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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Relatos. Por un calcetín no pongo yo la lavadora![]() Ella se quejaba de los hombres de hoy en día. Decía que sólo nos gustaban las perras de la noche, las golfas y las guarras. Yo le dije que no, que yo también tenía en cuenta otros factores aparte del estrictamente superficial. Dije que a mí me importaba mucho más la confianza, el buen rollo, el sentido del humor y la ironía. La cochambre - Capítulo 1Capítulo 1 - Mensaje de una persona anodina que está a punto de morir de hambre
Disfrutad de La cochambre. La primera serie de realismo sucio hecha con un teléfono móvil.
Yo me alegro cuando a la gente le va mal![]() Hace tiempo que no me tomo la medicación que me recetó el psiquiatra. Con esas pastillas pretendían envenenarme, me debilitaban poco a poco y estaban robándome mi incombustible vitalidad. Yo soy una persona que necesita vivir con intensidad y si me tomo esas pastillas mi descollante inteligencia no se despliega al máximo y pierdo lo único que me hace especial. La gente no me creerá, pero yo no tomo drogas porque necesito que mi mente esté completamente activa. Las drogas lo único que hacen es aletargarme el pensamiento y enturbiar mi sorprendente percepción de la realidad. Y es que no hay mayor drogadicción que la vida. No hace falta tomar nada para darse cuenta de que la realidad es una alucinación y en tu vida todo está lleno de personajes desquiciados la mar de pintorescos. El psiquiatra me dijo que era una persona cruel y no lo entiendo. Simplemente le dije que yo me alegraba cuando a la gente le iba mal. Le dije que fingía una falsa compasión por todos aquellos amigos que me contaban sus problemas pero que por dentro disfrutaba enormemente indagando en el dolor de ellos. Suelo tener las mismas dudas que Santo Tomás y meto el dedo en la llaga para conocer mejor el dolor. Yo no lo considero crueldad, simplemente soy curioso y me gusta estudiar los dolores del alma. Aunque, evidentemente, si el que sufre soy yo no me hace ni puta gracia, como es lógico. Lo único que ocurre es que la gente está tremendamente cretinizada por culpa de las drogas y la música de Pignoise, menos yo, que soy puro y mi mente no está podrida de gilipolleces anodinas. Yo no veo nada malo en odiar a la gente, sobre todo a aquellos que se creen que por llevar cuatro rastas y dos piercings ya se están oponiendo al sistema. Se creen que con un peinado asaltarán la Bastilla. ¡Oh! ¡Sí! no he visto acción más alternativa y subversiva en mi vida que ensuciarse los mechones de pelo y oler mal. Si al menos tuviesen cicatrices o agujeros de bala pues los empezaría a tomar con más consideración, pero para mí son gente indigna mientras sus únicos agujeros sean sus sucios y cochambrosos piercings. Vamos a ver, ¿Se puede saber qué tiene de malo alegrarse del mal del vecino? Disfruto viendo sufrir a la gente, hay gente que disfruta viendo sufrir a los toros o viendo cómo se dan de hostias en un ring de boxeo y nadie les dice nada. A mí simplemente me gusta ver a la gente morder el polvo, sobre todo la gente que me cae mal. No existe un placer superior. ¿Tan raro soy? ¿Por qué me ha tenido que decir el psiquiatra que no tengo empatía y que podría tener un principio de psicopatía? ¿Es que nadie más en el mundo disfruta viendo cómo pierde Fernando Alonso? ¿Nadie disfruta cuando ve que Raúl no está en la lista del seleccionador? ¿Nadie sigue con interés las noticas de Amy Winehouse para ver cuando se muere y se convierte en mito? Reconócelo: tú también eres de los que se alegra cuando alguna persona rompe con su pareja después de que anunciara su amor a los cuatro vientos, incluso en sus ridículos nicks del msn, en los cuales no sabes si está contando algo o intenta batir un record Guiness de faltas de ortografía por metro cuadrado. Yo lo reconozco, yo disfruto enormemente viendo cómo la gente se hunde, sobre todo cuando se tratan de gilipollas como los que leen ahora mismo esto. No es por nada, pero las pastillas que me ha recetado el psiquiatra se las puede meter por el culo, yo me considero una persona completamente normal. Bueno no, mentiría si digo que soy una persona normal, en realidad soy El Elegido. Tengo que cumplir una gran misión en la Tierra y he de luchar contra todos los que me persiguen, entre los que están la CIA, el FBI y el videoclub de la esquina. Pero gracias a dios tengo la protección del séptimo ángel, que me guía y me advierte de los peligros con sabios consejos que me da en momentos clave. A veces escucho la voz del ángel que me susurra cosas y dicta lo que tengo que escribir... Mensaje esperanzador![]() ¿Sabes? Eres una persona superespecial y estupenda. Estar a tu lado es genial. Tienes una magia especial. Y es que hoy en día queda poca gente como tú. No te preocupes porque ahora no encuentres el amor en tu vida. Seguro que algún día llega una persona que será tu ángel, te dará todo lo que necesites y te hará vivir en una nube de sueños infinitos que te llene. Estoy seguro de que eso ocurrirá porque una persona tan buena como tú se merece lo mejor del mundo. Eres una de las mejores personas que he conocido. No cambies nunca, de verdad. Serás feliz y pronto vendrá tu ángel, sí, sí, pronto vendrá, lo veo venir, se huele, se nota... Aunque también puede que venga un demonio y te meta una estaca por el culo, que nunca se sabe con los tiempos que corren. Carta abierta al espermatozoide que iba detrás de mí en la carrera hacia el óvulo![]() Querido compañero de viaje: Guerra de besos epistemológica![]() ¡¡ATENCIÓN!! Relato no recomendable para menores de 18 años debido a su alto contenido violento y pornográfico. Preguntas que no esperan respuestas![]() No quiero que me digas nada. No me cuentes tus problemas. No quiero que me sonrías o me pongas una mala cara. Tampoco quiero que me des dos besos ni que me devuelvas la misma pregunta que te hago Lo único que quiero, aunque te hayan diagnosticado un cáncer mortal, o aunque te vayas a morir mañana, o aunque hoy sea el día más triste de tu vida y se haya muerto toda tu familia... es que me contestes que estás bien cuando te pregunte cómo estás. Tan sólo te lo he preguntado por pura cortesía. Recuerda que a mí no me interesa tu vida. El planeta de cristal![]() Hace mucho tiempo existía un planeta en el que todo era de cristal. La gente, las casas, el suelo, la comida, las plantas... todo era de cristal transparente. Era un planeta en el que no había sombras y se podía ver a través de cualquier objeto. La memoria del tacto![]() Me preguntas qué es eso que escribo. Te lo enseño. Lo lees con indiferencia y no dices nada. No te gustan mis poemas y no quieres decírmelo. Piensas que pierdo el tiempo escribiendo textos que no sirven para nada, dices que vale, que es una buena historia, pero ¿y qué? Me pides que salgamos a dar una vuelta y yo te sugiero que vayamos a la Albufera. Tú me dices que está muy lejos y al final no salimos. Nos quedamos otro día más en casa sin hacer nada. Tú miras en la tele estúpidos programas de cotilleos y a mí no me gusta la tele. Tú quieres ver una película y a mí no me gusta el mismo cine que a ti, te sugiero ver alguna peli de los años cuarenta y me contestas que odias ver películas en blanco y negro. A ti te gustan Los piratas del Caribe y yo los odio. Ni siquiera sé por qué estamos juntos. Parece que hablemos en idiomas distintos y cuando trato de explicártelo me dices que no empiece con mis filosofías, que deje de decir lo que dicen esos libros que leo y que me están comiendo la cabeza. Me dices que tenga pensamientos propios y no copiados de otros autores. Yo te digo que tengo pensamientos propios, que los libros no sirven para darme ideas, sino para ayudar a conocerme. Tú contestas irónicamente que nunca llegarás a mi nivel, que seguirás siendo una cateta y serás feliz así, que sientes no cumplir las expectativas de un sabio como yo. Luego me preguntas que si tan listo soy por qué no me presento a presidente del gobierno. Yo no contesto. Me quedo mirando la tele callado. Hay un hombre que habla de Julio Iglesias, ¿A quién coño le importará la vida de Julio Iglesias? Me gustaría poder mandarlo todo a la mierda. Le pido el mando distancia para cambiar el canal y ella me dice que ni lo sueñe, que si no me gusta el programa que me vaya al cuarto a ver lo que quiera. Me voy a al cuarto sin darle un beso de buenas noches. Enciendo la tele y mientras hago zapping me acuerdo de ella. Me acuerdo de sus caricias y de sus besos. Recuerdo el tacto de sus manos como si me acariciasen ahora. Su tacto está grabado en fuego en mi piel y sin embargo apenas consigo recordar su cara, que a medida que pasan los años se va desdibujando más y más en mi memoria. Me pregunto dónde estará ahora. En la tele no hacen nada interesante y la apago. Me tapo con la manta. Saco mi brazo para alcanzar la luz de la mesita. En ella hay un portarretratos de nosotros dos felizmente casados. La miro unos segundos con nostalgia. Apago la luz y me quedo a oscuras. Dicen que mañana será otro día, pero yo no lo creo. Microrrelato científico-literario del pacifista antiviolencia![]() Aquel pacifista, que sin saber cómo se vio en medio de un tiroteo, se dijo: - Tendré que comenzar a pensar que tal vez sea una buena idea contemplar la posibilidad de plantearse que quizá sea necesario empezar a iniciar los movimientos oportunos para ponerme a cubierto antes de que una bala me OOhhggg, Ohggg, ohgg... oh . Fin La verdadera historia de la muerte![]()
Rodolfo era más feo que Picio (tenía feo hasta el nombre). Desde pequeño ya apuntaba maneras, su madre murió de un paro cardiorrespiratorio al parirlo, pero no fue por culpa del parto, no. Todo comenzó cuando cogió a su bebé en brazos. Era tan feo que cuando lo vio no pudo creer que había parido a una criatura tan horrible y su corazón no pudo resistirlo y murió. Nadie pudo hacer nada por salvarla porque parió sola en un granero de un pueblo perdido de Teruel. Así comenzó la historia de la muerte. Por allí se acercó una loba que olió la presencia del niño. La loba estaba muy cultivada, había leído muchos libros (al contrario de lo que pueda parecer, los animales pueden leer, lo que ocurre es que nunca nadie se ha molestado en enseñarles). Su intención no era comerse al niño (los lobos no son seres sanguinarios que se comen a los niños, a veces también tienen sentimientos, lo que ocurre es que el cuento de caperucita dio muy mala fama a estos animales), su verdadera intención era convertirse en un mito. Ella había leído la historia de Rómulo y Remo y quería convertirse en la patrona de Teruel (aunque era una ciudad que no existía), se visualizó como Luperca dando de mamar a Rómulo y Remo en el escudo de la Roma. Sabía que si amamantaba al niño podría convertirse algún día en la imagen del escudo del Teruel Club de fútbol y que sería el estandarte del equipo cuando el Teruel C.F. jugase la Champions League. Epílogo Esta explicación científico-literaria de la muerte está inspirada en un caso real. Una vez me crucé por la calle con una chica tan fea que al verla me dio un susto que se me aceleró el corazón. Fue entonces cuando imaginé que una persona un poco más fea provocaría la muerte allá a donde vaya. Esto, además, demuestra que las musas no tienen por qué ser siempre guapas. Relato científico-literario que demuestra que nunca podrás escapar de la moda ni aunque lo intentes y que, además, ridiculiza a todos esos que se retocan la barba todos los días para aparentar que llevan barba de tres días![]()
En aquella tribu perdida de la selva tropical todo el mundo llevaba taparrabos y un palo cruzado en el tabique nasal. Pero él era especial. Un día apareció por el poblado con el palito atravesado en su oreja. - Pero tío, ¿Qué coño has hecho con el palito de la nariz? – le preguntó su amigo extrañado. - ¡Mira! ¡Esos son los pantalones que yo quiero! ¡Voy a comprármelos!
El asesino sin memoria![]() Cuando el juez le preguntó por todos los crímenes de los que se le acusaba, él se mostró ofendido, como si le estuviese haciendo una pregunta de carácter muy personal. - Perdone, señor Juez, pero es que no sé a qué viene ahora esa pregunta. La justicia debería arreglar otros problemas que hay, que no son pocos. Hoy en día hay mucha delincuencia callejera, no puedes salir a la calle con la inseguridad que hay, deberían preocuparse de las cosas que realmente importan a los ciudadanos. Además, aquello por lo que me pregunta sucedió hace mucho tiempo. Los asistentes estaban divididos entre los que apoyaban lo que decía el acusado y otros que escuchaban incrédulos el cinismo del individuo. El Juez le preguntó por todos los cadáveres que se encontraron enterrados en su jardín. - ¿De verdad me pregunta ahora por eso? ¿Han estado enterrados ahí siempre y me pregunta ahora? Si de eso hace décadas, ya casi ni me acuerdo. Además, ¿Usted qué se cree? Aquellos que estaban enterrados no eran ningunos santos, también mataron y enterraron a otra gente, no se me puede echar la culpa a mí por todo lo que ocurrió si aquí nadie está libre de pecado. El fiscal mostró las pruebas en las que se demostraba que el acusado era el principal sospechoso de las desapariciones y asesinatos de toda esa gente que encontraron enterrada en su jardín. - Sí, vale, Señor Juez, puede que haya sido yo, pero no tiene ningún sentido que me juzguen ahora. El mal ya está hecho. Lo único que conseguirán con esto es reabrir las heridas del pasado. No me deberían juzgar, es mejor dejar las cosas como están; no tiene ningún sentido acusarme de algo que hice en defensa propia hace muchos años. Además, los cadáveres estaban muy bien en mi jardín, no sé para qué los tuvieron que desenterrar si estaban descansando en paz. Estaban todos juntitos en una fosa, ya no sentían nada y estaban bien. Además, tenía el jardín precioso y ahora parece un patatal. Los han sacado para montar un circo. Yo creo que usted lo único que quiere es acusarme para desviar la atención de otros temas importantes, ¿verdad? El juez le preguntó si tenía algo más que declarar. - ¡No me podéis acusar por lo que hice! Además, por aquel entonces en mi casa yo hacía mis leyes y no era delito hacer lo que yo quisiera. Si yo tenía que matar a alguien lo mataba, no iba en contra de mi ley. Yo no soy como esos partidarios de Kant que creen que hay valores universales como los de no matar, no agredir y todo eso. Yo soy partidario de las leyes, y si en aquel entonces yo hacía la ley no cometía ningún delito. Así que estáis todos en un error por querer reabrir tantas heridas. Tras escuchar las declaraciones del principal acusado el jurado se retiró a deliberar.
Mi novia es gilipollas![]() Nos conocimos en una discoteca muy popular entre gritos, empujones, derramamientos de vasos y música techno de fondo. No era el sitio ideal para encontrar a una novia, pero cuando uno va borracho se lía con cualquiera sin preguntarse por qué. La cosa se prolongó y llevamos tres meses juntos. Ahora ella duerme a mi lado. Se quitó la gasa y vi un enorme tribal cuyas ramificaciones desembocaban justo en el principio de la raya del culo. Sólo pude abrir la boca de asombro y no pronunciar nada. - ¿Te gusta? -preguntó. - Sí, creo que sí...
Salíamos de fiesta juntos. Cuando la veía maquillarse no entendía por qué cogía la pintura de los ojos y se pintaba la raya de forma exagerada como si fuese una faraona, se hacía la raya tan larga que casi daba la vuelta a su cabeza. Le decía que no estábamos en carnavales y no era necesario disfrazarse de geisha, pero ella decía que era un ignorante por pensar eso y se reía de mí.
¿Podrías meterte la música por el culo? (Experiencia científico-literaria)![]()
Una amiga ya me advirtió, los jóvenes, sobre todo inmigrantes, cuando iban a la tienda de telefonía móvil en la que trabajaba no le preguntaban por los megapixels que tenía la cámara, ni por la cobertura, ni por la calidad de los vídeos. El único requisito que pedían a su teléfono era que se pudiera poner la música con manos libres. No me sorprendía mucho, cuando trabajé de promotor me pedían móviles con brújula y disparates similares. El problema es que el pasado Martes, en un tren de cercanías, uno de esos untermenschen que tenía un teléfono con manos libres comenzó a poner su música de reaggeton a todo volumen. Al principio pensé que estaba probando su teléfono y que lo iba a apagar enseguida. Pero pasaron unos minutos y parecía que no tenía ninguna intención de apagarlo. El resto de pasajeros nos mirábamos y todos pensábamos lo mismo, pero nadie decía nada. Lo peor es que el untermensch parecía poner la música como si el resto fuéramos a disfrutar de ella, como si nos hiciera un favor, pensaba que nos haría el viaje más ameno independientemente de que algunos llevasen un libro, sus propios auriculares o simplemente disfrutaban del paisaje. Suficiente he tenido que aguantar a los que se ponían a mi lado con unos auriculares potentes como para que ahora me venga un niñato a ilustrarme con su música de mierda. Renfe ya quitó la música clásica de sus vagones porque según un estudio que hicieron era el servicio peor valorado de toda su red. En vez de acabar con los retrasos, poner más trenes, mejores horarios o habilitar trenes de noche durante todo el año han arreglado esa simpleza, que al fin y al cabo no era tan molesta como la música del niñato que me estaba poniendo de los nervios. No lo pensé más. Me levanté y me acerqué a él. - ¿Te importaría quitar la música? Estás molestando a todo el vagón. - ¿Qué? Pues nadie se queja. - No se quejan porque piensan que eres un Latin King que les va a sacar una navaja. Haz el favor de apagar la música si no quieres que llame al revisor para que te echen de este tren. - Tranquilo ¡eh! Que ya lo quito... Mientras me iba escuché decirle a regañadientes "amargao este...". Podría haberme girado y darle una bofetada. Pero yo lo único que quería era silencio. Yo no voy en tren para escuchar reaggeton y no tengo por qué aguantar a nadie que me ponga su música, que para algo se inventaron los auriculares. Después continué leyendo tranquilamente a mi querido Unamuno.
Experiencia místico-científica-literaria que pone de manifiesto la discriminación racial que sufrimos los negros![]() Hola amigos: Como veis soy negro. Para mí esto nunca ha supuesto un problema. Estoy muy orgulloso de ser como soy. Vivimos en una sociedad muy concienciada con el racismo y la discriminación, y eso me alegra. Aquí no llegamos a la hipocresía que hay en EEUU, allí decir que alguien es “negro” es despectivo. A mí no me molesta que me llamen negro, soy negro y punto, así como tú puedes ser blanco (aunque seguro que tu piel no es blanca). A veces nos llaman personas de color (como si los demás fueran transparentes). Yo no tengo ningún problema con eso. Soy el primero que bromea y repito hasta la saciedad la coña de “Eso lo dices porque soy negro”. Mi problema es otro. Yo sé que hay diferencias raciales. Sé que los negros tenemos las fibras de los músculos más rápidas, por eso en la final de los cien metros lisos casi todos son negros. Los blancos, por ejemplo, tienen más resistencia y son mejores en natación. Hay diferencias generales y hay que asumirlas y punto. Sin montar dramas ni guerras absurdas. El problema es que si unos negros corren mucho ya se creen que todos los demás tenemos que correr mucho. Supongo que habrá muchos negros que nadarán mucho más rápido que otros muchos blancos. Es como decir que el hombre es más fuerte que la mujer, eso no significa que no hayan algunas mujeres que tengan mucha más fuerza que otros hombres. El problema de todo esto es la generalización. Siempre estamos generalizando y eso me ha afectado mucho en la vida. Os lo confesaré, ya no me andaré con más rodeos: tengo la polla pequeña. Y eso para mí es un problema muy grande (pequeño en este caso). Se creen que porque sea negro ya debo tener una polla de medio metro. Vale que la media de los negros es más grande que la de los blancos, pero joder, habrá negros que la tengan más pequeña y otros más grande, como todo en la viña del señor. Ya me di cuenta de los prejuicios que existen respecto a este tema cuando a mis 16 años virginales, cuando estaba desesperado por meterla en algún lado, estuve a punto de follarme a la guarra de la clase. Era en una cena de clase, se emborrachó, y ese día la acompañé a casa y me dijo que sus padres no estaban. Cuando entramos en el tema me bajé los pantalones y cuando me la vio y comenzó a gritar. Yo no entendía nada. Luego me señaló los genitales con el dedo y exclamó: “¡qué pequeña la tienes! ¡Y luego dirán que los negros la tienen grande! jajaja”. A partir de ese día comenzó mi calvario. Tuve un trauma juvenil del cual no me recuperé hasta dos horas después. Desde entonces me llaman “pichacorta” y no hay nada más humillante para un negro. Cuando iba al médico por algún problema testicular el medico se reía de mi polla. Estoy harto de que a los negros nos utilicen sexualmente. Nosotros, los negros, somos algo así como “La meca” de las blancas: “Hay que irse con uno al menosuna vez en la vida”. En la vida de cualquier blanca llega un momento en el que dicen por despecho o por curiosidad: “Voy a follarme a un negro con una buena polla”. El problema es que nos encandilan, nos hacen creer que nos quieren, pero luego solo nos quieren sólo por nuestro sexo. A mí me han engañado muchas veces. Muchísimas mujeres me han abandonado al ver el tamaño de mi sexo. Se creían que yo era un consolador con patas que les iba a dar satisfacción porque tenían el coño tan abierto que una polla normal ya no las satisfacía. Es por eso que mañana iré al cirujano para hacerme un implante de polla. Quiero ser un negro normal y corriente. Sin discriminaciones. Sin que me humillen. La gente no ha entendido que los negros no sólo somos un pene… también tenemos una lengua con la que expresar sentimientos. Microrrelato autodestructivo de corte metafísico y (como no podía ser de otro modo) científico-literario que habla de la necesidad de tener unos objetivos coherentes en la vida para no quebrar tu voluntad y no traicionarse a sí mismo y, de este modo, poder vencer a todos nuestros fantasmas interiores, incluida la vocecita del académico pedante que suena en nuestra cabeza y nos dice que un relato no puede ser más corto que su propio títuloAquel bombero estaba tan harto que pidió que lo incenerasen al morir
En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos...
Nota a pie de imagen: Aquí vemos una fotografía de Jesucristo, cuyo lema es: Acepta a Jesucristo. Sus ofertas son irrechazables. En la imagen vemos a una prostituta diciendo: "Por veinte euros te la chupo" a lo que Jesucristo le contesta: "Solo llevo 5 ¿qué me haces por ese precio?" En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: "No toleréis que nadie cuando os vea os pregunte: ¿Qué te cuentas? Pues vosotros sabéis todo de vosotros mismos y no es necesario que os contéis, a vosotros mismos, lo que ya sabéis. Ayudad al leproso, al paralítico, e intentad llevad a la senda de bien a las prostitutas, drogadictos y todos esos que les guste Amelie y la música de Pignoise, pero ignorar la pregunta del diablo: ¿qué te cuentas?" En el Reino de los Cielos nadie pregunta a otro qué te cuentas, en el Reino de los Cielos, en reino de mi padre, se pregunta si viste el partido de ayer o si crees que este año ganaremos la liga, pero nada de preguntas vacías y sin fundamento. Yo os digo que os améis los unos a los otros como yo os he amado, en el sentido de que os hagáis el bien, eh, que nos conocemos, nada de mariconeos y tocamientos, eso que cada uno lo haga en privado. Conocida es mi afición de frecuentar con prostitutas, leprosos y cobradores de impuestos, es decir: con la gente que todo el mundo odia, por eso estoy con vosotros, cabrones. Por eso si ahora mismo hubiera algún que otro terrorista entre nosotros también hablaría con él, y lo que es mejor: le perdonaría sus pecados. Y si hay algún gay tampoco pasa nada, yo mismo, con mis manos milagrosas los casaría, pues ellos también sienten el amor de Dios. Sé que promulgo el perdón de los pecados y os prometo la vida eterna con eso de que pongáis la otra mejilla si os dan una bofetada. Eso es divertido. Pero creo que no resulta muy efectivo, he pensado que debéis de montar una institución que vele por el bien y el orden. Se podría llamar algo así como "La Santa Inquisición" y en mi nombre os doy permiso para quemar brujas, herejes y todo aquel sospechoso de practicar la sodomía y la concupiscencia. Y si algún día os cansáis de quemar personas pues las hacéis de cartón y los llamáis ninots. La fiesta se podría llamar las Fallas y me gustaría que la hicierais en honor de mi padre, el adoptivo digo, el bueno de San José, que siempre le perdonó a mi mamá que le pusiera los tochos, pobrecillo. Y ahora que estamos aquí reunidos, vosotros doce y yo, os voy a pedir que me traigáis unas vasijas de agua que las voy a convertir en vino. Sí, sí, habéis oído bien: ¡Vino! ¡Esta noche habrá botellón! Pero antes, tranquilos, amigos, tranquilos, os quiero contar un chiste" Entre los discípulos hubo caras de preocupación que difícilmente disimulaban. Uno de los doce exclamó "¡otra vez no, por favor!". "Esto es un borracho que le dice a su padre, papá, papá, dame tu herencia que quiero gastármela en putas, y el padre le dice: pero hijo, cómo te voy a dar la herencia si todavía estoy vivo, y contesta el hijo: porque si tengo que esperar a que mueras ya no se me levantará y no podré irme de putas. En esto que el padre le da el dinero, este se va, se lo gasta todo en putas, vuelve, y le dice, papá, papá, me lo he gastado todo en putas y luego he pasado hambre por ahí, ya no me des más dinero, sólo trátame como a un sirviente tuyo, y el padre le monta una fiesta, matan al cerdo mejor cebado, el hermano de él se pone celoso porque por él nunca han matado un cerdo y le dice al padre: ¿Por qué por mí nunca haces nada y ahora que viene este putero le celebras una fiesta? Y el padre le contesta: Esto no es una fiesta por él, esto es una fiesta para celebrar lo mucho que nos vamos a reír viéndole trabajar jajajajaja". Los discípulos se miraron entre ellos, no les resultaba gracioso el chiste, pero fingieron la risa para quedar bien con su maestro. Mateo le comento a Lucas que si algún día escribían una biografía sobre su maestro deberían ocultar para la historia su faceta de contador de chistes malos y deberían darle un giro a sus historias y decir que eran parábolas para explicar enseñanzas espirituales. "Y ahora, queridos amigos, comencemos con el botellón. Pero hoy molaría jugar a algo muy divertido para beber. Os voy a enseñar un juego, se llama yo nunca..." - Ya sabemos jugar, imbécil -se oyó una voz entre los discípulos. "¿Quién ha dicho eso? ¡Qué me ponga la otra mejilla si tiene huevos!" Ambos se ensalzaron en una pelea absurda, los dos mostraban su mejilla y le decían al otro: pégame, pégame. Acabada esta trifulca comenzaron a jugar al yo nunca. Santo Tomás, que siempre era el que más dudas tenía, comenzó el juego. - "A mí nunca me han dado por el culo". Los doce discípulos y el maestro bebieron un trago de vino.
A ciegas![]() “Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
La mujer que quiso inventar un color![]() Paloma no tenía límites. Para ella no existían los muros ni las fronteras. Ella nadaba en las aguas de la libertad y con frecuencia visitaba las fronteras del Universo para ver cómo iban las obras de expansión. Una vez, en pleno delirio creador, se planteó la idea de crear un nuevo color que ningún ojo humano hubiese visto antes. Comenzó a mezclar colores, pero todas las tonalidades que conseguía ya eran conocidas. Investigó sobre el tema y se dio cuenta de que jamás podría conseguir su propósito a no ser que consiguiera que el ojo humano consiguiese ver más allá de los límites infrarrojos y ultravioletas. Todos los colores existentes se hallaban en el espectro de una gota de agua y ella no podía cambiar la capacidad visual del ojo humano. Deprimida se fue a un lugar lejano. Le gustaba ir a los confines del Universo para ver cómo continuaba la creación. Le encantaba saber que su propio universo no tenía límite, que crecía sin más, que su frontera aumentaba, que el espacio aumentaba, que la explosión continuaba y que nunca se detendría. Allí se sentía en contacto directo con Dios y con el nuevo mundo. El tiempo se creaba a su paso y hacía surf sobre la ola explosiva que se abría paso entre la nada. A su vuelta, Paloma, tuvo una nueva idea. Se acordó de los comerciantes mesopotámicos que en su día tuvieron que utilizar pequeñas piezas de arcilla para representar mercancías. Pensó en esos auténticos genios que decidieron representar con pictogramas las palabras e inventaron símbolos que equivalían a verbos. Se acordó de todos esos que pensaron que la cultura debía transmitirse de forma escrita. Le hubiese encantado conocer a todos aquellos que inventaron las escrituras cuneiformes que se expandieron por toda Asia, pasando por India hasta llegar a Creta y desde el mar Negro hasta Arabia. Aunque una de las primeras cosas para las que se utilizó el lenguaje escrito fue para escribir leyes y delimitar a la gente. Pero no eran ellos los que le interesaban. Paloma prefería a los fenicios, que fueron los primeros en asignar un signo individual para cada sonido consonante. Quería saber quienes fueron esos que asociaron 22 letras para el alfabeto fenicio y arameo, o los que crearon las 30 letras para el alfabeto cuneiforme de Urgarit y para el sur de Arabia, esos que luego las adaptaron a formas lineales para escribir más fácilmente sobre los papiros… Quería conocer a esos griegos que adaptaron el alfabeto fenicio e inventaron las vocales, quería conocerlos porque ellos fueron los primeros poetas, los que hicieron la verdadera creación. Son los que no tuvieron límites porque tuvieron la idea literaria más grande de todas, la que primero se enseña en las escuelas. Ella admiraba con veneración a esos héroes anónimos que hicieron posible la literatura. Paloma, empeñada en seguir con su creación sin límites se fijó en las letras. No entendía por qué unos sonidos con la boca tenían su equivalente en letra y otros no. En realidad pensaba que todas las letras eran absurdas. Pensaba en la L y la repetía: Ele, ele, ele… recreándose en la posición que adoptaba la lengua para que se formara ese sonido. Era tan absurdo como fascinante. ¿A quién se le ocurriría la idea de poner ese símbolo a esa forma de la lengua? Luego pensó en la B. Y comenzó a emitir una B larga con sus cinco vocales, recreándose también en esa forma absurda que adoptan los labios para que la be, suene como como una B. ¿Pero cuántas posiciones diferentes podías adoptar con tu boca? Se podían hacer una infinidad de sonidos diferentes con la boca que todavía no tenían equivalente en letra. Y en ese terreno Paloma quiso diseñar su obra innovadora. Entonces se centró en crear una nueva letra para una posición de la boca que emitía un sonido cuando iba acompañado de una vocal. Y Paloma pensó en el beso. El beso acompañado por una A, por una E, por una I o por una O. Era perfecto. El beso todavía no tenía una letra y ella la iba a crear. Y así fue como Paloma dibujó su beso y así fue como creó su letra. Se sintió muy satisfecha por su logro y quiso que las academias lingüísticas de todos los países la utilizaran para inventar palabras. Pero en las academias no aceptaron su propuesta, le dijeron que ya tenían letras suficientes para crear nuevas palabras y no era necesario añadir más. En pocas palabras le dijeron que lo que pretendía era un disparate. Y aunque su letra nunca fue reconocida ella siempre se sintió orgullosa de su creación. La pena es que nunca pudo utilizarla para sus escritos porque nadie entendía ese símbolo. Y yo tampoco les puedo enseñar la obra de Paloma con este obsoleto teclado. A todos los que se sientan valencianos: unios a la causa
Lo primero que tengo que decir es que me llamo Vicente, como un buen valenciano, y mi esposa se llama Amparo, como buena valenciana. Vivo en una barraca de L´horta valenciana. Tengo dos hijas, de 9 y 13 años. Estoy apuntado a la falla de mi barrio desde que nací, mi padre me apuntó cuando tenía una semana de vida. Mi padre también era fallero de esta falla, y el padre de mi padre, por lo que tengo las fallas en mi sangre. Puedo decir que llevo 40 años siendo fallero, soy un auténtico valenciano y me emociono cada vez que canto el himno de Valencia y veo salir a la geperudeta. PublicidadPodría haber contestado al examen la definición que me sabía de memoria, podría haberles repetido lo que ponía en los libros, podría haberles satisfecho... pero en ese caso nunca hubiese dicho lo que he aprendido. Según la definición oficial la publicidad es una disciplina científica cuyo objetivo es persuadir al público meta con un mensaje comercial para que tome la decisión de compra de un producto o servicio que una organización ofrece ¿Pero como iba a contestar eso? Mi único crimen fue dejarme llevar y tomarme la pregunta “¿qué es la publicidad?” como si me lo preguntasen personalmente a mí. Evidentemente no contesté lo que debía. Cogí la hoja del examen y contesté lo que realmente pienso, olvidándome de todo lo estudiado o de todo lo que intentaron hacerme creer. Dije que la publicidad es el arte de engañar, de manipular a las masas, de aprovecharse de una situación de desconocimiento del receptor para tratar de hacerles recordar marcas o servicios. Que la publicidad también es propaganda (entiéndase propaganda como la propagación de ideologías) y que la democracia se basa en la mentira estadística y en la ignorancia general. Dije que la publicidad es el instrumento más cancerígeno de la sociedad capitalista, que la propaganda se distribuye entre la ignorancia de la gente a través del “Pan y circo” (panem et circenses que decía Juvenal) que profesaba el visionario Julio Cesar 50 años antes de Cristo. Ya entonces sabían que para mantener controlada a la gente y ocultar las cosas importantes bastaba con darles comida y espectáculo. Es la Paella y fútbol de Canal 9 en Valencia, o las paellas gigantes que organizan los del PP en Valencia, pidiendo agua (aunque se destruya la delta del Ebro) para regar campos de golf. Dije que la publicidad es el arte de llevar hasta la extenuación la célebre frase de Goebbels “Si una mentira se repite las suficientes veces acaba siendo verdad”. Y que es un insulto a la inteligencia y un aprovechamiento de la gente que no tiene un nivel cultural suficiente para poder discernir lo que las multinacionales quieren hacerles pensar. Dije que la publicidad es la ejecución de la propaganda nazi al servicio del capitalismo. Dije que la publicidad es el enemigo de la democracia. Porque gracias a ella los que más dinero tengan para difundir sus ideas por los medios masivos serán los que alcancen el éxito electoral o comercial. Dije que la publicidad es el engaño a los instintos más primarios para generarnos necesidades que no tenemos. Que utilizan los instintos maternales para vender una marca de pañales a una madre o los instintos sexuales para tratar de encasillarnos un coche. “Bebe este refresco y tendrás a esta mujer”, “Ponte esta colonia y las mujeres se pelearán por ti”, “Con la moda de esta firma los hombres siempre se fijarán en mí”. Dije que la publicidad se ha asentado como algo normal en nuestras vidas. Que nos ha engañado para hacernos creer que es normal que en los edificios se cuelguen letreros con marcas, que vemos normal que las películas se corten para ver mayonesas y enemas desfilar por nuestro televisor. Dije que en el mundo sobraban los publicistas. Que el señor Foster Kane ya nos enseñó de qué forma funciona la publicidad y la propaganda, y que uno triunfa porque alguien quiere que triunfe, porque alguien tiene dinero y quiere promocionarlo y nunca por méritos propios. Y sobre todo, dije que yo no había venido a estudiar esta carrera para engañar a la gente, que yo no quería ser publicista, que el conocimiento de ella lo único que me ha aportado es una seguridad para ser inquebrantable ante ella, y que no estaba dispuesto a seguir contestando el resto de preguntas del examen. Yo estaba allí para aprender, para ser comunicador y transmitir algún día la verdad a la gente para intentar hacer un mundo mejor y no pensaba contestar esas definiciones absurdas de libro. Dije que si lo que pretendían era convertirme en un robot que repitiera de memoria una definición para sacar un 10 y ser el mejor de la promoción que conmigo habían fracasado. Pero si por el contrario, creían que era un éxito que alguien lograse pensar por sí mismo, que tuviese ideas propias, que plantase cara a la afrenta que supone repetir mentiras y luchar por unos ideales, que conmigo lo habían conseguido. La cuestión es que este examen no ha parecido gustarle a la profesora de publicidad. Que al día siguiente me llamó para ir a su despacho. Me pidió una explicación y lo único que le dije es que me remitía a lo dicho en el examen. Me preguntó si me creía un graciosillo. Que la publicidad es un negocio que mueve mucho dinero, que es una industria de la que trabaja mucha gente y que tenía una idea muy equivocada. Le dije que la verdad está por encima de todo el dinero que puedan ofrecer las marcas, que para mí hay un millón de cosas más importantes que el dinero y que esas cosas estaría dispuesto a defenderlas con mi propia vida. Me levanté de la silla y la insulté, le dije que era una incompetente y que era una vergüenza que gente como ella impartiera clases en una universidad. Que con gente como ella sería imposible llegar a una sociedad ideal, pues no pueden educar profesores que no están educados. Juró que me acordaría de lo que acababa de decir. Hoy me han citado ante el despacho del rector para comunicarme oficialmente mi expulsión por insultos y agresión verbal a una profesora. En la charlita que me han dado me han dicho que he echado a perder mi futuro, que no puedo ir así por la vida, que nunca obtendré el título universitario con esa actitud y que yo podría haber hecho mucho más si hubiese querido. No he protestado, ni siquiera he tratado de defenderme. He abierto la boca el menor número de veces posible. Mientras me comunicaban la decisión les miraba con desprecio porque ellos no saben que los principios de uno están muy por encima de los títulos universitarios. Que hay gente como yo que todavía tiene ideales, que es inquebrantable y que no le importa demasiado tener una orla de licenciados colgando en el despacho de su oficina si dentro de mí se anida el verdadero aprendizaje de la vida. Relato científico-literario que demuestra de forma contundente que mentimos vilmente cada vez que decimos “Esto que he pasado no se lo deseo a nadie” He pasado una de las peores noches de mi vida. He estado vomitando, estaba mareado, tenía dolores de cabeza, de espalda... me dolía hasta el alma. He tenido taquicardias y todo tipo de contratiempos que, en algunos momentos, me han hecho pensar que me iba a morir.He pasado una noche que no se la deseo a nadie. Ni al peor de mis enemigos. Bueno sí... a ese sí, para qué vamos a engañarnos. Y también se la desearía a todos esos que me caen mal y les tengo manía, sobre todo a todos aquellos que van de expertos sobre un tema sin tener ni puta idea de lo que hablan, pero más todavía a esos que intentan discutirte a ti, que eres entendido en la materia, diciendo disparates de un calibre sin precedentes. A esos no sólo les desearía la noche que he pasado, sino además, desearía que se repitiera todas las noches de sus vidas y, mientras están agonizando en sus camas, que un ave carroñera les saque los ojos en vida y se los coma. Después que vayan un par de jabalís hambrientos y comiencen a morderlo por la tripa y se le coman las tripas mientras todavía está vivo y agoniza. Y no sólo eso, sino que me gustaría que a esa persona lo metieran en una trituradora de carne humana desde los pies para que sufra un poco más. Y además les desearía que les vaya todo mal en la vida y así me alegraría de verles jodidos (Sí, soy una persona cruel, que se alegra cuando a mis enemigos les va mal, pero si encima lo trituran pues mejor). También me gustaría que encerrasen a esas personas en una habitación llena de pinchos por las 4 paredes y que estas se fueran cerrando poco a poco hasta hacer de él un coladero. En esa sala de pinchos metería al director de Amelie, a Fernando Alonso y a todos los que llevan Gafas de Pasta, que son una lacra social a los que hay que combatir porque son más peligrosos que todos los terroristas de Guantánamo juntos. Debemos prevenir al mundo de posibles ataques de estos especimenes. No entiendo por qué los EEUU atacan las bases de entrenamiento de terroristas suicidas en oriente medio y no bombardeen todas las universidades europeas en las que se imparten clases de comunicación audiovisual y fnacs en los que se alojan estos personajes que son el cáncer del mundo. Podrían evitar que una catástrofe terrorista como que se vuelva a rodar una película parecida a Amelie, podrían hacer un ataque preventivo en toda regla. Y aunque puedan haber daños colaterales y maten a gente inocente, en este caso el fin justifica los medios. Debemos tomar medidas contra los gafas de pasta que ramonean al margen de la ley y que se cuelgan pósters de Amelie en sus habitaciones amparándose en los vacíos legales que existen para detener y crucificar a este tipo de gente. También deberían bombardear todas las fábricas de gafas de pasta en las que echan un veneno especial que hace que quien se las ponga comience a ver Amelie y se crean que son Woody Allen, porque las gafas de pasta son la nueva arma de destrucción masiva que asola nuestro mundo. Es una nueva arma química y destructiva. La ONU, la Union Europea y todos los organismos internacionales del mundo no deben hacer la vista gorda ante este problema que nos afecta a todos, sobre todo a mí. El Aleph está en tu nevera y no en lo íntimo de una piedra Abro la nevera y está vacía. Tengo que ir a comprar. Subirse a un autobús a las seis y media de una tarde de noviembre es un acto poético. Ya es de noche y la ciudad está iluminada de tristes y cálidos tungstenos. Miras a través del cristal sucio las luces de los coches y escuchas el rumor del tráfico. Los del asiento de atrás mantienen una conversación sobre móviles. El chico cuenta que se cambió de número y le dio el móvil a su novia, el problema es que mucha gente todavía tiene su antiguo número y llaman a su novia cuando quieren dar con él. No sé qué caras tienen, pero trato de imaginármelas. Dos paradas después ellos se levantan para salir y les veo las caras. No eran como me esperaba. Tenían la cara mucho más demacrada de lo que creía. A la gente siempre se la imagina mejor de lo que es. Nuestra mente, nuestros ojos, nuestras lentes hacen más bellas a las personas. A veces me gustaría quedarme ciego para no poder ver la decrepitud de las personas. Todo sería más bonito y evitaría ver la erosión que el tiempo ejerce sobre nuestras caras. Tan sólo me quedarían las palabras, los gestos y el contacto físico. No vería nunca más una mirada esquiva, una mueca de asco y no vería las calles sucias con esos feos chicles asquerosos incrustrados en el suelo. Todo me lo imaginaría recién pintado y radiante. Toda la gente estaría siempre sonriente aunque sólo perciba de ellos el ruido de sus pasos. Ahora sólo veo a un inmigrante con la mirada perdida y con las manos destrozadas de trabajar. Existe una fauna en la ciudad. Ratas, cucarachas, hormigas, gorriones, todos ellos se han adaptado a lo urbano. Saben que el árbol en el que viven está en un parque y que no están en plena naturaleza. Con los poetas ha pasado igual, se han tenido que urbanizar, ya no evocan a los lagos, ni a las praderas, ni hablan de la naturaleza. Tienen que hablar de azulejos, ladrillos, paredes o charcos. El Sol ya no se ve entre los edificios y a los pájaros ya no se les escucha cantar. Hay una chica guapa en el autobús. Ella sabe que es la chica más guapa de todo el autobús porque está todo lleno de viejos. Al levantarse para bajar en su parada un viejo le mira el culo con una expresión que dice: “ojala tuviera 30 años menos”. Yo tengo los años que él desearía tener y no hago nada. El viejo piensa que soy idiota. Todos los viejos dicen lo mismo, que aproveche el momento, es un carpe diem sexual. Seguramente, cuando sea viejo (si no lo soy ya) pensaré lo mismo. Llego al supermercado. Lleno el carro de la compra con lo primero que veo. Paseo mi cesta-carro entre estantes de tomate cruzándome con más gente con carrito. No nos miramos a las caras porque nos avergonzamos. Sé que todos están pensando lo mismo que yo. Que somos inútiles. No nos miramos por la vergüenza de no estar cazando, como debería ser, para conseguir nuestros alimentos. Nos hemos convertido en una auténtica basura animal. Compramos trozos de filetes ya cortados, ya ni siquiera los criamos para matarlos y comérnoslos, ahora nos los tienen que cortar ellos e, incluso a veces, cocinar. ¿En qué nos hemos convertido? ¿Dónde está mi espíritu guerrero y cazador? Las sociedad da asco. Nacimos así y ni siquiera nos hemos planteado nada. Todo está hecho e inventado. La era digital consiste en meternos los dedos hasta la campanilla para vomitar todo lo que hemos bebido. Me pongo en la cola de la caja. Hay una empleada del supermercado que ha terminado el turno y se pone delante de mí. Sólo va a comprar una cosa: una caja de condones. La compañera de la caja le pregunta “¿Hoy toca eh?”, ella no dice nada, sólo sonríe con esa sonrisa que sólo puede tener una mujer que sabe que se la van a follar bien follada. Salgo de allí pensando que todos somos irreales. Que no hay nadie auténtico. La gente de la ciudad se oculta en sus burbujas. Caminan abrigados con sus chaquetas, con sus mochilas llenas de apuntes y con sus ipods. A la gente de ciudad la distingues porque siempre llevan auriculares que resuenan débilmente. A los poetas los distinguirás porque están observando, intentando captar la belleza de las cosas, descubriendo en cada segundo que hasta en la más remota mota de polvo hay belleza. Hoy es de esos días que siento que dentro de mí se anidan los poemas más bellos. Hierven con burbujas y a veces salen por los poros como el vapor, pero la gran mayoría se quedan dentro y nunca ven la luz. Cada vez que te subas en un autobús estarás escribiendo una poesía urbana. Luego, cuando llegues a casa, recordarás lo triste que es todo y verás que las cosas no son mejores en un autobús o en un supermercado. Te desesperarás yendo y viniendo de un lado a otro, estarás atrapado en casa, abrirás y cerrarás la nevera un millón de veces, como si dentro de esa nevera buscaras una respuesta a una pregunta indefinida, como si allí dentro algún día apareciera el Aleph que llene el estómago de nuestra curiosidad. Como si algún día, al abrir la nevera, apareciera ese algo que te fuera a solucionar la vida. La mariposa![]() "Cuando la felicidad es demasiado grande, cuando a uno le curan de una herida demasiado mala, cuando todo es demasiado bonito, sólo hay un presentimiento que un hombre sensato pueda tener: algo está a punto de joderse." Lorenzo Silva – La flaqueza del bolchevique Me regalaron el póster cuando estábamos en Valencia. Me acuerdo que caminábamos sin rumbo, nos daba igual a dónde ir, lo único que importaba era estar juntos después de cinco eternos días sin vernos. Caminábamos cogidos de la mano. Cada dos pasos tenía la necesidad de apretarla hacia mí, quería sentirla cerca, quería que su tacto se quedase grabado en mí piel para recordarla cuando no estuviera. Siempre había odiado a esas parejitas que caminaban encarameladas. Se les veía tan felices que me parecían gilipollas, lo único que deseaba era que cruzasen sin mirar la carretera y que un camión cisterna los atropellara a ellos y a su nube de amor. Pero yo me había convertido en el gilipollas que tanto odiaba y que, en el fondo, envidiaba. Una vez caminaba con ella y me vi reflejado en el espejo de un escaparate. Fue una de las pocas veces en las que no me reconocí en el espejo. No era por mi cara, ni por mi tipo, tampoco había engordado ni me había salido nada raro. Lo extraño era que tenía una especie de apéndice a mi lado con forma de mujer. Se me hacía tan raro verme con alguien que me asusté. ¿Yo saliendo con una chica? ¿Eso dónde se había visto? Era como si no fuera yo. Durante el paseo llegamos hasta Nuevo Centro. Allí había una exposición de animales que no me importaba un pimiento porque ella estaba a mi lado y cuando ella estaba conmigo el resto del mundo y el universo era insignificante. En una de las paradas había una azafata con una urna. Era el juego de adivinar qué había dentro de una urna con los ojos vendados. Ella me dijo que no era capaz de meter la mano allí dentro y yo, como soy un orgulloso, le dije que iba a participar en el juego. Me vendaron los ojos y metí la mano sin miedo. Confiaba en que lo que hubiera dentro no fuese demasiado asqueroso. No creía que algo fuera peligroso porque no iban a poner dentro algún animal hambriento con dientes afilados. Entonces sentí un cosquilleo por mi mano, algo me la recorría, no era muy grande pero se adhería con ligereza en mi mano. No pesaba mucho. - ¿Es un escarabajo? – pregunté. - No, casi –dijo la azafata. - ¿Una cucaracha? - ¡Acertaste! Me quitaron la venda y vi que tenía una cucaracha en la mano. Las cucarachas me daban mucho asco pero en mi mano parecía un animal normal e inofensivo. Pasa con todo, cuando una cosa te da miedo o asco lo más difícil es tocarlo por primera vez, luego, cuando te acostumbras, es muy sencillo tocarlas y acercarte a ellas. Ya me pasó con las serpientes y las tarántulas. No espanté a la cucaracha. Saqué la mano de la urna y observé a la cucaracha. Me dijeron que era una especie de cucaracha de Asia, cosa que me daba igual. El premio por meter mi mano y jugarme la vida fue el póster que he mencionado antes. Era un póster de una mariposa con las alas extendidas como las que ponen en los museos. Vi que a ella le encantó el póster y decidí regalárselo. Ella decía que no podía aceptarlo porque era muy bonito. Yo le insistí en que se lo quedara, que a mí no me importaba, pero ella se mantenía en sus trece. Entonces, cual Salomón, le propuse que partiéramos el póster por la mitad y nos quedásemos una mitad cada uno y eso le pareció buena idea. Corté el póster justo por la mitad. A cada lado del póster se quedó un ala de la mariposa y prometimos que nos colgaríamos nuestra mitad de póster en nuestra habitación. Cuando ella no estaba miraba el póster. Lo tenía enfrente de mi cama. Representaba a la perfección lo que éramos. Nos separaba una distancia no muy lejana pero lo suficiente como para no poder vernos todos los días. Las clases, la rutina hizo que lo nuestro se reducía tan sólo a los fines de semana. “Me falta un ala para volar” Escribí una vez en el póster. Juntos volábamos. Pero separados sólo éramos un ala inútil e inservible. Éramos como esos aviones de guerra a los que un misil les ha alcanzado en el ala y que caen abatidos dibujando espirales de humo hacia el suelo. Un día llegó el frío. Llegué a su casa ilusionado por verla, tenía ganas de estar con esa persona que me hacía sentir bien. Pero la besé y sentí el frío. No sé cómo lo supe, pero esas cosas se saben. Noté que ese beso no lo sintió, que me lo dio por compromiso, que era falso. No le dije nada pero notaba que le pasaba algo conmigo. Estaba distante y me esquivaba, era incapaz de mirarme a los ojos. Aguanté eso durante tres días hasta que un día fui en bicicleta hasta donde ella veraneaba. Necesitaba hablar con ella y saber qué le pasaba. No me importaban los kilómetros de distancia, la necesidad superaba el cansancio que me podría ocasionar recorrer la distancia en bici. Cuando llegué le dije que fuéramos al lago. El mismo lugar en el que pasamos nuestros mejores momentos. Allí era donde le leía las cartas que le escribía. Algunas de esas cartas que le escribía tenían más de 20 folios mecanografiados. Creo que desde entonces se me desató la pasión por escribir. Le pregunté qué le pasaba. Y ella dijo que no me lo quería contar, que era una cosa que le había pasado y que no podía contármela. Le dije que necesitaba saberlo, que me estaba afectando a mí también y tenía derecho a saberlo. Tras media hora intentando convencerla accedió. Me lo contó todo. Hubieron muchas palabras, pero era fácil resumirlo: el chico que le gustaba antes de conocerme se le declaró hacía unos días y tenía dudas. Permanecí callado durante un tiempo escuchando. No pronuncié palabra, estaba procesando y digiriendo lo que me contaba. - Pero yo te quiero a ti –concluyó ella. - ¿Y si me quieres por qué tienes dudas? En el lago se deslizaban los patos y el silencio. El sol se reflejaba en el agua. - Será mejor dejarlo –dije yo– y cuando se te quiten las dudas me avisas. - ¡No! ¡Eso no! Si no quería contártelo era para que esto mismo no sucediera. Te necesito, necesito que estés a mi lado, no quiero que te vayas. Silencio y más silencio. - ¿Para qué quieres que esté a tu lado? ¿Para que te ayude a decidirte entre otro tipo y yo? ¿Necesitas que te dé palmaditas a la espalda mientras decides si me cortas la cabeza o no? - ¡No! ¡Eso no es! ¡Yo te quiero! - Me voy, yo no voy a estar a tu lado para que te decidas. Cogí la bici y me senté en ella. Antes de comenzar a pedalear me giré para verla por última vez. Estaba acurrucada mirando al lago y llorando. Yo no lloraba por fuera, pero sí por dentro. Comencé a pedalear hacia casa. Iba a oscurecer y no tenía luces en la bici así que aceleré el vertiginosamente el ritmo de mis pedaleos. No me importaba el cansancio, estaba hecho una furia, no quería quedarme parado, necesitaba que me dolieran las piernas para no pensar en nada. Hasta que llegué a un camino de huertos donde no había nadie, tiré la bici al suelo y di el grito que necesitaba dar, un grito que venía desde el estómago con el que expulsé toda la rabia que contenía dentro. No me quedé mejor, pero era mi única forma de estallar. Pasé unos días encerrado. No sabía qué hacer. Me ahogaba en su mar de dudas. Necesitaba saber qué pensaba, dónde estaba, qué hacía. Sentí que yo no dependía de mí sino de ella. Y en medio de ese naufragio estaba el ala de mariposa colgada en la pared. Ella era la única testigo de lo que ocurría. Al fin y al cabo era la más afectada de todas. En un arrebato le escribí una carta. En un sobre funerario metí a un amor agonizando y a un loco desolado. Le pregunté por dónde volaba nuestra mariposa. Nunca recibí una respuesta. Ella comenzó a salir con otro chico al cabo de unos meses. Se olvidó de mí, dejé de existir para ella. Lo último que supe de ella es que después de leer mi carta sólo tenía una cosa clara: que jamás volvería conmigo, que no debía haberle preguntado por qué tenía dudas entre un tío que sólo sabía hablar de porros y yo, y que nunca había dejado de ser egocéntrico que conoció. Había una estela de ausencia en mi habitación cuando miraba el medio póster de la mariposa. Estaba enfrente de mi cama y todos lo días, antes de apagar la luz de la mesita era lo último que veía. El recuerdo que no podía volar me acompañaba en las pesadillas, el recuerdo de que yo era un avión abatido cayendo espiral me azotaba las pupilas. Pensé que el único final posible era que las alas se volvieran a unir con una cinta de celo. O al menos que se juntaran y se enterrasen en algún lugar fértil en el que plantar una flor en un acto completamente psicomágico. Un día de Noviembre todo cambió. Me levanté como esos gatos que siempre caen de pie. Mis nudillos estaban destrozados de pelearme contra las paredes y los espejos. Mi hígado se resintió. Con valor, con rabia y sin pensar arranqué el póster de la pared. Lo aparté de mi vista. Estaba harto de él. Yo ya sabía que no podía volar, pero no quería que un póster me lo recordase como si fuera una maldición insultante. Años más tarde hablé con ella. Fue una conversación formal. Nos pusimos al día, vimos los avances de uno y de otro. Fue una conversación repleta de “Yo sabía que tú llegarías a eso”, “yo sabía que tú podías hacerlo”, “Nunca dudé de que conseguirías tus sueños”, “siempre confié en ti”. Y ya en el rellano, el lugar en el que se dicen las cosas importantes, antes de despedirnos con un “hasta pronto” que se traduciría en un “hasta tarde” quise preguntarle una cosa. - ¿Te acuerdas de la mariposa? - Sí, claro que me acuerdo. Durante mucho tiempo la tuve colgada en mi habitación y al verla siempre me acordaba de ti. Nunca quise quitarla y siempre la tuve allí. Pero el año pasado, cuando me mudé de casa, la quité. Desde entonces la guardo en una caja. ¿Tú qué hiciste con la tuya? - También la guardo en una caja. Nos quedamos mirándonos. - Oye –dijo ella– tengo el estómago vacío, podríamos ir a comer algo. - Es buena idea, yo también tengo el estómago vacío. Y llenamos nuestros estómagos de comida para paliar algo más que el hambre. Y entonces, después de eso, ya pudimos decirnos un falso hasta pronto. La triste y maravillosa historia del dinosaurio-galleta suicidaLa triste y maravillosa historia del dinosaurio-galleta suicida. Una superproducción casera que conjuga la fuerza del amor a las galletas con el deseo irrefrenable de un dinosario que nació encarnado en galleta que quería quitarse la vida. ¿Por qué se extinguieron los dinosaurios? Quizá este demoledor relato pueda darles la respuesta. Barrio sésamo y los guionistas que van de setasCasimiro llegó drogado al trabajo, como siempre. Se había tomado una ración de setas alucinógenas que le estaban haciendo efecto en ese preciso momento. Estaba en su despacho. Eran las diez de la mañana y a las once tenía que entregar un texto para el capítulo de Barrio sésamo que tenían que rodar ese día.
Mi novia es gilipollasNos conocimos en una discoteca muy popular entre gritos, empujones, derramamientos de vasos y música techno de fondo. No era el sitio ideal para encontrar a una novia, pero cuando uno va borracho se lía con cualquiera sin preguntarse por qué. La cosa se prolongó y llevamos tres meses juntos. Ahora ella duerme a mi lado.
La verdadera historia de la muerte![]() Rodolfo era más feo que Picio (tenía feo hasta el nombre). Desde pequeño ya apuntaba maneras, su madre murió de un paro cardiorrespiratorio tras parirlo, pero no fue por culpa del parto, no. La tragedia comenzó cuando cogió a su bebé en brazos. Era tan feo que al verlo no pudo creer que había parido a una criatura tan horrible y su corazón no pudo resistirlo y murió. Nadie pudo hacer nada por salvar su vida porque parió sola en un granero de un pueblo perdido de Teruel. Así comenzó la historia de la muerte.
Pd: La historia se me ocurrió cuando vi a una chica tan fea que me dio un susto. Se me aceleró el corazón y pensé: joder, si llega a ser más fea ma mata de un infarto. Entonces imaginé a la chica fea y pensé que una persona tan fea que matase a la gente de sustos podría ser la muerte. Gracias a esa persona por inspirarme. No siempre las musas son guapas. Pd2: Sergio, recupérate pronto. Estoy deseando que vuelvas a escribir tus obras maestras en tu blog. Un abrazo. ACTUALIZACIÓN: La muerte en acción, no se pierdan este video:
Lucidez hormonal![]() Justo cuando me corro dentro de ti comienzas a darme asco. Abro los ojos y lo único que veo en ti es vulgaridad. No eres más que una idiota a la que he engañado hasta conseguir abrirla de piernas. No eres esa chica especial que te he dicho, ni me siento bien a tu lado, ni siento como si te conociera toda la vida. No te engañes: todo eso te lo he dicho porque lo único que quería era follarte. A mí lo único que me interesa de ti es tu coño y ahora que lo he conseguido me gustaría echarte de mi cama a patadas para poder dormir bien ancho. Pero sigo fingiendo y te abrazo cariñosamente porque estaría mal echarte ahora de mi cama. Además, he de ser práctico, si te echo me odiarás y puede que algún día me pique la polla y no tenga a nadie mejor para metérsela. Mírate, ¿Cómo has podido pensar que eres alguien especial? Si como tú habrán más de un millón de mujeres en el mundo. No destacas por nada y no eres nadie especial. Mujeres como tú las hay a patadas ¿De verdad ibas a pensar que yo iba a sentir algo por una imbécil como tú? ¿De verdad te has creído que me ha sorprendido lo inteligente que eres? Si yo tuviese que follarme a alguien por su inteligencia debería ser homosexual y necrófilo para profanar las tumbas de Oscar Wilde, de Nietzsche o de Cortázar y follarme sus esqueletos. Tú eres patética, te crees que eres especial sólo porque algún tío se te acerca de vez en cuando y no quieres ver la realidad, no quieres ver que ninguno se te acerca por tu forma de ser, que no se interesan por ti y por lo único que se interesan es por tus tetas, que es lo único destacable en ti. Ahora lo que más me gustaría es que te callaras y te durmieras. No me interesa tu vida, no me interesa la ropa que te compras y no me interesan tus uñas. Eres como todas y no aportas nada interesante a mi vida. Ojalá pudiera acostarme contigo sin tener que aguantar tus putas conversaciones de mierda. Yo me echo a un lado y miro al techo. Te miento y te digo que me has destrozado, que ha sido uno de los mejores polvos de mi vida y que eres una fiera. Disimuladamente voy cerrando los ojos, como haciéndome el cansado, para te veas que no puedo seguir hablando, no quiero soportare más. Atribuyo a tu potencia sexual el hecho de que esté destrozado para que así no te siente mal que me duerma e, incluso, te tomarás como un triunfo haberme dejado así. Después te apoyas en mi pecho y yo te acaricio el pelo. Lo que me fastidia es que pronto acabará esto. Los cojones se me volverán a llenar y seré preso de mis instintos primarios, volveré a decirte que te quiero y que me gustas sólo para poder aliviarme. Pero antes de que acabe mi lucidez hormonal permíteme decirte algo: odio ser hombre y tener esta necesidad de meterla en algún lado. Estoy cansado de fulanas como tú. La memoria del tactoNunca verás cómo mis manos baten el aire para extraer la memoria del tacto, aunque apenas te toqué. A veces mis manos eran útiles, pero tú podías hacerlas completamente inservibles cuando no las necesitabas. Me voy a al cuarto sin darle un beso de buenas noches. Enciendo la tele y mientras hago zapping me acuerdo de ella. Estoy con una persona y me acuerdo de aquella chica que conocí hace tiempo. ¿Dónde estará? Apago la tele porque no hacen nada interesante, me tapo con la sábana, apago la luz de la mesita y se queda todo oscuro. Estoy aislado en medio de la oscuridad y no sé si esto es lo que llaman felicidad. El ladrón de tiempoHe conseguido suficiente cianuro como para matar a un caballo y lo he inyectado en un producto de un supermercado. Alguien lo comprará, se lo beberá de un trago y se morirá al instante. No le dará tiempo ni de llamar a una ambulancia.
Me acusarán de asesino, incluso puede que me acusen de terrorista. Mi única ilusión es que me condenen, que adelanten mi fecha de caducidad... puede que así perdone mi único crimen: traer una criatura a este puto mundo. El planeta de cristal![]() Existió hace tiempo un planeta en el que todo era de cristal. La gente, las casas, el suelo, la comida, las plantas... todo era de cristal transparente. Era un planeta en el que no existían las sombras, se podía ver a través de cualquier objeto, no había nada oculto. Los habitantes del planeta podían ver todo. Si cerraban los ojos veían a través de sus párpados de cristal. Cuando se ponían una venda en los ojos veían a través de ella. Sus corazones eran de cristal. Las paredes eran de cristal. No existía la intimidad. No había nada oculto. No existían los secretos. No podían enterrar sus tesoros de cristal. No podían enterrar nada. Su pasado siempre estaba presente. Un día llegó un visitante al planeta. Era un ser opaco procedente de un planeta lejano. Cuando bajó de la nave pronunció las palabras: “un pequeño paso para el hombre y gran paso para la humanidad” y al pisar tierra firme ensució el planeta con la suela de su zapato. Cuando puso el segundo pie en el frágil suelo de cristal todo comenzó a resquebrajarse. Las grietas se expandieron por todo el pequeño planeta. La gente también se resquebrajó. Impotentes vieron cómo sus cuerpos se descomponían. En cuestión de minutos el planeta se vio reducido a minúsculos trozos de cristal que se esparcieron por el universo. Hoy en día no se sabe nada de aquella civilización. Toda su sabiduría se perdió para siempre. Pero, según cuenta la leyenda, todavía podemos verles cuando miramos hacia las estrellas a través del fondo de un vaso de cristal. Después de la vida![]() “No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda” Woody Allen
Estaba remando en la barca de Caronte. Me sorprendí mucho, pensaba que después de la vida no existiría un más allá. Creía que una vez muerto iba a llegarme la paz eterna, pero ahora un puto viejo me estaba haciendo remar como si me hubiesen condenado a galeras. En ese momento me arrepentí de no haber seguido con la medicación. La puerta mágica (relato audiovisual)![]() El teléfono móvil que estaba encima de la mesa sonó con la melodía de un mensaje. Se escucharon unos pasos que se acercaban. Era Óscar. Cogió el móvil y miró la pantalla. 1 Mensaje recibido.
LA PUERTA MÁGICA
Esta es una puerta mágica, si la atraviesas llegarás al lugar que deseas.
Esta es una puerta mágica, si la atraviesas llegarás al lugar que deseas.
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En el letrero se podía leer lo siguiente: Esta es una puerta mágica, si la atraviesas llegarás al lugar que deseas.
Pd: Ahora que las visitas han aumentado consdierablmente, quiero decir que si hay algún productor multimillonario que se haya dejado caer por aquí al cual le haya gustado este proyecto, que se ponga en contacto conmigo a través de la dirección: entierrafirme@hotmail.com Calculo que con 2000 euros podríamos realizar este corto. Lo cual es bastante rentable si pensamos en el beneficio y en los premios que nos darán por una genialidad como esta. Una historia de Neanderthal Hace treinta mil años, en un poblado que ahora conocemos con el nombre de Neandertal, se produjo un hecho que cambiaría el rumbo de la historia y que a continuación les paso a relatar. Era una mañana soleada de verano, los gorriones piaban en sus nidos y las ranas croaban en la charca. En el planeta Tierra se respiraba aire puro, los continentes estaban repletos de frondosos bosques vírgenes y la naturaleza seguía su curso natural. Estamos hablando de la época en la que los especuladores urbanísticos tan sólo podían comercializar con cuevas. Y precisamente, desde una cueva salían unos acalorados gritos de una mujer. Nos acercamos a la cueva haciendo un travelling con la cámara. (¿Qué pinta un comentario técnico como este en un relato de ficción?) - ¡Vamos empuja! ¡¡Empuja!! - le animaba una comadrona a la parturienta. - ¡¡¡AAAAHHHHHHHHH!!! Fue un parto rápido y sin complicación alguna. No fue necesaria la cesárea. - ¡Es un bebé precioso! – dijo la comadrona. - ¿Es niña o niño? - preguntó la madre desde su lecho. - ¡Es un niño! La comadrona le dio la criatura a su madre, que lo acogió en su regazo colmada de felicidad. La madre y el padre miraban emocionados a su primer hijo. Después, la madre, con un gesto de amor, le pasó el bebé su marido, el cual lucía un esplendoroso atuendo de piel de ciervo, los cuales estuvieron muy de moda en aquella temporada primavera-verano. El padre estaba entusiasmado ante la idea de tener un hijo varón, así podría enseñarle a cazar, a pescar, a construír herramientas y, sobre todo, a convertirse en un gran futbolista de élite. Pero de pronto el padre cambió la feliz expresión de su rostro. - Dios mío -dijo el padre- ¿No te has dado cuenta de cómo es el niño? – preguntó bastante preocupado. - ¿Qué le pasa? -preguntó la madre extrañada. - ¿No te das cuenta? Este niño es diferente. - ¿En qué? - Fíjate, tiene la cabeza más ancha, tiene la nariz más grande, tiene menos pelo en el cuerpo de lo habitual... - No digas tonterías cariño, eso es porque acaba de nacer. - No, mi vida, sé lo que me digo, este niño es diferente. Cariño, no es por nada, pero creo que has parido a un mutante. - ¿Un mutante? ¿Qué estás diciendo? - Pues que este bebé ha sufrido una mutación genética, es un eslabón más en la evolución del hombre. - No entiendo nada, me estás asustando. - Lo que te quiero decir, cariño, es que acabas de parir a un homo sapiens sapiens. - ¡Dios mío! ¿Y eso es bueno o malo? - Pues no sé qué decirte, la única diferencia es que él será mucho más inteligente porque tiene una masa encefálica muy superior a la nuestra. - ¡Oh dios mío! - Pero lo peor... no sé si debería decírtelo... – y vaciló. - ¿Qué? ¡Dímelo por favor! ¡Necesito saberlo! -dijo ella desesperada. - Este niño tiene alma -lo dijo como el que anuncia una terrible noticia, se podía escuchar ese silencio característico que puebla todo después de un gran mazazo. - ¿Me puedes decir en qué consiste eso del alma? - Sí, claro. Resulta que dios nos utilizó a nosotros como escala evolutiva para llegar al hombre que él quería, a su imagen y semejanza. Y ese hombre es como nuestro hijo, un homo sapiens sapiens que posee un alma inmortal, indivisible e inmaterial. - ¡Oh no! ¡Eso es terrible! – dijo la madre horrorizada. - Eso no es todo querida, cuando el niño muera seguirá viviendo porque su alma viajará hasta el purgatorio. Allí deberá permanecer durante muchos años hasta que venga a la Tierra el hijo de dios y se sacrifique en una cruz por los homo sapiens sapiens. Hasta que esto no ocurra no se abrirán las puertas del cielo, que es un lugar maravilloso donde las almas de los justos permanecerán el resto de la eternidad. - ¿Y qué sucederá con las almas de los que no son justos? - Los que no son justos, querida, irán a un lugar llamado infierno, que está lleno de fuego y torturan a las almas impuras hasta el fin de los tiempos. - ¡Oh dios mío! ¿Por qué nos ha tenido que pasar esto a nosotros? -clamó al cielo la madre. - No te preocupes, querida, esto antes o después tenía que suceder. - ¡No! Yo quiero que me hijo sea un niño normal. Quiero que cuando muera todo se acabe, no quiero que tenga que estar viviendo eternamente. ¿Qué hemos hecho mal cariño? ¿Por qué nos suceden estas cosas? - No hemos hecho nada mal. La evolución tiene estas cosas, de vez en cuando hay mutaciones genéticas y los bebés nacen con atributos diferentes, unas veces para mal y otras veces para bien, como nos ha pasado a nosotros. En ese instante entraron dos vecinas de la cueva de al lado, querían conocer al nuevo bebé. - ¡Hola! ¿Cómo ha ido todo? -preguntó una que tenía rulos de hueso en la cabeza. - Mal –respondió la madre. - ¿Qué ha pasado? - El niño tiene alma. - ¡Oh no! – dijo una de las vecinas. - ¡Santo Dios! ¡Qué desgracia! –dijo la otra. - ¿Por qué? ¿Por qué me pasan estas cosas? – lamentó la madre entre sollozos. - Tengo una idea –dijo una de las vecinas– puede que aún estéis a tiempo de salvarle, ¿Por qué no lanzáis al niño por un despeñadero antes de que su alma se despierte? Tengo entendido que jurídicamente las personas no son personas hasta que no pasan 24 horas desde su nacimiento. Igual consigues que tu hijo muera en paz y no tenga que sufrir para el resto de la eternidad. Pero, sobre todo, evitariais que futuras generaciones tuviesen alma. - Efectivamente –dijo el padre–, si este niño tiene descendencia transmitirá genéticamente su desdicha. En su ADN figura la existencia del alma y eso se transmitirá a todas las generaciones futuras. - ¡Cariño! ¿Cómo puedes decir eso? ¡Nuestro bebé tiene derecho a vivir! ¿Por qué lo tendríamos que lanzar por el despeñadero? ¿Por ser diferente? Además, si lo que dices es cierto y el niño es más inteligente no hay por qué preocuparse, no tendrá descendencia pues nadie querrá hablar con él de filosofía ni de nada. Las hembras, por lo general, nos vamos con los que tienen el troncomovil tuneado. - ¿Y si el niño aplica su inteligencia en maquear su troncomovil? ¡Se las llevará a todas de calle! -apuntilló el padre. - ¡Oh no! –se lamentó de nuevo desconsolada. - Me temo que el niño ya tiene su alma dentro de sí -siguió diciendo el padre- por mucho que lo sacrifiquemos vivirá en el purgatorio hasta que en el año cero muera el hijo de dios –dijo el padre. - ¡Pobrecillo mi hijito! ¿Y en qué año estamos? - Estamos en el año treinta mil antes de Cristo. - ¿Tanto tiempo tiene que estar mi hijito en el purgatorio? ¡Oh no! –La madre seguía llorando desconsoladamente. En la puerta de la cueva apareció el Profesor Andreu, el inventor de la época. - ¿Es cierto que ha nacido un mutante? –dijo al entrar. - ¡No llames así a mi hijo! También es persona, además, será más inteligente que tú. - No creo que sea mucho más inteligente que yo. Últimamente estoy inventando cosas que serán muy útiles a la humanidad. ¿Sabéis cual es mi último invento? - Dinos. - He inventado una cosa llamada poesía. - ¿Y eso qué es? -preguntó una vecina. - Pues es una forma de recitar palabras de forma ordenada en la que tienes que hacer versos con rima asonante o consonante, o si lo prefieres sin rima. Que también hay otra modalidad de versos libres. - Eso no sirve para nada, ¡sólo inventas cosas inútiles! Este invento es lo peor que has hecho desde que te dio por pintar animales en la pared de tu casa. - ¿Cómo que no sirve para nada? Con este invento podremos expresar los dolores y desventuras del alma. - ¿Has dicho alma? –respondió el padre– ¡Pero si tú no tienes alma! - Ya lo sé, pero eso hará que las futuras generaciones con alma puedan expresar lo que sienten. - ¿Quieres decir que mi hijo será poeta? – preguntó la madre preocupada. - Puede serlo, perfectamente. - ¡Oh no! ¿Por qué? ¿Por qué me tienen que pasar a mí todas las desgracias del mundo? ¡Voy a tener un hijo poeta! - Tranquila amor mío, piensa que podría haber sido peor si hubiese sido torero –dijo el padre. - ¡Torero! ¡Siempre he querido tener un hijo torero! Un torero al menos mata a animales con arte y nos trae comida. ¿Por qué dices que hubiese sido peor? - Porque los toreros torturan a los animales indefensos y se divierten con eso. - ¿Y cuando tú sales a cazar los animales no sufren? - Es distinto, yo cazo para comer y no para dar un espectáculo. - Pero los animales sufren igual, además, siempre estas contando batallitas de tus cazas de mamuts como si fuese un espectáculo. - Lo que yo hago es distinto amor mío. Los toreros son seres sin escrúpulos que matan para aumentar su ego y su fama y, así, conseguir que todas las aficionadas taurinas quieran acostarse con ellos. - Pues no es mala idea que ligue más siendo torero, así me dará mas nietecitos. - Sí, nietos con alma... Continuaron hablando de los pros y los contras de tener a un hijo torero, pero la madre seguía muy preocupada con el hijo. Ella lo miró amargamente y dijo: - Amor, ¿Qué bebiste cuando engendramos? ¿Por qué ha salido así el niño? - ¿Ahora se llama engendrar? Cariño, el alcohol todavía no existe. No es culpa mía, es la voluntad de Dios. Él ha querido elegirnos a nosotros como herramienta para evolucionar la especie. Piensa en la relevancia de este nacimiento, en un futuro nos recordarán como los padres del humano moderno, nos recordarán una vez al año, harán fiestas en nuestro honor, montarán belenes con cuevas en las que apareceremos nosotros y el niño recién nacido, y cantarán villancicos que relatarán esta historia. - ¿Por nosotros? – preguntó extrañada la madre – Nosotros no merecemos que nos rindan un homenaje así, eso lo deberían hacer, en todo caso, con la madre de dios, pero no con nosotros. - ¿Cómo que no? ¿No es igual de importante haber dado a luz al hijo de dios que haber dado a luz al primer homo sapiens sapiens con alma? ¡Nos tienen que recordar! - Mira amor mío, a mí me parece que sólo dices tonterías. ¿Por qué motivo las futuras generaciones iban a celebrar esta desgracia? - Es lógico, la gente lo hará. Se deben celebrar estos acontecimientos. - Yo creo que sí que lo harán –dijo Andreu el inventor. - ¿Lo ves cariño? Andreu me da la razón. - Sí, estoy convencido de que deben celebrar este acontecimiento -dijo Andreu el inventor- y para ello deberían cantar villancicos como este: En una cueva lejana, Hay estrellas, Sol y Luna, El hombre de Neandenthal Y un mutante en una cuna Y al unísono cantaron todos: Ande, Ande, Ande, la marimorena, ande, ande, ande que la noche es buena. Todos estallaron en una carcajada. El ambiente ya no estaba tan cargado. Parecía que a todos se les había olvidado que acababa de nacer el hombre moderno. Al fin y al cabo es comprensible, si hoy en día todavía ignoramos los principales problemas del mundo ¿Qué se puede esperar de un Neandenthal con una mente mucho menos evolucionada? - Bueno gente -dijo Andreu- tengo que despedirme de vosotros y ponerme a trabajar. Estoy escribiendo un libro que en un futuro lejano se convertirá en un best seller y estoy seguro de que lo verán por todo el mundo a través de unos aparatos, que no me cabe duda que inventarán, con los que emitirán imágenes y sonidos a largas distancias. - ¿Y como se llamará tu best-seller? - Pasión de Gavilanes. - ¡Por dios! Es un nombre feísimo. Te ruego que te marches y dejes de contarnos tus ridículas ocurrencias. - De acuerdo. Adiós familia, y enhorabuena -y se marchó. Acto seguido se marchó la comadrona y las vecinas. Solo se quedaron los tres, la madre a la derecha del niño arrodillada, el padre a la izquierda con un enorme bastón en la mano y el niño, en el centro, descansado en algo muy parecido a un pesebre. - Oye -dijo la madre- creo que no es tan malo haber parido a un hombre con alma. - Ya se verá cariño, yo espero que este nacimiento haga bien a la humanidad. - Sin duda alguna lo será -contestó la madre más calmada-. Pero hay algo que no logro entender. - ¿El qué? - ¿Cómo sabes tantas cosas? El saber no ocupa lugar![]() En una habitación hay colgada una orla de licenciados en filosofía de la universidad de Valencia. En una de esas fotos está él, Oscar, con semblante sonriente. Oscar está tumbado en su cama, las sábanas son blancas, las paredes blancas, su ropa blanca. Su tripa ruge, es mediodía, hora de comer. Se levanta y se dirige a su cocina blanca. Abre su nevera blanca y ve que no hay ni un solo alimento. Tan sólo hay un libro blanco en una de las rejillas. Lo coge, es la crítica de la razón pura de Kant, lo pone en un plato. Coge un salero y sazona el libro como si fuera lo más normal del mundo. Mete el plato con el libro dentro del microondas blanco, programa el tiempo y cierra el microondas. Pasa el tiempo, suena la campanita del microondas, saca el plato con el libro calentado y se va al comedor. Pone el plato sobre la mesa, coge una servilleta y se la pone sobre su camisa blanca para no mancharse. Coge un cuchillo y un tenedor y mira al plato con ganas de devorarlo. Pero su rostro cambia, le invade una tristeza enorme, parece que va a llorar. El libro ha desaparecido del plato y ahora tan sólo están las espinas de un pescado. Sigue teniendo hambre, pero no puede comer. Se levanta de la silla, se sienta en su sofá gris y enciende la tele. En la tele aparece el presentador del programa Saber y ganar, y anuncia una pregunta en la que los concursantes podrán ganar miles de euros si responden correctamente. La pregunta es la siguiente: ¿En qué libro de Kant se expone la tesis de que religión y moralidad pueden fundarse en la razón? Oscar observa el programa con indignación, su rostro se vuelve iracundo, no lo soporta más, se le hinchan las venas de la frente y se levanta de un arrebato. Se acerca al televisor, arranca los cables de cuajo, lo coge, se dirige al balcón que está en esa estancia y lo lanza con rabia. Se escucha un estruendo enorme. Los transeúntes se paran alrededor del televisor y miran hacia arriba, no ven a nadie, chismorrean entre ellos. Se ve a Oscar que ha bajado de su casa y pasa por al lado de ellos, los mira con desprecio y pasa de largo. Oscar se dirige al supermercado, pero en la puerta ve a un mendigo que pide para comer. Se detiene delante de él y lo mira con piedad, piensa que hay gente que está peor de él. En un alarde de infinita generosidad saca el libro de Kant y lo pone en su cuenco de monedas. El mendigo lo mira extrañado, no entiende por qué le ha dejado un libro, coge el libro y lo abre, agita sus hojas y ve que no cae nada de valor de dentro de ellas, el mendigo se cabrea y le lanza el libro en la cabeza y le insulta. Oscar lo mira muy sorprendido, hace gesto de no entender cómo alguien rechaza algo tan valioso, como si le hubiera dado un billete de 500 euros. Recoge el libro del suelo, se lo mete en el bolsillo y entra en el supermercado. Luego pasea entre las estanterías del supermercado, ha llenado su cesta con un paquete de pasta y un bote de tomate. No le hace falta más. Pero pronto se cruza con una joven de buen ver que va de negro, lleva una caña de pescar levantada, en el anzuelo cuelga un letrero que dice: Compra algo que no necesites. Oscar la ignora, le da la espalda, se mete en otro pasillo y se le encuentra de frente acercándose hacia él. Él se asusta y vuelve atrás por otro pasillo y vuelve a encontrarse con ella de cara. Tiene un semblante siniestro y amenazante, su cara está llena de sombras. Oscar no sabe qué hacer, mira a su alrededor y ve unas chocolatinas, las mete en su cesta y vuelve a mirar a la chica de negro. Ella dibuja una leve sonrisa y se marcha con su caña de pescar. Luego se dirige a la caja. Pone lo que ha comprado sobre la cinta, la cajera le indica el importe de la compra señalando la pantalla electrónica. Oscar mira con indiferencia el importe y como si sacase un billete de su cartera saca su libro, arranca una hoja y se la da a la cajera. La cajera mira estupefacta la hoja y no sabe si echarse a reír o asustarse por estar ante un loco, así que se gira buscando con la mirada al guardia de seguridad, el guarda de seguridad la ve, ella levanta la mano y le hace un gesto de que se acerque. Oscar ve que se acerca el guardia de seguridad a por él, se siente amenazado y antes de que llegue se lanza a correr para que no le coja. El guardia de seguridad sale corriendo detrás de él. Oscar sale a la calle y sigue corriendo, va en contra dirección de toda la muchedumbre, nadie camina en la misma dirección que él. Atraviesa un paso de cebra en el que sólo pisa las líneas negras, el resto de la gente pisa las franjas blancas. El guardia de seguridad se ha quedado atrás y deja de perseguirlo para volver a su puesto. Oscar sigue corriendo un poco más y cuando dobla la esquina cae rendido de cansancio, se apoya sobre sus rodillas y resopla. Mira a su lado y ve un cartel que dice: Se ofrece empleo. Se reincorpora, está oscureciendo, sobre él se ve el cielo crepuscular. Se planta delante de la puerta donde ofrecen un empleo y tras dudar unos segundos entra. Aparece en una estancia muy oscura y muy negra. En la pared ve un letrero en el que pone “Oferta de trabajo” y una flecha que apunta a unas escaleras que bajan. Casualmente sobre el letrero se encuentra la luz de emergencia con la inscripción “Salida de emergencia” que apunta hacia las mismas escaleras. Oscar baja las escaleras y encuentra una estancia similar, pero más deteriorada y más oscura, encuentra un cartel que indica que tiene que bajar por otras escaleras. Baja y aparece en otra estancia mucho más deteriorada, las paredes llenas de manchas y suciedad, un cartel le indica que baje. Llega abajo del todo, hay un pasillo oscuro en el que hay una tubo de luz que funciona a intervalos, al final del pasillo hay una puerta en la que dice “oferta de trabajo” y sobre la que se sitúa la luz de emergencia con el letrero de “salida de emergencia”. Con pasos temerosos avanza, la luz se enciende y se apaga, él está sucio y sudoroso. Abre la puerta con miedo y se adentra. En la habitación hay una mesa redonda iluminada desde arriba, el fondo es negro, muy negro. Hay un hombre sentado que lleva un sombrero y un puro en la boca. Oscar lo mira y el señor le ofrece el asiento que está situado enfrente de él. Oscar se sienta y espera. El señor con sombrero saca un fajo de billetes del bolsillo y los agita. Se los acerca a Oscar y él se dispone a cogerlos, de pronto le aparta los billetes, le niega con la cabeza. Saca de otro bolsillo una pistola y se la da. Oscar la coge y no sabe qué hacer con ella. El señor con sombrero hace un gesto con la mano como apuntándose con una pistola en la sien y disparando, invitándole a hacerlo. Oscar, tras muchos titubeos, coge la pistola y se la coloca en la sien. El señor con sombrero se levanta, le da unas palmaditas en el hombro y se marcha de la estancia. Oscar cierra los ojos, se da un disparo y se cae al suelo. Se ve un reloj en el que pasan siete horas, más una extra. Cuando pasa ese tiempo Oscar abre los ojos y resucita, pero la herida no se le ha ido de la cabeza, con gesto confuso se levanta, lee un letrero en el que dice “hasta mañana” y abandona la estancia. En el suelo ha dejado olvidado su libro, sobre el que sopla un viento procedente de ningún lugar que hace pasar las páginas que ahora están en blanco. Rosa![]() Había quedado con Rosa en el bar de siempre. Tenía ganas de verla, los dos días que habían pasado desde la última vez que nos vimos me parecían una eternidad. Ella era muy especial para mí. Pensaba todo el día en ella; me despertaba pensando en ella, me acordaba de ella en cada acción que hacía a lo largo del día, en el reproductor de mp3 tan sólo ponía las canciones que habíamos escuchado juntos; cada vez que me vestía, aunque no la fuera a ver, pensaba si a ella le gustaría lo que me iba a poner. Quería gustarle, era lo único que me preocupaba en la vida. No hacía mucho me dijo que ella también pensaba mucho en mí, que hablaba de mí a todo el mundo, que sus amigas le decían de broma que se ponía muy pesadita cuando se ponía a hablar de mí. Eso me halagó mucho. Parecía que ella iba sintiendo por mí lo mismo que yo por ella. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien con una chica, ella me inspiraba confianza y seguridad, algo que no había hecho ninguna hasta el momento. Llegué al bar antes que ella pero no quise entrar, prefería esperarla en la puerta pese al frío que hacía. Hundí mi cuello entre la chaqueta y la bufanda, levanté los hombros y metí las manos en los bolsillos para resguardarme del frío mientras miraba a un lado y a otro. Tras cinco gélidos minutos de espera interminables la vi aparecer. Dejé de apoyarme en la pared y me incorporé para ver cómo se acercaba. Estaba más guapa que nunca. Intenté disimular mi alegría al verla, escondí mi sonrisa tras la bufanda, aunque sospeché que se notaba. Cuando me vio sonrió, llevaba un gorro blanco que contrastaba con su fino pelo moreno. Llevaba una chaqueta de plumas, pero se podían adivinar las insinuantes curvas de su cuerpo. Simplemente era perfecta. Nos dimos dos besos y entramos. Nos dirigimos al rincón y nos sentamos en unas banquetas que tenían un tapizado de piel de vaca. Ella se quitó la chaqueta y disimuladamente miré su adorable cuerpo. Cuando me miró desvié la mirada, pero no dejé de fantasear con ella. ¿Llegaría el día en el que caería rendida a mis brazos? Comencé a imaginar cómo sería ese momento que tanto ansiaba. - Ariel -me diría-, tengo que confesarte algo, es algo que no puede permanecer dentro de mí más tiempo o estallaré, verás... eres el hombre de mi vida. He estado mucho tiempo ocultándolo pero no puedo más, te quiero Ariel, desde el primer momento en el que te vi. No puedo soportar estar un día sin ti. A lo que yo le respondería: - Yo también siento lo mismo, desde que te vi que quise conocerte, sabía que eras mágica, que no eres como las demás. Yo también he sentido lo mismo que tú durante este tiempo. Entonces nos besaríamos y seríamos felices. ¿Pero cuándo llegaría ese día? Tenía la esperanza de que hoy fuera ese día y si no lo era al menos quería decirle algo, pero no sabía si me atrevería. Siempre fui un cobarde. Veía las miradas que le arrojaban otros tíos que estaban en el bar. Era imposible no fijarse en ella, era realmente guapa. Se notaba que a todos les encantaría follársela, luego me miraban a mí y hacían un gesto de no comprender por qué una tía así estaba con alguien como yo. La diferencia entre ellos y yo es que yo no era un cerdo ni un salido, o quizás sí, pero al menos lo disimulaba. Realmente la quería, quería protegerla, cuidarla y ofrecerle lo mejor de mi persona. Para mí no era un trozo de carne más. Quería decirle lo que sentía por ella, pero estaba seguro de que ella ya lo sabía, a veces no hacían falta las palabras para expresar lo que uno siente. Mi mirada y mis gestos se lo decían, era imposible que ella no lo supiera. Y lo que era más esperanzador, ella lo sabía y estaba conmigo. ¿Por qué estaba conmigo y no estaba con otro? Podría irse con otro, con quien le diese la gana, pero no, seguía allí, conmigo, pese a que sabía que me gustaba. Eso sin duda significaba algo, no quería hacerme ilusiones pero podría darse la quimérica posibilidad de que yo también le gustase. No hacía mucho me mandó al final un mensaje un TQ y eso no se lo mandaba a cualquiera. Yo inmediatamente le contesté y también le puse un TQ al final acompañado de unos besos. No había noche que no nos mandábamos un mensaje deseándonos las buenas noches. Sin duda esta historia prometía, todo estaba a mi favor, pero no me atrevía a dar el paso, seguía siendo el mismo inseguro de siempre. Pedimos unas bebidas, ella una cocacola y yo una cerveza. Era muy habladora, una vez estuvimos cinco horas hablando por teléfono, me dijo que era su record, que nunca antes había estado hablando con alguien tanto tiempo. Ahora me hablaba de los problemas que tenía con su amiga, una que dejó de hablarle sin motivo alguno. Me gustaba escucharla y siempre estaba atento a lo que decía. Quería quedarme con todos los detalles de las cosas que me contaba para poder darle algún consejo útil cuando me preguntase qué podía hacer, quería ayudarla y que se diese cuenta de que conmigo no iba a tener problemas, que yo podría ayudarla a solucionarlos todos con mi sabiduría y experiencia. Debía impresionarla con alguna frase reveladora y comencé a rebuscar en mi memoria alguna frase impactante de uno de esos libros místicos que me leía, seguro que le encantaría. Debía tratar a toda costa de demostrarle que yo era alguien especial. Pero antes de decirle lo que sentía debía tantear el terreno, tenía que estar seguro de que yo también le gustaba. Pero no sabía cómo hacerlo. Lo único que se me pasó por la cabeza fue preguntarle cómo le fue el fin de semana. - Uff, te tengo que contar muchas cosas. No sé por dónde empezar. ¿Te acuerdas del chico que iba a mi clase con el que me reencontré? Recordaba la historia perfectamente. Se trataba de un chico que iba a su clase cuando ella tenía poco más de diez años y que entonces le gustaba. Perdieron el contacto cuando se fueron al instituto. Pero no hacía mucho se encontraron por casualidad, se saludaron, se preguntaron por sus vidas y como puro trámite se intercambiaron teléfonos y direcciones de correo. Desde entonces hablaban por messenger y ella supo que él tenía novia. Pese a eso, el chico no dejaba de invitar a Rosa a su casa para recordar viejos tiempos. Ella preguntaba ingenuamente por qué quería quedar en su casa y él dijo que así era mejor, porque la gente no podría pensar nada malo si les veían en alguna cafetería y su novia no se enfadaría. Sin duda alguna se la quería follar y le puse alerta al respecto cuando me lo contó. Ella tomó nota de mi consejo y desde entonces le daba largas cada vez que le invitaba a su casa. - Claro que lo recuerdo, ¿Qué pasa? ¿Has quedado con él? - pregunté interesado. La historia con él se había convertido en un culebrón, ambos nos divertíamos comentando la poca vergüenza que tenía el chico por tener novia y que le tirase los tejos a ella. - No, mucho peor. - ¿Qué ha pasado? - pregunté ansioso y extrañado. - Pues como te comenté no paraba de invitarme a su casa. Yo no quería ir y le decía que si quería quedar conmigo tenía que ser en un sitio público, pero ante su negativa decidí vengarme. Así que quedé con su mejor amigo. - ¿Con su mejor amigo? ¿El garrulo que te presentó por el messenger? - Sí, ese. - ¿Y qué ha pasado? - Prefiero no hablar de ello. - ¿Cómo que no? - No lo he asimilado todavía. - ¿Cómo que no lo has asimilado? ¡Cuéntamelo! ¿No confías en mí? - Si no es que no confíe en ti, es que no me apetece hablar de ello. - ¿Qué pasa? ¿Os liasteis? Estaba acostumbrado a que ella me contara historias de tíos que le acechaban. Era normal en una tía así que doscientos tíos al día intentasen abordarla. No era nuevo para mí. Pero esto me estaba resultando muy sorprendente. Ella me miró con cara de cordero degollado y asintió con la cabeza. - ¿Cómo has podido? ¡Si me dijiste que era un garrulo! - Ay, no sé. No quiero hablar de ello. - Pero cuéntamelo, si no pasa nada, si aquí hay confianza -quería saber qué sucedió allí. - No, no, si no es por falta de confianza, simplemente ahora no es el momento de contarlo. Respiré hondo. Estaba confuso. Un cuchillo afilado estaba atravesando mi pecho. Di un trago a la cerveza y me giré para ver cómo jugaban al billar. El chico que jugaba apuntó a la bola blanca, lanzó y metió una bola lisa. Se disponía a lanzar otra bola... - ¿No dices nada? - me preguntó. - Emm, si no me cuentas qué ha pasado no puedo decir nada -respondí. Seguí mirando la partida de billar, no quería que se notase que me estaba rompiendo por dentro, debía disimular, no quería parecer un imbécil derrotado. Tenía que parecer como si a mí no me importase con quién se liara ella, no podía soportar la idea de que ella notase el disgusto que estaba invadiéndome. Me horrorizaba que se diese cuenta de que soy un gilipollas. Di otro trago a la cerveza y la dejé sobre la mesa sin soltarla. La miré a ella. - Dime algo ¡No te quedes así! –insistió. - Bueno, de momento no digo nada. Ya me lo contarás cuando estés preparada -dije fríamente. Todas las frases que había pensado para ella se habían esfumado de mi cabeza. No imaginaba que acabaría dándole consejos sobre otro tío. Seguía con el botellín de cerveza en mi mano. Estaba nervioso. Presioné muy fuerte la botella. De haber sido de plástico la hubiese destrozado. Quería salir de allí pero ante todo no quería que percibiera mis sentimientos. Estaba muy tenso. Miré la botella y me dieron ganas de estrellarla contra la pared y dar un grito, pero debía aguantarme, al fin y al cabo yo sólo era un imbécil que se había hecho ilusiones con la tía más guapa de la ciudad, debía volver a mi lugar solitario y recordar que yo nunca iba a gustarle a una chica así, que ellas prefieren a los chulos de playa, a los imbéciles, a los descerebrados o los garrulos. - Bueno, pues hablemos de otra cosa -dijo ella. - De lo que quieras -contesté yo. - ¿Estás mejor del resfriado? -preguntó. Hice de tripas corazón y continué la conversación como si nada. La tensión continuaba en mí y quité todas las etiquetas de la cerveza poco a poco, las doblé, las enrolle e hice miles de figuras con ella. Tan sólo deseaba irme de allí. Estuvimos dos horas allí metidos. Yo no iba a decir que quería irme, en ningún momento debía notarse mi malestar, así que fue ella la que sugirió que nos fuéramos a lo que accedí gustosamente. Salimos, cada uno había aparcado en un extremo de la calle, así que tuvimos que despedirnos y nos dimos dos besos. - ¿Y mañana qué? -me preguntó. - ¿A qué te refieres? - ¿No te acuerdas? La semana pasada me dijiste que me ibas a invitar al cine. - ¡Ah! ¡Es verdad! Mañana te doy un toque y quedamos ¿vale? - Vale, ¡hasta mañana bonico! Me giré. Bonico me había dicho... mala puta, cerda, guarra, que asco me daba. ¿Cómo se podía jugar así con la gente? ¡Ella sabía que me gustaba! ¡Lo hacía a propósito! ¡Quería ponerme a prueba! Yo ya estaba harto de que jugasen conmigo, no podía soportarlo más y me fui a casa. Al día siguiente me despertó mi madre. - ¿No has ido a clase hoy? - No, mamá -le dije desde la cama- vuelvo a estar mal del resfriado. - Tómate algo, si no ve al médico. - De acuerdo. - Por cierto, ¿Sabes que han roto el espejo del ascensor? ¡A ver si averiguan quién ha sido y que lo pague! ¡Es que no paran de cargar muebles dentro y no se puede! Cerró la puerta sin esperar una respuesta. Levanté la manta que me cubría. Saqué mi mano vendada y cogí el móvil de la mesita. Le di al menú de contactos y busqué su nombre. Tenía que llamarla para ir al cine. Seleccioné su nombre. Rosa. Le di a opciones y luego a borrar. ¿Está usted seguro de borrar este contacto? Sí. Me metí en la cama y me tapé. Tan sólo quería dormir tranquilo. El genio![]() No hace mucho tiempo me ocurrió algo insólito. Fui a una tienda de antigüedades a buscar algún trasto útil para casa. Me puse a buscar en una caja entre un montón de chatarra y allí encontré una lámpara que tenía un brillo un tanto especial. La cogí fascinado. Sabía que tenía un valor incalculable, pero la roña la hacía pasar desapercibida entre tanta basura. Froté la lámpara con mucho entusiasmo y de ella salió un fabuloso genio. Yo estaba boquiabierto. -Te concedo tres deseos –me dijo. No me lo podía creer. ¡Por fin se iba a hacer justicia conmigo! Hacía mucho tiempo que esperaba un golpe de suerte así. Siempre había estado convencido de que mi suerte cambiaría algún día, que las cosas no siempre me iban a salir mal. Por fin había llegado mi fortuna, sin duda alguna la merecía. Este genio me iba a hacer olvidar todos los años de angustia que he pasado, por fin conseguiría todo aquello que siempre he querido y alcanzaría las metas por las que siempre he luchado sin cosechar ningún éxito. ¿Pero qué era lo que quería? Comencé a cavilar sobre el asunto. En lo primero que pensé fue en pedir dinero y mujeres. En llevar una vida lujuriosa y derrochar toda mi fortuna en fiestas, drogas, borracheras y putas. Pero no acababa de convencerme, siempre me prometí que cuando llegase el éxito (aunque no me imaginaba que iba a llegar así) nunca dejaría de ser yo mismo. Jamás había derrochado de ese modo, eso no iba con mi personalidad. ¿Qué sentido tenía pedir eso? Comprar cosas no me hacía feliz; mis posesiones terminarían por poseerme. Además, no quería depender del dinero. El dinero era una mierda, lo único que hace es corromper todo y jamás me iba a dar lo que buscaba. Así que descarté esta opción. Después me vino a la memoria la típica trampa que siempre quise tenderle al genio; si realmente podía conceder cualquier deseo, también podría cambiar la norma de las tres concesiones, y en vez de tres, podría pedirle que las cambiase por las que a mí me diesen la gana. Pero haciendo esto estaría incumpliendo las normas del juego que hay que respetar. Estaría jugando sucio. En los cuentos siempre aparecen una serie de normas inexplicables que el protagonista debe cumplir, en cuanto se rompen estas normas se rompe el hechizo o aparece el lobo. Hay que respetar las normas de los cuentos, aunque no las entendamos, aunque sean una mierda. Por lo tanto también descarté pedirle eso, tenía miedo de cagarla. Mis deseos más lujuriosos dejaron paso a otro deseo más vivo: encontrar el amor verdadero. Sería maravilloso encontrar, por fin, a esa otra persona que circula por algún lugar del mundo, a esa que todavía no has conocido pero sabes que está hecha para ti. Pero, ¿Qué iba a hacer el genio para darme a esa persona? Seguramente escogería a una chica y la sometería a un encantamiento que la haría enamorarse de mí enloquecidamente. Entonces la chica no estaría actuando bajo los efectos del verdadero amor, sino bajo los influjos de la magia de un genio. Ella tan sólo estaría cumpliendo órdenes. Eso no sería amor, sería un montaje. Yo quería que mi amada actuase por voluntad propia y no porque yo lo haya pedido. Eso sería lo mismo que obligar a una persona a que se prostituya. Y no, yo no quería eso. Luego pensé en pedir la inmortalidad. Así alcanzaría esa vida eterna que ninguna religión me puede a dar, podría espantar el miedo a la muerte, podría conocer todas las culturas venideras y tener un amplísimo conocimiento del mundo. Pero enseguida me acordé de la película de “Los inmortales”, o de “Entrevista con el vampiro”. Vería a todas mis amantes morir con el paso del tiempo, vería a todos mis amigos caer generación tras generación. Estaría sufriendo constantemente porque nunca encontraría a nadie como yo. Además, también pensé en un futuro a largo plazo. ¿Qué pasaría con un inmortal cuando la Tierra fuese inhabitable? ¿Qué pasaría si el Sol se convierte en una supernova y destruye la Tierra? Mi cuerpo quedaría flotando vivo por los confines del universo y yo tan sólo desearía morir de una vez por todas , tan sólo querría acabar con mi sufrimiento. No, no quería ser inmortal, yo quería morir algún día. No sabía qué pedir. Era una decisión muy difícil. ¿Yo qué quería? De pequeño siempre soñé en ser una estrella de rock y ahora sueño con ser escritor. Podría pedirle al genio que me concediera el deseo. ¿Pero qué haría el genio por mí? Seguramente convencería a un gran productor musical para que se fijase en mí y me lanzara a la fama mundial. ¿Era eso lo que yo quería? Siempre había despreciado a esos productos de marketing de la MTV que no tenían talento y que lo único que tenían era a un multimillonario pagándole una gran campaña de publicidad. Yo tan sólo admiraba a los artistas que se habían trabajado su carrera con esfuerzo. Yo no iba a convertirme en uno de esos pidiéndoselo al genio. Tampoco me conformaría con que todo el mundo se volviese loco comprando mis libros. Yo todavía no era un buen escritor y el genio no me iba a ayudar a serlo. Era imposible ser un buen escritor por obra y gracia de un genio porque no existe la perfección en ese terreno. A la mierda con el genio, yo quería convertirme en un genio y no en un pedo de un genio. ¿Qué más podía pedir? ¿La paz mundial? ¿El cese de las guerras? ¿La erradicación del hambre? ¿Quién era yo para decidir sobre el devenir de la humanidad? La humanidad es así porque la gente lo quiere así. Los que ostentan el poder, los que pueden cambiar las cosas, nunca hacen nada por combatir las injusticias sociales. Los dirigentes de los países más ricos tienen poder para acabar con el hambre en el mundo y no mueven un dedo por hacerlo. Y lo que es peor: a esos dirigentes los han elegido sus pueblos de una forma democrática. Si yo impusiera mi criterio estaría obrando contra todos esos que quieren que las cosas sigan así. Estaría convirtiéndome en un dictador antidemocrático. Y yo, ante todo, repudiaba a los dictadores. Estaba ante el planteamiento más difícil de toda mi vida. No sabía qué pedir, o tal vez sí. No, no, a mí no me hacía falta que un genio me conceda lo que quiero. No me gusta que nadie me dé las cosas hechas. No tiene ningún valor conseguir lo que quieres si no es con tu esfuerzo. ¿Qué me faltaba? ¿liberar al genio? ¡Qué cojones! ¡El genio era libre y todavía no se había enterado! El genio me miraba impaciente, yo no quería hacerle perder más tiempo, me sentía presionado. Así que le dije: - Oye genio, mejor métete en la lámpara, descansa y que te encuentre otro. El genio se quedó con semblante estupefacto y yo me fui convencido de que nunca más jugaría a la lotería. Ya no me hacía falta. Una carta para tiHola querida: Ya llevamos muchos años juntos, aunque no sé el tiempo exacto, es muy difícil contarlo porque ha habido muchas interrupciones en nuestra relación, pero no sé por qué extraña razón siempre acabamos juntos de nuevo. ¿Te acuerdas cuando pensábamos que nunca más nos volveríamos a ver? ¿Quién iba a decir que después de aquello volveríamos a estar juntos? Muchas veces he pensado en eso, y creo que es obra del destino. Por alguna razón tú y yo estamos predestinados a estar juntos y hay una fuerza invisible que quiere que así sea. ¿Tú crees en la magia? Yo tampoco creía, pero tú me hiciste creer. Sé que todos estos años han sido muy difíciles. Han surgido muchos problemas entre los dos. Sé que a veces me he portado mal contigo, que no te he dedicado el tiempo que te tenía que dedicar, que a veces me he ido con los amigos y me he olvidado de ti y que una vez te dije que lo mejor sería que lo dejásemos, que probásemos a estar con otra persona para ver si así éramos más felices. Sé que he dicho una cantidad enorme de tonterías que no debería haber dicho, sé que te fui infiel y que he cometido muchos errores, pero compréndeme... son tantos años juntos... La gente no se creerá que tú y yo estamos juntos prácticamente desde que éramos pequeños. De pronto un día me desperté y tomé conciencia de la situación, tenía 15 años y me di cuenta de que tú y yo estábamos juntos de otro modo, que te sentía de otra forma. Descubrí que lo nuestro era algo más que aquella inocente amistad infantil, que aquellos contactos que manteníamos ya no eran iguales que antes, que tu presencia me hacía arder y que tus besos eran el aire de mis pulmones. Y entonces se desató el fuego entre los dos y juntos comenzamos a escribir poesía. Ha pasado mucho tiempo desde que escribimos la primera letra de nuestra historia, y no puedes imaginarte lo mucho que he aprendido contigo y la cantidad de cosas que me has enseñado. Muchas veces pienso qué hubiese sido de mí sin ti y estoy seguro de que ahora sería un perdido, sin estudios y sin metas en la vida. Si no te hubiese conocido estoy seguro de que estaría muerto en vida y ahora no sería lo que soy. Sé que es inútil darte las gracias, pero estaré eternamente agradecido a lo que has hecho por mí y por lo bien que me has cuidado. Todo lo que soy te lo debo a ti. Han sido tantas cosas las que hemos vivido juntos... hemos reído, hemos hablado, hemos cantado e, incluso, hemos llorado. Son momentos que nunca olvidaré y que permanecerán por siempre en mi memoria. Sé que hay gente no entiende lo nuestro, los hay que me preguntan por qué estoy contigo y yo les contesto que me gustas, pero no lo entienden. No comprenden que quiera estar contigo y me intentan convencer de que no tienes nada especial. Me da rabia darles explicaciones, yo no tengo que dar explicaciones a nadie, no tengo por qué soportar que me digan que hay miles de mujeres ahí fuera que me pueden dar lo que busco. ¿Acaso saben ellos lo que busco? A la única que debería dar explicaciones es a ti, pero por suerte no me las pides y eso me hace sentir bien, porque sé que sin decirte nada me entiendes. Esta carta la escribo porque quiero darte las gracias por estar siempre ahí, en los momentos más difíciles, y espero que estés conmigo durante mucho más tiempo, y que compartamos más momentos de alegrías que de penas. Y una cosa te quiero decir: aunque lo nuestro se rompa algún día (que no lo creo), espero que nos sigamos viendo porque te necesito y no podría vivir sin ti. Me gusta estar contigo. Me haces sentir bien y no quisiera perderte nunca porque eres tú con la única con la que me siento a gusto. Créeme cuando te lo digo, y espero que no te ofenda, que si de pronto encuentro a otra persona y desapareces, que sepas que siempre habrá un cuarto oscuro para ti, donde iré a buscarte en secreto, sin que nadie nos vea. Si algún día acabo en un altar ante un cura, con mi mujer a mi derecha. Recuerda que en el momento de decir el “sí quiero” miraré a mi izquierda, hacía un lugar donde no haya nadie, y te guiñaré un ojo. En algún cajón polvoriento![]() Y ese día llegó. Tú y yo nos cruzamos entre la multitud. No lo esperábamos, ninguno de los dos pensábamos ya en el otro. El destino quiso entremezclarnos en esa maraña absurda y caprichosa que teje con nuestras vidas. Ambos andábamos acompañados de las personas que ahora forman parte de nuestro presente. Me viste y nos cruzamos la mirada durante unos segundos. Una mirada silenciosa que hizo estallar algo muy adentro de nosotros. Una bomba de sentimientos naufragados. De pronto, resucitaron los deseos frustrados de aquella historia de amor que nunca vivimos. En un segundo volvieron a resonar esas palabras que tantos años nos costaron olvidar, las mismas que están escritas en algún cajón polvoriento de nuestras habitaciones. La memoria nos atropelló y sonaron las campanillas. Pensé que el tiempo no había transcurrido, creí que abandonaríamos a nuestros acompañantes y, sin mediar palabra, nos daríamos, por fin, el beso que nunca nos dimos. Pero apartaste la mirada y avanzaste cabizbaja, como sintiéndote culpable. Yo al ver tu reacción también aparté la mirada. No quise ver, de nuevo, como te alejabas. Y Ninguno de los dos interrumpimos el paso. Yo continué mi camino... ...pero ya no sabía a dónde iba. Café tocado![]() Trabajaba de botones en un hotel de cuatro estrellas junto al mar. Era un buen curro. Recuerdo que el primer día, sin saber nada, conseguí 30 euros de propina. Cuando llegué nadie me explicó qué debía hacer. Así que me puse el uniforme, el cual se componía de un pantalón, una camisa y una corbata, y pregunté al de recepción qué tenía que hacer. En ese momento entró al hotel una pareja mayor. El chico de recepción me dijo que les llevase las maletas. Me dirigí a ellos y les cogí el equipaje. Ellos hicieron el checkin y me miraron como esperando a que yo les acompañase. Yo todavía no sabía ni por dónde se iba las habitaciones. Entonces les dije que era mi primer día y que todavía no conocía nada del hotel. Los clientes, que poseían un gran instinto paternal, comenzaron a ayudarme. En el ascensor me explicaron que la primera cifra del número de habitación indicaba la planta. Todo eso era nuevo para mí, yo estaba trabajando en un hotel y nunca en mi vida había estado alojado en uno. Al llegar a la habitación dejé las maletas y les dije: “Ahora les explicaría cómo funciona todo, pero es la primera vez que entro en una habitación del hotel”. En vez de enfadarse por la ineficacia que mostré les hice gracia, me dijeron que ya aprendería, que no me preocupase, y me desearon mucha suerte en mi nuevo trabajo. Cuando iba a salir por la puerta el hombre me llamó y se acercó. “Toma, tu primera propina”. Y me dio 3 euros. Entonces comprendí que ese trabajo era un chollo, que me darían dinero simplemente por llevar maletas y encima tendría una paga a final de mes. Descubrí que el hecho de decirles a los clientes que era mi primer día de trabajo les hacía ser más generosos con las propinas. Así que estuve al menos durante dos semanas diciendo a todos los que llegaban que era mi primer día de trabajo. Instantáneamente me daban una propina muy sustancial. Incluso cuando tenía que llevar una toalla a una habitación me daban propina. Era el trabajo más agradecido del mundo. Cada vez que hacía un movimiento me daban propina, y si no lo hacían quedaban como unos agarrados hijos de puta. Una vez, a una japonesa se le había roto el cierre de la cremallera de su maleta y me dijo si podía hacer algo por arreglarla. Entonces avisé al chico de mantenimiento, el cual tenía fama de ser un vago, y le comenté el problema. Él vino enseguida y lo arregló en cuestión de segundos. La japonesa, muy agradecida con el trabajo del chico, le dio 10 euros. Entonces me vio a mí, que tan sólo estaba mirando cómo lo reparaba y sacó otro billete de 10 y me lo dio. ¡Me acababa de dar dinero simplemente estar mirando cómo reparan algo! Sí, sí, desde luego este era mi trabajo. Pero ningún trabajo es perfecto. En los hoteles los botones son los chicos que sirven para cualquier cosa. En principio sirven para llevar maletas, pero también nos hacían tramitar las reservas de habitaciones, coger el teléfono, enviar fáxes, llevar papeles de un lado a otro, hacer facturas. Hacíamos cualquier cosa que se pueda imaginar, incluso más de una vez nos tocaba hacer camas. Pero había algo que odiaba con toda mi alma, lo que más me repateaba era tener que llevar cafés al despacho de la directora. Era el trabajo más indignante que puede hacer un ser humano. Simplemente por el hecho de estar por debajo en la jerarquía de poder tenía derecho a pedirme que le subiera un café tocado de ron Negrita. Le llevaba cafés al menos tres o cuatro veces al día. Sin duda alguna ella tenía un problema con el alcohol. Normalmente, ella se estacaba una botella de vino para comer y cuando le llevaba el último café del día me invitaba a sentarme. Le gustaba conversar conmigo, aunque más que una conversación era un monólogo repetitivo de su vida. Todos los días la misma historia. Me contaba cómo empezó trabajando en los hoteles desde lo más bajo y ahora había llegado a lo más alto gracias a su esfuerzo personal. Me contaba qué compaginó el trabajo con los estudios de psicología, aunque de psicóloga tenía poco, ya que se le notaba que todas sus sonrisas eran falsas, que era manipuladora y que, además, fingía un falso interés por la gente. Cuando ella soltaba su discurso siempre me preguntaba después qué quería ser de mayor, qué estudiaba, si estaba bien en el trabajo, si tenía alguna sugerencia para mejorar el hotel. Todo eso día tras día, como si de un día para otro fuese a cambiar mi opinión. Despreciaba profundamente a esa gente que cada vez que te ve se interesa sin interés por tu vida. Te preguntan qué estás haciendo y tú mismo recuerdas que eso te lo preguntó la semana anterior pero no se acuerda porque, en realidad, les importa una mierda lo que estás haciendo. Un día, la directora me llamó para que le llevase un ron con Negrita. Fui al bar, se lo pedí al camarero y me fui a su despacho. Ya estaba harto de que ella no fuese capaz de ir a por su puto café, como si tuviese algo importante que hacer, cuando en realidad lo único que hacía era navegar por internet y escuchar música. Llevando el café perdía un valiosísimo tiempo en el que podría estar ganando propinas. Cuando subí las escaleras miré el café. Estaba hasta los cojones de ella. Pensé varias veces si hacerlo o no. Miré alrededor y no vi a nadie. Entonces escupí dentro de la taza. Pero la mala fortuna hizo que se quedarse la saliva flotando como si fuese la espuma un café capuchino. Se notaba que había escupido ahí. Así que cogí la cucharilla y comencé a remover el café hasta que desapareció el rastro de la saliva. Abrí la puerta y me recibió con su habitual sonrisa falsa. A continuación me invitó a que me sentara y me dio las gracias. Yo me senté y la miré. Entonces comenzó de nuevo sus preguntas de siempre: ¿Estás bien? ¿Te gusta el trabajo? ¿Has pensado qué vas a hacer cuando seas mayor? Luego comenzó a sorber su café y me habló de la importancia que tenía el sacrificio en el trabajo. Me volvió a contar la historia de cuando dio a luz a su primera hija. Ella estaba trabajando en el hotel cuando rompió aguas porque quería estar trabajando hasta el último momento. Me daba asco escucharla, como si eso de ser más trabajadora la dignificase más. Como si los trabajadores fuesen los nuevos héroes modernos. Como si el hecho de haber dedicado más tiempo al trabajo que a su propio reposo por su propio bien y por el de su hija la ennobleciera. Mientras contaba la historia ella bebía café. Yo era el eslabón más bajo del hotel. Ella me daba por el culo ordenándome que le llevase un café y ella se bebía mis fluidos. Era un completo acto sexual metafórico. Me consolaba saber que aunque ella estuviese sentada en el asiento de dirección yo se la había metido mucho más adentro que ella. Hasta la garganta e incluso hasta el estómago. Yo fingí que me fascinaban sus historias y que la admiraba. Terminamos la conversación y nos despedimos amablemente. Cerré la puerta de su despacho y sentí ese aire triunfal del que ha obrado anónimamente por una buena causa. Tirarse por el balcón![]() - ¿Bajamos? - Prefiero hacerme otra. - ¿Qué otra? - Toma mi chaqueta. - Gracias. - ¿No tienes frío? - No, hace calor. - ¿Y por qué yo tengo frío? - Para gustos los colores. - Pero tener frío no se escoge. - El sabor del queso tampoco. - ¿Y el sabor de la mierda? - ¿Te refieres al sabor de boca que tengo cuando no como? - ¿Y qué ocurre con el agua? - El agua es insípida, el agua baja, sube, desaparece, se congela, pemanece. - Pero nunca nos bañaremos dos veces en el mismo agua. - Aquí no hay quien se hunda. - Tira todo el aire… ¿Qué pasa? ¿No te gusta mi chaqueta? - ¿Qué no te gusta mi mierda? - Siempre estamos con los gustos, a mí me gusta hablar de otras cosas. - Yo tuve un hijo. - ¿Y qué es nacer? - ¿Bajamos? He de partirHe de partir. Tengo un poco de miedo. Pero sólo me queda seguir adelante. Los motivos que me impulsan no sé bien de donde vienen, puede que desde la raíz de mi ser. Cuando uno se aleja de sus orígenes vuelve a sus raíces, se encuentra consigo mismo, uno no sabe quién es hasta que no se va. Arrastraré mi maleta por el asfalto mojado, alguien derramará una lágrima, pero yo podré respirar más tranquilo que nunca. Necesito respirar, siento mi pecho oprimido, siempre he estado acompañado por una espiral circular que termina en sí misma, como un ratón en un laberinto sin salida, como si fuera parte de un experimento, pero he encontrado una salida, para desde la distancia ver en perspectiva... ahora me espera algo distinto, al menos siento eso... luego será lo que tenga que ser, y sabré si quiero volver, o si lo hago, al menos algo más sabré. Uno sólo aprende a levantarse cuando se cae, yo creo que me caeré muchas veces, me dolerá, pero no me quedará otro remedio que salir adelante, los transeúntes no pararán para socorrerme y como mucho me pisotearán. Necesito sentir el dolor de la vida, que me atraviese el tiempo y saborear el placer de la risa. Más auroras y ocasos, más música, más aventuras, más derrotas y victorias, más de mí mismo... Paulo tiene razón, “cuando no se puede retroceder, sólo debe preocuparnos la mejor manera de seguir hacia delante”. Eso haré, caeré, me levantaré, y seguiré firmemente hacia mí, a fin de cuentas yo camino, necesito caminar, hacia fuera y hacia mí... El dolor me hace sentir, los placeres también, ¿Qué dolores y placeres encontraré en esta partida...? ¿Qué clase de partida estoy empezando, ajedrez, cartas...? ¿ganaré o perderé esta vez? Lo pienso, y creo que estoy en una partida de ajedrez que ahora va en serio. Es mi turno y muevo ficha. Cada acción de mi vida será un nuevo movimiento, a veces atacaré, a veces me contendré, a veces buscaré la simpleza, la rapidez, el riesgo, el sacrificio o una simple retirada. Sólo al final, cuando la muerte juegue su último movimiento, sabré si la “partida” valió la pena. Agradecimientos a Fenix . En un país lejano existió hace muchos años una oveja negraEn un país lejano existió hace muchos años una oveja negra. Vivía con un rebaño de ovejas blancas que la marginaron desde que llegó. Se mofaban de ella, la insultaban e incluso la agredían. Creían tener ese derecho, ya que la oveja negra no era como ellas y no merecía ningún respeto. Pero un buen día llevaron al rebaño a esquilar. Las ovejas fueron despojadas de sus lanas una tras otra. Y cuando llegó el turno de la oveja negra, el peletero, consciente del insignificante valor que tenía la lana negra en el mercado, prefirió ahorrarse el trabajo de esquilarla porque no obtendría ningún beneficio con ella. Al día siguiente todas las ovejas blancas tenían frío, algunas, incluso, murieron congeladas. Inicios literariosEstaba dispuesto a suicidarme. Acababa de descubrir que el amor no existía y todos mis ideales y principios se derrumbaron. Ya no confiaba en nadie y ya no tenía ninguna fe en nada. Yo no quería formar parte de un mundo tan hostil e injusto. Iba a tirarme de cabeza por el balcón, así no existiría ninguna posibilidad de sobrevivir y quedarme gilipollas para el resto de mi vida. Con mi muerte todo volvería a su cauce, ya que yo nunca debí nacer, tan sólo fui fruto de un embarazo no deseado de dos borrachos imprudentes que no tomaron las medidas oportunas antes de entregarse al placer carnal. En definitiva: yo tan sólo era un polvo mal echado. Mi verdadero destino era estrellarme contra el látex y no estar aquí sufriendo, llorando y deseando la muerte. Esta era mi última noche en la Tierra. No quería vivir más de este modo y la muerte era mi única escapatoria. Antes de lanzarme al vacío decidí sentarme y redactar una carta de despedida. Quería que todo el mundo supiera por qué había tomado esta decisión. Quería que entendiesen que yo no tenía intención de seguir viviendo así de mal, y mucho menos seguir trabajando en algo que detestaba, ya que a mí no me llenaba comprarme teléfonos móviles, ni televisiones de plasma, ni siquiera todo el oro del mundo podía llenar el profundo vacío que me provocaba saber que no existía el amor. Tampoco podía hacer como otros que conseguían hallar el sentido de la vida en cualquier cosa, yo no lo encontraba ni en Dios, ni en el fútbol, ni en la música, ni en el cine, ni en la literatura, ni en nada, absolutamente nada. A mí todo eso me la traía floja. El mundo estaba podrido y yo no me iba a pudrir con él. Así que comencé a redactar mi carta de despedida. Una carta que quien la leyese se diese cuenta de que llevo razón, que suicidarse era lo mejor que podía hacer cualquier persona con dos dedos de frente. Una carta desgarradora y demoledora capaz de estremecer al mundo entero. Una carta que iba a tener tal cúmulo de verdades proféticas, que en el Vaticano se verían obligados a celebrar un concilio para incluirla en las nuevas ediciones de la Biblia. Abordé el papel con ímpetu y seguridad. Conseguí escribir cuatro palabras del tirón, pero enseguida me estanqué. No sabía cómo continuar. Releí lo escrito y me di cuenta de que todo aquello era una puta mierda. Arrugué el papel y lo lancé a la papelera. Cogí otra hoja y comencé de nuevo. Repetí el proceso varias veces, pero no conseguía escribir más de dos líneas seguidas sin que me invadiese la sensación de estar redactando una carta digna de un suicida mediocre. Yo era un perfeccionista y no podía dejar una carta cualquiera. Tenía que expresar con total precisión cuál era mi fatalista visión del mundo. No sé qué pasó luego. Sólo recuerdo que me desperté con la luz del día. Me había quedado dormido sobre la mesa. Estaba envuelto de decenas de folios repletos de tachones. Me incorporé y vi que la papelera también estaba llena de bolas de papel. Era un nuevo día y ya llegaba tarde al trabajo, cosa que no me importaba: no pensaba volver. Yo era otro hombre. Un superhombre. Sobrevivir ya no tenía sentido para mí y, por lo tanto, mucho menos sentido tenía ir a trabajar. En la noche anterior había matado, sin darme cuenta, a un “yo” que no me gustaba y ahora me sentía mucho más ligero sin él. Descubrí que para suicidarse no era necesario quitarse la vida y, si algún día quería hacerlo, debería convertirme antes en un buen escritor capaz de redactar la carta de mi suicidio, esa en la que explicaría con todo lujo de detalles por qué este mundo es un estercolero. Yo todavía no era consciente de la magnitud de mis actos. Hasta entonces había escuchado infinidad de veces la importancia que tenía escribir. De hecho, en lo único que coincidían todos los grandes escritores era en decir que escribir era vivir, y en el momento que ya no pudiesen hacerlo estarían muertos. El propio Hemigway se pegó un tiro cuando se dio cuenta de que estaba acabado como escritor. Sin embargo, yo estaba en el otro extremo, yo no conseguí redactar aquella carta, de haberlo hecho ahora estaría muerto. Por eso puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que no saber escribir me salvó la vida. Decidí dar un paseo y disfrutar de aquella mañana. Y es curioso: cuando atravesé el umbral para salir de casa sentí como si la puerta fuese mucho más ancha... más ancha que nunca. Genealogía![]() Estaban sentados el padre y el hijo ante la comida. Llegó la madre y los tres comenzaron a comer. El padre tenía semblante serio, era un cabeza de familia respetable con un trabajo envidiable con el que podía mantener a toda la familia. La madre era una fiel ama de casa que ponía lo mejor de sí en cada tarea que hacía. El hijo tenía diez años y daba muestras de una inteligencia y curiosidad impropias de su edad. El hijo comía ensimismado, sin quitar la mirada de la sopa. De pronto miró a su padre por encima de esas gafas que le daban aspecto de empollón. - ¿Cómo os conocisteis? – preguntó el niño. El padre se iba a llevar una cucharada a la boca pero se quedó inmóvil ante la pregunta. Dirigió la mirada hacia su esposa. Ella dejó la cuchara en el plato y con un gesto nervioso se limpió la boca con una servilleta. Ambos recordaban aquella noche hacía ya 12 años. Él caminaba por el paseo marítimo y una chica que iba con unas amigas se le acercó. - Oye guapooo, ¿Tienes porros? – dijo en un tono que evidenciaba su estado de embriaguez. - No, no tengo. Pero tengo otra cosa –contestó él para insinuar que tenía unos gramos de coca en su bolsillo y con la esperanza de comerse un rosco si la invitaba. - ¿Sí? ¿Qué pasa? ¿Tienes la polla gorda? – Ambos estallaron en una carcajada. - ¿Qué tal si vamos ahí a la playa y lo compruebas por ti misma? – dijo mitad en broma mitad en serio. Ella sonrió maliciosamente y le guiñó un ojo. El padre se llevó la cucharada a la boca, miró a su hijo de reojo y con la boca llena le dijo: - ¡Come y calla, joder! El niño reanudó la comida sin entender nada. Querida Nora:8 de diciembre de 1909 Mi dulce, pequeña, lasciva Nora, hice lo que me dijiste, so marranita, y me pajeé dos veces mientras leía tu carta. Me siento entusiasmado de saber que te gusta que te jodan por el culo. Ahora puedo sacar a relucir aquella noche en que te jodí tantísimo por detrás. Nunca he pasado contigo una velada de jodienda con más mierda, cariño. Dices que me la chuparás cuando vuelvas, y que quieres que te coma el coño, granujilla depravada. Espero que me sorprendas en alguna ocasión en que me quede dormido con ropa, te me acerques con fuego de puta en tus ojos soñadores, desabroches mi bragueta botón a botón, desenfundes con amabilidad el recio pájaro de tu amante, te lo introduzcas en la boca húmeda y lo chupes hasta que se ponga gordo y tieso tieso y se corra en tu boca. James Joyce El refugio![]() A veces, creo que mi habitación es el refugio ideal donde puedo estar en paz y tranquilo. Imagino que mi casa es una trinchera en la que me resguardo del campo de tiro que hay en el exterior. Mi objetivo no es otro que encontrar la calma y la soledad absoluta. Quiero ser invisible; que nadie sepa que existo. Me tumbo en la cama y observo detenidamente el techo. Hay una telaraña en un rincón, pero me da igual ¿Qué más dará que esté o no? Cierro los ojos y me hundo más y más en la cama. El colchón parece estar hecho de chicle. Las sábanas se tragan mi cuerpo como si fueran arenas movedizas. Me hundo a través de una puerta espacio-temporal que me conduce hacia otros mundos en otros tiempos. Quiero viajar hasta la Grecia clásica, quiero hablar con Platón, quiero pasear por las ágoras junto a Sócrates y escandalizar a unos cuantos mediocres. Me encantaría haber vivido en ese tiempo, por aquel entonces la gente no tenía nada mejor que hacer que pasear y filosofar. Hoy en día no se puede encontrar una plaza así, llena de idealistas en la que se puedan hacer disertaciones filosóficas sobre la vida y la muerte. Si ahora saliese de mi zulo y comenzase a preguntar a los transeúntes si ya están preparados para la muerte, lo más seguro es que me encerrasen en un manicomio. En Grecia sabían lo que era bueno: comenzaban discutiendo sobre cuántas partes tenía el alma y acababan montando una orgía. Estoy en paz, pienso que lo he conseguido, creo que por fin he alcanzado mi meta: soledad y silencio. Pero pronto los muelles de la cama de mi vecina comienzan a molestarme. A la hija de puta siempre le da por echar un polvo a estas horas y con los ruiditos del colchón y los jadeos me jode la siesta. A la mierda Grecia y a la mierda mi paz interior. Si Sócrates hubiese nacido en estos tiempos, de buen seguro que se bebería el cianuro sin que nadie se lo ordenase. Me levanto y me voy al cuarto de baño. Me lavo la cara y me miro en el espejo. - Ariel, ¿Quién eres Ariel? – me pregunto. Llaman al timbre. Tengo visita. Es un amigo. Sube y le ofrezco asiento y bebida. Me habla de sus problemas, por lo visto está deprimido. No le presto mucha atención, él habla yo sigo preguntándome dónde podría encontrar algún refugio en el que pueda olvidarme del mundo y que este se olvide de mí. Pero ahora no puedo huir, hay alguien en mi casa, ¿Cómo se puede escapar cuando te están molestando en tu propia casa? No quiero decirle que se vaya, no quiero que se sienta ofendido. Le sugiero que nos vayamos a un bar y acepta. Allí estamos durante media hora y luego le digo que me quiero ir a casa, que ya estoy cansado. Él se va por otro camino y yo, por fin, soy libre; estoy solo y nadie me molesta. Decido coger el coche. Cuando conduzco me siento aislado del mundo exterior: puedo cantar y desafinar, puedo gritar, puedo insultar a la gente sin que me oigan, puedo poner la música a tope sin que ningún vecino se queje, puedo hablar sólo sin que me miren preguntándose si estoy bien de la cabeza. Aparco cerca de la escollera. Al final del camino rocoso hay un faro verde al que me gusta subir y disfrutar de las impresionantes vistas. Desde allí, rodeado del mar, veo caer el atardecer. Lo único que oigo es el rumor de las olas. Por fin respiro aire puro, por fin lejos de la humanidad, por fin solo. Recuerdo que, una vez, estando en este mismo faro verde, llamé a una chica que vivía en la ciudad y le dije que se asomase al balcón y observase al faro verde. Me dijo que había algo que obstruía la luz, y le dije que era yo. Qué bonito era comunicarse con la persona a la que amaba mediante señales de luz... Pronto comienza a llover, de nuevo se quiebra la paz de mi refugio. Me largo de allí cabreado con las inclemencias del tiempo. Arranco el coche apresurado y acelero. Quiero volver al refugio de mi casa, que es el mejor lugar del mundo aunque haya ruidos molestos. Transito por la ciudad. Los limpiaparabrisas se agitan. Estoy parado en un semáforo. La gente camina con sus paraguas de un lado a otro sin sentido alguno. De pronto, y sin saber por qué, me asaltan unas terribles ganas de atropellar a alguien. Lo peor que me puede pasar si lo hago es que me metan en la cárcel. Pero no me importa, puede que allí encuentre mi refugio ideal. En la cárcel me suministrarían comida y tendría una celda en la que podría dormir tranquilo y sin que nadie me incordie . El único inconveniente de estar en la cárcel es que te den por el culo en las duchas, pero no me preocupa demasiado, ya estoy acostumbrado a que lo hagan aunque en otra modalidad. Pienso que en la cárcel tendría tiempo de sacarme una carrera o dos. Es más, incluso, podría escribir un libro al igual que hizo Cervantes. De hecho, mi libro sería mucho mejor y más extenso que El Quijote, puesto que yo no soy manco y no tendría que dejar de escribir cada vez que tuviese que rascarme los cojones. Al fin nacería un verdadero genio desde la Edad de Oro. Ariel Pérez Amarte: El mejor escritor del siglo XXI, conocido porque escribía con una mano en el papel y la otra en los cojones, el único escritor capaz de transmutar en literatura la portentosa energía de su chacra sexual. Conseguiré que la gente abra los ojos gracias a las revelaciones de mi obra. Convenceré al mundo las innumerables ventajas de vivir en la cárcel. Publicarán mi libro, la gente lo leerá, y en las televisiones ya no se hablará de otra cosa. Enseguida la gente comenzaría a cometer asesinatos con la esperanza de poder entrar en la cárcel y, con un poco de suerte, coincidir en la misma celda que yo. El mundo se volverá loco gracias a mis palabras. Me traducirán a todos los idiomas posibles y a partir de entonces necesitarán construir nuevas cárceles capaces de albergar a todos los seguidores de mi filosofía. Al cabo del tiempo toda la humanidad acabará encarcelada por mi culpa. Los funcionarios de prisiones serán los últimos en encarcelarse, se meterán dentro, cerrarán la puerta con llave y la arrojarán lejos del alcance de nadie. Llegado ese momento aprovecharé para salir de allí. Me escaparé y el mundo será mío. Todos habrán caído en mi trampa y yo, por fin, podré pasear por el mundo tranquilo y sin molestia alguna. Mientras tanto, en las cárceles, comenzarán a escasear los alimentos y a los reclusos no les quedará más remedio que recurrir al canibalismo. Se comerán los unos a los otros hasta que, finalmente, el último hijo de puta se muera de hambre. Y una vez fuera no me molestaré en rescatar a nadie de las cárceles. Lo único que haré será acudir a los zoológicos para abrir las jaulas y liberar a todos los animales en cautiverio. Mi conciencia no podría estar tranquila sabiendo que existe un solo animal encerrado. Gracias a mis flamantes ideas habré conseguido que la Tierra vuelva a su hábitat natural y salvaje, y, de paso, habré encontrado mi refugio ideal. No cabe duda de que encontrar la paz tiene un precio... por eso vale la pena pisar el acelerador y llevárselo todo por delante. Argumento para un videojuego![]() Nombre del videojuego: Grand theft Auto. Cullera City. (Fredy quiere vivir en paz)
Primera fase Fredy está durmiendo y el perro del vecino no deja de ladrar. Para poder conciliar el sueño Fredy debe lanzar desde su balcón salchichas envenenadas para matar al maldito perro de los cojones. Es una prueba de extrema violencia, ya que matar a un animal es más grave que matar a una persona. Segunda Fase Fredy quiere seguir durmiendo hasta el mediodía, pero en su casa no paran de poner la tele a tope. Fredy deberá coger una katana y degollar a todos sus familiares. El nivel de dificultad aumenta porque si uno de ellos consigue escapar llamará a la policía y te detendrán. ¡Suerte! Tercera Fase Fredy debe ir a trabajar con su coche de mierda y no soporta que lo adelanten los pijos con cochazos que ponen música puchipuchi. Cuando uno de estos descerebrados intente adelantarle, Fredy deberá acelerar para que el pijo no pueda reincorporarse al carril y se estrelle con los coches que vienen de frente. Cuantos más coches de pijos consigas destrozar más puntos ganarás. Cuarta Fase Fredy intenta trabajar. Pero la gente le molesta. Fredy deberá matar a todos los que se acerquen al estand de telefonía con los rayos infrarrojos de un teléfono mortífero. Hay que aplicarse con contundencia ya que los clientes tienen la capacidad de resucitar y convertirse en zombies y volver al ataque. Deberá procurar que no acaben con él. El nivel de dificultad aumenta a medida que se matan a más personas. Quinta Fase Fredy está harto del consumismo que hay en su centro comercial. Considera que toda la gente es idiota y merece morir. Para ello robará una pistola al vigilante de seguridad e iniciará una matanza indiscriminada contra todo sujeto que circula por el centro comercial. La policía entrará en acción y te podrá detener. Podrás matar a policías y robarles sus armas cada vez más superiores. Nivel de dificultad altísimo. Fredy está harto de la Iglesia. Para acabar con ella roba un tanque en una academia militar y se lanza por la ciudad en busca de Iglesias y conventos que destrozar. La matanza de curas y monjas aumentará tu reputación. Fredy pasea por Cullera y se da cuenta de que no hay librerías. Los únicos negocios que hay en Cullera son inmobiliarias y la especulación urbanística de cuatro mafiosos. Ante esta situación Fredy pasa a la acción directa y debe incendiar con cócteles molotov todas las inmobiliarias de Cullera. Décima fase La fase final. Extrema dificultad, casi imposible. Fredy intenta ligar y deberá encontrar a una mujer adecuada a sus pretensiones. Fredy deberá buscar entre 50 millones de chicas y encontrar a la chica ideal. (si es que existe).
Un hombre con el alma corrupta defecando.![]() Entró en el cuarto de baño, se situó de culo al inodoro y se bajó los pantalones. Una persona aparentemente normal se hubiese sentado, pero él introdujo su cabeza en el inodoro e hizo el pino. Haciendo un gran esfuerzo consiguió alcanzar el equilibrio y que su culo apuntara hacia el techo, hacia arriba, hacia la Idea de Bien. Comenzó a hacer fuerza. De su culo iba apareciendo lentamente una figura cónica marrón que crecía como una flor, como una montaña que se eleva hacia el cielo, como una orca que sale del océano para dar un salto. Cuando aquel cuerpo castaño estuvo medio fuera, el hombre dejó de moverse y la mierda abrió los ojos, miró a su alrededor y se vio atrapado en aquel ano. Hizo un gran acopio de fuerzas y logró sacar sus extremidades superiores aprisionadas y con ellas pudo impulsarse para salir de aquel agujero negro. La caca caminó hasta el botón para tirar de la cadena, lo presionó y el cuerpo fue engullido por el inodoro y transportado a través de las cañerías hacia una vida mejor. Y así, queridos amigos, la mierda salió de aquel cuarto de baño dispuesta a encarar su nueva vida mostrándose tal y como era. El alma que habitaba dentro de él, la que daba movimiento a su cuerpo, se había desprendido de su disfraz. Pintura: Elisa M. Rufat Borges me perdonaría![]() Fui a la biblioteca del instituto a estudiar. No había nadie. No era extraño: en mi biblioteca nunca había gente. Ese día no estaba ni el bibliotecario. Abrí los libros y me concentré en el estudio. Entonces sentí una extraña sensación: miré a mi alrededor y por un momento sentí que los libros de la biblioteca habían cobrado vida y me estaban mirando con pena. Nadie les hacía caso, parecía que se estaban muriendo del asco. Los libros estaban marginados por los alumnos del instituto. En ese lugar la cultura estaba abandonada. Entonces me dirigí a la estantería de literatura española. Desde hacía tiempo que quería leer a Borges, todos decían que era un Dios de las palabras. Vi un libro de relatos del maestro, era una edición del año 82, el año en que nací. El libro parecía nuevo. Seguro que tan sólo lo habrían leído dos o tres alumnos en 23 años. Cogí el libro, lo metí en la mochila y me largué de allí. Al salir, imaginé que Borges comprendía el acto solidario que realicé con su libro. Él sabía que rescaté a su libro del olvido y que ya no volvería a estar más en esa polvorienta biblioteca. No me sentí culpable, todo lo contrarío: me sentí un santo, como Fray Guillermo cuando en el Nombre de la Rosa rescató de las llamas el mayor número de libros posible. Aquel mismo proceso se repitió durante semanas con otros libros que merecían estar en un lugar mejor, como, por ejemplo, en mi casa. PaseoBaldosas rojas y amarillas bajo mis pies. Las analizo una a una. Intento adecuar mi paso para pisar siempre las baldosas amarillas. Es imposible. Tengo que dar un paso más largo que otro y parezco idiota. No sé hacia dónde camino. El muerto al hoyo y el vivo al bollo
Las sirenas que sonaban en el exterior llamaron mi atención. Me asomé al balcón y vi una patrulla de la Guardia Civil y una ambulancia dirigiéndose a toda pastilla hacia el paseo marítimo. Traté de averiguar qué estaba pasando y dirigí la mirada hacia la playa. Se había formado un tumulto. Al parecer, había una persona tendida en el suelo. Rápidamente, los agentes se abrieron paso entre la multitud y pude ver que se trataba de una señora, de unos cincuenta años y de complexión gruesa. Los operarios de la samu iniciaron el proceso de reanimación. Los guardias civiles trataban de alejar a los curiosos para que no entorpecieran el trabajo de los médicos, pero la gente seguía el espectáculo desde la distancia. Las madres más cautelosas mandaron a sus hijos a casa. No querían que los niños presenciasen el macabro desenlace que se auguraba en el ambiente.
Un cuarto de hora, media hora, no sé cuánto tiempo pasó. Los de la Samu se levantaron y dieron por concluido el trabajo: no fue posible reanimar a la señora. Algunos curiosos habían perdido la paciencia y se fueron, pero habían sido sustituidos por otra tanda de curiosos que alargaban el cuello como pavos para ver qué estaba pasando. Querían presenciar la muerte en directo. La agonía de una persona que estaba debatiéndose entre la vida y la muerte.
Algunos de los que estaban con sus toallas cerca de la fallecida se marcharon angustiados, otros, más prácticos, cogieron sus bártulos y se desplazaron unos cien metros para alejarse del molesto dispositivo que había montado y poder seguir disfrutando de aquel maravilloso día de verano.
Los de la cruz roja taparon el cuerpo y para evitar las miradas curiosas de la gente, los guardias civiles colocaron a cada lado de la fallecida dos sombrillas abiertas y tumbadas. El espectáculo parecía haberse terminado, pero de pronto llegó una señora, acompañada por un agente, que se avalanzó sobre el cuerpo y comenzó a llorar desconsolada frente al cadaver. Agarró con sus manos el rostro del cuerpo, incrédula, suplicando y maldiciendo con un llanto desgarrador el maldito destino que le había arrebatado a su ser querido. Los agentes trataron de animarla y alejarla, pero nadie puede consolar a alguien que acaba de perder a un ser querido.
La Samu se fue. Los guardias civiles se quedaron. Comezó la larga espera para que llegase el juez y autorizase el levantamiento del cadaver. Era medio día y posiblemente estaría almorzando. Quizá por eso tardó tres horas en llegar. Durante ese tiempo, la gran mayoría de curiosos que estaban allí se fueron marchando poco a poco. Pensaron que ya no quedaba mucho más por ver. Yo seguía en la terraza del apartamento como uno más. Incrédulo ante lo que estaba aconteciendo. La espera se hacía infinita. Alrededor del cadaver con las dos sombrillas tan sólo estaban los guardia civiles custodiandolo. A un radio de cien metros todo iba volviéndo a la normalidad. La gente fue llegando a la playa. Los niños comenzaron a jugar con la pelota a pocos metros de allí. Vida y muerte estaban conviviendo con total harmonía, como en las más sagradas familias budistas del Tibet. Por fin se había contagiado algo de la cultura oriental a este mundo sin espíritu. Completa indiferencia. Llegó un momento en que los niños que jugaban a fútbol le dieron a la pelota muy fuerte y llegó hasta el radio en el que no había nadie. El niño se apresuró a ir a por la pelota, sacándola de un pelotazo hasta donde aguardaban los amigos.
Ahora que había llegado el verano, la gente solía comer en las terrazas. A mediodía, cuando sales a comer al balcón, siempre puedes escuchar las conversaciones de los vecinos, que hablan mientras se escucha el habitual tintineo de los cubiertos. La gente salió a sus balcones como siempre, y comieron disfrutando de la brisa del Mediterraneo, del paisaje de sus aguas, y del tufo a muerto que desprendía la playa, pero eso no importaba.
La gente que paseaba por la orilla de la playa, cuando veían que había un cuerpo tapado, se paraba preguntándose si era posible. Todos reaccionaban igual: paraban, observaban, se miraban entre ellos, se preguntaban si estaba muerta la persona, se sorprendían un poco y luego continuaban el paso. Era sólo un muerto tapado al que se le veían los pies. Nada interesante.
Durante ese tiempo a mí también me dio tiempo a comer y aunque no entendía muy bien por qué, seguía pendiente de lo que estaba pasando en la playa. La gente se bañaba, los niños jugaban a la pelota, otros tomaban el Sol, otros paseaban por la playa, la gente comía en las terrazas... el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Por fin llegó el juez. Nunca entenderé por qué la justicia tarda tanto en hacer las cosas. Vale que es un muerto, que no van a solucionar nada llegando antes, pero hay otros que están vivos a los que una decisión y una acción judicial a tiempo, les puede salvar el cuello. Pero lo que menos entendía era a la gente, y mucho menos a mí, que permanecí allí, más fiel que nadie, para ver qué sucedía. Microrelato: El rescate![]() Unos encapuchados entraron en mi casa mientras estudiaba la Crítica de la razón pura de Kant para un examen que tenía el próximo Martes. Antes de que me diese tiempo a gritar me amordazaron y me sacaron de casa a empujones. En la puerta esperaban otros secuestradores que estaban vigilando. Un coche aguardaba en la calle con la puerta abierta y me metieron dentro de una patada. El coche arrancó y se saltó un semáforo en rojo. No sabía adónde me llevaban pero estaba profundamente agradecido: Esos secuestradores, sin saberlo, me habían rescatado de algo muchísimo peor.Un sentimiento
"Estoy buscando algo que no voy a encontrar ... Quiero mi parte de Victoria y Soledad... " Andrés Calamaro.
Conducía el coche cerca de su casa. Ya había dado varias vueltas a la manzana sin encontrar ninguna plaza libre para aparcar. Eso le estresaba mucho. Lo único que quería era llegar a casa y darse una ducha cuanto antes. Tras un cuarto de hora merodeando vio a un coche que se marchaba y aparcó allí. Salió del coche y se dirigió a su portal. Una vez allí sacó las llaves y pensó en qué cenaría. Mierda. No tenía nada en la nevera. Debería ir al supermercado. Se metió de nuevo las llaves en el bolsillo y se fue a comprar. Entró al supermercado y cogió un carro. Curiosamente el carro era de los que se podía sentar un niño. No le gustaría llevar a su hijo allí, pensó, parecía inestable y peligroso. Pero él no tenía hijos. No sabía si algún día los tendría. A sus treinta años ya era hora de empezar a plantearse la cuestión. Aunque de momento estaba bien. No quería tener una responsabilidad más. Suficiente tenía él con el trabajo. Pero apenas amaba su trabajo y tenía la sensación de dar a la empresa mucho más de lo que se merecía. Creía que todas sus preocupaciones y renuncias no valían ese sueldo que recibía a final de mes. Quizás estaba en la época ideal de su vida para buscarse una pareja. Aunque todas sus relaciones anteriores habían fracasado. No estaba muy dispuesto a afrontar de nuevo una relación seria. No quería sufrir nunca más. Después de su último fracaso se prometió no sufrir por nadie jamás, ni por la persona a la que amase. Tan sólo valían la pena las relaciones de amistad duradera y la afectividad familiar. Aún así, hacía tiempo que no telefoneaba a sus padres. ¿Cómo les iría? Lamentaba no hablar mucho con ellos. Últimamente no tenía tiempo de hablar con la gente a la que quería y si lo hacía era a regañadientes. Se paseaba entre los pasadizos de botes de tomate y de pastas. Veía a familias enteras acudir juntos a comprar. No era lo normal, pero a veces iban juntos. Parecían felices, aunque armaban mucho escándalo. Eso contrastaba con el silencio que lo envolvía. Metió unos cuantos paquetes de pasta en el carro. Le encantaba la pasta. Se cruzó con la familia y los observó disimuladamente. Una familia, una mujer y unos hijos esperándote en casa, pensó. Parecía algo bonito... Pero los niños podían salir demonios a los que no les gusta estudiar, posiblemente no respetarían nada al igual que todos los niños de ahora, vociferarían y romperían sus cosas. También podría salirle una mujer rana, de esas que son ideales durante el periodo de noviazgo y a partir del “sí quiero” se convierte en una marujona que te considera su esclavo particular y te exige que le digas a todo que sí, y se enfada por nada y constantemente está reclamando tu atención y te echa en cara que no le das todo el amor que ella se merece. Había que pensárselo dos veces antes de tomar una decisión así. Llegó a la caja. Había una cajera hermosísima. Dejó todo el contenido del carro sobre la cinta transportadora y pasó delante de ella sin quitarle el ojo de encima. Con una chica así se le quitarían todos los miedos, pensó. No le importaría lo que le pidiese; él accedería. Sería su princesa perfecta. Ella pasó todos los productos por el lector de códigos de barras. Él preparó unas bolsas y mientras se fijaba en sus manos, en el corte de sus uñas, en su palidez de alta alcurnia, en sus ojos verdes, en su peinado recogido. Era perfecta. Pensó en invitarla al cine, o a su casa, o a toma runa copa. Cualquier cosa. Mientras tenía todos esos pensamientos, ella le dio el ticket y le indicó el importe total de su compra sin mirarle a los ojos. Él sacó un billete y se lo dio. Ella le devolvió el cambió y al hacerlo tuvo un pequeño contacto físico con su mano que a él le pareció un roce divino y a ella algo insignificante de lo que no había ni tomado conciencia. Cogió sus bolsas, respiró hondo intentando retener el aroma de la chica para que se quedase en sus pulmones todo el tiempo que pudiese. Reteniendo el aire conseguiría que una parte de ella se extendiese por sus venas como el oxígeno. Se despidió sin respirar y cuando salió del supermercado expulsó el aire. No podía aguantar más. Mientras volvía a casa vio a una muchacha pasear un perro. Se le ocurrió la idea de comprarse un perro para que le hiciese compañía. Todos los días saldría a pasearlo y quizás tuviese la posibilidad de entablar amistad con las otras paseadoras de perros de su barrio. Primero hablarían, luego se tomarían juntos un café y algún día la invitaría a su casa y harían el amor mientras que sus respectivos perros también copulan entre ellos. Sería excelente celebrar una orgía animal de ese tipo. Pero para él los perros siempre habían sido unos animales sucios y asquerosos. Lo único que hacían era cagar, mover el rabo y dar por el culo. Cuando uno se marchaba solamente ladraban y molestaban a medio mundo. Tendría que llevarlo al veterinario, vacunarlo, comprarle cosas. Los perros no le gustaban. Preferiría comprarse un periquito y tenerlo en una jaula. Llegó a la puerta de su casa. Mientras se volvía a sacar las llaves observó el timbre de su puerta, ¿Para qué servía? Nunca nadie le llamaba. Sólo algún que otro comercial extraviado o testigo de Jehová hablándole de dios. Cada vez que alguno llamaba él les preguntaba si habían leído a Nietzsche, les recomendaba a todos que se leyesen “El anticristo” para que entendiesen por qué él era ateo. Entró en casa y dejó las bolsas en la cocina. Cogió una cerveza y comenzó a bebérsela. Su casa era grande. Había dos habitaciones, dos cuartos de baño, un salón enorme en la que había una mesa con cuatro sillas. Sobraban tres sillas pensó, también sobraba un cuarto de baño y una habitación. Sobraban todos los cubiertos, la mayor parte de la vajilla y vasos. Siempre utilizaba los mismos. Se dirigió al balcón con su cerveza y se asomó. Lo tenía todo, cualquier cosa que quería se la podía comprar. No estaba mal. Aunque entrar en su casa era lo mismo que entrar en una cripta y por eso siempre sentía la necesidad de encender la televisión o la radio. Quería espantar a las voces que pueblan el silencio. Así se sentía un poco acompañado. Aunque odiaba todo lo que decían en la tele. Se terminó la cerveza y tiró la lata en la basura. Entró en el cuarto de baño para darse la ducha que deseaba desde que había terminado de trabajar. Se desnudó y entró en la bañera. Todavía sentía en sus venas el aroma de la cajera del supermercado. Encendió la ducha y mientras el agua caía por su cara comenzó a masturbarse pensando en ella.
El pez alérgico al agua
EL PEZ ALÉRGICO AL AGUA
No encontraba la inspiración por ninguna parte, así que encendí la televisión. Al menos en Navidad la programación variaba un poco, no de contenido, sino de forma. Los logotipos de las cadenas aparecían cubiertos de nieve y la publicidad mostraba su lado más altruista acordándose de los juguetes de los niños. El resto continuaba igual; programas vulgares para gente vulgar. Empecé a recordar que antes había otro tipo de televisión, cuando yo volvía del colegio hacían dibujos animados. Ahora los niños se encontraban con programas como A tu lado, en el que salían personajes infames insultándose, acusándose de tomar drogas o de prostituirse. A finales de los años setenta, posiblemente hacían mejores programas, por ejemplo A fondo; un programa donde entrevistaban a “las primeras figuras de las ciencias, las artes y las letras”. Descubrí las entrevistas en Internet gracias a programas de intercambio de ficheros donde había gente sensata que compartía material de calidad. Encontré entrevistas a Salvador Dalí, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges... ¿Y ahora qué? Encendía la televisión y tan sólo veía entrevistas al último expulsado de Gran Hermano, de La casa de tu vida, o de Operación triunfo. Lo peor no era eso, lo peor era ver a las masas seguir esas entrevistas como si en sus comentarios encerrasen el sentido de la vida. Todo eso era normal en España. Luego había gente que todavía se preguntaba por qué había fracaso escolar. En Japón, uno de los programas con más audiencia del país era el de un matemático que ponía problemas a los telespectadores y daba clases de matemáticas de una forma clara y divertida. Me pregunté qué pasaría si emitiesen aquí algo parecido, más de uno se echaría las manos a la cabeza preguntándose cómo hacen un programa tan malo sin que salga ningún famoso de pacotilla contando su miserable vida. Aunque igual si lo presentase Bertín Osborne tendría éxito. ¿Quién sabe?
Permanecí sentado un buen rato, las imágenes televisivas seguían sucediéndose ante mí. Sólo me movía para levantar el mando a distancia y hacer zapping. Mientras tanto, me rondaban muchos pensamientos desconcertantes por la cabeza. Mucha gente me decía que utilizaban la televisión como una vía de escape para evadirse de la realidad, pero yo no me lo creía. Aunque en ocasiones hiciesen buenos contenidos, la mayoría de las veces esa vía de escape se convertía en un desagüe fecal pero al revés. Yo no era el único que así lo creía, mucha gente opinaba lo mismo y se indignaba de la misma manera. ¿Y la publicidad? ¡Ay, la publicidad! Querían hacerte creer que no tenías nada, intentaban generarte infelicidad y necesidad. “Compra este perfume y la chica caerá rendida ante ti”, “el coche de tu compañero de trabajo es mejor que el tuyo y tú eres un desgraciado por eso”, “si no compras este teléfono de última generación serás un cavernícola con tu teléfono obsoleto”, “con esta comida de perros tu perro será fuerte y tú más feliz por eso”, “compra esta ropa y serás superguay”. Todo me parecía un mercadillo para idiotas y, aun así, luego veía a la gente alardear de su coche o comprándose esa ropa para ir a la moda. Enseñaban sus teléfonos para compararlos con los de sus amigos para así ganar una especie de reputación vanidosa. Era horrible. A menudo escuchaba conversaciones banales en las que tenía que hacer grandes esfuerzos para contener las arcadas, sobre todo cuando se comportaban como pavos reales desplegando sus plumajes y hablando de sus televisiones de plasma, teléfonos de última generación, de las joyas que se ponen en las bodas o cuando una parejita presumía de su futuro yerno que estaba trabajando de ingeniero y cuya posición económica era excelente. Todos pavoneaban con sus pertenencias. Frecuentemente se olvidaban de la verdadera utilidad de las cosas, no se acordaban de que los teléfonos eran para hablar, los relojes para señalar la hora y los coches para desplazarse. Había gente que se compraba coches carísimos y no tenían ningún sitio a donde ir, como mucho iban al trabajo para pagarse su propio coche. A veces creía que yo no tenía nada en común con nadie. Me preguntaba si algún día harían una propaganda que dijese: “No compres nada, no te creas nada, despréndete de todo lo que tengas y dedícate a la vida asceta y contemplativa en la orilla del río Ganges”. No soportaba ver más televisión, así que la apagué y me fui. Bajé las escaleras y salí a la calle. Era Navidad, pero extrañamente no caían copos de nieve por ninguna parte, no había trineos paseando por el cielo, ni estrellas resplandecientes que deslumbraban a unos transeúntes absortos con la boca abierta ante el fenómeno. Tampoco me crucé con ningún calvo que repartiera suerte con su mirada. Absolutamente nada. Todo era igual que siempre. Lo único que cambiaba eran las luces parpadeantes que habían colocado en los comercios, no sé si para adornar o para llamar la atención de los que van con sus pagas dobles de diciembre en busca de regalos para la familia. Todo me resultaba extraño, no entendía nada. A veces me decían que no respetaba los gustos de los demás, que siempre creía tener la razón, que hablaba con demasiada prepotencia y seguramente llevaban razón, no tenía derecho a opinar sobre los gustos y forma de vida de los demás, los coprófagos también tenían cabida en el mundo.
Me di cuenta de que estaba paseando sin saber a dónde me dirigía. Di media vuelta y tomé el mismo camino de siempre para ir al bar de Paco, un sórdido tugurio que difícilmente superaba alguna inspección de sanidad. Allí hablaría con Henry, un vividor al que le dieron una paga por invalidez a raíz de un accidente laboral que tuvo. Se limitaba a pasarse todo el día en el bar bebiendo y jugando a las máquinas tragaperras. En su casa ya nadie le esperaba para cenar, su mujer lo abandonó. Pese a eso jamás perdía la sonrisa. Era de esos borrachos que reían cuando bebían y no de los que lloraban. Me gustaba hablar con él. Llegué al bar y abrí la puerta. Entré y allí estaba Henry, sentado en la barra y bebiendo cerveza. Me acerqué a un taburete libre que había a su lado y me senté sin decirle nada. Henry bebió un trago de cerveza, dejó el vaso en la barra y sin mirarme dijo: - ¿Qué tal, Alex? - Es sorprendente, sin mirarme me has reconocido. - Te he visto reflejado en ese espejo –dijo mientras señalaba al espejo mugriento que estaba situado detrás de la barra–. ¿Qué quieres tomar? - Nada. - ¡Camarero! –levantó el brazo como si llamase a un taxi–. Ponle una cerveza a mi amigo y otra para mí. - Siempre haces lo mismo. - Por cierto, Alex... feliz Navidad. - Déjate de pamplinas, desear la felicidad a alguien es desearle la muerte en vida. Prefiero que me digas que descanse en paz. - ¿Ya empiezas con tus tonterías? - No es ninguna tontería, eso de ir deseando la felicidad gratuitamente sin saber ni lo que es me parece una irresponsabilidad muy grave. Ahora en Navidad la gente se desea la felicidad una a otra sistemáticamente. En la televisión te lo desean antes de pasar a publicidad y en todas las propagandas. Hasta en las bolsas de plástico de los comercios aparece el dichoso “Feliz Navidad”. Nadie te pregunta antes si eres feliz, ni saben si lo eres, sólo te lo desean y lo esperan sin más. Como quien tira una bolsa de basura al contenedor y espera que por la noche pase el camión a recogerla. - ¿Pero qué tiene de malo desear la felicidad? –preguntó con su habitual sonrisa cínica. Esa sonrisa que expresaba que le hacía gracia lo que decía y, a la vez, sabía que yo estaba completamente equivocado. - ¿Qué tiene de malo? ¿Alguna vez has pensado cómo sería una persona completamente feliz? Imagina por un momento que un genio de la lámpara de Aladino le concede a alguien su tan ansiado deseo de ser feliz. ¿Cómo sería esta persona? Esta persona sonreiría ante todo, estaría muy bien los primeros días, sentiría un bienestar sin igual y tendría todas las necesidades saciadas. ¿Pero qué pasaría cuando empezasen a suceder desgracias a su alrededor? Se moriría un ser querido y sería feliz. Lo continuaría siendo si le despidiesen del trabajo o, incluso, si lo metiesen en la cárcel. Esa persona nunca lucharía por nada, porque nada le haría más feliz de lo que está. Lo podrían enterrar vivo, vejar, torturar, someterlo a cualquier tipo de escarnio y el hombre seguiría feliz como un idiota. Esa persona nunca lloraría cuando fuese el momento de llorar, nunca más se estremecería viendo alguna terrible noticia del telediario. Todos se apiadarían de él por ser un feliz desgraciado e inconsciente. Lo que te quiero decir, Henry, es que los que aspiran a ser felices en este mundo no quieren ver las desgracias de las que se compone la vida, quieren cerrar los ojos a la realidad. Creo que no se puede ser feliz mientras estemos viviendo en este mundo imperfecto. No se puede tener conciencia de las injusticias del mundo y ser feliz. De vez en cuando te puedes olvidar de que la vida es una mierda, reírte y ser feliz un rato, pero no durante toda tu vida. Muchísimas veces me sorprendo cuando pregunto a alguien a qué aspira en la vida y me dicen “quiero ser feliz”, creyendo ser modestos por estar pidiendo poco y, a la vez, creyendo que esa meta es inalcanzable. ¡Pues claro que lo es! ¿Nunca has oído hablar del sufrimiento de ser feliz? - ¿Pero qué forma tan maquiavélica tienes para enfocar las cosas? –dijo Henry–. Siempre estás igual. Eres un retorcido. Sabes bien que la felicidad no es eso, la felicidad es luchar por lo que quieres dentro de las desdichas. Estoy harto de decirte que eres sumamente pesimista y eso no es bueno. ¿Sabes? Está probado estadísticamente que los pesimistas se mueren antes. - Eso es discutible, estimado Henry. Por si no lo sabías, los optimistas son los únicos que se suicidan. - ¿Cómo te atreves a decir semejante barbaridad? - No es ninguna barbaridad; sólo se suicidan aquellos optimistas que dejan de serlo, en un momento u otro pueden perder su razón de ser. Sin embargo, los pesimistas que no han encontrado un motivo para vivir, ¿por qué lo iban a encontrar para morir? En el crack del 29 se suicidaron en masa todos aquellos que tenían todo su optimismo depositado en sus acciones. ¿Cuántos mendigos asqueados de la vida se suicidaron en el 29? - Eso es un disparate. Yo no sé de dónde te sacas esas cosas –. Parecía realmente disgustado con lo que decía, se le había ido la sonrisa de su rostro. - No lo digo yo, eso lo leí en un libro de Emily Ciorán. Era un filósofo rumano, aunque yo lo considero más bien un poeta. - Deberías dejar de leer esos libros. Acabarán volviéndote loco. No dicen más que una sarta de burradas. Eres joven y no puedes pensar así. Lo que deberías hacer es leerte el libro que te recomendé, seguro que se te quita ese pesimismo de la cabeza y enfocas la vida de otro modo. - ¿Qué libro? - El de ¿Quién se ha llevado mi queso? - Ya me lo leí y antes de terminarlo ya sabía cuál era la moraleja. - ¿Ah, sí? – preguntó muy interesado – ¿Y qué conclusión sacaste? - Que para ser feliz tienes que ser una rata descerebrada y no un liliputiense que piensa. No me vuelvas a recomendar más libros de esa infraliteratura barata, por favor. - ¡Dios santo! ¡No hay forma con este chico! –dijo lamentándose. Cogió la cerveza y se la bebió entera de un trago. Respiró y añadió: –No tienes remedio. - Lo sé –respondí. Entonces se abrió la puerta del bar y apareció Luis. - Hola, Alex –me dijo. - Hola, Luis, qué sorpresa verte por aquí –contesté. - Te estaba buscando, sabía que te encontraría aquí. - ¿Cómo lo has sabido? ¡Si he salido de casa sin saber a dónde iba! - Siempre estás aquí. - ¡No puede ser! ¿Me estoy convirtiendo en un asiduo del bar? Luis era uno de mis mejores amigos. Se podía hablar con él, era una persona profunda. Escribía poemas y lo hacía realmente bien, aunque no era de esos que escribían un poema rimando amor con dolor y decían llamarse poetas. Su vida, su pensamiento y su corazón tenían madera de auténtico poeta. Para él, escribir era algo más que una necesidad. - Alex. ¿Me acompañas a un sitio? Así mientras hablo contigo. - ¿Cómo no? –le respondí. Me despedí de Henry y le dije que tendríamos que retomar la conversación otro día. Salimos de allí y caminamos. - ¿Cómo estás, poeta? – le pregunté. - Ya sabes que no me considero poeta. - Sí, pero escribes unos poemas increíbles, si a tus dieciocho años escribes así, ¿qué harás cuando tengas treinta? - No lo sé, de todas formas desprecio bastante lo que hago. No me gusta. - Mira, yo sé que tú vales mucho, no he visto a nadie de tu edad escribir esos sonetos tan perfectos, con rima perfecta y que transmitan tanto. ¡Ya me gustaría a mí escribir como tú lo haces! - Gracias por decirme eso, de verdad. Pero escribir es algo secundario, no le doy importancia, nada tiene importancia. Observo lo que hago y todo me parece absurdo, lo único que pasa en mi vida es que envejezco cada día un poco más y me da la sensación de que no hago nada útil. - Por eso no te preocupes, Luis, recuerda que en esta vida sólo los mediocres se dedican a hacer cosas útiles. - Sí, pero no se puede vivir de la poesía, nada de eso me va a dar de comer. Hay que trabajar o estudiar algo, haciéndolo o no, seguiré sintiéndome un desgraciado. No me gusta ningún trabajo, y eso de estar estudiando cosas que no me interesan... no sé cómo explicarlo... Carlos Edmundo de Ory dijo una vez: "La física nuclear no me ayuda a comprender por qué lloro por amor." Pues eso mismo pienso yo, aprender cosas innecesarias no me ayuda en nada. - Qué genio. La verdad es que queda muy poca gente como tú. - ¿Y de qué sirve? Sólo somos los raros, los colgados de la vida, los que no tenemos futuro. Si preguntas a alguien qué es la belleza te miran raro y te dicen que estás “rayado” o que no estás bien de la cabeza. Creen que te calientas la cabeza por tonterías, que piensas demasiado. Fíjate lo que dicen: ¡pensar demasiado! - Sí –contesté–. A veces he contado algún problema que me atormentaba a alguien y para ayudarme me han dicho “no pienses en eso”, y se quedan tan anchos. ¿Es que es tan fácil dejar de pensar? ¿Es que uno puede hacer que su corazón deje de latir en cualquier momento? Vivimos en un mundo donde te enseñan a no pensar y, si lo haces, te miran mal. A través de los medios de comunicación están idiotizando a la gente, cuanto más idiotas estén, más propensos a consumir estarán, sólo les importa tu dinero. Tienen estudiado todo, saben hasta cuántos pasos das cuando entras a un supermercado, te colocan los productos estratégicamente para incitarte a consumir. A medida que pasa el tiempo me doy cuenta de que este mundo no dista de aquel que creó George Orwell en 1984 o del Mundo feliz de Aldous Huxley - Menos mal que hay alguien que me entiende –dijo Luis. - Por cierto, ¿has escrito algo últimamente? - Sí, no puedo parar de escribir. Sabes que es algo superior a mí. Pero a veces me da la sensación de que no soy yo el que escribe, sino que es ella la que escribe. - Los hay que sin sus musas no hubiesen sido nadie. Fíjate en Gala para Dalí, en Yoko Ono para Lennon... sin ellas nunca hubiesen alcanzado el equilibrio. - Pero ellos tuvieron suerte, no como yo... –no dije nada, permanecimos en silencio un rato. Sólo se escuchaban nuestros pasos y el ruido del tráfico, entonces Luis preguntó: –¿Y tú has escrito algo? - Estoy intentando escribir un cuento de Navidad pero no puedo... Parece que siempre hay que sacar una moraleja positiva de todo y los buenos tienen que acabar casándose con la amada. En la vida real, tu mejor amigo se va con tu novia por muy héroe que seas. Además, creo que sobre la Navidad ya todo está dicho..., está muy visto eso de criticar a la sociedad de consumo, la hipocresía del mundo o relatar cómo es la Navidad de un pobre que intenta sobrevivir mientras otros niños ricos se divierten con los juguetes que les ha regalado Papá Noel. - ¿Sabes qué dijo una vez el gran poeta Benjamín Prado? - Dime. - “Que algo ya se haya dicho, no significa que no pueda volver a decirse por primera vez” - Me fascinas. ¿Por qué siempre tienes respuesta para todo? Me sonrió y no respondió. Nos habíamos quedado parados en un semáforo en rojo, los coches pasaban de un lado a otro. Una chica se situó a mi lado esperando a que el semáforo se pusiese en verde, llevaba una bolsa en la mano. Parecía ausente ¿Qué pensaría? - Oye, Luis, ¿Se puede saber a dónde vamos? - Al centro comercial, tengo que comprar unas cosas.
Cruzamos la calle y fuimos directos al centro comercial. Nos mezclamos entre todo el río de multitud que entraba al centro comercial, mientras hablábamos de la hipocresía del mundo y de lo incomprendidos que nos sentíamos. Cuando estábamos en la cola de la pescadería reparé en un salmón que había expuesto. - Mira ese salmón –dije–. ¿Tanto nadar contracorriente para qué? ¿Para acabar frito? - Ese salmón nunca ha nadado contracorriente, ahora los crían en piscifactorías. - ¿Qué? –grité conmocionado– ¡No puede ser! ¿Entonces a qué se dedican esos salmones? ¡Sus vidas no tienen sentido!– los que estaban en la cola me miraban como si estuviese loco. - ¡Tampoco te pongas así, hombre! Que te estás poniendo pálido y todo... –vio que me estaba poniendo realmente enfermo– Oye, de verdad, que tienes muy mala cara ¿Estás bien? Me encontraba muy mal, pero ya conocía esos síntomas. Alcé la vista y vi un letrero colgado en el que ponía Bon Nadal que no mejoraba mucho la situación, pero al menos no me planteaba las mismas dudas. - Tengo alergia a algo –dije–, pero los médicos todavía no han conseguido averiguar a qué.
En la megafonía apareció una voz femenina que decía: - Aproveche las ofertas exclusivas de Navidad. Hoy en Hiperfour puede encontrar el salmón por sólo seis euros el kilo, recuerde, seis euros el kilo. Sólo en Hiperfour. Porque en Hiperfour... pensamos en ti.
Hay que tener la autoestima por las nubesSoy un ser completamente despreciable. Me doy un asco indescriptible, soy como un virus que habla. Nunca maduro, nunca aprendo, jamás creceré, soy vomitivo y todo lo que toco se pudre. Los de Greenpeace deberían iniciar campañas contra mí porque no hago más que contaminar al mundo con mi sola presencia. Muchas veces pienso que soy la aberración de la materia, que un ser como yo no merece ni vivir. Es imposible saber cómo puedo ser tan feo, tan raro, tan insociable y tan desagradable. Es extraño que un espermatozoide como yo haya ganado la carrera hasta el óvulo; o bien la calidad del esperma era ínfima; o gané haciendo trampa; o maté a todos mis contrincantes; o simplemente, los que viajaron conmigo vieron que me dirigía por un camino y pensaron: “Si el idiota este, que no sabe ni donde está parado, va por ese camino, es que debe ser por el otro”. No merezco tener hijos porque sería una desgracia poseer mi carga genética. Soy un piojo sin sentimientos que sólo dice barbaridades. Soy la vergüenza del ser humano. Merezco ser torturado, maltratado, asesinado y una vez muerto que troceen mi cuerpo y se lo den de comer a los cerdos para que me conviertan en embutido y en mierda, y así volver a mi verdadero estado natural. Puedes escupirme si me ves, insúltame sin piedad cuando te cruces conmigo, mata a toda mi familia por ser los culpables de crearme, pincha las ruedas de mi coche, quema mi casa, denúnciame ante la justicia por ser tan repugnante, roñoso y mezquino. Que me condenen a muerte y que borren todos los archivos del registro civil donde aparezco para que así nadie recuerde que alguna vez existí. Bórrame de tu memoria para que no se te pudran las neuronas con mi recuerdo. Y todo esto lo digo en una época donde está de moda quererse a sí mismo. Yo no soy una excepción, me quiero más que a nadie.... así que imagina lo que pienso de ti... Una historia del Neandertal![]() Hace muchos años, cuando aún habitaban en la Tierra los ahora conocidos hombres de Neandertal, una mujer estaba dando a luz. Era una mañana soleada de verano, los pájaros cantores piaban en el amanecer y unos gritos salían del interior de una cueva.
- ¡Vamos empuja! ¡Empuja! - Ahhhhhhhhh. Fue un parto rápido y sin complicación alguna. - ¡Es un bebé precioso! – dijo la comadrona. - ¿Es niña o niño? - ¡Es un niño! Le dieron la criatura a la madre, que lo acogió en su regazo colmada de felicidad. El padre, que estaba presente en el parto, pidió coger a su nuevo hijo en brazos, la madre se lo cedió con un gesto de amor y miró a su nuevo hijo al que esperaba con ansia. Tenía la ilusión de que fuese niño para enseñarle a cazar, a pescar, a construir herramientas, a diferenciar animales, a jugar a fútbol...
- Dios mío, ¿No te has dado cuenta de cómo es el niño? – dijo el padre en un tono de voz bastante preocupante. - ¿Qué le pasa? - ¿No te das cuenta? El niño es distinto a nosotros. - ¿En qué? - Fíjate, tiene una cabeza más ancha, la nariz más grande, tiene menos pelo en el cuerpo de lo habitual... - No digas tonterías cariño, eso es que acaba de nacer. - No, no, sé lo que me digo, este niño es diferente. Cariño, no es por nada, pero creo que has parido a un mutante. - ¿Cómo que un mutante? ¿Qué estás diciendo? - Pues este bebé ha sufrido una mutación genética, es un eslabón más en la evolución del hombre. - No te entiendo nada, me estás asustando. - Pues acabas de parir a un homo sapiens sapiens. - ¡Dios mío! ¿Y eso es bueno o malo? - Pues no sé qué decirte, la diferencia entre él y nosotros es que él será mucho más inteligente debido a que su masa encefálica es superior a la nuestra - ¡Oh dios mío! - Pero lo peor... no sé si debería decírtelo... – y vaciló sin saber qué hacer. - ¿Qué? - Este niño tiene alma - ¡Oh! ¿Y en qué consiste eso? - Pues resulta que dios, nos utilizó a nosotros como escala evolutiva para llegar al prototipo de hombre que él buscaba, y ese hombre es este, el homo sapiens sapiens. Estos seres tienen un alma inmortal, indivisible e inmaterial que habita dentro de ellos. - ¡Oh no! ¡Eso es terrible! – dijo la madre horrorizada. - Eso no es todo querida, el niño cuando muera seguirá viviendo, pues su alma viajará hasta el purgatorio donde permanecerá años y años hasta que venga el hijo de dios a la Tierra y se sacrifique en una cruz por los homo sapiens sapiens, y hasta que esto no suceda no se abrirán las puertas del cielo, que es un lugar maravilloso donde todo es bonito y las almas de los justos habitan ese lugar para el resto de la eternidad. - ¿Y los que no son justos? - Los que no son justos, querida, irán a un lugar llamado infierno, donde está lleno de fuego y los torturan para el resto de tu vida. - ¡Oh dios mío! ¿Por qué nos ha tenido que pasar esto a nosotros? - Antes o después tenía que pasar querida. - Oh, yo quiero que mi hijo sea un hijo normal, que cuando muera todo se acabe, que no tenga que estar viviendo eternamente o que tenga que sufrir. Cariño ¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué suceden estas cosas? - No hemos hecho nada mal, amor mío, esto es cosa de la evolución, de vez en cuando hay mutaciones genéticas y los bebes nacen diferentes, unas veces para bien, y otras veces para mal.
De pronto entraron en la cueva un par de vecinas interesadas en conocer al nuevo bebé.
- ¡Hola! ¿Cómo ha ido todo? - Mal – respondió la madre. - ¿Qué ha pasado? - El niño tiene alma. - ¡Oh no! – dijo una de las vecinas. - ¡Santo Dios! ¡Qué desgracia! – dijo la otra. - ¿Por qué? ¿Por qué me pasan estas cosas? – lamentó la madre entre sollozos. - Oye – dijo una de las vecinas – aún estáis a tiempo, ¿Por qué no lanzáis al niño por el despeñadero antes de que sea tarde? Igual el alma todavía no se ha despertado y el niño muere en paz y evita tener que sufrir para el resto de la eternidad y evitáis que sus hijos no hereden su ADN con alma. - Sí – dijo el padre – si este niño tiene descendencia, transmitirá genéticamente su desdicha. En su ADN figura la existencia del alma, y eso lo transmitirá a todas las generaciones futuras que tenga. - ¡Cariño! ¿Cómo puedes decir eso? ¡Nuestro bebé tiene derecho a vivir! ¿Por qué lo tendríamos que lanzar por el despeñadero? ¿Por ser diferente? Además, si dices que el niño será inteligente, no habrá por qué preocuparse, no tendrá descendencia pues nadie querrá hablar con él de filosofía ni esas cosas, nuestras hembras, por lo general, se van con los que tienen el troncomovil tuneado. - ¿Y si el niño aplica su inteligencia en maquear su troncomovil? ¡Se las llevará a todas de calle! - ¡Oh no! – Y la madre se lamentó de nuevo desconsolada. - Me temo que el niño ya tiene su alma dentro de sí, por mucho que lo sacrifiquemos vivirá en el purgatorio hasta que en el año cero muera el hijo de dios. – dijo el padre. - ¡Pobrecillo mi hijito! ¿Y en qué año estamos? - Estamos en el año treinta mil antes de Cristo. - ¿Tanto tiempo tiene que estar mi hijito en el purgatorio? ¡Oh no! – La madre seguía llorando desconsoladamente.
En la puerta de la cueva apareció Bugus, el inventor de la época.
- ¿Es cierto que ha nacido un mutante? – dijo nada más entrar. - ¡No llames así a mi hijo! También es persona, además, será más inteligente que tú. - No creo que sea más inteligente que yo, sigo inventando cosas que serán muy útiles para la humanidad. ¿Sabéis cual es mi último invento? - Dinos. - He inventado una cosa llamada poesía, consiste en recitar palabras de forma ordenada, haciendo que rimen los versos entre ellos. - Eso no vale para nada, ¡sólo sabes inventar cosas inútiles! Prefería cuando te dedicabas a pintar animales en las paredes. - ¿Cómo que no vale para nada? Con este invento podremos expresar los dolores y desventuras del alma. - ¿Has dicho alma? – respondió el padre – ¡Pero si tú no tienes alma! - Ya lo sé, pero eso hará que las futuras generaciones con alma puedan expresar lo que sienten. - ¿Quieres decir que mi hijo será poeta? – preguntó la madre preocupada. - Podría serlo, perfectamente. - ¡Oh no! ¿Por qué? ¿Por qué me tienen que pasar a mí todas las desgracias del mundo? ¡Voy a tener un hijo poeta! - Tranquila amor mío, piensa que podría haber sido peor si hubiese sido torero – dijo el padre. - ¡Torero! ¡Siempre he querido tener a un hijo torero! al menos mata a animales con arte y nos trae la comida. ¿Por qué dices que hubiese sido peor? - Porque los toreros torturan a los animales indefensos y se divierten con eso. - ¿Y cuando tú sales a cazar los animales no sufren? - Es distinto, yo cazo para comer, no para dar un espectáculo. - Pero sufren igual, además, siempre estas contando batallitas de tus cazas de mamuts, ¿eso no es dar un espectáculo? - Es distinto amor mío. Los toreros son seres sin escrúpulos que matan para aumentar su ego y su fama, y así, conseguir que todas las aficionadas taurinas quieran acostarse con ellos. - Así me dará mas nietecitos. - Sí, nietos con alma... Continuaron hablando de los pros y los contras de tener a un hijo torero, pero la madre seguía muy preocupada con su hijo, lo miró amargamente y dijo:
- Amor, ¿bebiste algo raro cuando engendramos? ¿Por qué ha salido así el niño? - ¿Ahora se llama engendrar? Cariño, el alcohol todavía no existe. No es culpa mía, es de Dios, que ha querido elegirnos a nosotros como herramienta para evolucionar la especie. Piensa en la relevancia de este nacimiento, en un futuro nos recordarán como los padres del humano moderno, nos recordarán una vez al año, harán fiestas en nuestro honor, montarán belenes con cuevas donde apareceremos nosotros y el niño recién nacido, y cantarán villancicos que relatarán esta historia. - ¿Por nosotros? – preguntó extrañada la madre – No creo que merezcamos eso, eso lo deberían hacer, en todo caso, con la madre de dios, pero nosotros no lo merecemos. - ¿Cómo que no? ¿No es igual de importante haber dado a luz a dios que haber dado a luz al primer homo sapiens sapiens con alma? ¡Nos tienen que recordar! - Mira amor mío, a mí me parece que sólo dices tonterías. ¿Por qué motivo las futuras generaciones iban a celebrar esta desgracia? - Sí, es lógico, la gente lo hará. Se deben celebrar cosas así. - Yo creo que sí que lo harán – dijo el poeta. - ¿Ves cariño? Ya hay alguien que me da la razón. - Sí, estoy convencido de ello - añadió el poeta - y podrían cantar villancicos como este:
En el portal de Jaén, Hay estrellas, Sol y Luna, El hombre de Neardenthal Y un mutante en una cuna
Y al unísono cantaron todos:
- Ande, Ande, Ande, la marimorena, ande, ande, ande que la noche es buena.
- Oye, pues al fin y al cabo no es tan malo haber parido a un hombre con alma. – dijo la madre ya más tranquila. - Todo se verá cariño, yo espero que este nacimiento sea por el bien de la humanidad. - Sin duda alguna lo será. - Bueno gentes, me tengo que despedir de vosotros, - dijo el poeta- tengo que irme, que estoy escribiendo un libro que será un best seller en un futuro, estoy seguro que lo emitirán por todo el mundo a través de unos aparatos, que no me cabe ninguna duda que inventarán, con los que emitirán imágenes con las narraciones de esta historia. - ¿Y como se llama tu best-seller? - Pasión de Gavilanes. - ¡Santo Dios! Es un nombre repugnante, te ruego que te vayas por donde has entrado y dejes de contarnos tus ocurrencias dignas de un demente. - Adiós familia, y enhorabuena.
A continuación se marchó la comadrona y las vecinas. Se quedaron los tres solos, la madre a la derecha del niño arrodillada contemplándolo, el padre a la izquierda, de pie con un enorme bastón en la mano y el niño, en el centro, descansado en algo muy parecido a un pesebre. La madre preguntó:
- Oye cariño, ¿Y tú cómo sabes todas esas cosas?
La belleza está en el interior. (El poeta y su poesía 2ª parte)Érase una vez una chica muy guapa, tal era su belleza que desde pequeña la llamaron la Bella. Vivía con su padre, un viejo mercader millonario que de repente perdió todas sus riquezas y se tuvieron que trasladar al campo para trabajar. A la Bella la rondaban muchos hombres, entre ellos, un poeta que todos los días le recitaba en forma de sonetos el profundo amor que sentía por ella. Este poeta se dedicaba a limpiar botas en la plaza del pueblo, y aunque era un miserable, siempre llamaba a la Bella “mi princesita”. A la Bella le gustaba el poeta; era gentil, la amaba de verdad y además le encantaba que la llamasen princesa aunque no lo fuera, pero no se imaginaba al padre de sus hijos alimentando a la familia a costa del ridículo sueldo de un limpiabotas. Un día, el padre de la Bella, que no sabía cómo echar a su hija de casa, se inventó una historia y le dijo a su hija que una bestia asquerosa le había perdonado la vida a cambio de que ella se fuera con él, pero en realidad, lo que había hecho el padre era vender a su hija a un proxeneta adinerado para salir de la miseria. La Bella no tuvo otro remedio que partir e irse a la casa de la Bestia. Al llegar, la Bella se quedó gratamente sorprendida ante la magnificencia del palacio y ante la cantidad de sirvientes que trabajaban allí. Al cabo del rato llegó la bestia, que era un chulo hijo de puta, y haciendo alarde de su falta de educación, cogió a la Bella del pelo y la arrastró hasta su habitación donde la violó repetidas veces. Y así se acostumbró; cuando la Bestia quería sexo, cogía a la Bella y se la beneficiaba. Cuando la Bestia no tenía ganas de nada, la Bella permanecía en su celda donde tenía libros, conexión a internet y podía llamar a los sirvientes en cualquier momento para pedirles lo que le quisiese. Así estuvieron durante mucho tiempo, hasta que un día llegó la bestia y le dijo a la Bella: - Mira nena, yo ya tengo más de cincuenta años, estoy harto de tanta mujer. Durante este tiempo me he dado cuenta de que eres mi favorita, además, estás bastante buena. Quiero que te cases conmigo, eso sí, a mí el rollo ese de la fidelidad ni me hables, de vez en cuando echaré una canita al aire, pero necesito algo estable para ir a fiestas y esas cosas. ¿Qué te parece? - No sé – respondió la bella. - ¿Cómo que no sabes? Mira nena, si no eres tú puede ser cualquier otra, tengo ahí fuera más de mil tías que se morirían por estar conmigo.
La Bella se acordó del poeta al que amaba, pero ya estaba experimentando en sus carnes el síndrome de Estocolmo, le había cogido cariño a la Bestia y aunque era feo follaba bastante bien. Además, pensó que la Bestia tenía un palacio impresionante, más de cien sirvientes para él solo y de vez en cuando le regalaba collares de diamantes... ¿Qué cojones? A tomar por culo el poeta, la Bestia, aunque era un imbécil, tenía mucho dinero en el interior de su cuenta corriente. - De acuerdo, me casaré contigo.
Y a partir de entonces la Bella fue feliz viviendo como una princesa.
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El cántaro de oro
Cuenta la leyenda que un orfebre creó un cántaro de oro. Ese cántaro de oro cayó en manos de una escultora que lo utilizaba para transportar aguas y beber de él. El cántaro tenía unos poderes mágicos que hacía que todas las aguas que pasaban por su interior se depurasen. Todo el mundo quería un cántaro así. Pero un día, la escultora, decidió comprar otro cántaro porque pensó que ella no necesitaba un cántaro tan valioso porque con uno simple de barro le bastaba para satisfacer sus necesidades. Así que se deshizo del cántaro tirándolo por la ventana. El cántaro, pese a ser de oro, se rompió. Una artista que pasaba por allí lo recogió y se lo llevó a su casa, intentó repararlo, pero cuando fue al río a por agua apreció que por sus grietas se colaba el agua y no se podía guardar nada en él. Así que también lo tiró por la ventana. De este modo fue pasando de mano en mano sucesivamente. Todos los propietarios que tuvo apreciaron el valor de su material y todos coincidieron en que el cántaro era una rareza arqueológica excepcional, aunque rápidamente quedaban defraudados al ver que no podía transportar agua y ni aportarles nada útil. Nadie quería quedarse un cántaro tan caro y que no tenía ningún provecho. Sabían que repararlo resultaba más caro que comprarse uno nuevo. Como en aquel lugar todo se regía por la ley de la oferta, la demanda y el coste de oportunidad, todos preferían olvidarse del cántaro de oro y comprarse un cántaro de barro simple, práctico y útil.
Un día, unos expertos se reunieron para decidir cual sería el futuro de ese cántaro. Dieron por hecho que ese cántaro jamás podría ser útil aunque tenía unas características dignas de admiración. Concluyeron que lo trasladasen a un museo arqueológico de mucho prestigio donde quedaría expuesto al público y se custodiaría como patrimonio nacional. Acto seguido metieron al cántaro en el museo. Lo colocaron en una vitrina central donde fue admirado por muchos y querido por pocos. Esa noche llovía y hacía frío. Un hombre con el alma corrupta defecando. (Platón nunca lo dijo)
Entró en el cuarto de baño, se situó delante del inodoro y se bajó los pantalones. A continuación, una persona aparentemente normal se hubiese sentado, pero nuestro personaje introdujo su cabeza en el inodoro e hizo el pino. Una vez consiguió el equilibrio con el culo en pompa apuntando hacia el techo, (hacia arriba, hacia la Idea de Bien) comenzó a hacer fuerza. De su culo iba apareciendo lentamente una figura cónica marrón que crecía como una flor, como una montaña que se levanta hacia el cielo, como una orca que sale del océano para dar un salto. En el momento en el que aquel cuerpo castaño estuvo medio fuera, el hombre dejó de moverse y la excrescencia abrió los ojos, miró a su alrededor y se vio atrapado en aquel ano. Haciendo gran acopio de fuerzas logró sacar sus extremidades superiores que estaban aprisionadas y pudo impulsarse para salir de aquel agujero negro. La caca caminó hasta el botón para tirar de la cadena, lo presionó y el cuerpo fue engullido por el inodoro y transportado hacia una mejor vida a través de las cañerías, que se amoldaban con la forma del sujeto por donde iba pasando. Y así, queridos amigos, la mierda salió de aquel cuarto de baño dispuesta a encarar su nueva vida mostrándose tal y como era. El alma que habitaba dentro de él, la que daba movimiento a su cuerpo, se había desprendido de su disfraz. Pareja de enamorados Había una vez una pareja de enamorados que se fueron de viaje a una isla muy lejana donde tenían 24 horas de Sol. En un arrebato de romanticismo incondicional y rutinario, los muy burros se fueron a ver una puesta de Sol.Nunca más se volvió a saber de ellos. ¿Esperar o no esperar?-Nunca esperes nada en el amor, ya llegará solo.- Le dijeron. Días más tarde llamaron a su puerta. Se levantó del sofá desperezándose. Volvieron a llamar a la puerta. - ¡Ya va joder! Abrió la puerta y se hizo la luz. Era la mujer más hermosa del mundo, la más radiante y pura dama. Esa que había nacido sólo para él. Para vivir juntos durante el resto de sus vidas, para entregarse el uno al otro y formar un solo ser. - Hola. – Dijo la más bella dama del mundo. - ¿Qué quieres? - Soy el amor de tu vida. - Ah no no no, no espero nada ni a nadie. Te has equivocado de puerta. Adiós. Y le cerró la puerta en las narices. Desperdiciando, una vez más, la oportunidad de encontrarse con el amor de su vida. Él seguía al pie de la letra los consejos de sus amigos, no debía esperar a nadie aunque, contradictoriamente, el amor llegaría solo. El cuento que nunca acabaHabía una vez una persona que era infeliz porque se sentía sola, echaba de menos la compañía de alguien, el deseo de compartir todo con una persona especial, quería entregar su vida y su ser, tenía ganas de ser cómplice de unas miradas que sólo dos personas enamoradas pueden entender, de conectar con alguien que le aporte comprensión, cariño y amor. Quería tener una razón de ser, una persona por la que luchar, una ilusión por la que vivir, un puente por el que pasar. Necesitaba una persona que le apoyase, y que el apoyo fuese mutuo.... Entonces esa persona encontró pareja y fue feliz. Pero pronto esa persona feliz empezó a añorar su soledad, echaba de menos cuando su vida no tenía destino, la libertad, poder viajar cuando le diese la gana, no tener que rendir cuentas a nadie, ser uno mismo, que nadie dependiese de sus decisiones ni de lo que hiciera, no tener que cargar con nadie ni con ninguna responsabilidad, entonces esta persona volvía a estar sola y fue feliz de nuevo. Fue feliz, pero al cabo del tiempo, esta persona era infeliz porque se sentía sola, echaba de menos la compañía de alguien, el deseo de compartir todo lo que tenía con una persona especial, quería entregar su vida y su ser....... Y este cuento nunca acaba. El cuento de Fredyzzila.Érase una vez un hombre muy pequeñito que se llamaba Fredyrico y vivía en un país muy lejano llamado Torolandia (porque habían muchos toros y toreros). Fredyrico no sabía torear y los toros que andaban sueltos por la calle siempre le pillaban cuando iba al colegio. Sus compañeros de clase siempre se burlaban de él por ir herido de cornadas y con las ropas rasgadas. Fredyrico no era feliz en su país y, por eso, un buen día decidió irse a vivir a Japón. Allí se instaló en una ciudad llamada Hiroshima. Un día, pasó por allí un avión llamado Enola Gay y arrojó una bomba atómica que destrozó toda la ciudad. Por suerte, esa mañana Fredyrico había ido a las afueras de la ciudad a robar naranjas y sobrevivió, aunque, eso sí, resulto malherido. Su casa fue reducida a cenizas y decidió irse a vivir a otra ciudad japonesa, concretamente a Nagasaki. Días más tarde, los americanos volvieron a arrojar otra bomba atómica reduciendo toda la ciudad a cenizas. Una vez más, por suerte o por desgracia, Fredyrico sobrevivió a la explosión. Pero resultó de nuevo malherido y estuvo expuesto durante muchos días a la radiación nuclear y a la lluvia radioactiva. Pasó un tiempo y ,debido a la radiación nuclear, Fredyrico sufrió una mutación genética que lo transformó en un ser asquerosamente grande y peludo. Medía 350 metros de altura y fue expulsado de Japón por feo. Durante los meses siguientes de su metamorfosis se dedicó a surcar los mares como el patito feo de un lado para otro sin que nadie le hiciese caso. Ningún país quiso acogerlo porque no querían hacerse cargo de los gastos que suponían hacerle una casa a su medida y encima mantenerlo. Fredyrico se sentía desgraciado y llegó a lamentar no haber muerto en ninguna de las dos explosiones. Durante un tiempo vivió en el mar alimentándose de orcas y ballenas. Luego se convirtió en una leyenda para los pescadores al que lo bautizaron como: Fredyzzila. Un día, Fredyzzila, que estaba hastiado y aburrido, decidió vengarse de los americanos a los que consideraba responsables de su desdicha, así que cruzó el océano hasta llegar a Nueva York. Cuando llegó no fue bien recibido por la población que huía despavorida al ver al gigante pasear entre los rascacielos de la Quinta Avenida. Varios aviones kazas aparecieron en escena y le dispararon algunos proyectiles sin éxito alguno. Fredyrico había mutado a prueba de bombas y se deshizo de los kazas de un manotazo como si fuesen unas moscas cojoneras. Fredyrico se acercó al Empire State y lo escaló, alli vio que había gente que se arrojaba desde lo alto, de pronto, vio a una hermosa mujer en una ventana, la cogió con la mano y continuó trepando hasta arriba del todo. Una vez arriba se puso a hacer el paripé y a gritar como un mono, se pensaba que era King Kong en vez de Fredyzzila. Cuando se cansó de hacer el idiota observó a la mujer que tenía en la mano y se dio cuenta de que era muy bella, se le empezó a poner morcillona, y entonces, le asaltaron unas ganas terribles de penetrarla y utilizó su fuerza bruta para hacerlo. Cogió su polla erecta de 35 metros y se la intentó meter a la mujer hermosa que gritaba horrorizada. La abrió de piernas y le dio una embestida que la mató en el acto de un pollazo. Hizo un boquete de 7 metros de profundidad y 5 de diámetro alrededor del cadáver. Fredyrico rugió de rabia por haberla perdido. El problema al que se enfrentaba Fredyzzila es que todavía estaba erecto y no sabía como atajar sus ardores. Así que, sin ningún tapujo, empezó a masturbarse con rabia, dolor y amor mientras pensaba en la mujer que acababa de perder ante la mirada atónita de los ciudadanos de Nueva York y ante las cámaras de la CÑÑ que emitían en directo lo que estaba sucediendo para todo el mundo. Los ciudadanos de todo el mundo estaban aferrados a sus televisores, comiendo palomitas y todos los informativos hicieron conexiones especiales para narrar la masturbación en directo de Fredyzzila. Las madres tapaban los ojos a los niños para que no viesen la escabrosa escena. Ancianas de todo el mundo murieron de infartos al ver tal polla descomunal y hubieron varios intentos de suicidio de algunos varones que, después de haber visto la polla de Fredyzzila, consideraban que tenían el pene pequeño. De pronto Fredyzzila empezó a decir algo: - ¡Dios! ¡Dios! ¡AHHHHH! Y aceleró vertiginosamente el ritmo de su mano y empezó a surgir del diabólico miembro una eyaculación descomunalmente caudalosa, un auténtico torrente de semen que era arrojado sobre la ciudad de Nueva York con saña y alevosía. Un chorro a presión de una sustancia acumulada por años y años de sequía sexual que formó un gran tsunami de lefa que avanzaba amenazante por las calles hacia una población que huía corriendo delante de la gran ola lechosa que se tragaba a los coches, los taxis y a los negros mártires de las películas, pero esto no era una película. La riada de lefa tenía más fuerza que las olas del diluvio universal, ante la cual, la que la mismísima arca de Noe hubiese naufragado. Desde las imágenes del satélite parecía que sobre Nueva York hubiese caído una gran nevada. Mientras Fredyzzila continuaba eyaculando y gritando con una voz atronadora y cavernosa: - ¡¡Tomad hijos de puta!! ¡¡AHHH!! - y cada vez gritaba más. Una pareja de jóvenes mancebos, permanecía en un primer piso ajenos a toda la hecatombe que estaba aconteciendo en su ciudad mientras hacían el amor. En el momento álgido del orgasmo de ella el chico le pregunta: - ¿Hoy me dejarás correrme encima de ti? Porfa, porfa, porfa, porfa, es mi mayor deseo. - ¡Te tengo que dicho que no! ¡que sólo de pensarlo me da asco! ¿Pero de qué vas? ¿A ti no te daría asco que se corrieran encima de ti? ¡Venga! ¡Sigue moviendo el culo imbécil! Entonces estalló la ventana estrepitosamente a causa de la presión de la ola de lefa y entró toda la secreción manchando las cortinas, los cuadros de la familia, la cama entera y a la pareja entera, que se ahogaron entre el semen y espermatozoides del tamaño de una serpiente. Tras la torrencial eyaculación, la ciudad de Nueva York se convirtió en zona catastrófica. Fredyzzila se perdió por el mar y se escondió en paradero desconocido. Pasaron unas largas horas de incertidumbre la CÑÑ empezó a entrevistar a los primeros supervivientes: - ¿Dónde estabais en el momento de la eyaculación?- preguntó el periodista. - Estábamos en la calle asustados viendo al monstruo, no sabíamos de qué se trataba, por un momento pensamos que estaban rodando una película pero cuando vimos la ola venir hacia nosotros nos fuimos corriendo y conseguimos aferrarnos a un semáforo, no sé todavía como no hemos muerto, hemos tragado mucho semen. Ha sido horrible- Comenta una chica con su cara todavía llena de heridas y de lefa. - Oye ¿Ves cariño? Has tragado bastante semen y no te has muerto, no te pasará nada si te tragas un poquito a partir de ahora.- Le dice el novio intentando consolarla. - ¿Hemos estado a punto de morir y tú sólo piensas en sexo? ¡VETE A LA MIERDA INÚTIL! - Respondió ella. Semanas más tarde Fredyzzila repitió el proceso en varias ciudades norteamericanas. Las ventas de máscaras anti-lefa se dispararon en todo el país. Al cabo de unos meses Fredyzzila había eyaculado en todo el territorio de los Estados Unidos echando a perder millones de toneladas de cosecha, burlando a todo el ejercito americano y haciendo tragar semen a la mayoría de sus habitantes. Pero lo peor estaba por llegar. A los 9 meses de los acontecimientos las mujeres que fueron bañadas por la ola de lefa empezaron a tener hijos ya que fueron fecundadas involuntariamente y el aborto había sido prohibido en todo el país. Nacieron más de tres millones de niños varones que sufrieron la misma mutación genética. A los 2 años, las criaturas ya median más de 100 metros de altura y a los 8 todos querían ser compositores, pero al no recibir la educación adecuada, las criaturas empezaron a componer canciones de reaggeton y se expandieron por todo el mundo con ritmo sabrosón y cantando temazos como "Ay ven báilalo, ay ven báilalo, ven gosalo, ven gosalo". Los pesqueros no podían salir a faenar porque estaban más amenazados que Ulises con los cantos de sirena. A los 12 años, la nueva generación de Fredyzzilas ya se la cascaban y pronto empezaron a eyacular sobre la humanidad. Se repartieron por todos los los contiententes e inundaron el mundo de lefa mientras cantaban canciones de reaggeton. La odisea continuó durante años, los mares y los océanos estaban viscosos, los barcos y los trasatlánticos se quedaron encallados en medio del mar y el mundo entero estaba pringoso mientras continuaban naciendo millones y millones de nuevas generaciones de Fredyzzilas. Y así, queridos amigos, confirmando los peores presagios de Nostradamus y San Malaquías, bajo una nieve blanca que hacía parecer que estábamos ante la segunda glaciación navideña y con la música reaggeton de fondo, fue como llegó la destrucción del planeta Tierra, que a partir de entonces, fue un lugar en paz y seguro, donde no habían infelices ni se comían perdices... y colorín colorado este cuento se ha acabado. FIN - Dedicado con todo el cariño a Daniel Zamora y a Belén (mi hija), que me inspiraron para escribir esto. Visitad su isla del mediodía en: www.danielzamora.net - Dejo a los lectores que discurran cual es la moraleja de este cuento, así que espero vuestras aportaciones a esta historia delirante. Cualquier sábado por la noche en CulleraMe hacía falta salir. Necesitaba huir de la rutina y de la dinámica monótona de trabajar y volver a casa, trabajar y volver a casa... Era la una de la madrugada y recibo una llamada de un número desconocido. - Hola, soy Angel, ¿Cómo te va tío? (...) Ya estoy en Cullera, (...) podríamos quedar, estoy aquí instalado, tenemos que contarnos 5 años de nuestras vidas. ¿Habrá mucho que contar no? (...) tengo una guitarra acústica (...) tenemos que recuperar el tiempo perdido (...)¿Te apetece salir? ... - De acuerdo, te llamaré más tarde cuando vaya a salir. – Y no le llamé. Ángel era un antiguo amigo, hacía 5 años éramos inseparables, nos conocimos un verano, nos unía la música y el deseo de componer canciones, hicimos un proyecto de grupo, compusimos canciones, yo cantaba y escribía y él tocaba. Ángel me enseñó a tocar los primeros acordes de guitarra. Era el amigo perfecto.... hasta que se echó novia. Dos años de una amistad verdadera para que luego, cuando estaba con su chica, se mostrase como un completo imbécil. Cuando quedaba con ellos él no era el mismo, intentaba dar una apariencia de chulería y prepotencia delante de ella, todo ello causado por un claro complejo de inferioridad. Tenía que dar la nota para creerse superior. Cuando ella estaba delante no me hablaba igual ni me escuchaba igual. Yo le decía las cosas y él las comentaba con ella. Hacía sentir a la gente como títeres, o como los bufones de la corte que entretenían a la pareja. Yo no soportaba tanta estupidez y lo envié a la mierda sutilmente. Desde entonces, ya no quedé con él, ni le llamé y no me interesé por su vida. Hoy, 5 años después me llama, cuando ya ha cortado con la novia para recuperar tiempos que ya forman parte del pasado e intentar rescatar sueños de adolescente. Quedé con mis amigos a las 2 de la madrugada. Estaban en plena calle Barcelona, allí está toda la zona de ocio de Cullera. Está todo lleno de bares y pubs. Toda la gente va peinadita, las chicas van con sus vestiditos y con sus minifaldas. Caminan igual, y todas parecen ir al mismo peluquero. Todas se juntan de dos en dos o de tres en tres. Cada grupito de chicas va a un ritmo y todas parecen tener la misma expresión de cara. Vi a un trío de chicas, todas serias y caminando con paso firme y tocándose constantemente el vestido como asegurandose de que permanecía ahí o no se ha subido un poco la falda. Suelen llevar sus bolsos pequeñitos como una pequeña carga. Yo hacía contraste con tanta pijería, todos llevaban ropas de marca, todos peinaditos a lo metrosexual, depiladitos, con sus perfumes y yo sin embargo había salido sin peinar, sin ducharme y sin afeitarme. Pasando de todo. Cada vez que me cruzo con un grupo de estas se me clavan en el cerebro los sonidos de los 6 u 8 tacones que suenan cuando ya quedan a mi espalda. Parece que no hablen entre ellas y si lo hacen suele ser sobre alguna banalidad, “Juanito me ha llamado y me ha dicho que le esperemos en la puerta de Ruta”, “Tía, que fuerte, luego le llamé y me dijo que quería hacer las paces” “Tíaaaa (voz pija) que estaba bailando y se me ha acercado el de la barra porque quería invitarme a un chupito”. Parece que hablen solo de gilipolleces. Por fin me reuní con mis amigos. - ¡Ya era hora que aparecieses! – Dice Carlota - ¡El desaparecido! – Dice Helen - Parece que os sorprendáis de verme.- dije. - ¡Ayer estuvimos esperándote y no apareciste!- comenta Carlota - Eso no es verdad, en verdad no me esperabais a mí. - Una hora de reloj esperándote. Y hasta que no mandaste el mensaje diciendo que no ibas a venir no nos fuimos. ¿Cómo puedes ser así? - Os digo en verdad que eso no puede ser, yo os envié el mensaje a los cinco minutos, además, ¿Para qué me esperabais? - ¡Pues para hablar contigo! - ¿Para qué? - Pues porque teníamos ganas de estar contigo - ¿Por qué? - Porque te echábamos de menos y teníamos ganas de “enfredyzarnos”. - Pues es que ayer no existía, no era yo, aunque hubiese aparecido no hubieseis estado conmigo. Deje de existir durante unos días. - ¡Venga ya! No empieces. - Lo digo en serio. Sólo hubieseis visto una parte de mí física. - ¡Suficiente para cortarte los huevos por habernos hecho esperar tanto! - ¿Me hubieses cortado los tres huevos? - ¡Sí! ¡Mala persona! - ¿Y hubieses hecho tortilla francesa o huevos revueltos? - Lo que sea. ¡Pero te hubiese cortado los huevos! - Total... para lo que me sirven... Y en ese momento apareció Ángel en escena. Se cruzó justo por delante de dónde estábamos. - ¡Ye tío! ¿Qué haces aquí? ¡No me has llamado! - Iba a hacerlo ahora mismo, es que acabo de llegar y estaba hablando aquí apalancado. - Sí, sí, ¡Pero no me has llamado! - Sí pero te tenía que llamar ahora mismo.- Volví a mentir como un hipócrita. - Bueno, ¿Qué vais a hacer ahora? - No lo sabemos.- Y dirijo la mirada hacia el resto de la manada, dando a entender que dependo de otras personas para tomar mis propias decisiones y así quitarme la responsabilidad de decir a donde ir. - Tío, tenemos mucho de qué hablar. Mañana traeré la guitarra acústica, tenemos que juntarnos y volver a tocar, he mejorado muchísimo con la guitarra.- Dice orgulloso. - Pues si ya eras buenísimo antes no quiero imaginar ahora, yo por el contrario no he mejorado nada. - ¿No tío? - No. - ¿Y qué haces ahora? - Nada interesante. - ¿Habrá mucho que contarnos después de tantos años no? - Pues sinceramente, no me ha pasado nada especial en todo este tiempo. - ¿No? ¿Y eso que me comentaron que ibas a vender una letra de una canción? - Joder, como vuelan las noticias. No es exactamente eso ... pero bueno. - ¡Sí! Fredy es un fenómeno. Está por encima de todos nosotros. – Dice Helen. - Sí, Sí, por encima – Digo irónicamente.- Yo no estoy por encima de nadie. - Bueno Fredy, yo me voy que tengo que acompañar a este, luego te llamaré y quedamos. - Vale. Hasta luego Ya no me volvió a llamar en toda la noche. Tras quedarnos de pie mirándonos las caras decidimos ir a Fantasía que es una chupitería muy conocida, allí trabaja una camarera que se llama Luci, es una chica a la que llevamos frita porque le hacemos la vida imposible. Nos divertimos puteándola y quedándonos con ella. Cada vez que entramos al local y nos ve a Alvariño y a mí parece que se le cae el mundo a los pies. Cuando la veo agitada detrás de la barra atendiendo a los borrachos de última hora como yo me gusta hablarle. La última vez que fuimos, le recomendé en medio del jaleo que se apuntase a clases de relajación tántrica, allí le enseñarían a relajarse en momentos tensos como esos mediante una buena respiración en siete tiempos. Ella me miró con cara de quererme degollar, la estaba estresando más y eso me divertía. Pero hoy Luci parecía haberse alegrado al verme, me vio a través del espejo que está justo detrás de las botellas. Tenía ganas de atenderme. La veía cambiada, se había tintado el pelo y parecía que le habían crecido las tetas. El hecho de que estuviese feliz de verme no me gustó, soy consciente de que no soy su típico cliente habitual, así que propusimos ir a otro lado y dejar a Luci con dos palmos de narices. Salimos de aquel lugar que apestaba a alcohol y nos dirigimos a la cantina. Un lugar lleno de billares y de dardos, con una gran barra, mesas para sentarse y una gran afluencia de gente. Pero por el camino vi una cara conocida, se trataba de Lena, la notaba cambiadísima, ¿Hoy notaba a todo el mundo cambiado? Me levanta la mano para saludarme y me acerqué. - Hola ¿Qué tal? – Dije - Bien ¿y tú? - Yo bien ¿Y tú? - Yo bien ¿Y tú? - Bien ¿Y tú? - También bien ¿y tu? - Genial ¿Y tú? - Bien ¿Y tú? - Bien, bien, bien. Oye, te noto cambiada. - ¿Sí? ¿Para bien o para mal? - Ni bien ni mal, te noto cambiada, será que hace tiempo que no te veo. - Yo a ti te noto cambiado para bien. - Me alegro. - Claro, te vi en la tele y desde que te vi... te veo mejor. Parece que se te haya subido la fama a la cabeza ¿No? - ¡Ah sí me viste!, Ahora soy famoso ¿no me ves? Ahora sólo me junto con la élite y sí, sí que se me ha subido a la cabeza con tanto éxito. - Sí, ya te veo ya.... - A ver si te veo más. - Eso, a ver si te veo más y hablamos más. Que por lo visto ya no te conectas al messenger. - Perdona que te diga, la que no te conectas eres tú. - Sí, es verdad, yo tampoco me conecto mucho. - Pues yo lo tengo conectado casi todo el día, así que ya me dirás. - Pues espero hablar contigo pronto que ya casi no hablamos. - Pues a ver si es verdad. - Bueno, yo estoy bien ¿Y tú? - Yo bien ¿Y tú? - Yo bien ¿Y tú? - Yo bien bien. Me alegro de verte Lena. - Me voy que me están esperando mis amigas y se van. Hasta pronto. - Hasta pronto, ya hablaremos. Mientras se iba pensaba en lo guapa que es, creo que nunca me había fijado tanto en sus ojos hasta hoy, son asombrosamente preciosos. Para colmo, según me habían comentado, es muy inteligente, aunque yo ya lo había comprobado, noto cuando hablo con alguien inteligente y a ella se le nota. ¿Qué tipo de chicos le gustarán a ella? Ojalá yo tuviese una novia así, pero bueno, seguramente se fijará en los más idiotas, como suele ocurrir siempre. Al despedirme de ella vi a otra cara conocida, se trataba de Kaiku, es un amigo, pero es como si formase parte de mi familia, desde pequeño nos hemos criado juntos, hemos sido como hermanos. Entonces intercambio unas sabias palabras con él: - Ye Fredy ¿Dónde vas? – me pregunta. - Yo bien. ¿Y tú? Llegamos a la cantina aproximadamente a las 2:30 y estaban cerrando la puerta. La dueña que cerraba la puerta nos dice: - No entréis, vamos a cerrar y ya y no os van a servir. Además, ha venido la policía y nos ha multado por no cerrar a tiempo. No le hicimos caso y entramos. Me hacía gracia que les multasen por no cerrar el local cuando les corresponde, es entonces me acuerdo del alcalde cuando sale en televisión o en el periódico hablando de la gran oferta de ocio que tiene Cullera diciendo es una atracción para los jóvenes etc., etc. Sí, señor alcalde, una oferta de ocio para jóvenes, usted siga diciendo que cierren los bares a la una de la madrugada y siga diciendo que hay una necesidad urgente por crear campos de golf en nuestra ciudad, por lo visto el golf se ha convertido en el deporte local. Una vez en la barra Alvariño me pregunta: - ¿Una cerveza? - Sí. Estuvimos esperando diez minutos de reloj a que nos atendieran, la camarera estaba saturadísima, yo que soy una persona comprensiva con el cansancio de la gente que trabaja cara al público le propuse a Alvariño: - Le pedimos lo que sea y nos vamos sin pagar ¿Vale? Pido dos cervezas. La camarera me las trae, Alvariño pide lo suyo y la camarera se da la vuelta a por las botellas. Yo aprovecho para coger las cervezas y sentarme en una mesa sin pagar. Con suerte no se daría cuenta de que no he pagado. Y así fue, bebí cerveza gratis. Allí dentro del local vi a un amigo que es policía bebiendo como un cosaco, era curioso, él hoy no estaba de servicio pero sus compañeros estaban multando al local, aun así, la barra seguía abierta al público, imagino que tendrían que hacer más caja para pagar la multa. Los policías de Cullera son lo peor. Meten a trabajar ahí a la peor calaña, muchos de ellos a los cuales conozco me cuentan como muchas veces confiscan Hachis a la gente y luego van a fumárselo. Así va España. - Carlota, tengo que contarte muchas cosas, estoy asqueado del mundo en general. - Yo también Fredy, cada vez se me va más la cabeza. - Pero bueno, eso no es nada nuevo, ya lo sabemos todos. Se ríe. - Carlota, ¿Por qué cuando deseas una cosa con más fuerza más se aleja de ti? O lo que es peor ¿Por qué nos pillamos y nos enganchamos de la persona menos conveniente? ¿Por qué cuando más pasan de nosotros más nos pillamos? ¿Alguna vez te ha pasado? - ¿Sinceramente? Nunca me ha pasado. - Sin embargo has vivido en tus carnes lo que es pasar de alguien y que ese se cuelgue más de ti ¿No? - Sí, muchas veces, es desesperante.- dijo resignada. Carlota es una chica guapa, estaba seguro que miles de hombres perdieron el culo por ella a lo largo de la historia, sin embargo, ella nunca había atravesado por el tormento y suplicio de enamorarse de alguien que no le correspondía. - Pues en realidad tienes suerte Carlota, pero te deseo que algún día te pase, verías como todo lo que haces no tiene sentido, fingirías encuentros casuales con esa persona, la llamarías, harías las mayores estupideces de tu vida y te odiarías por ello. - Pues la verdad me gustaría experimentar esa sensación, pero no lo he conseguido, y te digo muy en serio que me gustaría. Era normal, a Carlota le haría caso cualquier hombre, jamás podría vivir esa situación. Habló Helen: - Fredy, ¿Por qué no sales más? Helen siempre que puede me da un abrazo, estoy seguro que muchísima gente que no nos conoce pensará que somos pareja, pero me da igual, somos amigos y ella tiene su pareja. - No me gusta mucho salir, ya lo sabes, ¿No ves a tu alrededor? ¿Qué ves? Yo sólo veo gilipollas, estupidez, falsedad, hipocresía. Todo el mundo se traiciona entre si. A quién le guste salir y ver todo eso debe estar muy mal de la cabeza. Por eso yo estoy muy mal, a parte de no gustarme vengo. - Jo Fredy, no quiero abrazarte mucho porque te cojo cariño y luego te voy a echar de menos toda la semana y todo el tiempo que esté sin verte. Helen es mi mejor amiga. Tras estar sentados allí durante largo tiempo decidimos irnos, salí por la puerta con la cabeza bien alta, esperaba que en cualquier momento alguien me tocase el hombro para decirme que pagase, pero no, salí triunfante. Al salir volvimos a hacer un círculo para mirarnos las caras, al mirarnos podemos determinar el estado de ánimo de la manada en general y decidimos que es lo que nos hace falta y cual es el lugar más apropiado para ir. Al salir vi un carro de la compra abandonado al lado de un contenedor, Alvariño también lo divisa. - ¡Un carro! - Carlota, ¿Alguna vez te has subido en un carro? - ¡No¡ ¡Quiero subir! - ¡Pues sube! - Yo conduzco.- Dice Alvariño. - ¿Tú siempre conduces eh? - Sí. - Alvariño, ¿Alguna vez has subido en un contenedor de basura y te han arrastrado por la carretera? - Sí, muchísimas veces, pero yo soy el que lo suele empujar. - Yo también he subido y me han arrastrado, era como hacer surf sobre el asfalto, que memorables noches de borrachera Carlota intentaba subir al carro, pero su minifalda era tan corta que no podía subir sin que se le viese todo, así que subió al carro por la parte de delante. Una vez arriba la paseó por la carretera y yo le dije: - ¿Ahora sabes como se siente un bote de lentejas en un supermercado verdad? - ¡Síiiiiii! De pronto, mientras estaba arriba del carro empezó a sonarle su teléfono. - ¡Para para! ¡Que me están llamando! - Eso para, que no se puede hablar por teléfono mientras se conduce. Le llamaba su exnovio, todo un personaje del que prefiero no hablar. Pasaron unos diez minutos en los que estuvimos caminando hacia el peor lugar del planeta Tierra, si existe un infierno debe ser como aquel lugar, se llama Tanguería, un sitio lleno de marujonas, cuarentonas, chusma, extranjeros, busconas y buscones. Eso parece un circo. Ir allí es un auténtico espectáculo digno de los sadomasoquistas más osados. Entrar allí tiene más mérito que traspasarse todo el cuerpo de alfileres como los fakires de la India. Pero yo tengo cierto morbo por lo asqueroso e ignominioso porque ese asco extremo que siento allí hace que aflore en mí la poesía más desgarradora y asquerosa desde lo más profundo de mi rabia. Una vez dentro no parecía tan asqueroso, simplemente era porque es verano y se llenó de turistas, de gente diferente, no estában los mismos personajes que hay durante todo el año. Me llevé una pequeña decepción porque de este modo no pude intercambiar con nadie ningún tipo de impresión sobre el desarrollo de la noche. ¿Qué sería de un verano sin el chiringuito? Ya sólo quedabamos tres personas:Alvariño, Carlota y yo. Así que nos fuimos al Chiringuito y bebimos más cerveza. Finalmente Carlota se hartó y se fue a su casa. Ya eran las 4 de la madrugada. Le propuse a Alvariño irnos a otro chiringuito más céntrico, allí veríamos a alguien conocido y quién sabe qué podríamos conseguir. Ya en el otro chiringuito nos sentamos en unas hamacas, cerveza en mano y contemplando las estrellas fugaces rezagadas que no cayeron ayer, que era el día de las estrellas. Evidentemente no pedía deseos a las estrellas. ¿A quién se le ocurriría pedir un deseo a una estrella fugaz rezagada? No hace mucho yo deseaba con intensa vehemencia que la Luna fuese mía, y las estrellas o los dioses concesores de deseos pensaron que merecía algo mejor y me trajeron el planeta Marte. Creyeron que así cumplirían mi deseo y que me satisfacería aun más, pero no fue así. Marte se me quedaba grande y yo seguía deseando la Luna. El resto de astros, por más grandes y mejores que fuesen, no me atraían. - Si tu fueses alcalde de Cullera. ¿Te dejarías sobornar y concederías licencias de obras a todos esos constructores?- Pregunto a Alvariño - No, yo haría cosas buenas por Cullera. - Pero Cullera... ¿Tú crees que tiene remedio? - Así como va no, pero hay muchísimas carencias aquí. Alvariño era de Madrid, pero se había venido a vivir a Cullera desde hacía un par de años, pasaba muchas noches hablando con él. - Los campos de golf son una puta mierda, si los hacen luego podrán urbanizar todo el término. Sólo llenarán de hormigón este puto pueblo y lo convertirán en una ciudad fantasma improductiva. - Lo sé, todos lo sabemos. - Encima ahora intentan vender Cullera en Tele 5, se ve que tienen algún convenio, sólo hablan bien, pero esto es una puta mierda. Todavía no entiendo como hay tantos turistas sin escrúpulos que vienen aquí a veranear. Esto está hecho sólo para viejos. - Encima la oferta de ocio sólo se basa en los chiringuitos. - ¿Por qué mandarán cerrar todos los pubs tan pronto y los chiringuitos no? - Porque seguramente el dueño de los chiringuitos sea amigo del alcalde, o hijo del alcalde o ha sobornado al alcalde. Aquí todo funciona igual, tienes cuatro contactos o cuatro amistades y te conceden lo que quieras. Todo se desarrolla en función de un interés económico o amistoso, y no a raíz de una necesidad. - Puto capitalismo y puta sociedad de consumo. Acabarán mordiéndose su propia cola. Dos chicas se sentaron en la mesa de al lado, Alvariño tenía ganas de fumar y no tenía tabaco. - Voy a pedirles tabaco a esas. - Vale. Se levantó y le vi hablar con ellas y le digo desde mi sitio: - ¡¡Sonríe che!! De la forma que se dirigía a ellas parecía que en vez de pedirles un cigarro iba a atracarlas. Se pusieron a hablar y yo miraba sin saber qué decían. De pronto Alvariño se gira y me dice: - ¡Fredy ven y nos sentamos aquí, tráete la hamaca! Cogí la hamaca y me senté enfrente de ellas. No nos presentaron. - Nada, que me ha dicho que le queda poco tabaco pero que nos sentemos aquí y me dará de fumar. Las chicas hablaban entre ellas. - ¿Y no te sientes un poco gorrón?- Le pregunto a Alvariño en voz baja, - Da igual. Observo a las dos. Parecían receptivas. - ¿De dónde sois?- Les pregunto. - Yo de Madrid.- Dice la morena - Yo de Cullera.- Dice la rubia. - Yo también soy de Cullera. - ¡JA!- dice la rubia- ¡No me lo creo! ¡Yo soy de aquí y no te he visto en la vida! - Pero es que yo no soy conocido, vivo en las cloacas con las ratas y sólo salgo a la superficie de vez en cuando. La morena, que parecía estar en un avanzado estado etílico se descojona. - ¡Tío! ¡Qué no me lo creo! - ¡Qué sí! ¿Tú a qué escuela has ido? - ¿Eso de preguntar a que escuela has ido no queda muy infantil? - Es por saber si hemos tenido un pasado en común. - Ya, un pasado... ¿pero de qué año? - No importa. ¿Sabes qué? En el fondo me siento orgulloso de que no me reconozcas como alguien de Cullera, me avergüenzo de este sitio. - Pues tienes razón. - Soy el típico al que nadie conoce, y eso me satisface. Siempre que están hablándome de gente, “Conoces a la prima de la Gema que salía con no sé quién que su padre tiene una tienda en no sé donde” siempre que me dicen eso jamás conozco a nadie.... y ni ganas...- le digo. Me pareció asquerosa y prepotente la chica. La morena habló: - ¿Tenéis coche? - Yo no lo he sacado, prefiero ir a pie en verano a los sitios. - Pero es que ahora para ir a Arenas de Sal está lejos. Pensamiento de Fredy: Típicas busconas de tios con coche para que las lleven a donde ellas quieran a cambio de generarles unas falsas esperanzas de que se van a comer un rosco con ellas. - Mi casa está mucho más lejos que Arenas de Sal y aun así prefiero ir a pie a los sitios.- dije. - Además,él bebe y piensa. Si bebe no conduce, así que por eso no conduce.- Aclara Alvariño que sale en mi defensa. - Ya pero caminar cansa. Pensamiento de Fredy: Y las cerdas como tú también cansan. - Bueno chicos, vamos al servicio, luego volvemos.- Dice la morena. Sabía que no volverían y así fue. Pero luego las volvimos a ver. Nos metimos más cerveza en el cuerpo. Nos fuimos a la barra del chiringuito, allí Alvariño vio a un viejo conocido personaje de Cullera, intercambian saludos y se preguntan por sus conocidos. - ¿Qué sabes de David el Loco?- Pregunta Alvariño. - David el Loco va a ser padre. - ¿¿¿Qué David el loco va a ser padre???- me meto yo en la conversación. - Sí Fredy, yo también lo sabía, de todas formas ahora lo veo más centrado que nunca, me hablaba de la ilusión que tenía por ver la ecografía de su hijo hace unas semanas. - ¡Pero qué fuerte! ¿Cómo va a tener un hijo ese? - ¡Ey ya ves! Dejó preñada a la chica con la que está ahora y lo quiere tener.... - Qué mal está el mundo. Descripción rápida de David el Loco: Perdido de la vida, aunque hay que reconocer que ahora está muchísimo más centrado, boxeador, expresidiario, agresivo, paranoico (ya que cree que le miran mal y quiere pegarse con todo el mundo), hablar con él es un espectáculo. He llegado a creer que así como antes se practicaba la eugenesia, ahora sucede lo mismo pero al revés, sólo los descerebrados, los desquiciados, los tarados van a dejar descendencia en este mundo, por lo tanto, no tengo ningún tipo de esperanza en las generaciones futuras y apuesto por una rápida destrucción del mundo en pocos siglos. De pronto, casi una hora después de haberse ido al servicio aparecen de nuevo las dos “buscatiosconcoche” y se ponen a hablar con nosotros. - Pues yo ahora estoy de vacaciones. Soy socorrista y ahora que tengo un tiempo pues vengo a Cullera a relajarme.- Me dice la morena entre otras cosas. - A ver... ¿Eres socorrista y estás de vacaciones en Agosto? ¡Si los socorristas sólo trabajan dos meses al año! - Bueno, pues yo sólo trabajo en Julio de socorrista. El resto del año estudio. - ¿Y qué estudias? - Magisterio, este año acabaré. - Tía, eres mi ¡ídola! ¿Se puede decir ídola? ¿Es correcto? Usted señorita con magisterio lo sabrá - JAJAJAJA, me parece que no. - ¡Pues te idolatro! Eso de ser socorrista, trabajar dos meses y uno de vacaciones me parece ejemplar. - Idolatro si que está bien dicho., - Gracias señorita.- dije con recochineo, como llamábamos antes a las profesoras. - JAJAJA. –estaba borracha perdida.- Mira, yo vivo ahí enfrente, en primera linea de la playa. - ¿En primera línea de playa no? Eso es que tienes pelas. – Le dice Alvariño. - Ella no ha trabajado duro en su vida, no sabe lo que es trabajar. Lo ha tenido todo hecho en su vida.- Digo yo. - ¡Oye!- Se ofende la borracha “buscatiosconcoche” - Ella no lo puede entender Alvariño, ¿Cómo hablarle de colores a un ciego? ¿Cómo hablarle de música a un sordo? - ¡Oye! Tengo familia invidente, a dos familiares. De hecho uno está aquí en Cullera. - Perdone señorita por no haber empleado el término correcto, diré invidente, pero en ningún momento pretendía ofender, además son sinónimos. ¿Qué más dará? Me recordaba a la estupidez de llamar a los negros negros, en vez de decir hombres de color. ¿Estoy ofendiendo a alguien diciendo que es negro? ¿O es que los blancos no tenemos color o somos transparentes? - No pasa nada, no me ofendo.- Dice la morena. La morena y la rubia se volvieron a sentar en una mesa. Al poco rato se fueron a sus casas o a buscar algún chico con coche que las llevase a Arenas de Sal. Daba lo mismo. Yo me iba a casa. O eso creía. De vuelta a casa me sentía asqueado, caminando solitario veía los coches pasar con su música, la mayoría de coches llevan puesta la canción “la tortura” de Shakira y Alejandro Sanz. ¿Por qué todos escuchaban lo mismo? ¿Por qué todos los veranos hay alguna canción que parece sonar en la mitad de los coches que pasan? Sentía un asco indescriptible al ver cada coche que pasaba y viendo a cualquier persona con la que me cruzaba. Chulos, gilipollas, malas zorras, malfolladas, cretinos que me daban agonía. Pero no era hora de volver a casa, abandonar a las 6 de la madrugada era una huida. ¿Quién iba a hacerme compañía a esas horas? La única persona que podía encontrar a estas horas era a Ariel. Ariel trabajaba de panadero en un horno durante toda la noche, de día trabajaba en un mcdonals. Necesitaba verle, es la persona que más cerca del infierno ha estado. Ir en ese momento al horno era como acercarse al punto más próximo de la desesperación de un individuo. Allí sabía que todas mis injurias y maldiciones al mundo serían escuchadas, comprendidas y afirmadas. Juntos poníamos de vuelta y media a toda la humanidad. No lo haciamos desde la altura de un gobierno, sino en el punto más bajo que puede llegar un ser humano. Desde el extremo más bajo de una sociedad desgastada. Llegue al horno, en la puerta estaba Jose cargando pan en la furgoneta , tenía 27 años y era el dueño del horno, trabajaba todos los días del año durante todas las noches. Nunca tenía vacaciones, su vida era el horno, descansar y de vez en cuando hacer escapadas para creer que la vida no es tan asquerosa. - Hola Fredy – Me dice Jose. - Hola Jose. ¿Qué tal? - Bien, ahí dentro está Ariel viendo un documental de Nazis. - ¿Ah sí? Pues voy a entrar. Entré al horno y allí estaba él. Al verme hizo un gesto desagradable con la cara como diciendo “Al que me faltaba por ver hoy”. Pero en el fondo sé que se alegró de que le visitara. Estaba sentado con el mando distancia en la mano, esperando que se cociera un carro de pan, en la tele aparecían los créditos del documental. - Mira Fredy, ahora mismo se ha acabado un documental de la segunda guerra mundial que te hubiese encantado. - Ariel, hoy he venido a verte porque necesitaba ser escuchado y comprendido. - ¡Bueno.... bueno... bueno! Si tu supieras como estoy hoy, mira, no tengo ganas ni de hablar, en Mcdonals me han pasado mil historias. ¿Para qué contarte Fredy? Es siempre lo mismo. - Todo ahí fuera es asqueroso, haces bien trabajando y perdiendo el tiempo aquí. - ¿Sabes de que me he dado cuenta? Que la única forma para eliminar los males mentales es trabajar, trabajar, trabajar y trabajar hasta caer reventado. No hay más. Así por lo menos ganas dinero.- Cada vez que pronunciaba la palabra trabajar apretaba el puño y lo agitaba hacia abajo, me recordaba a un dictador. - Te entiendo Ariel. - ¿Qué me cuentas Fredy? ¿Qué has hecho hoy? ¿Cómo que has venido? - Pues me dijeron que ya estabas trabajando aquí este verano y ya era hora que me pasase ¿no? Además, mañana no tengo nada que hacer y estoy asqueado de salir por ahí y quería encontrar refugio por aquí. Le conté en líneas generales todo lo que había hecho en toda la noche, todos mis asqueamientos y todos mis sufrimientos. - Mira Fredy, cuando estoy en mcdonals, cuando más trabajo hay, cuando más agobiado estoy pienso en lo increíblemente enorme que es el universo, en lo inmenso que es. Luego pienso en lo insignificante que es la Tierra comparada con el universo. Luego pienso en lo insignificante que es el ser humano comparado con el universo. Luego pienso lo insignificante que es mcdonals comparado con el universo. Y luego pienso en lo mal que estamos por culpa de algo tan insignificante como son los sentimientos. Estamos tan mal que todos esos malos sentimientos cubren el universo entero. ¿Te das cuenta? - ¿Sabías que eres un sabio Ariel? Tu dolor es auténtico, por eso me encanta hablar contigo. El resto de la gente solo tiene preocupaciones estúpidas. - ¡Gracias Fredy! Me choca la mano. - Mira, ya estoy a punto de cumplir 26 años y ya no estoy para tonterías. ¡Por favor! -dijo. Y ahí estuvimos hablando y hablando durante horas mientras veíamos la tele, de vez en cuando ponían al horno algún carro de pan. Pusimos verde a la sociedad. Sé que Ariel tiene unas ideas muy radicales, pero en el fondo todo lo que dice me hace gracia, tiene un sentido del humor negro y lunático. Es una fuente constante de inspiración. - ¡Mis compañeros de trabajo son inútiles! – Decía.- Mira, hace poco le dejé 10 euros a una compañera, ya ha pasado el día 3 que es cuando cobramos todos y todavía no me los ha devuelto. ¿Pero sabes qué? Yo todos los días se los pido. Y así voy a estar día tras día hasta que se canse y me los dé. ¡No hay nadie con mas persistencia que yo! Cuando llego al trabajo no digo ni buenos días ni nada. Directamente le digo ¿Ya tienes los 10 euros? A la otra se lo pensará 2 veces antes de pedirme nada. ¿Pero eso que significa? ¿Qué falta de educación es esa? A mí si me dejan algo, enseguida que cobro ya lo estoy devolviendo porque para mí el dinero es SAGRADO. ¿Y estos paletos pueblerinos por qué no tienen que hacer lo mismo? Yo me reía. Siempre me rió cuando se pone a hablar así. - ¿Tú sabes todo lo que tengo que llegar a soportar allí? Es inimaginable Fredy. A Noemí, cada vez que le llama su novio le suena la melodía en el teléfono de “me gusta la gasolina” y allí estamos todos limpiando a punto de cerrar y cuando escuchan eso ¡Toda la plantilla de mcdonals se pone a bailar! ¿Y sabes en qué estoy pensando yo mientras tanto? - No - Estoy pensando en hornos crematorios, en como se desintegraría esa gente a 4000 grados. - JAAJJAAJJAAJ - Hay que rehabilitar los hornos crematorios Fredy, o bueno, ni eso, deberían construir nuevos hornos crematorios. ¿Te imaginas los nuevos hornos de la era digital? Un botoncito y ale. Eso sí, deberían hacerlos inmensamente más grandes. Así poder meter a toda África y a toda Sudamerica allí dentro. - Estás loco. No comparto ni una idea con él. Pero me destornilla escucharlo hablar y decir tantas barbaridades. En realidad, él habla con toda la agresividad del mundo, pero conociéndolo tan bien como yo lo conozco sé que él es incapaz de matar a una cucaracha. Todo lo que él dice es de boquilla, simplemente se le va la olla de tanto trabajar y de no dormir. Expresa su odio despotricando contra el mundo entero. - Ya sé que estoy loco. Pero al menos esa gente aprovecharía para algo. ¿No se puede hacer nada con las cenizas? ¿No se puede hacer jabón con ellos? ¡Hacer algo con ellos! ¡Algo productivo! ¡O que manden sus cenizas al espacio! ¡Lo que sea! Así pasan las horas y por fin llega la dependienta de la mañana, cuando ella llega Ariel la saluda. - ¿Qué tal Rufina? ¿Todo bien? - Sí bien, gracias. - Ahora verás- me dice en voz baja. - Pues como te iba diciendo- Vuelve a su tono normal- Yo lo que quiero es suicidarme de una vez. Hace un gesto con la cara señalándola a ella, esperando ver su reacción. Ella suspira implorando paciencia a Dios. - Eso te lo dice para ver como reacciono yo- Dice Rufina. - ¿Qué pasa Rufina? ¿Por qué ves tan mal el suicidio? - Yo soy católica practicante, y ya sabes lo que pienso del tema. - ¿Los católicos odiáis a los judíos? – Pregunta Ariel - Yo no odio a nadie. Por fin Ariel acaba su jornada de trabajo. Me propone que vayamos a desayunar a alguna parte, pero antes quería ir a su casa para darme unos libros y luego tenía que resolver un asunto, me propuso que le acompañase. Fuimos hasta su casa y una vez allí me da una bolsa llena de libros y me dice: - Toma, todos para ti, yo no los quiero. - ¿Por qué? - Son para aprender a escribir, y son en español, yo no quiero aprender a escribir en español, en el idioma de Arévalo ¿Qué quieres? ¿Qué lo único a lo que me dedique sea a escribir chistes? Yo lo único que quiero escribir en inglés como Stephen King. - Estos libros valen mucho dinero Ariel. - Me da igual, no los quiero, además, a ti te harán más falta que a mí. - Estás loco. - ¿A que sí? La bolsa contenía toda una colección de 15 libros de “curso de teoría y práctica del relato”, y otros libros sueltos “el oficio de escribir cine y televisión” , “Escribir, manual de técnicas narrativas”, “Desarrolla una mente prodigiosa”, “Guía para una puntuación más rica y consciente”, “El millonario instantáneo (un relato claro y estimulante para TRIUNFAR)”, “Ortografía fácil para la E.S.O.” Sin duda alguna todos esos libros me podrían ser útiles, aunque soy partidario de que hay ciertas cosas que no se pueden aprender, simplemente se sabe o no se sabe. - Gracias Ariel, pero estos libros, aunque los tenga yo ahora en mi casa, seguirán siendo tuyos. - Yo no los quiero para nada - Pero son tuyos. - ¿Me acompañas ahora a un sitio? - ¿Dónde? - A casa de Noemí a pedirle los 10 euros. - Vale Eran las 8:30 de la mañana, Ariel iba a llamar a su casa a esas horas sólo para joder. - Así aprenderá a devolver el dinero cuando toca. - Estás loco. Eres un puto crack. - Si en realidad los 10 euros me da igual, pero es que ella me cae como el culo. Lo que quiero con esto es que me deje de hablar para siempre, así tengo un problema menos. Llegamos hasta el portal de ella. Ariel le timbra. - ¿Sí? – Una voz masculina, posiblemente el padre. - ¿Está Noemí? - Espera un momento. Tarda un par de minutos en ponerse al teléfonillo - ¿Quién es? - Noemí soy Ariel ¿Tienes los 10 euros? - ¿Pero tú te crees que estás son horas de llamar? ¡Ahora no es el momento! ¡He venido hace un rato de fiesta y todavía no he dormido! - ¿No es el momento? Sin embargo yo sí que supe cuando era el momento de dejarte el dinero. ¿Y cuando me lo piensas dar? - No lo sé, el jueves creo. - ¿El jueves? - Síiiiii Ariel! ¡QUIERO DORMIR! - Ya hablaremos. Y colgó el telefonillo. - Mira Fredy, todos los días acabo de trabajar a estar hora. Mañana a la misma hora pienso timbrarle. ¡Así todos los días hasta que me de mis putos 10 euros! Yo todavía estaba partiéndome de la risa. Todo eso me resultaba cómico y extremadamente entretenido. - Di que Sí Ariel, ¡Con tu dinero nadie juega! - Sinvergüenzas que son. ¿Quién se ha creído que es? - ¿Pagarías 10 euros porque te dejase de hablar para siempre? - Sí. - JAJAJAAJAJ - Es más, mañana voy a estar comentándole a toda la plantilla de mcdonals que ella no me devuelve el dinero porque no le da la gana. ¡Te lo digo yo como que me llamo Ariel que esa se va a arrepentir de haberme pedido dinero! ¡A la otra se lo pensará dos veces! De pronto pasamos por delante de la iglesia. - ¿Vamos a misa como en los viejos tiempos? - Vamos.- contesté. Eran las 9 de la mañana, entramos y ya habían empezado a rezar. Me encantaba hacer cosas de ese tipo, yo con mis pintas rockeras metiéndome en la misa de las 9 con todas las viejas beatas. Nos sentamos en la última fila. Ese día había una gran afluencia de gente, sería por la cantidad de turistas que hay ahora en la ciudad. También me sorprendió ver a muchísima gente joven entre 15 y 20 años. Serían pijos repipis criados en escuelas del Opus Day. El cura estaba en el altar. Nos vio enseguida, ya nos conoce. Somos como su peor pesadilla. Estuvimos alli un rato entre risas viendo la cantidad de gente estúpida que va a misa a tragarse todas las tonterías que decían. “Señor misericordioso, tú que quitas el pecado del mundo ten piedad de nosotros” - Mira Ariel ¡Esa era mi profesora de literatura! ¿Qué hace aquí en misa? ¡No quiero que me vea! Esa conoce a mi madre. Encima me da un asco impresionante, aunque un día le recité todo el romancero gitano “Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir” Y varios poemas de Alberti. Me tenía manía y consideraba que yo era un inútil. Empecé a sentirme incómodo. - Oye Ariel, hoy no voy a aguantar la misa entera, me siento incómodo, no puedo soportar esto, vámonos antes de que diga alguna tontería en voz alta o la arme aquí. Nos fuimos, solíamos ir a misa de vez en cuando, era como meternos en el ojo del huracán, después de haberme metido en locales donde ponían reaggeton a toda pastilla yo era capaz de soportarlo todo. Recuerdo una vez que llegamos a misa todo borrachos antes de que empezara y nos metimos en la sacristía a hablar con el cura. -Hola padre, hemos venido porque teníamos ganas de hablar con usted. - Diganme. - Pues hoy hemos venido de fiesta de por ahí y hemos decidido venir a misa, a ver que se cuenta por aquí. - ¡Ojalá todos los jóvenes hicieran como vosotros! - Pero padre, yo es que no me creo nada de la iglesia, no me creo nada de la santísima trinidad, me parece todo absurdo y una gran mentira para ganar dinero. Pero bueno, venir aquí es cultura. Hemos venido aquí porque en la tele no hacen nada y siempre es bueno venir a sitios donde nos cuenten historias mitológicas ¿No crees? El cura estaba flipando. - Bueno, yo no os voy a decir que cambiéis, pero la fe es lo principal aquí. Con fe puedes llegar todas partes. - Bueno padre, nosotros vamos a ver la misa a ver que tal, a ver si nos gusta. - Muy bien, me parece bien. Luego en medio de misa, estuvimos haciendo el idiota todo el rato. Cada vez que la gente se levantaba, Ariel decía a regañadientes: - Joder, ¡otra vez de pie! ¡Estoy hasta los huevos. Y las viejas se giraban escandalizadas. Luego se ponía a escuchar el Walkman. Después había un salmo responsarial que decía algo así “Señor, que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti” Toda la gente repetía lo mismo y era alucinante ver la forma sectaria con la que repetían cosas sin saber qué cojones estaban diciendo. ¿El señor hubiese querido que se le pegara la lengua al paladar a alguien si no se acordaba de él? El cura decía una frase y la gente volvía a repetir: “Señor, que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti”. Y entonces me giro cara a Ariel y le hago el gesto con la lengua que se me ha quedado pegada al paladar y empiezo a hablar como un subnormal. Así que empezamos a descojonarnos en medio de la misa, las viejas de la fila de delante se giraban escandalizadas, y la gente seguía repitiendo como idiotas: “Señor, que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti” Cosa que me producía mas risa todavía porque los imaginaba a todos con la lengua pegada al paladar y hablando como gilipollas. Me tapaba la cara para que la gente no me viese descojonarme encanado. Pero enseguida volvían a repetir “Señor, que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti” Y yo no podía parar de reír. Luego, a la hora de la Eucaristía, no dudé ni un momento en ir a recoger el cuerpo de Cristo, fui a la fila donde estaba el cura repartiendo hostias, le sonerí al cura y abrí mi boca con aliento a alcohol y recibí a Dios. Me sentía muy bien siendo un hereje y jodiendo al cura. Es un cura realmente asqueroso, no soporto a la gente sectaria y menos a los tipos con su cara. Tiene la cara del típico cura que se masturba pensando en niños y niñas. Luego fuimos al bar a desayunar. Yo me pedí un café y Ariel se pidió un zumo. Nos sentamos en una mesa y nos pusimos a hablar. - ¿Cuándo me mandan trabajo sabes qué es lo que hago?- Dijo Ariel - Dime. - Pienso en como debe ser la vida en otra galaxia lejana. Pienso en la paz que debe haber en ese mundo. En lo bien que vivirán. Entonces cuando veo a mi encargada decir “¿Ya han salido los Big-macs?” la veo como una persona irracional y sin sentido. - Vuelvo a decirte que eres un sabio. - Tú eres el único en el mundo que comprende mi arte. - Los incomprendidos somos los más comprensivos. Miré a mí alrededor, había bastante gente en el bar, delante de mí tenía la televisión con música clásica, había una gran orquesta tocando. Detrás de mí estaba la barra, lleno de gente muy paleta hablando en valenciano sobre las cazallas que se van a tomar y sobre lo que van a hacer más tarde en el huerto. A mi izquierda había una pareja de treintañeros hablando. Y a mi derecha había una pareja de sordomudos hablando por señas. - ¿Te das cuenta Ariel? No estamos aquí por casualidad, alguien nos ha colocado estratégicamente en medio de esta cruz de simbolismos. Fíjate, en la tele está sonando la música de los siglos, la música más bella que jamás se ha creado y esta siendo servida en un bar dónde no aprecian nada la música y ni la están escuchando. Se cruza lo esencial con lo banal. Y mira, mira la pareja que está hablando a mi izquierda, la chica está completamente enamorada de él, le está comentando todos sus problemas, están comunicando su amor mediante la palabra y a nuestra derecha mira, son sordomudos y están comunicándose mediante los gestos. Ambos extremos de comunicación. Y nosotros aquí, en medio de esta cruz de simbolismos. ¿Por qué estamos aquí en este preciso instante? - Me estás dejando alucinado. ¿Cómo puedes percibir el mundo así? - Veo más allá de lo que se ve. - Ya veo. - Mira a la parejita de mi izquierda, ella por su forma de sentarse y mirarlo se ve que está completamente enamorada de él. Él parece que ella le guste pero en su rostro se ve la expresión de la amargura, seguramente todavía no ha superado el divorcio con su exmujer y no quiere prometerle a ella nada porque no está bien emocionalmente. Además, date cuenta que tendrán entre 35 y 40 años, a esa edad no se andan con tonterías, van a lo que van, la mujer le ofrece sexo a él a cambio de ser escuchada. A los 30 lo único que quieren es ser escuchadas. Y al tío le da igual lo que ella piense y diga. Le da igual porque a medida que la gente se va haciendo mayor se va desengañando cada vez más del amor. El amor verdadero sólo es aquel de los 16 años, porque está cargado de inocencia, de ingenuidad y se tocan dos corazones de terciopelo. Más tarde, a medida que uno acumula fracasos, decepciones, rupturas y separaciones se le va encogiendo el corazón y se convierte de piedra, es entonces cuando sólo miran por si mismos. A los 30 uno ya debe estar quemado de la vida, del amor y de todo. - Yo no quiero llegar nunca a los 30. - Pues tendrás que llegar.- Le dije seriamente. - No es necesario, los verdaderos artistas siguen haciendo cosas de adolescentes aunque tengan 40 o 50 años. - Bueno.... - ¿Sabes? Podrías escribir una telenovela. - No estaría mal. Aunque he estado pensando en escribir unos relatos. - ¿Sí? ¿De que van? Le cuento la historia de mis relatos. - ¡Esos relatos son una puta mierda! - ¡Pero tienen un trasfondo!- Intento justificar - Tú eres una persona muy profunda, puedes escribir cosas muy buenas. - ¿Sabes? ¿Y qué tal si escribo un relato con todo lo que me ha pasado esta noche? - Estaría muy bien, pero no pongas mi verdadero nombre si comentas todo lo que digo. - ¿Y qué nombre podría poner? - Pon Ariel mismo. - Está muy bien. Tengo ganas de llegar a casa y ponerme a escribir. ¿Qué tal si nos vamos? - Vámonos a dormir, ya es pronto. Y nos fuimos a casa. Por el camino vimos a la parejita del bar en un coche, seguramente se iban a consumar su frustración por el mundo mediante la cópula. ¿Qué sabéis de Fredy?Ramona: Por cierto... ¿Qué sabéis de Fredy? Erika: Uff calla, yo no quiero saber nada de ese. María: Yo hablé con él hace poco. Sigue como siempre. Ramona: ¿Con sus fantasías y delirios de grandeza? María: Sí, exactamente. Erika: Qué acabado. Nunca cambiará. Layla: ¿Acabado? ¿Y eso? Erika: Porque sí, es un flipado de la vida, sólo el hecho de hablar de él me produce agonía. Ramona: ¿Sí? ¡Qué fuerte¡ ¡A mí me pasa igual! Layla: Joder. ¿Cómo os pasáis no? Yo a veces hablo con él, tampoco es tan mal chico. María: Eso es que no lo conoces, al principio parece un tío de puta madre, piensas que es lo mejorcito, pero luego... ves que es un cabrón más, no vale para nada. Ramona: Sí, al principio todo es maravilloso con él pero poco a poco te vas dando cuenta de cómo es realmente. María: Va con unos aires de superioridad y prepotencia por ahí... No sé quién se habrá creído. Erika: Lo que no entiendo como no le parten la cara de una vez. María: Seguro que se la han partido más de una vez. Ramona: Pues la verdad, a mí no me extrañaría nada. Se lo merece. Erika: Mira Layla ¿Desde cuando lo conoces? Layla: No hace ni un año. Erika:¿Ya te ha dicho que le gustas? Layla: Pues me lo dijo sí. María: ¡Ja! ¡Cómo a todas! ¿Tú sabes lo pesado que puede resultar a ser? Ramona: Menudo desesperado de la vida. Erika: A veces se cree que es tu padre. Va con eso de ayudarte porque que es tu amigo y te pone verde. Luego cuando te enfadas viene arrepentido va con el cuento de que era una crítica constructiva y tal. ¡Menudo imbécil! Que se dedique él solito a hacerse sus críticas. ¡Siempre mirando la paja del ojo ajeno! María: ¡Es una auténtica lapa! Te llama, te pregunta qué haces, te dice que te echa de menos, al principio vale pero luego ya se hace pesado de cojones. Luego parece que te controle. ¡Y a mí no me controla ni mi madre! Ramona: Di que sí María. Layla: Ya, la verdad, se hace bastante agobiante. Encima a veces habla tan raro.... Erika: Ya tía, se cree que por decir palabras que suenan mejor o desconocidas es superior. Va de listeras . Encima va de escritor por ahí y lo único que escribe es una mierda. María: ¿Qué no habéis visto la página esa de mierda que tiene? Todas: ¡Buah! Sí sí, ¡Menuda mierda de página! Erika: Se cree que escribe bien y le van a dar el premio Nobel de literatura o algo así por escribir esas gilipolleces. Ramona: ¿Encima ves todo lo que escribe? Trata a la gente como la mierda, se cree divertido por hacer lo que hace en el trabajo, yo soy su jefe y le echo. ¿Quién se ha creído que es? Erika: ¡Menudo Payaso! María: Sí, encima payaso sin gracia, que es peor. Todo el día enganchado a internet que estará. No tendrá ni amigos Erika: ¿Pero quién va a ser amigo de ese imbécil? María: Ese sólo se junta con acabados de la vida, como él. ¡Porque es realmente inaguantable e insoportable! Ramona: Mira Layla, lo mejor que puedes hacer es dejar de hablar con él, ese tío está loco, le falta un tornillo o algo. Primero parece simpático, pero si se enamora de ti estás acabada, así que huye ahora que estás a tiempo. Layla: Pues la verdad, ya me estaba dando cuenta de que no está muy bien este chico. María: ¿A qué sí? Y no te dejes engañar por él, que tiene facilidad de palabra y te convence enseguida, yo no soy así no sé qué no sé más. Pero nada. ¿Sabes qué intentó hacerme una vez? Layla: ¿Qué? María: Intentó quitarme la cuenta del messenger, me la quitó y es cuando averiguó que le ponía los cuernos, el so imbécil. ¿A él qué cojones le importaba lo que yo hacía? ¡Era mi cuenta y él no tenía derecho a entrar en ella! Ramona: ¿Pero qué me estás contando? ¿Eso es verdad? María: ¡Sí tía! Ramona: ¿Y no lo denunciaste? María: Le amenacé con hacerlo, y se cagó enseguida y me la devolvió. Es un cagado. Tan chulo que se cree.... Erika: Yo le hubiese partido la cara, ufff... de verdad, no me cuentes esto que me pongo enferma, ¡Qué fuerte me parece! María: Luego me dijo que no quería saber nada de mí y yo dije: ¡Por fin! ¡Por fin! ¡Ya era hora que te fueras! ¡Pesado! Ramona: Seguro que todo eso no lo cuenta en la web esa de mierda que tiene. Erika: ¡Ya! Ahí sólo escribe cosas para quedar bien, para quedar de guay, se cree que igual así se comerá algún rosco. Ramona: Ese no se comerá un rosco en su puta vida ¿No has visto lo feo que es? ¡Buag! Me da asco el hecho de haberme besado con él, no sabéis cuanto me arrepiento. María: Luego dice que él no necesita a las tías ni nada de eso que él podría tener novia pero no le da la gana tener. Erika: Sí claro, por eso le dijo a Layla que le estaba empezando a gustar. ¡Cómo no necesita a las tías! Ramona: Ese debe estar más desesperado que el Posi. Erika: Además, ¿Tú le has visto con una tía últimamente? Ramona: Pues no, ¿pero quién iba a estar con ese engendro? Si a ese no lo quiere ni su madre. Erika: Es que encima yo creo que es un poco maricón. Fijo que le dan por el culo por ahí. María: Pues no me extrañaría, yo un día me moría de ganas por follar con él y el no hizo nada de nada, a parte de rarito de la cabeza también parece un poquito rarito de la acera de enfrente. ¡Menos mal que al final no hizo nada! Si no ahora aun estaría arrepintiéndome y lavándome el chocho con lejía por si me queda alguna bacteria suya. Erika: Pero tíiaaaaaaaa. ¿Tú te querías tirar a eseeee? María: Todas tenemos un pasado oscuro, pero eso fue cuando aun creía que era maravilloso, no sabía bien como era. Erika: ¡Pero con lo feo que es! María: ¡Mira quién fue a hablar! Qué tú también dijiste que te gustaba Erika: Bueno sí, pero es diferente, a mí no me pasó como a ti, yo me di cuenta enseguida de que ese no estaba bien de la cabeza. Layla: Pues tías, estoy flipando. Gracias por avisarme. Ahora ya sé con qué tipo de persona hablo. Además ya notaba cosas raras en él. Me mandaba correos con historias raras en las que no se entendía una mierda, me hacía llamadas perdidas, me llamaba, no me dejaba en paz. Ahora ya sé que no tengo que enamorarme de él. Ramona: Tranquila, de él nunca se ha enamorado nadie, a no ser que se esté mal de la cabeza. El problema es si él se enamora de ti. Y así continuó la velada, toda la noche hablando de él. "Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos." Pablo Neruda Experimento científico-literario sin ninguna finalidad aparentemente útil para contrastar el valor del poeta y de su poesía.Nos encontramos en la planta 160 del Empire State, a un lado tenemos a un poeta cuyo nombre mantendremos en el anonimato y al otro lado tenemos una hoja con una poesía del mismo autor colocada en un atril. Bajo, está la gente expectante que se han hecho eco del experimento y conocedores de que su veredicto será muy importante para las conclusiones finales. A continuación, procedemos a lanzar al poeta por la ventana al cual hemos tenido que reducir atándolo de pies y manos porque se resistía a ofrecerse voluntariamente a este experimento por el bien de la ciencia y la humanidad. Lanzamos al poeta por la ventana. El poeta cae dando 3 vueltas sobre su eje y emitiendo un sonoro “AAAHHHH” antes de estrellarse contra el asfalto. Tras un golpe seco el poeta acaba destrozado con sus vísceras esparcidas en un radio de diez metros. La gente está muy decepcionada con el poeta, abuchea, silva y se agita iracunda, algunos, pese a ser un espectáculo gratuito, reclaman la devolución del importe de su entrada. Volvemos a la planta 160 del Empire State. Ahora lanzamos la poesía por la ventana. La poesía surca por los cielos como una paloma enamorada, algunos la confunden con el espíritu santo, desciende desde los cielos poco a poco con sus movimientos musicales, cae silenciosamente como una hoja perenne de otoño, planea como un águila que sobrevuela el cosmos y se agita de un lado a otro como el péndulo de un reloj que marca las horas que faltan para ver a la mujer amada. Finalmente, aterriza en el asfalto como una mariposa perdida en el suelo urbano que quiere conocer la tierra firme. La gente aplaude enloquecida ante el espectáculo de la poesía, vitorean, dan saltos de alegría y sumidos en una profunda hilaridad llenan las calles de serpentina y confeti. Abren botellas de cava y por momentos bailan alrededor de la poesía recién aterrizada olvidando el cadáver del poeta que es pisoteado con indiferencia por la muchedumbre. Conclusiones finales: A) El poeta grita cuando cae. B) La poesía no grita cuando cae. C) La poesía mantiene su belleza incluso después de la muerte del poeta. D) La poesía puede ser recitada tras la muerte del poeta que la escribió. E) El poeta no puede recitar tras su propia muerte. F) El poeta no sobrevive a una caída de 400 metros G) La poesía sobrevive a una caída de 400 metros y se cree que podría soportar caídas desde alturas mucho mayores. H) La muchedumbre olvida con facilidad momentos dramáticos y se entretienen con nada. Conclusión general: - Exponiendo a la poesía y al poeta ante situaciones extremas la poesía parece mucho más valiosa que el propio poeta Nota final: Para la gente susceptible a escandalizarse ante experimentos de esta índole, le recordamos que este experimento nunca fue llevado a cabo ya que el Empire State tan sólo tiene 103 plantas. Sueño: Cruzando el HimalayaVenía de la India e iba en dirección a Nepal. Pero antes subiría al pico más alto del Himalaya, sabía que allí no encontraría a nadie, sabía que nadie hablaría mi idioma, sabía que permanecería en la más profunda soledad. Pero los designios de la providencia son inescrutables, y casualmente me encontré una chica allí, en la ladera del Himalaya, era sorprendente ver a alguien a esas alturas. Pronto conecté con ella, sabía que ella me enseñaría a llegar a la cima, sentía como si ella ya hubiese subido más veces sola y ella me ayudaría. Sentía que estaba en un nivel de agilidad y ambición muchísimo mayor del que yo tenía, eso era algo impensable en un principio cuando inicié el viaje. Posiblemente era un viaje sin retorno a las alturas. En un principio sentí como si ella me conociese de toda la vida, sentí como si era capaz de ver más allá de mí, como si supiese lo que pensaba. Era una bruja a la cual debía guardar mucho respeto y admiración. Incluso estando a su lado me contagió su experiencia espiritual y empecé a desarrollar poderes que hasta entonces desconocía. Su mirada era un tanto extraña, y a veces decía cosas que no entendía. Imaginaba que era porque estaba a un nivel mucho más alto que yo. Pero pronto me di cuenta de una cosa de la cual no me había dado cuenta antes: Ella era ciega. Con su ayuda, logré llegar a la cima del Himalaya, a ella no le resultó difícil, parecía conocerse el lugar a la perfección. Me ayudó a salvar obstáculos, a encontrar los mejores caminos, a guarecerme del frío y a encontrar cosas dentro de mí. Removió toda mi alma, extrajo todo el jugo que había dentro de mí. Y una vez arriba del todo, hicimos el amor de la forma más grandiosa que se podía haber imaginado jamás. La cima del Himalaya se elevó al unir nuestras fuerzas. Parecía que nada podía detener el ascenso irrefrenable hasta más allá del Universo, de la vida y la muerte. - Te he estado esperando tanto tiempo. - Yo también. Acaricié su cara, y ella cogió mi mano y la besó con ternura. - Tenía ganas de volverte a ver y saber realmente quién eras. - ¿Me conocías de antes? – Pregunté. - No lo niegues ni te hagas el tonto, sé que tú eres aquel que intentó cruzar el Himalaya hace tiempo con mi ayuda a base de mentiras, pero no lo conseguiste. - Es la primera vez que intento cruzarlo, jamás había estado por aquí y nunca te había visto antes. - No puedes negarlo, tienes la misma voz, dices las mismas cosas, tienes el mismo olor. Sé que eres tú. Se estaba equivocando conmigo, le comenté que yo nunca antes había estado por allí, incluso le enseñé mi pasaporte con los viajes que había hecho, nunca antes había estado en el Himalaya, le conté todo lo que hice en los últimos años, le hablé de la gente que conocí. Pero seguía sin creerme, estaba convencida de que yo era el muchacho que intentó subir al Himalaya años antes engañándola. ¿Por qué la perfección tenía que tener ese error? Yo no me había equivocado con ella, sabía que era la única mano que podía arrastrarme y guiarme. Pero ella estaba equivocada conmigo. Así que decidí no hacer caso a sus creencias, le dije que podía pensar lo que quisiese de mí, pero que no me lo dijera. Yo quería seguir el viaje y la necesitaba. Había llegado a la cima gracias a su ayuda, y era imprescindible para continuar el viaje. Pero pronto, mi guía y mi gurú empezó a llamarme por otro nombre, recordaba a viejos felinos que en un pasado deambularon por el inmenso paraje. En ese mismo momento me di cuenta de que su ceguera era irreparable, jamás podría guiarme alguien que lo veía todo en el mundo excepto a mí. No podía soportar la situación. Sus palabras no iban dirigidas hacía mí, el camino que trazó no estaba hecho para mí. Era para aquel que estuvo esperando tanto tiempo. Los comentarios irracionales me hicieron pensar que tenía un grave problema esquizofrénico. Pronto, habitantes budistas de las altas montañas me comentaron que yo no era el único al que confundía. En realidad veía al Dios felino en cualquiera que se le acercase a ella con intenciones de subir al Himalaya. ¿Por qué había pasado esto? Luche contra los elementos naturales, de la racionalidad y del cosmos para intentar hacerle abrir los ojos pero ella seguía diciéndome que yo era aquel chico al que jamás olvidó. No pude más, miré mi camino. Con lágrimas en los ojos la tuve que abandonar cuando descendíamos del Himalaya, con la esperanza de que nadie la engañese nunca y deseando que algún día encuentre la respuesta a lo que pasó hacía unos años y pudiese encontrarme más tarde tras su equivocación. Me fui con la certeza de que nadie me guiará tan bien como ella, pero con la esperanza de haber aprendido a desarrollar su sentido de la orientación para guiarme sólo. La nieve caía, bocanadas de aire frío sacudían mi cara. Me alejé de ella mientras permanecía mirando al infinito con su mirada perdida a causa de la ceguera, convencida de haber descubierto la verdad y yo convencido de haber perdido el Norte de la brújula. Volvía a vagar a la deriva, como siempre había hecho a lo largo de mi vida. Anfitriones y huéspedesConversación de un anfitrión con su huésped en el seno de una familia alemana. - Hola ¿Qué tal? - Muy bien ¿y tú? - Estupendamente - ¿Quieres una cerveza? - No, gracias - Pues bien, como te iba diciendo... Y ahora veamos la conversación de un anfitrión y su huésped en el seno de una familia española. - ¡Hola! ¿Qué tal? - Muy bien ¿Y tú? Se dan dos besos - Pasa, siéntate. ¿Qué calor hace hoy verdad? - Sí, es impresionante, me estaba asando mientras venía. - ¿Quieres tomar algo? - No, no, gracias. - Venga ¿Qué quieres tomar? - Nada, de verdad. - Si seguro que te estás muriendo de sed con este calor. ¿Te traigo agua? - No, ahora mismo no me apetece - También tengo cerveza ¿Quieres una cerveza? - No, no me gusta la cerveza. Ahora no me apetece nada, estoy bien. - También tengo coca-cola ¿Quieres una? - No, no, no bebo coca-cola, no me gustan los productos americanos. - También tengo Fanta. ¿Quieres de naranja o de limón? - No quiero tomar nada, de verdad, además la Fanta también es de Coca-cola. - Bueno ¿Y qué quieres? - Nada - Ah, ¡ya sé lo que quieres! ¿Quieres café? - No, no me apetece nada - ¿Quieres un bombón, un cortado, café solo? - Nada nada. De verdad - Venga, que tienes vergüenza. El que tiene vergüenza ni come ni almuerza. - Yo no tengo vergüenza señora, si quisiese algo se lo diría. - Mira, tengo unas croquetas caseras que he preparado riquísimas, seguro que te gustan. - Agradezco su amabilidad y hospitalidad pero no, no me apetece. 2 horas después - ¿Un rioja del 69? - Suena muy excitante, pero no, no quiero beber vino. - También tengo un licor que compré cuando fui a Praga, tiene 70 grados de alcohol, es muy fuerte. ¿Lo quieres probar? - No, no, no quiero acabar borracho hoy. - Oye, pero no me hagas el feo de no tomar nada. - Es que ya me has enseñado toda tú despensa y de verdad, que no quiero nada. - Pero no puedes estar con el estómago vacío - Mira, me tengo que ir, por cierto, bonita casa. - Pero no te vayas sin tomar nada, no me hagas ese feo - Agradezco mucho tu hospitalidad, es usted muy generosa. Pero me voy. Adiós. - Oye no te vayas... Oyeeeeeeeeee. Se oye el portazo de la casa - Hay que ver que desagradecida que es esta juventud. Entre olas azules y negrasEs fácil naufragar entre olas azules y negras, es difícil salir a flote cuanto te sumerges de lleno en unos mecanismos ajenos a ti. Cuando te alimentas de realidades que no soy tuyas. A veces estamos en la estación esperando un tren que no sabemos cual es ni a donde nos va a llevar. Gente que ya subió me cuenta como les fue una vez en sus destinos, me encanta lo que cuentan y pienso. ¿Debí subir a aquel tren? Escruto cada tren que pasa, cada tren que para, observo la gente que hay dentro para hacerme una idea del destino al que se dirigen, ¿Esa gente es como yo? Me pregunto para saber si debo subir. Y el problema no es saber si son como yo, el problema es no saber como soy yo, no saber ni quién soy. Y es la sensación de sentirse como un eslabón perdido hace que me agite rápidamente, me precipite y quiera subir al tren cuanto antes. Una precipitación tan grande que a veces nos lleva a arrojarnos a la vía antes de que pare el tren. Parecen suicidios pero son precipitaciones involuntarias a causa de la prisa por llegar. La calma y la paciencia es una de mis mejores virtudes, hasta que se me acaba. ¿Cómo saber a dónde ir después de tantas equivocaciones y rumbos errados? ¿Cómo saber dónde apearse si uno ya no atiende ni a las voces mecanizadas que indican cual es la próxima estación? No hace falta que nadie me indique, no hace falta que nadie hable. En realidad nada hace falta. Lo malo que tiene esta vida es que todos queremos ponerle la guinda sin haber hecho antes la tarta. A veces las señales deberían indicarnos el camino para perdernos. Hoy no es un día cualquiera. El huracán ha venido a recordarme que “la soledad es un lugar muy vacío sin ti”. < | |||||