre la Ciudad de la Luz y lo que vimos es menos de lo que puedas ver en cualquier foto de los estudios por Internet.
Luego nos llevaron a una fábrica de decorados de película, nos enseñaron cómo reproducían decorados y hacían cabezas de plástico para efectos especiales. Nada del otro mundo.
Pero lo peor vino luego. Cuando nos metieron en el Centro de estudios de la ciudad de la Luz. Un centro privado en el que imparten clases y cursos por la módica cantidad de 6000 euros al año en la que te enseñan cualquier oficio relacionado con el cine. ¿La ventaja de pagar tanto dinero? Aparte de las desproporcionadas instalaciones tienes la ventaja de que si pagas puedes hacer prácticas en la Ciudad de la Luz. Qué bien.
Es decir, en la Comunidad Valenciana alardean de un proyecto que ha costado tanto de hacer, en la que han invertido dinero público, y los que se benefician de ello, los que tienen posibilidades de acceder a trabajar allí tan sólo son los que pagan. Los que estudian en centros públicos que se despidan de poder acceder allí. Tan sólo los hijos de papá, los que tienen dinero, podrán soñar con la posibilidad de poder entrar en prácticas allí y que luego les contraten. El resto sólo verán un estudio de cine desde un autobús y mal. Una buena forma de privatizar el proyecto que fue resultado de un esfuerzo público.
Encima, la mayor parte de la visita fue para promocionarnos esa escuela a la que cualquier familia de clase media no puede acceder. En la que nos enseñaros las instalaciones de un centro en el que no tienen matriculadas ni cien personas y tienen más medios que en cualquier universidad pública (ya se sabe que en España la educación no es un bien social ni una inversión en el futuro, no como en el resto de Europa).
Nos dijeron que nos pondrían un video en el que nos enseñarían cómo eran los Estudios de la Ciudad de la Luz por dentro y lo único que vimos fue un anuncio bochornoso sobre la Ciudad de la Luz digno de canal 9 en el que no se mostraba nada.
La Ciudad de la Luz es una vergüenza, su centro de estudios es indignante para la educación, la Comunidad Valenciana no puede presumir de unos estudios que no están hechos por ni para los valencianos. Si algún día os ofrecen una excursión gratis para ir a verla no vayáis, no veréis nada y lo único que os intentarán colar es publicidad sobre un centro de estudios al que nunca podrás acceder si no procedes de una familia multimillonaria.
Quiero hablarte como siempre, es decir: con ironía, con sentido del humor y con esas expresiones argentinas al estilo del Dr. Tangalanga con las que nos insultábamos. Aunque ahora mismo me resulta muy difícil hacerlo.
¿Sabes? Todavía no me lo creo. El miércoles mismo estaba escribiendo de ti en el diario. Quería comentarte que había conseguido unas biografías de Dalí para que me dieses tu opinión y saber si eran buenas. También quería decirte que tenía un proyecto de libro titulado "El pez alérgico al agua" y quería enviártelo para que lo leyeras y, si querías, hicieras el prólogo. Quería que fuera una sorpresa, pero ahora ya no tiene sentido.
No sabía de ti desde hacía un tiempo, cuando no contestabas pensaba que era porque estabas metido de lleno en tus proyectos que estabas haciendo con tanta ilusión. Te veía muy volcado con tus canciones y por eso no entiendo nada, Dani, no me esperaba esto.
Tú eras de ese tipo de personas con las que siempre se aprende algo cuando hablas con ellas. Contigo me sentía muy pequeño e insignificante, pero a la vez me engrandecías porque me llenabas de conocimiento. Sentía como si yo no pudiera aportarte nada nuevo, pero tú a mí no parabas de aportarme cosas nuevas. Tú fuiste el que comenzó a hablarme de las anécdotas de la vida de Dalí y gracias a ti me despertaste la admiración por el pintor. También me descubriste a Cortázar, me recomendaste que leyera las historias de los cronopios y famas, una fuente de inspiración buenísima. Intentaste, sin éxito, educarme musicalmente tocando canciones de Frank Sinatra, pero ya sabes que soy un paleto de pueblo de la huerta valenciana, como te gustaba decir, y el "mundo me hizo así, no puedo cambiar".
Es imposible enumerar todas las cosas que aprendí contigo, pero lo que más me llamó la atención era la forma con la que te reías de la vida. Fue ejemplar cómo afrontaste el cáncer. Jamás había visto algo igual. Eras capaz de reirte del cáncer en su cara. Te encantaba bromear y decir que el pobre alienígena (así llamabas a tu cáncer) no sabía dónde se había metido. Incluso en los momentos más difíciles, cuando se te cayó el pelo, bromeabas diciendo que tu cabeza parecía una polla y las mujeres asociaban más rápidamente el concepto fálico contigo.
Ahora mismo te imagino leyendo esto y riéndote de mí. Me dirías que soy un maricón mal culeado y que si no dejo de decir pelotudeces me enviarás a un ejército de fornidos senegaleses monotemáticos ávidos de mi culito. De hecho, ahora mismo me viene a la cabeza un comentario que dejaste aquí en el blog que decía así:
"Saludos a todas-os -las damas primero- los desertores que se dan cita en esta web de mierda que capitanea mi amigo Fredy. En efecto, soy el mítico bajista de los Rodríguez, amigo personal de este ser deteriorado, pusilánime, mediocre en grado superlativo y doctorado en Onanismo por Yale, Upsala, Sidney y Carcaixent. Ciertamente nos encontramos frente a un caso de un enorme interés geológico que ha conmocionado los pilares de la comunidad científica internacional, pero Fredy es mi amigo porque como yo, como tantos, sufre la angustia que ocasiona estar tan mal diseñado para transitar por esta cloaca hipócrita y cínica en que los de siempre han convertido al planeta. Comprenderán que tengo otras cosas más interesantes que hacer que perder el tiempo leyendo las elucubraciones de este sujeto, así que aclaro que el motivo de decidirme a dejar un mensaje no es otro que el contribuir todo lo posible, gracias a mi fascinante aureola carismática, a impresionar a las incautas e impresionables doncellas que se dejen caer por estos lares para que estas, al constatar por sí mismas el tipo de personajes de nivel con que se codea este muchacho, se decidan a la mayor brevedad a entregar incondicionalmente el favor de sus encantos (me refiero a los encantos sexuales, no nos vayamos a confundir) a don Federico Pérez, un, tal y como definiera magistralmente Julio Cortázar, entrañable ser verde y húmedo."
:) Siempre estabas con eso de la aureola carismática. Desde entonces siempre empleo ese término para referirme a la gente con carisma. Y es que nos influenciaste hasta en el vocabulario.
No sé qué decirte, Dani, se van a quedar muchas cosas en el tintero. Yo tenía tanta ilusión como tú por para que salieran tus canciones adelante. Recuerdo cuando leíste la letra de "A veces tuy@" y me comentaste que era la letra que necesitabas para el rock and roll que tenías pensado hacer. Luego la modificaste a tu manera y la registramos después de muchos trámites. Una vez me llamaste por teléfono para enseñarme una grabación de la canción y me gustó muchísimo. Ahora se perderá y supongo que nunca podré escucharla entera....
Echaré de menos muchas cosas. Recordaré con cariño todo el tiempo que pasamos los residentes en aquel chat de la isla del mediodía. Las conversaciones surrealistas. Tu sentido del humor. Echaré de menos esos emails cortos que nos mandábamos sólo para darnos por el culo, o los mensajes sin conexión en el messenger cuando perdía el barça o el Valencia. Echaré de menos el libro de visitas de tu web. Recordaré con una sonrisa las conversaciones por messenger y cuando, a veces, me metías en la conversación con Belén y nos pasábamos la noche diciendo tonterías. Recordaremos aquellos momentos en tu isla con una sonrisa. Era la isla de los inadaptados en la que cada uno tenía su cargo, cuanto más disparatado mejor, y tú eras el líder.
Me gustaría reprocharte muchas cosas, pero no serviría de nada. Tus motivos habrás tenido para marcharte así. Supongo que de todo se aprende y todo sucede por algo. Yo todavía no he aprendido esta lección y no sé si la aprenderé, pero espero que me la enseñes tú algún día.
Contigo no sólo se va un gran músico, también se va un gran historiador (pocos conocerán como tú los entresijos de Mauthausen) y se va un amigo y un grande del rock. Y eso lo digo yo, que te conocí desde lejos, así que puedo hacerme la idea de cómo estará tu gente, toda esa que te quería, a los que me gustaría mandarles todo mi apoyo.
Si alguien como tú se ha quitado la vida, siendo tan optimista, tan vital y con tanto sentido del humor... yo ya me puedo creer cualquier cosa. Al final tendrá razón el filósofo rumano que dijo: "sólo se suicidan los optimistas".
Y ahora no me voy a despedir de ti, Daniel, porque para mí nunca te vas a ir, siempre me acordaré de ti cuando mencionen a Dalí, cuando Messi haga una jugada de ensueño que haga enmudecer al Camp Nou, cuando lea a Cortázar y, por supuesto, cada vez que escuche a Los Rodriguez.
Desde que el jueves decidiste quitarte la vida me siento más pequeño y más huérfano. No te extrañes cuando a veces me sorprendas recordando en silencio que una vez tuve un amigo al que admiraba muchísimo, al que consideraba un maestro y una de mis grandes influencias...
Siempre estarás con nosotros.
Quiero saber que la vida contigo no va a terminar.
Porque sí x 3.
Actualización a 10-12-2007
Un amigo colombiano, Javier Galvis, nos escribe para contarnos que ha hecho un video en homenaje a Daniel Zamora en el que lo vemos compartir buenos momentos con Ariel Rot, Andrés Calamaro, Julián Infante y Germán Villena. Les dejo con el video:
Pd: También podemos ver a Daniel en otros vídeos de los Rodríguez como en el de Salud, dinero y amor . Y en otras etapas de su carrera junto con Alejandro Sanz .
El teléfono llegó por correo urgente. Yo no estaba en casa y lo recogió mi padre. Cuando llegué mi padre me dio el paquete. Lo abrí y era el flamante teléfono que tenía todas las prestaciones del mundo.
Me pasé el día haciendo videos, sacando fotos y toqueteando las múltiples opciones. Era increíble, ese teléfono tenía más capacidad que el primer PC que me compré. Le presté el teléfono a mi padre y se puso a jugar con él, sacó fotos y lo trasteó un poco. Le gustó mucho e insistía en que se lo regalase. Cuando mi madre llegó se puso muy contenta. No entendía nada de teléfonos, pero cuando le dijeron que valía 730 euros le gustó.
Toda mi familia se hizo eco de que había ganado un teléfono móvil increíble. Venían a verlo, me pedían que se lo enseñase y les sacara fotos. Cuando me preguntaban por qué me lo habían regalado, antes de que me diera tiempo a abrir la boca mi madre respondía: “Fue por el concurso de una revista, sale su foto y todo”.
Entonces me acordé de todos esos momentos que pasé vendiendo de teléfonos móviles. Detestaba a esos que venían con aires de superioridad a comprarse el teléfono más caro de la tienda. Luego andaban presumiendo de él y se lo enseñaban a todo el mundo. Me parecían gilipollas con vidas de mierda que para sentirse realizados necesitaban comprarse un teléfono móvil. Son los típicos que cuando se aburren no tienen nada mejor que hacer que enseñarles a sus amigos las melodías polifónicas de su teléfono. ¿Qué cara le pones a uno que te está enseñando sus melodías? ¿Cómo se puede huir de esa tortura? ¿Podría asesinarlos y argumentar ante el juez que lo hice en defensa propia?
Mi padre me pidió que le dejara el móvil para enseñárselo a sus compañeros de trabajo. Uno de sus compañeros quería comprarse ese teléfono y él quería presumir de que a mí me lo habían regalado “por la cara”. Era la primera vez desde que dejé el trabajo que llevaba algo de valor a casa. En ningún momento se habló de la idea que se me ocurrió para que me premiaran, no hablamos de urbanismo, ni de cómo me van los estudios, ni de lo mucho que estoy aprendiendo, ni de lo feliz que soy, ni de cuáles son mis expectativas. Ni siquiera me felicitaron por el “éxito” en ese concurso de videodenuncias. Ni si quiera me alentaron ni me dijeron que estoy haciendo bien mi trabajo. Sé que nada de eso es cierto, sé que aquello que mandé no valía nada, era una estupidez, un insulto y yo soy el primero que le resta importancia. Soy consciente de que eso no significa nada si no continúo trabajando. Pero lo triste es que el móvil acabó siendo el protagonista de la anécdota simplemente porque valía 730 euros. Mucho más dinero del que valgo yo. Si me secuestrasen y tuviesen que pedir un rescate por mí no podrían pedir nada por mí, en todo caso pedirían mi teléfono.
- Hazme una perdida y me apunto tu número –me dijo una prima con la que estaba hablando del teléfono. - No puedo, no he recargado la tarjeta desde hace cinco meses –contesté. - ¡Tanto teléfono móvil pa luego no tener saldo! – dijo ella. - A veces lo más caro no vale nada por dentro.
Ese mismo día decidí poner a la venta el teléfono por 600 euros. El dinero lo gastaría en viajar y llenarme de experiencias de las que ninguno de mis familiares se sentirán orgullosos. Yo me enriqueceré de experiencias que para ellos no valen nada porque son cosas que no se pueden comprar con dinero.
Hacía tiempo que no le veía. La última vez que me encontré con él yo estaba en el supermercado con unos amigos. Habíamos llenado el carro de bebida para un botellón que íbamos a celebrar con motivo de un cumpleaños. Sus conversaciones con él siempre eran inquietantes, nunca sabía por dónde iba a salir. Tenía un poder mental que me subyugaba. Cuando me formulaba una pregunta él ya sabía la respuesta y cuando le contestaba siempre me replicaba algo. Tenía un nivel intelectual infinitamente superior al mío.
- ¿Dónde vas? – me preguntó al verme con la bebida. - Pues aquí estamos, comprando bebida. - ¿Comprar bebida para qué? - Vamos a celebrar una fiesta. - ¿Una fiesta? ¿Por qué necesitas comprar bebida para celebrar una fiesta? ¿Es que la vida en sí no es una fiesta? - Pues tienes razón... - Lo mejor que podrías hacer es quitarte esas cervezas del carro y comprarte de esta marca que son mucho más baratas y mejores –y se marchó sin decir nada más.
Me quedé mirando las botellas y con la sensación de ser un borrego. Tenía el don de hacerme parecer idiota cada vez que hablaba con él. Pese a eso siempre le admiré.
Dos años después lo volví a ver. Nos veíamos de higos a brevas. Él iba en bici y yo caminaba con un refresco y una napolitana que me acababa de comprar.
Se acercó con sus formalismos
- ¿Cómo está caballero? –me preguntó. - Muy bien –le dije mientras le extendía mi mano para dársela. - ¿Me das la mano derecha? ¿Ahora somos de derechas? - Hoy sí, mañana no lo sé. - ¿Y qué está haciendo? - Estudiar. - ¿Estudiar para qué? - Pues para aprender, para mejorar, para ser mejor persona... - ¿Mejor persona? ¿Para qué si luego no hacemos nada? Podrías estar luchando por cosas nobles. Nosotros teníamos mucha esperanza en vuestra generación pero habéis sido un completo fracaso, creíamos que tendríais ideales, pero no hacéis nada, lo queréis todo hecho. Tan sólo os importa inyectaros Internet en la vena, como todos. - Yo intento mejorar, quiero cambiar las cosas. No me gusta cómo están las cosas. - A mí tampoco me gustan. Pero sigo en pie de guerra. Llevo 40 años disfrutando de los 18 años. ¿Sabes lo que eso significa? - No me hagas pensar ahora. - Que ya tengo 58 años años y no se han movido ni un pelo mis ideales. Sigo como en los 18. - Ni los míos. Pero tampoco sé muy bien qué hacer para luchar. No sé si con el voto es suficiente, a veces pienso que debería ir a lanzar piedras contra alguien. - No, no, todavía no sabes cómo hacer las cosas. Una piedra no sirve para reforzar una idea. No hace falta aportar pruebas para demostrar que alguien es un hijo de puta. Él sólo se desacredita y se deja en evidencia. Lo que tienes que hacer es volver la vista atrás y saborear a los grandes. Tienes que luchar desde la elegancia. Vuelve a Lope de Vega y a Quevedo. - O a Blasco Ibáñez o Pérez Galdós. - También. Aunque el primero fue un incomprendido por haber tenido una educación burguesa, escribir en castellano y estar siempre del lado del pueblo debido a ese sentimiento rebelde. - Sí, yo intentaré hacer las cosas como él. - ¡Pero las tienes que hacer ahora! ¡Luego será muy tarde! Ya sabes: No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre. - Lo tendré en cuenta. - Y recuerda, utiliza la elegancia y la inteligencia. No se te olvide la famosa anécdota de Quevedo con la reina –dijo mientras se incorporaba en su bici. - ¿Qué anécdota? No la recuerdo. - Él fue capaz de decirle a la reina que era una coja en una época en la que nadie se atrevía a mirar su forma de caminar, pero cuando se lo dijo ella ni se enteró. ¿Lo recuerdas? - No.
Y mientras comenzó a pedalear me dijo: - Entre el clavel y la rosa su majestad escoja.
No respondí.
- Me alegro de haberte visto –dijo sin volver la vista atrás.
Y como siempre me dejó pensando.
Nota:
Este mes salgo en la revista Fotogramas con motivo de un concurso de cortos hechos con el móvil que promocionaban Isabel Coixet, Julio Médem, Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga y Daniel Sánchez Arévalo. Sorprendentemente me premiaron. El concurso lo organizaba Nature Movies y se tenían que denunciar agresiones medioambientales en menos de un minuto. Yo no me lo curré mucho. Mandé el corto como quien manda un insulto a una institución sin la esperanza de ser premiado. Por eso, cuando recibí la noticia del premio me lo tomé a risa. ¿El premio? Un móvil nokia n95. Aquí os dejo el recorte de la revista en el que explico por qué se me ocurrió hablar del urbanismo.
Debería lanzar el ordenador por la ventana ahora mismo.
Mi vida ha llegado a un extremo caótico sin retorno.
No sé qué es lo que me jode más, si perder amigos o perder la memoria. Creo que las dos cosas tienen sus ventajas e inconvenientes. Si pierdes a los amigos te puede joder un poco, pero si pierdes la memoria ya no te acuerdas de lo que te jode y entonces te da igual todo.
Me fastidia no poder ser una persona normal. El otro día me llamó una amiga diciéndome que me echaba de menos y que quería verme. Decía que sólo me había visto dos veces este verano. Quedé con ella a las 12 de la noche y llegado el momento no salí, ni avisé, ni nada. Poco tiempo después recibí su llamada y no cogí el teléfono. No me preguntéis por qué lo hice. Ni yo mismo lo sé. Debería sentirme bien porque alguien me echa de menos y por saber que todavía existo para alguna persona. Es reconfortante saber que si algún día me muero solo en casa me encontrarían antes de que los vecinos perciban el olor de mi cadáver descomponiéndose. Pero no, me da igual. No quiero ver a nadie. No salí por puro despecho. Cuando me dijo que me echaba de menos sentí como si echara de menos a un personaje más de los que amenizan sus fiestas. Sólo echa de menos un número, un rostro que no está. No echa de menos a una persona. Es algo difícil de explicar. Es cuando sientes que no eres nadie para nadie. Haced la prueba: apagad el teléfono durante una semana, no os conectéis a Internet, no salgáis de casa... entonces os daréis cuenta de que no sois nadie para el mundo y que si os morís la Tierra seguirá girando igual (o mejor).
Pero también me pregunto si yo echo de menos a alguien y la respuesta es que no. Durante mucho tiempo eché de menos a mucha gente pero nunca lo supieron ni lo sabrán. Por lo tanto, en esto de las relaciones humanas, se suele recibir más o menos en medida de lo que se da. Lo cual es algo espantoso. Algún día escribiré sobre ello. Tengo tantas cosas sobre las que escribir...
Pero volviendo al tema de la memoria. Creo que me jode más olvidar lo que sé que perder amigos. Al fin y al cabo los amigos son pasajeros en el sentido literal de la palabra. Coincidimos en un tren durante un periodo de tiempo determinado y luego alguien tiene que hacer trasbordo. Incomprensiblemente cuando alguien se cambia de tren solemos creer que todavía tenemos los destinos unidos y les seguimos llamando amigos. Se van y los tratamos como si todavía viajaran en el mismo tren, o al menos es lo que queremos creer.
Me jode mucho no acordarme de todo aquello que aprendí el año pasado en historia del arte. Aprendí 1000 fechas, muchas biografías, muchos nombres de obras de arte que por arte de magia he olvidado. Ya no me acuerdo en qué año nació Masaccio, no me acuerdo cuántos años tardó Brunellesechi en construir la cúpula de la catedral de Florencia, no me acuerdo de casi nada de todo aquello que aprendí con tanto interés. Tan sólo recuerdo con entusiasmo las anécdotas de Caravaggio o de Miguel Ángel porque sus biografías me impactaron y no las podré olvidar fácilmente. Perder cultura me jode más que la pérdida de amigos, aunque la cultura no sirve para nada (y los amigos, si nos ponemos drásticos, sirven para menos) pero al menos los recuerdos te acompañan durante todo el recorrido de tu vida y los amigos sólo te acompañan ese pequeño trayecto hasta que se bajan en su parada y quizás no los vuelvas a ver hasta que coincidáis en el mismo tren mucho tiempo después y entonces os alegréis de veros, os haréis un resumen de todos los trayectos que habéis hecho y lo pasaréis bien durante ese momento en el que habéis coincidido entre parada y parada. Lo curioso es que si no os hubierais reencontrado jamás hubierais hablado. Habláis porque os habéis reencontrado por casualidad. Si hubieses querido hablar con esa persona bastaba con llamarla al móvil ya que guardabas su número en la agenda, pero eso no lo ibas a hacer nunca. Pasado un tiempo verás el nombre de esa persona en tu agenda y dirás ¿Por qué tengo a este en la agenda si nunca le voy a llamar? Y es cuando decides borrarlo para siempre. En las agendas de teléfono sobran más de la mitad de la gente.
No sé qué es lo que me pasa. Mi madre dice que estoy loco. Quiere llevarme al psiquiatra. Yo me niego, le digo que estoy bien, pero ella dice que si no voy traerá al psiquiatra a casa para que me vea en mi salsa... mi padre también me dice que estoy loco. Puede que sea verdad. Cuando te lo dicen tantas veces a veces dudas y dices: ¿Y si llevan razón? Pero lo que a mí me pasa no se puede curar con ninguna medicación. Lo que tengo es una lucidez mortal de la realidad. Por eso creo que al final acabaré otra vez en la consulta del psiquiatra. Le diré lo que hago y que me diga si estoy loco o qué. También le diré que mis padres son los que me dicen que no estudie más y me ponga a trabajar. A ver si al final los encierran a ellos en vez de a mí.
Cada vez soy más insignificante. Como ya he dicho muchas veces: recibo lo que siembro. Y pese a tener la autoestima baja sigo pensando que soy el ser más grande la Tierra... para colmo no me cuido, estoy engordando, me estoy quedando fofo y cada vez se me cae más cabello. Podría dedicar tiempo y dinero para cuidarme, ir al gimnasio y ser un musculitos con abdominales para atraer a las descerebradas repletas de estrógenos, pero no pretendo gustar a nadie. Quiero ser indiferente. Si algún día hicieran un club de fans a mi nombre me encargaría de hacerme odiar para que mis fans se llevasen una tremenda decepción de mí y se fuesen a adorar a otro.
Estoy podrido y me gustaría escupir en la cara de Dios como Henry Miller.
De hecho, quiero aprovechar la ocasión que se me brinda para cagarme en todo aquel que lea esto.
Debería ser una persona feliz por tenerlo todo. Estoy consiguiendo todo lo que me propongo y hago lo que me da la gana. Pero no consigo la estabilidad en ningún punto, ni en la automarginación ni sociabilizándome, es como si no existiese una salida.
Y lo peor es que tengo un sentimiento de culpabilidad terrible porque no leo ni toco la guitarra como antes. Si cometiese un crimen me sentiría menos culpable que de no leer. Debería leer un libro al día para alimentar mi espíritu y para ser alguien... y no consigo leer una mierda, y eso es terrible. Es como saber que debo comer para sobrevivir y no tener nada de apetito. Sabes que te vas a debilitar y que vas a ser un huesudo ambulante pero no puedes... ahora mi alma está raquítica porque no leo, es terrible, terrible, y creo que todo es por culpa del ordenador... que me tiene enganchado... debería arrojarlo ahora mismo por la ventana y reafirmar lo que he dicho desde un principio.
Eran las cinco de la madrugada. Yo estaba con el portátil vagando por Internet y pensando. Este verano no tiene nada de especial, me da la sensación de que esta situación ya la he vivido muchas veces. Los de la compañía de telefonía no han contado conmigo para trabajar este verano. Cuando me llamaron para que me incorporase al trabajo estaba en plenos exámenes y les dije que sólo podía trabajar cuando terminase, pero al parecer ya era demasiado tarde. Sé que podría buscarme otro trabajo de camarero o algo así, pero, sinceramente, antes prefiero pegarme un tiro.
He decidido que voy a descansar este verano. Necesito un poco de tiempo para mí. El problema, es que cuando estoy así invierto el sueño. Duermo por el día y vivo por la noche. Me gusta más. Por la noche todo es más tranquilo, todo el mundo duerme, no se escucha nada y me siento en paz. A mí la luz del Sol me molesta, soy un vampiro. La playa tampoco me gusta, está llena de arena asquerosa, el Sol te quema, te asfixias de calor, en el agua la gente mea, caga, folla, arrojan cenizas de muertos... es un asco. No entiendo por qué la gente se muere por pasar las vacaciones en la costa. En fin, que me pierdo, lo que quiero decir es que estoy de vacaciones, estoy descansando, dedico mi tiempo a leer y a ver películas como un loco. Me lo paso bien así. También me divierte estar en Internet leyendo curiosidades, comentando en los foros, leyendo blogs, periódicos digitales... lo que me plazca.
Pues bien, como dije al principio, eran las cinco de la madrugada. Momento en el que mi padre se va a trabajar a la panadería. Yo estaba en el ordenador. Sin ni siquiera llamar abrió la puerta de mi habitación con brusquedad y sin entrar me miró. Yo estaba sentado en la silla del escritorio. Él respiraba rápidamente y me miraba con cara de perro.
– ¿No te das cuenta de lo que haces? ¿No te das cuenta de la hora que es? –dijo– ¿Tú crees que es normal que todos los días te levantes a las dos de la tarde? – Papá, estoy leyendo unas cosas. ¿Qué tiene de malo? – ¿Qué tiene de malo? ¿Tú te has visto? ¡Me das asco! ¡Esto que haces no es normal! ¡Estás viviendo a nuestra costa! ¡Te tendría que dar una buena bofetada! – ¿Pero por qué te pones así? – ¿Por qué me pongo así? ¡Qué asco das! ¿Por qué no cuentas esto que haces en tu mierda de blog?
Yo ya sabía que él leía el blog. Un día descubrí que entraba y que tenía la página en sus favoritos. Le dije que no volviese a entrar o cerraría el blog. No quiero que me lea, me siento mal si me lee. Me da igual que cualquier otra persona del universo me lea, pero él no. No puedo escribir libremente si él me lee.
Cae la tarde. Camino por la calle dispuesto a volver a casa. Toda la gente con la que me cruzo parece ser feliz. Veo a un grupito de chavales sentados en un banco, uno se lía un porro y una chica habla con otra. Cuando llego a la altura del banco activo la parabólica. Siempre trato de escuchar lo que dice la gente con la que me cruzo. Con una sola frase quiero hacerme la idea de cómo son sus vidas y qué problemas tienen. No dicen nada interesante, aunque nunca pierdo la esperanza de que algún día uno de ellos me revele la clave de mi vida, necesito que un ángel me hable a través de los transeúntes, ya que son los únicos seres a los que escucho. Quiero encontrar el sentido de mi vida al igual que le ocurrió a Hui Neng, quiero escuchar una frase que me provoque la iluminación súbita. Pero lo único que escucho es: “Tíaaaa, cuánto tiempo”.
Miro a la gente fijamente. Observo lo que llevan puesto. Muchas personas llevan gafas de sol. Yo nunca me he comprado unas gafas de sol, cuestan un dineral y no sirven para nada. La gente se las compra solamente por motivos estéticos, algunos pagan más de 100 euros por dos cristales de mierda. No lo entiendo. Soy tan diferente a la gente que todos los días me pregunto si estoy rodeado de idiotas o soy yo el único idiota del mundo.
Giro una esquina y casualmente me pongo a caminar a la misma altura que una chica. No soporto caminar en paralelo a alguien, además, yo sigo mi ritmo pero la chica se pone nerviosa. Creo que se piensa que soy un acosador o algo así. Así que no me queda otro remedio que reducir la velocidad para que se adelante y camine más tranquila.
Veo a la gente que está sentada en las terrazas de las cafeterías. Tienen algo que hacer, se relacionan con sus amistades, sin embargo yo estoy siempre solo. A veces los envidio y otras veces me alegro de tener siempre a mi querida soledad . Me gustaría sentarme en una de esas terrazas y conversar con más gente. Pero no tengo dinero. No me queda dinero ni para pagar el alquiler. La semana pasada tuve que pagar la matrícula y ahora estoy en números rojos. No me dieron la beca y cuando fui a secretaría a protestar me dijeron que no podían hacer nada por mí, que debía de pagar, de lo contrario me quitarían la matrícula. Durante unos días intenté averiguar cómo conseguiría los 550 euros que me hacían falta para pagar. Pensé en prostituirme o robar unos cuantos bolsos. Incluso pensé en desistir de la idea de estudiar, soy un romántico que piensa que lo importante del estudio no es tener un papel oficial que te diga que sabes hacer una cosa, lo importante es saber hacer lo que quieres, y yo podría asistir a clases sin estar matriculado, nadie me pedirá un papel oficial en la puerta de clase. Podría aprender sin pagar un solo céntimo. Ahora la gente sólo estudia para aprobar, para sacarse un título y conseguir trabajo para ganar dinero. Siempre está el maldito dinero por el medio: dinero, dinero, dinero y dinero ¿Ese es el fin que todos perseguimos? Cuando Platón fundó su academia todos querían aprender por amor al arte y no para hacer unas oposiciones. En la biblioteca de Alejandría se amaba la sabiduría en su estado puro, sin intereses económicos por medio, ahora se suele decir que la Universidad es el centro del saber, lo cual es una mentira. No se ama lo que se hace, se ama el dinero que puedes recibir por lo que haces. Por eso me da tanto asco este mundo inmundo.
Cuando fui a la universidad le dije a la de secretaría que no podía pagar. Que yo no dependo de mis padres, que desde que trabajé no les pedía dinero, que sus declaraciones de renta no tienen que ver conmigo. Me dijo encogiéndose de hombros que no podía hacer nada por mí. Le pregunté qué podía hacer para aplazar el pago y reclamar la denegación de la beca. Me dijo que lo único que podía hacer era pagar, y luego en julio protestar. Lo cual me indignó y no pude evitar decir:
- ¿Esta es la educación que tenemos en España? ¿Una en la que sólo pueden estudiar los hijos de ricos? Mi madre se dedica a limpiar todos los días vateres y mi padre está puteado todos los días en un asqueroso horno por poco más del sueldo mínimo. ¿Qué hago? ¿Dejo de estudiar? ¿Es eso lo que quieren? ¿Qué no salga nunca de mi condición obrera?
Yo no puedo pedirle dinero a mis padres. Ellos no quieren que estudie. Cada vez que le enseño a mi padre un trabajo que hago en clase me dice: ¿Eso es todo lo que haces? ¿Te dedicas a salir en videos haciendo el gilipollas? ¡Lo que deberías hacer es ponerte a trabajar! ¡No haces nada! Tu madre y yo estamos trabajando y algún día nos moriremos y tendrás que pagar la luz y el agua, te vas a morir de hambre. Podrías hacerte fontanero, están ganando mucho dinero, haz un cursillo, ponte a trabajar de fontanero y no seas tonto.
He tratado más de un millón de veces explicarle que yo no quiero ser fontanero, que no quiero trabajar en un trabajo que me disguste, por mucho dinero que gane. Si hubiese sido así no me hubiera dejado aquel trabajo fijo de vendedor de teléfonos móviles, yo quiero ser feliz y prefiero ganar un euro haciendo lo que me gusta que diez a disgusto. Pero eso no lo entiende. Cree que soy un deshecho social y siempre me dice que le he defraudado. Me compara con mis primos, los cuales ya tienen coche y están pagando unos pisos. Como si eso fuera algo importante y les hiciera mejores personas. Por mí se pueden meter por el culo sus coches y sus pisos, yo no pienso hipotecar mi vida por una puta casa ni por un puto coche. No me considero inferior a mis primos, ellos han escogido su forma de vida y yo la mía. Yo prefiero vivir debajo de un puente antes que caer en el bucle de la esclavización moderna, hipoteca, coche, hijos y trabaja hasta que te mueras. Yo quiero tener la posibilidad de mandar todo a la mierda y largarme cuando quiera. Prefiero estudiar y aprender antes que trabajar. Prefiero leer y escribir. Y la diferencia con ellos es que yo amo lo que hago, y si me diesen ahora mismo 2000 millones de euros yo seguiría estudiando y haciendo lo que estoy haciendo ahora y ellos se dejarían sus trabajos (que dicen amar tanto). Aunque ahora mismo mi situación es tan mala que pronto comenzaré a hacer como Henry Miller ; empezaré a mandar cartas pidiendo a la gente que me inviten a comer una vez a la semana, así hasta poder sobrevivir.
Sigo con mi paseo. Mientras bajo unas escaleras me doy cuenta de que mis pasos no suenan, soy muy silencioso. Desde que nací he vivido en completo silencio, es la secuela de haber tenido a un padre panadero que dormía durante el día: no podíamos hacer ruido y ahora, allá donde voy, en mi subconsciente siempre hay una persona durmiendo. El silencio siempre me acompaña. A veces creo que hago tan poco ruido por donde paso que soy invisible. De hecho la gente no me mira. Puede que de verdad nadie me vea.
A veces sueño con que soy ese hombre invisible y que por fin la reconozco a ella, que también es invisible, entre la muchedumbre. Sólo las personas invisibles pueden verse entre ellas. Así como los budistas reconocen a la reencarnación del Dalai sólo con la mirada, yo la reconoceré a ella a primera vista. Cuando la vea simplemente sabré que es ella.
He llegado a la estación del tren. Siempre que el tren se aproxima pienso en qué pasaría si me arrojase a la vía en ese momento. Es un pensamiento macabro que se me acecha de forma involuntaria y siempre que lo intento apartar de mi cabeza me ataca con más fuerza.
Este es mi primer corto. No os ensañéis mucho con él, todavía no tenemos experiencia y hemos pagado muchas novatadas. Pero dentro de lo que cabe estamos orgullosos del trabajo realizado, aunque podría mejorarse mucho en todos los aspectos. No esperéis ver un gran corto con un gran argumento, aunque eso sí, nos ha costado mucho de hacer y hemos descubierto que detrás de todos los cortos y películas hay mucho más trabajo del que pueda parecer a simple vista.
Soy un ser excepcional, no hay nadie como yo. Deberían erguir un monumento en la plaza principal de mi pueblo con mi imagen y que se celebrase una fiesta todos los años en mi honor. Pienso que soy la persona más extraordinaria que ha nacido en toda la historia del planeta. Soy inteligente, simpático y agradable, y no entiendo por qué mi nombre todavía no figura en las enciclopedias. Tengo una mentalidad extremadamente iluminada, tan iluminada que si me pusieran al lado del Sol éste parecería un agujero negro y oscuro comparado con mi radiante aura carismática. Soy tan guapo y sensible... tengo tanto criterio, tanta templanza y saber llevar, que cuando salgo del portal de mi casa los vecinos quieren sacarme a hombros. Las farolas se encienden cuando paso y los semáforos se ponen en verde. La gente sale a los balcones para aclamarme, me piden autógrafos en todos los rincones del planeta, los padres de familia quieren que insemine a sus esposas y a sus hijas para tener un hijo con mis genes y presumir que es suyo. Hago milagros, curo a enfermos y resucito a la gente sólo con mi palabra. No camino por otro lugar que no sean alfombras rojas y pasarelas, y mis únicos humildes medios de transporte son las limusinas y los aviones privados.
Creedme, merece la pena conocerme y hablar conmigo y presumir de tener un amigo como yo. Soy un personaje que jamás se repetirá, de esos que nunca debería morirse, son un genio sin igual.
Pese a todo eso, no me quiero mucho, hoy tengo la autoestima baja y creo que soy la peor persona del mundo si me comparo con el resto. Así que imagina lo que pienso de ti, que considero que eres infinitamente mejor que yo.
La gente aburrida suele utilizar la báscula para pesarse. Algunos viven preocupados por su peso, se deprimen cuando aumentan unos gramos o se alegran cuando adelgazan. Quieren estar en línea para pasear sus cuerpos esculturales por las playas, quieren gustar a los humanos del sexo opuesto (o del mismo) y para ello se matan en los gimnasios, llenan sus estómagos con miles de pastillas para adelgazar y compran todos los productos que anuncian por la madrugada en la televisión.
Sin embargo yo nunca he utilizado la báscula para controlar mi peso. Lo único que hago es pesarme antes y después de cagar para saber cuánto pesan mis mierdas. De este modo puedo contrastar la abundancia de mis excrementos y puedo hacer un cómodo balance sobre mi digestión, hábitos alimenticios y salud en general. ¡No sabéis la alegría que da cuando cago una mierda de casi 500 gramos! Aún así espero poder batir mi marca y llegar algún día a cagar un zurullo de un kilo. ¡Algún día lo conseguiré! ¡Deseadme suerte!
Aprovecho la ocasión para saludar a todos los metrosexuales e idiotas que viven ofuscados con las básculas.
¿Quién hay detrás de esa botella de cerveza? ¿Quién se esconde detrás de las copas, de los porros y de las conversaciones banales? La gente habla y se observa. Unos amigos están comentando algo, pero no sé qué dicen. Uno es muy expresivo, sabe utilizar el lenguaje corporal, sus manos se agitan constantemente entre el humo que desprende el cigarrillo del cenicero. El otro está quieto y lo mira fijamente. ¿Qué estarán diciendo? ¿Realmente se estarán escuchando?
Oigo entre la música el bullicio de la gente y el griterío de los que están jugando al futbolín. Todos parecen felices, pero en sus ojos veo preocupaciones que tratan de esconder. Cada dos minutos miran hacia la puerta para ver si entra alguien, pero lo curioso es no esperan a nadie. ¿Por qué mirarán hacia la puerta? ¿Qué falta en sus vidas para que estén mirando siempre hacia la puerta?
Otros miran la pantalla de sus teléfonos móviles. Quieren contactar con el mundo exterior. Estos también esperan a alguien, quieren que esa persona especial de su agenda de teléfono se acuerde de ellos. Para conseguirlo optan por hacerle una llamada perdida que significa: "Hola, como ya sabes, esta noche estoy de fiesta con los amigos, me lo estoy pasando muy bien, pero aun así tengo un hueco para acordarme de ti. Espero que tú también te acuerdes de mí". Pero en realidad están fingiendo, no lo están pasando bien, se están aburriendo y no quieren reconocerlo. Mañana contarán a sus amigos del messenger que hoy se lo pasaron de puta madre y en verdad han estado amargados toda la noche.
Todos esperan que hoy sea una noche excepcional. A algunos les gustaría que por la puerta entrara el amor de su vida y al mirarse se reconocieran. A otras les gustaría conocer a un chico encantador y divertido para irse con él y dejar de lado a esas muermas que dicen ser sus amigas. Pero nada de eso ocurre, tienen que seguir recurriendo a los teléfonos móviles para escapar de aquí. Necesitan hacer llamadas perdidas y mandar mensajes para gritar socorro, para pedir que alguien les saque de este antro.
Nadie debería decir nada. Es mejor callarse antes de estar diciendo tonterías. En realidad hablar no sirve para nada. Las cosas más importantes no necesitan decirse. No son necesarias las palabras para expresar nuestros sentimientos más puros. El mejor "te quiero" no es aquel que se dice, sino el que se demuestra; el primero no tiene ningún valor y el segundo es el que se siente, el verdadero.
Me sorprendo al ver la cantidad de luces que hay en el bar, las hay de todos los colores y de todas las intensidades. Las hay sobre la barra, sobre el futbolín, en los letreros de propaganda, en la máquina de tabaco... estamos rodeados de luces. Echo otro vistazo rápido a la gente y todos siguen sumergidos en sus conversaciones. ¿Por qué la gente no brillará como las luces? ¿Por qué no dicen de una vez que lo están pasando mal? ¿Por qué no gritan que quieren salir de aquí de una puta vez? ¿Por qué no dicen que se sienten solos aunque estén con gente? ¿Por qué no hablan de aquello que les atormenta y hace que no se concentren en el lugar en que están? ¿Es que no se quieren un poco? ¿Es que no se acuerdan de sí mismos?
Me da mucha rabia ver esto. Se creen unidos y entre ellos hay distancias kilométricas. Pasa como en los trenes, cuando alguien entra trata de alejarse lo máximo posible del resto de personas. La gente busca los lugares más vacíos porque se temen entre ellos. Todos deberíamos hablar entre nosotros, conocernos, hablar con todos los transeúntes como si fueramos amigos y no como delincuentes.
Se acercan unos amigos. Me están hablado. Me preguntan si luego vamos a ir a otro sitio. Le respondo que sí, que haremos lo que quieran, pero les digo que esperen a que me termine la cerveza. Doy un trago y me pregunto por qué querrán ir a otro lugar, no van a encontrar nada que no encuentren aquí. Tan sólo cambiará la música y el decorado. El resto será lo mismo: Desconocidos buscando algo que no encuentran, que tienen las miradas perdidas y que se refugian detrás del alcohol y la droga para evadirse.
Mis amigos miran el reloj. Están apurados. Viven pendientes de la hora. No quiero vivir con horarios, no puedo dejarme llevar si nos imponemos un horario.
Me he acabado la cerveza. Tengo la barriga llena. La botella está vacía. Ya no me puedo ocultar detrás de ella. No sé por qué tanta reflexión si yo también soy uno de los que esconde sus miedos detrás de las botella de cerveza. Y lo que es peor: mi mirada está más perdida que la de toda esa gente.
El domingo quería escribir un post sobre el miedo que sentía ante la nueva etapa que voy a iniciar en mi vida. Pero hoy Martes, después de haber asistido a las dos primeras jornadas del curso, ya no tengo ningún miedo, estoy entusiasmado y convencido de que no me equivoqué en mi elección. Es más, diría que el hecho de no entrar en el primer destino que elegí es por algo. Creo que nada de lo que me sucede es fortuito y el destino ha querido llevarme hasta donde estoy porque es el lugar y el momento idóneo para que yo esté ahí. En la vida suceden muchas cosas inexplicables, sin racionalidad alguna, que sólo pueden ser comprendidas si realmente creemos en la magia. Sé que todo lo que me ha pasado en la vida me ha servido para aprender algo, al igual que todas las personas con las que me he cruzado a lo largo del camino, sea para bien o para mal, me han enseñado algo.
Me decanté por hacer la licenciatura de comunicación audiovisual, y las primeras sensaciones de la carrera han sido muy buenas. En la primera clase, en la asignatura de diseño de personajes, me di cuenta de que no me había equivocado. El profesor nos habló del proceso creativo y después nos preguntó si nos gustaba escribir. Una alumna dijo que le gustaba escribir aunque no había hecho nada importante. El profesor se indignó al escuchar eso de “nada importante”, dijo que aunque lo que haya escrito no se haya publicado, aunque no le hayan dado ningún premio por ello, lo que ella había escrito era muy importante, y que a partir de ahora, debemos tener claro que cualquier cosa que escribamos será importante, que debemos creer en lo que hacemos, que tenemos que defender nuestros escritos, que debemos luchar por nuestros ideales, que, si es necesario, debemos morir por aquello en lo que creemos. Me di cuenta de que era un entusiasta, capaz de transmitir ganas de trabajar y de llenarnos a todos de energía creativa. Me emocioné escuchándolo, me di cuenta de que si esto es como pinta podré aprender mucho y los profesores me ayudarán a hacerlo. Por un momento me sentí tan eufórico y afortunado como si fuese un cantante que va al casting de operación triunfo y le dicen que va a entrar en la academia. Nos dijo que vamos a enfrentarnos a un gran problema: que hasta ahora siempre nos habían dicho lo que teníamos que hacer, pero en su asignatura no nos iba a decir lo que teníamos que escribir, que vamos a tener libertad absoluta a la hora de crear, que no nos podrá ningún límite y que debemos explotar nuestras capacidades al máximo. Dijo que para crear personajes, primero debemos conocernos a nosotros mismos, y a partir de ahí, podremos tener una perspectiva más global y seremos capaces de captar otras personalidades y otras sensaciones ajenas a nosotros. El objetivo es encontrar nuestro propio Aleph en el que podamos tener una perspectiva de todo. Nuestro trabajo será observar la realidad, tomar notas, apuntar nuestras reflexiones. Nos recomendó no confiar en nuestra memoria, ya que, aunque creamos que esta no nos fallará, lo normal es que se nos olviden las ideas. Nos dijo que lo ideal es que nos hiciésemos un cuaderno de notas, como si fuese un diario, y que en él escribamos lo que nos apetezca.
Comentó una infinidad de cosas interesantes, que ahora no voy a escribir, pero a mí me ha encantado y estoy seguro de que todo ello me ayudará a aprender. De momento ya nos ha mandado el primer deber: escribir sobre nuestro refugio, al que acudimos cuando queremos estar solos, debemos decir qué lugar es, describirlo, en primera persona, segunda o tercera, como nos dé la gana, nos ha recordado que somos libres de hacer lo que queramos. Y si no nos gusta esa propuesta podemos escribir sobre el tiempo en el que nos hubiese gustado vivir: Grecia, Roma, la Edad Media, lo que queramos, y que digamos qué es lo que hubiésemos hecho en esa época. La verdad es que es muy interesante. Pero ahora tengo miedo de escribir, sé que si me suelto diré muchos tacos, muchas burradas políticamente incorrectas y no sé si debo dar un tiempo de espera a mis impulsos creativo-destructores o desde el primer día ponerlos en marcha. En cualquier caso, parto desde la más absoluta humildad, sabiendo que yo no sé nada y que estoy para aprender y para que me enseñen.
Respecto a la universidad... estoy bastante perdido, es un cambio muy radical respecto al instituto, la gente va más a su bola, no hablan entre ellos, el trato es más distante, me resultan incómodos los silencios desesperantes que se producen en clase. A veces me gustaría romper esa seriedad que reina en las clases con un estruendoso pedo que haga retumbar el aula. No me gusta tanta seriedad. Echo de menos a los paletos del instituto, al menos hablaban, murmuraban, eran espontáneos, impulsivos, sádicos, caníbales. Pero ahora son toda la gente es seria, es gente como yo, que da asco, y yo doy asco solo, pero si somos 20 personas como yo nos convertimos en una gran bola de mierda insoportable.
Pero en fin, lo importante es que estoy haciendo algo que creo que me va a gustar, en otra ocasión ya contaré anécdotas y sensaciones que experimento en el día a día. Os hablaré de las otras asignaturas, como la de historia del cine, que también promete ser de lo más interesante. De momento trataré de adaptarme, de hacerme la idea de que ya he empezado. Intentaré asimilar que aquello que hace un año era una vaga idea e ilusión se ha convertido en una realidad. Estoy contento de haber dejado el trabajo de mierda, de haber renunciado a un trabajo fijo, estoy contento de no haberme guiado por el dinero, por la estabilidad laboral, por la comodidad. Estoy muy agradecido a la gente que hizo posible que este sueño se convirtiera en una realidad. Durante todo este año pensé que todo esto era una locura, que no me llevaría a ninguna parte, incluso creí que no sería capaz de sacarme segundo de bachillerato, pero lo he conseguido, he llegado a la meta, aunque ahora ya hay nuevas metas a las que tengo que llegar.
Estoy encantado de haber hecho las cosas con el corazón, y de eso no me arrepiento ni me arrepentiré nunca.
Era la una menos cuarto de la noche y de pronto se me ocurre la genial idea de ir al cine. A la una había una sesión y me apetecía ver la nueva película de Superman. Rápidamente me cambié y a la una menos cinco cogí el coche. Llegué a los cines a la una en punto y me fui corriendo a la taquilla.
- Dame una entrada para la película de Superman con el carnet Jove. - ¿Las dos con el carnet Jove? - No, no. Sólo quiero una.
Hace sus trámites.
- 10,40 por favor. - ¿10,40 una entrada? - ¿Sólo quieres una? – me pregunta extrañada. - Sí.
Me miró como a un bicho raro. ¿Qué pasa? ¿Qué trabajas en la taquilla del cine y nunca ves a gente que va sola al cine? ¿O es que hay que tratarnos como a marginados? Lo peor es que dio por hecho que iba acompañado. ¿Pero tú has visto a alguien a mi lado? ¿Te he pedido dos? ¿Tan raro es?
Mientras guardaba el cambio en la cartera, vi que la chica cogía el teléfono - Rápido, pon superman, acaba de llegar uno.
Resulta que yo era el único espectador de la sala. Entré y le di el ticket a los de la puerta. También me miraron como si fuese un parásito antisocial que va marginado por el mundo y se apiadaban de mí.
- Sala 3 –me dice.
Tenía la puerta delante. Entré y ya estaban puestos los trailers. No había nadie. Había soñado con eso alguna vez: tener toda la sala para mí solo. Subí las escaleras y me quedé pensando dónde sentarme. Tenía todos los asientos para mí y ahora me costaba decidirme. No sabía si ponerme en el primer tercio de asientos y vivir la película como si estuviese dentro o ponerme por el final. Miré la ventanita de proyección. Pensé que si me ponía en los primeros asientos me espiarían desde allí y se burlarían de mí, así que decidí sentarme por las últimas filas, desde las cuales no me podían ver desde arriba. Me senté a mis anchas, con los pies por encima de los asientos y con las piernas bien abiertas.
Apareció en pantalla el aviso para que apagásemos el móvil. Busqué el teléfono en mi bolsillo y llamé a mi hermana para decirle que estaba solo en la sala y que eso era una pasada. Me sentía bien. No fumo porros, pero de haber tenido me hubiese liado uno. La ocasión lo merecía.
Comenzó la película. Sonó la banda sonora y se me puso la piel de gallina. De pequeño vi más de mil veces las películas de Superman. Cuando me aburría cogía la cinta y la ponía. Ponía la uno, la dos y la tres. Nunca me cansaba de verlas. De hecho creo que no veía más películas. Sólo los dibujos de Érase una vez el hombre, que los veía pero no me enteraba de nada. Hace poco estaba estudiando historia del arte y volví a ver unos capítulos del renacimiento para enterarme de cómo era la época y me di cuenta que de pequeño no aprendí nada. Lo veía y no retuve ni una sola información.
Apareció el título de la película.
Yo me pregunté. ¿Por qué cojones ponen Superman Returns y luego el regreso? Si lo repiten porque es la traducción que al menos lo pongan entre paréntesis. Pero parece parte del título y están repitiendo lo mismo. ¡Serán garrulos!
La película me gustó. No voy a ponerle peros porque he visto en que en alguna página criticaban el realismo de la película, como, por ejemplo, el hecho de que superman sujete un avión desde la punta, decían que hacer eso físicamente es imposible. Pero vamos a ver, críticos de mierda, ¿Qué realismo y qué física buscáis en una película que trata de un hombre que vuela y tiene superpoderes? ¿Es que sois idiotas? Buscad realismo en un documental o en las noticias pero no en una película basada en un cómic fantástico.
Habían escenas calcadas de otras películas. Cosa que a los nostálgicos como yo nos emociona. Y el hecho de que Superman tenga un hijo me sorprende. He tenido que volver a ver Superman II para enterarme de que el hijo se gestó cuando Superman se hizo humano. Esto es comprensible, porque si Superman se tira a Lois la hubiese matado de un pollazo. Lo raro es el hijo haya heredado poderes ya que Lois y Superman follaron cuando él era humano. Pero bueno, lo que he dicho antes.. ¿Esto es fantasía no?
Salí del cine entusiasmado. Dos trabajadores esperaban en la puerta a que yo saliese para poder cerrar. Seguramente se cagarían en mi madre ya que por lo visto era la película más larga de todas las que habían en cartelera y estaban esperando sólo por mí. Seguro que el cine perdió dinero conmigo.
Vi que mi coche el último que quedaba en el parking. Me metí en el coche y me sentí como un niño después de ver una película: Creyendo que yo era Clark Kent y que ocultaba al mundo mis verdaderos superpoderes.
Debería estallar una guerra. Un gran conflicto que agite las conciencias de la gente y que movilice a toda la juventud que deambula por las calles sin ningún ideal. Deberían meterles los teléfonos móviles por el culo. Deberían rapar el pelo a todos esos que quieren parecerse a Fernando Torres y enviarles al frente para que luchen contra los enemigos. Necesitamos que pase algo que haga hundirse todas las bolsas, que quiebren todos los bancos, que escaseen los alimentos y que la gente se mate entre sí. Necesitamos despertar del sueño que nos produce un nivel de vida cómodo. Ya está bien de tanta tontería, de tanta máscara y de tanto engaño. Es por eso que he decidido volver a la guerra. A partir de la semana que viene voy a iniciar de nuevo mis andanzas por los puestos de telefonía. Sí, queridos amigos, aquellos stands que tanto he criticado y de los que huí hace un año como de la peste. Os pensaréis que tengo una actitud sadomasoquista y que soy un charlatán que se contradice. Pero necesito dinero y para conseguirlo tengo que trabajar un poco, y nada mejor que volver al lugar que más odio para ganarme los cuartos. El trabajo será hasta final de agosto, y tan sólo trabajaré los fines de semana. Es decir: Viernes, Sábados y Lunes (incomprensiblemente el lunes es uno de los días que más teléfonos móviles se venden a lo largo de la semana, a todos les da por comprar los lunes, si alguien sabe el porqué que me lo explique por favor). Con esto podré sentir que hago algo útil este verano y conseguiré inspirarme para escribir nuevas historias con las vivencias que me sucedan en aquel antro. Me moriría si no escribiese las anécdotas y putadas que ocurren en un puesto de trabajo con tanto trato humano.
He tenido que ir a Valencia para firmar el contrato. Mientras paseaba por las céntricas calles de Valencia he vuelto a sentir el asco que me produce el lugar. La gente me parece que está acartonada. Por esas calles camina demasiada gente vestida con corbata, grandes ejecutivos, empresarios y hombres de negocios que arrastran una bola de plomo invisible encadenada a sus pies. La alienación ya no es propia de los estratos sociales más bajos, ahora atrapa también hasta a los directivos de las compañías más importantes. Todos ellos se cruzan con jovencitas trabajadoras, bien vestidas y acicaladas, que muestran sus generosos escotes a esos hombres de negocios casados, puteros y que se suelen acostar con su secretaria mientras le tiran los tejos a la nueva chica que ha entrado de prácticas.
Cuando he llegado a la empresa he visto al jefe echar un puro a unas azafatas de congresos. El jefe les decía que había recibido quejas sobre ellas, les explicaba que no debían de estar allí esperando a que alguien se acercase para ayudarles, tenían que ofrecerse constantemente, debían poner ganas e interés, debían ser competentes. Después las amenazó con no llamarlas más si seguían con esa actitud. Para colmo, le informaron que vieron a una de ellas tomarse un café en la cafetería del congreso. Algo imperdonable por lo visto. Cuando el jefe vio que yo estaba allí cambió su rostro y con una actitud muy amable y un tono muy cordial, me invitó a que esperase 10 minutos fuera y que me tomase un café o algo. Ese cambio de actitud tan brusco demostraba que era un gran actor, no se puede estar cabreado con unas personas y de pronto dirigirte a otra tan amable, y después volver al tono de antes. Lo que no sé es con quién fingía: si con ellas o conmigo. Salí de allí y entré en el bar más cercano que había. Me dirigí a la barra, en la cual no había ni una silla para sentarse y pedí un café con leche. El camarero me preguntó si quería tomarlo en la barra o en una mesa, supuse que lo preguntaba porque había distintas tarifas dependiendo del lugar, así que decidí tomármela en aquella incómoda barra, de pie, y con ganas de irme de allí cuanto antes. En una zona tan comercial hay que pagar incluso por sentarse, los espacios públicos no son públicos, son de las empresas, necesitas pagar por todo, a este paso pronto nos invadirá la moda europea de cobrar por entrar en los servicios para poder echar una meada. Mientras tomaba el café estuve reflexionando sobre las azafatas de congresos. Una vez conocí a una chica que trabajaba de azafata y me contó que en los congresos tienen que estar aguantando a los empresarios salidos que intentan conquistarlas de forma insistente, los hay que incluso les ofrecen dinero por acostarse con ellas. Se rumorea que muchas se ganan un sobresueldo con este tipo de actividades. Creería que sería una leyenda urbana si no fuera porque traté con esa gente cuando trabajé de botones en un hotel. Aún recuerdo cuando algunos de ellos me ofrecían suculentas propinas por buscarles una buena puta.
Al volver a la empresa me extendieron mi nuevo contrato y lo firmé. Me sorprendió descubrir una nueva cláusula que no figurabaen el anterior contrato que decía así:
"El trabajador se compromete a guardar silencio por los secretos comerciales, métodos, procedimientos, datos comerciales o industriales u otra información de naturaleza confidencial (...) El trabajador velará, con la debida diligencia profesional, por la seguridad de la información del contrato de trabajo, impidiendo que terceros puedan acceder a dicha información, obligándose a no transmitirla, almacenarla en cualquier sistema de almacenamiento, reproducirla por cualquier medio de duplicación manual o electrónico, mecánico, óptico o cualquier otro medio, ni sustraerla o hacerla pública en cualquier forma o manera. La inobservancia de las obligaciones anteriormente descritas se considerarán incumplimiento grave y culpable del trabajador, siendo considerado como falta susceptible de la sanción disciplinaria que en Derecho corresponda"
No tengo ni pajolera de leyes, no entiendo ni lo que dice, pero esto parece una amenaza a todos aquellos que les gusta publicar en sus blogs las miserias internas de sus empresas. Ya se han dado casos en los que algunos bloguistas han puesto verdes a sus empresas y en los buscadores más conocidos aparecían esos blogs cuando introducías en nombre de la misma y han tenido pleitos por eso. De todas formas yo no tengo nada que temer, todo esto es pura literatura, como bien sabe la gente que me conoce personalmente, todo lo que hay publicado aquí es fruto de mi imaginación delirante, los personajes que aparecen son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Así que tentaremos a la suerte un poco, veremos hasta dónde está el límite y si me echan me importa un pito: me harán un favor.
Y ahora partiré a Madrid, este fin de semana me marcho. No es que quiera asistir a la manifestación por el orgullo gay, más bien quiero echar una preinscripción para solicitar plaza en las universidades de allí. Todavía no he escogido ninguna carrera en Madrid, pero ya lo decidiré. Sin embargo, en Valencia ya he echado la preinscripción y he optado por poner como primera opción periodismo, pero mi nota es insuficiente, así que seguramente me acepten en comunicación audiovisual.
¿Los resultados de selectividad? Pues desconcertantes. He aprobado pero con notas muy diferentes a lo que me esperaba. Pensaba que la nota más alta sería la de lengua castellana y sólo he sacado un 7,3. Sin embargo, en otras asignaturas que esperaba una nota más mediocre como en historia o historia del arte he sacado un 9 y un 9,5 respectivamente. Incluso he sacado más nota en mi odiado valenciano (8,7) que en castellano, que ya es sorprendente, y eso que apliqué en la asignatura lo mismo que sabía de castellano pero traducido. En geografía las cosas también funcionaron bien, y saqué un 8,5, y en mi temido examen de inglés conseguí superarme y alcanzar un 6,6. No está mal para no saber nada. Por otro lado, como era de esperar, en latín he cosechado un estrepitoso fracaso con un 2,5. Aunque la nota es mucho más alta de lo que en realidad merecía, puesto que hice una traducción literal de diccionario y me inventé los tiempos verbales. Por lo visto aquella nota de disculpa que puse al final del examen conmovió al corrector y me puso ese 2,5 completamente inmerecido. Gracias señor corrector, si lees esto. En total una media de 7,2 en el selectivo y un 7,14 de nota media definitiva. Bastante mediocre para las expectativas que me marqué al principio.
Estos días he estado replegado en casa y cavilando sobre las posibilidades que se me abren de cara al futuro. Tengo dudas sobre qué hacer. No lo tengo muy claro. Tampoco tengo la nota para saber exactamente qué carreras puedo elegir y dónde puedo hacerlas. Pero ya tengo hechos los esquemas básicos.
Acabo de repasar los artículos que publiqué en septiembre del año pasado cuando estaba en plena crisis existencial. No sabía qué hacer, sentía que estaba echando mi vida a perder y ahora no me arrepiento de la decisión que tomé. Ahora, gracias a eso tengo muchas expectativas e ilusiones. Hice lo que el corazón me pedía.
Gracias Marta por aquel comentario que cambió el rumbo de mi vida.
Aún no sé si la nota me llegará para quedarme en Valencia. De lo contrario me iré a Madrid a estudiar. Cuando comencé el bachillerato tenía claro que quería estudiar periodismo, pero a medida que ha avanzado el curso me he planteado más posibilidades. Ahora barajo sobre todo dos opciones: Comunicación audiovisual y periodismo. Ambas carreras son parecidas en su estructura, de hecho, las asignaturas troncales son las mismas. Pero, por lo visto, una trata más el proceso de la información y la otra las formas de transmitir cualquier tipo de información. Ambas me gustan, pero en función de las notas que saque decidiré qué hacer.
En el post que publiqué cuando estaba desesperado dije cosas como: A mí me gusta el arte, soy un artista. Tengo sueños que realizar, me gusta expresarme, me gusta causar sensaciones en la gente, me gusta plasmar cosas que no se hayan plasmado antes. Hacer cosas originales. Únicas. Me gusta hacer reír.
Creo que con eso está todo dicho. Ahora suscribo lo que dije entonces y, además, leer eso me ayuda a saber quién soy y qué quiero.
A veces es necesario volver al pasado para situarse en el presente.
Nos habían convocado a las ocho y media de la mañana. Yo no estaba acostumbrado a madrugar. Llegué puntual aunque eso es extraño en mí. Como me figuré, nos dijeron que llegásemos antes para que así nadie se retrasase. Me habían robado tres cuartos de hora de mi vida.
La gente fue llegando poco a poco. Los que eran de otras localidades venían en autobús. Paraban enfrente del instituto y bajaban dispuestos a enfrentarse con los exámenes que determinarían sus vidas. No pude evitar decirle al profesor:
- Esto me recuerda a los trenes llenos de judíos que iban llegando a los campos de concentración nazis para meterlos en la cámara de gas.
El profesor me miró y me dijo sí sí, pero estaba pensando que estaba loco. A lo largo de este curso he notado que por comentarios como ese la gente se ha creído que no estoy bien de la cabeza. Pero es que el lugar donde se hacían los exámenes se asemejaba por fuera a las cámaras de gas. Éramos las víctimas del sistema, éramos los mártires de nuestro tiempo.
Yo era prácticamente el más viejo de los que había allí. Tan sólo conocía a una persona que era más mayor que yo. La gente me miraría como si fuese un vago, se pensarían que he sido un parásito que ha estado repitiendo más de 20 veces bachillerato y al final me han aprobado por pena. Nadie les ha contado la verdad, nadie les ha dicho que en realidad me dejé el trabajo fijo para volver a estudiar y hacer algo que me gustase. Me siento un viejo, un residuo de una generación pasada que ya debería tener una carrera, un trabajo estable, una novia, un coche y estar pagando la entrada de un piso. Sin embargo no tengo nada, soy un inadaptado social que sueña demasiado. La gente se ríe de mí. Cuando me preguntan qué hago no sé qué responder, me da vergüenza decirles que quiero estudiar, que estoy pensando en hacer una carrera, que quiero marcarme una meta, que durante todo este tiempo he pensado que yo sirvo para algo más que para vender teléfonos móviles. Pero lo peor es cuando ellos me dicen qué están haciendo y me hablan de sus proyectos laborales, de sus parejas, del nuevo coche que se han comprado. ¿Por qué no he podido ser una persona normal? ¿Por qué no estoy empeñado hasta las cejas para poder pagarme caprichos? ¿Será porque pienso que tener objetos es totalmente inútil y lo único que vale la pena en esta vida es aprender, leer, escuchar música y ver fútbol? Porque esa es otra. ¿A quién se le ocurre convocar los exámenes de selectividad en pleno mundial? ¿Es que no tienen sensibilidad futbolística? Estas cosas no suceden en Argentina. Un país se debe parar cuando se celebre un mundial. Seguramente los que diseñan el calendario de exámenes sean de esos intectualoides que dicen la típica frase: "¿Fúbol? ¿Ver cómo 22 multimillonarios corren detrás de una pelota es divertido? Eso es para el populacho".
Comenzó el primer examen, era hacer un comentario sobre un texto que hablaba del botellón que había escrito un periodista del ABC. Pensé en ponerle en la opinión personal que yo también era un borracho que a veces también salía a la calle a beber, que mi vida también era una mierda y necesitaba el alcohol para mitigar las penas. Pero no, fui un hipócrita políticamente correcto que dijo que no entendía cómo los jóvenes tan sólo tenían esa diversión. Le cité unos cuantos libros de Bukowski, borracho por excelencia, como ejemplo de la desolación a la que puede llegar un borracho. También le cité a Pessoa, aunque no he leído nada de él y a Baudelaire. Quise hacerme pasar por intelectual que conoce a muchos autores.
Después hice un examen de historia, me sabía prácticamente todo. Lo que menos sabía era el franquismo. ¿Y qué salió? Efectivamente: El franquismo. Aún así recurrí a la épica para rescatar de mi memoria todos los recuerdos que tenía acumulados y rellené las diez hojas que nos dan para contestar y tuve que pedir hojas suplementarias. Puse demasiados detalles innecesarios. Era mi venganza contra el destino por haberme puesto justo lo que no quería que me saliera. El corrector se cagaría en mi puta madre al ver tantas hojas y sobre todo al ller la letra infernal que suelo hacer. Mi letra no la entiende ni Cristo.
Al día siguiente, como ya me habían hecho la jugarreta de hacerme esperar tres cuartos de hora tontamente, decidí llegar puntual, es decir, justo a la hora del examen. Al llegar una profesora que había en la puerta con gafas que tenían forma de almendra me dijo alterada: "¡Mira que llegar tarde! ¡Los profesores se enfadan mucho cuando alguien llega tarde!" Yo no le dije nada, simplemente la insulté con la mirada. La miré de arriba abajo y me pregunté por qué todas las profesoras repelentes tienen esas gafas dignas de personas sin sentido del gusto. Entré y nadie me llamó la atención. Todosestaban sentados y un organizador me indicó dónde estaba mi lugar. Al menos no me habían robado mi valioso tiempo, porque vale que se lo roben a los demás, que no tienen cerebro y sus vidas son una mierda, ¿pero a mí? ¿A un genio como yo? Hacer algo así a alguien como yo debería estar tipificado como delito.
Hice el examen de valenciano, que también era un comentario de texto. Este texto hablaba sobre el vacío que genera el consumismo. Era un buen texto. De hecho estaba de acuerdo con todo lo que decía. Yo escribí un relato que hablaba de eso para el concurso de narrativa del instituto pero no me lo premiaron. Prefirieron premiar unos relatos completamente abominables que tenían un final feliz. No aceptaron mi crítica social. No entienden que a veces el arte y la literatura puede servir para escupirle a alguien en la cara, que no todo tiene que ser belleza y proporción. En la vida real Superman no va a venir a rescatarnos cuando nuestro avión se vaya a estrellar, sin embargo, la gente prefiere ir al cine para ver aventuras fantásticas con un final en el que el bueno se casa con la tía buena. Quieren olvidarse de que la vida es una mierda. Quieren creen que la vida es algo especial, que el bien existe, que los criminales acaban en la cárcel. No me extraña que con esta actitud las iglesias estén llenas de gente que después de comulgar se vayan de putas.
Después hice un examen de historia del arte. Salió una escultura de Bernini y unos cuadros cubistas de Picasso. Por lo visto había algunos institutos que no se habían estudiado nada de eso, se formó un pequeño alboroto, había alumnas que se pusieron a llorar, otros mientras miraban el examen decían: "¡Hostia! ¡Hostia!". Por suerte en mi clase sí que dimos ambos autores, nuestro profesor era bastante bueno. Al acabar el examen teníamos otro de Geografía. ¡Justo cuando estaba jugando la selección! Sólo me dio tiempo a ver la primera parte. Iban 2-0 y yo había apostado a que quedaban así. ¡Por favor que se mantuviese el marcador intacto! Entré otra vez a la gran cámara de gas, no había estudiado absolutamente nada de geografía durante estas dos semanas de estudio. Tan sólo me había dado tiempo de mirar entre examen y examen el desarrollo demográfico de España en el siglo XX. Repartieron los exámenes y ¡Tachan!El examen era sobre demografía y una de las preguntas era: Explica el crecimiento demográfico en España durante el siglo XX. La baraka había vuelto a mí por unos instantes. Hasta que salí de la cámara de gas y vi que España había ganado por 4-0. Me cagué en los nuestros. A mí no me supuso ninguna felicidad. Cinco euros a la mierda.
Llegó la última jornada. Tan sólo me quedaba por hacer el examen de inglés y latín. Las asignaturas que más mal he llevado a lo largo del curso. Por suerte hice todas las preguntas bien en inglés, y en latín... pues nada, si saco un uno ya será suficiente. Resulta paradójico que habiendo sacado un 8 de media en latín ahora no sepa hacer absolutamente nada. Pero ya sabéis, los que me habéis leído, que la profesora que nos ha impartido clase durante todo el curso ha pasado absolutamente de todo. No tenía voluntad de enseñarnos nada, y, para colmo, nosotros tampoco hemos tenido muchas ganas que digamos. Al final del examen, tras hacer una traducción espantosa y literal del texto que habían puesto, puse una nota que decía: "siento el despropósito, pero en mi vida he dado latín y la profesora no nos ha enseñado nada a lo largo del curso". No lo hacía para dar pena, ni para que me aprobasen, simplemente era porque sentía vergüenza de estar allí haciendo ese examen mientras veía que la gente que estaba a mi alrededor no paraba de escribir. Por lo visto todos los empollones hacen letras. Un compañero de clase y yo nos mirábamos y nos descojonábamos. Pero en fin, supongo que por un examen no se hundirá Roma. Además, durante la hora y media que estuve metido en la cámara de gas estuve mirando a una que estaba sentada cerca de mí que tenía unas mandorlas místicas descomunales. Al menos eso me alegró la vista durante el espantoso trance que tuve que atravesar.
Ahora tan sólo queda esperar a que salgan las notas de selectividad publicadas en Internet. Espero haber aprobado, aunque no con muy buena nota. El objetivo que me marqué a principio de curso de sacar una media muy alta se fueron desvaneciendo a medida que vi la dificultad de ciertas asignaturas. Sustituí el objetivo de sacar buena nota por simplemente aprobar. Aún así, y contando el traspié que ha supuesto el examen de latín, creo que he hecho un buen papel.
El viernes que viene publicaré qué he sacado. Aunque ya sé que os importa una mierda. De hecho no creo que a nadie le interese, pero ya sabéis, a los que no os gusta leer, adiós.
A partir de ahora dedicaré el tiempo a leer libros. Tengo una gran lista de títulos que me gustaría leer. Ya veremos si me siento capaz de ponerme a escribir algo serio de una vez. Mi vida no es la de Henry Miller, pero veremos qué se puede hacer.
Según los musulmanes, la baraka es una cualidad invisible, excepto por sus efectos, que hace tener grandes éxitos y suerte. Las personas con báraka están cerca de los dioses y están protegidos por ellos. La suerte de esta gente puede proyectarse e incluso se contagia.
Pues bien, desde el día que dejé el trabajo me convertí en un ser con báraka. Yo trabajaba de promotor de telefonía móvil. Ese trabajo me disgustaba mucho y sentía que estaba echando mi vida a la basura. Mi “yo creador” estaba muriendo día a día en aquel puesto de trabajo. Estaba convirtiéndome en una pieza más del gran engranaje del mundo capitalista. Allí estaba agotando mi alma. Me estaba cosificando. Me estaban creciendo raíces en los pies y ramas en las manos. Dejé de ser una persona sin ilusiones porque sólo generaba dinero para comprarme cosas. Y en realidad, las únicas cosas que quería eran libros y música. ¿Realmente hacía falta sacrificar 7 horas al día durante 6 días a la semana, todos los días de mi vida para poder conseguirlo? Tenía un contrato indefinido y lo rechacé. Envié a la mierda a la empresa y todo el materialismo que la envolvía. Yo no quería convertirme en una rata más. Yo era un artista, un creador y no un vendedor de teléfonos de mierda.
Decidí volver estudiar. Pero no quería estudiar el módulo de informática que estaba haciendo, no. Estaba apuntado a un módulo de informática porque creía que me gustaban los ordenadores y teniendo un título informático se meabrirían muchas puertas en el mundo laboral. Era un hipócrita que sólo pensaba en el dinero.
¿Quién era yo? ¿Qué quería yo? Yo era una persona preocupada por lo que pasaba en el mundo que de vez en cuando escribía, aunque no demasiado bien. Quería vivir la vida y no quería que el dinero me condicionase a la hora de tomar decisiones. Sólo quería hacer lo que verdaderamente me gustase.
Cuando acabé EGB mis padres me dijeron que yo no valía para estudiar. Yo me lo creí. Me arrebataron enseguida mis ilusiones y me convencieron de que estudiase formación profesional. Lo hice y, hoy en día, todavía no me ha servido ese título para nada. No quería volver a cometer semejante equivocación. Ahora que tenía capacidad de decidir por mí mismo y con 23 años a mis espaldas iba a hacer lo que siempre quise hacer: estudiar una carrera que me gustase.
Para eso, tenía que matricularme en bachillerato y hacer los dos cursos, pero no importaba, quería luchar por mis sueños. Fui a matricularme y cuando entregué toda la documentación la secretaria me dijo: “veo que ya has hecho un módulo superior de administrativo, eso significa que no será necesario que hagas primero de bachillerato, tú pasarás directamente a segundo”.
Era la primera vez que el título de administrativo me servía realmente para algo útil. Eso significaba que me ahorraría un año. ¡Un año! No acababa de comenzar mi nueva aventura y las cosas ya comenzaban a salirme bien. Estaba comenzando a creer la patraña de Paulo Coelho y su alquimista, que dice que si luchas por algo con todas tus fuerzas, todo el universo se conspira para que la consigas. Pero bueno, Paulo Coelho puede decir eso, que ha vendido más de 20 millones de libros en todo el mundo. No creo que se ponga a decir semejante memez un escritor que esté en casa comiéndose los mocos.
En fin, a lo que íbamos: Me matriculé en segundo de bachillerato y decidí emplearme al máximo para demostrar que yo sí que valía para estudiar. Aunque muchas veces pensé que estaba equivocándome, que estaba haciendo el gilipollas, que era un iluso, que nunca iba a hacer nada en la vida, que los que decían que yo era un idiota que no servía para estudiar tenían razón. Tenía mucho miedo de equivocarme de nuevo.
Cuando me matriculé me di cuenta de un grave error: yo quería hacer letras y me inscribí en el bachiller de letras. Pero lo que no sabía es que había clases de latín. Yo no sabía nada de latín, y todos los que estaban en segundo ya habían dado durante el primer año esa asignatura. Yo tenía que aprender en un año lo que todos aprendían en dos.
Comenté mi situación a la profesora de latín. Ella me dio ánimos. Me dijo que no era la primera vez que tenía un caso así y que si me aplicaba podía aprobar. Cuando pasaron las primeras semanas me di cuenta que no me iba a hacer falta esforzarme mucho para aprobar. La profesora no enseñaba nada. En su clase nos dedicábamos a hablar de cualquier asunto menos de latín. A veces nos poníamos a hacer fotos, uno se ponía a hacer abdominales, yo me ponía a leer, otras estaban comentando la actualidad del corazón...llegó el examen de la primera evaluación y a la profesora le daba igual que hablásemos entre nosotros durante el examen. Pude copiar el examen del que estaba delante sin mayor dificultad. Saqué un 7,5 sin saber ni las declinaciones ni el verbo sum (Sigo sin saber nada). La profesora me felicitó por mi gran examen y me dijo que estaba muy orgullosa de mí porque sin haber dado antes latín había sacado una buena nota. Yo le dije que había estudiado mucho durante toda la evaluación, y, aunque había cosas que no sabía muy bien cómo hacerlas, las contestaba por intuición. Ella se quedó muy sorprendida con mi explicación, se pensó que yo era un chico inteligente. Un compañero que estaba escuchando mi conversación con ella, más tarde me confesó que tuvo que aguantarse la risa cuando le explicaba a la profesora que hacía el examen por intuición.
Hasta ahí me había llegado la suerte. Habían colocado en mi clase a la profesora más incompetente y más pasota de toda España para que pudiese aprobar sin dificultad esa asignatura que, en caso de haberla impartido una profesora medio normal, no hubiese aprobado nunca.
Terminaron los exámenes de la primera evaluación. Logré un gran éxito en literatura con un flamante 10. Era mi asignatura favorita. Muchos compañeros de clase no entendían cómo me podía gustar la literatura o la filosofía. Sin embargo, yo no entendía que a ellos les pudiera gustar el tuning, las discotecas, y que comprar ropa fuese su principal afición.
Cuando ya estábamos en la segunda evaluación vino a verme el jefe de estudios. Me dijo que las asignaturas que tenía ahora eran incompatibles. Me comentó que como no había hecho primero estaba obligado a tener como asignatura optativa latín de primero. Es decir, en vez de tener la literatura como asignatura optativa, debía hacer más horas de latín con la profesora incompetente.
Me jodió mucho que me quitasen la asignatura de literatura. Era una asignatura de las que realmente me interesaba. Se lo comenté a la profesora de literatura y también lo lamentó. Me dijo que era una lástima perder al único alumno que se interesaba de verdad por la literatura. Me despedí de ella y afronté la nueva situación. Eso significaba que la nota media descendería muchísimo a final de curso sin ese diez que iba a sacar en literatura. Además, haciendo latín de primero no tendría a nadie de quien copiarme para poder aprobar y me delataría. Era el fin.
Me marché de la clase de literatura y poco más tarde pasé por delante de la sala de profesores y vi que la profesora de literatura estaba hablando con la de latín. No sabía qué se estarían diciendo. Pero nunca antes las había visto hablando y era extraño.
Un día más tarde, la profesora de literatura vino a hablar conmigo y me dijo: “He hablado con la profesora de latín y hemos hecho un trato. Verás, como tú ya tienes la asignatura de latín de segundo y la estás aprobando sin dificultad, le he propuesto, que en la casilla del boletín donde aparece la nota de latín de primero te ponga la que saques conmigo en literatura y así no tendrás que abandonar la asignatura. No me ha puesto ningún problema. Espero que estés contento. ¿No decías que te gustaba la literatura?”
Era un ángel venido del cielo. Tenía la suerte del que lucha por sus sueños, del que sabe lo que quiere, del que posee la baraka, del alquimista. El viento soplaba a mi favor. La profesora de literatura se había inventado una pirula impresionante para que pudiese continuar haciendo lo que me gustaba. ¿Cómo le podría agradecer ese gesto solidario?
Llegaron de nuevo los exámenes. Todas las asignaturas las superé sin mayor dificultad. No me presenté a ciertos exámenes porque no había estudiado pero las recuperé después sin mucho esfuerzo. Iba bien en todas las materias menos en una: INGLÉS. Nunca he sabido nada de inglés. Desde EGB siempre suspendía inglés para septiembre. Siempre he sido un completo inútil para conjugar nada. Para mí resulta todo abstracto. Ya sé que soy gilipollas, ya sé que me vais a decir que el inglés es el idioma más fácil del mundo, que es cuestión de práctica, de estudiar, que es matemático. Pero a mí no me entra. Son un negado y un inepto. Doy la razón a todos los que decían que no valía para estudiar tan sólo por esta asignatura. Además, durante los cinco años que hice administrativo no hicimos nada en clase de inglés. El profesor que tenía era igual que la profesora de latín de ahora. En sus clases lo único que hacíamos era hablar de Crónicas marcianas, de Gran hermano, de Operación triunfo y poco más. El profesor nos contaba sus sueños y, a veces, incluso, le contábamos los nuestros y nos los interpretaba. No lo critico. Debo decir que sus clases eran las más amenas y divertidas que hice durante aquella etapa. Además, el hombre sabía muchísimo sobre cualquier tema. Decía que pasaba de dar clases porque simplemente no veía ningún interés en nosotros. Cuando llegaba el final del curso nos preguntaba uno a uno qué nota creíamos que íbamos a sacar, después no hacía examen y ponía esa nota que habíamos dicho. Era un genio.
Ahora estaba pagando las causas de tanta holgazanería. Incluso he viajado a Estados Unidos e Inglaterra y no he aprendido una sola palabra decente. Esa asignatura haría que todo el curso se me fuese a la mierda. Suspendí la primera evaluación y la segunda y por fin llegó el examen de la tercera.
Pusieron un texto que me sonaba de algo. Lo leí y pronto lo reconocí. Era el estudio sobre un científico que había descubierto que a través de la genética no era posible prolongar la vida más de 115 años. Lo supe por algunas palabras clave que habían en el texto, pero no porque las entendiese sino porque ese mismo texto ya lo había leído en castellano en algún periódico. Sabía qué decía el texto sin saber qué ponía. Pude contestar a las preguntas tipo test y las acerté todas. Luego contesté como pude las preguntas para desarrollar. Finalmente, debía escribir una redacción sobre la death penalty. Aproveché para maldecir en inglés al gobierno americano, y para rellenar un poco metí unos cuantos fragmentos de canciones que me sabía de memoria. El resultado: que aprobé no sé ni cómo.
Hoy he recogido las notas. Ya es oficial: he aprobado todo. Ahora tan sólo me queda superar el selectivo. Debo confesar que no estoy muy contento, porque he sacado un 7,20 de media, y es poco para lo que quiero acceder (periodismo o comunicación audiovisual), pero como ahora estoy convencido de que los dioses me protegen, de que tengo baraka, sé que si esto ocurre así es por algún motivo concreto. La suerte está de mi lado y escoja el camino que escoja, me acompañará a donde vaya.
Tan sólo me queda hacer una pequeña mención especial a los que me ayudasteis y me apoyasteis. A los que nunca me habéis reprochado nada. Gracias a todos los que habéis creído en mí. Gracias por esa fuerza. Estoy convencido de que esosdioses protectores sois vosotros.
Ya estamos en la recta final. Tan sólo queda el último obstáculo. Hemos llegado hasta aquí... y ya nadie nos podrá parar.
<>Siempre que voy al supermercado a comprar un par de cosas tiene que pasar algún incidente en la caja. O bien no funciona la tarjeta, o bien no pasa el código de barras y tienen que llamar a alguien para que lo arregle, o bien al de delante no le salen las cuentas de lo que ha comprado o bien se pone a protestar sobre cualquier cosa y, claro, piensas en irte a la caja de al lado donde están avanzando répidamente, pero piensas que lo van a solucionar enseguida , así que te quedas mientras ves pasar a los que están en la caja de al lado y te arrepientes de no haberte ido a la otra caja. Luego, si te pasas a la otra caja compruebas que el que iba delante de ti ya se ha ido y los de la caja en la que estabas antes avanzan rápidamente mientras tú todavía estás haciendo cola en la otra caja, y reza para que no suceda nada ahora. La cuestión es que pierdes media hora haciendo una compra que, como mucho, deberías haber tardado 5 minutos.
Te acabo de dejar en el aeropuerto. Te has alejado por la puerta de embarque llevando torpemente unas maletas cargadas de sueños y ambiciones. Eran esas maletas antiguas, viejas y duras que una vez me dijiste que te llevarías vacías para traértelas llenas de dólares.
Aun así te fuiste ligero. Entre otras cosas, porque te deshiciste de todas las fotos en las que estaba plasmado el pasado que no quieres recordar. Las tiraste a la basura como quien tira unos papeles inservibles que sólo te traen malos recuerdos, o lo que es peor: recuerdos de una infancia que nunca tuviste.
Eran fotos en las que aparecía tu madre sonriente, de la que no te has despedido al marcharte y que ni siquiera sabe que te has ido de España. Esa vieja de la que no quieres saber nada porque te siguen doliendo en tu corazón, más que en tu carne, las palizas que te propinó durante toda tu infancia, por las que a veces te ingresaron en el hospital y tuviste que mentir a los médicos, coaccionado por ella, sobre el origen de tantas heridas. Una madre que a veces no te abría la puerta de casa porque estaba disgustada contigo y te hacía pasar noches enteras vagando por la calle o durmiendo en el zaguán. Tiraste fotos de esa madre que no quiso llevarte al colegio, que te dejaba en casa solo y obligándote a limpiar, como si fueses un gato más de los cientos que tenía. Hasta que a tus 10 años, la asistente social la amenazó con quitarle tu custodia si no te matriculaba en la escuela. También tiraste fotos de un niño vestido de blanco porque tu madre creyó que tú eras un enviado de Dios y, en agradecimiento a él, te vestía siempre de blanco, lo cual provocó la mofa de tus compañeros de clase y consiguió que repudiespor completo el color blanco.
Tiraste unas fotos en las que nunca había un padre que viese cómo ibas creciendo. Un padre que os abandonó cuando tú todavía eras un crío. Recuerdo cuando no hace mucho partiste en su búsqueda con los pocos datos que tenías de él y lo encontraste lejos, en Galicia, viviendo con otra mujer en una casa en la montaña. Cuando te vio no te reconoció, tuviste que decirle que tú eras aquel niño que abandonó con 2 años, que no querías nada de él, que no buscabas su cariño, que no querías pedirle cuentas, que sólo querías saber quién era ese padre que aparecía en unas fotos borrosas que ahora ya no tienes. Me confesaste sentir envidia por esos hermanastros que conociste, porque ellos pudieron disfrutar de tu padre y tú no.
También te has ido ligero porque te has deshecho de toda la colección de vinilos que fuiste compilando con tanto entusiasmo. Los comprabas en aquella tienda del viejo a la que tantas veces te acompañé. Te comprabas discos muy dispares, desde los típicos de Michael Jackson, tu gran ídolo, pasando por Alaska y cualquiera que te recordasen tus queridos años 80, hasta discos de canciones infantiles como los de Enrique y Ana, que escuchabas para llenar el vacío de tu niñez.
Te has deshecho de todos tus dibujos, de todos los comics que has ido dibujando, de todas las pinturas, de todos los utensilios de dibujo y de todos tus lienzos. Pero te has llevado contigo la calidad y destreza del gran pintor y dibujante que eres, cosa que no podrás perder y dejar en ninguna parte.
Te has deshecho de la mayoría de libros que tenías, de muchísimos cedes que tenías, de una infinidad de cassetes de música. Incluso aquellos en los que grabábamos entrevistas ficticias en la playa, en las que imitábamos a pervertidos sexuales, marujonas, sexólogos desatinados, travestis, putas, abducidos...
Has tirado todos los documentos de tu pasado. Los boletines de notas del colegio, las cartas, las postales, los retratos... todo. Tu pasado ha muerto. Eres otro hombre. Ahora empiezas una nueva vida sin tara alguna.
Cuando te has ido y he visto el asiento del copiloto vacío he recordado cuando me contabas cómo descubriste el manga y Japón. En plena adolescencia, angustiado por el trato y los insultos de tu madre, encontraste un mundo que te permitió soñar y olvidarte de la bruja. Me contabas cómo las aventuras de esos personajes de manga te trasladaron a una nueva dimensión. El romanticismo de algunos comics te hechizó y, a partir de entonces, Japón fue tu patria espiritual. Siempre creíste que allí vivía ella, el gran amor de tu vida, esa chica que nunca conocerás en esta vida porque dices que vosotros os amáis por encima de la vida, de la muerte, del universo y por encima de todos los tiempos. Dices que os miraréis eternamente, sin que os canséis, porque en este universo no podrás contemplar nada más hermoso que sus ojos. Por eso siempre andas convencido de que ella te espera en algún lugar muy lejos de este mundo podrido.
Al volver del aeropuerto he visitado el piso en el que estabas viviendo. Era un piso que te alquilaron mis padres, aunque yo no quería que te cobrasen, pero tú insististe en que no querías vivir como un mantenido y quisiste pagar para no sentirte mal.
He visto las cosas que has dejado al no poder llevártelas. Me has dicho que me las quedase. He visto el ordenador en el que escribías tus relatos y tus novelas. Era el ordenador en que ibas a escribir la obra maestra que te convertiría en un escritor de éxito mundial. Te dije que no pensaba quedarme con tu ordenador, que en cuanto estuvieses asentado allí te lo mandaría por correo. Pero me dijiste que no, que me lo quedase, que estabas muy agradecido a lo que había hecho por ti. Pero yo te dije que no, que no me debes nada. Pero volviste a insistir en que me lo quedase, me dijiste que lo utilizase y escribiera en él mi primera novela, que tú no tienes apego a las cosas materiales, que el dinero va y viene y, además, pensabas comprarte allí un portátil y si no me lo quedaba no te quedaría otro remedio que tirarlo al río. Al final he decidido que guardaré tu ordenador, pero no será mío sino que seguirá siendo tuyo y te lo mandaré cuando quieras.
También he visto tu órgano cubierto de polvo. Ese que te compraste con tu primer sueldo cuando trabajaste en el Burguer. Ese con el que soñabas componer melodías tan buenas como las de tu querido Alejadro Sanz, canciones poperas como las de Michael Jackson y como todas esas canciones que triunfaban en América. Me has dicho que lo utilice y que aprenda a tocar bien el piano. Yo te he vuelto a decir que te lo mandaré cuando estés allí.Ese piano es tuyo y forma parte de ti.
Luego me he metido en la habitación de los trastos y he visto que estaba tu radiocasete. Lo he mirado y me ha traído muchísimos recuerdos. He reparado en una cinta que te has dejado puesta dentro. Quizás, al estar allí dentro, te has olvidado deshacerte de ella. Al pulsar play he oído que se trataba de una de las cintas que grabábamos en la playa en el año 98, ese año que tantos recuerdos nos trae, cuando la gente parecía amistosa y cuando no existía tanta falsedad.
Luego me he sentado en la silla en la que tú te habrás sentado un millón de veces. Me he puesto a recordar cuando íbamos a Valencia y nos metíamos en la catedral para confesarnos y preguntarle al cura, mientras aguantábamos la risa, cómo podía aguantar tanto tiempo sin follar. Recuerdo que ese día también fuimos a una tienda en la que vendían material religioso y tú preguntaste, con semblante serio, si tenían incienso para hacer una misa negra. Qué risa cuando vimos la cara de la beata escandalizada que creía estar ante el demonio personificado.Nos rogó que utilizáramos el incienso tan sólo para celebrar misas buenas. ¿Y recuerdas ese domingo por la mañana que pasé por tu casa cuando yo estaba completamente borracho y nos fuimos a misa? Qué divertido fue hablar con el cura para decirle que las misas son más interesantes que la programación de TV y que nos gustaban mucho las historias mitológicas que cuenta y le preguntábamos si de verdad había alguien que se las creyese. Después, comulgabamos tranquilamente ante la estupefacción del cura que no sabía si servirnos el cuerpo de Cristo.
También recuerdo un día que paseábamos y una chica se nos acercó para animarnos a donar sangre y tú te inventaste que eras Testigo de Jehová y le preguntaste cómo se le ocurría andar por la calle pidiendo sangre para ir contra la voluntad de Dios.
O el día que estábamos aburridos en el paseo marítimo y te dedicaste a preguntar a toda la gente con la que nos cruzábamos si sabían dónde había algún puticlub cerca. Lo mejor era observar las caras de las gentes.
Nos sentíamos sumamente pletóricos provocando a la gente como auténticos bohemios subversivos. Aunque, en realidad, tan sólo éramos dos adolescentes gilipollas haciendo el imbécil.
Pero los recuerdos que más resuenan en mi cabeza son todas esas charlas que hemos tenido. Horas y horas de pláticas infinitas hasta ver el amanecer, recorriendo todas las calles de Cullera, observando a la gente, hablando de recuerdos, de ideas, de miedos, de alegrías, de incomprensión, de nuestro día a día.. ¿Cuántas cosas habremos vivido juntos?
Una de las cosas que más me ha sorprendido a lo largo de toda tu vida es lo solo que has estado siempre. Sobre todo porque siempre te he considerado un genio y que tienes una mente con una lucidez increíble y con una personalidad única. A veces me recuerdas a Ignatius, el protagonista de la Conjura de los necios pero a la española. Más bien, eres el último hidalgo viviente, el último idealista, el último soñador. Eres ese Don Quijote que tanto odias y que dices que por culpa de él se han talado inútilmente demasiados árboles en el mundo imprimiendo ediciones y ediciones de El Quijote, y que ya es hora de que aparezcan más escritores españoles aparte de Jaime Peñafiel.
Tus discursos estaban cargados de un humor que nadie, o casi nadie, ha sabido ver. Por eso, muchos necios se han conjurado contra ti. No han sabido cómo eres, no te han conocido interiormente y se han limitado a juzgarte por tus palabras de odio hacia el mundo. No han visto al ser luminoso que hay dentro de ti. El mundo te ha dado la espalda porque no han captado la profundidad y el dolor de tus palabras, no han visto a ese niño que grita y necesita comprensión. No entiendo por qué no te adora todo el mundo, si una persona como tú tan sólo sabe hacerse querer.
Tampoco he entendido otras cosas, por ejemplo, que pese a toda la educación que tu madre no quiso darte, eres la persona más educada, con más modales, con más talante y con más caballerosidad que he conocido en mi vida. Imagino que toda esa educación con la que tratas a la gente y de la que haces gala, es inversamente proporcional a la forma que te ha tratado a ti la vida.
Creo que no andaba desencaminado aquel que te dijo una vez que una persona que ha vivido lo que tú has vivido lo más lo normal es que hubiese acabado loco, en la cárcel, drogaditco o suicidándose. Tu odias las drogas y estás un poco loco, pero recuerdo tristemente cuando me contaste que intentaste quitarte la vida. Llevabas mucho tiempo diciéndolo, pero nuncapensé que lo hicieras. Odiabas vivir sólo y anhelabas estar con una chica que te quisiese de verdad. Un día decidiste tomarte muchísimas pastillas, media botella de anís y rematarte cortándote las venas. Por suerte te arrepentiste a tiempo, te llevaron en ambulancia, estuviste en el hospital sin que nadie supiese que estabas mal. Yo no me enteré hasta que pasados unos días viniste a mi casa con el parte médico a contarme lo que habías intentado hacer y me enseñaste las marcas de tus muñecas. Menos mal que nunca más se te ha vuelto a pasar la idea por la cabeza. Después de aquel día te diste cuenta que amabas la vida. Todo lo que a lo largo de estos años no te ha matado, sin duda, te ha hecho más fuerte. Fortísimo.
Pero lo que más me sorprende de esta amistad es que tú y yo seamos amigos. No coincidimos en nada, no tenemos la misma perspectiva de la vida, somos políticamente opuestos, concebimos el mundo de distinta forma. Tú pareces el hijo de Adolf Hitler y yo el del Che Guevara. Recuerdo ese día, al poco tiempo de conocernos, que estuvimos hablando de política y cuando tú insultaste al Che comenzamos a pegarnos y te volaron las gafas. ¿Qué curioso no? Tú odias a los inmigrantes y a mí me importan una mierda porque odio a todo el mundo indiscriminadamente. Tú odias a los comunitas y yo odio a los fascistas. Tú odias a los judíos y a mí me importan 0. Tú adoras Estados Unidos y a mí me parece el peor país del mundo. Odias la lengua castellana y a mí me parece la más bonita que existe. Odias el Quijote y yo pienso que es una obra maestra. Somos dos antítesis ideológicas y, sin embargo, estoy en condiciones de decir que has sido el amigo más fiel y leal que he tenido. ¿Me lo puedes explicar? ¿Por qué cojones tú y yo somos amigos? ¡Yo todavía no lo entiendo!
Y No sé... ¿Qué más puedo decirte?
Toda la suerte que pueda desearte es poca.
Tampoco puedo ser egoísta y decirte que vuelvas.
¿Debo decirte que continúes escribiendo tu leyenda?
¿Decirte que nunca he tenido un amigo como tú?
¿Qué ahora hay un vacío muy asqueroso que has dejado cuanto te has ido?
¿Decirte que me joderá mucho pasar por tu casa y saber que no vas a estar allí... ?
Sólo puedo decirte que cumplas tus sueños
Y que se te echará jodidamente de menos hijo de la gran puta.
Se está terminando el curso y en todo este tiempo no he conocido a nadie que valiese la pena o que me hubiese gustado ser su amigo. La gente con la que he compartido aula es muy distinta a mí. Ninguno ha captado cómo soy. Para colmo se piensan que soy gilipollas y como no hablo mucho se creen con derecho a mirarme con cierto aire de superioridad.
No hace mucho, uno de esos niñatos me vio ensimismado y me preguntó qué pensaba. La pregunta me pareció tan estúpida que contesté de broma: “estoy intentando averiguar algún sistema efectivo para suicidarme”. Los que estaban escuchando abrieron sus ojos como platos, se pegaron codazos entre ellos y se miraban como diciéndose “¿Has oído lo que ha dicho el raro de la clase? ¡Qué fuerte! ¡Se quiere suicidar! ¡Está mal de la cabeza!”. No se daban cuenta de mi tono irónico (de hecho, algunos, al principio de curso preguntaban a los profesores qué significaba la palabra “ironía”), cosa que me daba igual. Pero el asunto fue a más y ahora, cuando llego a clase, me ven y me dicen: “¿Todavía estás vivo?” y entre ellos sueltan unas carcajaditas contenidas y se miran con complicidad. Quieren divertirse burlándose de mí porque se creen que no me entero. Pero para mí todo esto es una diversión y por eso les sigo el juego y les digo: “sí tío, no me he suicidado. Todavía no he encontrado ningún sistema de suicidio que no duela”. Y entonces uno me replica: “podrías tirarte desde un puente” y yo contesto: “sí, pero yo quiero hacer una matanza antes de suicidarme. Me gustaría venir a clase y mataros a todos”. Luego se vuelven a mirar entre ellos aguantándose la risa. Saben que luego tendrán algo que contar al resto para echarse unas risas a mi costa. Dirán: “ahora dice que nos quiere matar a todos” y se descojonarán todos juntos.
Me gusta que crean que se ríen de mí. Todo eso me dice muchas cosas de esa gente. Son tan superficiales que no saben ver más allá de sus narices. Jamás han pensado por sí mismos. Sus cerebros sólo están llenos de mierda. La única preocupación que tienen es ir al gimnasio para trabajarse los musculitos y comprarse pijerías para creerse más que nadie y con esos objetos sentir que son alguien. Sólo saben hablar de ropa. Estudian por aprobar y no por aprender. Alguna vez me han visto leyendo y me han dicho: “¿Te gusta leer? ¿Tú eres raro no?”. Preguntas ante las que yo me quedaba completamente estupefacto. Ellos no me entienden a mí, yo no les entiendo a ellos. Somos mundos diferentes. Se pueden reír de mí todo lo que quieran. No saben que el que se ríe de ellos soy yo.
Nada más entrar en la farmacia siento ese característico olor de medicina concentrada. Seguramente algún día se demuestre que el aire de las farmacias es tóxico. Allí dentro mires a donde mires encuentras un cartel de publicidad. Comida para bebes, esnifadores para los mocos, caramelos, etc.
Me pongo en la cola. Están atendiendo a una chica que está pidiendo mil medicamentos. Los que van a la farmacia todos los días son hipocondríacos o están a punto de morirse. A mí no me gustan las farmacias. Intento evitarlas siempre que puedo. Estar allí significa que algo va mal.
La hipocondríaca se va con una bolsa llena de medicamentos. Seguramente al llegar a casa los mezcle todos en una olla exprés y se los tome como si fuesen los garbanzos del puchero. Deberían hacerles un tratamiento a esos yonkis.
Ahora están atendiendo a la que está delante de mí. Va con su hija. Es una cotorra de cuidado. Le está contando la vida al farmacéutico. Odio a la gente que no pide las cosas y se va. ¿Por qué tienen que contar más de lo que interesa? Cuando trabajaba en telefonía móvil odiaba a ese tipo de gente. Los hubiese matado a todos. Si queréis hablar os vais a un parque y conversáis con otros solitarios pero que no jodáis a los dependientes.
-Toma este jarabe. Seguro que con esto la niña no se marea en el autobús. – dice el farmacéutico.
-Pero es que a mi hija no le gusta esto.
-No vale elegir – le dice el farmacéutico dirigiéndose a la niña – tú te lo tomas y a callar. Que se note que eres valiente.
-Bueno pues ya sabes Yolanda – le dice la madre a la hija – si no te tomas esto no podrás ir de viaje.
Qué fácil es hacerle chantaje a los niños. Los Reyes Magos y Papa Noel se inventaron para hacer chantaje a los niños. Parece que sea el único sistema para que aprendan. El hombre del saco, el cuarto de las ratas, el coco, la bruja, los monstruos que se comen a los niños que no se terminan las comidas, los secuestradores de niños que se portan mal. La infancia de un niño está llena de personajes horribles capaces de amargar la infancia a cualquiera. “O te portas bien o te llevaré al cuarto de las ratas y la bruja te pegará y si te escapas el hombre del saco te meterá en su saco y te tirará por un acantilado”. No me extraña que haya tanta gente traumatizada o que acabe mal de la cabeza . No es para menos. Esos malvados personajes están marcando a una generación. Aunque posiblemente antes existían otros verdugos para chantajear a los niños y no lo sabemos. Me pregunto si los romanos le dirían a sus hijos: “Comete todo o vendrá Vulcano y te secuestrará y te quemará el culo con un hierro candente”.
La pubertad y la edad del pavo no se debe al aumento de las hormonas, no. Toda esa tontería e impertinencia que le entra a uno es porque descubre que todos esos hijos de puta no existen y, entonces, el adolescente se libera y hace lo que le da la gana sin temor a ninguna represalia de seres fantástico. Aunque no a todos les ocurre así. Hay muchos que todavía se creen el Nuevo Testamento y piensan que les premiarán en el cielo por sus buenas acciones y se dedican a llevar vidas de santos sin preocuparse de lo que verdaderamente importa.
Después de estar hablando un rato, el farmacéutico se mete en la habitación que está llena de estanterías con medicamentos. El paraíso de los yonkis. Entonces ocurre lo peor. La madre se gira y comienza a hablar conmigo. Se ve que me ha visto con ganas de hablar. Yo no lo puedo evitar.
-Mi hija se tiene que ir de excursión al Safari Park y se marea.
-Vaya por Dios.
-Y claro, se tiene que ir en autobús y es una hora de viaje. Lo que pasa es que tiene que tomarse una ampolla antes de ir y otra antes de volver. Así que le daré la medicina a la profesora y que se la dé antes de que salgan. ¿Qué otra cosa voy a hacer?
-Claro.
-Lo que pasa que no le gusta el jarabe ese. Es muy malo.
No contesto.
El farmacéutico vuelve con el medicamento mágico y lo factura. Después se ponen a hablar otra vez de tonterías. En las farmacias también se cotillea. No me extraña que en la televisión triunfen tanto los programas de cotilleos, si hay un plató de salsa rosa en cada panadería, en cada farmacia, en las colas de las charcuterías y en todos los bares. Los dependientes son los primeros en enterarse de todo. Aunque en las ciudades de mierda las únicas noticias novedosas son las defunciones. Muy de vez en cuando hay algún escándalo de divorcios o cuernos y todo el pueblo se hace eco de la noticia y despellejan públicamente al cabrón que puso los cuernos y se inventan cosas de él. Pero cuando se arma más revuelo es cuando se anuncia la salida del armario de alguien popular en la ciudad (que siempre suele ser falsa), entonces la gente ya no habla de otra cosa y el rumor acaba deformándose de tal forma que acaban diciendo: “su mujer entró en casa y se lo encontró en la cama con dos hombres”.
Al fin la cotorra se va. Yo avanzo un paso y me pongo delante del mostrador. El dependiente mira.
-¿Qué deseas?
-Unos tapones para los oídos – digo convencido.
Llego a casa. Abro la cajita y leo el prospecto. Cojo los tapones y me los pongo como puedo. Entonces empiezo a flotar. Doy un paseo por casa. Es maravilloso. ¡No escucho mis pasos! ¡Voy en una nube! ¡Ahora podré estudiar sin que nadie me moleste! ¡Sin escuchar a la puta de mi vecina! ¡Sin oír la televisión! Es un mareo pero los sonidos más bajos no los escucho. Esto es como ir colocado. Estoy en mi burbuja. ¡Bien! Podré estudiar.
Mientras estudio pienso en lo maravilloso que es no escuchar a nadie. Si pudiese comprarme una habitación acorazada para no tener que ver a nadie también me la compraría. Sería la Solución Final sin matar a nadie.
Pero pronto me desmorono. Me doy cuenta de una cosa: Los tapones para los oídos no sirven para dejar de escuchar a la voz de mi conciencia.
Domingo. 7:30 de la mañana. Despuntaban los primeros rayos de sol de la aurora. Yo volvía a mi casa solitario y con paso sosegado mientras recordaba el transcurso de la noche. Había visto a mucha gente y había bebido mucho. Volver a casa después de una noche así era deprimente. ¿Por qué salía la gente? No entendía el motivo. Era una pérdida de tiempo. Yo nunca quise ser uno más. Nunca quise ser alguien que hace lo mismo que todo el mundo sin saber por qué. Sin embargo allí estaba yo, volviendo a casa como un idiota más. Sentía asco de mí mismo.
Caminaba por una calle por la que los coches pasaban muy rápidos. Pensé que si uno de esos coches se despistase y subiese en la acera me atropellaría mortalmente. Ese macabro pensamiento me inquietó durante todo el paseo por esa peligrosa calle.
Cuando llegué al final de la calle vi a una anciana muy bajita que arrastraba un carro azul. Ella miró hacia atrás y al verme se detuvo. Cuando llegué a su altura reincorporó el paso y me habló:
-Tienes cara de irte a dormir.
-¿Qué más puedo hacer a estas horas, señora?
-Pues ahora te contaré lo que me ha pasado: Estaba caminando por la calle de allí delante cuando he visto a una pareja que estaban haciéndolo allí en medio. Me he acercado y les he dicho que son unos desgraciados y unos cerdos. Ellos me han contestado que quieren hacerlo así, que no pasa nada, que si se queda embarazada se lo quita. Entonces ha llegado un municipal y se lo he dicho y el policía en vez de hacer algo se ha puesto a mirar...
-¿Dónde dice que ha ocurrido eso? – le pregunté curioso, intentando escrutar la salud mental de la anciana.
-Allí delante – y señaló una calle trasversal –. Todas las jóvenes son unas putas. Luego no quieren que las llamemos putas. Y los hombres igual, sólo se las buscan putas y sólo quieren hacerlo con ellas. Escúchame: Tú si quieres una buena chica búscatela fea. Si te la buscas guapa seguro que es una puta.
-Tendré en cuenta su consejo, señora.
-¡Tú qué vas a hacer! ¡Si los jóvenes sólo queréis hacerlo! No tenéis respeto por nada.
-¿Está insinuando que yo soy de esa clase de tipos?
-¡Pues claro! La juventud no tiene respeto a la Virgen ni a Dios. Y Dios no quiere estas cosas. Dios no quiere pobreza y la hay. La Virgen tampoco quiere pobreza y hay pobreza en el mundo.
-Ni Dios ni la Virgen creo que tengan culpa de la pobreza en el mundo.
-Tú no lo entiendes niño. Yo ahora me voy por ese camino, porque ahora vengo del médico. Yo siempre voy al médico ¿sabes? Últimamente no paro de sangrar por la nariz, por la boca y por el chocho. Es como si volviese a tener la regla a mi edad.
-Que se recupere señora. Pero recuerde que yo soy un hombre de bien.
-Sí, sí...¡Todas son unas putas y todos unos cabrones!
Ella tomó otra calle y se alejó.
Al contrario de lo que les sucede a la mayoría de cuerdos del mundo, los locos siempre tienen algo que decir. Quizás por eso siempre se ha relacionado la esquizofrenia con el genio. Por lo tanto, no sabía si acababa de hablar con una loca o con un ángel enviado por Dios que me traía un mensaje. Sea lo que sea no importaba. La cuestión es que ya tenía una historia que contar cuando me sentase a escribir. No sé si ese era el problema.
Hoy volvía a clase después de las vacaciones. Iba conduciendo el coche y veo en la carretera un gato negro acostado y moviéndose.
-¿Qué haces ahí gato de mierda? ¿Por qué coño no te apartas?
Lo esquivé con un hábil volantazo y unos metros más adelante veo una pata negra y poco más allá otra. Miro por el retrovisor y me doy cuenta de lo sucedido: acababan de atropellar al gato y le habían arrancado las patas traseras del golpe. El gato estaba agitándose mientras agonizaba y levantaba la cabeza para mirar su cuerpo mutilado.
- ¡¡Dios!! ¡¡Qué asco! ¡¡Qué horror!! ¡¡Me cago en la puta!! ¡¡Qué alguien trate de salvarlo!!
Seguí todo el trayecto pronunciando maldiciones contra la existencia de todos los seres vivientes del mundo y cualquier posible ser creador.
Por si no tenía suficiente con ver día a día a los gatos pudrirse en los arcenes, ahora la señorita fortuna intentaba sembrar mis dudas más supersticiosas y me cruzaba con gatos negros mutilados que agonizaban.
Sin duda es un buen presagio para volver de las vacaciones y enfocar la recta final de cara a la selectividad.
En el instituto. Última hora del día en clase de literatura. Un compañero se ha sentado a mi lado. Es el típico que lleva rastas, viste camisetas negras y en mochila siempre lleva chapas contra la guerra, insignias nacionalistas, anarquistas y de todo tipo. No suelo hablar mucho con él pero me cae decentemente bien porque creo que al menos tiene ideales.
En medio de clase me dice:
-¿Vas el próximo martes a la manifestación?
-¿Qué manifestación?
-¿No te has enterado?
-No.
-La manifestación a favor de la lengua valenciana.
-Pues no, no voy. Paso de todo eso.
Parece que se queda decepcionado conmigo y no contesta. Se queda mirando mi camiseta de Kurt Cobain en la que aparece una foto de él y arriba sale el año de nacimiento y muerte.
-¿Quién es ese Kurt Cobain que murió tan joven? Me suena de algo.
-¿No sabes quién es Kurt Cobain?
-No.
-El cantante de Nirvana.
-¡No jodas! ¿Está muerto?
-Sí.
-¿Y de qué murió? ¿De sobredosis?
-No. Se pegó un tiro.
-¿Y por qué se pego un tiro?
-Depresiones, drogas, amoríos... dicen que la mujer, Courtney Love, estaba implicada en el asunto. Pero nunca se ha sabido nada.
-Joder... yo pensaba que Nirvana aún iba por ahí...
Casi nadie comenta en el blog. Esto está abocado al fracaso como yo. Se supone que aquí entran todos los días de 20 a 40 personas, pero no creo que me lean, la mayoría vienen perdidos a través de google buscando cosas que no encuentran en sus vidas. Casi todos vienen buscando cosas referentes al sexo. Andan muy necesitados buscando perversiones de todo tipo. Deberían hacer un estudio sobre eso. Por lo visto los internautas andan más reprimidos de lo que parece. Para que os hagáis la idea, la palabra que más se repite en las búsquedas que llegan a mi página es “sodomizar”.
Pero no he empezado a escribir esto para analizar los criterios de búsqueda de los internautas.
Hace un año yo estaba planteándome qué hacer con mi vida. Odiaba vender teléfonos. Estaba harto de repetir siempre lo mismo y de estar en un puesto donde lo único que aprendía eran las marcas de teléfonos nuevos y donde no desarrollaba ni la imaginación ni la creatividad.
Ahora he vuelto al instituto. Cuando acabe el curso podré acceder a la universidad para hacer algo que me guste. Pero me he dado cuenta que todavía no sé qué hacer con mi vida. Tengo muchas dudas. En principio comencé el curso teniendo claro que quería hacer periodismo. Creía que siendo periodista podría abarcar todas las inquietudes que me gustan. Leer, escribir, informarme, viajar, entrevistar, conocer gente interesante. Pero ese mundo tampoco es de color de rosa. Nada es de color de rosa. También me estoy planteando estudiar filología hispánica. Así podré también profundizar en la lengua y leer mucho, que es una de las cosas que más me gustan. Pero los que estudian filología suelen acabar trabajando en la enseñanza y a mí eso no me atrae nada. No creo que sirva para dar clases; los alumnos me torearían, no me harían caso y me pincharían las ruedas del coche cuando los suspendiese por burros.
Me da la sensación que todos quieren ser pragmáticos con sus decisiones, los profesores nos dicen que estudiemos parair a la universidad, sacarnos una carrera y tener un buen trabajo que nos proporcione un buen dinero. Hasta los profesores encaran nuestros actos hacia el dinero. Yo considero eso un error. Hay que estudiar porque te gusta aprender, sin mirar hacia el futuro y mucho menos el dinero que ganarás. Yo creo que los que piensan en el dinero nunca serán felices con lo que hacen. No quiero enfocar mi vida pensando en la economía. Quiero estar bien con lo que hago. Me parece poco inteligente que los profesores recomienden estudiar carreras con las que ganaremos mucho. Eso no es una motivación para los estudiantes. Al menos para mí no.
Creo que soy más inteligente que todos los profesores. Pero bueno... seguramente ellos piensen que yo soy un burro y por eso me suspenden.
Muchos hombres desean que algún día llegue la paz mundial y que nunca jamás se desate una nueva guerra. Pero pocos piensan en la paz interior.
Para alcanzar la paz interior se deben eliminar los imperativos que recaen sobre tu persona. Haz la cama, ve a comer, estudia, sal un poco, búscate una buena chica que te quiera y te dé hijos, trabaja en algo que te dé mucho dinero. ¡Basta ya! Yo sólo quiero silencio y tranquilidad. No quiero que intenten hacerme sentir culpable por hacer lo que quiero si no hago daño a nadie. En mi mundo ideal todo el mundo sería libre y la única ley que imperaría sería: “Eres libre hasta que empieza la libertad del otro”. Punto.
Estoy harto de que me pregunten por qué no salgo, como si lo que hiciese no fuese normal. Yo no pregunto a la gente por qué sale, seguramente si les preguntase por qué salen no sabrían qué responderme. Adoro la soledad y odio la mentalidad tribal. Odio a todos esos que no son nadie sin sus manadas, sin sus grupos sociales, sin su bandera, sin su país, sin su equipo de fútbol, sin su comunidad de vecinos. En este mundo aprece que lo único que importa es hacerse la puñeta los unos a otros y ver quien tiene más dinero y más cosas.
Hoy hace exactamente un año que aterricé en el mundo de la blogosfera. Nos hacemos mayores. Repasando los primeros posts he apreciado que he tenido una evolución muy significativa. Al principio escribía realmente mal, y continúo haciéndolo, aunque ahora me esfuerzo un poquito más para mejorar lo presente.
Cuando comencé nunca imaginé que la página se mantuviese tanto tiempo, pensé que era tan sólo una chorrada más que hacía. Pero esto ha ido muy lejos. Debo reconocer que escribir aquí me ha divertido mucho y también me ha ayudado a conocerme más. De hecho, puedo decir, sin miedo a exagerar, que mi vida ha cambiado gracias a esto. He reconducido mi vida hacia otros derroteros que me gustan más y he sabido seguir adelante en esos momentos de angustia existencial en los que no sabía qué hacer con mi vida. Estoy orgulloso de haber creado este rincón oscuro y recomiendo a todo el mundo que se cree un blog. No importa que te lean o no, lo importante es escribir y pensar. Es como hacer un diario que ofreces sólo a las personas que quieran leerte de verdad. La página está ahí y quien quiera ya sabe a dónde dirigirse.
Estoy seguro que este fenómeno de los blogs se va a extender todavía más y en un futuro se hablará de ese boom que impulsó a mucha gente a comentar sus penas y alegrías a través de Internet. Hay blogs que son auténtica literatura urbana y hay muchos autores que deberían plantearse la posibilidad de escribir un libro. Todo esto será recordado como un renacimiento de la literatura. Muchos quieren ser escritores, muchos leen, muchos tienen inquietudes, muchos piensan, muchos denuncian, muchos quieren mejorar el mundo. Y todo lo que sea literatura, filosofía, ideas y movimientos sociales constructivos es bueno para toda la sociedad. ¡Saquemos al periodista que llevamos dentro! Un dato que me llamó mucho la atención es que España es el tercer país del mundo que más blogs crea y el primero con relación a sus habitantes. ¿Qué tendremos los españoles de exhibicionistas? ¿Qué tenemos que contar? ¿Vendrá un nuevo siglo de Oro? ¿Se llamará el siglo de bronce?
Desde que tengo 15 años llevo escribiendo cosas y nunca se me había ocurrido compartir abiertamente las tonterías que pienso y digo. Ciertamente, no sé si gustarán todas las divagaciones que escupo aquí, pero al menos sé que hay algunos fieles seguidores que visitan la página diariamente, y a los que espero seguir atormentando con mis elucubraciones y relatos indigeribles. Gracias a todos (sabéis quienes sois) por estar aquí y añadir vuestro granito de arena (con los que construiremos un castillo) con vuestros comentarios. También quiero expresar mi gratitud a todos los que dejáis comentarios con insultos y os invito a que lo hagáis más a menudo porque sois los que más me divertís.
Por último, quiero recordar a mis fans más incondicionales que en los próximos meses voy a estar preparando los exámenes finales de selectividad (¿quién me lo diría hace un año?) y lamentablemente no voy a publicar tan asiduamente. Espero que pese a esta trágica noticia podáis levantaros por las mañanas con el mismo entusiasmo de siempre.
Saludos a todos y todas, incluidos esos visitantes accidentales que me encuentran en google con criterios de búsqueda (y os aseguro que son verdad) como: “qué significa sodomizar”, “el hombre más asqueroso el mundo”, “poemas de mierdas vividas”, “cómo cortarse las venas”, “fotos de gordas tuertas”, “manualidades de huevos de pascua”, “letras de reaggeton”, “fotos de mi mujer jodiendo con otro” o “cuando me tiro un pedo me excito”.
En el cuarto de hora de descanso la gente se agolpa en la puerta del bar para fumarse un cigarro, tomarse la merienda, estirar las piernas y, como siempre, todos hablan un rato. Yo no suelo intervenir mucho en las conversaciones, soy más bien reservado y silencioso. No me gustan mucho los charlatanes, ni esos que hablan por los codos, ni toda esa gente que dice que los silencios les resultan incómodos. El silencio es algo maravilloso, sobre todo cuando estás rodeado de gente que por sus bocas sólo expulsan mierda. A veces desearías ser sordo, o tener un mp3 que eclipse todas las expresiones que emiten esos cerdos erguidos que dicen llamarse humanos, que representan la zafiedad y mal gusto por todo.
Allí estaba yo, y a mi lado un compañero, el cual vestía con unos vaqueros, chaqueta Alfa con bolsillos casi en los pectorales, gafas y mirada de matón de moscas, que estaba hablando con otro y decía:
-Y cuando estoy allí y veo a todos esos moros, en serio tío, cerraría las puertas y le prendería fuego y que se quemasen todos. ¡Qué asco me dan! ¡Que se vayan a sus putos países!
Era el momento adecuado para intervenir. La charla podía ser interesante.
-¿Por qué dices eso? – le pregunté.
-Por que sí tíooo, ¿Tú sabes lo que es entrar al pub y verte bailando a todos esos moros sin camiseta que dan asco? parece que si les miras te vayan a pegar, son unos chulos.
-¿No conoces a chulos españoles? –formulé la pregunta de forma muy inocente pero con una malicia profunda, él mismo era un chulo.
-Sí, claro ¡pero tío! ¿A qué viene toda esa gente? Que vengan con contrato de trabajo y cuando acaben – y hace un gesto con la mano señalando a la puerta – que se larguen. Aquí sólo vienen a delinquir para que así los metan en la cárcel y quedarse ¿o es que no lo ves?
-¿Tú no conoces a ningún español que haya delinquido?
-Claro tío, pero esos tíos... ¡que los echen del país! a un español no lo pueden echar.
-¿Las leyes no son iguales para todos? ¿Es que si un español delinque no le hacen juicio o qué? ¿O es que quiere quedarse en el país?
-Que sí, que hay gente de toda clase, habrá gente buena y mala, pero esa gente, cuando acabe de trabajar, ¡que se vayan a su puto país y cuando tengan otro contrato que vuelvan!
-¿No pueden quedarse en paro según tú? ¿Qué quieres? ¿Que haya gente de primera y segunda categoría? ¿Qué cuando un español se quede en paro tenga derecho a cobrar y a buscarse otro y si un inmigrante se queda sin trabajo que se vaya del país sin derecho a nada? ¿No crees que es una forma de legalizar la esclavitud?
-A veeer, a ver...que yo no tengo nada en contra de los inmigrantes eh. Que habrá gente honrada. Lo que yo digo es que cuando acaben que se vayan de aquí.
-Estás tocando un tema muy delicado que hay que ver con mucha perspectiva.
En ese momento pasó por nuestro lado una chica de buen ver, el chico clavó los ojos en ella y se enmudeció. Siguió la trayectoria de su culo hasta que se perdió a la vuelta de la esquina.
-¡¡Jodeeeer!! Joder, joder, jodeeeeeer. ¡Que buena está! La cogería y le haría ¡Así! ¡Así! – hacía gestos extremadamente exagerados con la pelvis y los brazos como si estuviese esquiando– y asíi. ¡La madre que la parió!
Definitivamente, volví a pensar que el silencio es precioso. Me di cuenta que la conversación había terminado, era mejor hablar de otra cosa, por ejemplo, de fútbol.
Ya hacía tiempo que me invitaron a hacer este pequeño cuestionario, pero hasta ahora no tenía ganas de hacerlo. Ahí os lo dejo.
1. No moverme la leche.
Sí amigos, me pongo 1/4 de vaso lleno de Nesquik, vierto la leche siempre fría. Pongo la cucharilla en el vaso (no puedo beberme la leche sin la cucharilla dentro del vaso, es como si le faltase algo) y sin moverlo me lo bebo (preferiblemente de un trago). En el fondo queda una capa de Nesquik húmedo y entonces hago uso de la cucharilla para comérmelo todo a cucharadas. Es el placer más exquisito del mundo, aunque muchos que me han visto hacerlo les parezca una auténtica guarrada y un peligro para la salud dental o se han quedado atónitos ante el espectáculo sin entenderlo.
2. Llegar siempre tarde a los sitios.
No puedo ser puntual. Vivo pasivamente. El año pasado simplemente lo atribuía a que tenía que madrugar y por eso llegaba un cuarto de hora tarde. Pero este año que entro a clase a las cinco de la tarde sigo entrando un cuarto de hora tarde. Sé que si saliese un cuarto de hora antes de casa llegaría puntual, pero mi cerebro ya está programado así y no puedo modificarlo.
3. Ir siempre por el camino de baldosas amarillas.
No sé si fue desde que vi el mago de oz. Pero al menos en mi ciudad todas las aceras están llenas de baldosas rojas y amarillas. Casi siempre me sorprendo pisando las amarillas, no soporto las rojas, les tengo manía. He conocido a gente que me ha caido mal tan sólo por decirme que preferían pisar las baldosas rojas ¿Cómo se atreven esos insensatos? Por otra parte, cuando no hay baldosas de colores, procuro no pisar ninguna línea y adecuar el ritmo de mis pasos para encajar mi pie justo dentro de la baldosa porque pisar la línea también me da rabia. Me encantó descubrir en la película “Mejor imposible” que había alguien que hacía lo mismo.
4. Vestirme en el ascensor.
En verano, cuando bajo por el ascensor, debido a mi pasividad citada, lo que hago es vestirme o acicalarme en el ascensor. Me pongo los zapatos, la camisa o cualquier cosa. Es porque no me gustan los espejos y, normalmente, sólo me enfrento al espejo cuando subo y bajo del ascensor. Me hago el pelo allí en el corto tiempo que dura el trayecto, de ahí a mi habitual aspecto dejadizo.
5. Escarbar en los contenedores de papel.
Desde que un día por simple curiosidad un amigo y yo comenzamos a escarbar en un contenedor de papel y encontramos numerosas revistas y libros interesantes no puedo evitar escarbarlos. Para ello tienen que estar llenos hasta arriba, de lo contrario no se puede coger nada. Una vez encontré más de 20 libros, todos ellos buenos, periódicos, revistas, ¡incluso un día había un diario personal de una que lo había tirado! Unos lo llaman síndrome de Diógenes (no sé que tendrá que ver el gran Diógenes aquí) yo lo llamo trabajo de investigación y ahorro.
Los que queráis seguir esta práctica, os recomiendo que busquéis en los contenedores de papel próximos a las bibliotecas públicas, suelen tener los más ricos desechos. Lo dicho... los contenedores de papel son una fuente de cultura gratuita.
Yo no voy a obligar a nadie a hacer este juego, simplemente lanzo la pregunta y si quieres contestas: ¿Y tus 5 hábitos normales para ti y exaños para los demás cuales son?
Sigo trabado con el inglés, es mi eterna asignatura pendiente desde los tiempos paleozoicos de EGB, ya entonces siempre me quedaba la asignatura pendiente para septiembre. Es extraño, todas esas horas que he empleado estudiando inglés a lo largo de mi vida han sido completamente inútiles. Nunca he memorizado nada ni he aprendido nada. Lo único que he hecho ha sido arrojar apuntes dentro de un agujero negro que jamás devuelve lo que traga. Todos mis conocimientos se los ha tragado mi materia gris. Me pregunto en qué borrachera perdí todas esas neuronas que albergaban los conocimientos que una vez me ayudaron a aprobar
Durante el tiempo que estudié administrativo también tuve la asignatura de inglés, pero era mucho más fácil, entonces, nuestro profesor, viendo las pocas perspectivas de futuro que teníamos, sumadas a las pocas ganas de trabajar, nos aprobaba sin hacernos examen. En esas clases lo único que hacíamos era hablar de Gran Hermano, Crónicas Marcianas, Operación Triunfo... el resto daba igual.
Ya lo sé, no es ninguna excusa, debería estudiar y sacármelo todo con buena nota, pero eso de aprender cosas ilógicas que no tienen ni pies ni cabeza lo llevo fatal. Me desespero fácilmente cuando me autocorrijo ejercicios con las soluciones del libro y descubro que lo hago mal sin entender por qué. Es cuando comienza mi recital de preguntas retóricas: – ¿Por qué? ¿Por qué esto no es así? ¿Por qué Dios mío? – y miro por la ventana mientras blasfemo contra dios, la virgen y todos los santos esperando que se abran las nubes y aparezca la voz de dios para explicarme cómo se escribe bien en inglés. Pero no, no aparece nadie, entonces intento tranquilizarme y le digo a Dios: –Venga, Dios mío, no era mi intención ofenderte, prometo hacerme católico si me pones una lengua de fuego de esas sobre mi cabeza que hace hablar todos los idiomas... aunque sólo sean los días que tengo examen. ¡Por favor! ¡Te lo suplico!–. Pero no viene la lengua de fuego por ninguna parte y comienzo a cagarme en San Pentecostés y la única lengua de fuego es la mía. Al cabo del rato, pienso que durante el tiempo que he estado hablando solo y lamentándome, hubiese podido leer los apuntes e intentar entenderlo. Pero estoy así de loco. ¿Qué se le va a hacer?
Hay cosas que uno hace sin saber por qué, sin un motivo aparente, simplemente se hacen y ya está. Últimamente no me afeitaba, he estado dejándome la barba durante meses. Tenía la pinta de un bohemio que deja su estética en manos de la naturaleza, de alguien que descuida su aspecto porque le importa un comino la imagen que da. Pero el Lunes fue uno de esos días que te levantas, te miras al espejo y sin más decides afeitarte. Y así lo hice.
Luego me fui al instituto. Entré un poco tarde a la clase de latín, no pasaba nada, en latín no hacemos nada. Me adentré en la clase y al acercarme a la gente una compañera me vio y dijo: “¡Caray! ¡Te has quitado veinte años de encima sin la barba!”. Pues vale, pensé. Me senté en la última fila y el que estaba sentado delante de mí se giró y me dijo: “pareces más joven”. Hice cara de simpático y me callé.
Pasó la primera hora de clase y tuve que ir a otra aula donde hacemos la mayoría de clases y en la que coincido con otra gente. Mientras esperábamos al profesor, se me acercó una chica, la más joven de toda la clase, y me dijo:
-Anda Fredy ¡Te has afeitado¡ ¿Cómo es eso?
No contesté, me quedé mirándola, ¿cómo es eso? Pensaba, ¿tenía que dar una respuesta explicativa, razonada y argumentada al porqué de mi decisión de afeitarme? La tía se quedó mirándome y esperando una respuesta. Yo no sabía qué decir y permanecí callado. Ella se pensó que no la había escuchado bien y volvió a repetir: “¿Cómo es que te has afeitado?” Dejando la boca entreabierta y los ojos entornados como una estúpida. Me dieron ganas de decirle: “¿Yo te pregunto por qué te afeitas el coño? ¿No? ¡Pues déjame en paz!”. No sabía cómo argumentar por qué me había afeitado. Me encogí de hombros y le dije: “No lo sé”. Ella levantó la cabeza y dijo: “ah” y se fue no sé si muy satisfecha. Al rato vino el profesor y empezó la clase. Me senté en la mesa donde me pongo habitualmente. El que se sienta a mi lado, mientras el profesor explicaba, me dijo por lo bajo: “¿Te has afeitado eh? Pareces otro”, lo miré, le sonreí y me giré para mirar la pared blanca, más blanca que nunca. Me pregunté qué sentiría un terrorista cuando se inmola sabiendo que se lleva a toda la gente que le rodea por delante. Yo estaba a punto de explotar y no llevaba ningún cinturón de explosivos.
La clase finalizó y tomé otro respiro, decidí quedarme en el aula sentado y esperando a que llegase el próximo profesor. El compañero de al lado y el que se sentaba delante se pusieron a hablar:
-Esta mañana he corrido 3 kilómetros en media hora.
-Eso no es nada – dijo el otro -. Yo esta mañana he estado levantado ochenta kilos en pesas, he hecho cuatro series y en la última ya no podía más. Mira – levantó el brazo -. Tengo esto durísimo, toca, toca, me duele mucho, seguro que voy a tener agujetas.
Así estuvieron durante unos minutos que se me hicieron eternos. Mientras tanto yo me preguntaba si sería cierto que la muerte por inhalación de dióxido de carbono era tan placentera como dormirse y pensé que el suicidio no parecía una idea tan disparatada.
De pronto, el que estaba hablando de sus músculos, viendo que no participaba en la conversación se interesó en saber mi opinión, quizás fuese por el morbo de saber qué opinaba el raro de la clase al respecto, y me preguntó:
-¿Y tú? ¿Haces algún deporte? ¿Te gusta ir a correr?
Lo miré, como quien mira a un maniquí y contesté:
-Desprecio el culto al cuerpo y todo en general, no me gusta el mundo material.
El de las pesas echó una mirada cómplice al corredor, les parecía una tontería lo que les había dicho. Entonces me preguntó:
-¿Tú eres como Platón no?
-No, yo no creo en el alma, pero soy bastante idealista.
-¿Y es cierto que te gustaría estudiar filosofía? – dijo el otro.
-Me gusta la filosofía, pero yo quiero hacer periodismo, si no tuviese la nota suficiente para hacer periodismo no descartaría estudiar filosofía.
Unachica que estaba allí de pie escuchando lo que decíamos me dijo:
-¿Es verdad que te gusta la filosofía?
-Sí – consté girándome y mirándola desde abajo. Pensé que estaba interesada en mis inquietudes.
-¿Y cómo te puede gustar eso? – dijo con cara extrañada y desencajada.
-No lo sé. Simplemente me gusta.
-¿De verdad? ¡Qué fuerte! – Se acercó a mí para que no lo escuchase nadie más, y me dijo en voz baja: - No digas eso a nadie que se reirán de ti.
¿El suicidio era una idea disparatada? El suicidio, pensándolo bien, era una idea razonablemente válida.
Transcurrió la clase de historia del arte, muy interesante como siempre. Luego siguió la clase de literatura. La profesora nos ha mandado leer “Luces de bohemia” y estaba comentando la biografía de Valle-Inclán.
-Valle-Inclán era un personaje al que le gustaba mucho mentir con su biografía para mitificarse, contaba que su brazo lo había perdido en una guerra en la que nunca había participado, le gustaba mucho fantasear con su biografía.
Cuando de pronto, el que se sentaba a mi lado, que era uno de los de la conversación de los musculitos, dijo:
-Como Fredy
-¿Cómo? – preguntó la profesora -. ¿Por qué dices eso? – Yo estaba expectante por saber por qué había dicho eso.
-Antes ha dicho que no le gustaba su cuerpo.
-¡Yo no te he dicho eso! – salté -. ¡He dicho que despreciaba el mundo material!
-Bueno, pues eso – dijo como si fuese lo mismo -. Es un personaje misterioso. – Dijo de broma mientras reía.
-Pero eso no está nada mal – contestó la profesora.
-Y dice que es como Platón.
-¡No he dicho eso! – contesté.
-¡Ah! ¡Y también dice que le gustaría estudiar filosofía!
La ventana estaba a mi lado, pero era un primer piso. Miré a la profesora, ella me entendía, sabía qué estaba pensando yo en ese mismo momento, había leído algunas cosas de las que había escrito y eso me reconfortaba. Me quedé quieto y callado. No quise decir nada.
Al terminar la clase, cuando caminaba por el pasillo dispuesto a irme a casa, se me acercó uno y me dijo:
-¡Te estaba mirando y no te reconocía! ¿Te has afeitado eh?
Fue el año que empecé trabajando, dejando los estudios de lado. Desalentado y desilusionado ante un curso que no me aportaba nada. No me gustaba estudiar programación, ni configurar ordenadores en red. Mientras hacía todo eso, yo me preguntaba cuál era el sentido de la vida. Tampoco me gustaba la gente con la que iba, así que con la excusa del trabajo me lo dejé con la esperanza de retomarlo al año siguiente.
Fue en el año en el que me propuse ir a Inglaterra , quería irme a vivir allí durante una temporada, me informé de los billetes, de los trabajos y de las ciudades. Pero no hice eso, me limité a ir durante una semana en la que visité a mi hermana que estaba de Aur-pair con una familia de locos guarros y con dos niñas de lo más estrambóticas que he visto en mi vida. Visité Londres , el museo británico, paseé por las calles de esa peculiar ciudad repleta de relojes. Degusté su más típica gastronomía. (Un plato de patatas con un pescado). Visité Manchester, Leeds y me quedé con la deuda pendiente de visitar Liverpool.
El año en el que fui a los conciertos de Def Con Dos y Andrés Calamaro . Al musical de Queen, que me encantó. En el que me di de alta en la SGAE para registrar la canción en la que participo en la letra que saldrá en el disco de Daniel Zamora, excomponente de Los Rodríguez, y que posiblemente grabará con Ariel Rot.
Fue el año que trabajé durante más de cuatro meses, que hice grandes migas con gente y me sentí muy bien con los compañeros, aunque el trabajo era para volverse un poco loco . Tenía una vida de lo más normal. Si hubiese sido por los compañeros sin duda alguna me hubiese quedado allí. Pero pensé que soy joven, y que puedo hacer algo que me llene de verdad. Me ofrecieron un contrato indefinido , y tras aceptarlo me arrepentí. No quise continuar con esa forma de vida porque no era feliz. Y ahora sigo en busca de esa felicidad, en busca de mi realización. Tras unas semanas frenéticas, terminé haciendo lo que nunca pensé que haría. Me matriculé en segundo de bachillerato para poder acceder a la universidad, en alguna carrera que me gustase. Y así sigo, con ilusión y con la esperanza de acabar este curso con buena nota, suficiente para hacer periodismo. Y no en Valencia, porque es imposible, pero sí en Madrid. Es el objetivo que se me ha metido entre ceja. Sé que si viajo hasta allí, comenzaré una etapa fructífera. Aunque siempre hay miedo. Y es que es difícil afrontar las cosas cuando no escuchas a nadie que te da aliento, cuando sólo escuchas una voz dentro de ti que te dice que puedes y temes que sea una paranoia o un delirio de grandeza.
Lo siento por todos mis amigos a los que no he prestado toda la atención que se merecen, a los que creen que me distancio de ellos. Pero no tengo nada personal con nadie, es el simple desencanto por todo en general. Y siempre me pregunto antes de salir o hacer algo ¿Para qué? ¿Me lo pasaré bien? ¿Veré algo nuevo? Y como sé que no, pues no estoy muy sociable.
Y emocionalmente.... ay... empecé muy perdido, buscando lo que anhelaba como un loco. Recomponiéndome de algo que pudo resultar trágico, pero que mi experiencia hizo que no se convirtiese en un mal crónico y depresivo. Me perdí en la inmensidad, conocí a muchas chicas, algunas maravillosas, otras me demostraron que el afecto, la bondad y los principios existen. Que había honestidad y nobleza. Pero gracias a eso me di cuenta de algo. Me di cuenta que todavía no puedo cargar con una relación porque antes tengo que repararme. Este cántaro loco, todavía derrama agua y no está acabado.
Adiós 2005. El año que creé este blog , donde doy rienda suelta a esas preocupaciones que no puedo compartir con nadie, y que aquí, en un lugar perdido del ciberespacio, están colgadas como estrellas que no calientan ni iluminan a nadie, pero brillan en su centímetro cuadrado que tienen.
Un día, el profesor de historia del arte estaba comentando las distintas épocas del arte griego y qué siglos correspondían a cada época. Cuando de pronto, un alumno de los allí presentes levantó la mano. El profesor le dio la palabra y preguntó:
-¿Quién creo el mundo?
Todos nos quedamos mirándole pasmados, entre risas y bromas. Parecía que le había surgido una súbita duda existencial que no podía contener. El profesor le preguntó a qué venía esa pregunta, entonces el joven contestó:
-Pues si Dios creo el mundo... ¿Por qué habían cosas antes de Cristo?
El profesor, muy pacientemente, le explicó que Cristo no creó el mundo y le recordó quienes componían la santísima trinidad. El alumno se dio por satisfecho y se jactó de su perspicacia para no dar como válida la religión católica. Todo un filósofo en potencia de pelo en barba que ya superaba la veintena de años.
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En otra ocasión, en clase geografía, el profesor nos explicaba qué tipo de contaminaciones hay. Cuando dio los puntos que explicaban la contaminación del agua, habló de la salinización y explicó que, a veces, el agua del mar se mezcla con el agua de algunos pozos y hace esa agua inservible. En eso que saltó la pija de clase:
-Sí, a nosotros nos pasó eso, un verano que estuve veraneando en Denia no se podía beber ni cocinar del agua del grifo, teníamos que ir a un gran depósito de agua que habilitaron en la plaza.
Todos escuchábamos atentos a sus explicaciones, entonces, cuando el profesor iba a retomar la explicación añadió:
-Era horrible ¡Todo ese verano con el pelo hecho un asco!
Lo dijo como si se tratara de la mayor desgracia que le había sucedido en su vida. Y toda la clase estalló en una carcajada incontenible, y ella veía a todos descojonándose por los suelos y preguntando: “Ey, ¿Pero qué pasa?” Sin entender el motivo de nuestra mofa.
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Habíamos leído en clase de literatura un texto de un autor, al acabar, la profesora, con muy buenas maneras e intenciones, y como es costumbre en ella, preguntó si alguien no había entendido alguna palabra del texto, y entonces alguien preguntó:
-¿Qué significa sodomizar?
-Sí, sodomizar, a mí me suena mucho. – Dijo otra.
-¿Eso no es algo de la Iglesia? –Comentó otro.
-¿Cómo que de la Iglesia? – preguntó la profesora.
-Sí, algo que decían los curas referente al pecado... pero no recuerdo qué.
-A ver, ¿Alguien sabe lo que significa sodomizar? – Preguntó la profesora dirigiéndose a todos.
Todos permanecieron en silencio. A mí me vio riéndome y me dice.
-Venga, dilo tú, que tú sí que lo sabes.
-No, yo no lo digo.
-Bueno, sodomizar es practicar el sexo anal.
-En otras palabras, dar por el culo. – Maticé.
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¿Cuál es la finalidad del educador? – preguntó el profesor de filosofía, que buenamente explicaba las teorías de Platón. Obtuvo el silencio como respuesta, por lo que formuló la pregunta de nuevo a un lado y otro de la clase. Y yo, que en ese momento gozaba de un estado le lucidez fuera de lo común, respondí:
-Educar.
Todos me felicitaron y me congratularon por mi gran descubrimiento. Se burlaron buena cosa y toda la santa tarde estuvieron llamándome el educador.
Estaba yo lleno de ilusión esperando pacientemente en una cola de una administración de lotería. Había mucha gente. Finalmente llegó mi turno y vi al mismísimo Benedicto XVI despachándome un par de boletos de lotería que terminaban en 13 y en 03. No me quedé muy sorprendido, era como si fuese más o menos normal. Entonces Benedicto XVI salió que la jaula de cristal por un lateral, y pasó justamente por mi lado, sin escoltas ni nada. Yo sentía que tenía que decirle algo importante, pero no sabía el qué.
-Benedicto, tengo que decirle algo.
Él me miró, me sonrío y se fue ignorándome. Entonces me desperté. Extraño sueño, estuve pensando en el número, quizás era un sueño premonitorio. Hoy, instantes antes de que se inicie el sorteo de Navidad, no me arrepiento de no haber comprado ningún número terminado en 13, pero si sale, posiblemente maldeciré a todos los santos.
Son las 8:44 de la mañana. Es curioso, cuando tenía mucho trabajo que hacer era incapaz de despertarme pronto, me costaba una barbaridad. Ahora que ya he terminado los exámenes me desvelo enseguida. ¿Por qué el cuerpo se comporta de este modo?
Ya hace tres meses que comencé mi aventura quijotesca de retornar a los estudios, dejando de lado trabajo, dinero y estabilidad económica. No sé si estoy más feliz, pero creo que he hecho lo correcto. Lo que sí es cierto es que no estoy nada contento con los resultados, sé que no me he esforzado al máximo, sé que no he dado todo de mí y algo debo cambiar en mi comportamiento.
Comencé con una fuerza e ímpetu no vistas en mi antes, ilusión, ganas, trabajo. Prometí no caer en la vagancia y ociosidad, pero al mes y medio ya me levantaba tarde y me arrastraba por ahí. Durante estas últimas semanas he estado haciendo exámenes y me he enfrentado al sino eterno del estudiante de no ver recompensado mis esfuerzos cuando lo merecía y en otras asignaturas que no merecía nada tener buena nota. ¿Qué pensarías si os digo que una de las mejores notas que he sacado ha sido la de latín, la asignatura que más daba por hecho que iba a suspender? Quizás muchos se alegren y me feliciten por el encomiable trabajo realizado. Pero no más lejos de eso lo que sucedió fue que en el examen se sentó delante de mí el que más sabía de latín, y me copié miserablemente todo su examen. Desde luego la copia no fue exacta, el flamante erudito de latín sacó un loable 10 en su expediente. Yo me limité al 7 y medio. No estaba nada mal para no saberse absolutamente nada, sólo unas declinaciones y tiempos verbales. Ciertamente es algo vergonzante y ruin.
Días más tarde llegó el examen de filosofía, nos examinábamos sobre el inigualable Platón. El hombre era un ser pensante, aunque desatinaba mucho para mi gusto. Intentó darle una explicación a todo incluso a lo que no tenía capacidad para hacerlo. Dejó de lado a los filósofos de la naturaleza, a los físicos, para dedicarse a lo que él tanto criticaba: las creencias. Ni que decir tiene que fue el impulsor de la fe, la creencia en el alma que, aunque ya la promovieran los pitagóricos, la Iglesia adoptó sus enseñanzas adaptándolas a su catecismo. Un auténtico desbarajuste. Pues bien, aprendí de memoria todo el libro y las explicaciones del bueno de Platón. Estudié como nunca antes lo había hecho. Estaba seguro de sacar una buena nota, sobre todo si me preguntaba lo que más me sabía. Y cómo no, en el examen aparecieron las preguntas más esperadas. La redacción trataba sobre “El gobierno de la Polis según Platón”. Cierto es que el examen duraba 45 minutos. En los que hay que destacar las ideas principales y hacer una redacción clara. Tarea dificultosa ya que a mí me gusta repasar, retocar y enrollarme. Empecé muy bien y cuando faltaban 5 minutos me di cuenta que debía concluir pronto. Pese a eso sé que hice un buen examen y merecía una buena nota. Por eso me sorprendió mucho sacar un 7. No creo que mis merecimientos estuviesen reflejados. Voy a salir con la típica excusa de que los profesores tienen cierto prejuicio hacia mí, pero es indudablemente cierta. Si uno hace mala letra, viste mal, es un bohemio y no hace la pelota, les leen los exámenes con cierta actitud crítica, con el pensamiento adjunto de creer que ese chico no va a ir a ninguna parte. Sin embargo, si leen una letra clara, bonita y día tras días a uno le lamen el culo siempre habrá una mejor nota. Es algo más que comprobado. Pese a sacar la mejor nota de clase (el hombre puntuaba muy bajo) no me parece fiel reflejo a lo que hice por que nunca hago la pelota.
Con estos dos exámenes previos luego vino la semana de exámenes. Como bien es sabido, muchas veces el tiempo empleado en estudiar no es sinónimo de trabajo. Estudié lo inimaginable durante el puente, centré mis esfuerzos en aprender la historia del siglo XVIII y XIX. Para asegurarme un buen resultado lo que hice fue averiguar qué tipo de preguntas ponían en los exámenes de la primera evaluación. Vi que principalmente las preguntas se centraban en la constitución de 1812 y la primera guerra carlista. Por eso me esmeré mucho por estudiar esos dos acontecimientos, no sin prevenir que pudiese preguntarme por otra cosa mirando el resto del temario aunque no con mucho ahínco. Llegué al examen con el convencimiento y la seguridad de saber qué iba a preguntar. Repartió los exámenes boca abajo y dijo que no le diéramos la vuelta hasta que él no dijera. Cuando repartió la última hoja nos dio permiso para comenzar, di la vuelta a la hoja y me apareció la primera república. Suspenso.
Al día siguiente, tenía el examen de historia del arte con el mismo profesor. Puesto que ya había experimentado en mis carnes que él iría a poner lo más difícil de todo y lo que menos había explicado, decidí estudiar con un desmesurado aplomo, todo lo relacionado con la arquitectura islámica en España. Grecia y Roma serían muy fáciles como para ponerlas. Al llegar al examen, experimenté de nuevo mi ineficacia para ponerme en mentes ajenas y predecir sus actos. Preguntó Grecia y Roma y ratifiqué que uno nunca puede profetizar con exámenes. Es completamente inútil. Pese a eso, conocía bastante bien Grecia y Roma, saqué un 7, pero aún así me supo a poco. Cuando vi la nota recordé la frase que dijo el profesor al principio de curso: “Sé que este año no voy a poner más de un 7 a nadie”. Quizás sólo por orgullo se limite a poner 7. En la segunda evaluación pienso estudiar más y hacerle tragar la maldita frase que profirió a principios del curso.
Ese mismo día era el examen de Valenciano, estamos, para que os situéis en el tiempo, en el día 15 de diciembre del año 2005. Se trataba de comentar un texto. El texto era sencillo. No hubo complicación. Pero más tarde me enteré que los de la otra clase de segundo habían trabajado ese texto en clase. Eso hace que te ahorres mucho trabajo y que se cometiese una gran injusticia con nuestro grupo. No he visto la corrección del examen, pero comprobamos todos juntos que el tío ha puesto un 5 a todo el mundo. ¿No es raro?
Al día siguiente era el examen de castellano. Esta asignatura es aparentemente sencilla, es fácil aprobarla y difícil sacar buena nota. Es decir, consiste en hacer un comentario de un artículo periodístico, pero luego hay preguntas técnicas que a mí me disgustan bastante, análisis morfológicos y sintácticos. A mí me da mucha pereza estudiar esas cosas. Sé que hago muy mal y si quiero sacar buena nota debería estudiarlo. Pero no lo estudié. También había otra pregunta de vocabulario. Te preguntaban por tres palabras que aparecían en el examen que debía decir cual era su significado. Pese a todo eso, saqué un mísero 6 que no deja satisfecho a nadie.
Durante esa semana también expiraba el plazo para entregar los trabajos de literatura, en esta asignatura ha sido la única que he sacado buena nota, un 9. Pero si en el resto de asignaturas no me esfuerzo más... no haré nada. Este último fin de semana yo ya estaba asqueado, deprimido, con ganas de terminar. Tan sólo me quedaban los exámenes de geografía e inglés. Sabía que suspendería inglés, y después no tenía ganas de estudiar nada de geografía. Era como si me encomendase al destino. Empecé con ganas, pero no podía hacer ningún esfuerzo más por estudiar lo que no había estudiado cuando debía y hacerlo la víspera de un examen no servía de nada. Evidentemente suspendí las 2.
Salí de mi último examen de inglés descansado, más ligero, como si me hubiese quitado un peso de encima. Sabía que iba a suspender pero no me importaba. Sólo quería terminar esas semanas frenéticas y empezar el descanso navideño para dedicarme a hacer cosas que me gustan como publicar mis miserias aquí. Y aunque ahora me arrepiento de no haber estudiado, me he estado haciendo propósitos para el nuevo año sin que todavía haya terminado este, quiero estudiar más, quiero sacar buenas notas, quiero hacer algo en la vida. A veces me pregunto por qué hago esto, y recuerdo que era para estudiar periodismo como primera opción, comunicación audiovisual en segunda y durante el último mes me ha vuelto la idea a cabeza de estudiar filosofía. Al menos los filósofos me encantan. Me veo identificado con sus reflexiones. ¿Quién sabe si no me pondré a estudiar a los filósofos en vez de dedicarme a saber cómo se redactan noticias? ¿Cumpliré los nuevos propósitos o serán esas promesas que se olvidan en el mismo momento que las haces?
Tras los exámenes tan sólo me faltaba volver al instituto para recoger las notas, pero nadie me dijo a qué hora las daban. Decidí llamar a una de mi clase que me dio su número, pensé que sería útil algún día y efectivamente ayer me sirvió para preguntar cuando y a qué hora daban las notas. Marqué el número y entonces apareció la musiquita que algunos se ponen en el teléfono para recibir la llamada, la letra decía algo así: “¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda? Una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar y me hace sentir mujer”. Cesó la música y escuché la voz que me decía: ¿Diga?
Ayer también tuve otra noche de insomnio, la segunda seguida. Ya era demasiado. Esta vez tenía un malestar general, una constante angustia y, para colmo, me han salido unas llagas en la boca que me están amargando. No puedo comer, ni puedo hablar sin parecer medio gilipollas. Por la noche llegué a la desesperación. Me levantaba, creía que iba a vomitar. No lo hacía. Me volvía a acostar. Era como si mi estómago fuese una lavadora centrifugando. Además tenía que levantarme por la mañana obligado; tenía que ir a la oficina de empleo para tramitar el paro y también tenía que inscribirme en la SGAE.
Se hicieron las 8 de la mañana y me levanté. No quedaba más remedio. Antes de ir al la oficina de empleo, tenía que pasar por Valencia y recoger en las oficinas de la empresa donde trabajaba los últimos papeles que me faltaban. Me fui en tren. Me daba la impresión de ser un zombi. Un demacrado que se tambaleaba en busca de su objetivo. Me metí en el tren y me senté. Me puse el mp3 en marcha. Era mejor no escuchar al resto de la gente. De este modo escuchaba mi música favorita mientras veía a los demás mover la boca y gesticular con sus manos. Enfrente de mí veía como un tío le estaba echando los tejos a la chica que tenía enfrente. Intentaba hacerla reír y todas esas cosas patéticas. Cuando ella apartaba la vista, el chico recorría con su mirada todo su cuerpo. Realmente estaba desesperado. Pero yo estaba con mi música, ajeno a todo eso y dudando si aguantaría todo el trayecto sin morirme.
Bajé del tren y me dirigí a las oficinas de la empresa. No sabía que comentarles cuando les viese, así que pensé en ser sincero y cuando me preguntasen como me iba tal les diría: “bien pero que estoy bastante enfermo y tal...”.
Cuando llegué, me abrieron la puerta, me dieron los papeles y no me preguntaron ni qué tal. ¿Para eso estuve un rato del camino pensando de qué hablaría con ellos? Eso son recursos humanos sí. Tan sólo les faltó no llamarme por mi nombre sino por el número de trabajador. A la mierda. Todavía no entiendo por qué existen las ETT.
Salí de allí y me dirigí a la SGAE. Tenía que hacerme socio porque tengo un asunto pendiente entre manos que ya comentaré cuando esté todo hecho. Ya fui allí una vez a pedir la documentación y ahora ya lo llevaba todo firmado. El gran problema para hacerme socio era que tenía que registrar al menos una obra y la canción debía presentarla en partitura. Yo sé leer minimamente las partituras, pero no se escribirlas bien, así que me la tuvo que hacer un amigo. Otro problema es que también pedían una prueba de que ya has estrenado alguna obra. Yo me preguntaba ¿Cómo vas a estrenar una obra si no la has registrado antes? Entonces pensé en los conciertos que hice cuando tenía el grupo y que quizás en el instituto me firmarían un papel acreditando que yo he estrenado canciones propias. Y así fue, los muy buenos me hicieron el favor.
Llegué y la chica encargada de los registros estaba almorzando. La que estaba de guardia de seguridad me dijo que me esperase y me dijo que había una cafetería al lado. Esperé y cuando empezó a sacarme tema de conversación decidí irme al bar. Cuando volví la chica todavía no había llegado, la guardia volvió a hablarme de tonterías. Parecía que aburría bastante y además era una desesperada de la vida. Parecía llevar buscando durante años al hombre definitivo que la aguatase. Yo no iba a ser su candidato, así que le dije que iba a esperar arriba. Allí había unos sofás muy cómodos. Llegó la chica, le di la obra, la documentación y pagué. Cuando ya estaba todo hecho. Le dije:
-¿Y mi número de socio?
-Te lo enviarán por correo en un mes
-¿¿En un mes?? ¡Si yo lo único que quería era el número!, ¡He hecho todo esto por el número!
Volví a la estación de tren justo cuando iba a salir el mio. Entonces salí disparado para cogerlo. Emprendí una carrera. Parecía estar en los 100 metros lisos. Ya estaba a punto de entrar, entonces sonó el pitidito. Pi pi pi pi pi. La puerta se cerró en mis narices. Presioné el botón verde para ver si la abría pero el tren partió y yo me cagué en su puta madre. La gente que estaría dentro del tren seguro que se estaba riendo de mí como yo me reía cuando estaba dentro y veía algo igual. Debía esperar media más hora en la estación a que saliese el próximo tren.
Subí al otro tren. Aún le quedaba rato para salir. Me puse de nuevo el Mp3 para escuchar a Joaquín Sabina. Todo iba bien aunque empecé a sentir de nuevo los retortijones de barriga. De pronto, entró un señor mayor, me preguntó algo y yo al tener los cascos puestos no entendí nada. Aun así le respondí que sí. El hombre se sentó y el tren partió. Al rato me preocupé por si el hombre me había preguntado si el tren iba a Castellón, a Xativa o a cualquier sitio menos al que iba. No importaba... en ese caso ya se daría cuenta cuando llegase.
Me fijé en la gente, siempre lo hago. Nunca he entendido nada sobre lenguaje corporal. Pero me daba la sensación de que todas las pueblerinas soían llevar bolso. Cuando se sientan se lo ponen encima de los muslos, con las manos cruzadas encima y con la mirada al frente como si estuviesen concentradas rezando el rosario. En esos momentos es cuando me surgen los pensamientos más profundos. Juntarse con la humanidad y observarla me dice mucho. Muchas veces me pregunto si el resto de los que están en el tren piensan tantas cosas como yo o simplemente van y vienen con las cabezas huecas. Da la sensación de que nadie tiene sentimientos puros, basta con ver las miradas que se echan entre ellos porque comparten el mismo tren y el mismo camino. A veces me dan ganas de saltar y gritar. Decir que ya basta. Que ya está bien de tanta tensión. De tantas miradas de asco. De poner sus mochilas o sus carpetas al lado de sus asientos para no tener a nadie al lado. La humanidad se odia entre sí. Y ya no es xenofobia. La xenofobia es rechazo hacia lo que viene de fuera. Esto es rechazo a lo que viene de dentro, a lo tuyo propio. ¿Habrá alguna palabra que lo defina?
Todo esto lo dice alguien que puso su carpeta en el asiento de al lado...¿Qué más da lo que hiciese el resto del día?
He tenido la primera depresión del nuevo curso al ver los exámenes de selectividad, pero que no cunda el pánico porque ya estoy resarcido. Todo ha sido tras echar una ojeada a los exámenes de selectividad, he visto tantas cosas que no sabía, tantas preguntas que no sé ni de qué hablaban que al leerlo he empezado a agobiarme. Eso ha sido esta mañana, ahora estoy mejor porque pienso que con constancia y estudio podré superar toda la prueba. Tengo un pequeño truco cruel para subirme la moral en estos casos. Simplemente pienso en toda esa gente que ha aprobado segundo de bachillerato, concretamente en los que ya han aprobado y considero unos zoquetes. Ellos me consuelan, pienso ¿Si esos idiotas han podido por qué no voy a hacerlo yo? Es un viejo sistema que ya utilicé cuando me apunté a la autoescuela, cuando veía impensable el hecho de aprenderse todo el libro de tráfico. Me sentaba en las paradas de autobús y veía a los conductores de los coches que pasaban. Todos tenían cara de gilipollas y me preguntaba: Si ese idiota ha podido ¿Yo no voy a poder? Y es cuando, después de todo lo que me pasó, me tomé el teórico en serio y aprobé en menos de un mes.
Todo va bien, el rodaje ya está hecho, aunque tengo la sensación de que no trabajo todo lo que puedo y quiero estudiar más. Lo que más me ha llamado la atención de estas primeras semanas ha sido la ineptitud de la profesora de latín. Desde que ha empezado el curso no hemos hecho nada. La profesora llega a clase, se sienta y empieza a mirarnos las caras, otras veces se pone a mirar sus papeles y a escribir cosas, nosotros nos quedamos sorprendidos y comenzamos a hablar entre nosotros y nos hacemos caras como preguntándonos ¿Qué está pasando aquí? Apenas ha explicado nada y lo poco que hemos hecho en clase ha sido fruto de nuestra propia iniciativa. Le preguntábamos a la profesora ¿Hacemos algo hoy? Y es cuando empezamos a analizar alguna frase o algo por el estilo. Un día incluso, en medio de la confusión, la profesora se sacó el bocadillo y empezó a cenar tan campante como si nada. Por esta y por muchas más cosas sigue siendo la asignatura que más miedo me da.
Lo único que no me gusta de todo este meollo de la profesora de latín es que mis compañeros, en vez de hablar con la profesora y decirle claro que necesitan preparase, se dedican a hablar con la tutora, con el jefe de estudios, con sus madres y con todo el mundo, en vez de afrontar el problema de frente e intentar solucionarlo. Me recuerdan a los compañeros que tenía en preescolar y se chivaban al primer responsable cada vez que veían que algo estaba mal. Son los que van de correctos y que dicen “aquí estoy yo, soy una persona responsable y voy a hacer lo posible para que todo esto funcione bien”. Para mi no son más que hipócritas.
Con las relaciones personales he dado pasos atrás y no lo digo porque no hable con la gente, sino por todo lo contrario, he hablado demasiado. Le comenté a un compañero de clase que conocía de vista si era de mi ciudad y me dijo que sí. Yo le dije que también era de allí. Me respondió lo de siempre: ¡Nunca te he visto! No está mal para una primera toma de contacto si no fuese porque al poco tiempo me dijo: Oye, pues mañana me podría venir contigo en el coche. Yo no podía negarme, así que acepté; ahora lo tengo en mi coche todos los días. Muchas veces me llaman mala persona por cosas como esta. Pero a mí me jodió muchísimo que se acoplara conmigo en el coche porque me encanta conducir solo. Ahora, el hecho de tener a una persona desconocida todos los días en el asiento del copiloto y tener que forzar conversaciones absurdas me saca de quicio. A mí me gusta ir solo, ir a mi ritmo, ir cantando, hurgándome los mocos, un día ir rápido, otro día ir pisando huevos... Me agobia tener todos los días a una persona esperándome. No sé si me entendéis. Es difícil, puesto que una persona que opta por la soledad como opción voluntaria es un bicho raro. Casi todo el mundo necesita ir acompañado a los sitios, no conciben ir al cine solo, ir de compras solos, ir a tomarse una cerveza por ahí solo. Se echan las manos a la cabeza y me preguntan como si estuviese loco: ¿Y te vas solo? Al menos, el nuevo copiloto no me ha desagradado del todo, me ha comentado que es músico y que quiere aprender a tocar la guitarra porque tiene intención de montar un grupo, le he comentado que cuente conmigo para proyectos de ese tipo. También me pone al día de las noticias de mi ciudad, yo no me entero nunca de nada. No es mal tío si no fuese que me quita mi soledad. El primer día que vino conmigo opté por conducir temerariamente para ver si se acojonaba y no venía nunca más conmigo, pero él estaba indiferente, así que un día de estos optaré por el plan B. Le hablaré del dinero de la gasolina y ya que se viene conmigo todos los días que me pague. Es cuando aprovecharé para darle algún sablazo bajo el pretexto de que la gasolina está cara. A ver si se le quitan las ganas de venir conmigo.
Tengo la sensación de que todo el mundo está loco, a veces creo que soy el único hombre cuerdo de la Tierra, mucha gente me comenta cosas sin importancia, otras veces ves cada cosa por ahí que dices: ¿Pero esto como puede ser? O ¿Cómo se puede ser tan idiota? No voy a preguntarme si el loco soy yo, eso está muy visto.
Espero seguir escribiendo más, tengo muchísimas historias en el tintero, aún tengo anécdotas divertidas del trabajo que no he escrito por pereza. También he pensado en añadir nuevas historias laborales de la época en la que trabajé de botones; estuve trabajando de botones durante tres veranos y os aseguro que aquel trabajo daba para escribir 4 o 5 historias diarias. Veía gente de todo tipo y había un contacto más directo y personal. Todo se andará, lo que tengo claro es que debo seguir la estela de lo que quiero, no quiero centrarme en estudiar olvidándome del motivo principal por el que estoy haciendo todo eso, no quiero olvidar cual es el objetivo. La esencia de todo está en la escritura.
La Tierra ha dado 23 vueltas al Sol desde que nací. Esa situación planetaria es digna de celebración.
¿Reflexiones? Ninguna, no siento nada especial. No me siento ni más viejo, ni tengo una depresión, ni me he marcado ningún objetivo nuevo. No pido deseos de ningún tipo, si es que soplo alguna tarta; No creo que se cumplan, en todo caso ahora lucho por conseguirlos. No voy a celebrarlo, ni voy a montar la gran fiesta. El año pasado, por ejemplo, lo que hice fue soplar dos mecheros. Muy triste. Pero a la vez me daba igual.
De todas formas, acepto regalos de todo tipo, siempre y cuando sean caros. Tampoco acepto regalos útiles, nada de pijamas, calcetines ni prendas que pueda a usar a diario, a no ser, que encontréis mi tan ansiada camiseta de “Clockwork orange” con la silueta de los drugos. Los regalos cuanto más inútiles sean mejor. Pueden ser elementos decorativos, como una bola de cristal con rayos eléctricos que cuando pones la mano te salen más rayos. Aunque... pensándolo bien, puedo exceptuar algún regalo útil como puede ser un coche o un apartamento. También, en caso de no disponer en vuestras arcas un activo suficiente para realizarme el regalo, podéis brindarme vuestros favores sexuales, siempre y cuando sea una señorita “respetable”.
Y ahora, como primicia, ¡Voy a mostrarme en foto! Os voy a dejar con una imagen del eclipse proyectado sobre mi mano, característica por su sensualidad sin igual.
Seguramente el hecho de coincidir el fenómeno con la semana de mi cumpleaños es un buen presagio. Hasta pronto amigos. ¡Y comprended mi ironía! ¡Gracias a todos los que se acuerden y a los que no!
El rodaje está haciéndose intenso, me cuesta empezar, me noto en baja forma, tengo agujetas físicas y mentales. La reestructuración no es fácil pero todo sigue adelante. Normalmente el mes de septiembre empieza como el fin de todo, como la vuelta a la rutina, como el fin de las vacaciones, como la línea que delimita lo bueno de lo malo. Pero este año para mí es al revés, he dejado de trabajar y ahora encaro el futuro con ilusión.
En clase he cedido ante el problema del idioma, no quiero que sea una traba, no voy a emprender una cruzada en contra del sistema de educación. Ahora me integro y hablo con la gente en valenciano y escucho las clases sin tener pensamientos negativos. No quiero gastar energías en balde.
Como he dicho, todo va avanzando poco a poco. Por ejemplo, ya sé de qué va el latín, ya he pillado el truco de su sistema, ahora me queda lo más difícil que es aprendérmelo. Ya conozco a todos los profesores excepto a la de inglés que no volverá de viaje hasta principios de octubre. No tengo nada que destacar de ellos. Tan sólo los ojos tristes de la profesora de literatura. Expresan mucho esos ojos y su forma de hablar. Estoy seguro que detrás de ella se esconde muchísima poesía silenciosa que nunca ha visto la luz. El profesor de filosofía como no podía ser de otra forma es un personaje rocambolesco, por lo poco que lo he visto promete muchas disertaciones interesantes. El que menos me ha gustado de momento ha sido el de valenciano, simplemente porque me llamó la atención una vez porque una chica de clase había formulado una pregunta y yo le respondí. Me dijo que quién era yo para contestar y él era el profesor y tenía que responder él. Lo dijo con un aire de prepotencia que no me gustó nada. Otra a destacar es la profesora de latín, parece la típica profesora a la que todo el mundo le toma el pelo pero desprende un aura de bondad fuera de lo normal, parece muy freaky, es mayor pero está tintada de pelirroja y el primer día apareció con una camiseta del señor de los anillos. También me sorprende que antes de empezar las cases se pasase 20 minutos de reloj mirando sus fotocopias sin decir nada y nosotros esperando a ver cuando se decicidía a empezar la clase. Muy extraña. Aun así, se está portando muy bien conmigo ya que conoce que es mi primer año de latín y está repasando desde el principio. Todo un detalle. Una buenaza.
El instituto es el mismo que el año pasado. Todo el instituto desprende una sensación de suciedad, da la impresión de ser muy viejo y desgastado. Una auténtica mierda. Lo único bueno del instituto es que en vez de sonar una tradicional sirena cada hora suena un fragmento de canción. Y esta semana, para entrar en el nuevo curso, han acertado poniendo a Nirvana en la sirena, concretamente la canción Lithium. Con esa música siempre dan ganas de entrar a clase.
En las relaciones sociales tampoco he avanzado, de hecho habrán repetido más de cien veces la lista de clase y todavía no se me ha quedado el nombre de nadie. Tampoco quiero forzar nada, he hablado un poco con la gente, pero poco más, en la hora del descanso me bajo me apoyo en la pared y paso de integrarme en las conversaciones, si quisiese estaría con ellos comentando la actualidad futbolística o las proezas de Alonso, pero debo reconocer que estoy más bien solo pensando en mis cosas.
He aprovechado el fin de semana para hacer limpieza a fondo de mi habitación, estoy tirando todas las cosas que son inútiles, estoy sacando todo de los armarios y haciendo espacio nuevo, incluso he aprovechado para comprarme un escritorio más grande y hacer una jornada de bricomanía montándolo. En la tele y en las instrucciones todo parece facilísimo de montar, pero si te pones es un auténtico rompecabezas.
Lo que sucede a mi alrededor refleja más o menos como está mi interior. Estoy haciendo espacios nuevos dentro de mí, y quiero rodar al máximo. Siento que ahora no estoy muy ligero, incluso escribiendo me encuentro mucho más espeso y sin chispa, quizás sea el dolor de cabeza que tengo ahora, pero perdonadme, no puedo dar más de si.
Idiomas en los que se imparten las clases en mi el prestigioso instituto.
- Latín en valenciano. - Valenciano en valenciano. (Esto lo veo evidente) - Historia del arte en valenciano. - Historia contemporánea en valenciano. - Geografía en valenciano. - Filosofía en valenciano.
Sólo me queda por ver que las asignaturas de castellano, literatura e inglés las den en valenciano también ... entonces cojo la soga y ... los ahorco a todos.
En clase de geografía el profesor nos repartió un mapa de España con en nombre de las provincias, increíblemente el mapa estaba en castellano, entonces apareció una lerda paleta diciendo que quería poner las provincias que estaban en castellano en valenciano, hay algunas que no se llaman igual y ella preguntó al profesor como se traducían.
En Alemania, por ejemplo, no traducen nunca el nombre de los países, los escriben igual que en su idioma autóctono. Tampoco traducen el título de las películas y si tienen que decir “Spiderman” pronuncian “Espaidermen” y no se andan con tonterías. Respetan los nombres originales. Además la mayoría de películas las ven en versión original para aprender inglés y sobre todo ABRIR FRONTERAS.
Respeto a la gente que quiera estudiar en valenciano, así como respeto a los coprófagos, a los que coleccionan moscas disecadas o a los ermitaños. Cada cual puede hacer con su vida y su cuerpo lo que le da la gana. Pero que me impongan un dialecto regional para estudiar a Miguel Ángel, para estudiar la guerra civil española o para estudiar a Platón me parece un abuso y una falta de respeto al buen gusto y a la cultura. Debería ser optativo el valenciano, no al revés. ¿O es que quieren que yo me dedique a ser periodista hablando en valenciano y escribiendo para los prestigiosos periódicos de Carcaixet, Algemesí, Sollana o en el New York Times de Cullera?
¿Quién sería yo hablando valenciano cuando me desplace a más de 500 kilómetros?
IDIOMA UNIVERSAL YA (Y QUE NO SEA EL VALENCIANO).
Por cierto, en la mayoría de clases permanecí completamente solo, sentado marginalmente ya que todos se conocen entre ellos y nadie se atreve a sentarse a mi lado. Yo soy el nuevo al que miran con expectación cuando hablo, pero no hablo mucho, ahora me limito a observar, a analizar a la gente y si puede ser a mirarlos con mala cara. Tengo mala primera impresión si se puede llamar así, muchísima gente me ha confesado una vez me ha conocido bien que la primera impresión que les di es la de un loco asesino psicópata y que temía que cualquier día los mataría a todos. Lo peor es que no se equivocaban todo y de hecho, lo de loco lo siguen reafirmando cuando ya me conocen.
Ha habido una persona se ha sentado al lado de mí, me ha caído bien, se ha interesado por saber de donde soy y que hago allí. Era un tipo que iba de rojo, supongo que habrá sido enviado por el resto de la corte para averiguar quién soy y luego abr dado parte al resto de gentes. Lo he visto un tío legal, me ha dado ánimos con el latín ya que cuando comenté que era el primer año muchos dijeron “buah, pues la llevas clara” y el me dijo, “tranquilo, si le pillas el truco es fácil, lo dicen para asustarte”
Por motivos que no me da la gana explicar me he matriculado en segundo de bachiller, desde que me plantee todas aquellas dudas no hace ni dos semanas mi vida ha dado un vuelco. Me replanteé todo lo que quería hacer. Me di cuenta de que no me gustaba lo que hacía. Me di cuenta de muchas cosas. En realidad, cuando escribí la historia de la decisión no estaba pidiendo consejo, era más bien una llamada de socorro. Venía un tren dispuesto a arrollarme y yo permanecía quieto pero me he salvado a última hora. Bueno ... ¿Había dicho que no me daba la gana explicar los motivos?
Siento como una sombra en blanco y negro con mi imagen se desdobló de mi cuerpo e hizo su vida por separado. Hoy se inauguraba el nuevo centro comercial, el mismo día que empiezan las clases. El otro yo, el de la sombra, está ahora en el centro comercial, amargado, trabajando, pensando que eso sólo es una época de su vida y que podrá actuar más adelante. Pero el día menos pensado hubiese acabado comprándose un coche, pidiendo un préstamo y endeudado hasta las cejas sin poder dejarse el trabajo y pensando que en un futuro podrá hacer algo y no hacer nada. Pensando toda su vida que vale para algo y sin hacer nada.
El otro yo, el de colores, está ilusionado, creyendo que va a hacer algo de provecho, algo útil y que tiene la posibilidad de dar lo mejor de si para beneficio propio y desgracia de los demás.
¿Y qué es lo que hago ahora?
Empezaré diciendo que este blog no quería que se convirtiese en un diario personal, pero ahora es necesario escribir sobre lo que me ocurre, me da igual que ahora esto se vuelva aburrido, me da igual que a partir de ahora nadie me lea, este blog va a cambiar porque necesito expresar todo lo que me atormenta en estos días, necesito contarlo, lo hago para no envenenarme, para no acumular basura. Los que me conocéis sabéis que para mí son difíciles las relaciones sociales, y ahora, enfrentarme ante un nuevo curso con gente que no conozco de nada y nuevas situaciones supone una gran acumulación de vivencias e impresiones que deben salir por algún sitio si no quiero estresarme y agobiarme con el mundo que me rodea. Siempre he dicho que de esta forma la locura adquiere cierta cordura.
Ayer fue la presentación del curso, estaba muy ilusionado, tenía ganas de ver qué asignaturas me tocaban. Me informaron que en ese instituto le daban a cada uno las optativas que a ellos les daba la gana y más en el curso de nocturno. Salí de casa tarde como siempre a las siete menos veinte, tenía que llegar justito, y tuve que correr con el coche para ser puntual y llegar exactamente a las 7. Iba bien de tiempo, pero en el último tramo del camino se me puso delante una marujona cotorra que iba lentísima y yo ya no podía adelantar por ahí. Veía a la marujona gesticular con la mano con la copiloto y avanzando con toda la tranquilidad del mundo. Yo estaba furioso ¿Esa marujona no entendía que yo ya iba a llegar tarde el primer día? Estuve así un rato hasta que finalmente aparqué el coche justo las 19 en punto. Y a las 19:03 ya estaba dentro.
Había muchísima gente congregada en la puerta, empecé a mirar caras para ver si me resultaba alguna conocida. Todos ellos eran los matriculados en bachillerato, en primero y en segundo. Vi a gente de mi pueblo, los conocía de vista, habían ido a mi colegio, en caso de verme apurado en máxima soledad les hubiese hablado. Pero tampoco me preocupaba estar solo esperando. No me interesa lo que digan los demás. Pero de pronto alguien me llamó. Me giré y era un viejo conocido, era del grupito de gente con el que me juntaba hace 4 años cuando iba mucho por Tavernes. No me acordaba de su nombre, de hecho creo que nunca lo he recordado, nunca he tenido ninguna necesidad de recordarlo y mucho menos de llamarlo. Él tampoco parecía acordarse de mi nombre pero se acordaba de mí, me preguntó como me iba con la guitarra, yo le pregunté a él lo mismo. Me acuerdo de haber tocado la guitarra con él alguna vez. Pero lo recuerdo sobre todo porque por aquella época yo salía con una chica de aquella ciudad. Cuando lo dejé con ella este personaje le pidió de salir a los dos días de haber roto. El típico carroñero. Después apareció en escena otro personaje de la ciudad de los que conocía de vista para hablar con el carroñero. También hablaron de guitarras ¿Es que todos en ese pueblo tocan la guitarra? Este tiene una pinta de freak que no se la acaba. Antes siempre llevaba camisetas de Metallica, de Motorhead y grupos “heavys” (en comillas por que no me atrevo a catalogar a Metallica) por el estilo y ahora llevaba una camiseta de Camarón y sólo habló de su evolución con la guitarra en flamenco. También comentó que desde hacía 6 meses no se marcaba ningún punteo de AC/DC. Los cambios de gusto de la gente nunca dejan de sorprenderme.
Tanta prisa que me había dado para llegar puntual y hasta las siete y media no nos avisaron para entrar. No voy a escatimar en detalles. Nos metieron en el salón de actos y allí empezaron a hablar los tutores, lo típico; no se puede fumar en el instituto, la asistencia es obligatoria, y los mismos cuentos de siempre. Allí estaba yo rodeado de desconocidos. Empecé a sentirme mal, pero no era por la gente, era más bien por el ambiente que respiraba, había algo que podía conmigo, que me subyugaba. Todo el mundo hablaba en valenciano. Todos los profesores, todos los alumnos, en ese pueblo todo el mundo habla valenciano, son cerrados de pura cepa. Hasta yo mismo me encontré hablando valenciano y cuando yo hablo valenciano no me siento yo mismo, no me expreso bien, me falta el vocabulario que tengo en castellano, siento que me trabo, que me faltan decir cosas y no puedo expresarme tal como soy. No soy un hombre de valenciano, jamás entenderé eso de los idiomas regionales, ¿Las clases también las iban a implantar en valenciano? Si era así ya me podía preparar. Aunque pediré contestar en los exámenes en castellano. A mí no me puede obligar a hablar una lengua con la que no me identifico. Yo pienso, hablo, sueño, río y hasta cago en castellano. Cuando hablo en valenciano traduzco y no soy yo. Es imposible que la gente me conozca realmente si hablo en valenciano. No pueden alcanzar lo más profundo de mí porque yo no fluyo en ese idioma. Así que ya sabéis. Espero que la cosa cambie en clase, pero me temo lo peor, ahí son campesinos puros. Como dice un amigo, a estos cerrados de mente y de fronteras les falta dar las clases de literatura castellana en valenciano. No sé por qué se empeñan en cerrarse al mundo de esta forma. Es cavarse su propia tumba, es condenarse a la permanencia, el valenciano no es apto para una mente nómada como la mía. Lo odio. Dando las clases en valenciano los condenan a la eterna ignorancia exterior y al fracaso. Cualquier día, estos nacionalistas estúpidos pondrán una asignatura de recolectar arroz, una optativa para recolectar naranjas y otra asignatura de hacer paellas. ¿Es eso lo que quieren no?
Más tarde, una vez explicada toda la pesca me dieron el horario, pero aún no saben las optativas que nos darán a cada uno. Así que de momento acabaré de escribir. Me quedo corto pero no quiero extenderme y además tengo que irme a comer. Esta tarde tendré las clases normales, por lo tanto me envenenaré más y escribiré más.
Me levanté de la cama tambaleándome, me llevé la mano a la cabeza y resoplé. Había bebido demasiado la noche anterior y aún tenía el sabor del alcohol en mi boca. Salí de la habitación oscura y me dio de pleno la luz del mediodía que me molestaba más que a un vampiro. Crucé el pasillo encorvado y entré al cuarto de baño. Abrí el grifo del lavabo y me apoyé allí con los brazos extendidos mientras dejaba el agua correr. Miré el agua y me quedé pensativo. No me gustaba estar así, debía acabar con todos esos excesos nocturnos.
Me llevé el agua a la cara, estaba fresca, me reanimó y salí del coma profundo. Al alzar la vista me encontré en el espejo. ¿Ese era yo? Tenía un aspecto rescacoso, pero vi a otro yo. Vi a un Fredy diferente, un Fredy que sabía lo qué quería. Me vi diferente. Estaba orgulloso de mí. Me agradaba lo que veía, no me avergonzaba lo que era, de haber sido mujer hubiese dicho que me gustaba ser mujer. Me gustaba tal como era. Fredy en toda su plenitud.
- Bien, Fredy, Bien – me dije.- No te has convertido en una víctima del tiempo.
Era lo que yo quería ser y por una vez en mi vida me gusté.
¿Qué hacer? Esa era la pregunta. Necesitaba a alguien, que no fuese yo, que creyese en mí. Necesitaba escuchar al público decirme que siguiese adelante.
Estaba en el tendido de un coliseo romano vestido de gladiador y preguntándole al César si ejecutaba al rival. La gente gritaba enloquecida “¡Mátalo! ¡Mátalo!”, veía sus rostros llenos de ira, con ganas de ver la sangre derramarse. El Cesar asintió y yo, sin dudarlo, alcé mi espada para clavársela a mi rival en el corazón.
Lunes por la mañana. El tiempo para tomar la decisión expiró. Llamé por teléfono a la empresa.
- Oye, ya lo he pensado.- dije. - ¿Y qué? ¿Te interesa? - Sí, pero quiero que me paguéis la gasolina. Son más de 30 kilómetros, en total casi 70 kilómetros al día, se me irá mucho dinero. - En el convenio no entran dietas de transporte. - ¿No? Tengo entendido que a partir de 30 kilómetros están obligados. - No, en este convenio no.- Se hizo un gran silencio muy tenso, sabía que me engañaban y que eran unos ratas-. Bueno, ¿Te sigue interesando? - Sí. – La decisión estaba tomada antes de saber lo de la gasolina, eso era solo por probar. - Vale, pues te mantendré informado y te diré que día firmarás el contrato. Hasta pronto.
Había que complacer al César y al respetable.
Una Gibson Less Paul sería para mí. Un piso compartido, independencia. Todo eso a cambio de caminar por un pozo hacia la perdición. No estaba mal. Conocía a gente que había vendido su alma al diablo por mucho menos. Si clavaba la espada a aquel pobre imbécil la gente vitorearía mi nombre, alcanzaría la fama, ganaría prestigio, me podría convertir en un gran gladiador y algún día salir de ese mundo por la puerta grande para codearme con la clase alta, podría incluso hacerme entrenador de gladiadores y ser un hombre respetable en Roma. Todo estaba a favor. Pero eso sí, todo tenía que salirme bien. Perder una sola batalla era la muerte. Ganar siempre o morir.
Todo estaba a favor. Aceptaría el trabajo. Esa misma tarde, después de aceptar, me dirigí a buscar piso con un amigo. El piso era amplio, tres habitaciones, 400 euros al mes, cerca de la playa, piscina, pista de tenis, tranquilidad asegurada. Lo alquilaríamos entre 3 personas, perfecto.
Después de salir de allí, pensé; ya que he aceptado el trabajo, ¿Qué tal si voy al nuevo centro comercial al que me van a destinar? Me interesaba mucho ver mi nuevo puesto de trabajo. Se inauguraría el día 20 de este mes. El centro comercial estaba a unos 33 kilómetros de donde yo estaba. Jamás había ido a esa ciudad, pero sabía por donde se iba. Cuando me di cuenta ya estaba rumbo a aquel lugar. ¿Cómo sería?
Tardé unos cuarenta minutos en llegar. La carretera era una mierda. Me daba miedo recorrer todos los días esa carretera. Seguro que algún día tendría algún accidente, viendo el estado de esa carretera no se podía pensar otra cosa. Un punto en contra más. El centro comercial aún estaba rodeado de vallas de obras, todavía habían máquinas, camiones, albañiles ¿Eso lo tenían que inaugurar en 12 días?
Habían guardias de seguridad vigilando las entradas. Lo único que quería ver era el stand, quería ver como era de grande, si habían sillas, si estaba la conexión a internet. ¿Cómo entraría? - Hay guardias de seguridad.- le dije a Alvariño. - Ya, de todas formas... ¿ahora no habrá nada todavía no? - No sé, yo creo que sí, con ver el espacio y como es me es suficiente. ¿Intentamos entrar? - Si quieres... - Si me lo propongo entro.
Nos dirigimos a una de las puertas. Allí había un guardia de seguridad vigilando. Yo aún iba con el uniforme del trabajo. Es decir, que imponía. Pensé que el secreto para entrar era aparentar seriedad, que no nos tomasen por unos curiosos, para ello, en vez de preguntar había que ordenar. Le dije al guardia de seguridad:
- ¿Me puedes decir donde están los stands de telefonía.- El guardia de seguridad tenía aspecto de paleto pueblerino del interior de la comarca, de estos que no saben ni hablar castellano. Me miró de arriba abajo. - Tienes que entrar por aquí y allí en el fondo hacia la derecha está lo de telefonía. – Me dijo al ver que yo iba decidido.- Pero antes. ¿Me dices tu nombre? - Fredy tal y cual. - ¿Y el DNI?
Me inventé uno.
Entramos por allí, pero esa era la parte exterior del hipermercado, era la zona donde estaban colocadas las tiendas, no era dentro del centro, que es donde tenía que estar yo. La puerta para acceder al hipermercado estaba cerrada y vigilada por una gorda. Le dije.
- ¿Por dónde tengo que entrar aquí? - Por aquí no se entra, tienes que dar la vuelta al recinto y entrar por la zona de carga y descarga.
Eso parecía un juego de rol. Como colarse en un supermercado cerrado y no morir en el intento. Dimos toda la vuelta al centro. Y había otro vigilante de seguridad en la puerta de carga y descarga.
- Perdone, tengo que entrar dentro para ver el stand de telefonía de Vodafone. ¿Dónde está? Este guardia también me miró de arriba abajo, pero vió mi uniforme y parecía de fiar. Alvariño no llevaba uniforme, pero iba conmigo y era mi ayudante. - Pues está por allí dentro, pero antes tengo que avisar al jefe de la sección de Electro. Espera un segundo.
Llamó por teléfono al jefe de sección y apareció a los pocos minutos.
- Hola. ¿Qué tal? - Bien, he venido a ver el stand de telefonía, para supervisar como va todo, me han enviado desde la empresa. - Ah, muy bien. Ven conmigo.
Nos adentramos hacia el hipermercado, por la sección de electro, todo estaba preparado y a punto para el estreno. No tenía nada que ver con todo lo que se veía por fuera. Las teles ya estaban colocadas, todo estaba en las estanterías. Estaba todo a punto.
- Como ves – dijo- todo ya está a punto. Ya hemos colocado todo. El stand de telefonía también está colocado. Ya tenemos hasta los teléfonos en el stock.
Yo lo miraba pensando ¿Cómo puede ser tan idiota? Se creía que yo soy un pez gordo de la empresa y sólo era un cotilla que estaba allí para husmear. Y me explicaba entusiasmado lo que estaban haciendo con las nuevas instalaciones. Se notaba que era un jefe recién ascendido e ilusionado.
Me llevó hasta el estand. Era el estand más pequeño que había visto en mi vida, encima era un solo espacio para compartirlo también con movistar. Una auténtica ratonera para humanos. Sin espacio para moverse. Ahí dentro no podría desarrollar mis dotes como bailaor de reaggeton ni nada. No había ni silla. Tendría que estar todo el puto día de pie. Y lo más importante....
- ¿Está la línea ADSL instalada? - Sí, ese tuvo que hay ahí es para eso. - Bueno, parece que todo está correcto. Tenía que ver más que nada como estaba todo para aportar alguna idea. - Cualquier idea que usted pueda aportar será bien recibida. Estamos abiertos a propuestas.
¿Cómo se podía ser tan incompetente? Ese estand era una puta mierda y aquel hombre un idiota.
Acabaría con el sufrimiento de aquel idiota, y con el mío propio. Matarlo era lo que procedía. Pero ¿A quién iba a matar? De pronto el gladiador que estaba en el suelo se quitó la máscara. Al ver su cara no podía creérmelo ¿Cómo podía ser posible? ¿Por qué ese hombre tenía mi cara?
La vuelta en coche fue muy pesada. Había algo que no me gustaba. Sentía que aquel lugar me sentenciaría a muerte. Lo sabía e iba a aceptar el trabajo.
¿A quién iba a matar? ¡Era yo! Yo no podía hacer eso. No quería sacrificarme. No quería suicidarme.
No pude dormir en toda la noche. El público me pedía algo que yo no podía hacer. No puedo matar a nadie.
Miércoles por la mañana.
- Hola, llamo respecto al contrato que me ofrecisteis. - ¿Qué pasa? - No me interesa. Tengo prioridad por otras cosas. - De acuerdo, lo comentaré.
Saludé a la grada con un corte de manga muy cortés y abandoné el tendido. Igual me comen los leones, igual me jode la vida, pero yo no me voy a vender por nada. Al menos algún día podré decir que “Una vez tuve una vida, no era fácil, pero era mía”.
- ¿Quedamos? - No, no me apetece. - ¿No? ¿Cómo es eso? - Pues como que no. No me apetece y ya está, no hay más explicación. - Joer.. Bueno... pues vale. - Adiós.
Es de esas tardes que no te apetece ver a nadie, lo único que quieres es estar solo, disfrutar plenamente de tu soledad, estar leyendo, tirado en la cama, o ver una película o estar en el ordenador. Cualquier cosa, pero tranquilo, en casa y sólo. ¿No es difícil de entender no?
A las dos horas me llama el mismo personaje al telefonillo de mi casa.
- ¿Quién es? - YEEE ¿Bajas o qué? - No. - ¿Por qué no? - Porque no. - Bueno... pues subimos un rato, que voy con fulano. - NO no... que estoy ocupado. - ¿¿Ocupado?? ¿Qué pasa que te la estás cascando? - Sí. Ale. Adiós.
Y cuelgo el telefonillo.
Al instante sube mi madre y me dice:
- Oye, he visto a tus amigos ahí bajo. ¿Cómo que no sales con ellos? - Pues porque no me apetece ¿Es tan raro o qué? - ¿Y por qué no les dejas subir? - Porque me apetece estar solo. - Yo no te he educado así. Eres una mala persona. ¿Cómo no dejas subir a alguien que ha venido a por ti? - Joder, porque no me apetece, estoy a gusto solo, no tengo ganas de ver a nadie, yo no les he dicho que vinieran, es más, me han llamado antes y les he dicho que no quería salir. ¿Qué pasa algo? ¡Me vais a hacer sentir culpable y todo por hacer lo que me da la gana! - Pero eso está muy feo. - ¿Feo el qué? ¿No salir si no tienes ganas de salir? ¿Decir que no suban si no tienes ganas de que te visite nadie? ¿Eso es feo? A mí no me caen mal, además, no querían nada, si hubiesen querido algo ya es otra cosa. - Pero eso no es forma de comportarse, eres un egoísta. - ¿Pero por qué? ¿Te imaginas que bajo? Ahora estaría sin ganas dando vueltas por ahí y hablando sin tener ganas de hablar mientras pienso en otras cosas. O imagina que suben, eso que dicen que suben para 5 minutos y acaban más de 3 horas ahí y tu sin poderte ir a ninguna parte. - Pero dejar subir a una persona no te cuesta nada. Me avergüenzo de ti. ¿Cómo puedes ser así? Yo no sé a quién te pareces, yo nunca te he enseñado eso. - ¿Sabes que te pasa? ¡Que en el fondo me tienes envidia! ¡Tu más de un millón de veces has tenido que hacer las cosas por compromiso y sin ninguna gana! - Eso no es así. - Sabes que tengo razón. - Estás loco - Claro. ¡Todo se soluciona así! ¡Estoy loco! ¡Soy mala persona! ¿Qué fácil no?
Noche de los inocentes, 16 años, desesperado por vivir la experiencia y la emoción del primer beso, por saber lo que era el tacto de unos labios en los míos....
Salí con mi primo, mi prima y su novio de entonces, ese día probé también las delicias de un malibú con piña, me invitaron a una copa detrás de otra. Estábamos bastante cargaditos.
Vi a mi amiga G. en el local de moda de entonces que se llamaba Piropo. Saludos, abrazos, cuánto tiempo. - Mira F., te presento a unas amigas. Me presentó a ciento y la madre, toda una manada de chicas provinentes de Favara. Risas falsas, saludos, qué tal, encantado, etc etc. Demasiada gente junta me habían presentado. Invité a G. A tomar algo, demasiado tiempo sin vernos.
Ya en la barra le pasé su correspondiente chupito, entonces ya había perdido a mi primo y no sabía donde estaba. Nos bebimos los chupitos y permanecimos allí, con una música patética de fondo. Detrás de nosotros estaba todo el ejercito favarero mirándonos. Me sentí incómodo y observado, para distender la situación me alejé de mi amiga, me puse por casualidad al lado de una chica de las que me acababan de presentar, había un buen ambiente, buen rollo, gente bailando, la chica que estaba a mi lado habló conmigo, yo la cogí por la cintura con intenciones amistosas y nos movimos un poco con la música entre risas y el pedo que llevaba yo. Oteé el local en busca de mi primo, seguía cogido de ella, yo giraba la cabeza de un lugar a otro y no veía nada. En el momento que miraba por detrás de su cabeza a ver si estaba detrás de ella... ella se pensaría que la miraba a ella con deseo o algo y se abalanzó sobre mí, sobre mis labios, y empezó a devorarme y yo estaba completamente aturdido, sin reaccionar, sin moverme nada, por dentro me estaba preguntando... ¿Qué coño está pasando aquí? ¿Me estoy liando con ella? Entonces ya fui consciente de lo que estaba pasando, aquello que tenía ganas de que pasara y seguí el juego muy amablemente.
Así un minuto, dos, tres, cinco, un cuarto de hora. Arrinconados en ese pilar en esa pared de ese local de niñatos y pijos.
En ese tiempo le dio a mi primo a volver y verme, hubo un momento que levanté la vista para ver quién había y me lo vi a él mirándome llevándose la mano a la cabeza con la boca abierta señalándome, riéndose sorprendido.
Dios santo, pensaba hacia mis adentros. Qué fuerte. Interrumpieron la situación sus amigas, propusieron irse con no sé quién a su piso. Ella no me preguntó si me iba con ella, directamente me dijo vente conmigo.
Cuando íbamos por la calle no sé hacia donde seguíamos enganchados, en los portales, en las farolas, en todos los sitios parábamos a besarnos como en la canción de Sabina. Hubo un momento en el que ella le dijo a su amiga, "cronometra". Y me cogió y empezó a besarme, para no parar en un buen rato, la amiga no cronometró, evidentemente.
De pronto quise decirle algo, iba a preguntarle a dónde íbamos y enseguida me asaltó una gran duda. ¿Cómo se llamaba? Entonces me callé, la seguí besando e intentando recordar al mismo tiempo.
Mientras tanto yo pensaba, coño, si me la han presentado hace un rato, ¿Cómo me había dicho que se llamaba? Y yo seguía dándome el lote con ella, intentando hacer memoria, seguro que hasta mi ceja derecha se arqueó mientras la besaba y cuando abría los ojos miraba hacia el cielo en ese gesto que se hace mientras estas intentando recordar algo.
Entonces se hizo la luz. - Oye Carol, ¡Date prisa! - le dijo una amiga. ¡Bien!, Ya sabía el nombre de la primera chica con la que me había besado.
Aparecimos en un piso, subiendo al piso seguíamos besándonos. Una vez arriba yo me senté en un sillón, ella desapareció, se fue a una habitación, por lo visto también andaba un poco mal. Estuve hablando con la gente del piso, conocía a unos cuantos, se dieron cuenta de mi estado. Ellos de broma me decían que me fuese a la habitación con ella, que no había ningún problema. Yo les reía las gracias, pero no me hacían ninguna. Me giraba para mirar al pasillo a ver si volvía, la vi aparecer, pero de pronto volvió a la habitación. Pensé en mi primo, ¿Dónde estaría? Pero sobre todo pensaba. ¿Qué estaba haciendo yo allí rodeado de esa gente que apenas conocía?
Me fui de aquel piso sin despedirme de Carolina, esa chica que marcó un poco mi historia, pero que no significó nada. Desde luego siempre pensé en cómo sería mi primer beso y jamás me imaginé que iba a ser algo tan poco romántico, tan vulgar, tan poco emotivo y tan insignificante.
Llega cierto momento que uno no sabe ni para qué cojones ha nacido. ¿He nacido para vender teléfonos? ¿Mi vida va a centrarse sólo en vender teléfonos?
En septiembre me tengo que reincorporar de nuevo al curso de informática, sólo el hecho de pensar que tengo que volver a aprender cosas que no me interesan me estremezco del asco, ya no me interesan los ordenadores, y aun así, en caso de sacar este último curso... ¿Mi vida va a centrarse sólo en arreglar ordenadores? O si trabajo de administrativo ¿Mi vida va a dedicarse a hacer cuentas? Os digo bien en serio, que antes ofrezco mi vida en sacrificio
Odio la mierda de vida. No me gusta nada. Ni tengo ilusión por nada. Ahora no trabajo por dinero, trabajo para creer que hago algo útil, para engañarme a mí mismo.
Escribiendo me libero, pero sólo escribo mierdas y bodrios, nunca me ganaré la vida con eso. Nunca aprenderé a tocar la guitarra como dios manda, nunca cantaré como Freddie Mercury, “nunca seremos estrellas del rock” (así se titula un libro de Jordi Sierra i Fabra), ni siquiera llegaremos a ser rockeros. Ni siquiera lo intento.
No sé qué hacer con mi vida. Hace unos meses creía tenerlo claro. Pero ahora confundo todo. Mañana publicaré una cosa que escribí con 18 años, os sorprenderéis. Tengo algo dentro de mí y no sé qué es. No encuentro mi historia personal y lo peor es creer que valgo para algo pero no sé para qué. Llega cierto momento que uno no sabe ni para qué cojones ha nacido.
Si al menos pudiese hacer lo que me diese la gana...
¿Qué haría si fuese millonario? Montaría un grupo, tocaríamos juntos, compondríamos canciones sobre lo duro que es ser famoso, millonario y que las mujeres sólo te quieran por el dinero y no por la sensibilidad que hay en tu corazón. Pintaría cuadros, dibujaría mucho. Tendría una biblioteca inmensa con los grandes clásicos de la literatura universal. Tendría mil cosas, pero sobre todo haría. Viajaría por todo el mundo.
Sé que con esto no aporto nada al mundo, sé que todos los escritores del último siglo han estado lamentando su existencia y hablando de su ombligo. Encima esto parece que se haya convertido en un diario personal, no quería que este blog se convirtiese como en muchos otros. Ni siquiera soy un gilipollas original.
¿Para qué cojones he nacido? ¿Para vender teléfonos? Antes me ahorco. El mundo no se quedará incomunicado con mi ausencia.
En un día puedo vender hasta 25 o 30 teléfonos, todo números distintos y todos a personas distintas aunque, eso sí, todas digan lo mismo, preguntan lo mismo e incluso todos parecen tener la misma voz estúpida.
Hoy ha venido un engendro humano que compró un teléfono ayer preguntándome gilipolleces sobre los mensajes multimedia. Al encender su teléfono me ha venido a la cabeza su número pin que le puse el día anterior, le pregunto si su número pin es el 9998 y el tío me dice
- Joder macho, qué cabeza tienes.
Al escuchar eso me he regocijado en mi vanidad pensando en lo inteligente que soy.
Más tarde he ido al cajero automático porque necesitaba dinero para tomar café, mientras caminaba seguía pensando en la extraordinaria memoria que tenía y en lo increíblemente sorprendido que se habrá quedado el engendro del teléfono, no encontraba ninguna explicación a como Dios podía haber creado a un ser tan excepcional y con tanta memoria como la mía. Yo mismo estaba sorprendido de mi propia capacidad intelectual.
Siempre he tenido mala memoria, pero tras un suceso como el de hoy he empezado a pensar que estaba eliminando ese defecto. Desde siempre los tests de inteligencia me han salido altos, pero cuando salía un gráfico con todas las capacidades, todas salían altas salvo la memoria, que se colocaba aproximadamente en el 25% de la mediana.
Al llegar al cajero he puesto la Visa, he puesto el número, he intentado sacar dinero y me ha salido en pantalla: PIN ERRÓNEO.
No me acordaba del número pin de mi tarjeta que llevo utilizando con frecuencia desde hace más de 5 años, he llamado a casa para que buscaran en un cajón donde tengo apuntadas todas esas cosas para que me dijeran el número.
Tras conseguir sacar los 20 euros del cajero me he ido a la cafetería a seguir pensando en lo extraordinario que soy, me había acordado de un pin del día anterior y rebosaba de felicidad por ello. Todavía no había asociado el hecho de haberme acordado de un pin del día anterior con el de no acordarme del pin que llevo utilizando 5 años ya que mi estupidez es ilimitada. Estaba sumergido en mis delirios de grandeza imaginandome ganador en competiciones de concursos de memoria.
Pasado un rato en las nubes tomándome un café me he ido de la cafetería.
Dos horas después, tras una exploración rutinaria de mis bolsillos, he descubierto que todavía figuraban en mi poder los 20 Euros que había sacado, con los cuales tenía que pagar el café entre otras cosas. También me había olvidado de pagar en la cafetería.
Volví a la cafetería a pagar porque me conocen y es cuando me he asumido que mi memoria no ha mejorado en absoluto. Lo del pin ha sido sólo un espejismo y la memoria sigue brillando en mí por su ausencia.
En mi ciudad no hay una sola librería en condiciones. Existen kioscos, dónde se venden millones de revistas del corazón y periódicos sobre todo deportivos. También existen kioscos en los que puedes encargar un libro y, con mucha suerte, a la siguiente semana te llega, o al cabo de un mes. O también está el centro comercial de turno donde puedes encontrar “Los tacones de Leticia” de Jaime Peñafiel y poco más.
Vivimos en un pueblo de las altas montañas de Teruel en lo que libros se refiere, es como si llegase el correo cada semana, o hay que desplazarse 30 kilómetros a la ciudad más próxima para comprar cosas que no sean víveres, salvo con la pequeña diferencia que esta es una ciudad costera de 25.000 habitantes y en verano se meten aquí 350.000 personas. 350.000 personas que son suministradas con agua, electricidad, alimentos, pero sin librerías, tienen que leerse la mierda de revistas del corazón, o los libros baratos de bolsillo que regalan de suplemento en algún periódico.
Cansados de esta situación, un amigo y yo decidimos salir a la calle con la esperanza de encontrar una librería y decidimos preguntarle a toda la gente con pinta de turista si conocía dónde había una librería en la ciudad. Todo ello para dejar en evidencia al turista y a la propia ciudad en la que vivi con la intención de difundir una realidad que jamás nadie se ha planteado, entre otras cosas, porque no tienen el más mínimo interés por los libros.
Así que vimos a nuestra primera víctima
- Perdone señora ¿Es usted de aquí? - Sí – Mentía, son de esos que llevan veinte años veraneando aquí y se piensan que ya son de aquí. - ¿Me puede indicar dónde hay una librería? - Pues.... la verdad, no conozco ninguna. - Bueno... pues seguiremos buscando. Gracias.
Nuestra segunda víctima
- ¿Me puede decir dónde hay una librería? - ¿Librería? – Se queda pensando como si no supiera de qué hablábamos, se gira y nos señala con el dedo – Ves por ahí y encontrarás un sitio dónde venden libritos chiquititos, de estos en miniatura, que son así – Haciendo el gesto con la mano, como si fuesen una caja de cerillas. - Señora, yo es que estoy buscando libros de Ernest Hemingway. - Bueno, pues no sé, pregunta por ahí, adiós.
Así preguntamos a bastante gente, es lo que hace el aburrimiento de un Domingo por la tarde sin fútbol. Mi amigo, cansado de la situación que estábamos provocando sin ningún fin útil, me dijo: “Ahora verás”, se acercó a un grupo de hombres sentados en un banco justo delante de la playa en el que disfrutaban de la brisa del mar y les dice:
- Perdonen ¿Son de aquí? - Sí - ¿Me podría decir donde hay algún puticlub por aquí? - ¿Qué? - ¿Me podría decir dónde hay un puticlub por aquí? ¿Un burdel? ¿Un club de alterne? El hombre se quedó sorprendido por la repentina pregunta, yo también. Tuve que aguantarme la risa. - No lo sé, la verdad. - ¿No? - Antes sí que habían, pero ahora no lo sé.
A todo esto el hombre iba acompañado por otro hombre y dos mujeres, posiblemente sus esposas. La risa la tuve que contener, para poderla descargar mucho después. La gran pregunta era. ¿Y como sabe que antes habían y ahora no?
Conclusión final: Aquí ni se lee ni se folla.
Próximo objetivo: Averiguar un servidor de internet donde pueda alojar archivos de voz, luego llamar a información turística de mi ciudad y preguntar por librerías, cuando empiece a decirme los nombres de los kioscos playeros, le diré que yo quiero buscar mejores libros y le montaré un pollo. Y todo eso colgarlo aquí. ¿Alguien me ayuda?