Blogia

En Tierra Firme

Fin

Se acabó lo que se daba. Me he trasladado de lugar. Abandono este sitio que durante mucho tiempo fue mi rincón y me largo a otro. 

Si alguien quiere seguir leyéndome tan sólo tiene que mandarme un mail a la dirección: 

entierrafirme@hotmail.com

Y os daré la nueva dirección de mi blog.

Saludos cordiales.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Así fue

Así fue

Ayer decidí salir de casa después de estar dos semanas encerrado. No crean que he tenido migrañas. Tampoco he estado enfermo ni convaleciente. Simplemente no he salido porque no quería. Mis padres insisten en decir que estoy enfermo y que debo ir al médico. Pero yo no les hago caso. Cuando me preguntan por qué no salgo simplemente les respondo: “¿Y a dónde voy?”. No tengo nada que hacer en la ciudad del urbanismo descontrolado y del botellón en la playa.

Pero finalmente salí para hacer unos recados y comprar unas cosas. Fue una aventura similar a la de Ignatius Really cuando salió de su ciudad. En la calle me crucé de frente con un conocido al que no veía desde hacía dos años. Lo último que sabía de él era que me agregó a Facebook. No hablábamos ni nada, pero un día me vio etiquetado en una foto con una amiga y la agregó diciéndole que era muy guapa. Ella me lo contó y me preguntó quién era ese amigo en común. Yo fliple. Me extrañó que una persona con la que no mantengo contacto agregase a mis amigas para tirarles los trastos, así que preferí borrarlo para no sentir vergüenza ajena. Y no, no me molestó, no tengo ese sentimiento tribal ni nada de eso. Sólo me pareció tan patético que prefería no tener ninguna relación con ese espécimen.

Pero eso no influyó a la hora de saludarle y preguntarle qué tal. Los dos sosteníamos unas sonrisas falsas. Nos interesamos por la vida del otro y fingíamos alegrarnos al vernos. Después nos contamos de dónde veníamos y a dónde íbamos y nos despedimos. Me dijo que el grupo se ha separado, que cada uno va por su cuenta ahora. Y que las cosas cambian. Se puso filosófico. Yo no es que quisiera prolongar la conversación, ciertamente no me interesaba lo más mínimo su vida, al igual que a él no le interesa la mía en absoluto. Mientras me hablaba yo me preguntaba interiormente si sabría que le he borrado de Facebook. Ciertamente no me importa, ni me importa que pueda a llegar a leer esto, a estas alturas la gente que me conoce ya debe estar acostumbrada a mi comportamiento misántropo. Además, es una persona que dudo que haya leído más de dos hojas de un libro en su vida, así que no creo que lea esto.

Continué con mi recorrido. Mi objetivo era comprar tabaco de sabores para una narguile que compré en Turquía. Fui a un estanco. Pregunté si tenían tabaco de sabores. “¿Para una cachimba?” Me preguntó la dependienta como si fuera un yonki. Le dije que sí. Temía que pensase que yo era un drogadicto. Ella me dijo que no vendían de eso y que no sabía dónde se podía conseguir.

Fui a otro estanco. Esta vez me atendió una joven dependienta de unos diecisiete años. Le pregunté por el tabaco de sabores y me sacó unos cigarrillos de vainilla. Yo le dije que no, que lo que quería era tabaco para una narguile. Entonces entendió que era un yonki drogadicto. “No te entiendo” me dijo con una mirada llena de terror y dando un paso hacia atrás. Entonces apareció la madre. Me preguntó qué quería. Le dije que tabaco de sabores para una pipa. Me dijo que no tenía y me miró de arriba abajo. Si no hubiese estado su hija delante me hubiese preguntado qué tipo de droga me meto para saber qué hacían los jóvenes de hoy en día.

Salí de allí decepcionado. Luego quise ir a una herboristería a comprar hierbas. Pero esos lugares se me antojan extraños. Llegué a la puerta y me dio vergüenza entrar y pasé de largo.

Por fin había salido de la cueva. Así que quise aprovechar el día para ir a la playa. Desde hacía días me había planteado vivir como un turista en mi propia ciudad y hacer lo que ellos hacen aquí. Volví a casa y preparé mis bártulos de la playa. Simplemente cogí la toalla, crema solar, un libro y las llaves del coche. Me puse el bañador y me fui a la playa (que está a 10 minutos caminando) escuchando a Michael Jackson. Me dio tiempo para escuchar media canción de “We are the world”. Me encanta el momento en el que entra Bruce Springteen y Bob Dylan.

Aparco el coche en una zona que sé que no van muchos turistas y está despejado de edificios (por poco tiempo pues ya hay un plan urbanístico). Atravieso la duna como un peregrino del desierto y de pronto me veo el espectáculo. Hay mucha gente en una zona de la playa de pie. Algo ha pasado. Los socorristas están ahí. Ha llegado una ambulancia. Al cabo del rato llega una Samu. Voy acercándome poco a poco caminando. Está también la Guardia Civil. Me abro paso entre los bañistas curiosos. Voy hasta la primera fila. Parece que hay alguien tumbado. Los socorristas están haciéndole el masaje cardiaco insistentemente. La gente no me deja ver. Hay un policía apartando a los curiosos a unos 20 metros. Entre toda la gente que se agolpan para mirar están padres de familia gordos, jovencitas en topless y tanga, señoras alcahuetas, mascachapas, chonis, ciclados, retrasados mentales y seres inteligentes como yo.

Entonces, entre la marabunta, se abre un hueco de visión por el que veo que levantan la cabeza al chico, de unos veinte años, y lo entuban. El chico no reaccionaba. Su rostro estaba blanco, muy blanco. Era el rostro de la muerte. Poco pudieron hacer por salvarle. Estuvieron durante un rato practicando las tareas de reanimación pero la blancura del cuerpo daba a entender que era inútil. Poco a poco los socorristas pierden el entusiasmo. Uno miró la hora y se limpió las manos. Entonces sacan la sábana térmica y se la ponen por encima. En ese momento se oye un grito desgarrado. Una chica comienza a llevarse las manos a la cabeza y se tira al suelo. Acaba de ver cómo le ponen la sábana térmica por encima a su hermano y ve que ya no pueden hacer nada por salvarle. Grita desesperadamente. La gente comienza a irse. Es un momento muy desagradable. A cien metros los niños están jugando a la pelota. Los curiosos se alejan, no hay nada más que ver. El rostro de la multitud se difumina. Yo me incluyo entre ellos. Me alejo a unos doscientos metros. La gente continua haciendo su vida. Hay una familia llorando lejos pero nadie quiere verlo. El padre, la madre y la hermana no se acaban de creer que ese día de playa que planearon haya acabado en tragedia.

Todos comienzan a bañarse de nuevo. Yo extiendo mi toalla pensando en la muerte. En lo fácil que llega en cualquier momento. Tal vez se debería aprovechar más el momento. Tengo el cuerpo fatal. Se me quitan las ganas de bañarme. Hay un cadáver que puedo ver desde donde estoy sentado. A la familia se la llevan. Me da cosa bañarme. Pero decido hacerlo, hace mucho calor y la vida sigue. Los forenses tardaron más de dos horas en llegar para levantar el cadáver. Mientras la gente ya vuelve al agua, los niños corretean cerca y las parejas comienzan a besarse de nuevo. La última vez que vi un espectáculo así fue en Varanasi, en el río Ganges puedes ver como creman a los muertos mientras las vacas follan al lado de los cadaveres. Aquí sólo faltaban las vacas. El resto era igual.  

Finalmente, ante tanta consternación, decido darme un chapuzón rápido y volver a la toalla. Saco mi libro. Matadero cinco, de Kurt Vonnegut. Un buen título para un día como hoy. No se puede ser más oportuno. No se me ocurre otra forma mejor de acabar de contar lo que vi que hacerlo como el maestro. En Matadero cinco, cada vez que aparece una muerte, el párrafo termina diciendo:

Así fue.

Pareces deprimido

No dejes la puerta cerrada,
el ventilador encendido gasta mucha luz,
No dejes la botella de agua en esa estantería de la nevera,
Siempre te dejas las luces encendidas,
Deberías abrir la persiana.
Te echas demasiado queso en la pasta,
No dejes esa caja ahí en medio,
Esas zapatillas no son para ir por casa,
No bebas de esa botella, es la mía.
Haces mucho ruido con la silla,
Podrías ser un poco menos escandaloso,
No comas tanto, estás poniendote gordo,
¿Qué haces todo el día en la habitación?
¿Qué llevas en esa bolsa?
Deberías limpiar el grifo de la ducha.
El volumen de la música está muy alto,
No utilices tazas para beber agua,
Deberías ordenar tu habitación,
Oye,
¿Oye?
¿Qué te pasa?
¿Por qué no dices nada?
Pareces deprimido.

Turista en mi propia ciudad

Turista en mi propia ciudad

Salgo y todo es desconocido para mí. Paseo por los restos arqueológicos de lo que un día fue una ciudad divertida, en la que tenía mis amigos y mi vida.

Ahora no queda nada de eso.

La vuelta ha sido más dura de lo que prevenía. No, no he adivinado el parpadeo de las luces que a lo lejos iban marcando mi retorno.

En la playa la gente se agolpa para hacer botellón. Yo camino solo con mi sombra. Todos ríen y hablan, pero… ¿De qué hablan? De gilipolleces. Me pregunto en qué momento de mi vida dejé de ser normal, me preguntó qué hice mal para que mi comportamiento se haya convertido en el de un ermitaño que mira con desdén las vidas superfluas de la gente. Me cuesta una infinidad soportar ver los espectáculos decadentes de las noches de fines de semana.

Veo a la gente y lo único que pienso es que me gustaría escupir sobre todos ellos. Vomitar sobre sus almas. Pero lo único que hago es sentarme a observar y tratar encontrar entre todos ellos algún rostro con una chispa de magia, con un poco de grandeza, con un mínimo de luz, pero sólo veo vacío absoluto, insustancialidad, decadencia, inhumanidad y oscuridad. Todo me da un asco indescriptible. Aquí todos hablan mi idioma y me siento más incomunicado que cuando no compartía ni una sola palabra con nadie. Será porque cuando uno habla sin palabras, con señas, con miradas o con gestos está hablando el lenguaje universal, y en el lenguaje universal no hay cabida para la mentira. Aquí sólo veo falsedad, superficialidad, vestiditos, risas estúpidas, tacones y pollas en vinagre.

Siento que he venido de las brasas de una constelación al mundo perecedero.

Alguien se saca su teléfono y dice la palabra mágica “mi Iphone”. En ese momento esa persona deja de ser persona para mí. Me hartan las personas que llaman a su puto teléfono de mierda por su marca. Yo cuando saco mi teléfono no digo “mi nokia”, pero los putos pijos de los cojones se empeñan en diferenciarse y decir “iphone”, cuando sólo están hablando de un puto teléfono más. Prometo que la próxima vez que alguien me saque un teléfono y diga “mi Iphone” se lo cojo y se lo tiro al suelo y lo hago añicos y le preguntaré… ¿Tu Iqué? Al igual me ocurre con los que su puto ordenador de la marca Apple le llaman “mi Mac” en vez de “mi ordenador” como cualquier persona normal. Yo no digo que voy a coger mi “HP” cuando cojo el ordenador. ¿Por qué es tan pija y gilipollas la gente? La odio. Todo esto ejemplifica a la perfección todo lo que siento acerca de la superficialidad asquerosa de toda la gente que habita este bendito/maldito país de mierda donde lo único importante es la pose, la apariencia, la imagen, el curriculum, la pasta que tengas, tus influencias, tus logros y tus éxitos.

Y mientras tanto todo el mundo tiene el alma corrupta y podrida.

Se podrían ir todos a la mierda. No existe una pizca de amor en el mundo. No existe pureza. No existe grandeza. No existe la verdad. Sólo los intereses de cada uno.

Cuando observo todo eso pienso en el suicidio como una idea muy sensata. Es imposible cambiar a nadie. Hay que soportarlos y callarse. Instruirlos es imposible. Nadie va a pensar como yo. Tal vez sea yo el raro, pero si eso es así, odio la normalidad, odio la banalidad y odio a los putos abyectos de la mierda.

Es un enfrentamiento continuo. Yo contra el mundo.

De momento solo me queda naufragar y pensar que esto es lo normal, lo mismo de siempre. La misma mierda de siempre.

Hay que huir cuánto antes. Lo más lejos posible.

Mensaje para Gabriel

Hola, como sé que ya nadie entra en este blog, sólo tú, esperando a que comente algo sobre mi viaje. Te recuerdo que estoy escribiendo en otro blog:

El quinto coño

También quiero que me digas cómo quedaste con el asunto que dejaste pendiente cuando me fui. Espero que se haya solucionado. Pero es imposible comunicarse contigo, y creo que esta es la única forma de preguntártelo.

Un saludo.

Interior

3. Un día más

Escribo desde el presente. Se me han acumulado tantas vivencias que no puedo contarlas todas de un tirón. Son demasiadas. Pero prometo que haré constantes flashbacks para contar lo que ha ido sucediendo a lo largo de este mes y medio en Turquía.

Aquí ya ha llegado el frío. Hemos tenido temperaturas de -3 grados y no lo soporto. No me he traído una buena chaqueta y por necesidad voy a tener que comprarme una cuanto antes.

Para colmo vivo lejos de la universidad. Tengo que caminar media hora para llegar. Ayer salí de casa con la intención de ir a la clase de basic fotography y fue una aventura. Primero paré para comerme algo en uno de los millones de sitios que venden kebaps, aunque ninguno de los kebaps aquí es parecido a los que se venden en España. Si algún día venís sabréis por qué.

Pedí un tantuni y una cocacola. Curiosamente la cocacola me costaba más que el propio tantuni. El tantuni es un bocadillo, aunque también lo puedes pedir en dorum. Me costó el equivalente a 80 céntimos de euro, y la cocacola me costó un euro.

El del local ya me conoce, he ido a comer muchas veces y el tío ya me dice palabras en español. Yo trato de hacer lo que puedo en turco, pero por suerte es uno de los escasos turcos de a pie que sabe unas nociones básicas de inglés. Por lo general, cuando preguntas a algún turco de una tienda si saben algo de inglés te dicen que un poco. Luego les hablas en el vocabulario más simple que puedas emplear y se te quedan con cara de alucinados. No sé para qué dicen que saben hablar un poco si luego no saben nada. Al parecer sólo saben decir “A Little”.

Después me fui a la universidad, que está al norte de la ciudad, tengo que atravesar una calle inmensa, con mil tiendas, con mil negocios, con dos mil escaparates y llena de gente. Luego tengo que cruzar una zona que está en obras que parece un campo de minas de Vietnam. Lo más curioso es que a veces te hacen pasar por medio de la obra, entre los caminos que trabajan y ni siquiera colocan unas maderas ni una barrera de protección. Están haciendo un túnel subterráneo y al día pasarán más de veinte mil personas por esa calle para ir a la universida.

Lo peor de esas obras que llevan desde que llegué aquí son los días que llueve. Un día llovió y me hundí de fango hasta el tobillo. Aquello daba un asco indescriptible y te dan ganas de coger a todos los turcos y enseñarles un mínimo de civismo y de cosas que jamás deberían hacer. Aunque luego lo pienso y creo que en España también se pasan con las mismas cosas.

Cuando llego a la puerta principal de la universidad tengo que sacar la identificación para entrar. En la puerta está lleno de guardias de seguridad, pero estos al menos no están armados, como en la mayoría de sitios donde hay vigilancia. Da mucho reparo ver a alguien que te está esperando con una metralleta en la mano. Siempre que paso por al lado de un edificio militar me pregunto si el de la metralleta no tendrá un mal día y decidirá descargar todo su cartucho sobre mi persona. Les enseño la identificación, que ni la miran, y paso sin más. Por suerte esta es una de las universidades más pacíficas de Turquía. Me contaron que en las otras universidades siempre hay altercados con kurdos, y siempre se están pegando entre distintos grupos de asociaciones juveniles de radicales. Aquí sólo he visto a unos cuantos perroflautas manifestándose sin que nadie les prestase la menor atención. Mejor así.

Cuando entro tengo que subir una cuesta interminable, que invita muy poco a ir a la universidad. Tenrá unos 150 metros, pero es muy dura, sobre todo cuando se recorre a las ocho de la mañana y sólo piensas en lo bien que estarías en la cama tocándote los cojones.

Llego a mi facultad, que por suerte es una de las primeras que hay al entrar. Hay otras que están mucho más lejos y para llegar a ellas hay que caminar al menos veinte minutos más.

Subo al primer piso. Entro en el aula donde se dará la clase y me veo un cartel que dice que la clase se ha cancelado. Uno en estos casos se queda con cara de gilipollas. Sobre todo por el hecho de haber caminado tanto y hacer tanta mierda para nada. Por el valor académico no me preocupa. En basic photography están enseñando lo que es el diafragma y el obturador y gilipolleces similares. Me interesa más la clase por aprender a decir todas esas palabras en inglés que por el propio contenido, el cual ya habré estudiado en al menos tres asignaturas más.

Bajo a la cafetería. Allí me tomo un chocolate y se me acerca un turco. Ya hablé con él la semana pasada en clase. Me presenta a su novia y a varios amigos. Me invita a ir a su casa a jugar al pro. Le digo que no tengo nada mejor que hacer y que me parece un plan perfecto. Es un tío peculiar. Saluda a todo el mundo en la universidad y dice de sí mismo que es el más famoso de la universidad. A mí me hace gracia por lo flipado que está.

Antes de llegar a su casa, mantuvimos una conversación en un inglés lamentable. Cualquier anglosajón se retorcería de dolor si escuchase nuestra conversación. Pero nos entendemos, y eso es lo importante. Le acompañaba otro turco y su novia. Se pararon en una tienda y me preguntaron qué quería de beber y de comer. Les dije que nada. Al parecer los turcos no entienden bien el significado de nada. Porque insistieron muchísimas veces en decirme que les pidiera algo de comer y de beber y hasta que no lo hice no se callaron. Al final elegí un paquete de papas que me ofrecí a pagar y el turco se lo tomó como una ofensa. Sacó él el dinero y lo pagó diciendo que yo era el invitado y que en su casa los invitados tenían que estar tan a gusto como en su casa.

Llegamos a su casa y fuimos a la habitación. Vi sus posters. Alguno del Padrino, American History X, hablamos de películas. Pero entre todos los posters de buenas películas había un poster de Tokio Hotel que al verlo me dieron ganas de irme de la habitación y hizo que le perdiera todo el poco respeto que le podía tener al turco.

Encendió la play y jugué contra el anfitrión y su amigo. Una partida la perdí y la otra la empaté. Al parecer cuando juegan al Pro no tienen mucha tradición de jugar la prorroga y los penaltis, aceptan el empate tal cual. Eso es inconcebible en España. Siempre debe haber un ganador o si no desaparece el pique.

Luego dejamos de jugar y comenzamos otra conversación. Le pregunté por qué Ankara era la capital de Turquía y no Estambul. Me dijo que era una muy buena pregunta y se dispuso a contestarme. Me sacó un mapa de Turquía y comenzó a explicarme la historia de Turquía desde el siglo pasado. Estuvo una hora contándome los entresijos de la primera guerra mundial, de las conquistas de Ataturk y de las batallas que se libraron. Al menos aprendía algo.

Luego le dije que quería aprender frases en turco y le pregunté unas cuantas. Yo me las apunté en la libreta y, como siempre, luego me enseñó insultos. Pero eso ya fue cuando se fue la novia. Cuando dijo que me iba a enseñar insultos la chica se ruborizó y se tapó los oídos. Tienen una delicadeza extrema y preocupante. Está muy mal visto decir alguno delante de una mujer.

Luego me dio clases de ligue. Le dije que no me interesaba. Pero comenzó a enseñarme todo lo que tenía que decirle a una turca para ligármela. Pero no me interesaba demasiado, pero él insistía mucho, quería a toda costa que aprendiera ciertas palabras. Cuando las pronunciaba en mi mal acento turco todos se descojonaban, es probable que me estuviese tomando el pelo para reírse, pero no me importa, al menos se reían a mi costa.

Luego me enseñó su equipo de football manager, pues le dije que era muy aficionado. Y comenzó a enseñarme con orgullo sus fichajes y sus ventas. Y una cosa muy curiosa es que luego me enseñó los videos que tenía en su ordenador. Todos eran de aficionados del Ferenbaçe cantando. Yo no lo entendía al principio, pero los turcos tienen la costumbre de ver ese tipo de videos y de fliparse en casa viéndolos. El turco que vive conmigo, cuyo nombre es Mete (vaya gracia), también se los pone de vez en cuando y se pone a entonar cánticos de fútbol similares a voces mohicanas y no le veo el sentido. Pero no le veo el sentido a muchas de las cosas que hacen y eso a veces (sólo a veces) es divertido.

Por la noche fui a una fiesta sorpresa para un turco que vive con unos compañeros españoles. Era su cumpleaños y decidieron meter a 30 personas en un piso. Odio mucho esas fiestas. Ni se puede hablar ni se puede hacer nada. Son todo lo contrario a divertidas. Pero bueno… tampoco tenía nada mejor que hacer.

En cierto momento bajé de la fiesta y un turco me abordó por la calle. Me hablaba en turco y yo no le entendía. Me señalaba con el dedo al apartamento de la fiesta y me seguía hablando en turco. Le decía que no le entendía y me hacía el loco. Pero luego hizo el gesto de dormir y le entendí, pero hice como si no le entendiera y le dije que fuera a hablar con la gente, pero él tampoco me entendió. A todo eso escucho el pitido del tranvía. El hijo de puta me había parado en medio de la vía y vi las luces del tranvía a 10 metros y tuve que apartarme rápidamente para que no me atropellara.

Y es que es difícil tener un día en Turquía en el que no estén a punto de atropellarte.

Es difícil sobrevivir en Turquía.

El quinto coño. 2 - Turquía es como un eterno Kebap

Los aeropuertos me encantan. Me gusta ver las caras de la gente que va y viene sin cesar. Todas tienen algo distinto y todas se parecen. En aeropuertos como el de Londres siempre se pueden ver personas de todo el mundo. La mayoría son raros, pero lo mismo deben pensar ellos de mí, si es que piensan.

Entre todo el algarabío de gente de vez en cuando pasa toda la tripulación de un avión en manada. Normalmente la manada siempre la encabeza el piloto y detrás le siguen las azafatas, que más que asistentes de vuelo parecen sus putillas a sueldo.

A las 6 de la mañana tenía que embarcar rumbo a Estambul. En la puerta de embarque uno se va haciendo la idea de cómo serán las personas que se encontrará en el país. A primera vista no son muy diferentes de los occidentales latinos, salvo por el hecho de que algunas mujeres llevaban velo y daban mucho el cante. Además los velos tenían colores chillones verdaderamente horribles. Creo que deberían prohibir los velos, pero  no por lo que representan ni por el atentado contra los derechos fundamentales del ser humano, sino por antiestético y por hortera, y es que esos estampados de flores no tienen perdón de dios.

Tras observar detenidamente a todos los turcos que hacían cola y mientras escuchaba lo que decían con su idioma inteligible trataba de averiguar qué era ese toque que los hacía diferentes. En realidad son como los españoles, pero más agitanados. Tienen caras similares pero con rasgos egipcios (por llamarlo de algún modo). Las mujeres tienen ojos grandes y napias kilométricas y los peinados que llevan les hacen parecer polluelos cacareando en un corral.

En el avión se pusieron a dar las instrucciones en turco y saqué una conclusión: el turco es un idioma que suena igual que los mensajes ocultos invertidos. Haced la prueba: grabaos diciendo cualquier cosa, luego invertid la voz y estaréis hablando algo similar al turco.

El vuelo duró tres horas. Viajé con otros españoles que vienen conmigo a la misma universidad. En total seremos en Eskisehir unos 15 o 16 españoles, si es que no encontramos a más por el camino. Al aterrizar y atravesar la puerta de la aduana (yo ya tenía un visado de estudiante que me costó 58 euros y no tuve que pagar más) se nos abalanzaron varios hombres ofreciéndonos llevarnos en minibús a dónde teníamos que ir. Queríamos coger un tren hacia Eskisehir desde la estación de tren. Y yo no me fiaba de ellos. Tenía la sensación de que nos querían estafar. Tras preguntar a información y a todas partes sobre cómo ir a la estación de tren decidimos coger uno de esos minibuses. Nos cobraron unos 8 euros por llevarnos a la estación de tren.

Lo peor fue que subimos en unas furgonetas enormes, nos pusieron música turca y nos llevaron por la carretera en dirección a no se sabe dónde, los que conducían se paraban a preguntar a la gente por dónde se iba a la estación, lo cual nos generaba más desconfianza acerca de la profesionalidad de los que nos estaban llevando. Uno de los que viajaba conmigo, Francesc, comenzó a decir que nos iban a quitar los órganos, pero que no nos preocupásemos porque se podía vivir perfectamente sin un riñón.

Tuve el primer contacto con lo que es el sistema de circulación viaria en Turquía,  pero ya hablaré de esto más adelante pues da para escribir una tesis doctoral al respecto. Tan sólo decir que el tráfico en Turquía es lo más caótico que he visto en mi vida.

Miraba por la ventana y todas las calles estaban llenas de tiendas. Los letreros tenían una tipografía horrible. Pero en cuanto llegamos a la estación decidimos entrar en un bar y tomarnos nuestro primer té, llamado çair. También probé el café, que es más bien arenoso y no vale nada. Y lo mejor de todo vino cuando compramos nuestro primer dorum y nos cobraron 2 liras turcas, lo que equivale a un euro. Y eso es lo que más me ponía cachondo de todo.

Pese al caos y pese al desastre, y pese a que la primera impresión de Turquía era como estar en un auténtico Kebap del tamaño de una ciudad… había un encanto que tampoco lograba entender de dónde procedía… o quizás sí.

PD: he creado un nuevo blog solo para la experıencıa erasmus aqui:

http://entierrafirme.wordpress.com/

 

El quinto coño - Diario de un Erasmus - Capítulo 1: Hola (puto) mundo

El quinto coño - Diario de un Erasmus - Capítulo 1: Hola (puto) mundo

-¿A Turquía te vas? ¿Tú estás loco?

Era la pregunta más repetida cuando comentaba que me iba de Erasmus a Turquía, junto con comentarios del tipo: “Allí está lleno de moros”, “Ten cuidado”, “Allí ponen muchas bombas”, “las cárceles de allí tiene muy mala fama”, “¿No podrías haberte ido a otro sitio?”.

No sé por qué elegí ese destino. La gente que ha ido dice que es un lugar maravilloso, los que nunca han ido suelen decir que es un lugar peligroso. Al parecer todo lo que suene a “moro” es peligroso. Quizá tenga que ver al hecho de que en los medios de comunicación la palabra “islamista” siempre ha ido acompañada de la palabra “terrorismo”, a partir de ahí la asociación de ideas es fácil entre los hombres-masa: los musulmanes siempre van con un cinturón de explosivos debajo de la túnica para autoinmolarse y alcanzar el paraíso de las vírgenes.

A mí ciertamente me da igual todo eso. Por algún hecho aislado no voy a dejar de viajar a un sitio, sería como dejar de venir a España porque a algún descerebrado etarra le da por poner una bomba de vez en cuando.

He tratado de informarme lo máximo posible sobre el lugar antes de ir. He preguntado a gente que ya ha estado allí viviendo y todos hablan maravillas. Todos me dan buenos consejos. Otros me han dicho cosas como que los turcos son unos pesados. También se rumorea que las turcas ni se duchan ni se depilan. O que Estambul es una ciudad sucia porque no hay papeleras y la gente tira la basura al suelo, alguien me dijo que quitaron las papeleras porque una vez pusieron una bomba dentro de una. No sé cuánto habrá de verdad y mentira en todo eso. Pero lo comprobaré por mí mismo.

Me tomo esta experiencia como un aprendizaje vital más que académico. Quiero mejorar el inglés (en la universidad darán la mayoría de clases en inglés), quiero conocer una nueva cultura y quiero saber algo más de cine y televisión, aunque no sé si serán los más indicados para instruirme sobre eso, pero bueno…  no quiero subestimar a nadie.

Lo primero que haré cuando llegue mañana será intentar localizar a las turcas en la universidad que llevan peluca. Al parecer, como no dejan llevar velo en las universidades optan por comprarse una peluca. No estoy muy de acuerdo con el tema, está muy bien el laicismo en las aulas, pero un velo no deja de ser una prenda de vestir personal y nunca entendí las polémicas en torno al velo. Creo que es igual de respetable una persona que lleve un velo o que quiera llevar un florero en la cabeza. Otra cosa es la intervención de las feminazis que consideran eso un abuso a las libertades de las mujeres. El problema es que ellas lo hacen gustosas, ellas quieren llevar el velo para que el pelo solo se lo vea su marido. Se han educado así y quieren hacerlo así, no veo dónde está el problema. Cada cual tiene su cultura y sus tradiciones. Dicen que los esquimales ofrecen sus mujeres a los huéspedes como si les ofrecieran tomar un café. Me imagino la situación: “Hola, ¿Qué tal? ¿Quieres un café? ¿Quieres tomar algo? ¿Te apetece follarte a mi mujer?”.

Iré allí junto con 9 compañeros de la universidad. Voy a vivir con un argentino y dos turcos. Y los que estuvieron el año pasado nos adviertieron de algo que está preocupando a todo el mundo: En Turquía es imposible conseguir condones. Por lo que todos están agitándose. Algunos me han dicho que se van a ir a la farmacia a comprarse tres cajas de 24 en un ejercicio de autestima y optimismo inconmensurable.


Esperemos que todo salga bien. Mañana partimos a Londres desde Valencia. Allí pasaremos toda la noche hasta las 6 de la mañana que saldremos a Estambul. Volamos con EasyJet y tan sólo cuesta 100 euros el viaje.

Ya os contaré más cuando llegue al quinto coño.

El autor

el autor de este blog no existe, son los padres.

We are the world and the world is Michael Jackson

We are the world and the world is Michael Jackson

Al principio, como todos, no me lo creía. No podía ser. Debía ser un montaje para vender más entradas para su gira. Un rumor de internet. No, no podía ser. Ha simulado su muerte para vivir tranquilo, ajeno a la fama. Se ha ido a la isla secreta de los testigos protegidos de la CIA junto con otras estrellas que se retiraron del mundo mediático como Elvis, Kurt o John.

No me lo creía porque justo un rato antes de que un amigo recibiese un mensaje con la fatídica noticia estábamos cantando la canción de liberar a willy, will you be there, para burlarnos de una gorda que parecía una orca y pensaba que ahora alguien se estaba de burlando de nosotros.

Pero cuando he asimilado la noticia lo primero que he pensado ha sido: ¡Qué hijo de puta! ¡Lo ha logrado! ¡Se ha convertido en mito y en leyenda! Probablemente la leyenda más grande de la música. Y es que muchas veces he afirmado que lo único que le faltaba a Michael Jackson para convertirse en el más grande era una trágica muerte. Sólo los grandes destinos truncados son los que se llegan con más proyección a lo más alto del estrellato mundial. La muerte puede ser un punto final, pero, a veces, como decía Leopoldo María Panero, el fracaso es una de la más resplandecientes victorias.

Y ha tenido que irse, paradójicamente, justo cuando faltaban unos días para su regreso a los escenarios. Todos esperábamos que volviese con más fuerza que nunca. Queríamos verle renacer y que fuera lo que siempre ha sido, queríamos que dejaran de lado las falsas acusaciones y las críticas a sus excentricidades. Queríamos que dominase desde su trono el panorama de la música internacional. Pero no ha podido ser.

Michael Jackson era un icono de la música mundial. Tenía un talento inigualable que se dedicaron a desprestigiar los medios de comunicación que hablaban de su vida para vender más periódicos. A mí desde pequeño me fascinaban sus videoclips. Recuerdo que nos grabábamos sus cintas en el colegio y muchos siempre tratábamos de imitarle. Lo único que desprendía su figura era admiración. En él nunca hubo un atisbo de maldad. Era tan bueno que no era digno de este mundo.

Ahora, con su muerte, la historia ya le está haciendo justicia. Se va a reconocer el verdadero rey que era. Se va a ver al Michael Jackson real, al solidario, al que donaba toda su fortuna para ayudar a la gente.

Michael, gracias por haber existido. Gracias por ser un Dios. Gracias por aparecer siempre en mis sueños. Siempre soñé que te conocía, era un sueño muy recurrente. Gracias por ese sentimiento inigualable que ponías al cantar, por esos bailes increíbles, por esas letras y por tu bondad. Y olé tus cojones por ser ese personaje que eras, excéntrico e inigualable y, en definitiva, único.

Estabas cogiendo carrerilla para dar el salto. Pero el destino ha querido que te vayas justo cuando ibas a volver. El salto ha sido mucho más grande de lo esperado: ya eres el número uno y lo vas a ser eternamente.

Hoy el universo brilla menos. Hemos perdido la estrella más grande que existía y muchos nos sentimos huérfanos.

Los genios no deben morir y tú no tenías derecho a morirte. Si Dios existiese y fuera justo, tú deberías resucitar dentro de tres días.

Siempre te querremos, Michael.

 

Y os dejo con la parte de un documental que ahora tendrá mayor relevancia. Tan sólo hay que obviar el afán de protagonismo del periodista que quiso malinterpretar todas sus palabras y sus actos. En este documental se ve al verdadero Michael Jackson, inocente y pulcro, como el niño que siempre fue.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Por un calcetín no pongo yo la lavadora

Por un calcetín no pongo yo la lavadora

Ella se quejaba de los hombres de hoy en día. Decía que sólo nos gustaban las perras de la noche, las golfas y las guarras. Yo le dije que no, que yo también tenía en cuenta otros factores aparte del estrictamente superficial. Dije que a mí me importaba mucho más la confianza, el buen rollo, el sentido del humor y la ironía.

Pero ella no parecía estar muy convencida con mi respuesta y me miró con desconfianza. Entonces me pregunté por qué una chica tan atractiva e inteligente como ella no tenía novio ni se iba con ningún chico alguna noche loca. Al fin y al cabo ella también era humana y podría sentirse necesitada de cariño o podría echar de menos la presencia en su cama de un apasionado compañero.

–Oye, ¿Y a ti no te gustan los golfos? ¿No sientes la necesidad humana de irte con uno alguna noche aunque sólo sea para pasar un buen rato? –pregunté.
–¡Quita, quita! ¡Qué asco! Yo lo que quiero es a un Hombre que se vista por los pies y no a un niñato de discoteca –contestó indignada.
–Entiendo.
–Por un calcetín no pongo yo la lavadora… –sentenció.

Era la frase más clarificadora que había escuchado en mucho tiempo. Era el símil perfecto en el momento adecuado. Me dejó conmocionado y no quise preguntarle más.

Al fin y al cabo yo sólo era un calcetín.

Encontrar la meta en mitad de la carrera (o los poemas proféticos)

Encontrar la meta en mitad de la carrera (o los poemas proféticos)

A veces uno le encuentra sentido a lo que hace después de mucho tiempo. Hace años escribí un poema bastante curioso y enigmático.  Era el proyecto de una canción de amor que terminó hablando de mi actitud ante la vida. Yo entonces no sabía nada, no sabía a dónde me dirigía ni lo que quería, pero sin querer tracé con ese poema la hoja de ruta a seguir el resto de mis días. Ahora ese poema no para de sonar en mi cabeza, lo recito mentalmente y sé que esconde la clave de mi actual situación.

Hoy en día estoy en medio de un desierto de arena. En los horizontes no se divisa nada. Sólo recuerdo de dónde partí y a dónde quería dirigirme. El proyecto de hacer una carrera se desvanece con cada paso que doy. Cada huella que dejo en el desierto tiene menos sentido que la anterior. Tengo la absoluta certeza de estar caminando hacia La Nada. Sólo escucho la melodía de la desmotivación y del desencanto.  Los objetivos no me deparan ninguna alegría ni satisfacción. No me interesa seguir el camino, no me interesa ser mejor persona obedeciendo y haciendo lo que debo. Yo ya no me autoengaño y tal vez eso sea lo peor de todo. No soy capaz de ver el sentido pragmático de la vida. Desprecio hacer las cosas por inercia y maldigo todo acto de la vida que no contenga una chispa de amor.  Odio que solo se valoren los frutos de las acciones y no las acciones en sí. Odio tener que aprender cosas que no me interesan y luchar por aprobados de asignaturas con las que no disfruto y carecen de completo sentido para mí.

Ya sé que la vida no es un camino de rosas y sé que cualquier persona racional me explicará con doscientos mil argumentos que el paso que voy a dar es el equivocado y me podrán dar cien mil razones para continuar adelante en esta travesía. Pero es inútil tratar de hacerle creer a un suicida que la vida es maravillosa. La vida del suicida no es la misma que la del luchador aunque compartan el mismo escenario. Yo he decidido que no voy a continuar adelante con esto. No quiero seguir compitiendo en esta carrera. No soy como ellos. No puedo desvivirme por algo que no siento. No puedo esforzarme por objetivos que me parecen bromas de mal gusto o insultos a la inteligencia. Desprecio a los subhumanos que sí que lo hacen al igual que ellos despreciarán mi total actitud cínica ante la vida. A mí me da vergüenza ajena ver cómo alguien es capaz de llorar porque no sabe si aprobará el próximo examen de comunicación interactiva.

Ahora la única palabra que inunda todo es IMPRODUCTIVIDAD, con mayúsculas. No he hecho nada útil. He aprendido algunas cosas, pero siento que soy un completo inútil que si sigue la travesía sólo servirá para darle al botón REC de una cámara y poco más. El único aprendizaje de la vida es leer libros y es lo que más echo de menos. Pero la desidia que me invade me impide leerlos. Así que soy un auténtico parásito, una cucaracha que encima tiene que pagar alquiler y la comida que compra. Soy un trozo de vida insana que ha alcanzado una lucidez tan abrumadora que cualquier acto de la vida me parece irracional.

Tan sólo voy a disfrutar del camino. Voy a ir a mi marcha, voy a perderme, no llegaré al objetivo que me marqué. Voy a trazar mi propio camino y es probable que acabe perdiéndome lejos de la meta de esta carrera sin sentido. El estado me va a dar una beca para que pase un año en Turquía estudiando, aprovecharé la financiación para pasar un año sabático en tierras asiáticas y a partir de ahí continuaré mi propio camino, lejos de las aulas, lejos de los profesores, lejos de los botellones y lejos del sinsentido. Mi sueño siempre fue ser un creador y no un instrumento.

Por fin he encontrado el camino que ha de guiar mis pasos.

Os dejo con el poema profético que escribí hace mucho tiempo, cuando todavía creía que rimar tiempos verbales eran proezas de un auténtico poeta.


ERA

La mariposa hoy reposa,
me falta un ala para volar,
soy nadie si soy mitad,
son horas y tiempos de calamidad.

Encontré la ansiada meta
en mitad de la carrera,
sabía cuál era mi destino
y ya no compito por el objetivo.

Tentaciones, curiosas voces,
Son inaudibles si son permitidas
Y retumban en mi oído si son prohibidas,
dudas y ansiedad de emociones.

Lagos azules, faros verdes
¿lo que busques o lo que encuentres?
¿lo que escuches o lo que sientes?
¿vulnerable o perenne?

Es muy cruel tu forma de pensar
Yo siempre he preferido elegir que descartar,
más silencios emitirás
y más sordo me notaras.

Vamos, entra tu primero,
nunca me ha gustado ser un caballero
y siempre he negado ser un plebeyo,
pero hoy he sentido el agua en el cuello.

lagos azules, faros verdes
agua que fluye , tormenta de Viernes
tiempo que pudre, espero que llegues
quizás no escuches, quizas no quieres


No hay palomas que hablen
si mi imaginación no las hace

lluvia satisfactoria
lluvia usurpadora
lluvia satisfactoria
lluvia usurpadora
lluvia satisfactoria
lluvia usurpadora
lluvia
     lluvia
          lluvia
                 lluvia
                         lluvia
lluvia
    lluvia  lluvia

lluvia
    lluvia  lluvia
lluvia
    lluvia
        lluvia


    lluvia

Ayer escribí un poema superbonito

Ayer escribí un poema superbonito

Ayer escribí un poema superbonito.
Hablaba del amor que sentía por ti
y de lo mal que lo paso cada vez que te alejas.

Hice unas metáforas increíbles,
en las que salía el mar
y unos pájaros.
 
También decía lo mucho que significas para mí,
y te pedía perdón por el daño que te he hecho,
pero lo hice de una forma tan sutil y brillante
que ni yo mismo me creía que estaba escribiendo tan bien.

Uno de los versos que más me gustó
era uno que decía que yo quería ser tu droga,
pero lo único que conseguí ser es tu camello.
Eso me encantó.

Sin duda era el mejor poema que he escrito en mi vida,
y uno los que más sentimientos descargué sobre el papel.

Te aseguro que era un poema muy bonito.

La putada es que lo dejé encima de la mesa,
y lo he perdido y no sé dónde está.
Creo que se lo ha comido el perro.
 
Ahora es imposible que lo vuelva a escribir como antes,
no me saldrán las mismas palabras tan precisas y exactas,
y  ya no quedaría tan bien como lo hice ayer.
 
Lo cual me fastidia un huevo,
Porque era un poema realmente bonito.

 

Dharma

Dharma

Dicen que la suerte es del que se la merece, que la vida nos da y nos quita en justas proporciones, que hay un karma y un dharma que compensa y equilibra la balanza del bien y del mal. De todos modos, si crees que la vida es injusta contigo no te preocupes, simplemente es porque estás pagando lo que hiciste en otras vidas.

Es por ello que siempre me pregunto qué debí hacer en la otra vida para que ahora tenga tan mala suerte. Y lo dice uno que se supone que nació con suerte, soy una de esas tres de cada cien personas que nacen en el mundo y alguna vez en su vida tendrá un ordenador y no debería tener derecho a quejarme, pero así estoy.

A muchos les ocurre. Creemos que la vida nos dará algo que nos debe. Creemos que algún día se saldará nuestra deuda. Todos creemos que ante nosotros se desvelará un gran secreto que el destino nos ocultaba. Por ejemplo, toda la gente cree haber nacido con un Don. Muchos están convencidos de que han venido a la Tierra para cumplir una misión. Piensan que en algún lugar muy profundo de sí mismos se encuentra oculto su talento.  Tienen la esperanza de que algún día salga en forma de habilidad para tocar el piano, en forma de voz prodigiosa para el canto o en cualquier cosa que les dé el reconocimiento de la humanidad.



Sin embargo, hace tiempo que creí encontrar mi Don. Entonces me sentía a  un nivel superior al del resto de la humanidad, creía estar poseído por una magia divina que me diferenciaba del resto de los mortales. Pero pronto descubrí la tragedia de haberme conocido. Cuando alguien encuentra es porque ha buscado mucho. Comprendí que encontrar el Don significaba estar destripado y uno debía hurgar en todo su ser con un puñal y descuartizarse. Cuando alguien descubre su Don es porque está colgado en un matadero con las entrañas abiertas y sin sangre en las venas. Sólo entonces descubres tu valía y es cuando llegas a lo más profundo y oscuro de ti, allí donde se halla tu Don. Ciorán decía que podemos predecirlo todo, saberlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos. Nuestro Don consiste en saber cuánto dolor puede soportar un ser humano antes de recurrir al suicidio.

Cuando uno tiene el Don comprende muchas cosas. Por ejemplo, que los poemas que escribe la gente que quiere ser poeta no son poemas y que las letras que se escriben para que una canción venda no son letras. Los verdaderos poemas son aquellos que se derraman cuando a uno ya no le queda más sangre que derramar. Son aquellos que nacen, no por una necesidad vital, sino por un impulso fúnebre.

Yo descubrí el don el día que me quedé sin sangre. Comprendí entonces que la soledad provoca desvaríos en la humanidad, que hay gente que termina siendo poeta al igual que podría haber acabado siendo un loco o un asesino, es una simple reacción del cuerpo humano ante la adversidad. Y uno llega a la conclusión que un poema  se parece más a un asesinato que a una flor, que a un cielo, que a unos ojos o que a la Luna.

Cuando uno se queda sin sangre es difícil que vuelva a ser el mismo. Los sentimientos se convierten en alfombras rojas por las que desfilan las palabras. El dolor insoportable te convierte en insoportable, y ser insoportable te convirete en más solitario, y ser un solitario te convierte en más poeta, y ser un poeta te convierte en asesino, y cuando uno se convierte en un poeta asesino su única víctima es uno mismo.

Me asesiné y no recuerdo cuándo fue la última vez que hablé de amor. Esa palabra ya no desfila por mi alfombra roja. Alguien me la robó. Así como también me robó muchas canciones que me gustaban y que ahora ya no puedo escuchar sin que me recuerden a la ladrona. Y es que hay personas que te roban canciones, te roban palabras, te roban significados y acepciones. Y hace tiempo que no comprendo lo que significa amor, y es el mismo tiempo que prometí que no hablaría nunca de ti.

Como no hablo de amor muchos creen que soy reservado. Dicen que no cuento nada de mi vida. Algunos se atreven a decirme que me he construído una coraza para que no me hagan daño. La gente no lo entiende. No comprenden que los que se han hecho una coraza no es para protegerse, sino para que nadie vea que ya estás destrozado por dentro.

Guerra de amor epistemológica

 

Mi primer corto. No tengáis en cuenta los fallos técnicos, apenas teníamos medios.

No quiero parecerme a ti

De pequeño tenía un amigo al que odiaba. Él representaba todo lo que yo nunca quería ser. El asco que me daba era tal que si identificaba algún rasgo de su personalidad en mí automaticamente lo modificaba. No soportaba parecerme a él en algo. Si él decía blanco yo tenía que decir negro. Me parecía la persona más despreciable que existía sobre la faz de la Tierra y mi único objetivo era ser lo contrario que él. Era algo absurdo, pero el odio me influenciaba mucho más en la formación de la personalidad que la admiración que sentía hacia alguien.

Hoy en día ya no sé nada de esa persona a la que tanto odiaba. Se dividieron nuestros caminos y desapareció como si nada. Pero hoy me ha dado por acordarme de él y he descubierto algo muy importante. Creo que en el fondo le odiaba porque se parecía a mí en todo. Éramos tan parecidos que pude ver mi propio patetismo reflejado en otra persona. Veía en él todo lo que yo era. Y gracias a él vi que yo era una persona realmente lamentable que daba asco y que debía cambiar para no ser lo peor de lo peor.

Lo más preocupante es que ahora que ya no le tengo he descuidado mi personalidad. Al perderle perdí el ejemplo de lo que no quería ser y sin querer he vuelto a ser quien soy. Ahora no puedo apartarme de mi "yo" más despreciable que tanto se parece al del chico que odiaba y me he convertido en lo que nunca quise ser.

Ahora estoy convencido de que la gente que me conoce me odiará. Modificarán cualquier rasgo de su personalidad que identifiquen en mi persona con tal de no parecerse a mí. No querrán ser el asco de persona que soy y huíran de sí mismos al verme. He encarnado todos los males de la humanidad para enseñar al mundo cómo no se debe ser. Quizá por eso no hay ningún ser humano en la Tierra que piense como yo, que le guste lo mismo que a mí y, por supuestísimo, que yo pueda gustarle.

Y es que todo el mundo huye de lo que soy al igual que huyen de una catástrofe... pero yo nunca podré escapar de mí mismo.

La cochambre - Capítulo 1

Capítulo 1 - Mensaje de una persona anodina que está a punto de morir de hambre

 

Disfrutad de La cochambre. La primera serie de realismo sucio hecha con un teléfono móvil.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Yo me alegro cuando a la gente le va mal

Yo me alegro cuando a la gente le va mal

Hace tiempo que no me tomo la medicación que me recetó el psiquiatra. Con esas pastillas pretendían envenenarme, me debilitaban poco a poco y estaban robándome mi incombustible vitalidad. Yo soy una persona que necesita vivir con intensidad y si me tomo esas pastillas mi descollante inteligencia no se despliega al máximo y pierdo lo único que me hace especial. La gente no me creerá, pero yo no tomo drogas porque necesito que mi mente esté completamente activa. Las drogas lo único que hacen es aletargarme el pensamiento y enturbiar mi sorprendente percepción de la realidad. Y es que no hay mayor drogadicción que la vida. No hace falta tomar nada para darse cuenta de que la realidad es una alucinación y en tu vida todo está lleno de personajes desquiciados la mar de pintorescos.

El psiquiatra me dijo que era una persona cruel y no lo entiendo. Simplemente le dije que yo me alegraba cuando a la gente le iba mal. Le dije que fingía una falsa compasión por todos aquellos amigos que me contaban sus problemas pero que por dentro disfrutaba enormemente indagando en el dolor de ellos. Suelo tener las mismas dudas que Santo Tomás y meto el dedo en la llaga para conocer mejor el dolor. Yo no lo considero crueldad, simplemente soy curioso y me gusta estudiar los dolores del alma. Aunque, evidentemente, si el que sufre soy yo no me hace ni puta gracia, como es lógico. Lo único que ocurre es que la gente está tremendamente cretinizada por culpa de las drogas y la música de Pignoise, menos yo, que soy puro y mi mente no está podrida de gilipolleces anodinas.

Yo no veo nada malo en odiar a la gente, sobre todo a aquellos que se creen que por llevar cuatro rastas y dos piercings ya se están oponiendo al sistema. Se creen que con un peinado asaltarán la Bastilla. ¡Oh! ¡Sí! no he visto acción más alternativa y subversiva en mi vida que ensuciarse los mechones de pelo y oler mal. Si al menos tuviesen cicatrices o agujeros de bala pues los empezaría a tomar con más consideración, pero para mí son gente indigna mientras sus únicos agujeros sean sus sucios y cochambrosos piercings.

Vamos a ver, ¿Se puede saber qué tiene de malo alegrarse del mal del vecino? Disfruto viendo sufrir a la gente, hay gente que disfruta viendo sufrir a los toros o viendo cómo se dan de hostias en un ring de boxeo y nadie les dice nada. A mí simplemente me gusta ver a la gente morder el polvo, sobre todo la gente que me cae mal. No existe un placer superior. ¿Tan raro soy? ¿Por qué me ha tenido que decir el psiquiatra que no tengo empatía y que podría tener un principio de psicopatía? ¿Es que nadie más en el mundo disfruta viendo cómo pierde Fernando Alonso? ¿Nadie disfruta cuando ve que Raúl no está en la lista del seleccionador? ¿Nadie sigue con interés las noticas de Amy Winehouse para ver cuando se muere y se convierte en mito? Reconócelo: tú también eres de los que se alegra cuando alguna persona rompe con su pareja después de que anunciara su amor a los cuatro vientos, incluso en sus ridículos nicks del msn, en los cuales no sabes si está contando algo o intenta batir un record Guiness de faltas de ortografía por metro cuadrado. Yo lo reconozco, yo disfruto enormemente viendo cómo la gente se hunde, sobre todo cuando se tratan de gilipollas como los que leen ahora mismo esto.

No es por nada, pero las pastillas que me ha recetado el psiquiatra se las puede meter por el culo, yo me considero una persona completamente normal. Bueno no, mentiría si digo que soy una persona normal, en realidad soy El Elegido. Tengo que cumplir una gran misión en la Tierra y he de luchar contra todos los que me persiguen, entre los que están la CIA, el FBI y el videoclub de la esquina. Pero gracias a dios tengo la protección del séptimo ángel, que me guía y me advierte de los peligros con sabios consejos que me da en momentos clave. A veces escucho la voz del ángel que me susurra cosas y dicta lo que tengo que escribir...

Hospitalidad

Hospitalidad

Siempre he sido un buen anfitrión. Cuando tengo invitados trato de que estén lo más a gusto posible. Les ofrezco de beber, de comer y les pregunto qué quieren. No es que sea igual que Isabel Presley en sus recepciones con Ferrero Rocher, pero trato de hacer todo lo posible desde mi humilde posición social.

La cuestión es que somos una familia normal, pertenecientes a la clase media trabajadora. Mi madre trabaja en una escuela fregando wáteres y muchas veces se encuentra en la basura bricks de zumos que los niños han tirado a la basura sin abrir. Ella no tiene pudor alguno en cogerlos y traerlos a casa, al fin y al cabo el contenido está intacto y es perfectamente bebible. Al principio a mí me daba un poco de reparo bebérmelos, pero en cuanto te bebes uno te das cuenta de que no te vas a morir por beberte algo así.

A muchos de mis invitados les permito abrir la nevera y que se sirvan ellos solos. A veces son gente de una clase social mucho más elevada que sería incapaz de acercarse a una basura a más de cinco metros y mucho menos de beberse cualquier cosa que haya en ella. Algunos de ellos reparan en los zumitos que tengo y me preguntan si pueden beberse uno. Yo les digo que sí, que por supuesto, que cojan lo que quieran.

Ellos mientras se lo beben hablan de lo mucho que les gusta ese zumo. Una vez, un invitado me dijo que los zumos le recordaban a su infancia. Su madre siempre le ponía ese zumo en su mochila y acabó tan harto del zumo que muchas veces lo tiraba a la basura sin ni siquiera abrirlo.

Desde entonces me encanta ofrecer basura a mis invitados sin que ellos lo sepan.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres