Al principio, como todos, no me lo creía. No podía ser. Debía ser un montaje para vender más entradas para su gira. Un rumor de internet. No, no podía ser. Ha simulado su muerte para vivir tranquilo, ajeno a la fama. Se ha ido a la isla secreta de los testigos protegidos de la CIA junto con otras estrellas que se retiraron del mundo mediático como Elvis, Kurt o John.
No me lo creía porque justo un rato antes de que un amigo recibiese un mensaje con la fatídica noticia estábamos cantando la canción de liberar a willy, will you be there, para burlarnos de una gorda que parecía una orca y pensaba que ahora alguien se estaba de burlando de nosotros.
Pero cuando he asimilado la noticia lo primero que he pensado ha sido: ¡Qué hijo de puta! ¡Lo ha logrado! ¡Se ha convertido en mito y en leyenda! Probablemente la leyenda más grande de la música. Y es que muchas veces he afirmado que lo único que le faltaba a Michael Jackson para convertirse en el más grande era una trágica muerte. Sólo los grandes destinos truncados son los que se llegan con más proyección a lo más alto del estrellato mundial. La muerte puede ser un punto final, pero, a veces, como decía Leopoldo María Panero, el fracaso es una de la más resplandecientes victorias.
Y ha tenido que irse, paradójicamente, justo cuando faltaban unos días para su regreso a los escenarios. Todos esperábamos que volviese con más fuerza que nunca. Queríamos verle renacer y que fuera lo que siempre ha sido, queríamos que dejaran de lado las falsas acusaciones y las críticas a sus excentricidades. Queríamos que dominase desde su trono el panorama de la música internacional. Pero no ha podido ser.
Michael Jackson era un icono de la música mundial. Tenía un talento inigualable que se dedicaron a desprestigiar los medios de comunicación que hablaban de su vida para vender más periódicos. A mí desde pequeño me fascinaban sus videoclips. Recuerdo que nos grabábamos sus cintas en el colegio y muchos siempre tratábamos de imitarle. Lo único que desprendía su figura era admiración. En él nunca hubo un atisbo de maldad. Era tan bueno que no era digno de este mundo.
Ahora, con su muerte, la historia ya le está haciendo justicia. Se va a reconocer el verdadero rey que era. Se va a ver al Michael Jackson real, al solidario, al que donaba toda su fortuna para ayudar a la gente.
Michael, gracias por haber existido. Gracias por ser un Dios. Gracias por aparecer siempre en mis sueños. Siempre soñé que te conocía, era un sueño muy recurrente. Gracias por ese sentimiento inigualable que ponías al cantar, por esos bailes increíbles, por esas letras y por tu bondad. Y olé tus cojones por ser ese personaje que eras, excéntrico e inigualable y, en definitiva, único.
Estabas cogiendo carrerilla para dar el salto. Pero el destino ha querido que te vayas justo cuando ibas a volver. El salto ha sido mucho más grande de lo esperado: ya eres el número uno y lo vas a ser eternamente.
Hoy el universo brilla menos. Hemos perdido la estrella más grande que existía y muchos nos sentimos huérfanos.
Los genios no deben morir y tú no tenías derecho a morirte. Si Dios existiese y fuera justo, tú deberías resucitar dentro de tres días.
Siempre te querremos, Michael.
Y os dejo con la parte de un documental que ahora tendrá mayor relevancia. Tan sólo hay que obviar el afán de protagonismo del periodista que quiso malinterpretar todas sus palabras y sus actos. En este documental se ve al verdadero Michael Jackson, inocente y pulcro, como el niño que siempre fue.
Ella se quejaba de los hombres de hoy en día. Decía que sólo nos gustaban las perras de la noche, las golfas y las guarras. Yo le dije que no, que yo también tenía en cuenta otros factores aparte del estrictamente superficial. Dije que a mí me importaba mucho más la confianza, el buen rollo, el sentido del humor y la ironía.
Pero ella no parecía estar muy convencida con mi respuesta y me miró con desconfianza. Entonces me pregunté por qué una chica tan atractiva e inteligente como ella no tenía novio ni se iba con ningún chico alguna noche loca. Al fin y al cabo ella también era humana y podría sentirse necesitada de cariño o podría echar de menos la presencia en su cama de un apasionado compañero.
–Oye, ¿Y a ti no te gustan los golfos? ¿No sientes la necesidad humana de irte con uno alguna noche aunque sólo sea para pasar un buen rato? –pregunté. –¡Quita, quita! ¡Qué asco! Yo lo que quiero es a un Hombre que se vista por los pies y no a un niñato de discoteca –contestó indignada. –Entiendo. –Por un calcetín no pongo yo la lavadora… –sentenció.
Era la frase más clarificadora que había escuchado en mucho tiempo. Era el símil perfecto en el momento adecuado. Me dejó conmocionado y no quise preguntarle más.
A veces uno le encuentra sentido a lo que hace después de mucho tiempo. Hace años escribí un poema bastante curioso y enigmático. Era el proyecto de una canción de amor que terminó hablando de mi actitud ante la vida. Yo entonces no sabía nada, no sabía a dónde me dirigía ni lo que quería, pero sin querer tracé con ese poema la hoja de ruta a seguir el resto de mis días. Ahora ese poema no para de sonar en mi cabeza, lo recito mentalmente y sé que esconde la clave de mi actual situación.
Hoy en día estoy en medio de un desierto de arena. En los horizontes no se divisa nada. Sólo recuerdo de dónde partí y a dónde quería dirigirme. El proyecto de hacer una carrera se desvanece con cada paso que doy. Cada huella que dejo en el desierto tiene menos sentido que la anterior. Tengo la absoluta certeza de estar caminando hacia La Nada. Sólo escucho la melodía de la desmotivación y del desencanto. Los objetivos no me deparan ninguna alegría ni satisfacción. No me interesa seguir el camino, no me interesa ser mejor persona obedeciendo y haciendo lo que debo. Yo ya no me autoengaño y tal vez eso sea lo peor de todo. No soy capaz de ver el sentido pragmático de la vida. Desprecio hacer las cosas por inercia y maldigo todo acto de la vida que no contenga una chispa de amor. Odio que solo se valoren los frutos de las acciones y no las acciones en sí. Odio tener que aprender cosas que no me interesan y luchar por aprobados de asignaturas con las que no disfruto y carecen de completo sentido para mí.
Ya sé que la vida no es un camino de rosas y sé que cualquier persona racional me explicará con doscientos mil argumentos que el paso que voy a dar es el equivocado y me podrán dar cien mil razones para continuar adelante en esta travesía. Pero es inútil tratar de hacerle creer a un suicida que la vida es maravillosa. La vida del suicida no es la misma que la del luchador aunque compartan el mismo escenario. Yo he decidido que no voy a continuar adelante con esto. No quiero seguir compitiendo en esta carrera. No soy como ellos. No puedo desvivirme por algo que no siento. No puedo esforzarme por objetivos que me parecen bromas de mal gusto o insultos a la inteligencia. Desprecio a los subhumanos que sí que lo hacen al igual que ellos despreciarán mi total actitud cínica ante la vida. A mí me da vergüenza ajena ver cómo alguien es capaz de llorar porque no sabe si aprobará el próximo examen de comunicación interactiva.
Ahora la única palabra que inunda todo es IMPRODUCTIVIDAD, con mayúsculas. No he hecho nada útil. He aprendido algunas cosas, pero siento que soy un completo inútil que si sigue la travesía sólo servirá para darle al botón REC de una cámara y poco más. El único aprendizaje de la vida es leer libros y es lo que más echo de menos. Pero la desidia que me invade me impide leerlos. Así que soy un auténtico parásito, una cucaracha que encima tiene que pagar alquiler y la comida que compra. Soy un trozo de vida insana que ha alcanzado una lucidez tan abrumadora que cualquier acto de la vida me parece irracional.
Tan sólo voy a disfrutar del camino. Voy a ir a mi marcha, voy a perderme, no llegaré al objetivo que me marqué. Voy a trazar mi propio camino y es probable que acabe perdiéndome lejos de la meta de esta carrera sin sentido. El estado me va a dar una beca para que pase un año en Turquía estudiando, aprovecharé la financiación para pasar un año sabático en tierras asiáticas y a partir de ahí continuaré mi propio camino, lejos de las aulas, lejos de los profesores, lejos de los botellones y lejos del sinsentido. Mi sueño siempre fue ser un creador y no un instrumento.
Por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos.
Os dejo con el poema profético que escribí hace mucho tiempo, cuando todavía creía que rimar tiempos verbales eran proezas de un auténtico poeta.
ERA
La mariposa hoy reposa, me falta un ala para volar, soy nadie si soy mitad, son horas y tiempos de calamidad.
Encontré la ansiada meta en mitad de la carrera, sabía cuál era mi destino y ya no compito por el objetivo.
Tentaciones, curiosas voces, Son inaudibles si son permitidas Y retumban en mi oído si son prohibidas, dudas y ansiedad de emociones.
Lagos azules, faros verdes ¿lo que busques o lo que encuentres? ¿lo que escuches o lo que sientes? ¿vulnerable o perenne?
Es muy cruel tu forma de pensar Yo siempre he preferido elegir que descartar, más silencios emitirás y más sordo me notaras.
Vamos, entra tu primero, nunca me ha gustado ser un caballero y siempre he negado ser un plebeyo, pero hoy he sentido el agua en el cuello.
lagos azules, faros verdes agua que fluye , tormenta de Viernes tiempo que pudre, espero que llegues quizás no escuches, quizas no quieres
No hay palomas que hablen si mi imaginación no las hace
Ayer escribí un poema superbonito. Hablaba del amor que sentía por ti y de lo mal que lo paso cada vez que te alejas.
Hice unas metáforas increíbles, en las que salía el mar y unos pájaros.
También decía lo mucho que significas para mí, y te pedía perdón por el daño que te he hecho, pero lo hice de una forma tan sutil y brillante que ni yo mismo me creía que estaba escribiendo tan bien.
Uno de los versos que más me gustó era uno que decía que yo quería ser tu droga, pero lo único que conseguí ser es tu camello. Eso me encantó.
Sin duda era el mejor poema que he escrito en mi vida, y uno los que más sentimientos descargué sobre el papel.
Te aseguro que era un poema muy bonito.
La putada es que lo dejé encima de la mesa, y lo he perdido y no sé dónde está. Creo que se lo ha comido el perro.
Ahora es imposible que lo vuelva a escribir como antes, no me saldrán las mismas palabras tan precisas y exactas, y ya no quedaría tan bien como lo hice ayer.
Lo cual me fastidia un huevo, Porque era un poema realmente bonito.
Dicen que la suerte es del que se la merece, que la vida nos da y nos quita en justas proporciones, que hay un karma y un dharma que compensa y equilibra la balanza del bien y del mal. De todos modos, si crees que la vida es injusta contigo no te preocupes, simplemente es porque estás pagando lo que hiciste en otras vidas.
Es por ello que siempre me pregunto qué debí hacer en la otra vida para que ahora tenga tan mala suerte. Y lo dice uno que se supone que nació con suerte, soy una de esas tres de cada cien personas que nacen en el mundo y alguna vez en su vida tendrá un ordenador y no debería tener derecho a quejarme, pero así estoy.
A muchos les ocurre. Creemos que la vida nos dará algo que nos debe. Creemos que algún día se saldará nuestra deuda. Todos creemos que ante nosotros se desvelará un gran secreto que el destino nos ocultaba. Por ejemplo, toda la gente cree haber nacido con un Don. Muchos están convencidos de que han venido a la Tierra para cumplir una misión. Piensan que en algún lugar muy profundo de sí mismos se encuentra oculto su talento. Tienen la esperanza de que algún día salga en forma de habilidad para tocar el piano, en forma de voz prodigiosa para el canto o en cualquier cosa que les dé el reconocimiento de la humanidad.
Sin embargo, hace tiempo que creí encontrar mi Don. Entonces me sentía a un nivel superior al del resto de la humanidad, creía estar poseído por una magia divina que me diferenciaba del resto de los mortales. Pero pronto descubrí la tragedia de haberme conocido. Cuando alguien encuentra es porque ha buscado mucho. Comprendí que encontrar el Don significaba estar destripado y uno debía hurgar en todo su ser con un puñal y descuartizarse. Cuando alguien descubre su Don es porque está colgado en un matadero con las entrañas abiertas y sin sangre en las venas. Sólo entonces descubres tu valía y es cuando llegas a lo más profundo y oscuro de ti, allí donde se halla tu Don. Ciorán decía que podemos predecirlo todo, saberlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos. Nuestro Don consiste en saber cuánto dolor puede soportar un ser humano antes de recurrir al suicidio.
Cuando uno tiene el Don comprende muchas cosas. Por ejemplo, que los poemas que escribe la gente que quiere ser poeta no son poemas y que las letras que se escriben para que una canción venda no son letras. Los verdaderos poemas son aquellos que se derraman cuando a uno ya no le queda más sangre que derramar. Son aquellos que nacen, no por una necesidad vital, sino por un impulso fúnebre.
Yo descubrí el don el día que me quedé sin sangre. Comprendí entonces que la soledad provoca desvaríos en la humanidad, que hay gente que termina siendo poeta al igual que podría haber acabado siendo un loco o un asesino, es una simple reacción del cuerpo humano ante la adversidad. Y uno llega a la conclusión que un poema se parece más a un asesinato que a una flor, que a un cielo, que a unos ojos o que a la Luna.
Cuando uno se queda sin sangre es difícil que vuelva a ser el mismo. Los sentimientos se convierten en alfombras rojas por las que desfilan las palabras. El dolor insoportable te convierte en insoportable, y ser insoportable te convirete en más solitario, y ser un solitario te convierte en más poeta, y ser un poeta te convierte en asesino, y cuando uno se convierte en un poeta asesino su única víctima es uno mismo.
Me asesiné y no recuerdo cuándo fue la última vez que hablé de amor. Esa palabra ya no desfila por mi alfombra roja. Alguien me la robó. Así como también me robó muchas canciones que me gustaban y que ahora ya no puedo escuchar sin que me recuerden a la ladrona. Y es que hay personas que te roban canciones, te roban palabras, te roban significados y acepciones. Y hace tiempo que no comprendo lo que significa amor, y es el mismo tiempo que prometí que no hablaría nunca de ti.
Como no hablo de amor muchos creen que soy reservado. Dicen que no cuento nada de mi vida. Algunos se atreven a decirme que me he construído una coraza para que no me hagan daño. La gente no lo entiende. No comprenden que los que se han hecho una coraza no es para protegerse, sino para que nadie vea que ya estás destrozado por dentro.
De pequeño tenía un amigo al que odiaba. Él representaba todo lo que yo nunca quería ser. El asco que me daba era tal que si identificaba algún rasgo de su personalidad en mí automaticamente lo modificaba. No soportaba parecerme a él en algo. Si él decía blanco yo tenía que decir negro. Me parecía la persona más despreciable que existía sobre la faz de la Tierra y mi único objetivo era ser lo contrario que él. Era algo absurdo, pero el odio me influenciaba mucho más en la formación de la personalidad que la admiración que sentía hacia alguien.
Hoy en día ya no sé nada de esa persona a la que tanto odiaba. Se dividieron nuestros caminos y desapareció como si nada. Pero hoy me ha dado por acordarme de él y he descubierto algo muy importante. Creo que en el fondo le odiaba porque se parecía a mí en todo. Éramos tan parecidos que pude ver mi propio patetismo reflejado en otra persona. Veía en él todo lo que yo era. Y gracias a él vi que yo era una persona realmente lamentable que daba asco y que debía cambiar para no ser lo peor de lo peor.
Lo más preocupante es que ahora que ya no le tengo he descuidado mi personalidad. Al perderle perdí el ejemplo de lo que no quería ser y sin querer he vuelto a ser quien soy. Ahora no puedo apartarme de mi "yo" más despreciable que tanto se parece al del chico que odiaba y me he convertido en lo que nunca quise ser.
Ahora estoy convencido de que la gente que me conoce me odiará. Modificarán cualquier rasgo de su personalidad que identifiquen en mi persona con tal de no parecerse a mí. No querrán ser el asco de persona que soy y huíran de sí mismos al verme. He encarnado todos los males de la humanidad para enseñar al mundo cómo no se debe ser. Quizá por eso no hay ningún ser humano en la Tierra que piense como yo, que le guste lo mismo que a mí y, por supuestísimo, que yo pueda gustarle.
Y es que todo el mundo huye de lo que soy al igual que huyen de una catástrofe... pero yo nunca podré escapar de mí mismo.
Hace tiempo que no me tomo la medicación que me recetó el psiquiatra. Con esas pastillas pretendían envenenarme, me debilitaban poco a poco y estaban robándome mi incombustible vitalidad. Yo soy una persona que necesita vivir con intensidad y si me tomo esas pastillas mi descollante inteligencia no se despliega al máximo y pierdo lo único que me hace especial. La gente no me creerá, pero yo no tomo drogas porque necesito que mi mente esté completamente activa. Las drogas lo único que hacen es aletargarme el pensamiento y enturbiar mi sorprendente percepción de la realidad. Y es que no hay mayor drogadicción que la vida. No hace falta tomar nada para darse cuenta de que la realidad es una alucinación y en tu vida todo está lleno de personajes desquiciados la mar de pintorescos.
El psiquiatra me dijo que era una persona cruel y no lo entiendo. Simplemente le dije que yo me alegraba cuando a la gente le iba mal. Le dije que fingía una falsa compasión por todos aquellos amigos que me contaban sus problemas pero que por dentro disfrutaba enormemente indagando en el dolor de ellos. Suelo tener las mismas dudas que Santo Tomás y meto el dedo en la llaga para conocer mejor el dolor. Yo no lo considero crueldad, simplemente soy curioso y me gusta estudiar los dolores del alma. Aunque, evidentemente, si el que sufre soy yo no me hace ni puta gracia, como es lógico. Lo único que ocurre es que la gente está tremendamente cretinizada por culpa de las drogas y la música de Pignoise, menos yo, que soy puro y mi mente no está podrida de gilipolleces anodinas.
Yo no veo nada malo en odiar a la gente, sobre todo a aquellos que se creen que por llevar cuatro rastas y dos piercings ya se están oponiendo al sistema. Se creen que con un peinado asaltarán la Bastilla. ¡Oh! ¡Sí! no he visto acción más alternativa y subversiva en mi vida que ensuciarse los mechones de pelo y oler mal. Si al menos tuviesen cicatrices o agujeros de bala pues los empezaría a tomar con más consideración, pero para mí son gente indigna mientras sus únicos agujeros sean sus sucios y cochambrosos piercings.
Vamos a ver, ¿Se puede saber qué tiene de malo alegrarse del mal del vecino? Disfruto viendo sufrir a la gente, hay gente que disfruta viendo sufrir a los toros o viendo cómo se dan de hostias en un ring de boxeo y nadie les dice nada. A mí simplemente me gusta ver a la gente morder el polvo, sobre todo la gente que me cae mal. No existe un placer superior. ¿Tan raro soy? ¿Por qué me ha tenido que decir el psiquiatra que no tengo empatía y que podría tener un principio de psicopatía? ¿Es que nadie más en el mundo disfruta viendo cómo pierde Fernando Alonso? ¿Nadie disfruta cuando ve que Raúl no está en la lista del seleccionador? ¿Nadie sigue con interés las noticas de Amy Winehouse para ver cuando se muere y se convierte en mito? Reconócelo: tú también eres de los que se alegra cuando alguna persona rompe con su pareja después de que anunciara su amor a los cuatro vientos, incluso en sus ridículos nicks del msn, en los cuales no sabes si está contando algo o intenta batir un record Guiness de faltas de ortografía por metro cuadrado. Yo lo reconozco, yo disfruto enormemente viendo cómo la gente se hunde, sobre todo cuando se tratan de gilipollas como los que leen ahora mismo esto.
No es por nada, pero las pastillas que me ha recetado el psiquiatra se las puede meter por el culo, yo me considero una persona completamente normal. Bueno no, mentiría si digo que soy una persona normal, en realidad soy El Elegido. Tengo que cumplir una gran misión en la Tierra y he de luchar contra todos los que me persiguen, entre los que están la CIA, el FBI y el videoclub de la esquina. Pero gracias a dios tengo la protección del séptimo ángel, que me guía y me advierte de los peligros con sabios consejos que me da en momentos clave. A veces escucho la voz del ángel que me susurra cosas y dicta lo que tengo que escribir...
Siempre he sido un buen anfitrión. Cuando tengo invitados trato de que estén lo más a gusto posible. Les ofrezco de beber, de comer y les pregunto qué quieren. No es que sea igual que Isabel Presley en sus recepciones con Ferrero Rocher, pero trato de hacer todo lo posible desde mi humilde posición social.
La cuestión es que somos una familia normal, pertenecientes a la clase media trabajadora. Mi madre trabaja en una escuela fregando wáteres y muchas veces se encuentra en la basura bricks de zumos que los niños han tirado a la basura sin abrir. Ella no tiene pudor alguno en cogerlos y traerlos a casa, al fin y al cabo el contenido está intacto y es perfectamente bebible. Al principio a mí me daba un poco de reparo bebérmelos, pero en cuanto te bebes uno te das cuenta de que no te vas a morir por beberte algo así.
A muchos de mis invitados les permito abrir la nevera y que se sirvan ellos solos. A veces son gente de una clase social mucho más elevada que sería incapaz de acercarse a una basura a más de cinco metros y mucho menos de beberse cualquier cosa que haya en ella. Algunos de ellos reparan en los zumitos que tengo y me preguntan si pueden beberse uno. Yo les digo que sí, que por supuesto, que cojan lo que quieran.
Ellos mientras se lo beben hablan de lo mucho que les gusta ese zumo. Una vez, un invitado me dijo que los zumos le recordaban a su infancia. Su madre siempre le ponía ese zumo en su mochila y acabó tan harto del zumo que muchas veces lo tiraba a la basura sin ni siquiera abrirlo.
Desde entonces me encanta ofrecer basura a mis invitados sin que ellos lo sepan.
¿Sabes? Eres una persona superespecial y estupenda. Estar a tu lado es genial. Tienes una magia especial. Y es que hoy en día queda poca gente como tú. No te preocupes porque ahora no encuentres el amor en tu vida. Seguro que algún día llega una persona que será tu ángel, te dará todo lo que necesites y te hará vivir en una nube de sueños infinitos que te llene. Estoy seguro de que eso ocurrirá porque una persona tan buena como tú se merece lo mejor del mundo. Eres una de las mejores personas que he conocido. No cambies nunca, de verdad. Serás feliz y pronto vendrá tu ángel, sí, sí, pronto vendrá, lo veo venir, se huele, se nota...
Aunque también puede que venga un demonio y te meta una estaca por el culo, que nunca se sabe con los tiempos que corren.
Verónica McPerezson nos recibe con una amplia sonrisa. Está sentada en un sillón negro con las piernas cruzadas. Tras ella hay un inmenso poster de su última película Perdidos en el Calipso 3 que ocupa la mayor parte del plano.
Entrevistador: Permíteme que te diga esto antes de empezar, pero estás guapísima. ¿Qué haces para seguir tan guapa después de tantos años y mantener ese brillo en los ojos que nos tiene enamorados? V. M.: Muchas gracias, pero los ojos me brillan porque me he emocionado al verte de nuevo (risas). Aunque, a decir verdad, me he estirado la cara tantas veces que ya no sé ni dónde tengo los ojos. E: En esta película haces de buena. Después de verte haciendo de antagonista en tus últimas películas has cambiado radicalmente tu registro. ¿Antago qué? Lo que pasa es que sigo estando buena, el día que deje de estar buena dejaran de llamarme. Al final todos los personajes son el mismo, cambias un poco el registro, pero en el fondo en el cine español siempre he hecho de lo mismo: de puta, de yonki, de roja, de madre borracha adicta al bingo… pero este es un personaje muy diferente a todos los que interpretado en mi carrera. Cuando leí el guión enseguida supe que ese papel era para mí y, la verdad, he afrontado esta película como un reto personal.
E: Háblanos del personaje que interpretas, de Carla. Carla somos todas las mujeres del mundo, el año pasado murió mi madre, creo que he cogido de mi madre todo lo que necesitaba para construir a Carla. Mi personaje en el fondo es que es muy puta y aunque aparentemente parezca simple no lo es. Es una chacha, sí, pero cuando está limpiando el polvo de los muebles en realidad está limpiando su alma y su conciencia. Te voy a decir una cosa, yo se lo dije al director el primer día que me envió el guión, el personaje de Carla es un hombre en realidad.
E: ¿Y cómo ha sido volver a trabajar con Andrés Boludez después de quince años? Ha sido un reencuentro muy bonito. Andrés es un ser humano tan completo, tan atento, Andrés es mi niño. Puede sonar a cliché, pero es que Andrés y yo congeniamos muy bien. Con todo lo que es ahora Andrés y sigue siendo la misma persona que hace 15 años, mima tanto al equipo, y le da consejos a los nuevos, todo el mundo quiere tocar a Javier, y él se deja tocar, nos pasamos todo el día tocándonos.
E: Y permíteme la indiscreción, pero… ¿qué tal besa Leonardo Alighieri? (Risas) No contestaré a la pregunta, sólo diré que Leonardo es un gran profesional y cuando rodamos la escena estamos rodeados de veinte personas y te digo yo que eso no es nada romántico, sobre todo cuando repites la escena quince veces. De todos modos, si me das a elegir entre Leonardo Alighieri y mi novio me quedo con mi novio (risitas).
E.: En esta película te vemos en varias escenas de cama muy subiditas de tono. Sí. Soy muy reacia a hacer desnudos, pero no me importa hacerlos siempre que estén justificados. Sí, vale, salgo desnuda en catorce escenas, pero en todos esos desnudos hay un valor dramático y narrativo que son indispensables para la comprensión del mensaje que la película quiere transmitir… al menos eso es lo que me dijo el director.
(corte)
En la primera escena que rodamos, que es la de la lavandería, todos estábamos muy nerviosos, era la escena más difícil y con más carga emocional de toda la película. Pero en cuanto el director dijo “Es buena” todos supimos que estábamos haciendo un gran trabajo y a partir de entonces todo fue sobre ruedas.
(Corte)
Normalmente suelo viajar con toda mi familia, siempre que sea una superproducción me gusta tener un par de caravanas gigantes para los míos, mis perritos, mi cocinero vegetariano y suelo viajar siempre con mi gimnasio móvil. Me permito estos lujos en grandes películas, en el cine independiente es diferente, por un buen guión soy capaz quitarme una de mis caravanas gigantes. En el fondo sigo siendo la misma chica humilde que creció en un barrio pobre de Albacete.
E: ¿Qué tal trabajaste con Francis Seat Fandango? Tiene fama de ser un director muy exigente y estricto. Francis lo tiene todo tan atado, tan pensado y tan dibujado en su cabeza que una vez sabes eso entras en su juego y encuentras tu espacio para poder moverte y dar cosas. A veces nos animaba a improvisar, pero es muy difícil improvisar cuando tienes un guión tan bueno delante.
(corte)
No, no quise que nadie doblara mis escenas de acción. Quise involucrarme con el personaje al máximo y por eso renuncié a tener a una doble. Incluso tuve problemas con el director porque podía lastimarme en la escena en la que hago el salto de la tigresa, pero al final no pasó nada y pudimos continuar con el rodaje.
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Durante los dos meses de rodaje se creó una atmósfera excelente entre todo el equipo. Todos hemos disfrutado y aprendido con este trabajo y ahora tenemos muchas expectativas puestas en esta película. Todo el mundo que la ha visto le ha encantado y se han reído mucho en las escenas cómicas. Va a ser un éxito.
(corte)
Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien haciendo comedia, es verdad que hacer llorar es muy fácil, te llegan 80 guiones al año que casi todos son dramones, historias muchas de ellas muy crudas. Hacer tanto drama te pasa factura porque al final del año una ha llorado tanto que el coño se me queda seco; cuando leí el guión de Perdidos en Calipso 3 no podía parar de reír, está bailando todo el tiempo en esa fina línea de lo irónico y el humor negro más mordaz, muy de la comedia clásica.
(Corte)
E: Tu nombre está sonando en las apuestas para ganar el Oscar. Bueno, no es la primera vez que me colocan ahí, pero no pienso en eso. Es bueno saberlo porque eso significa que estás haciendo bien tu trabajo, pero no me preocupa en absoluto, no le doy importancia a esos premios que muchas veces son inmerecidos, además, para qué voy a querer yo una de esas estatuillas tan bonitas, forradas en oro y que me quedaría genial encima de la chimenea de mi mansión junto con los seis Goyas… no, no me importan esos premios. El verdadero Oscar es seguir trabajando y poder estar viva creativamente.
E: ¿Es cierto que hubo problemas durante el rodaje entre Natalia McArpia y tú? Son los típicos rumores de rodaje para vender mierda en según qué tipo de prensa. Yo quiero mucho a Nati. Ella está ahora en lo más alto de su carrera y allí la quieren mucho. Nati es tan buena persona, tan atenta, tan humilde con todo el mundo, se corta un brazo y una pierna por ti si se lo pides, en el fondo ella sigue siendo esa chica humilde que se crío en un barrio humilde de Madrid. Para mí es una de las mejores actrices que hay en este país.
E: Me ha dicho un pajarito que te pregunte por Valeriano. ¿¿¿Quién te lo ha contado??? (risas)
E: Explica a la gente quién era Valeriano. (Risas) Valeriano era un muñeco hinchable que utilizamos en una escena y cuando acabó lo dejamos en la puerta de la caravana de vestuario y ya pasó a formar parte del equipo. Siempre estábamos Valeriano tal, Valeriano pascual, unas risas. De hecho, en la fiesta de final de rodaje nos lo llevamos, pero ya no he vuelto a saber de él, se ve que la lio parda (risas).
E: Bueno, Verónica McPerezson, ha sido un placer hablar contigo, como siempre. Lo mismo digo, es un placer estar aquí atendiendo a la prensa durante ocho horas seguidas, todavía me faltan 20 entrevistas más y aún no he comido y ya tengo un hambre que me muero.
Manda un saludo a todos los lectores del blog. Hola, soy Verónica McPerezson. Un saludo a todos los lectores de En Tierra Firme. Espero que vayáis a ver mi nueva película Perdidos en el Calipso 3. Besos.
Pd: Entrevista realizada con la impagable colaboración de Martín y Toni Nievas.
Dicen que recibimos lo que merecemos, que todo esfuerzo tiene su recompensa, que la gravedad siempre hace su trabajo, que el tiempo pone a cada uno en su lugar y que a todo cerdo le llega su San Martín, ¿tú qué tienes que decir a esto?
Todos intentan ganar en este extraño juego llamado Vida sin conocer demasiado bien las reglas de juego. Algunos ganan sin merecerlo. Pero si de merecer fuera tú deberías haber merecido algo más. No sé, quieren enseñarme a vivir y me dan consejos que la mayoría de veces no sirven para nada, que si el trabajo dignifica, que si luchas lo conseguirás, que no importa que hoy no lo consigas porque puede que mañana puedas... ya sabes, todas estas gilipolleces que me recuerdan a esta estúpida frase de Gabriel García Márquez: “no dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa” como si no hubiera gente que se enamorase de las caras serias. La sonrisa está sobrevalorada, al igual que lo positivo, lo bello y lo exitoso...
Todo lo que me dicen es mentira. Cuando ya llevas tiempo en esto te das cuenta de que al final lo que importa es el factor suerte o el factor milagro. Todo depende de haber estado en el sitio adecuado en el momento adecuado. Lee cualquier biografía de alguien que tuvo éxito y descubrirás que todo le llegó por pura casualidad. ¿O de dónde crees que nacen todos esos mitos vivientes? Esos sólo han alcanzado fama, pero representan a toda una legión de perdedores que nunca lo consiguieron. Y yo os debo representar a todos los que viajasteis conmigo y nunca llegasteis a la meta. Sobre mi espalda pesa la responsabilidad de que te sientas orgulloso de mí y no lo puedo aguantar. Me gustaría cederte el puesto, brindarte la oportunidad de que vieras lo que significaba venir a la vida. Debiste haber tenido tu oportunidad... pero al contrario de lo que dicen: a veces no hay segundas oportunidades, las cosas son o no son.
Decía Jostein Gaarder que en la vida solo vemos los billetes premiados. Que vivir es tan raro como que te toque la primitiva, que todos deberíamos celebrar la inmensa suerte de poder vivir sólo porque hay millones de billetes no premiados que no están aquí... pero yo no puedo vivir tranquilo pensando eso. ¿Cómo puedo sentirme bien estando en el paraíso de los premiados si sé que existe el infierno de los perdedores? Me gustaría ser como aquel alemán del cuento de Borges Deutsches réquiem que dijo “que el cielo exista aunque nuestro lugar sea el infierno”.
Si a mí me hicieran elegir entre el cielo y el infierno preferiría irme al infierno antes que soportar el remordimiento de conciencia que supone estar en el cielo de los privilegiados. No soportaría saber que otros sufren mientras yo disfruto. Lo peor es que ahora estoy en un cielo donde continúa la absurda carrera de toda una generación hacia el óvulo del éxito y no puedo hacer nada por apearme.
Una generación tras otra que lucha por lo mismo… sin saber que tras la historia de un triunfador se esconden las vidas anónimas de cien mil perdedores.
Pero no quiero darte más charlas. Te he escrito porque quiero que sepas que si yo estoy aquí no significa que tú seas peor, de hecho puede que hasta seas mejor. Incluso puede que me veas por televisión cantar una canción, pero seguro que hay alguien que canta mejor que yo en su casa y no sale por la caja de la fama. En este mundo quieren hacerte creer que tu suerte depende de un jurado o de un casting, que si no es por ellos nunca lo podrás conseguir, que si no es por un editor al que le caigas en gracia nunca te publicarán, que si no tienes un nombre de prestigio que asegure unas ventas no te publicarán un libro, que si no huelen en ti el dinero no se acercarán y que todo está en las manos de los grandes hermanos televisivos. Se otorgan un poder que no tienen e inventan nuevos óvulos-éxitos que no existen. El reconocimiento de un público se puede conseguir cantando en la ducha y gustándole al vecino, no es necesario más.
Recuérdalo: el verdadero óvulo-éxito que existe es el de hacer lo que uno realmente quiere desde que se levanta hasta que se acuesta, como decía un señor llamado Bob Dylan. Al fin y al cabo no siempre los mejores y más guapos son los que llegan a la meta. No todos los que alcanzan el óvulo del éxito son los mejores cantantes, si no mira cualquier canal de televisión a cualquier hora...
Internet ha hecho que hasta los espermatozoides que llegaron segundos tengan su lugar, y aquí estoy yo, y allí te quedaste tú. Pero no te preocupes... yo te represento a la perfección en esta nueva metamorfosis humana que, créeme, no es para tanto.
¡¡ATENCIÓN!! Relato no recomendable para menores de 18 años debido a su alto contenido violento y pornográfico.
- Me voy ya, cielo. - Vale cariño. Qué descanses. - Buenas noches mi amor. - Buenas noches mi princesa. - Muchos besos. - Muchos besos más para ti. - No, yo más. - Nooo, yo te doy más besos. - Yo te doy 100 mil millones de besos. - Pues yo los mismos más uno. - Pues yo los tuyos más 1000 y no se vale repetir. - Pues yo infinitos. - Yo infinitos más uno. - No pueden ser infinitos más uno, porque el infinito ya engloba ese uno. - No, porque puedo hacer límites y eliminar los infinitos del dividendo y del divisor para calcular el límite. - Pero tú no me estabas dando un beso fraccionario. Era un infinito sin divisor y sin logaritmos, por lo tanto ese infinito está fuera de lugar. - ¿Quién lo dice? En teoría todos los números pueden tener un divisor porque siempre pueden ser la fracción de uno. - Te he ganado yo en besos y lo tienes que reconocer. - No, no has ganado. - Te lo puedo demostrar, las matemáticas son exactas. - Pero tú no estabas haciendo matemáticas. Estabas haciendo una simple suma de un número no fraccionario. - Pero que no haya dicho la fracción no significa que no fuera un límite con asíntotas verticales y oblicuas de una simple función con cocientes de polinomios. - Pero tu propuesta de número no puede determinar la continuidad de una función en un intervalo. Reconócelo. - ¿Quién lo dice? Que tú no conozcas el teorema de la existencia de extremos absolutos de Weierstrass no significa que sea una función continua en un intervalo cerrado y acotado que alcance los extremos. - Es que tú no has especificado si estabas en un límite en el que x-a y f(x) estaba elevado a k. - ¿Es que te tengo que dar explicaciones por todo? - Es que si no concretas y no hay comunicación entre nosotros no sé cuándo hablas de una asíntota vertical en el signo de f(x) –b donde es positivo y negativo cuando X tiende a infinito. ¿Entiendes? - Es que tú siempre quieres hacer funciones racionales y a mí simplemente me basta con dividir el numerador y el denominador por la mayor potencia de X del denominador, y ya está. - Pero es que toda esta discusión es evitable, porque cuando haces el límite de f(x) pero no coincide con el valor de f(a) siempre tiene una discontinuidad en el salto de x=a.
- Mira, si quieres ganas tú.
(Silencio dramático y música patética de tensión en telenovela con ojos abiertos y respiración acelerada)
- Creo que deberíamos replantearnos lo nuestro. - ¿Por qué? ¿Ya no me quieres? - Creo que no te quiero como antes. - ¿Me quieres menos? - No, creo que te quiero de una forma exponencialmente negativa. - ¿Pero exponencialmente en base A? - Joder, no hables así, que pareces un coseno hiperbólico. - Creo que lo que en realidad sientes por mí es una función exponencial en base E.
(Silencio dramático)
- Tal vez tengas razón. - Lo mejor sería tomarnos un tiempo. - Sí.
(Silencio dramático, fundido a negro en el que parece que nos vamos a publicidad, pero incomprensiblemente vuelve el plano con todo el racord roto porque en el país de origen de la telenovela ponen más cortes de publicidad)
- Pero prométeme una cosa. - Dime. - Durante todo este tiempo no viajes a la velocidad de la luz. - ¿Por qué? - Para no alterar la curva de espacio-tiempo. Si te vas a la velocidad de la luz puede que tu reloj se retrase respecto al mío y cuando vuelvas tu gemela sea más vieja. - Yo no tengo gemela, imbécil. - Bueno, por si acaso. - De acuerdo.
(Primerísimo primer plano de ella al borde de las lágrimas)
- Me voy. - Besos. - Besos más uno. - ¡No empecemos!
No quiero que me digas nada. No me cuentes tus problemas. No quiero que me sonrías o me pongas una mala cara. Tampoco quiero que me des dos besos ni que me devuelvas la misma pregunta que te hago
Lo único que quiero, aunque te hayan diagnosticado un cáncer mortal, o aunque te vayas a morir mañana, o aunque hoy sea el día más triste de tu vida y se haya muerto toda tu familia... es que me contestes que estás bien cuando te pregunte cómo estás.
Tan sólo te lo he preguntado por pura cortesía. Recuerda que a mí no me interesa tu vida.
Hace mucho tiempo existía un planeta en el que todo era de cristal. La gente, las casas, el suelo, la comida, las plantas... todo era de cristal transparente. Era un planeta en el que no había sombras y se podía ver a través de cualquier objeto.
Los habitantes del planeta sabían todo lo que ocurría. Cuando cerraban los ojos veían a través de sus párpados de cristal. No podían ponerse vendas en los ojos porque veían a través de ellas. Sus corazones eran de cristal. Las paredes de sus casas eran de cristal. No existían los secretos. No podían enterrar sus tesoros de cristal ni sus recuerdos. Nada se podía olvidar porque el pasado siempre estaba presente.
Un día llegó un visitante al planeta. Era un ser opaco procedente de un planeta lejano. Cuando bajó de la nave pronunció las palabras: "un pequeño paso para el hombre y gran paso atrás para la humanidad" y al pisar tierra firme ensució el planeta con la suela de su zapato. Cuando puso el segundo pie en el frágil suelo de cristal todo comenzó a resquebrajarse. Las grietas se expandieron por todo el pequeño planeta. La gente también se resquebrajó. No pudieron hacer nada cuando vieron que sus cuerpos se descomponían. En cuestión de minutos el planeta se vio reducido a minúsculos trozos de cristal que se esparcieron por todo el universo.
Hoy en día no se sabe nada de aquella civilización. Toda su sabiduría se perdió para siempre. Pero, según cuenta la leyenda, todavía podemos verles cuando miramos las estrellas a través del fondo de un vaso de cristal.
Me preguntas qué es eso que escribo. Te lo enseño. Lo lees con indiferencia y no dices nada. No te gustan mis poemas y no quieres decírmelo. Piensas que pierdo el tiempo escribiendo textos que no sirven para nada, dices que vale, que es una buena historia, pero ¿y qué?
Me pides que salgamos a dar una vuelta y yo te sugiero que vayamos a la Albufera. Tú me dices que está muy lejos y al final no salimos. Nos quedamos otro día más en casa sin hacer nada. Tú miras en la tele estúpidos programas de cotilleos y a mí no me gusta la tele. Tú quieres ver una película y a mí no me gusta el mismo cine que a ti, te sugiero ver alguna peli de los años cuarenta y me contestas que odias ver películas en blanco y negro. A ti te gustan Los piratas del Caribe y yo los odio.
Ni siquiera sé por qué estamos juntos. Parece que hablemos en idiomas distintos y cuando trato de explicártelo me dices que no empiece con mis filosofías, que deje de decir lo que dicen esos libros que leo y que me están comiendo la cabeza. Me dices que tenga pensamientos propios y no copiados de otros autores. Yo te digo que tengo pensamientos propios, que los libros no sirven para darme ideas, sino para ayudar a conocerme. Tú contestas irónicamente que nunca llegarás a mi nivel, que seguirás siendo una cateta y serás feliz así, que sientes no cumplir las expectativas de un sabio como yo. Luego me preguntas que si tan listo soy por qué no me presento a presidente del gobierno. Yo no contesto. Me quedo mirando la tele callado. Hay un hombre que habla de Julio Iglesias, ¿A quién coño le importará la vida de Julio Iglesias?
Me gustaría poder mandarlo todo a la mierda.
Le pido el mando distancia para cambiar el canal y ella me dice que ni lo sueñe, que si no me gusta el programa que me vaya al cuarto a ver lo que quiera.
Me voy a al cuarto sin darle un beso de buenas noches. Enciendo la tele y mientras hago zapping me acuerdo de ella. Me acuerdo de sus caricias y de sus besos. Recuerdo el tacto de sus manos como si me acariciasen ahora. Su tacto está grabado en fuego en mi piel y sin embargo apenas consigo recordar su cara, que a medida que pasan los años se va desdibujando más y más en mi memoria. Me pregunto dónde estará ahora.
En la tele no hacen nada interesante y la apago. Me tapo con la manta. Saco mi brazo para alcanzar la luz de la mesita. En ella hay un portarretratos de nosotros dos felizmente casados. La miro unos segundos con nostalgia. Apago la luz y me quedo a oscuras.
Dicen que mañana será otro día, pero yo no lo creo.
Aquel pacifista, que sin saber cómo se vio en medio de un tiroteo, se dijo:
- Tendré que comenzar a pensar que tal vez sea una buena idea contemplar la posibilidad de plantearse que quizá sea necesario empezar a iniciar los movimientos oportunos para ponerme a cubierto antes de que una bala me OOhhggg, Ohggg,ohgg... oh .
Rodolfo era más feo que Picio (tenía feo hasta el nombre). Desde pequeño ya apuntaba maneras, su madre murió de un paro cardiorrespiratorio al parirlo, pero no fue por culpa del parto, no. Todo comenzó cuando cogió a su bebé en brazos. Era tan feo que cuando lo vio no pudo creer que había parido a una criatura tan horrible y su corazón no pudo resistirlo y murió. Nadie pudo hacer nada por salvarla porque parió sola en un granero de un pueblo perdido de Teruel. Así comenzó la historia de la muerte.
Durante el primer día Rodolfo se alimentó del pecho de su madre muerta. La macabra amamantación no sólo era un presagio de su siniestro futuro, sino que fue el alimento de su vocación. Su complejo de Edipo le llevaría siempre a desear los senos muertos de su madre.
El segundo día de vida su madre ya no daba más leche y comenzó a apestar. Era una madre soltera, por lo que nadie echaba en falta su presencia. En Teruel nadie echa en falta la presencia de nadie. De hecho, lo raro es que haya alguna presencia en esa provincia que no existe, o, mejor dicho, que está muerta.
Por allí se acercó una loba que olió la presencia del niño. La loba estaba muy cultivada, había leído muchos libros (al contrario de lo que pueda parecer, los animales pueden leer, lo que ocurre es que nunca nadie se ha molestado en enseñarles). Su intención no era comerse al niño (los lobos no son seres sanguinarios que se comen a los niños, a veces también tienen sentimientos, lo que ocurre es que el cuento de caperucita dio muy mala fama a estos animales), su verdadera intención era convertirse en un mito. Ella había leído la historia de Rómulo y Remo y quería convertirse en la patrona de Teruel (aunque era una ciudad que no existía), se visualizó como Luperca dando de mamar a Rómulo y Remo en el escudo de la Roma. Sabía que si amamantaba al niño podría convertirse algún día en la imagen del escudo del Teruel Club de fútbol y que sería el estandarte del equipo cuando el Teruel C.F. jugase la Champions League. Con estas buenas intenciones la loba se acercó al niño y se dispuso a darle la teta. Pero le dio la vuelta a Rodolfo y vio su cara. La loba cayó fulminada, murió de un susto al ver la horrenda cara del niño.
Al día siguiente aquello parecía un desfiladero de animales. Todos querían darle de mamar al niño para convertirse en leyenda y algún día estar en el escudo del Teruel fútbol club jugando la Champions (aunque no exista equipo de fútbol en Teruel, porque, como todo el mundo sabe, Teruel no existe). Hipopótamas, luciérnagas, jirafas, velociraptoras, vacas, y un sin fin de hembras de todas las especies mamíferas se acercaron con la intención de amamantar al niño, pero todas murieron de un infarto al ver la cruel fealdad del niño. Las malas lenguas cuentan que algún que otro macho fue a intentar darle de mamar al niño, pero no queremos imaginar qué iba a darle de mamar, por dios, qué asco.
Afortunadamente, por allí pasó una topa (la novia del topo). Se acercó y debido a su ceguera pudo darle de mamar al niño. Nunca sospechó que estaba amantando a un adefesio que provocaba sustos de muerte a todo aquel que lo mirase. Durante los siguientes años Rodolfo fue criado con topos que vivían bajo la superficie y se convirtió en una especie de Tarzán de los topos.
La topa lo crió pensándose que era una belleza, imaginaba que su cachorrito se convertiría en un adonis encantador. Se veía a sí misma (pese a ser ciega) en el escudo del equipo de fútbol del Teruel Fútbol Club jugando la Champions.
Rodolfo se fue haciendo mayor. De vez en cuando salía de los túneles subterráneos para ver la luz del día. Le gustaba jugar con mariposas, pero cada vez que cazaba una esta se moría al ver la asquerosa cara de Rodolfo. Tampoco le resultaba difícil salir de caza, le bastaba salir de detrás de un árbol para matar a toda una manada de ciervos con los que alimentarse durante meses. Podríamos decir que Rodolfo tuvo una infancia feliz, no muy distinta a la de cualquier niño de Teruel que, como todos, viven incomunicados en algún pueblo de cuatro o cinco habitantes y desconocen las maravillosas ventajas que la electricidad aporta al ser humano.
Cuando Rodolfo cumplió 14 años sintió un impulso incontenible de bañarse en un río. Quería experimentar la sensación de lavarse, pensó que podría ser algo estimulante. Cuando se acercó al río vio un pequeño reflejo de su cara y se dio un susto de muerte. Por suerte sólo se vio la frente y tan sólo se desmayó, de haberse visto la cara entera podríamos estar hablando de un suicidio. A partir de entonces asoció el agua con el peligro, cuál perro de Pavlov, y nunca más se le pasó por la cabeza volver a bañarse.
Días más tarde, y aunque parezca mentira, (ya que en Teruel sólo habitan dinosaurios) vio pasar cerca de su casa a una chica con dos trenzas que recogía flores y cantaba. Rodolfo se enamoró instantáneamente de ella mientras la observaba detrás de unos matorrales. Tras unos minutos de intensa emoción hormonal decidió salir de su escondrijo y presentarse ante su amor. En cuanto salió ella murió ipso facto al ver la terrorífica fealdad de Rodolfo.
Entonces se enrabietó y comenzó a maldecir su suerte. Pero él hablaba en el idioma de los topos y dijo algo así: Puschif pufi cuschip pufit macawendios yenla virgen. Así que se fue a su refugio donde todavía estaba el esqueleto de su madre. Allí iba cuando se sentía triste. Entre los objetos del granero vio una guadaña y una túnica negra. No sabía para qué servía la guadaña, pero quedaba muy bien estéticamente y decidió enfundarse la ropa y salir por el mundo teruelano para vengar la muerte de su amada.
No tuvo mucho trabajo en Teruel porque es una ciudad que ya está muerta. Pero armándose de valor decidió traspasar las fronteras de Teruel. El salto al mundo civilizado supuso un gran cambio para Rodolfo. Entre Teruel y el resto de España había una diferencia de varios millones de años de evolución. De hecho, se dice que en Teruel todavía quedan ejemplares vivos del hombre de Cromagnon.
Fue cuando nació el mito del hombre que anda con una guadaña y se lleva al otro mundo a todo aquel que visita.
Muchos científicos de pacotilla niegan la existencia de la muerte personificada. Pero es que los científicos a veces parecen idiotas, argumentan que nunca nadie ha visto a la muerte. Pero vamos a ver, idiotas: ¿Es que no sabéis que si alguien la viese se moriría y no viviría para contarlo? ¡Es que parecéis tontos!
Rodolfo, o la muerte, como se le quiera llamar. Aún anda por ahí provocando muertes. Algún día nos visitará. Tengan cuidado y procuren mantener los ojos cerrados para no verle, de este modo vivirán más tiempo.
Respecto a topa que amamantó a Rodolfo, sabemos que todavía sigue viva y sueña que algún día su proeza se verá recompensada. Espera que algún día el Teruel F. C. gane la Champions con ella en el escudo. La pobre ilusa es ciega y por eso se niega muchas veces a ver la realidad.
Epílogo
Esta explicación científico-literaria de la muerte está inspirada en un caso real. Una vez me crucé por la calle con una chica tan fea que al verla me dio un susto que se me aceleró el corazón. Fue entonces cuando imaginé que una persona un poco más fea provocaría la muerte allá a donde vaya. Esto, además, demuestra que las musas no tienen por qué ser siempre guapas.
En aquella tribu perdida de la selva tropical todo el mundo llevaba taparrabos y un palo cruzado en el tabique nasal. Pero él era especial. Un día apareció por el poblado con el palito atravesado en su oreja.
- Pero tío, ¿Qué coño has hecho con el palito de la nariz? – le preguntó su amigo extrañado. - ¿Sabes? Es que yo no soy como todos, yo no sigo la moda. Yo me pongo el palito donde quiero y como quiero. Es que yo no formo parte del rebaño. - ¿Y si te crees tan diferente por qué no te pones unos vaqueros y una camisa de cuadros como esos pieles rojas que vienen con las cámaras a grabarnos para los documentales? - Porque no hay ninguna tienda de camisas de cuadros ni de pantalones vaqueros en la selva. - Sí, ya…
Mientras tanto, en Nueva York, una pareja de amigos deambulaba por la Quinta Avenida y uno de ellos se paró ante un escaparate.
- ¡Mira! ¡Esos son los pantalones que yo quiero! ¡Voy a comprármelos! - Te los quieres comprar porque te dejas influir por la moda –sentenció su amigo. - ¿Y qué más da? - Pues que das pena porque formas parte del rebaño y no tienes personalidad propia. Mira yo, esta ropa que llevo me la compré en el rastro y me costó nueve dólares. Yo paso de las modas y tengo mi estilo propio. - ¿Y si tan alternativo te crees por qué no te vistes con un taparrabos y te cruzas un palo en la fosa nasal como esos indígenas que salen en los documentales? - Pues porque en el rastro no venden taparrabos ni piercings de esos. - Sí, ya…