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En Tierra Firme

Por un calcetín no pongo yo la lavadora

Por un calcetín no pongo yo la lavadora

Ella se quejaba de los hombres de hoy en día. Decía que sólo nos gustaban las perras de la noche, las golfas y las guarras. Yo le dije que no, que yo también tenía en cuenta otros factores aparte del estrictamente superficial. Dije que a mí me importaba mucho más la confianza, el buen rollo, el sentido del humor y la ironía.

Pero ella no parecía estar muy convencida con mi respuesta y me miró con desconfianza. Entonces me pregunté por qué una chica tan atractiva e inteligente como ella no tenía novio ni se iba con ningún chico alguna noche loca. Al fin y al cabo ella también era humana y podría sentirse necesitada de cariño o podría echar de menos la presencia en su cama de un apasionado compañero.

–Oye, ¿Y a ti no te gustan los golfos? ¿No sientes la necesidad humana de irte con uno alguna noche aunque sólo sea para pasar un buen rato? –pregunté.
–¡Quita, quita! ¡Qué asco! Yo lo que quiero es a un Hombre que se vista por los pies y no a un niñato de discoteca –contestó indignada.
–Entiendo.
–Por un calcetín no pongo yo la lavadora… –sentenció.

Era la frase más clarificadora que había escuchado en mucho tiempo. Era el símil perfecto en el momento adecuado. Me dejó conmocionado y no quise preguntarle más.

Al fin y al cabo yo sólo era un calcetín.

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3 comentarios

Marta -

me ha encantado! que simil mas acertado para lo que realemte supone echar un polvete nocturno.
puroteattro.blogpot.com

La de la lavadora -

jajajajajaja lo que me he reído leyendo esto... tú no te lo puedes llegar a imaginar jajaja.

Me ha encantado!!! un besazo guionista y disculpa este comentario pero hace mucha calor y me acabo de despertar.....

brubou -

Un 10! :)
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