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En Tierra Firme

Elogios

Imposible defendernos de un adulador. No podemos darle la razón sin hacer el ridículo; tampoco increparle y enviarle a paseo. No tenemos más remedio que comportarnos con él como si dijera la verdad, dejarnos incensar a falta de saber cómo reaccionar. Él cree que consigue engañarnos, que nos domina, y saborea su triunfo sin que podamos desengañarle. Con frecuencia se trata de un futuro enemigo que se vengará un día de haberse rebajado ante nosotros, un agresor disfrazado que planea sus golpes mientras pronuncia sus hipérboles.
(E.M. Ciorán)


    Últimamente recibo demasiados elogios. Mucha gente me felicita por unos artículos que escribí para una revista. Algunos, cada vez que me ven, me recuerdan que les encantan los relatos que leo en clase de diseño de personajes. Al principio, cuando me decían eso, me subía el ego, me hacía sentirme satisfecho con mi trabajo y me animaba a escribir más. Pero cada vez me siento más presionado. A medida que aumenta esa expectación por leer lo que escribo me siento más inseguro. Tengo miedo de defraudarles.
    Ahora, cuando escribo, siento el peso de sus miradas y veo que no soy tan libre como antes. Parece que siempre tenga que escribir textos de calidad y esperan que cada vez que lo haga sea para hacerles reír y pensar a la vez. Yo no puedo cargar con eso; también quiero escribir textos malos, sin sentido, decir cosas incoherentes, provocar a los lectores... y es que no hay algo tan incómodo para uno que los elogios. Pensarán que digo una tontería, pero prefiero mil veces antes que me insulten a que me adulen. Me gustaría que los lectores me encuentren errores, que me corrijan. Quiero que me lean profesionales y me digan cómo puedo mejorar lo que hago. No quiero creerme los elogios de gente que igual no tiene sentido crítico.
    Parece ser que soy el único que piensa que todo lo que escribo está plagado de fallos y le falta profundidad. Mi objetivo es que algún día me lean y se olviden de que están leyendo, quiero que sientan como propios los pensamientos que intento transmitir y para eso, créanme, todavía queda mucho.

Tirarse por el balcón

Tirarse por el balcón


- ¿Bajamos?
- Prefiero hacerme otra.
- ¿Qué otra?
- Toma mi chaqueta.
- Gracias.
- ¿No tienes frío?
- No, hace calor.
- ¿Y por qué yo tengo frío?
- Para gustos los colores.
- Pero tener frío no se escoge.
- El sabor del queso tampoco.
- ¿Y el sabor de la mierda?
- ¿Te refieres al sabor de boca que tengo cuando no como?
- ¿Y qué ocurre con el agua?
- El agua es insípida, el agua baja, sube, desaparece, se congela, pemanece.
- Pero nunca nos bañaremos dos veces en el mismo agua.
- Aquí no hay quien se hunda.
- Tira todo el aire… ¿Qué pasa? ¿No te gusta mi chaqueta?
- ¿Qué no te gusta mi mierda?
- Siempre estamos con los gustos, a mí me gusta hablar de otras cosas.
- Yo tuve un hijo.
- ¿Y qué es nacer?
- ¿Bajamos?

Diario de un exiliado. capítulo 6. Mi nombre

Es sorprendente: toda la clase sabe cómo me llamo. Todos se dirigen a mí y me dicen: Fredy esto, Fredy lo otro. Sin embargo, yo tan sólo me sé el nombre de tres o cuatro personas. Incluso hay gente que me llama por mi nombre sin que nunca les haya dirigido la palabra. Yo no sé cómo lo hacen, no entiendo cómo pueden tener tanta memoria. Cuando me presentan a una persona nunca consigo retener su nombre, se me olvida a los dos segundos. Seguramente se deba al profundo desprecio que siento por la raza humana.

Pero intento encontrar alguna explicación a todo y lo que mi mente paranoica intuye, es que todos saben mi nombre porque siempre me critican a las espaldas. Los nombres de los más criticados se aprenden enseguida. Seguramente hablarán de lo retrasado que soy, de lo raro que soy o de lo hijo de puta que parezco.

Sin embargo, mi mente delirante considera que todo el mundo sabe mi nombre porque soy el que más destaco, el más atractivo, el que mejor habla y el que tiene el paquete más grande. Las mujeres cuchichean a mis espaldas y suspiran por mí en cuanto me ven. Se pelean por mí y discuten por saber a cual de ellas les he dirigido una mirada, cuando yo sólo estaba mirando una mosca que volaba. Ellas lo disimulan y no se atreven a decirme nada porque me ven como algo imposible. Es normal, ellas se infravaloran y se preguntan: ¿Cómo el gran Fredy va a fijarse en mí si él podría tener a todas las que le diese la gana? Y claro, después prefieren intentarlo con seres mucho más inferiores que yo y que están a la altura de sus posibilidades. Y por ello no me como ni un rosco.

Mis delirios de grandeza también me dicen que los tíos no me hablan porque me ven como al competidor más fuerte. Creen que les voy a quitar a sus novias y las alejan de mí por miedo a que me vean y se enamoren de mí. Se creen que a mí me van a interesar las tías vulgares como ellas.

 

           ¡Que olviden mi nombre!

He de partir

He de partir. Tengo un poco de miedo. Pero sólo me queda seguir adelante. Los motivos que me impulsan no sé bien de donde vienen, puede que desde la raíz de mi ser. Cuando uno se aleja de sus orígenes vuelve a sus raíces, se encuentra consigo mismo, uno no sabe quién es hasta que no se va. Arrastraré mi maleta por el asfalto mojado, alguien derramará una lágrima, pero yo podré respirar más tranquilo que nunca.

Necesito respirar, siento mi pecho oprimido, siempre he estado acompañado por una espiral circular que termina en sí misma, como un ratón en un laberinto sin salida, como si fuera parte de un experimento, pero he encontrado una salida, para desde la distancia ver en perspectiva... ahora me espera algo distinto, al menos siento eso... luego será lo que tenga que ser, y sabré si quiero volver, o si lo hago, al menos algo más sabré.

Uno sólo aprende a levantarse cuando se cae, yo creo que me caeré muchas veces, me dolerá, pero no me quedará otro remedio que salir adelante, los transeúntes no pararán para socorrerme y como mucho me pisotearán. Necesito sentir el dolor de la vida, que me atraviese el tiempo y saborear el placer de la risa. Más auroras y ocasos, más música, más aventuras, más derrotas y victorias, más de mí mismo...

Paulo tiene razón, “cuando no se puede retroceder, sólo debe preocuparnos la mejor manera de seguir hacia delante”. Eso haré, caeré, me levantaré, y seguiré firmemente hacia mí, a fin de cuentas yo camino, necesito caminar, hacia fuera y hacia mí... El dolor me hace sentir, los placeres también, ¿Qué dolores y placeres encontraré en esta partida...? ¿Qué clase de partida estoy empezando, ajedrez, cartas...? ¿ganaré o perderé esta vez?

Lo pienso, y creo que estoy en una partida de ajedrez que ahora va en serio. Es mi turno y muevo ficha. Cada acción de mi vida será un nuevo movimiento, a veces atacaré, a veces me contendré, a veces buscaré la simpleza, la rapidez, el riesgo, el sacrificio o una simple retirada. Sólo al final, cuando la muerte juegue su último movimiento, sabré si la “partida” valió la pena.
Agradecimientos a Fenix .

En un país lejano existió hace muchos años una oveja negra

En un país lejano existió hace muchos años una oveja negra. Vivía con un rebaño de ovejas blancas que la marginaron desde que llegó. Se mofaban de ella, la insultaban e incluso la agredían. Creían tener ese derecho, ya que la oveja negra no era como ellas y no merecía ningún respeto.

Pero un buen día llevaron al rebaño a esquilar. Las ovejas fueron despojadas de sus lanas una tras otra. Y cuando llegó el turno de la oveja negra, el peletero, consciente del insignificante valor que tenía la lana negra en el mercado, prefirió ahorrarse el trabajo de esquilarla porque no obtendría ningún beneficio con ella.

Al día siguiente todas las ovejas blancas tenían frío, algunas, incluso, murieron congeladas.

Inicios literarios

Estaba dispuesto a suicidarme. Acababa de descubrir que el amor no existía y todos mis ideales y principios se derrumbaron. Ya no confiaba en nadie y ya no tenía ninguna fe en nada. Yo no quería formar parte de un mundo tan hostil e injusto. Iba a tirarme de cabeza por el balcón, así no existiría ninguna posibilidad de sobrevivir y quedarme gilipollas para el resto de mi vida. Con mi muerte todo volvería a su cauce, ya que yo nunca debí nacer, tan sólo fui fruto de un embarazo no deseado de dos borrachos imprudentes que no tomaron las medidas oportunas antes de entregarse al placer carnal. En definitiva: yo tan sólo era un polvo mal echado. Mi verdadero destino era estrellarme contra el látex y no estar aquí sufriendo, llorando y deseando la muerte. Esta era mi última noche en la Tierra. No quería vivir más de este modo y la muerte era mi única escapatoria.

Antes de lanzarme al vacío decidí sentarme y redactar una carta de despedida. Quería que todo el mundo supiera por qué había tomado esta decisión. Quería que entendiesen que yo no tenía intención de seguir viviendo así de mal, y mucho menos seguir trabajando en algo que detestaba, ya que a mí no me llenaba comprarme teléfonos móviles, ni televisiones de plasma, ni siquiera todo el oro del mundo podía llenar el profundo vacío que me provocaba saber que no existía el amor. Tampoco podía hacer como otros que conseguían hallar el sentido de la vida en cualquier cosa, yo no lo encontraba ni en Dios, ni en el fútbol, ni en la música, ni en el cine, ni en la literatura, ni en nada, absolutamente nada. A mí todo eso me la traía floja. El mundo estaba podrido y yo no me iba a pudrir con él.

Así que comencé a redactar mi carta de despedida. Una carta que quien la leyese se diese cuenta de que llevo razón, que suicidarse era lo mejor que podía hacer cualquier persona con dos dedos de frente. Una carta desgarradora y demoledora capaz de estremecer al mundo entero. Una carta que iba a tener tal cúmulo de verdades proféticas, que en el Vaticano se verían obligados a celebrar un concilio para incluirla en las nuevas ediciones de la Biblia.

Abordé el papel con ímpetu y seguridad. Conseguí escribir cuatro palabras del tirón, pero enseguida me estanqué. No sabía cómo continuar. Releí lo escrito y me di cuenta de que todo aquello era una puta mierda. Arrugué el papel y lo lancé a la papelera. Cogí otra hoja y comencé de nuevo. Repetí el proceso varias veces, pero no conseguía escribir más de dos líneas seguidas sin que me invadiese la sensación de estar redactando una carta digna de un suicida mediocre. Yo era un perfeccionista y no podía dejar una carta cualquiera. Tenía que expresar con total precisión cuál era mi fatalista visión del mundo.

No sé qué pasó luego. Sólo recuerdo que me desperté con la luz del día. Me había quedado dormido sobre la mesa. Estaba envuelto de decenas de folios repletos de tachones. Me incorporé y vi que la papelera también estaba llena de bolas de papel.

Era un nuevo día y ya llegaba tarde al trabajo, cosa que no me importaba: no pensaba volver. Yo era otro hombre. Un superhombre. Sobrevivir ya no tenía sentido para mí y, por lo tanto, mucho menos sentido tenía ir a trabajar. En la noche anterior había matado, sin darme cuenta, a un “yo” que no me gustaba y ahora me sentía mucho más ligero sin él. Descubrí que para suicidarse no era necesario quitarse la vida y, si algún día quería hacerlo, debería convertirme antes en un buen escritor capaz de redactar la carta de mi suicidio, esa en la que explicaría con todo lujo de detalles por qué este mundo es un estercolero.

Yo todavía no era consciente de la magnitud de mis actos. Hasta entonces había escuchado infinidad de veces la importancia que tenía escribir. De hecho, en lo único que coincidían todos los grandes escritores era en decir que escribir era vivir, y en el momento que ya no pudiesen hacerlo estarían muertos. El propio Hemigway se pegó un tiro cuando se dio cuenta de que estaba acabado como escritor. Sin embargo, yo estaba en el otro extremo, yo no conseguí redactar aquella carta, de haberlo hecho ahora estaría muerto. Por eso puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que no saber escribir me salvó la vida.

Decidí dar un paseo y disfrutar de aquella mañana. Y es curioso: cuando atravesé el umbral para salir de casa sentí como si la puerta fuese mucho más ancha... más ancha que nunca.

Genealogía

Genealogía

Estaban sentados el padre y el hijo ante la comida. Llegó la madre y los tres comenzaron a comer. El padre tenía semblante serio, era un cabeza de familia respetable con un trabajo envidiable con el que podía mantener a toda la familia. La madre era una fiel ama de casa que ponía lo mejor de sí en cada tarea que hacía. El hijo tenía diez años y daba muestras de una inteligencia y curiosidad impropias de su edad.

El hijo comía ensimismado, sin quitar la mirada de la sopa. De pronto miró a su padre por encima de esas gafas que le daban aspecto de empollón.

- ¿Cómo os conocisteis? – preguntó el niño.

El padre se iba a llevar una cucharada a la boca pero se quedó inmóvil ante la pregunta. Dirigió la mirada hacia su esposa. Ella dejó la cuchara en el plato y con un gesto nervioso se limpió la boca con una servilleta.

Ambos recordaban aquella noche hacía ya 12 años.

Él caminaba por el paseo marítimo y una chica que iba con unas amigas se le acercó.

- Oye guapooo, ¿Tienes porros? – dijo en un tono que evidenciaba su estado de embriaguez.
- No, no tengo. Pero tengo otra cosa –contestó él para insinuar que tenía unos gramos de coca en su bolsillo y con la esperanza de comerse un rosco si la invitaba.
- ¿Sí? ¿Qué pasa? ¿Tienes la polla gorda? – Ambos estallaron en una carcajada.
- ¿Qué tal si vamos ahí a la playa y lo compruebas por ti misma? – dijo mitad en broma mitad en serio.
Ella sonrió maliciosamente y le guiñó un ojo.

El padre se llevó la cucharada a la boca, miró a su hijo de reojo y con la boca llena le dijo:

- ¡Come y calla, joder!

El niño reanudó la comida sin entender nada.

Querida Nora:

8 de diciembre de 1909
44 Fontenoy Street, Dublín

Mi dulce, pequeña, lasciva Nora, hice lo que me dijiste, so marranita, y me pajeé dos veces mientras leía tu carta. Me siento entusiasmado de saber que te gusta que te jodan por el culo. Ahora puedo sacar a relucir aquella noche en que te jodí tantísimo por detrás. Nunca he pasado contigo una velada de jodienda con más mierda, cariño.
Mi polla estuvo clavada en ti durante horas, entrando y saliendo por la parte inferior de tu culo levantado. Sentía unos gruesos y sudados jamones bajo mis pelotas y veía tu cara sonrojada y tus ojos enfebrecidos. A cada estocada mía, tu lengua enfebrecida brotaba ardiente por entre tus labios, y si la estocada era más enérgica que de costumbre, te manaban de atrás pedos recios y cochinos. Tenías el culo pedorriento aquella noche, cariño, y te los fui sacando, gordos ellos, huracanados, rápidos, menudos, alegres petardeos, y muchos pedos breves y desobedientes que acababan en un prolongado farfullar de tu agujero.
Es maravilloso joder a una hembra pedorrera si a cada embestida le sacas un pedo. Creo que no desconocería los pedos de Nora en cualquier parte. Ruido juvenil, y no como esos follones húmedos que supongo han de tener las casadas gordas. Repentino, seco y hediondo, como el que una muchacha descarada se tiraría por la noche y para divertirse en el dormitorio de un pensionado. Espero que Nora no deje de tirárselos en mis barbas para que pueda reconocer su olor…

Dices que me la chuparás cuando vuelvas, y que quieres que te coma el coño, granujilla depravada. Espero que me sorprendas en alguna ocasión en que me quede dormido con ropa, te me acerques con fuego de puta en tus ojos soñadores, desabroches mi bragueta botón a botón, desenfundes con amabilidad el recio pájaro de tu amante, te lo introduzcas en la boca húmeda y lo chupes hasta que se ponga gordo y tieso tieso y se corra en tu boca.
También yo te sorprenderé dormida, te alzaré la falda, te abriré las calientes bragas con suavidad, me tenderé junto a ti y comenzaré a lamer sin prisas tu pelambrera.
Te estremecerás inquieta cuando lama los labios del coño de mi amor. Te quejarás, gruñirás, suspirarás de gusto en tus sueños.
Buenas noches, Nora, pequeña pedorra, mañanita, chocholoco. Hay una palabra adorable, cariño, que has subrayado para que me pajee más a gusto. Escríbeme más cosas por el estilo y también de ti, con dulzura, con mierda, con más mierda.

James Joyce 

Mis votos de pobreza, castidad y obediencia

VENDO MI ALMA (Valorada en dos paquetes de papas) A CAMBIO DE UN VOTO

 

LOS BLOGS A LOS QUE VOTO A DIARIO PORQUE MERECEN GANAR SON:

 


ESCRIBIR ES VIVIR (personal)

HAY GNOMOS CORRIENDO POR LA PARTE TRASERA DE MI MENTE (personal)

EL VIAJERO MELANCÓLICO (cultura y tendencias)

GROUCHO Y EL SIGLO XXI (humor)

POSTALES DESDE MACONDO (videoblog)

UNDERPRESSURE EN DINAMARCA (expatriado)

EL BLOG DE MIERDA (humor)

OTRO TIEMPO (latinoamericano)

FUCKOWSKY (personal)

LA CIUDAD NODRIZA (mejor blog sobre una ciudad)

YO PUTA (mejor blog erótico)

DIARIO DE UN PERDEDOR (personal)

MÚSICA DE LOS 80 Y 90 (música)

 

 

 

 

 

MI VECINA MARTIER (Podcast) 

LA OTRA CARA DE BARBIE (personal)

ES POR MADRID (mejor blog ciudad)

SABIO BLANCO (cultura y tendencias)

 

Si quieres aparecer en esta lista vótame (mejor blog de ficción) y espera sentado.

Sorteo: Deja tu comentario sin faltas de ortografía haciéndome la pelota y entrarás en el sorteo de una noche conmigo.

Desintregración social

Desintregración social

    Me rodeo de gente y pienso que no encajo. Debe ser algo psicológico, creo que en el mejor sitio que encajaría sería en un ataúd. No lo puedo explicar, es algo muy complejo. Todos llevan banderas, insignias, tienen una patria, escuchan una música que defiende unos valores, una identidad, una ideología... y al final uno es lo que escucha, lo que ve y lo que lee, y el entorno crea al individuo. El problema llega cuando ya has escuchado tanto, has visto tanto y has leído tanto, que ya no perteneces a nadie, ni eres de nadie, ni defiendes nada. Tu ser abarca un “todo” que en definitiva no es nada a nivel terrenal. Tus pensamientos alcanzan un nivel crítico que a medida que pasa el tiempo te alejan más de todo lo que creías. Cada día tengo menos predisposición a afirmar nada, y a este paso llegará el momento en el que ya no sea capaz de decir que dos y dos son cuatro.

    No sé si lo que me pasa es que estoy madurando o es que soy un genio incomprendido por el mundo.

Cumpleaños feliz

24 Años ya. Ya tengo un pie en el ataud como aquel que dice. Pero ahora comienzo a vivir la vida. Os lo aseguro.

Un saludo a todos. Os quiero. 

Y ahora... pasemos a publicidad


Monstruito

Monstruito

¿Alguna vez te has sentido tan mal que te ha dolido la barriga? Y no hablo de dolor físico, sino de dolor espiritual. Cuando dentro de ti hay un monstruito que te carcome las entrañas y te gustaría arrancártelo, expulsarlo, pero lo único que consigues es golpear objetos, agarrar las sábanas con fuerza o lanzar un cojín contra la pared. Aprietas los dientes y los puños. Quieres contenerte, quieres gritar, pero no puedes. Es como si estuvieses a punto de estallar. Pero esa fuerza te vence, caes en la cama, te hundes, te debilitas, el monstruito ha podido contigo y pierdes la batalla. Caes derrotado y estás triste triste. Sientes que todo va mal, que nada encaja, que no salen las cosas como a ti te gustaría que saliesen. Intentas dar una explicación a todo, queires responder a unas preguntas que no sabes bien cuáles son.

¿De dónde proviene ese dolor? Me pregunto....

Animales a trabajar

Animales a trabajar

    Imaginad que se crease una empresa de adiestramiento de animales para que estos puedan desarrollar tareas dentro del ámbito laboral. Una empresa que, por ejemplo, adiestrase a monos para que sean capaces de llevar bandejas en los restaurantes y dejarlas en las mesas que les indican, o que les enseñasen a utilizar una fregona y dejasen cualquier estancia como los chorros del oro.
    Podrían, incluso, desarrollar unas nuevas centrales energéticas, en las que millones de hámsteres enjaulados hiciesen girar su rueda, y cada uno generaría un voltaje mínimo, pero la suma total de todos sería capaz de suministrar de energía a toda una ciudad.
    Las empresas comprarían estos animales y tan sólo tendrían que pagar a los adiestradores una cierta cantidad en concepto de formación. Los empresarios encontrarían en los animales un sinfín de ventajas, ya que estos no protestarían por nada, no reclamarían más sueldo, no buscarían abogados laborales para denunciarles y, además, se ahorrarían un importante gasto en los salarios de camareros y limpiadores.
    Si esto ocurriese, inmediatamente saldrían a la palestra todas las asociaciones defensoras de los animales para pedir que cesasen estos abusivos tratos a los animales. Reclamarían acciones jurídicas contra todos los países y empresas que explotasen laboralmente a los animales para enriquecerse. Solicitarían que los animales fuesen liberados y viviesen en su entorno natural. Condenarían el trabajo de los animales como si estas nuevas prácticas fuesen tan abominables como el holocausto o la esclavitud.

    Todo esto no pasará, pero es curioso que todos los hombres del mundo, que al fin y al cabo también son animales, están siendo explotados de una forma similar y nadie se levanta del asiento para condenarlo.

El refugio

El refugio

A veces, creo que mi habitación es el refugio ideal donde puedo estar en paz y tranquilo. Imagino que mi casa es una trinchera en la que me resguardo del campo de tiro que hay en el exterior. Mi objetivo no es otro que encontrar la calma y la soledad absoluta. Quiero ser invisible; que nadie sepa que existo. Me tumbo en la cama y observo detenidamente el techo. Hay una telaraña en un rincón, pero me da igual ¿Qué más dará que esté o no? Cierro los ojos y me hundo más y más en la cama. El colchón parece estar hecho de chicle. Las sábanas se tragan mi cuerpo como si fueran arenas movedizas. Me hundo a través de una puerta espacio-temporal que me conduce hacia otros mundos en otros tiempos. Quiero viajar hasta la Grecia clásica, quiero hablar con Platón, quiero pasear por las ágoras junto a Sócrates y escandalizar a unos cuantos mediocres. Me encantaría haber vivido en ese tiempo, por aquel entonces la gente no tenía nada mejor que hacer que pasear y filosofar. Hoy en día no se puede encontrar una plaza así, llena de idealistas en la que se puedan hacer disertaciones filosóficas sobre la vida y la muerte. Si ahora saliese de mi zulo y comenzase a preguntar a los transeúntes si ya están preparados para la muerte, lo más seguro es que me encerrasen en un manicomio. En Grecia sabían lo que era bueno: comenzaban discutiendo sobre cuántas partes tenía el alma y acababan montando una orgía.

Estoy en paz, pienso que lo he conseguido, creo que por fin he alcanzado mi meta: soledad y silencio. Pero pronto los muelles de la cama de mi vecina comienzan a molestarme. A la hija de puta siempre le da por echar un polvo a estas horas y con los ruiditos del colchón y los jadeos me jode la siesta. A la mierda Grecia y a la mierda mi paz interior. Si Sócrates hubiese nacido en estos tiempos, de buen seguro que se bebería el cianuro sin que nadie se lo ordenase. Me levanto y me voy al cuarto de baño. Me lavo la cara y me miro en el espejo.

- Ariel, ¿Quién eres Ariel? – me pregunto.

Llaman al timbre. Tengo visita. Es un amigo. Sube y le ofrezco asiento y bebida. Me habla de sus problemas, por lo visto está deprimido. No le presto mucha atención, él habla yo sigo preguntándome dónde podría encontrar algún refugio en el que pueda olvidarme del mundo y que este se olvide de mí. Pero ahora no puedo huir, hay alguien en mi casa, ¿Cómo se puede escapar cuando te están molestando en tu propia casa? No quiero decirle que se vaya, no quiero que se sienta ofendido. Le sugiero que nos vayamos a un bar y acepta. Allí estamos durante media hora y luego le digo que me quiero ir a casa, que ya estoy cansado. Él se va por otro camino y yo, por fin, soy libre; estoy solo y nadie me molesta.

Decido coger el coche. Cuando conduzco me siento aislado del mundo exterior: puedo cantar y desafinar, puedo gritar, puedo insultar a la gente sin que me oigan, puedo poner la música a tope sin que ningún vecino se queje, puedo hablar sólo sin que me miren preguntándose si estoy bien de la cabeza.

Aparco cerca de la escollera. Al final del camino rocoso hay un faro verde al que me gusta subir y disfrutar de las impresionantes vistas. Desde allí, rodeado del mar, veo caer el atardecer. Lo único que oigo es el rumor de las olas. Por fin respiro aire puro, por fin lejos de la humanidad, por fin solo. Recuerdo que, una vez, estando en este mismo faro verde, llamé a una chica que vivía en la ciudad y le dije que se asomase al balcón y observase al faro verde. Me dijo que había algo que obstruía la luz, y le dije que era yo. Qué bonito era comunicarse con la persona a la que amaba mediante señales de luz...

Pronto comienza a llover, de nuevo se quiebra la paz de mi refugio. Me largo de allí cabreado con las inclemencias del tiempo. Arranco el coche apresurado y acelero. Quiero volver al refugio de mi casa, que es el mejor lugar del mundo aunque haya ruidos molestos.

Transito por la ciudad. Los limpiaparabrisas se agitan. Estoy parado en un semáforo. La gente camina con sus paraguas de un lado a otro sin sentido alguno. De pronto, y sin saber por qué, me asaltan unas terribles ganas de atropellar a alguien. Lo peor que me puede pasar si lo hago es que me metan en la cárcel. Pero no me importa, puede que allí encuentre mi refugio ideal. En la cárcel me suministrarían comida y tendría una celda en la que podría dormir tranquilo y sin que nadie me incordie . El único inconveniente de estar en la cárcel es que te den por el culo en las duchas, pero no me preocupa demasiado, ya estoy acostumbrado a que lo hagan aunque en otra modalidad. Pienso que en la cárcel tendría tiempo de sacarme una carrera o dos. Es más, incluso, podría escribir un libro al igual que hizo Cervantes. De hecho, mi libro sería mucho mejor y más extenso que El Quijote, puesto que yo no soy manco y no tendría que dejar de escribir cada vez que tuviese que rascarme los cojones. Al fin nacería un verdadero genio desde la Edad de Oro. Ariel Pérez Amarte: El mejor escritor del siglo XXI, conocido porque escribía con una mano en el papel y la otra en los cojones, el único escritor capaz de transmutar en literatura la portentosa energía de su chacra sexual. Conseguiré que la gente abra los ojos gracias a las revelaciones de mi obra. Convenceré al mundo las innumerables ventajas de vivir en la cárcel. Publicarán mi libro, la gente lo leerá, y en las televisiones ya no se hablará de otra cosa. Enseguida la gente comenzaría a cometer asesinatos con la esperanza de poder entrar en la cárcel y, con un poco de suerte, coincidir en la misma celda que yo. El mundo se volverá loco gracias a mis palabras. Me traducirán a todos los idiomas posibles y a partir de entonces necesitarán construir nuevas cárceles capaces de albergar a todos los seguidores de mi filosofía. Al cabo del tiempo toda la humanidad acabará encarcelada por mi culpa. Los funcionarios de prisiones serán los últimos en encarcelarse, se meterán dentro, cerrarán la puerta con llave y la arrojarán lejos del alcance de nadie. Llegado ese momento aprovecharé para salir de allí. Me escaparé y el mundo será mío. Todos habrán caído en mi trampa y yo, por fin, podré pasear por el mundo tranquilo y sin molestia alguna. Mientras tanto, en las cárceles, comenzarán a escasear los alimentos y a los reclusos no les quedará más remedio que recurrir al canibalismo. Se comerán los unos a los otros hasta que, finalmente, el último hijo de puta se muera de hambre.

Y una vez fuera no me molestaré en rescatar a nadie de las cárceles. Lo único que haré será acudir a los zoológicos para abrir las jaulas y liberar a todos los animales en cautiverio. Mi conciencia no podría estar tranquila sabiendo que existe un solo animal encerrado. Gracias a mis flamantes ideas habré conseguido que la Tierra vuelva a su hábitat natural y salvaje, y, de paso, habré encontrado mi refugio ideal.

No cabe duda de que encontrar la paz tiene un precio... por eso vale la pena pisar el acelerador y llevárselo todo por delante.

Comienzan las clases

El domingo quería escribir un post sobre el miedo que sentía ante la nueva etapa que voy a iniciar en mi vida. Pero hoy Martes, después de haber asistido a las dos primeras jornadas del curso, ya no tengo ningún miedo, estoy entusiasmado y convencido de que no me equivoqué en mi elección. Es más, diría que el hecho de no entrar en el primer destino que elegí es por algo. Creo que nada de lo que me sucede es fortuito y el destino ha querido llevarme hasta donde estoy porque es el lugar y el momento idóneo para que yo esté ahí. En la vida suceden muchas cosas inexplicables, sin racionalidad alguna, que sólo pueden ser comprendidas si realmente creemos en la magia. Sé que todo lo que me ha pasado en la vida me ha servido para aprender algo, al igual que todas las personas con las que me he cruzado a lo largo del camino, sea para bien o para mal, me han enseñado algo.

Me decanté por hacer la licenciatura de comunicación audiovisual, y las primeras sensaciones de la carrera han sido muy buenas. En la primera clase, en la asignatura de diseño de personajes, me di cuenta de que no me había equivocado. El profesor nos habló del proceso creativo y después nos preguntó si nos gustaba escribir. Una alumna dijo que le gustaba escribir aunque no había hecho nada importante. El profesor se indignó al escuchar eso de “nada importante”, dijo que aunque lo que haya escrito no se haya publicado, aunque no le hayan dado ningún premio por ello, lo que ella había escrito era muy importante, y que a partir de ahora, debemos tener claro que cualquier cosa que escribamos será importante, que debemos creer en lo que hacemos, que tenemos que defender nuestros escritos, que debemos luchar por nuestros ideales, que, si es necesario, debemos morir por aquello en lo que creemos. Me di cuenta de que era un entusiasta, capaz de transmitir ganas de trabajar y  de llenarnos a todos de energía creativa. Me emocioné escuchándolo, me di cuenta de que si esto es como pinta podré aprender mucho y los profesores me ayudarán a hacerlo. Por un momento me sentí tan eufórico y afortunado como si fuese un cantante que va al casting de operación triunfo y le dicen que va a entrar en la academia. Nos dijo que vamos a enfrentarnos a un gran problema: que hasta ahora siempre nos habían dicho lo que teníamos que hacer, pero en su asignatura no nos iba a decir lo que teníamos que escribir, que vamos a tener libertad absoluta a la hora de crear, que no nos podrá ningún límite y que debemos explotar nuestras capacidades al máximo. Dijo que para crear personajes, primero debemos conocernos a nosotros mismos, y a partir de ahí, podremos tener una perspectiva más global y seremos capaces de captar otras personalidades y otras sensaciones ajenas a nosotros. El objetivo es encontrar nuestro propio Aleph en el que podamos tener una perspectiva de todo. Nuestro trabajo será observar la realidad, tomar notas, apuntar nuestras reflexiones. Nos recomendó no confiar en nuestra memoria, ya que, aunque creamos que esta no nos fallará, lo normal es que se nos olviden las ideas. Nos dijo que lo ideal es que nos hiciésemos un cuaderno de notas, como si fuese un diario, y que en él escribamos lo que nos apetezca.

Comentó una infinidad de cosas interesantes, que ahora no voy a escribir, pero a mí me ha encantado y estoy seguro de que todo ello me ayudará a aprender. De momento ya nos ha mandado el primer deber: escribir sobre nuestro refugio, al que acudimos cuando queremos estar solos, debemos decir qué lugar es, describirlo, en primera persona, segunda o tercera, como nos dé la gana, nos ha recordado que somos libres de hacer lo que queramos. Y si no nos gusta esa propuesta podemos escribir sobre el tiempo en el que nos hubiese gustado vivir: Grecia, Roma, la Edad Media, lo que queramos, y que digamos qué es lo que hubiésemos hecho en esa época. La verdad es que es muy interesante. Pero ahora tengo miedo de escribir, sé que si me suelto diré muchos tacos, muchas burradas políticamente incorrectas y no sé si debo dar un tiempo de espera a mis impulsos creativo-destructores o desde el primer día ponerlos en marcha. En cualquier caso, parto desde la más absoluta humildad, sabiendo que yo no sé nada y que estoy para aprender y para que me enseñen.

Respecto a la universidad... estoy bastante perdido, es un cambio muy radical respecto al instituto, la gente va más a su bola, no hablan entre ellos, el trato es más distante, me resultan incómodos los silencios desesperantes que se producen en clase. A veces me gustaría romper esa seriedad que reina en las clases con un estruendoso pedo que haga retumbar el aula. No me gusta tanta seriedad. Echo de menos a los paletos del instituto, al menos hablaban, murmuraban, eran espontáneos, impulsivos, sádicos, caníbales. Pero ahora son toda la gente es seria, es gente como yo, que da asco, y yo doy asco solo, pero si somos 20 personas como yo nos convertimos en una gran bola de mierda insoportable.

Pero en fin, lo importante es que estoy haciendo algo que creo que me va a gustar, en otra ocasión ya contaré anécdotas y sensaciones que experimento en el día a día. Os hablaré de las otras asignaturas, como la de historia del cine, que también promete ser de lo más interesante. De momento trataré de adaptarme, de hacerme la idea de que ya he empezado. Intentaré asimilar que aquello que hace un año era una vaga idea e ilusión se ha convertido en una realidad. Estoy contento de haber dejado el trabajo de mierda, de haber renunciado a un trabajo fijo, estoy contento de no haberme guiado por el dinero, por la estabilidad laboral, por la comodidad. Estoy muy agradecido a la gente que hizo posible que este sueño se convirtiera en una realidad. Durante todo este año pensé que todo esto era una locura, que no me llevaría a ninguna parte, incluso creí que no sería capaz de sacarme segundo de bachillerato, pero lo he conseguido, he llegado a la meta, aunque ahora ya hay nuevas metas a las que tengo que llegar.

Estoy encantado de haber hecho las cosas con el corazón, y de eso no me arrepiento ni me arrepentiré nunca.

La fiesta nacional

La fiesta nacional

Me hacen gracia los que defienden las costumbres populares aberrantes, indignas e insensibles alegando motivos históricos y de identidad cultural. Esa argumentación es muy pobre, pues con ese pretexto deberíamos rescatar las torturas de la inquisición, la pena de muerte, o rehabilitar los coliseos para celebrar luchas de gladiadores. Costumbres que hoy en día nadie se plantearía practicar.


No debería haber ninguna discusión ante una costumbre que sobrepasa los límites de la cordura con macabros espectáculos de muerte y sufrimiento. Cuando una practica es aberrante lo es y no hay vuelta de hoja. El tabaco era malo y lo prohibieron, con las corridas de toros deberían hacer lo mismo, pese a quien le pese.

 

Humanos, cerdos, libélulas y mariposas.

Humanos, cerdos, libélulas y mariposas.

Por las noches suelo despertarme de sopetón y con la respiración acelerada. No sé si estoy vivo o muerto, no recuerdo los sueños, pero deben ser horribles. Me despierto y no siento mi cuerpo, estoy convencido de que estoy muerto. Creo que ahora soy un espíritu que flota. Para comprobarlo me levanto de la cama y la miro con la esperanza de ver mi cuerpo postrado sin vida y lamentar mi desdicha. Oh, Fredy, que murió mientras soñaba, lo mató un cliente que quería que le devolviesen su dinero, qué pena más grande, tan joven que era, con toda la vida por delante y todos los proyectos e ilusiones que tenía...

La gente comenzaría a decir lo buena persona que era, tan amigo de sus amigos (esta cualidad siempre me ha parecido la peor que se le puede decir a una persona, es lo típico que se dice de la gente de la que no hay nada que destacar) y el profundo vacío que el mundo siente sin mí. Sin embargo, apuesto a que si me muriese en casa, nadie se daría cuenta de que me he muerto hasta que mi cuerpo no comenzase a apestar a todo el vecindario. Los bomberos tirarían la puerta abajo y me encontrarían allí, en una cama, con un libro de Bukowski abierto en el pecho, y ellos se taparían la nariz.

- Cómo apesta este tío –diría uno.
- Y encima se muere leyendo.

Los vecinos, tan listos como siempre, saldrán de sus casas para hablar con los reporteros de turno y dirán que ellos ya lo sospechaban, sabían que el pobre acabaría así, vivía solo aunque tenía familia con la que no mantenía una buena relación, era muy raro, nunca lo veían acompañado y no sabían a lo que se dedicaba. Mi casa sería un nido de cucarachas y de termitas, de las que yo no me diferencio mucho salvo por mi tamaño. Tampoco nadie se extrañaría de que no contestase al teléfono mientras yo estaba muerto.

- Este Fredy... Otra vez no contesta al teléfono. Seguro que atraviesa una de esas fases que él denomina “retiro voluntario” –dice uno tras llamarme.


Pero luego recobro el sentido, pasan los minutos y no sé ni cómo me he podido plantear la posibilidad de estar muerto y mucho menos pensar que de mi cuerpo saldría un alma. Si realmente tuviésemos un alma yo sería inmortal, pues la mía está tan sucia de pecados mortales y benignos que no podría salir por ningún orificio de mi cuerpo, algo así como lo que pasa en las propagandas con la cal de las lavadoras. Debería ir a confesarme un día de estos, creo que me fatigo mucho y es por culpa del peso de los pecados que arrastro encima. Si le digo al cura que he utilizado la palabra de dios en vano más de cien mil veces no querrá perdonarme. Si le hago un listado de pecados que he cometido, ya no me quedaría suficiente tiempo para rezar hasta que se limpie mi alma. Me abrasaré en el infierno o me pudriré en el purgatorio. No quiero morir, no quiero morir así. Yo no elegí ser un humano, a mí me gustaría ser un animal, me gustaría no tener que ir a trabajar, me gustaría alimentarme de los frutos que me da la naturaleza o cazar con mis propias garras y no tener que ir al supermercado a comprar trozos de animales con un dinero que he ganado vendiendo teléfonos. Quiero ser una mariposa o una libélula, quiero volar por el mundo, por los prados, reposar en las florecillas, conocer a otras mariposas, mantener charlas agradables sobre lo bonito que es el Sol que nos calienta. No quiero tener cerebro. Quiero sonreír y ser feliz. Me gustaría ser un cerdo ignorante que vive en su piara sin saber que lo van a matar y que lo van cortar en lonchas finas de jamón york empaquetado y que sus despojos serán anunciados como una oferta exclusiva en un catálogo de Carrefour. Pero no, aquí estoy yo, con semblante antropomórfico, trabajando ocho horas al día para poder comprar un trozo de cerdo feliz empaquetado, y con lo que me sobra poder pagar la hipoteca de cuarenta años. ¿Por qué tienen que existir los horarios para ir a trabajar? Lo ideal sería que uno fuese a trabajar cuando le viniese en gana. ¿Necesitas 20 euros? Pues te vas y trabajas dos horas cuando te apetece y que te paguen cuando acabes. ¿Qué quieres ganar mucho dinero? Pues trabajas todos los días si te da la gana. ¿Qué sólo quieres pagarte el alquiler y la comida? Pues trabajas una semana al mes y ya está. Sé que es imposible, pero el mundo sería superbonito y la gente no sufriría estrés laboral. Humanos, cerdos, mariposas y libélulas revolotearíamos por los montes y seríamos tan felices que, para celebrarlo, haríamos una gran paella con leña y nos emborracharíamos tanto, que acabaríamos con un coma etílico que no nos permitiría apagar las brasas de la parrilla. Entonces provocaríamos un incendio forestal y nuestros cuerpos acabarían calcinados. Al fin y al cabo, no es tan grave como morir en un sueño o de un ataque al corazón mientras lees un libro.

 

 

A todos los que entráis en esta página buscando a Jesucristo: Yo soy el camino, la verdad y la vida

 

EL QUE CREA EN MÍ VIVIRÁ PARA SIEMPRE
 

 

Dedico esta foto a todos los que entran a la web a través de google imágenes buscando la palabra "Jesucristo".

Gracias por vuestras visitas.

 

¿Te gusta leer? Capítulo 5


Tenía que ir a trabajar. Me dirigí hasta el coche y vi que había una moto aparcada en doble fila que no me dejaba salir. Era una Harley y yo no quería quitarla por si se me caía. Supuse que su propietario estaría dentro de la peluquería que había enfrente y fui a buscarle. Caminé hacia la puerta de la peluquería y divisé a través del cristal a dos chicas hablando. Ellas vieron que me acercaba y me miraron. Una de ellas se inquietó ante mi llegada y cuando vio que yo iba a entrar, rápidamente se abalanzó hacía la puerta, echó el cerrojo y dio unos pasos atrás sin dejar de mirarme aterrorizada como si fuese Jack Nicolson en “El resplandor”.
                                                                                                     
 
 



Me pregunté si la acción de la chica estaba provocada por mi cara de asesino o por lo feo que soy.

- Oye. ¡Sólo quiero preguntar si la moto esa de ahí fuera es vuestra! – dije a través del cristal.

La otra chica, que parecía más calmada, me abrió la puerta y me indicó que la moto era del chico de la tienda de al lado. Fui a la tienda de al lado y el chico retiró la moto.

Ya llegaba tarde, no puedo remediarlo. Aunque en realidad me importa un comino (por no decir una mierda). No hace mucho llamé a la empresa para decirles que me pagasen la gasolina, les dije que me gastaba mucho dinero en ir y volver al trabajo y que eso me lo deberían pagar en una dieta de viaje. Les faltó poco para reírse de mí. Desde entonces decidí llegar tarde a propósito, si mi jornada laboral empieza a las cinco de la tarde yo salgo de casa a esa hora. Desplazarme al trabajo entra dentro de la jornada laboral y por lo tanto siempre llego media hora tarde. Soy justo con el trato que me han dado y, por suerte, a mis compañeras no les importa que llegue a la hora que me dé la gana. Como soy un refuerzo no requieren mi presencia allí y pueden arreglárselas a solas. De hecho, la chica que está allí me dice una hora antes de acabar que si quiero que me vaya, o me dice que llegue tarde y duerma tranquilo la siesta, incluso hay mañanas que me dice que no es necesario que vaya, dice que no le importa, como por las mañanas y a última hora no hay mucho trabajo puedo irme y no pasa nada. No hace falta que me lo diga dos veces, cuando me lo dice me voy al instante. Me agrada que me deje marchar pronto y que no le importe, aunque pienso que en realidad lo hace porque mi presencia le resulta desagradable y cuando me voy puede chatear mejor en messenger sin que yo la moleste. Bien por ella y bien por mí. A mí me pagan lo mismo aunque no vaya. De algún modo debo cobrar la gasolina que no me quieren pagar.

Hay una compañera de trabajo que detesto, trabaja en otra compañía y cada vez que la veo intento huir de ella. No soporto sus conversaciones, siempre que hablo con otra persona viene ella a dar la puntilla, cuenta su caso sobre lo que estamos hablando o nos da su opinión sin que nadie se la pida. De algún modo quiere sentirse protagonista en todo momento, se cree que es una tía interesante y que todo lo que dice es de interés general. No tía, te equivocas, cada vez que hablas es para soltar mierda por la boca, estoy harto de que me hables de tus jodidos hijos, ¿No sabes hablar de otra cosa? ¿Por qué la gente tiene que hablar de sus hijos y presumir de ellos? Yo no soporto que mis padres hablen de mí ni para bien ni para mal. A mí me importa un carajo si tu hijo se caga, si mea, si dice una tontería o si le vas a comprar un vestidito supermono. ¡No me interesa! Intentas justificar tu vida teniendo un hijo porque en tú vida has hecho nada. Los hijos son prolongaciones de uno mismo, se aman, se quieren y se les cuida, pero sólo porque son parte de ti, ¿Pero qué pasa si te odias a ti mismo? Yo lo que no entiendo es que haya gente que se quiera a sí misma, y más tratándose de gente con mentes infrahumanas. No sé quién dijo una vez que los hijos son como los pedos: Sólo te gustan los tuyos. Yo espero no tener nunca un demonio de esos. Por mí la raza humana se puede extinguir.

La experiencia con esta tía me ha ayudado a reconocer a las tías idiotas. Me ha llevado años conseguirlo, pero al final he descubierto cómo hacerlo. Las tías más detestables son aquellas que apenas tienen labios. Piensa en alguien que te caiga mal, ¿Ya? ¿A que tiene los labios finos? ¿A que sí? Es infalible. Alejaos de todas las tías que no tengan labios carnosos, son dementes psicópatas que os hablarán de sus hijos y sus pedos. ¿Qué pasa? ¿Qué no estás de acuerdo con mi teoría? ¿Es que no tienes labios y crees que eres una persona que vale la pena? No lo intentes justificar: eres una de ellas por mucho que digas. No entiendo por qué los científicos no se han dado cuenta antes. Debo estar agradecido a esta tía por el extraordinario hallazgo. Y es curioso, esta tipa me caía bien al principio. El primer día la escuché tararear una canción de Sabina y le pregunté si le gustaba, ella me dijo que sí, que se sabía todas sus canciones, que tenía todos sus discos y que su hijo de diez años también se sabía todas las canciones. Desde entonces sólo hablábamos de Sabina y de su música, me contó anécdotas que vivió en conciertos a los que ha asistido. Pero un día que ella quería impresionarme con lo mucho que sabía sobre Sabina me dijo:

- ¿Y sabes qué? También tengo el libro de la biografía de Sabina.
- ¿Ah sí? Qué interesante. ¿Y qué tal está?
- No lo he leído. Pero está muy bien.

Desde entonces la miré con otros ojos. Comencé a sospechar que era una imbécil más. No tardó muchos días en demostrármelo por completo. Vi cómo ella vendía los teléfonos libres sin que nadie se lo pidiera. En teoría, los que se encargan de vender los teléfonos libres son los empleados del centro comercial, los promotores de las distintas compañías no tenemos por qué meter la pezuña en esas vitrinas. Pero claro, los encargados están encantados con gente como ella, que ahorra el sueldo y el trabajo de otros trabajadores. Ella hace los trabajos que no son de su competencia porque cree que haciendo eso es una buena trabajadora y una buena persona. Eso agrada mucho a los jefes. Por culpa de gente como ella los que nos negamos tajantemente a vender teléfonos que no sean de nuestra compañía estamos mal considerados, y es que ahora los jefes quieren que todos hagamos lo mismo, que sigamos los pasos de esa esquirol que, por lo visto, lleva haciendo eso desde hace tiempo. Además, aparte de vender teléfonos que no son de su compañía, ella se pone a atender a los clientes que van a recoger las fotos reveladas o, incluso, se pone a vender cámaras digitales. No deberían existir personas como ella. No sé cuándo llegará el día en el que los propios trabajadores se apiñen y hundan las empresas desde dentro y el sistema se vaya a pique en pro de la holgazanería. Todo el mundo debería hacer una gran huelga general para pedir mejoras en los trabajos. La gente trabaja para enriquecer a otros que no pegan palo al agua. Estamos puteados mientras los grandes propietarios están bañándose en un gran jacuzzi con un puro en la boca sin hacer nada y sus cuentas corrientes aumentan por arte de magia y sus hijos seguro que no tienen que estar prostituyéndose en centros comerciales para pagarse una puta matrícula de la universidad, ni tampoco tienen que estar aguantando a la gente que viene a quejarse por vicio y que consideran a los dependientes los culpables de todas las desgracias que les ocurren en la vida.
..........

Esa tarde en el centro comercial fue soporífera. A veces me quedo mirando a la gente pasar y entro en una especie de trance místico, me hipnotiza el rumor de la gente que va y viene sin ton ni son. Intento adivinar sus vidas, sus preocupaciones, sus deseos, sus aspiraciones, pero todo eso me resulta cada vez más incomprensible e inaccesible.

En pleno trance místico se acercó un chico acompañado de su novia para comprar un teléfono. Me preguntó las características de todos los teléfonos que habían expuestos y cuando se las dije no parecía muy satisfecho.

- ¿Tienes teléfonos con brújula? - preguntó
- No.
- ¿Y para qué coño quieres un teléfono con brújula? – le preguntó la novia de mala manera, como si estuviese acostumbrada a las preguntas estúpidas de su novio.
- No lo sé –contestó él.
- La querrás para guiarte en medio del monte ¿Verdad? – dije yo con un tono muy serio pero con mucho recochineo.
- Es que una vez vi el teléfono con brújula y me gustó mucho. ¿De verdad no lo tenéis?
- De verdad que no.
- Qué lástima, yo es que lo vi... creo que era un modelo que vendían para los moros, para que sepan en cualquier momento dónde está la Meca.
- ¿Pero tú para qué quieres saber dónde está la Meca? – volvió a preguntarle la novia.
- Para nada, pero me gustó ese teléfono con brújula.
- Hay algunos teléfonos con GPS, que te pueden ayudar a saber dónde está el Norte.
- Ya, pero eso no me interesa.

Se fueron sin más, sin decir nada, sin brújula, sin rumbo...
El trance ya se me había pasado.
Era el último día de trabajo.
Siempre he creído que en este mundo todo es comprensible y tiene su explicación. Supongo que algún día renunciaré a entenderlo todo y simplemente asumiré las cosas como son. Creo que no tengo otra elección.