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En Tierra Firme

Tengo la autoestima por los suelos

Tengo la autoestima por los suelos

Y eso que en su día tuve la autoestima por las nubes pero ahora todo ha cambiado:
Soy un ser excepcional, no hay nadie como yo. Deberían erguir un monumento en la plaza principal de mi pueblo con mi imagen y que se celebrase una fiesta todos los años en mi honor. Pienso que soy la persona más extraordinaria que ha nacido en toda la historia del planeta. Soy inteligente, simpático y agradable, y no entiendo por qué mi nombre todavía no figura en las enciclopedias. Tengo una mentalidad extremadamente iluminada, tan iluminada que si me pusieran al lado del Sol éste parecería un agujero negro y oscuro comparado con mi radiante aura carismática. Soy tan guapo y sensible... tengo tanto criterio, tanta templanza y saber llevar, que cuando salgo del portal de mi casa los vecinos quieren sacarme a hombros. Las farolas se encienden cuando paso y los semáforos se ponen en verde. La gente sale a los balcones para aclamarme, me piden autógrafos en todos los rincones del planeta, los padres de familia quieren que insemine a sus esposas y a sus hijas para tener un hijo con mis genes y presumir que es suyo. Hago milagros, curo a enfermos y resucito a la gente sólo con mi palabra. No camino por otro lugar que no sean alfombras rojas y pasarelas, y mis únicos humildes medios de transporte son las limusinas y los aviones privados.

Creedme, merece la pena conocerme y hablar conmigo y presumir de tener un amigo como yo. Soy un personaje que jamás se repetirá, de esos que nunca debería morirse, son un genio sin igual.

Pese a todo eso, no me quiero mucho, hoy tengo la autoestima baja y creo que soy la peor persona del mundo si me comparo con el resto. Así que imagina lo que pienso de ti, que considero que eres infinitamente mejor que yo.

Tabla comparativa obtenida mediante el sistema paranoico-crítico de Salvador Dalí


Y recordad, chicos: NO TODOS LOS BLOGS SON UNA MIERDA, LO QUE OCURRE ES QUE EL 98% DAN MALA FAMA AL RESTO.


 

Programa especial: La desaparición del Fary

Me invitaron a un programa de televisión para hablar de la dolorosa pérdida del Fary. Esta fue mi intervención.

 

 

Diario de un exiliado. Capítulo 13. Si yo tuviera una escoba...

Lo que más me fastidia de barrer es esa rayita de mierda que es imposible subirla al recogedor. Barres hacia un lado, barres hacia el otro, pero no hay forma, siempre permanece la puta rayita de polvo en el suelo. Lo que correspondería hacer con esa rayita es meterla debajo de la alfombra y sanseacabó, pero lo que hago es abrir la habitación de alguno de mis compañeros y de un escobazo meto la mierda para adentro y que les jodan, ya que no limpian al menos que se traguen lo que ensucian.

Y es que he tenido que barrer porque la situación en el piso es cada vez más insostenible. Por el pasillo pasean pelusas tan grandes como los hierbajos resecos que ruedan por las llanuras de las películas del oeste. La cocina apesta a perro muerto y desde hace unos días habitan unas moscardas que parecen murciélagos. Aquí ya no se puede vivir. Si viniese un inspector de sanidad y viese en qué condiciones vivimos se moriría de un infarto.

Para colmo el rastafari hace cada vez cosas más extrañas. Un día encontré milagrosamente un vaso limpio y cuando fui a llenármelo de agua vi en el fondo una cosa redonda con patas. Era una araña y me dio mucho asco.

- ¿Qué coño hace una puta araña en este vaso? – grité al verla.

Entonces apareció el rastafari por la puerta.

- ¡No la toques! -dijo preocupado mientras me quitaba el vaso de la mano- la he dejado ahí dentro para que se muera de hambre. Es para un trabajo de clase.

Había olvidado que el rastafari estudia ambientales y estos tienen que hacer ese tipo de cosas tan extrañas. Ahora cada vez que cojo un vaso me aseguro de que no me estoy tragando algún bicho de los que colecciona el energúmeno este. Seguro que ya me he bebido más de uno y ahora dentro de mi cuerpo habitan bichos de todas clases que se alimentan del poco cerebro que tengo y llegará algún día que se lo terminen todo y me acabe convirtiendo en una persona normal, con coche, mujer, hijos e hipoteca.

Las votaciones para el concurso de 20 minutos están llegando a su fin. No seáis hijos de puta y votadme antes de que se acabe haciendo click aquí . Recordad que si lo hacéis estaréis contribuyento a una buena causa .

Básculas

Básculas

La gente aburrida suele utilizar la báscula para pesarse. Algunos viven preocupados por su peso, se deprimen cuando aumentan unos gramos o se alegran cuando adelgazan. Quieren estar en línea para pasear sus cuerpos esculturales por las playas, quieren gustar a los humanos del sexo opuesto (o del mismo) y para ello se matan en los gimnasios, llenan sus estómagos con miles de pastillas para adelgazar y compran todos los productos que anuncian por la madrugada en la televisión.

Sin embargo yo nunca he utilizado la báscula para controlar mi peso. Lo único que hago es pesarme antes y después de cagar para saber cuánto pesan mis mierdas. De este modo puedo contrastar la abundancia de mis excrementos y puedo hacer un cómodo balance sobre mi digestión, hábitos alimenticios y salud en general. ¡No sabéis la alegría que da cuando cago una mierda de casi 500 gramos! Aún así espero poder batir mi marca y llegar algún día a cagar un zurullo de un kilo. ¡Algún día lo conseguiré! ¡Deseadme suerte!

Aprovecho la ocasión para saludar a todos los metrosexuales e idiotas que viven ofuscados con las básculas. 

Diario de un exiliado. Capítulo 12. La cena de mierda

Hoy he asistido a una cena de mis excompañeros de trabajo. Hacía mucho tiempo que no los veía y que no me iba a tomar unas cervezas con ellos. Lo malo que me he sentido fuera de lugar, como si no pudiera integrarme en sus estilos de vida. He hecho todo lo posible por comentar con ellos viejas anécdotas, por hablarles de mi nueva vida, pero es inútil. Entre ellos y yo hay un abismo.

Ellos hablaban de sus proyectos de vida, de las casas que se han comprado, de las reformas de cocina que se han hecho, de lo que han subido sus viviendas durante los últimos meses, de los negocios que están pensando montar y de los hijos que han tenido. Esas conversaciones a mí no me interesan lo más mínimo y soy incapaz de participar en ellas, no sé hablar de esas cosas porque, entre otras cosas, yo no tengo propiedades y no hago nada de eso.

Me sentía un inútil junto a ellos, como si fuera una persona que no se acaba de integrar en el mundo. Como un idiota que todavía sigue estudiando y no tiene proyectos de vida a los 24 años. Ellos se han casado o tienen un relaciones estables y yo sólo puedo hablarles de mi vida de estudiante, de lo que estoy aprendiendo, de cine, de videojuegos, de televisión y de frikadas por el estilo que no le interesan a nadie. Desde que dejé el trabajo para poder estudiar siento que me he convertido en un deshecho social, en alguien raro que no promete nada, que no resulta interesante a las personas aparentemente normales simplemente porque no tengo la cartilla del banco llena. Ellos hablan de sus propiedades, como si lo que poseyeran formara parte de sus vidas, como si eso les hiciese mejores personas. Y a mí me gusta hablar de experiencias vitales, de sensaciones, de sentimientos; en definitiva: me gusta mantener conversaciones interesantes. Me gusta que me hablen de cosas que desconozco y aprender, yo sólo quiero estar con personas auténticas que no estén alienadas.

Me gustaría poder escapar de aquí. Siento que he defraudado al mundo (aunque puede que el mundo me haya defraudado a mí). Quiero ser escritor y he de hacer algo por conseguirlo. Todavía no me arrepiento de haber dejado ese trabajo fijo, gracias a eso no me he convertido en una mierda de persona que sólo piensa en casarse y comprar una puta casa. Prefiero seguir siendo así, un bohemio que camina sin rumbo y que quiere llevar una vida artística, aunque para los ojos de los demás no resulte más que un introvertido idota que no tiene nada que decir, que se eclipsa en conversaciones aburrídisimas. Quiero seguir adelante. Si hubiese continuado con ese puto trabajo de vendedor de teléfonos me hubiese convertido en uno de ellos. Desprecio a todos aquellos que sólo sirven para pagar hipotecas y para contar cuántas letras tienen para pagar a final de mes, sólo preocupan del próximo coche que se van a comprar, creen tener unas vidas plenas y en realidad son esclavos de sí mismos, de sus coches y de sus posesiones. Yo no quiero ser así.

Me gustaría ir a la India y ver cómo es el mundo allí. Sé que allí la gente no vive bien, pero me gustaría verlo. Sé que hay miseria. Sé que hay hambre, sé que los orfanatos están llenos de niños. Pero desde que una amiga fue y vio todo aquello le cambió la vida. Me encantaría descubrirlo y verlo con mis propios ojos.

Mi amiga dice que cuando entró al orfanato no tenía intención de coger a ningún niño. Que iba sólo a dejar unos medicamentos que había comprado para donarlos. Pero vio a un niño de apenas un año que estaba llorando. Entonces ella lo cogió y el niño dejó de llorar al instante. Se agarró a ella y se tranquilizó. Después ella no pudo deshacerse de él, era un niño que no tenía madre, un niño que vivía con otros niños que no tenían padres. Estuvo durante dos horas con ese niño en brazos y nunca olvida el momento en el que tuvo que volver a dejarlo donde estaba repleto de felicidad porque alguien le había prestado atención. Me contó que durante mucho tiempo estuvo llorando recordando a aquel niño... y ahora cuando lo cuenta todavía se emociona
.... yo quiero llenarme de sensaciones así. Esas son las experiencias vitales que quiero experimentar. Quiero aprender de la vida y saber apreciar lo que tengo. Quiero organizar un viaje a la India para este verano. Aunque lo difícil será reunir todo el dinero que me hace falta para poder realizarlo. Pero no puedo quedarme más tiempo aquí, viviendo como un puto pijo niño de papá, no quiero ser uno más: uno de esos que quiere sacarse una carrera para alcanzar una estabilidad y luego hablar de los coches y pisos que se han comprado. No. Si yo comencé a estudiar comunicación audiovisual es porque quiero transmitir a la gente lo que siento, porque quiero dar voz a las personas olvidadas, porque quiero viajar por los países recónditos de África, porque quiero ser corresponsal de una guerra y contar lo que allí ocurre, quiero hacer algo por el mundo, quiero mostrar a través de mis ojos las cosas que ocurren. No soy uno más. Soy alguien grande. Y así no me voy a quedar. Creedme.

Diario de un exiliado. Capítulo 11. El ludópata

Diario de un exiliado. Capítulo 11. El ludópata

Mi vida es mucho más lamentable que antes. Me he aficionado a las partidas nocturnas de poker y también llevo unos días yendo al casino. Suelo jugar al poker en casa de un compañero de la facultad que organiza las partidas. Me encanta jugarme el poco dinero que tengo, cuando no tienes nada hay poco que perder.

En el casino también me divierto. Esta semana ha sido la primera vez que he ido a uno y lo cierto es que me ha encantado. Entré jugándome cinco euros y acabé con treinta. Me fui contentísimo a casa, como si me hubiese emborrachado. Ahora entiendo lo que contaba Dostoyevski en El jugador . Cuando lo leí no entendía la mentalidad de un jugador, pero ahora lo sé porque lo puedo experimentar en mis carnes. Lo primero que hago al salir del casino es pensar en cuando voy a volver. La sensación de ver caer la bolita en tu numerito, tu color o tu docena no se puede comparar con nada. Tenéis que probarlo, seguro que se os quitan todas las penas que tengáis.

También llevo una viciada descomunal al Pro Evolution Soccer 6 , ahora mismo soy invencible. Gano a todos los impresentables que juegan contra mí. Desde aquí quiero retar a cualquier mortal que crea que pueda ganarme , seguro que a los pocos minutos de comenzar la partida se arrepentirá de haberlo hecho y se ira con el culo escaldado a su puta casa.

La ruleta es una droga. No quiero ni imaginar cómo será el hipódromo, desde que leo a Bukowski tengo ganas de ir a uno. Si ya me emociono cuando veo caer la bolita en mi número el día que mi caballo entré el primero en la línea de meta me volveré loco. Y no quiero hacelo por el dinero, sino por diversión. Intentaré apostar a los caballos antes de que se acabe el curso.

Y hasta aquí todo por hoy. Mañana más.

El saber no ocupa lugar

El saber no ocupa lugar

En una habitación hay colgada una orla de licenciados en filosofía de la universidad de Valencia. En una de esas fotos está él, Oscar, con semblante sonriente.

Oscar está tumbado en su cama, las sábanas son blancas, las paredes blancas, su ropa blanca. Su tripa ruge, es mediodía, hora de comer. Se levanta y se dirige a su cocina blanca. Abre su nevera blanca y ve que no hay ni un solo alimento. Tan sólo hay un libro blanco en una de las rejillas. Lo coge, es la crítica de la razón pura de Kant, lo pone en un plato. Coge un salero y sazona el libro como si fuera lo más normal del mundo. Mete el plato con el libro dentro del microondas blanco, programa el tiempo y cierra el microondas. Pasa el tiempo, suena la campanita del microondas, saca el plato con el libro calentado y se va al comedor. Pone el plato sobre la mesa, coge una servilleta y se la pone sobre su camisa blanca para no mancharse. Coge un cuchillo y un tenedor y mira al plato con ganas de devorarlo. Pero su rostro cambia, le invade una tristeza enorme, parece que va a llorar. El libro ha desaparecido del plato y ahora tan sólo están las espinas de un pescado. Sigue teniendo hambre, pero no puede comer.

Se levanta de la silla, se sienta en su sofá gris y enciende la tele. En la tele aparece el presentador del programa Saber y ganar, y anuncia una pregunta en la que los concursantes podrán ganar miles de euros si responden correctamente. La pregunta es la siguiente: ¿En qué libro de Kant se expone la tesis de que religión y moralidad pueden fundarse en la razón?

Oscar observa el programa con indignación, su rostro se vuelve iracundo, no lo soporta más, se le hinchan las venas de la frente y se levanta de un arrebato. Se acerca al televisor, arranca los cables de cuajo, lo coge, se dirige al balcón que está en esa estancia y lo lanza con rabia. Se escucha un estruendo enorme. Los transeúntes se paran alrededor del televisor y miran hacia arriba, no ven a nadie, chismorrean entre ellos. Se ve a Oscar que ha bajado de su casa y pasa por al lado de ellos, los mira con desprecio y pasa de largo.

Oscar se dirige al supermercado, pero en la puerta ve a un mendigo que pide para comer. Se detiene delante de él y lo mira con piedad, piensa que hay gente que está peor de él. En un alarde de infinita generosidad saca el libro de Kant y lo pone en su cuenco de monedas. El mendigo lo mira extrañado, no entiende por qué le ha dejado un libro, coge el libro y lo abre, agita sus hojas y ve que no cae nada de valor de dentro de ellas, el mendigo se cabrea y le lanza el libro en la cabeza y le insulta. Oscar lo mira muy sorprendido, hace gesto de no entender cómo alguien rechaza algo tan valioso, como si le hubiera dado un billete de 500 euros. Recoge el libro del suelo, se lo mete en el bolsillo y entra en el supermercado.

Luego pasea entre las estanterías del supermercado, ha llenado su cesta con un paquete de pasta y un bote de tomate. No le hace falta más. Pero pronto se cruza con una joven de buen ver que va de negro, lleva una caña de pescar levantada, en el anzuelo cuelga un letrero que dice: Compra algo que no necesites. Oscar la ignora, le da la espalda, se mete en otro pasillo y se le encuentra de frente acercándose hacia él. Él se asusta y vuelve atrás por otro pasillo y vuelve a encontrarse con ella de cara. Tiene un semblante siniestro y amenazante, su cara está llena de sombras. Oscar no sabe qué hacer, mira a su alrededor y ve unas chocolatinas, las mete en su cesta y vuelve a mirar a la chica de negro. Ella dibuja una leve sonrisa y se marcha con su caña de pescar.

Luego se dirige a la caja. Pone lo que ha comprado sobre la cinta, la cajera le indica el importe de la compra señalando la pantalla electrónica. Oscar mira con indiferencia el importe y como si sacase un billete de su cartera saca su libro, arranca una hoja y se la da a la cajera. La cajera mira estupefacta la hoja y no sabe si echarse a reír o asustarse por estar ante un loco, así que se gira buscando con la mirada al guardia de seguridad, el guarda de seguridad la ve, ella levanta la mano y le hace un gesto de que se acerque. Oscar ve que se acerca el guardia de seguridad a por él, se siente amenazado y antes de que llegue se lanza a correr para que no le coja. El guardia de seguridad sale corriendo detrás de él. Oscar sale a la calle y sigue corriendo, va en contra dirección de toda la muchedumbre, nadie camina en la misma dirección que él. Atraviesa un paso de cebra en el que sólo pisa las líneas negras, el resto de la gente pisa las franjas blancas. El guardia de seguridad se ha quedado atrás y deja de perseguirlo para volver a su puesto.

Oscar sigue corriendo un poco más y cuando dobla la esquina cae rendido de cansancio, se apoya sobre sus rodillas y resopla. Mira a su lado y ve un cartel que dice: Se ofrece empleo. Se reincorpora, está oscureciendo, sobre él se ve el cielo crepuscular. Se planta delante de la puerta donde ofrecen un empleo y tras dudar unos segundos entra.

Aparece en una estancia muy oscura y muy negra. En la pared ve un letrero en el que pone “Oferta de trabajo” y una flecha que apunta a unas escaleras que bajan. Casualmente sobre el letrero se encuentra la luz de emergencia con la inscripción “Salida de emergencia” que apunta hacia las mismas escaleras. Oscar baja las escaleras y encuentra una estancia similar, pero más deteriorada y más oscura, encuentra un cartel que indica que tiene que bajar por otras escaleras. Baja y aparece en otra estancia mucho más deteriorada, las paredes llenas de manchas y suciedad, un cartel le indica que baje. Llega abajo del todo, hay un pasillo oscuro en el que hay una tubo de luz que funciona a intervalos, al final del pasillo hay una puerta en la que dice “oferta de trabajo” y sobre la que se sitúa la luz de emergencia con el letrero de “salida de emergencia”. Con pasos temerosos avanza, la luz se enciende y se apaga, él está sucio y sudoroso. Abre la puerta con miedo y se adentra.

En la habitación hay una mesa redonda iluminada desde arriba, el fondo es negro, muy negro. Hay un hombre sentado que lleva un sombrero y un puro en la boca. Oscar lo mira y el señor le ofrece el asiento que está situado enfrente de él. Oscar se sienta y espera. El señor con sombrero saca un fajo de billetes del bolsillo y los agita. Se los acerca a Oscar y él se dispone a cogerlos, de pronto le aparta los billetes, le niega con la cabeza. Saca de otro bolsillo una pistola y se la da. Oscar la coge y no sabe qué hacer con ella. El señor con sombrero hace un gesto con la mano como apuntándose con una pistola en la sien y disparando, invitándole a hacerlo. Oscar, tras muchos titubeos, coge la pistola y se la coloca en la sien. El señor con sombrero se levanta, le da unas palmaditas en el hombro y se marcha de la estancia. Oscar cierra los ojos, se da un disparo y se cae al suelo. Se ve un reloj en el que pasan siete horas, más una extra. Cuando pasa ese tiempo Oscar abre los ojos y resucita, pero la herida no se le ha ido de la cabeza, con gesto confuso se levanta, lee un letrero en el que dice “hasta mañana” y abandona la estancia.

En el suelo ha dejado olvidado su libro, sobre el que sopla un viento procedente de ningún lugar que hace pasar las páginas que ahora están en blanco.

Rosa

Rosa

Había quedado con Rosa en el bar de siempre. Tenía ganas de verla, los dos días que habían pasado desde la última vez que nos vimos me parecían una eternidad. Ella era muy especial para mí. Pensaba todo el día en ella; me despertaba pensando en ella, me acordaba de ella en cada acción que hacía a lo largo del día, en el reproductor de mp3 tan sólo ponía las canciones que habíamos escuchado juntos; cada vez que me vestía, aunque no la fuera a ver, pensaba si a ella le gustaría lo que me iba a poner. Quería gustarle, era lo único que me preocupaba en la vida.

No hacía mucho me dijo que ella también pensaba mucho en mí, que hablaba de mí a todo el mundo, que sus amigas le decían de broma que se ponía muy pesadita cuando se ponía a hablar de mí. Eso me halagó mucho. Parecía que ella iba sintiendo por mí lo mismo que yo por ella. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien con una chica, ella me inspiraba confianza y seguridad, algo que no había hecho ninguna hasta el momento.

Llegué al bar antes que ella pero no quise entrar, prefería esperarla en la puerta pese al frío que hacía. Hundí mi cuello entre la chaqueta y la bufanda, levanté los hombros y metí las manos en los bolsillos para resguardarme del frío mientras miraba a un lado y a otro. Tras cinco gélidos minutos de espera interminables la vi aparecer. Dejé de apoyarme en la pared y me incorporé para ver cómo se acercaba. Estaba más guapa que nunca. Intenté disimular mi alegría al verla, escondí mi sonrisa tras la bufanda, aunque sospeché que se notaba. Cuando me vio sonrió, llevaba un gorro blanco que contrastaba con su fino pelo moreno. Llevaba una chaqueta de plumas, pero se podían adivinar las insinuantes curvas de su cuerpo. Simplemente era perfecta.

Nos dimos dos besos y entramos. Nos dirigimos al rincón y nos sentamos en unas banquetas que tenían un tapizado de piel de vaca. Ella se quitó la chaqueta y disimuladamente miré su adorable cuerpo. Cuando me miró desvié la mirada, pero no dejé de fantasear con ella. ¿Llegaría el día en el que caería rendida a mis brazos? Comencé a imaginar cómo sería ese momento que tanto ansiaba.

- Ariel -me diría-, tengo que confesarte algo, es algo que no puede permanecer dentro de mí más tiempo o estallaré, verás... eres el hombre de mi vida. He estado mucho tiempo ocultándolo pero no puedo más, te quiero Ariel, desde el primer momento en el que te vi. No puedo soportar estar un día sin ti.
A lo que yo le respondería:
- Yo también siento lo mismo, desde que te vi que quise conocerte, sabía que eras mágica, que no eres como las demás. Yo también he sentido lo mismo que tú durante este tiempo.
Entonces nos besaríamos y seríamos felices.

¿Pero cuándo llegaría ese día? Tenía la esperanza de que hoy fuera ese día y si no lo era al menos quería decirle algo, pero no sabía si me atrevería. Siempre fui un cobarde.

Veía las miradas que le arrojaban otros tíos que estaban en el bar. Era imposible no fijarse en ella, era realmente guapa. Se notaba que a todos les encantaría follársela, luego me miraban a mí y hacían un gesto de no comprender por qué una tía así estaba con alguien como yo. La diferencia entre ellos y yo es que yo no era un cerdo ni un salido, o quizás sí, pero al menos lo disimulaba. Realmente la quería, quería protegerla, cuidarla y ofrecerle lo mejor de mi persona. Para mí no era un trozo de carne más.

Quería decirle lo que sentía por ella, pero estaba seguro de que ella ya lo sabía, a veces no hacían falta las palabras para expresar lo que uno siente. Mi mirada y mis gestos se lo decían, era imposible que ella no lo supiera. Y lo que era más esperanzador, ella lo sabía y estaba conmigo. ¿Por qué estaba conmigo y no estaba con otro? Podría irse con otro, con quien le diese la gana, pero no, seguía allí, conmigo, pese a que sabía que me gustaba. Eso sin duda significaba algo, no quería hacerme ilusiones pero podría darse la quimérica posibilidad de que yo también le gustase. No hacía mucho me mandó al final un mensaje un TQ y eso no se lo mandaba a cualquiera. Yo inmediatamente le contesté y también le puse un TQ al final acompañado de unos besos. No había noche que no nos mandábamos un mensaje deseándonos las buenas noches. Sin duda esta historia prometía, todo estaba a mi favor, pero no me atrevía a dar el paso, seguía siendo el mismo inseguro de siempre.

Pedimos unas bebidas, ella una cocacola y yo una cerveza. Era muy habladora, una vez estuvimos cinco horas hablando por teléfono, me dijo que era su record, que nunca antes había estado hablando con alguien tanto tiempo. Ahora me hablaba de los problemas que tenía con su amiga, una que dejó de hablarle sin motivo alguno. Me gustaba escucharla y siempre estaba atento a lo que decía. Quería quedarme con todos los detalles de las cosas que me contaba para poder darle algún consejo útil cuando me preguntase qué podía hacer, quería ayudarla y que se diese cuenta de que conmigo no iba a tener problemas, que yo podría ayudarla a solucionarlos todos con mi sabiduría y experiencia. Debía impresionarla con alguna frase reveladora y comencé a rebuscar en mi memoria alguna frase impactante de uno de esos libros místicos que me leía, seguro que le encantaría. Debía tratar a toda costa de demostrarle que yo era alguien especial.

Pero antes de decirle lo que sentía debía tantear el terreno, tenía que estar seguro de que yo también le gustaba. Pero no sabía cómo hacerlo. Lo único que se me pasó por la cabeza fue preguntarle cómo le fue el fin de semana.

- Uff, te tengo que contar muchas cosas. No sé por dónde empezar. ¿Te acuerdas del chico que iba a mi clase con el que me reencontré?

Recordaba la historia perfectamente. Se trataba de un chico que iba a su clase cuando ella tenía poco más de diez años y que entonces le gustaba. Perdieron el contacto cuando se fueron al instituto. Pero no hacía mucho se encontraron por casualidad, se saludaron, se preguntaron por sus vidas y como puro trámite se intercambiaron teléfonos y direcciones de correo. Desde entonces hablaban por messenger y ella supo que él tenía novia. Pese a eso, el chico no dejaba de invitar a Rosa a su casa para recordar viejos tiempos. Ella preguntaba ingenuamente por qué quería quedar en su casa y él dijo que así era mejor, porque la gente no podría pensar nada malo si les veían en alguna cafetería y su novia no se enfadaría. Sin duda alguna se la quería follar y le puse alerta al respecto cuando me lo contó. Ella tomó nota de mi consejo y desde entonces le daba largas cada vez que le invitaba a su casa.

- Claro que lo recuerdo, ¿Qué pasa? ¿Has quedado con él? - pregunté interesado. La historia con él se había convertido en un culebrón, ambos nos divertíamos comentando la poca vergüenza que tenía el chico por tener novia y que le tirase los tejos a ella.
- No, mucho peor.
- ¿Qué ha pasado? - pregunté ansioso y extrañado.
- Pues como te comenté no paraba de invitarme a su casa. Yo no quería ir y le decía que si quería quedar conmigo tenía que ser en un sitio público, pero ante su negativa decidí vengarme. Así que quedé con su mejor amigo.
- ¿Con su mejor amigo? ¿El garrulo que te presentó por el messenger?
- Sí, ese.
- ¿Y qué ha pasado?
- Prefiero no hablar de ello.
- ¿Cómo que no?
- No lo he asimilado todavía.
- ¿Cómo que no lo has asimilado? ¡Cuéntamelo! ¿No confías en mí?
- Si no es que no confíe en ti, es que no me apetece hablar de ello.
- ¿Qué pasa? ¿Os liasteis?

Estaba acostumbrado a que ella me contara historias de tíos que le acechaban. Era normal en una tía así que doscientos tíos al día intentasen abordarla. No era nuevo para mí. Pero esto me estaba resultando muy sorprendente. Ella me miró con cara de cordero degollado y asintió con la cabeza.

- ¿Cómo has podido? ¡Si me dijiste que era un garrulo!
- Ay, no sé. No quiero hablar de ello.
- Pero cuéntamelo, si no pasa nada, si aquí hay confianza -quería saber qué sucedió allí.
- No, no, si no es por falta de confianza, simplemente ahora no es el momento de contarlo.

Respiré hondo. Estaba confuso. Un cuchillo afilado estaba atravesando mi pecho. Di un trago a la cerveza y me giré para ver cómo jugaban al billar. El chico que jugaba apuntó a la bola blanca, lanzó y metió una bola lisa. Se disponía a lanzar otra bola...

- ¿No dices nada? - me preguntó.
- Emm, si no me cuentas qué ha pasado no puedo decir nada -respondí.

Seguí mirando la partida de billar, no quería que se notase que me estaba rompiendo por dentro, debía disimular, no quería parecer un imbécil derrotado. Tenía que parecer como si a mí no me importase con quién se liara ella, no podía soportar la idea de que ella notase el disgusto que estaba invadiéndome. Me horrorizaba que se diese cuenta de que soy un gilipollas. Di otro trago a la cerveza y la dejé sobre la mesa sin soltarla. La miré a ella.

- Dime algo ¡No te quedes así! –insistió.
- Bueno, de momento no digo nada. Ya me lo contarás cuando estés preparada -dije fríamente. Todas las frases que había pensado para ella se habían esfumado de mi cabeza. No imaginaba que acabaría dándole consejos sobre otro tío.

Seguía con el botellín de cerveza en mi mano. Estaba nervioso. Presioné muy fuerte la botella. De haber sido de plástico la hubiese destrozado. Quería salir de allí pero ante todo no quería que percibiera mis sentimientos. Estaba muy tenso. Miré la botella y me dieron ganas de estrellarla contra la pared y dar un grito, pero debía aguantarme, al fin y al cabo yo sólo era un imbécil que se había hecho ilusiones con la tía más guapa de la ciudad, debía volver a mi lugar solitario y recordar que yo nunca iba a gustarle a una chica así, que ellas prefieren a los chulos de playa, a los imbéciles, a los descerebrados o los garrulos.

- Bueno, pues hablemos de otra cosa -dijo ella.
- De lo que quieras -contesté yo.
- ¿Estás mejor del resfriado? -preguntó.

Hice de tripas corazón y continué la conversación como si nada. La tensión continuaba en mí y quité todas las etiquetas de la cerveza poco a poco, las doblé, las enrolle e hice miles de figuras con ella. Tan sólo deseaba irme de allí.

Estuvimos dos horas allí metidos. Yo no iba a decir que quería irme, en ningún momento debía notarse mi malestar, así que fue ella la que sugirió que nos fuéramos a lo que accedí gustosamente. Salimos, cada uno había aparcado en un extremo de la calle, así que tuvimos que despedirnos y nos dimos dos besos.

- ¿Y mañana qué? -me preguntó.
- ¿A qué te refieres?
- ¿No te acuerdas? La semana pasada me dijiste que me ibas a invitar al cine.
- ¡Ah! ¡Es verdad! Mañana te doy un toque y quedamos ¿vale?
- Vale, ¡hasta mañana bonico!

Me giré. Bonico me había dicho... mala puta, cerda, guarra, que asco me daba. ¿Cómo se podía jugar así con la gente? ¡Ella sabía que me gustaba! ¡Lo hacía a propósito! ¡Quería ponerme a prueba! Yo ya estaba harto de que jugasen conmigo, no podía soportarlo más y me fui a casa.


Al día siguiente me despertó mi madre.
- ¿No has ido a clase hoy?
- No, mamá -le dije desde la cama- vuelvo a estar mal del resfriado.
- Tómate algo, si no ve al médico.
- De acuerdo.
- Por cierto, ¿Sabes que han roto el espejo del ascensor? ¡A ver si averiguan quién ha sido y que lo pague! ¡Es que no paran de cargar muebles dentro y no se puede!
Cerró la puerta sin esperar una respuesta.

Levanté la manta que me cubría. Saqué mi mano vendada y cogí el móvil de la mesita. Le di al menú de contactos y busqué su nombre. Tenía que llamarla para ir al cine. Seleccioné su nombre. Rosa. Le di a opciones y luego a borrar.

¿Está usted seguro de borrar este contacto?
Sí.

Me metí en la cama y me tapé.
Tan sólo quería dormir tranquilo.

Tengo la autoestima por las nubes

Tengo la autoestima por las nubes

Soy un ser completamente despreciable. Me doy un asco indescriptible, soy como un virus que habla. Nunca maduro, nunca aprendo, jamás creceré, soy vomitivo y todo lo que toco se pudre. Los de Greenpeace deberían iniciar campañas contra mí porque no hago más que contaminar al mundo con mi presencia. Muchas veces pienso que soy la aberración de la materia, que un ser como yo no merece ni vivir. Es imposible saber cómo puedo ser tan feo, tan raro, tan insociable y tan desagradable. Es extraño que un espermatozoide como yo haya ganado la carrera hasta el óvulo; o bien la calidad del esperma era ínfima; o gané haciendo trampa; o maté a todos mis contrincantes; o simplemente, los que viajaron conmigo vieron que me dirigía por un camino y pensaron: “Si el idiota este, que no sabe ni donde está parado, va por ese camino, es que debe ser por el otro”.

No merezco tener hijos porque sería una desgracia poseer mi carga genética. Soy un piojo sin sentimientos que sólo dice barbaridades. Soy la vergüenza del ser humano. Merezco ser torturado, maltratado, asesinado y una vez muerto que troceen mi cuerpo y se lo den de comer a los cerdos para que me conviertan en embutido y en mierda, y así volver a mi verdadero estado natural. Puedes escupirme si me ves, insúltame sin piedad cuando te cruces conmigo, mata a toda mi familia por ser los culpables de crearme, pincha las ruedas de mi coche, quema mi casa, denúnciame ante la justicia por ser tan repugnante, roñoso y mezquino. Que me condenen a muerte y que borren todos los archivos del registro civil donde aparezco para que así nadie recuerde que alguna vez existí. Bórrame de tu memoria para que no se te pudran las neuronas con mi recuerdo.

Y todo esto lo digo en una época donde está de moda quererse a sí mismo. Yo no soy una excepción, me quiero más que a nadie... así que imagina lo que pienso de ti.

Si votas a este blog estarás contribuyendo a una buena causa

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Programa electoral de En Tierra Firme de cara al concurso 20 blogs (ejercicio de demagogia barata)
 
Independientemente de que 8 de cada 10 ginecólogas recomienden leer mi blog, hay muchos más motivos por los que vale la pena votarme. Si me votáis y conseguís que gane estaréis contribuyendo a una causa benéfica. Aunque sé lo que estáis pensando, creéis que voy a donar mi premio a una asociación benéfica como hizo el ganador del año pasado, nuestro querido Rafael Fernández . Creéis que voy a tocaros la fibra sensible hablando de alguna tribu Africana que sufre la lepra. Pero no.

Lo mío va más allá. No cometeré el error de donar mi premio a ninguna entidad benéfica. Yo lo donaré todo el dinero a Fnac a cambio de una cámara de vídeo . Pero ahí no se acaba todo, queridos amigos, con ella podré rodar mi primera película de bajo presupuesto y gracias a eso conseguiré ser la revelación de los Goya en la edición 2009. Esto hará que muchas productoras cinematográficas se interesen en mí y quieran subvencionarme los múltiples proyectos geniales que tengo en mente, como es habitual en mí.

Además, podré sacarme la carrera mientras trabajo en el blog de 20 minutos y aprendería cosas que me interesan saber. Después, cuando ya sea toda una estrella mediática en España y Fernando Sánchez Dragó ya esté cansado de invitarme a su programa, subiré un peldaño más y me daré a conocer mundialmente. Haré una película con dinero norteamericano y esta será la película más premiada de la historia del cine. Ningún crítico será capaz de encontrar ningún defecto en ella porque será lo nunca visto. Esto hará que mi fama aumente mundialmente y que me convierta en una figura mediática sin precedentes.

Entonces, cuando ya sea rico y famoso, podré dedicarme a lo que más me gusta aparte de follar: la literatura. Comenzaré a escribir libros cuyos beneficios irán destinados a acabar con las injusticias sociales. Con ello conseguiré que ningún niño pase hambre y que todos reciban educación. Yo ya habré renunciado a ganar más dinero porque me conformaré con lo que tenga. Seré tan rico que podré pagar a todo el mundo su comida, su vivienda y su educación. Finalmente, conseguiré que la ONU reconozca la alimentación como un derecho humano , ya que en el año 1982 se quiso aprobar pero todos los países votaron a favor menos los criminales de ESTADOS UNIDOS .

Cuando sea el hombre más influyente del mundo iniciaré una auténtica revolución social. No tendré nada que ver con los timadores de la fundación Bill Gates, cuyo único fin es ayudar a los países en vías de desarrollo para aumentar el mercado de sus productos Microsoft.

También conseguiré derrocar a los gobiernos que no hagan nada por los países más pobres. Me bastará señalar con un dedo a los gobernantes no comprometidos con mi causa y todos mis seguidores (la inmensa mayoría de la población mundial) dejarán de depositar su confianza en él y perderán las elecciones.

Gracias a mí comenzará una nueva guerra jamás vista anteriormente, una guerra que no perseguirá fines económicos: La guerra contra el hambre. Nosotros no atacaremos a los terroristas. Nosotros favoreceremos a los más necesitados y los terroristas verán que somos gente de bien y ya no querrán ponernos bombas. Habremos combatido a todos ellos dando lo mejor de nosotros y no enviando a más soldados, como hacen algunos .

Pero todo esto no será posible sin tu voto. Así que por lo que más quieras vota por este blog . No es por mi bien ni por el tuyo; es por el de toda la humanidad.

Y ahora, tan sólo me quedan decir las típicas palabras de rigor que todos los participantes dicen cuando piden el voto. Me gustaría decir que ya sé que no tengo posibilidades, que tan sólo me he apuntado a este concurso para darme a conocer, que hay miles de blogs mejores que el mío y que merecen ganar. Pero no puedo, si lo dijera estaría mintiendo. Yo tengo el blogs del que todos los participantes hablan cuando dicen: “Yo no creo que gane, hay cientos de blogs mejores que el mío, pero si me votáis seré más feliz que una lombriz”. Queridos hermanos: yo soy la punta de la pirámide. No hay nadie por encima de mí. Soy el mejor, el ganador invencible, junto a mis amigos .

Y recordad:
Yo soy el camino, la verdad y la vida.
El que crea en mí vivirá para siempre.
 
 
Recomendaciones del día:
No dejéis de visitar dos de los blogs que he encontrado en el concurso y que son una joya:
1. El blog de mierda
2. El sabio blanco.
 

Y no dejes de votarme!
(Mejor blog de fricción)
 

Entrevista inédita al ilustre actor japonés Toshio Mifune

Nota introductoria


La entrevista se realiza durante la fase final del rodaje de “Los 7 Samurais”, (año 1954) al actor Toshiro Mifune, el cual lleva interpretando el papel de Kikuchiyo durante meses. Esto hará que durante la mayor parte de la entrevista se comporte como el personaje que encarna. De este modo, podremos plantearle preguntas sobre su trayectoria, sobre la película que protagoniza y sobre los métodos de trabajo de Akira Kurosawa. Finalmente, nos dará sus impresiones sobre la evolución del cine japonés de la época.


ENTREVISTA

El personaje se encuentra sentado sobre sus tobillos en una mesita, acompañado de una mujer vestida con traje típico japonés que le sirve. Sobre la mesita vemos distintos objetos habituales en una escena japonesa: una tetera humeante, una taza, una jarrita de sake con su tacita y un bol de arroz vacío con un par de palillos apoyados sobre ella.

Entrevistador: Buenos días Toshiro Mifune, gracias por habernos recibido en pleno rodaje. Es todo un honor para nosotros.

Toshiro Mifune: (Hace un gesto seguro de sí mismo indicando que se siente a su lado)

E: ¿Qué estás haciendo ahora?
TM: Estamos acabando de grabar la nueva obra de Akira, los Siete Samuráis.
“Kurosawa Akira no atarashii sakuhin, “shichinin no samurai” wo toriowaru tokoro desu ne”

E: ¿Qué nos puedes destacar de esta película?
TM: En esta película se cuenta la historia de siete guerreros auténticos. Es una historia tan universal que hasta cualquier demonio extranjero sería capaz de adaptarla en su propio país.
“kono eiga ni wa shinsei no shichinin no samurai no monogatari ga katarareteimasu. Doko no hito demo jibun no kuni ni awaserareru hodo fuhenteki na hanashi desu”


(Mientras habla, el entrevistador se siente incómodo de rodillas, no encuentra la postura ideal. Se nota que es occidental.)

E: Dime Toshiro, ¿Cuándo comenzaste a trabajar con Ku...ku.. (mira el papel que lleva y se acuerda) Kurosawa?
TM: ¿Toshiro? Últimamente no respondo a ese nombre. Desde hace unos meses soy Kikuchiyo y, como Akira me recomienda, me suelo meter tanto en el personaje que me olvido de mí mismo. Respecto a tu pregunta... conocí a Kurosawa durante el rodaje de Ginrei No Hate, enseguida le gusté porque no soy tan lento como el resto de actores japoneses. (Lo dice con un tono muy prepotente)
“Toshiro? Saikin ha mou, sono namae de yobareteinai. Nankagetsu mae kara Kikuchiyo ni natte ite, Kurosawa no osusume de jibun wo wasureru kurai haiyaku ni hairikondeimasu. Sorekara, shitsumo no koto desu ga… Kurosaka ni hajimette atta no wa “Ginrei no Hate” no satsuei de, ore wa hoka no nihonjin haiyuu mitad ni hannou ga osokunai node sugu ki ga aimashita.”


(Durante su intervención la japonesa se levanta de su rincón. Con gesto sonriente, se arrodilla y sirve una taza de té y otra de sake según la tradición. Después se retira, vuelve a su rincón y agacha la cabeza.)

E: (Bebe un poco de sake)Usted… (hace gesto de “qué fuerte está esto”)¿cómo se prepara sus personajes? Debe ser difícil meterse en la piel de un ser de otra época, ¿no?

TM: En absoluto. Yo provengo de una estirpe de samuráis que se remonta a la era Edo, mantenemos nuestras tradiciones y nos sentimos realmente orgullosos de ello. Sólo tengo que pensar en alguno de mis antepasados y ser él.
“mattaku. Ore wa Edojidai ni sakanoboru kakei kara kuru no de, dentou wo tamotteiru no ha hokori desu. Jibun no senzo no koto wo omoidashite, sono tachiba ni tatte miru dake desu.”

E: (Hace gesto de no saber qué preguntar) ¿No crees que el cine japonés es un poco lento?
TM: (permanece entre 5 y 10 segundos callado sin inmutarse) (Dice una parrafada en japonés, como diciendo que la pregunta es inadecuada y en el subtítulo o doblaje tan sólo aparece un NO.)

E: ¿Y hacia dónde crees que evoluciona el cine japonés?
TM: Creo que ahora el cine japonés debe ejercer una función social, debemos transmitir esperanza al pueblo después del gran desastre que hemos sufrido. Debemos resurgir de nuestras cenizas, tenemos que demostrar que somos un pueblo grande (Cada vez se emociona más), pronto Japón volverá a ser una potencia económica mundial.
“ima no nihoneiga wa, sensou no sanka no kurushimi wo ajiwattte kita nihonjin ni wa atarashii kibou wo ataeru shakaiteki na yakume wo hatasu beki da to omoimasu. Hai no naka kara yomigaette, nihonminzoku no subarashisa wo misenakute ha ikenai n desu! Yagate nihon wa sekaiteki na keizaitaikoku ni modorimasu!”

(Toshio se levanta cabreado, saluda y se marcha)

(El entrevistador con gesto de no comprender nada mira a la cámara y se corta la emisión)

El genio

El genio

No hace mucho tiempo me ocurrió algo insólito. Fui a una tienda de antigüedades a buscar algún trasto útil para casa. Me puse a buscar en una caja entre un montón de chatarra y allí encontré una lámpara que tenía un brillo un tanto especial. La cogí fascinado. Sabía que tenía un valor incalculable, pero la roña la hacía pasar desapercibida entre tanta basura. Froté la lámpara con mucho entusiasmo y de ella salió un fabuloso genio.

Yo estaba boquiabierto.

-Te concedo tres deseos –me dijo.

No me lo podía creer. ¡Por fin se iba a hacer justicia conmigo! Hacía mucho tiempo que esperaba un golpe de suerte así. Siempre había estado convencido de que mi suerte cambiaría algún día, que las cosas no siempre me iban a salir mal. Por fin había llegado mi fortuna, sin duda alguna la merecía. Este genio me iba a hacer olvidar todos los años de angustia que he pasado, por fin conseguiría todo aquello que siempre he querido y alcanzaría las metas por las que siempre he luchado sin cosechar ningún éxito.

¿Pero qué era lo que quería?

Comencé a cavilar sobre el asunto. En lo primero que pensé fue en pedir dinero y mujeres. En llevar una vida lujuriosa y derrochar toda mi fortuna en fiestas, drogas, borracheras y putas. Pero no acababa de convencerme, siempre me prometí que cuando llegase el éxito (aunque no me imaginaba que iba a llegar así) nunca dejaría de ser yo mismo. Jamás había derrochado de ese modo, eso no iba con mi personalidad. ¿Qué sentido tenía pedir eso? Comprar cosas no me hacía feliz; mis posesiones terminarían por poseerme. Además, no quería depender del dinero. El dinero era una mierda, lo único que hace es corromper todo y jamás me iba a dar lo que buscaba. Así que descarté esta opción.

Después me vino a la memoria la típica trampa que siempre quise tenderle al genio; si realmente podía conceder cualquier deseo, también podría cambiar la norma de las tres concesiones, y en vez de tres, podría pedirle que las cambiase por las que a mí me diesen la gana. Pero haciendo esto estaría incumpliendo las normas del juego que hay que respetar. Estaría jugando sucio. En los cuentos siempre aparecen una serie de normas inexplicables que el protagonista debe cumplir, en cuanto se rompen estas normas se rompe el hechizo o aparece el lobo. Hay que respetar las normas de los cuentos, aunque no las entendamos, aunque sean una mierda. Por lo tanto también descarté pedirle eso, tenía miedo de cagarla.

Mis deseos más lujuriosos dejaron paso a otro deseo más vivo: encontrar el amor verdadero. Sería maravilloso encontrar, por fin, a esa otra persona que circula por algún lugar del mundo, a esa que todavía no has conocido pero sabes que está hecha para ti. Pero, ¿Qué iba a hacer el genio para darme a esa persona? Seguramente escogería a una chica y la sometería a un encantamiento que la haría enamorarse de mí enloquecidamente. Entonces la chica no estaría actuando bajo los efectos del verdadero amor, sino bajo los influjos de la magia de un genio. Ella tan sólo estaría cumpliendo órdenes. Eso no sería amor, sería un montaje. Yo quería que mi amada actuase por voluntad propia y no porque yo lo haya pedido. Eso sería lo mismo que obligar a una persona a que se prostituya. Y no, yo no quería eso.

Luego pensé en pedir la inmortalidad. Así alcanzaría esa vida eterna que ninguna religión me puede a dar, podría espantar el miedo a la muerte, podría conocer todas las culturas venideras y tener un amplísimo conocimiento del mundo. Pero enseguida me acordé de la película de “Los inmortales”, o de “Entrevista con el vampiro”. Vería a todas mis amantes morir con el paso del tiempo, vería a todos mis amigos caer generación tras generación. Estaría sufriendo constantemente porque nunca encontraría a nadie como yo. Además, también pensé en un futuro a largo plazo. ¿Qué pasaría con un inmortal cuando la Tierra fuese inhabitable? ¿Qué pasaría si el Sol se convierte en una supernova y destruye la Tierra? Mi cuerpo quedaría flotando vivo por los confines del universo y yo tan sólo desearía morir de una vez por todas , tan sólo querría acabar con mi sufrimiento. No, no quería ser inmortal, yo quería morir algún día.


No sabía qué pedir. Era una decisión muy difícil. ¿Yo qué quería? De pequeño siempre soñé en ser una estrella de rock y ahora sueño con ser escritor. Podría pedirle al genio que me concediera el deseo. ¿Pero qué haría el genio por mí? Seguramente convencería a un gran productor musical para que se fijase en mí y me lanzara a la fama mundial. ¿Era eso lo que yo quería? Siempre había despreciado a esos productos de marketing de la MTV que no tenían talento y que lo único que tenían era a un multimillonario pagándole una gran campaña de publicidad. Yo tan sólo admiraba a los artistas que se habían trabajado su carrera con esfuerzo. Yo no iba a convertirme en uno de esos pidiéndoselo al genio. Tampoco me conformaría con que todo el mundo se volviese loco comprando mis libros. Yo todavía no era un buen escritor y el genio no me iba a ayudar a serlo. Era imposible ser un buen escritor por obra y gracia de un genio porque no existe la perfección en ese terreno. A la mierda con el genio, yo quería convertirme en un genio y no en un pedo de un genio.

¿Qué más podía pedir? ¿La paz mundial? ¿El cese de las guerras? ¿La erradicación del hambre? ¿Quién era yo para decidir sobre el devenir de la humanidad? La humanidad es así porque la gente lo quiere así. Los que ostentan el poder, los que pueden cambiar las cosas, nunca hacen nada por combatir las injusticias sociales. Los dirigentes de los países más ricos tienen poder para acabar con el hambre en el mundo y no mueven un dedo por hacerlo. Y lo que es peor: a esos dirigentes los han elegido sus pueblos de una forma democrática. Si yo impusiera mi criterio estaría obrando contra todos esos que quieren que las cosas sigan así. Estaría convirtiéndome en un dictador antidemocrático. Y yo, ante todo, repudiaba a los dictadores.

Estaba ante el planteamiento más difícil de toda mi vida. No sabía qué pedir, o tal vez sí. No, no, a mí no me hacía falta que un genio me conceda lo que quiero. No me gusta que nadie me dé las cosas hechas. No tiene ningún valor conseguir lo que quieres si no es con tu esfuerzo.

¿Qué me faltaba? ¿liberar al genio? ¡Qué cojones! ¡El genio era libre y todavía no se había enterado!

El genio me miraba impaciente, yo no quería hacerle perder más tiempo, me sentía presionado. Así que le dije:

- Oye genio, mejor métete en la lámpara, descansa y que te encuentre otro.

El genio se quedó con semblante estupefacto y yo me fui convencido de que nunca más jugaría a la lotería.

Ya no me hacía falta.


Vótame al mejor blog de ficción



convocado por:
20minutos.es





Diario de un exiliado. Capítulo 8. Las lágrimas de mis padres

Estas Navidades volví a casa, como el de la propaganda. Al llegar, mi madre me recibió con una fingida indiferencia, pero cuando le di un beso supe que se alegraba de verme y de tenerme en casa. Sé que está triste y que me echa de menos. Aunque no me lo diga se lo noto; siento cuando llora, cuando sufre y cuando está alegre. Sé que cuando se acuesta piensa en mí y me recuerda cuando era pequeño y le daba muchos besitos al llegar a casa después de trabajar. Cada vez que se pone melancólica me habla de esos momentos.

Durante las primeras noches que estuve fuera me asaltaron esos recuerdos a mí también. Su pena me llegaba a través de sueños, y, aunque resulte paradójico, durante este tiempo que he estado fuera he sentido a mi madre más cerca que nunca. He percibido su amor dentro de mí con una intensidad muchísimo más fuerte de lo habitual y he comprendido toda sus pena. Ella ahora se ve mayor y vieja porque ve que su hijo pequeño se ha ido de casa. Se preocupa mucho por mí. Cada vez que me llama me pregunta si he comido, si he pasado frío o si estoy estudiando mucho... a mí me agobia un poco, pero es que una madre siempre ve y trata a su hijo como si fuese pequeño, aunque tenga cuarenta años.

Una madre es lo más grande del mundo y el amor por sus hijos no se puede comparar ni con toda la grandeza del universo. Por eso me alegro de estar unido a ella a través de ese cordón umbilical invisible y mágico que no nos separa desde que salí de sus entrañas.

En cambio, con mi padre chocaba. Él fue el principal motivo por el que me marché de casa. Él quería que hiciese otra cosa. Me recriminaba cualquier gasto que hacía, aunque fuera con mi propio dinero, no me escuchaba nunca, no quería comprender que quería estudiar, que quería hacer una carrera, que quería luchar por un sueño, que quería aprender a escribir, que a mí un trabajo bien remunerado no me hacía feliz si no hacía lo que yo quería.

Sin embargo, él que siempre se quejaba de lo que gastaba ahora en navidades me ha comprado un portátil y una cámara que no merecía. Me sentí muy mal cuando me dio esos regalos. Ellos han tenido que estar trabajando durante dos meses para pagar esos malditos regalo. Ella trabaja limpiando la mierda de los váteres en una estación de tren y él se rompe la espalda trabajando todos los días de panadero por un sueldo de mierda. ¿Cómo me iba a sentir cuando me dieron esos regalos? Yo que no pego palo al agua, yo que me dejé un trabajo fijo porque quería estudiar, yo que abandoné una vida estable por el sueño de poder dedicarme al cine o a la literatura.

Debería alegrarme por haber recibido esos regalos, pero no, soy así de idiota. Ahora temo defraudarles de nuevo, siento una enorme presión y para colmo, creo que suspenderé todo y confirmaré, una vez más, que soy un inútil. Le pregunté a mi padre por qué me había hecho esos regalos y me confesó que lo hizo porque ha estado bastante tonto durante el tiempo que he estado fuera. No lo entiendo.

Ahora ya me he vuelto a ir al piso de los horrores. Cuando mi padre me llevó a la estación de tren, me invitó varias veces a que me quedase un día más, pero le dije que no. En el fondo se siente culpable de mi marcha.

Cuando estábamos despidiéndonos en la estación vi que sus ojos estaban empañados. Le pregunté si estaba llorando y entonces se giró y me dijo que era un idiota. Estaba escondiendo sus lágrimas. Era tarde y tuve que cruzar el anden. Él me miraba. Nos separaba la vía. El tren se acercaba. Le hice un gesto con la mano que no fue correspondido y el tren se cruzó entre los dos. Se abrieron las puertas y me senté al lado de la ventana. Él todavía me estaba mirando. El tren partió y me siguió mirando triste hasta que me alejé y le vi dar media vuelta cabizbajo antes de perderlo de vista.

Entonces comprendí que haberme marchado de casa al menos ha servido para algo: para que mi padre, por fin, me apoye y desee lo mejor para mí... aunque me duelen muchísimo sus lágrimas.

Detrás de la botella de cerveza

Detrás de la botella de cerveza

¿Quién hay detrás de esa botella de cerveza? ¿Quién se esconde detrás de las copas, de los porros y de las conversaciones banales? La gente habla y se observa. Unos amigos están comentando algo, pero no sé qué dicen. Uno es muy expresivo, sabe utilizar el lenguaje corporal, sus manos se agitan constantemente entre el humo que desprende el cigarrillo del cenicero. El otro está quieto y lo mira fijamente. ¿Qué estarán diciendo? ¿Realmente se estarán escuchando?

Oigo entre la música el bullicio de la gente y el griterío de los que están jugando al futbolín. Todos parecen felices, pero en sus ojos veo preocupaciones que tratan de esconder. Cada dos minutos miran hacia la puerta para ver si entra alguien, pero lo curioso es no esperan a nadie. ¿Por qué mirarán hacia la puerta? ¿Qué falta en sus vidas para que estén mirando siempre hacia la puerta?

Otros miran la pantalla de sus teléfonos móviles. Quieren contactar con el mundo exterior. Estos también esperan a alguien, quieren que esa persona especial de su agenda de teléfono se acuerde de ellos. Para conseguirlo optan por hacerle una llamada perdida que significa: "Hola, como ya sabes, esta noche estoy de fiesta con los amigos, me lo estoy pasando muy bien, pero aun así tengo un hueco para acordarme de ti. Espero que tú también te acuerdes de mí". Pero en realidad están fingiendo, no lo están pasando bien, se están aburriendo y no quieren reconocerlo. Mañana contarán a sus amigos del messenger que hoy se lo pasaron de puta madre y en verdad han estado amargados toda la noche.

Todos esperan que hoy sea una noche excepcional. A algunos les gustaría que por la puerta entrara el amor de su vida y al mirarse se reconocieran. A otras les gustaría conocer a un chico encantador y divertido para irse con él y dejar de lado a esas muermas que dicen ser sus amigas. Pero nada de eso ocurre, tienen que seguir recurriendo a los teléfonos móviles para escapar de aquí. Necesitan hacer llamadas perdidas y mandar mensajes para gritar socorro, para pedir que alguien les saque de este antro.

Nadie debería decir nada. Es mejor callarse antes de estar diciendo tonterías. En realidad hablar no sirve para nada. Las cosas más importantes no necesitan decirse. No son necesarias las palabras para expresar nuestros sentimientos más puros. El mejor "te quiero" no es aquel que se dice, sino el que se demuestra; el primero no tiene ningún valor y el segundo es el que se siente, el verdadero.

Me sorprendo al ver la cantidad de luces que hay en el bar, las hay de todos los colores y de todas las intensidades. Las hay sobre la barra, sobre el futbolín, en los letreros de propaganda, en la máquina de tabaco... estamos rodeados de luces. Echo otro vistazo rápido a la gente y todos siguen sumergidos en sus conversaciones. ¿Por qué la gente no brillará como las luces? ¿Por qué no dicen de una vez que lo están pasando mal? ¿Por qué no gritan que quieren salir de aquí de una puta vez? ¿Por qué no dicen que se sienten solos aunque estén con gente? ¿Por qué no hablan de aquello que les atormenta y hace que no se concentren en el lugar en que están? ¿Es que no se quieren un poco? ¿Es que no se acuerdan de sí mismos?

Me da mucha rabia ver esto. Se creen unidos y entre ellos hay distancias kilométricas. Pasa como en los trenes, cuando alguien entra trata de alejarse lo máximo posible del resto de personas. La gente busca los lugares más vacíos porque se temen entre ellos. Todos deberíamos hablar entre nosotros, conocernos, hablar con todos los transeúntes como si fueramos amigos y no como delincuentes.

Se acercan unos amigos. Me están hablado. Me preguntan si luego vamos a ir a otro sitio. Le respondo que sí, que haremos lo que quieran, pero les digo que esperen a que me termine la cerveza. Doy un trago y me pregunto por qué querrán ir a otro lugar, no van a encontrar nada que no encuentren aquí. Tan sólo cambiará la música y el decorado. El resto será lo mismo: Desconocidos buscando algo que no encuentran, que tienen las miradas perdidas y que se refugian detrás del alcohol y la droga para evadirse.

Mis amigos miran el reloj. Están apurados. Viven pendientes de la hora. No quiero vivir con horarios, no puedo dejarme llevar si nos imponemos un horario.

Me he acabado la cerveza. Tengo la barriga llena. La botella está vacía. Ya no me puedo ocultar detrás de ella. No sé por qué tanta reflexión si yo también soy uno de los que esconde sus miedos detrás de las botella de cerveza. Y lo que es peor: mi mirada está más perdida que la de toda esa gente.
 
 
Vótame en el concurso 20 blogs.

Una carta para ti

Hola querida:

¿Cómo estás? Espero que bien. Supongo que te extrañarás al ver esta carta, pero es que hoy, como muchas veces, he estado pensando en ti. Me he dado cuenta de que nunca te he dedicado ningún escrito y que nunca he hecho público lo que siento por ti, aunque ya sabes... no soy muy detallista y tampoco suelo mostrar en público lo que siento, me da bastante vergüenza. Pero como hoy es el día de Reyes y encima he tenido la insensatez de no comprarte nada, quiero que estas líneas sean un pequeño regalo para ti.

Ya llevamos muchos años juntos, aunque no sé el tiempo exacto, es muy difícil contarlo porque ha habido muchas interrupciones en nuestra relación, pero no sé por qué extraña razón siempre acabamos juntos de nuevo. ¿Te acuerdas cuando pensábamos que nunca más nos volveríamos a ver? ¿Quién iba a decir que después de aquello volveríamos a estar juntos? Muchas veces he pensado en eso, y creo que es obra del destino. Por alguna razón tú y yo estamos predestinados a estar juntos y hay una fuerza invisible que quiere que así sea. ¿Tú crees en la magia? Yo tampoco creía, pero tú me hiciste creer.

Sé que todos estos años han sido muy difíciles. Han surgido muchos problemas entre los dos. Sé que a veces me he portado mal contigo, que no te he dedicado el tiempo que te tenía que dedicar, que a veces me he ido con los amigos y me he olvidado de ti y que una vez te dije que lo mejor sería que lo dejásemos, que probásemos a estar con otra persona para ver si así éramos más felices. Sé que he dicho una cantidad enorme de tonterías que no debería haber dicho, sé que te fui infiel y que he cometido muchos errores, pero compréndeme... son tantos años juntos...

La gente no se creerá que tú y yo estamos juntos prácticamente desde que éramos pequeños. De pronto un día me desperté y tomé conciencia de la situación, tenía 15 años y me di cuenta de que tú y yo estábamos juntos de otro modo, que te sentía de otra forma. Descubrí que lo nuestro era algo más que aquella inocente amistad infantil, que aquellos contactos que manteníamos ya no eran iguales que antes, que tu presencia me hacía arder y que tus besos eran el aire de mis pulmones. Y entonces se desató el fuego entre los dos y juntos comenzamos a escribir poesía.

Ha pasado mucho tiempo desde que escribimos la primera letra de nuestra historia, y no puedes imaginarte lo mucho que he aprendido contigo y la cantidad de cosas que me has enseñado. Muchas veces pienso qué hubiese sido de mí sin ti y estoy seguro de que ahora sería un perdido, sin estudios y sin metas en la vida. Si no te hubiese conocido estoy seguro de que estaría muerto en vida y ahora no sería lo que soy. Sé que es inútil darte las gracias, pero estaré eternamente agradecido a lo que has hecho por mí y por lo bien que me has cuidado. Todo lo que soy te lo debo a ti.

Han sido tantas cosas las que hemos vivido juntos... hemos reído, hemos hablado, hemos cantado e, incluso, hemos llorado. Son momentos que nunca olvidaré y que permanecerán por siempre en mi memoria.

Sé que hay gente no entiende lo nuestro, los hay que me preguntan por qué estoy contigo y yo les contesto que me gustas, pero no lo entienden. No comprenden que quiera estar contigo y me intentan convencer de que no tienes nada especial. Me da rabia darles explicaciones, yo no tengo que dar explicaciones a nadie, no tengo por qué soportar que me digan que hay miles de mujeres ahí fuera que me pueden dar lo que busco. ¿Acaso saben ellos lo que busco? A la única que debería dar explicaciones es a ti, pero por suerte no me las pides y eso me hace sentir bien, porque sé que sin decirte nada me entiendes.

Esta carta la escribo porque quiero darte las gracias por estar siempre ahí, en los momentos más difíciles, y espero que estés conmigo durante mucho más tiempo, y que compartamos más momentos de alegrías que de penas. Y una cosa te quiero decir: aunque lo nuestro se rompa algún día (que no lo creo), espero que nos sigamos viendo porque te necesito y no podría vivir sin ti. Me gusta estar contigo. Me haces sentir bien y no quisiera perderte nunca porque eres tú con la única con la que me siento a gusto. Créeme cuando te lo digo, y espero que no te ofenda, que si de pronto encuentro a otra persona y desapareces, que sepas que siempre habrá un cuarto oscuro para ti, donde iré a buscarte en secreto, sin que nadie nos vea.

Si algún día acabo en un altar ante un cura, con mi mujer a mi derecha. Recuerda que en el momento de decir el “sí quiero” miraré a mi izquierda, hacía un lugar donde no haya nadie, y te guiñaré un ojo.

Te querré siempre Soledad.

De las preocupaciones y ridiculeces del homo sapiens-sapiens

 

 

 


 

Fredythustra (El primo de Zarathustra) caminaba por las aceras de Cullera pensando en cómo afectaba a la población el consumo masivo de horchata y de naranjas, y en cómo afectaba al cerebro la exposición prolongada de los oídos a las mascletás, cuando, de pronto, habló así a su corazón:

El ser humano es un animal ridículo. Nos creemos el centro del universo, la última creación de Dios o la inteligencia personificada. Pero cada día los telediarios y los periódicos nos dan cientos de nuevas razones para confirmar que nuestra extinción es lo mejor que nos puede pasar y que la inteligencia, en caso de existir, brilla por su ausencia.

Basta con que tengamos hambre para demostrar que instintivamente estamos corruptos. Las leyes están para imponer cierto temor al hombre y para que obre según unos parámetros mínimos de convivencia. Me gustaría que hicieran una prueba experimental: que durante un tiempo quitasen las fuerzas del estado de un país, que vivamos sin policía, ni guardia civil, sin jueces y sin cárceles. De buen seguro que la gente saldría a las calles y comenzarían saqueos masivos en las tiendas, y cada cual robaría las cosas que nunca ha podido comprar. También se cometerían asesinatos indiscriminados, venganzas y torturas. Los pederastas saldrían de su armario sin ningún miedo. Los violadores darían rienda suelta a sus instintos y se follarían a la vecina con la que siempre han soñado cuando se masturbaban. Los jóvenes sin vivienda por fin podrían ocupar los cientos de miles de apartamentos vacíos que hay en la costa y que tan sólo sirven para especular con el alquiler durante los meses de verano.

Veríamos la verdadera esencia humana, descubriríamos que realmente somos monstruos que el estado ha domesticado para convertirnos en hormigas obreras que trabajan para enriquecer a las hormigas reinas (los ricos) a cambio de una mínima parte del dinero que has generado con tu sudor.

 

De lo único que se preocupan los hombres es de tratar de meter un palo en un absurdo agujero y las mujeres tan sólo se preocupan de que cierto hombre les meta su palo en su absurdo agujero.

Cuando un absurdo palo y un absurdo agujero cohabitan muchas veces durante muchos años, sus dueños deciden sellar un pacto de honor para que sus absurdos palos y agujeros se cohabiten hasta que la muerte los separe. A esto lo llaman matrimonio. Cuando se celebra un matrimonio los propietarios del agujero y del palo invitan a más humanos con sus respectivos palos y agujeros para que presencien la ceremonia y estos suelen llorar de emoción cuando se enlazan.

Los matrimonios son útiles porque de este modo saben que tendrán para siempre un absurdo agujero donde meter su palo y eso les estabiliza. Cabe destacar que en el pacto de honor hay una cláusula en la que se menciona la fidelidad a los respectivos palos y agujeros; así, la dueña del agujero se asegura de que el dueño del palo no busque otros agujeros en los que introducir su palo porque teme que al propietario del palo le guste más el nuevo agujero y nunca más acuda a abonar la semilla que tanta felicidad les proporciona.

 




Por otro lado, el propietario del palo se asegura de que la propietaria del agujero no se vaya a buscar otro palo y, lo que es peor, que sea más grande que el suyo.

Huelga decir que estos pactos de honor casi nunca se cumplen, o al menos está comprobado que el propietario del palo deseará eternamente otros agujeros. Otra cosa es que no los consiga.

Lo más curioso de todo esto, es que esta unión absurda entre palos y agujeros puede provocar que nazca otra criatura con otro palo u agujero.

¿Esto qué significa?

Que las personas inteligentes que piensan en algo más que en meter su absurdo palo en un absurdo agujero nunca firmarán un pacto de honor y mucho menos van a dejar descendencia.

¿Todavía no sabes qué significa?

Que los humanos inteligentes que no se preocupan tan sólo por los palos u agujeros nunca van a tener descendencia.

¿Qué pasará entonces?

Qué solo los seres retrasados van a dejar descendencia en el mundo.

¿Esto qué consecuencias tendrá en el futuro?

Que la humanidad cada vez va a ser menos inteligente, que nunca nos superaremos, que nunca llegaremos a ser la gran especie del universo, que vamos directos a la autodestrucción.

¿Cómo podríamos solucionar esto?

Es muy sencillo, se debería practicar la eugenesia selectiva. Cada cual debería mirarse al espejo y preguntarse: ¿Una persona como yo merece tener un hijo? ¿Soy lo suficientemente inteligente como para crear a un ser igual o mejor que yo? Si la respuesta es que sí, adelante, procrea. Y si la respuesta es que no, quédate quieto, no sigas, córtate tu palo, tápate tu agujero, esterilizate, suicídate , pero no te permitas tener un hijo.


¿Qué desventajas tiene este método que has propuesto?

La principal desventaja es la poca fiabilidad de las respuestas que cada uno sé dé a sí mismo. Así, podemos encontrar que el necio suele autoengañarse mucho, e incluso sabiendo que no es apto para la procreación dice que sí lo es. Aunque hay casos muchos más extremos, donde ya no se autoengañan, sino que hay necios que tienen la absoluta certeza de que son aptos para procrear. Estos casos son los más frecuentes en España.

Por otra parte, los seres inteligentes y aptos para la procreación también suelen mentirse. Debido a su nivel de autoexigencia creen que hay gente superior a ellos que merecen procrear. También, debido a la suma inteligencia que los caracteriza, piensan que tener un hijo es un trabajo absurdo, un gasto inútil y que no merece la pena perder el tiempo en educar a otra bestia.

¿A dónde nos lleva todo esto?

Esto nos lleva, inequívocamente, a la degradación de la especie y a la extinción definitiva. No hay vuelta atrás.

Muchas gracias por vuestra atención.

Así hablo Fredythustra (el primo de Zarathustra)

En algún cajón polvoriento

En algún cajón polvoriento

Y ese día llegó. Tú y yo nos cruzamos entre la multitud. No lo esperábamos, ninguno de los dos pensábamos ya en el otro. El destino quiso entremezclarnos en esa maraña absurda y caprichosa que teje con nuestras vidas. Ambos andábamos acompañados de las personas que ahora forman parte de nuestro presente. Me viste y nos cruzamos la mirada durante unos segundos. Una mirada silenciosa que hizo estallar algo muy adentro de nosotros. Una bomba de sentimientos naufragados. De pronto, resucitaron los deseos frustrados de aquella historia de amor que nunca vivimos. En un segundo volvieron a resonar esas palabras que tantos años nos costaron olvidar, las mismas que están escritas en algún cajón polvoriento de nuestras habitaciones. La memoria nos atropelló y sonaron las campanillas. Pensé que el tiempo no había transcurrido, creí que abandonaríamos a nuestros acompañantes y, sin mediar palabra, nos daríamos, por fin, el beso que nunca nos dimos.

Pero apartaste la mirada y avanzaste cabizbaja, como sintiéndote culpable.
Yo al ver tu reacción también aparté la mirada. No quise ver, de nuevo, como te alejabas.
Y Ninguno de los dos interrumpimos el paso.

Yo continué mi camino...
...pero ya no sabía a dónde iba.

Vergüenza de humanidad

Vergüenza de humanidad

Hoy es un día de esos en los que siento una tremenda decepción por la raza humana. Me avergüenza ver al presidente de la mayor potencia mundial congratularse por una ejecución. Me avergüenza saber que han grabado una ejecución y que luego saquen algunas imágenes porque saben que eso les beneficiará electoralmente. Me avergüenza ver que un país “civilizado” utiliza los mismos golpes de efectgo mediáticos que los terroristas a los que dicen combatir. Me avergüenza ver que hay gente que todavía cree que con la pena de muerte se solucionan los problemas del mundo. Me avergüenza saber que el país que ha manipulado todo el juicio contra Sadam es el mismo que le vendió las armas con las que provocó las muertes de las que se le acusa. Me avergüenza saber que adelantaron el veredicto contra Sadam para que esa noticia ayudase a los partidarios de Bush a ganar las elecciones. Me avergüenza saber hubo un juicio injusto y sin garantías y que distintas organizaciones internacionales dudaron de su legitimidad. Me avergüenza saber que los primeros abogados de la defensa que se quejaron de esto fueron asesinados y que no se sepa nada de ello. Me avergüenza saber que para invadir Irak se falsificaron pruebas con las que argumentaban que allí se fabricaban armas de destrucción masiva. Me avergüenza saber que las armas no aparecieron por ninguna parte porque no existían. Me avergüenza saber que como no podían acusarle de eso se le atribuyeron matanzas que realizó muchos años antes. Me avergüenza saber que así como le han acusado de la matanza de 148 chiíes, no le han acusado de otras matanzas que realizó en Irán porque Estados Unidos respaldaba esos ataques y no querían verse involucrados. Me avergüenza saber que en el fondo de todo esto tan sólo existe un interés económico, que el beneficio que aporta el petróleo es el verdadero motor de la guerra, y que no lo mueven los intereses por crear un estado estable y democrático, realmente eso no les importa nada. Me avergüenza saber que por la misma regla de tres no le hagan también otro “juicio justo” al señor que ha provocado 3000 bajas en su propio ejército y más de 50 mil muertos irakies. Me avergüenza saber que la verdadera razón por la que Bush se reunió con sus colaboradores en los últimos días no era para debatir el futuro de Irak, sino para hablar de la ejecución de Sadam y de las formas vergonzantes con la que se realizaría. Me avergüenza saber que los EEUU son conscientes las consecuencias funestas que tendrá esta ejecución, que provocará más odio hacia ellos en las regiones de oriente próximo, pero ese clima bélico beneficia al imperio, saben que cuantos más ataques terroristas reciban mejor podrán argumentar la invasión de otros países y por ello la industria armamentística de estados unidos, cuyos propietarios son amigos de Bush, se verán beneficiados por las próximas guerras que se desaten.

Y para colmo esta mañana me despierto con la noticia de que ETA ha vuelto a actuar. Los grandes imbéciles de España han vuelto a demostrar que son gilipollas. Si hay algo absurdo en el mundo son las pretensiones nacionalistas. Tan sólo espero que un gran terremoto parta a España por la mitad, que millones de volcanes estallen y formen otra geografía completamente distinta a la que hay ahora, quiero que los procesos geológicos de formación de la Tierra se aceleren para que así nadie reivindique que determinado territorio es suyo históricamente ya que todo el territorio sería nuevo. Espero que algún día, terroristas y gobiernos, se den cuenta de que la Tierra no es de nadie y las fronteras tan son sólo un invento absurdo para generar riqueza en determinadas regiones.

Hoy es de esos días en los que lamento profundamente haber nacido humano.

Café tocado

Café tocado

Trabajaba de botones en un hotel de cuatro estrellas junto al mar. Era un buen curro. Recuerdo que el primer día, sin saber nada, conseguí 30 euros de propina. Cuando llegué nadie me explicó qué debía hacer. Así que me puse el uniforme, el cual se componía de un pantalón, una camisa y una corbata, y pregunté al de recepción qué tenía que hacer. En ese momento entró al hotel una pareja mayor. El chico de recepción me dijo que les llevase las maletas. Me dirigí a ellos y les cogí el equipaje. Ellos hicieron el checkin y me miraron como esperando a que yo les acompañase. Yo todavía no sabía ni por dónde se iba las habitaciones. Entonces les dije que era mi primer día y que todavía no conocía nada del hotel. Los clientes, que poseían un gran instinto paternal, comenzaron a ayudarme. En el ascensor me explicaron que la primera cifra del número de habitación indicaba la planta. Todo eso era nuevo para mí, yo estaba trabajando en un hotel y nunca en mi vida había estado alojado en uno. Al llegar a la habitación dejé las maletas y les dije: “Ahora les explicaría cómo funciona todo, pero es la primera vez que entro en una habitación del hotel”. En vez de enfadarse por la ineficacia que mostré les hice gracia, me dijeron que ya aprendería, que no me preocupase, y me desearon mucha suerte en mi nuevo trabajo. Cuando iba a salir por la puerta el hombre me llamó y se acercó. “Toma, tu primera propina”. Y me dio 3 euros. Entonces comprendí que ese trabajo era un chollo, que me darían dinero simplemente por llevar maletas y encima tendría una paga a final de mes.

Descubrí que el hecho de decirles a los clientes que era mi primer día de trabajo les hacía ser más generosos con las propinas. Así que estuve al menos durante dos semanas diciendo a todos los que llegaban que era mi primer día de trabajo. Instantáneamente me daban una propina muy sustancial. Incluso cuando tenía que llevar una toalla a una habitación me daban propina. Era el trabajo más agradecido del mundo. Cada vez que hacía un movimiento me daban propina, y si no lo hacían quedaban como unos agarrados hijos de puta.

Una vez, a una japonesa se le había roto el cierre de la cremallera de su maleta y me dijo si podía hacer algo por arreglarla. Entonces avisé al chico de mantenimiento, el cual tenía fama de ser un vago, y le comenté el problema. Él vino enseguida y lo arregló en cuestión de segundos. La japonesa, muy agradecida con el trabajo del chico, le dio 10 euros. Entonces me vio a mí, que tan sólo estaba mirando cómo lo reparaba y sacó otro billete de 10 y me lo dio. ¡Me acababa de dar dinero simplemente estar mirando cómo reparan algo! Sí, sí, desde luego este era mi trabajo.

Pero ningún trabajo es perfecto. En los hoteles los botones son los chicos que sirven para cualquier cosa. En principio sirven para llevar maletas, pero también nos hacían tramitar las reservas de habitaciones, coger el teléfono, enviar fáxes, llevar papeles de un lado a otro, hacer facturas. Hacíamos cualquier cosa que se pueda imaginar, incluso más de una vez nos tocaba hacer camas. Pero había algo que odiaba con toda mi alma, lo que más me repateaba era tener que llevar cafés al despacho de la directora. Era el trabajo más indignante que puede hacer un ser humano. Simplemente por el hecho de estar por debajo en la jerarquía de poder tenía derecho a pedirme que le subiera un café tocado de ron Negrita. Le llevaba cafés al menos tres o cuatro veces al día. Sin duda alguna ella tenía un problema con el alcohol. Normalmente, ella se estacaba una botella de vino para comer y cuando le llevaba el último café del día me invitaba a sentarme. Le gustaba conversar conmigo, aunque más que una conversación era un monólogo repetitivo de su vida. Todos los días la misma historia. Me contaba cómo empezó trabajando en los hoteles desde lo más bajo y ahora había llegado a lo más alto gracias a su esfuerzo personal. Me contaba qué compaginó el trabajo con los estudios de psicología, aunque de psicóloga tenía poco, ya que se le notaba que todas sus sonrisas eran falsas, que era manipuladora y que, además, fingía un falso interés por la gente. Cuando ella soltaba su discurso siempre me preguntaba después qué quería ser de mayor, qué estudiaba, si estaba bien en el trabajo, si tenía alguna sugerencia para mejorar el hotel. Todo eso día tras día, como si de un día para otro fuese a cambiar mi opinión. Despreciaba profundamente a esa gente que cada vez que te ve se interesa sin interés por tu vida. Te preguntan qué estás haciendo y tú mismo recuerdas que eso te lo preguntó la semana anterior pero no se acuerda porque, en realidad, les importa una mierda lo que estás haciendo.

Un día, la directora me llamó para que le llevase un ron con Negrita. Fui al bar, se lo pedí al camarero y me fui a su despacho. Ya estaba harto de que ella no fuese capaz de ir a por su puto café, como si tuviese algo importante que hacer, cuando en realidad lo único que hacía era navegar por internet y escuchar música. Llevando el café perdía un valiosísimo tiempo en el que podría estar ganando propinas. Cuando subí las escaleras miré el café. Estaba hasta los cojones de ella. Pensé varias veces si hacerlo o no. Miré alrededor y no vi a nadie. Entonces escupí dentro de la taza. Pero la mala fortuna hizo que se quedarse la saliva flotando como si fuese la espuma un café capuchino. Se notaba que había escupido ahí. Así que cogí la cucharilla y comencé a remover el café hasta que desapareció el rastro de la saliva.

Abrí la puerta y me recibió con su habitual sonrisa falsa. A continuación me invitó a que me sentara y me dio las gracias. Yo me senté y la miré. Entonces comenzó de nuevo sus preguntas de siempre: ¿Estás bien? ¿Te gusta el trabajo? ¿Has pensado qué vas a hacer cuando seas mayor?

Luego comenzó a sorber su café y me habló de la importancia que tenía el sacrificio en el trabajo. Me volvió a contar la historia de cuando dio a luz a su primera hija. Ella estaba trabajando en el hotel cuando rompió aguas porque quería estar trabajando hasta el último momento. Me daba asco escucharla, como si eso de ser más trabajadora la dignificase más. Como si los trabajadores fuesen los nuevos héroes modernos. Como si el hecho de haber dedicado más tiempo al trabajo que a su propio reposo por su propio bien y por el de su hija la ennobleciera. Mientras contaba la historia ella bebía café. Yo era el eslabón más bajo del hotel. Ella me daba por el culo ordenándome que le llevase un café y ella se bebía mis fluidos. Era un completo acto sexual metafórico. Me consolaba saber que aunque ella estuviese sentada en el asiento de dirección yo se la había metido mucho más adentro que ella. Hasta la garganta e incluso hasta el estómago.

Yo fingí que me fascinaban sus historias y que la admiraba. Terminamos la conversación y nos despedimos amablemente. Cerré la puerta de su despacho y sentí ese aire triunfal del que ha obrado anónimamente por una buena causa.