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11/12/2006

Diario de un exiliado. Capítulo 7. El nuevo inquilino

Os presento a mi nuevo compañero de piso:

 



El rastafari lo trajo la semana pasada y ni si quiera se molestó en preguntar a los demás si podía traer a un perro, ¿para qué? Aquí parece que todo el mundo hace lo que le sale de la polla y no les importa si están molestando a otro.
Al principio era muy agradable verlo, era tan pequeñito y gracioso... yo no paraba de jugar con él, iba a ser mi nuevo amiguito. Estuvo conmigo todo el día y se acurrucaba a mí lado cuando yo leía. De hecho, cuando el rastafari volvió a casa no quiso despegarse de mí cuando lo llamaba. En unas horas ya me quería más a mí que a él, es normal.
Pero luego, durante el transcurso de la tarde, comenzó a mearse por toda la casa. La gota que colmó el vaso fue cuando sentí una presencia pestilente en mi habitación y hallé una tremenda mierda debajo de mi cama. Entonces me enemisté con él. Decidí echarlo de mi habitación. El rastafari me lo había dejado al cuidado y a partir de entonces pasé del chucho. Pero los perros son inteligentes y rencorosos, y este estaba maquinando una venganza contra mí. Cuando salí de la habitación descubrí otra mierda enorme encima del sofá y el perro me miraba como si me ofreciera un regalo de Navidad. Yo ya estaba histérico.

Llevamos una semana así y yo ya estoy cansado de limpiar sus mierdas. El rastafari no lo cuida y siempre me lo deja cuando se va. He limpiado más mierdas y meados que su propio dueño. El perro no tiene culpa de nada, el perro necesita cagar, lo que pasa es que el rastafari tan sólo lo saca a pasear una vez a la semana. Los perros necesitan salir a la calle para que corran y huelan los culos de otros perros. Yo estoy harto de que en esta casa se me considere un pringado. Algún día, cuando todos duerman, incendiaré el piso y me largaré.
Lunes, 11 de Diciembre de 2006 19:29 #. Tema: Diario de exilio Hay 18 comentarios.

14/12/2006

Tirarse por el balcón

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- ¿Bajamos?

- Prefiero hacerme otra.
- ¿Qué otra?
- Toma mi chaqueta.
- Gracias.
- ¿No tienes frío?
- No, hace calor.
- ¿Y por qué yo tengo frío?
- Para gustos los colores.
- Pero tener frío no se escoge.
- El sabor del queso tampoco.
- ¿Y el sabor de la mierda?
- ¿Te refieres al sabor de boca que tengo cuando no como?
- ¿Y qué ocurre con el agua?
- El agua es insípida, el agua baja, sube, desaparece, se congela, pemanece.
- Pero nunca nos bañaremos dos veces en el mismo agua.
- Aquí no hay quien se hunda.
- Tira todo el aire… ¿Qué pasa? ¿No te gusta mi chaqueta?
- ¿Qué no te gusta mi mierda?
- Siempre estamos con los gustos, a mí me gusta hablar de otras cosas.
- Yo tuve un hijo.
- ¿Y qué es nacer?
- ¿Bajamos?
Jueves, 14 de Diciembre de 2006 23:18 #. Tema: Relatos Hay 11 comentarios.

21/12/2006

Elogios

Imposible defendernos de un adulador. No podemos darle la razón sin hacer el ridículo; tampoco increparle y enviarle a paseo. No tenemos más remedio que comportarnos con él como si dijera la verdad, dejarnos incensar a falta de saber cómo reaccionar. Él cree que consigue engañarnos, que nos domina, y saborea su triunfo sin que podamos desengañarle. Con frecuencia se trata de un futuro enemigo que se vengará un día de haberse rebajado ante nosotros, un agresor disfrazado que planea sus golpes mientras pronuncia sus hipérboles.
(E.M. Ciorán)


    Últimamente recibo demasiados elogios. Mucha gente me felicita por unos artículos que escribí para una revista. Algunos, cada vez que me ven, me recuerdan que les encantan los relatos que leo en clase de diseño de personajes. Al principio, cuando me decían eso, me subía el ego, me hacía sentirme satisfecho con mi trabajo y me animaba a escribir más. Pero cada vez me siento más presionado. A medida que aumenta esa expectación por leer lo que escribo me siento más inseguro. Tengo miedo de defraudarles.
    Ahora, cuando escribo, siento el peso de sus miradas y veo que no soy tan libre como antes. Parece que siempre tenga que escribir textos de calidad y esperan que cada vez que lo haga sea para hacerles reír y pensar a la vez. Yo no puedo cargar con eso; también quiero escribir textos malos, sin sentido, decir cosas incoherentes, provocar a los lectores... y es que no hay algo tan incómodo para uno que los elogios. Pensarán que digo una tontería, pero prefiero mil veces antes que me insulten a que me adulen. Me gustaría que los lectores me encuentren errores, que me corrijan. Quiero que me lean profesionales y me digan cómo puedo mejorar lo que hago. No quiero creerme los elogios de gente que igual no tiene sentido crítico.
    Parece ser que soy el único que piensa que todo lo que escribo está plagado de fallos y le falta profundidad. Mi objetivo es que algún día me lean y se olviden de que están leyendo, quiero que sientan como propios los pensamientos que intento transmitir y para eso, créanme, todavía queda mucho.
Jueves, 21 de Diciembre de 2006 18:27 #. Tema: Divagaciones Hay 6 comentarios.

27/12/2006

Café tocado

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Trabajaba de botones en un hotel de cuatro estrellas junto al mar. Era un buen curro. Recuerdo que el primer día, sin saber nada, conseguí 30 euros de propina. Cuando llegué nadie me explicó qué debía hacer. Así que me puse el uniforme, el cual se componía de un pantalón, una camisa y una corbata, y pregunté al de recepción qué tenía que hacer. En ese momento entró al hotel una pareja mayor. El chico de recepción me dijo que les llevase las maletas. Me dirigí a ellos y les cogí el equipaje. Ellos hicieron el checkin y me miraron como esperando a que yo les acompañase. Yo todavía no sabía ni por dónde se iba las habitaciones. Entonces les dije que era mi primer día y que todavía no conocía nada del hotel. Los clientes, que poseían un gran instinto paternal, comenzaron a ayudarme. En el ascensor me explicaron que la primera cifra del número de habitación indicaba la planta. Todo eso era nuevo para mí, yo estaba trabajando en un hotel y nunca en mi vida había estado alojado en uno. Al llegar a la habitación dejé las maletas y les dije: “Ahora les explicaría cómo funciona todo, pero es la primera vez que entro en una habitación del hotel”. En vez de enfadarse por la ineficacia que mostré les hice gracia, me dijeron que ya aprendería, que no me preocupase, y me desearon mucha suerte en mi nuevo trabajo. Cuando iba a salir por la puerta el hombre me llamó y se acercó. “Toma, tu primera propina”. Y me dio 3 euros. Entonces comprendí que ese trabajo era un chollo, que me darían dinero simplemente por llevar maletas y encima tendría una paga a final de mes.

Descubrí que el hecho de decirles a los clientes que era mi primer día de trabajo les hacía ser más generosos con las propinas. Así que estuve al menos durante dos semanas diciendo a todos los que llegaban que era mi primer día de trabajo. Instantáneamente me daban una propina muy sustancial. Incluso cuando tenía que llevar una toalla a una habitación me daban propina. Era el trabajo más agradecido del mundo. Cada vez que hacía un movimiento me daban propina, y si no lo hacían quedaban como unos agarrados hijos de puta.

Una vez, a una japonesa se le había roto el cierre de la cremallera de su maleta y me dijo si podía hacer algo por arreglarla. Entonces avisé al chico de mantenimiento, el cual tenía fama de ser un vago, y le comenté el problema. Él vino enseguida y lo arregló en cuestión de segundos. La japonesa, muy agradecida con el trabajo del chico, le dio 10 euros. Entonces me vio a mí, que tan sólo estaba mirando cómo lo reparaba y sacó otro billete de 10 y me lo dio. ¡Me acababa de dar dinero simplemente estar mirando cómo reparan algo! Sí, sí, desde luego este era mi trabajo.

Pero ningún trabajo es perfecto. En los hoteles los botones son los chicos que sirven para cualquier cosa. En principio sirven para llevar maletas, pero también nos hacían tramitar las reservas de habitaciones, coger el teléfono, enviar fáxes, llevar papeles de un lado a otro, hacer facturas. Hacíamos cualquier cosa que se pueda imaginar, incluso más de una vez nos tocaba hacer camas. Pero había algo que odiaba con toda mi alma, lo que más me repateaba era tener que llevar cafés al despacho de la directora. Era el trabajo más indignante que puede hacer un ser humano. Simplemente por el hecho de estar por debajo en la jerarquía de poder tenía derecho a pedirme que le subiera un café tocado de ron Negrita. Le llevaba cafés al menos tres o cuatro veces al día. Sin duda alguna ella tenía un problema con el alcohol. Normalmente, ella se estacaba una botella de vino para comer y cuando le llevaba el último café del día me invitaba a sentarme. Le gustaba conversar conmigo, aunque más que una conversación era un monólogo repetitivo de su vida. Todos los días la misma historia. Me contaba cómo empezó trabajando en los hoteles desde lo más bajo y ahora había llegado a lo más alto gracias a su esfuerzo personal. Me contaba qué compaginó el trabajo con los estudios de psicología, aunque de psicóloga tenía poco, ya que se le notaba que todas sus sonrisas eran falsas, que era manipuladora y que, además, fingía un falso interés por la gente. Cuando ella soltaba su discurso siempre me preguntaba después qué quería ser de mayor, qué estudiaba, si estaba bien en el trabajo, si tenía alguna sugerencia para mejorar el hotel. Todo eso día tras día, como si de un día para otro fuese a cambiar mi opinión. Despreciaba profundamente a esa gente que cada vez que te ve se interesa sin interés por tu vida. Te preguntan qué estás haciendo y tú mismo recuerdas que eso te lo preguntó la semana anterior pero no se acuerda porque, en realidad, les importa una mierda lo que estás haciendo.

Un día, la directora me llamó para que le llevase un ron con Negrita. Fui al bar, se lo pedí al camarero y me fui a su despacho. Ya estaba harto de que ella no fuese capaz de ir a por su puto café, como si tuviese algo importante que hacer, cuando en realidad lo único que hacía era navegar por internet y escuchar música. Llevando el café perdía un valiosísimo tiempo en el que podría estar ganando propinas. Cuando subí las escaleras miré el café. Estaba hasta los cojones de ella. Pensé varias veces si hacerlo o no. Miré alrededor y no vi a nadie. Entonces escupí dentro de la taza. Pero la mala fortuna hizo que se quedarse la saliva flotando como si fuese la espuma un café capuchino. Se notaba que había escupido ahí. Así que cogí la cucharilla y comencé a remover el café hasta que desapareció el rastro de la saliva.

Abrí la puerta y me recibió con su habitual sonrisa falsa. A continuación me invitó a que me sentara y me dio las gracias. Yo me senté y la miré. Entonces comenzó de nuevo sus preguntas de siempre: ¿Estás bien? ¿Te gusta el trabajo? ¿Has pensado qué vas a hacer cuando seas mayor?

Luego comenzó a sorber su café y me habló de la importancia que tenía el sacrificio en el trabajo. Me volvió a contar la historia de cuando dio a luz a su primera hija. Ella estaba trabajando en el hotel cuando rompió aguas porque quería estar trabajando hasta el último momento. Me daba asco escucharla, como si eso de ser más trabajadora la dignificase más. Como si los trabajadores fuesen los nuevos héroes modernos. Como si el hecho de haber dedicado más tiempo al trabajo que a su propio reposo por su propio bien y por el de su hija la ennobleciera. Mientras contaba la historia ella bebía café. Yo era el eslabón más bajo del hotel. Ella me daba por el culo ordenándome que le llevase un café y ella se bebía mis fluidos. Era un completo acto sexual metafórico. Me consolaba saber que aunque ella estuviese sentada en el asiento de dirección yo se la había metido mucho más adentro que ella. Hasta la garganta e incluso hasta el estómago.

Yo fingí que me fascinaban sus historias y que la admiraba. Terminamos la conversación y nos despedimos amablemente. Cerré la puerta de su despacho y sentí ese aire triunfal del que ha obrado anónimamente por una buena causa.


Miércoles, 27 de Diciembre de 2006 18:06 #. Tema: Relatos Hay 5 comentarios.

30/12/2006

Vergüenza de humanidad

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Hoy es un día de esos en los que siento una tremenda decepción por la raza humana. Me avergüenza ver al presidente de la mayor potencia mundial congratularse por una ejecución. Me avergüenza saber que han grabado una ejecución y que luego saquen algunas imágenes porque saben que eso les beneficiará electoralmente. Me avergüenza ver que un país “civilizado” utiliza los mismos golpes de efectgo mediáticos que los terroristas a los que dicen combatir. Me avergüenza ver que hay gente que todavía cree que con la pena de muerte se solucionan los problemas del mundo. Me avergüenza saber que el país que ha manipulado todo el juicio contra Sadam es el mismo que le vendió las armas con las que provocó las muertes de las que se le acusa. Me avergüenza saber que adelantaron el veredicto contra Sadam para que esa noticia ayudase a los partidarios de Bush a ganar las elecciones. Me avergüenza saber hubo un juicio injusto y sin garantías y que distintas organizaciones internacionales dudaron de su legitimidad. Me avergüenza saber que los primeros abogados de la defensa que se quejaron de esto fueron asesinados y que no se sepa nada de ello. Me avergüenza saber que para invadir Irak se falsificaron pruebas con las que argumentaban que allí se fabricaban armas de destrucción masiva. Me avergüenza saber que las armas no aparecieron por ninguna parte porque no existían. Me avergüenza saber que como no podían acusarle de eso se le atribuyeron matanzas que realizó muchos años antes. Me avergüenza saber que así como le han acusado de la matanza de 148 chiíes, no le han acusado de otras matanzas que realizó en Irán porque Estados Unidos respaldaba esos ataques y no querían verse involucrados. Me avergüenza saber que en el fondo de todo esto tan sólo existe un interés económico, que el beneficio que aporta el petróleo es el verdadero motor de la guerra, y que no lo mueven los intereses por crear un estado estable y democrático, realmente eso no les importa nada. Me avergüenza saber que por la misma regla de tres no le hagan también otro “juicio justo” al señor que ha provocado 3000 bajas en su propio ejército y más de 50 mil muertos irakies. Me avergüenza saber que la verdadera razón por la que Bush se reunió con sus colaboradores en los últimos días no era para debatir el futuro de Irak, sino para hablar de la ejecución de Sadam y de las formas vergonzantes con la que se realizaría. Me avergüenza saber que los EEUU son conscientes las consecuencias funestas que tendrá esta ejecución, que provocará más odio hacia ellos en las regiones de oriente próximo, pero ese clima bélico beneficia al imperio, saben que cuantos más ataques terroristas reciban mejor podrán argumentar la invasión de otros países y por ello la industria armamentística de estados unidos, cuyos propietarios son amigos de Bush, se verán beneficiados por las próximas guerras que se desaten.

Y para colmo esta mañana me despierto con la noticia de que ETA ha vuelto a actuar. Los grandes imbéciles de España han vuelto a demostrar que son gilipollas. Si hay algo absurdo en el mundo son las pretensiones nacionalistas. Tan sólo espero que un gran terremoto parta a España por la mitad, que millones de volcanes estallen y formen otra geografía completamente distinta a la que hay ahora, quiero que los procesos geológicos de formación de la Tierra se aceleren para que así nadie reivindique que determinado territorio es suyo históricamente ya que todo el territorio sería nuevo. Espero que algún día, terroristas y gobiernos, se den cuenta de que la Tierra no es de nadie y las fronteras tan son sólo un invento absurdo para generar riqueza en determinadas regiones.

Hoy es de esos días en los que lamento profundamente haber nacido humano.

Sábado, 30 de Diciembre de 2006 20:43 #. Tema: Divagaciones Hay 8 comentarios.

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