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En Tierra Firme

¿Te gusta leer? Capítulo 3

- Oye. ¿Has visto la película del Código Da Vinci?
- Sí – le respondo.
- Es que yo la vi y cuando leí el libro no me enteré que la chica era descendiente de Jesús.
- Pues eso lo sabía yo antes de ver la película... y eso que no me he leído el libro.
- Se ve que no me entero cuando leo.
- A mí también me pasa.
- ¿Qué calor hace no?
- Sí.

Tres tristes tigres comen trigo en un trigal.

¿Se puede hablar en verano de algo que no sea el calor? ¡Ya sé que hace calor! ¡No hace falta que me lo digas! Si no sabes de qué hablar quédate callada que no pasará nada. Hazme el favor de no mencionarme el calor que solo de hablar del tema me dan ardores.

Viene un cliente.

- ¿Me puedes decir qué teléfonos suenan más alto?
- Todos suenan más o menos igual –le digo.
- Pero yo es que estoy un poco sordo. Necesito que suene muy alto.

Era extranjero. Se le notaba un poco de torpeza para hablar. Pero lo entendía bien. No sé si él a mí me entendía.

- Pues estos modelos, por lo general, suelen sonar muy alto – y le señalo un teléfono al azar.
- ¿Puedes sacarlo y ponerlo en marcha?
- Sí claro, ¿Cómo no?

Me produce fatiga enseñar los teléfonos. La mayoría de los que me piden que les enseñe los teléfonos luego no los compran. Los mejores clientes son aquellos que saben qué modelo quieren comprar y qué prestaciones tienen. Me gusta la gente con las ideas claras. Busco una tarjeta. Abro el teléfono. Quito la batería. Pongo la tarjeta. Monto el teléfono. Lo enciendo. Voy al menú. Selecciono los sonidos. Los pongo en marcha.

- ¿Qué me dice? ¿Le gusta?
- La verdad es que se oye muy bajito –me dice gritando.
- Pues el volumen está al máximo.

Le cambio la melodía con la esperanza de que se escuche mejor. El hombre arrima la oreja al teléfono y se concentra en la melodía polifónica como si estuviese recibiendo unas instrucciones militares.

- No, no se escucha bien –dice- enséñame otro modelo.

Saco la tarjeta. Monto el teléfono. Cojo otro teléfono de la vitrina. Le pongo la tarjeta. Lo enciendo. Pongo la melodía.

- ¿Y este qué tal? – le digo con la esperanza de que se lo lleve y con una flamante sonrisa en la boca al comprobar la gran potencia con la que suena el teléfono.
- La verdad es que este suena más. Pero me parece insuficiente. Enséñame ese otro –dice mientras señala a otro teléfono.

El hombre iba acompañado de su esposa y de su hija. La esposa parecía muy sucia y la hija hablaba el castellano a la perfección.

- Papá, este se escucha bien –le decía.

De nuevo otro teléfono. Ya me estaba tocando los cojones. Sigue sin gustarle. Dice que suena muy bajito. Me pide que le enseñe otros. Prácticamente le enseño todos los que hay. Cuando le enseño dos teléfonos más y me vuelve a pedir otro le digo:

- Oiga señor, todos los teléfonos suenan más o menos igual.
- Sí. Pero quiero ver si ese suena mejor.
- No va a sonar mejor. Es de la misma marca que el primero que te he enseñado. No va a encontrar ninguno que suene más. Si usted tiene un problema con su oído vaya al médico y que le pongan un sonotone, pero no esté buscando móviles especiales para usted –le digo ya cabreado.

La esposa se siente ofendida. La hija me mira como a un criminal. El hombre creo que no me ha oído. La mujer le tira del brazo.

- Vámonos, vámonos.

El hombre me sonríe. Definitivamente no se ha enterado de lo que he dicho.
- ¡Me lo pensaré! – me dice el sordo.

Se va.
Me giro.
Mi compañera de trabajo se está muriendo de risa.

- ¿Cómo le dices que se compre un sonotone? ¡Estás loco!
- Si lo dices tú, que eres psicóloga, te creeré.

Es la hora de la merienda. Todos quieren salir a merendar. Pero no podemos salir todos a la vez. Hay que turnarse. Como mucho pueden salir dos de las tres compañías que hay.

- Me voy a merendar. Digo.
- Oye, no vayas ahora. Que está ahí delante el jefe –me dice una.

Me señala a un hombre con corbata. ¿El jefe? ¿Y a mí qué? ¿Por qué la gente se comporta de una forma u otra delante o detrás del jefe? Ellas ponen buena cara cuando está delante. Le chupan el culo. Fingen que le adoran y que les gusta trabajar y detrás son unas escandalosas maleducadas. Yo al menos soy maleducado delante y detrás. Me paso por el forro lo que me dicen. Me meo en quien haga falta. Salgo de allí. Nadie tiene derecho a impedir que yo salga media hora a merendar. A mí me importa una mierda causar una buena sensación al jefe. Que le hagan otros la pelota. Quiero mi napolitana, mi kas de naranja y mi periódico. No soy un hipócrita. Yo no tengo miedo de que me echen. Yo no estoy pagando ninguna hipoteca ni ningún coche. No soy como todos esos que han vendido 30 años de su vida para pagar una mierda de piso. Después presumen de que su piso se ha revalorizado el doble de lo que pagaron cuando lo compraron, como si eso les hiciese mejores personas o fuese una grata noticia. ¿No te das cuenta de que si se ha doblado el valor de tu piso también se revalorizan los demás? ¿Qué vas a hacer? ¿Vender el tuyo para comprarte otro que está igual de caro? Estúpidos. Luego la gente se queja de que la vivienda está cara. ¿Qué se puede esperar de estos idiotas que se sienten orgullosos de que sus pisos valgan el doble?

Me paso media hora merendando. Vuelvo. Me pongo de nuevo al frente. El resto de gente se va a merendar. Yo me enfrento contra la gente.

Me doy cuenta de que mi puesto de trabajo se parece a una trinchera. Voy vestido de mi uniforme militar y los enemigos se acercan para intentar acabar conmigo. Me agacho tras la vitrina. Me apoyo contra la pared. Se oyen los estruendos de los disparos y los cañones. En la guerra uno está muy solo. Busco en mi bolsillo interior de mi chaqueta la foto de mi amada. Encuentro una foto de Carmen de Mairena. En la guerra uno se acuerda siempre de su amada. La beso. Espero que ella me dé fuerzas para enfrentarme a los enemigos. Oigo unos pasos. Alguien está cerca. Debo salir para ver qué pasa. La integridad de mi bando depende de mí. Me asomo. Hay una persona.

- ¿Qué desea? – le digo.
- Quiero pasarme de tarjeta a contrato. Pero no sé cuándo finaliza el periodo de seis meses que tengo que estar como mínimo utilizando la tarjeta.
- Yo no tengo acceso a esa información. Deberás llamar a atención al cliente.

El cliente enemigo se pone a llamar a atención al cliente. Se le pone el contestador. Me sé de memoria lo que dice.

- Diga que quiere otras consultas –le indico.
- Otras consultas – dice.
Por la cara que hace ya sé que el contestador le ha dicho: “perdone, pero no le he entendido”.
- ¡HE DICHO QUE OTRAS CONSULTAS! – grita como un loco. La gente se gira para ver qué le pasa al hombre. Por lo visto el contestador no reconoce la voz y mucho menos los gritos.
- ¡OIGA! –se pone a hablar con la máquina- ¡PÓNGAME CON UN SEÑOR DE ESOS QUE HABLAN!

Me meto en la trinchera de nuevo. Tengo que reírme. No lo soporto más. Ahí fuera son muchos y yo estoy solo.

Seguiremos en la guerra hasta que nos invadan.

Hasta la derrota siempre.
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8 comentarios

Fenix -

Genial el toque de la foto de la amada jajaja.

Rufus -

¿PÓNGAME CON UN SEÑOR DE ESOS QUE HABLAN?

jajajaja

Es que la gente tiene una facilidad pasmosa para concretar sus demandas.

Carol -

que gente! a la tipa esta del codigo dile que se lo vuela a leer haber si desifra mas cosas que no sabia aunque no lo creo que yo lo he leido y vaya decepcion...
y a los de los movil pues.... nimodo a soportar que es tu trabajo al menos te sirve para escribir buenos posts.

joan -

vaja quina casualitat un veí de poble.La veritat m'he quedat sorprés quan he llegit el teu comentari al meu blog i pel que veig més o menys començàrem a escriure per la mateixa època :) ... Bé et felicite tens un blog molt bo i escrius molt bé. M'agrada molt la fina ironia que uses en les coses quoatidianes i que molts pocs sabem fer-ne ús com ho fas tu. He llegit alguns post i t'assegure que en són molt bons , malgrat que estic en estat de letargia bloguera em passaré de tant en tant. Salutacions :)

Celia. -

Jajajaj Opino igual que Rosicky, quiero trabajar contigo, que me hace falta reírme. XD
Por cierto, ¿qué hacías con una foto de Carmen de Mairena? ¿Bajo los efectos de qué sustancia alucinógenas estabas para besarla? Te perdemos, Fredy, te perdemos XD
Besos!!

Su -

Jajaja, a mí el otro día me pasó lo mismo. Soy de amena, y quería saber cuando terminaba una promoción que tengo activada.

Llamo y me sale la puta maquinita, digo "agente" para que me pasen con una persona, y el contestador, me dice que no me entiende. A-GEN-TE!!

Todo esto, a la ventana y a las once de la noche.

Me repite que no me entiende, y después de otras dos veces, me dice que mejor pasamos al sistema numérico.

Su puta madre...

Rosicky -

Juas... ¡Yo quiero trabajar contigo!

Aunque no he dejado comentarios, he leído todos los posts. Chapeu.

Un abraz, maestro! :D

Johnymepeino -

De modo que eras tú el del stand de telefonía móvil... lo temía. Da igual A Coruña, Madrid, o Bilbao: a los sordos no nos haceis ni caso (y menos en un Centro Comercial de esos donde hay más decibelios que en una discoteca de Bacalas).
Te salva la foto de la de Mairena :D ¡Qué guay! ;)
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