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En Tierra Firme

Máscaras en cenizas

Entró en casa.
Al cerrar la puerta echó el cerrojo, se apoyó en la puerta y resopló.
Al fin había llegado a casa, era sábado por la noche después de haber reído y hecho reír, de pasarlo cómo algunos dirían "muy bien".
Se adentró arrastrando los pies como un reo de muerte camino a la silla eléctrica, sin embargo, su rostro permanecía completamente risueño. Entró en el salón en el que había una gran chimenea encendida. La luz rojiza de las llamas le daban al lugar un aspecto infernal y apocalíptico. Los retratos pintados al oleo parecían agitarse con la luz dinámica de la hoguera.
Se puso delante de la chimenea para observar la hoguera. Parecía estar feliz ya que no paraba de sonreír pero el fuego se reflejaba en sus ojos y parecía que ardía dentro de él

Así permaneció durante unos minutos, de pie, quieto, consumiendo el tiempo al igual que el fuego consumía los troncos.

De pronto, movió su mano para llevársela a la cara, se quitó la máscara y sin vacilar la arrojó al fuego quedando encajada entre dos troncos que ardían, empezó a consumirse, parecía una máscara de porcelana de un carnaval de Venecia. Las llamas la envolvieron y se colaban por los agujeros de la boca y los ojos. La máscara, parecía querer hablar con su lengua de fuego pero no podía. Los agujeros de los ojos y la boca se derretían haciendo que la máscara cambiase de expresión, su sonrisa parecía transformarse en un llanto y los ojos se arquearon como si fuesen a llorar, parecía estar sintiendo las quemaduras. En pocos minutos la máscara quedó carbonizada y reducida a cenizas.

Las pupilas de él seguían reflejando el fuego, una llama en cada ojo. Pero su rostro ya no era el mismo, el rostro sonriente se había convertido en un gesto serio, amargo, triste, solitario... Todo había cambiado excepto el reflejo de sus ojos. Ya no le hacía falta la estúpida máscara, ya no había nadie a quien hacer reír, ya no había nadie para demostrarle que está bien fingiendo una falsa felicidad. Ya no había a nadie alrededor a quién tenga que ocultar su amarga soledad.

Se quitó la armadura, se quitó la ropa, se quedó completamente desnudo ya que tampoco había nadie alrededor a quien esconder sus vergüenzas. Caminó hacia un espejo enorme en el que se veía reflejado su cuerpo enteró. Observó su cuerpo, lleno de magulladuras, arañazos, moratones, algunas marcas de cicatrices cerradas, otras aun sangraban. Se llevó la mano a la cara, abrió su boca con los labios destrozados y observó su lengua, que era toda una yaga de una quemadura. Se dio asco a si mismo y acentuó su expresión triste, melancólica y solitaria.

Respiró hondo y dijo:

- Esto que ves no es debilidad ni victimismo. Al contrario de lo que parece, estas heridas son el símbolo de la fuerza. He visitado el infierno, he visto y he sentido las cosas mas horrorosas del mundo. Haber sobrevivido a todas ellas me ha hecho más resistente, más robusto y más inmune al dolor. He probado el sabor más amargo del mundo.

Se hizo un silencio, volvió a mirarse de arriba abajo y siguió:

- Me siento orgulloso de mis heridas, me siento orgulloso de haber sobrevivido a la guerra, me siento orgulloso de estar aquí, me siento orgulloso de haber aprendido tanto. Sería muy fácil pedir un cuerpo nuevo, otra oportunidad de vivir, pero no serviría de nada cambiar de cuerpo si no cambio de corazón.

Bajó la cabeza para no verse más, caminó hacia su habitación, con su rostro triste y su lengua quemada, una lengua incapaz de sentir el dulce por con un sabor amargo que le quedó. Incapaz de sentir la miel, como la boca del cerdo. Una lengua desgastada por los besos equivocados. "¿A quién le amarga un dulce?" Preguntan muchos, incluso sabiendo que los dulces con el tiempo se vuelven amargos. Aun así, todos juntos salen los sábados por la noche como osos en busca de la miel.
Se acostó, envolviéndose entre las sábanas, sus lágrimas y con el convencimiento de que al día siguiente amanecería con una sonrisa en la cara.
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5 comentarios

EFESOR -

Sigue así canijo, verás como cada vez serás capaz de superarte a ti mismo más y más.
Un saludo desde Madrid.

Un amigo de Hank -

Bienvenido al teatro del mundo, donde las mascaras lo son todo.

Os espero por mi blog.

Fenix -

Bravo

p.d: Espero que el prota no se haga tan duro que no sienta nunca más nada.

Podría ser, se hizo duro y robusto, pero no perdió la sensibilidad y la esperanza ;-)

Fenix -

Que bonito queda en la teoría eh,,, pero luego...
Un saludo

Thiara -

Me gusta !!!
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