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En Tierra Firme

Cosas de la vida

Comienzan las clases

El domingo quería escribir un post sobre el miedo que sentía ante la nueva etapa que voy a iniciar en mi vida. Pero hoy Martes, después de haber asistido a las dos primeras jornadas del curso, ya no tengo ningún miedo, estoy entusiasmado y convencido de que no me equivoqué en mi elección. Es más, diría que el hecho de no entrar en el primer destino que elegí es por algo. Creo que nada de lo que me sucede es fortuito y el destino ha querido llevarme hasta donde estoy porque es el lugar y el momento idóneo para que yo esté ahí. En la vida suceden muchas cosas inexplicables, sin racionalidad alguna, que sólo pueden ser comprendidas si realmente creemos en la magia. Sé que todo lo que me ha pasado en la vida me ha servido para aprender algo, al igual que todas las personas con las que me he cruzado a lo largo del camino, sea para bien o para mal, me han enseñado algo.

Me decanté por hacer la licenciatura de comunicación audiovisual, y las primeras sensaciones de la carrera han sido muy buenas. En la primera clase, en la asignatura de diseño de personajes, me di cuenta de que no me había equivocado. El profesor nos habló del proceso creativo y después nos preguntó si nos gustaba escribir. Una alumna dijo que le gustaba escribir aunque no había hecho nada importante. El profesor se indignó al escuchar eso de “nada importante”, dijo que aunque lo que haya escrito no se haya publicado, aunque no le hayan dado ningún premio por ello, lo que ella había escrito era muy importante, y que a partir de ahora, debemos tener claro que cualquier cosa que escribamos será importante, que debemos creer en lo que hacemos, que tenemos que defender nuestros escritos, que debemos luchar por nuestros ideales, que, si es necesario, debemos morir por aquello en lo que creemos. Me di cuenta de que era un entusiasta, capaz de transmitir ganas de trabajar y  de llenarnos a todos de energía creativa. Me emocioné escuchándolo, me di cuenta de que si esto es como pinta podré aprender mucho y los profesores me ayudarán a hacerlo. Por un momento me sentí tan eufórico y afortunado como si fuese un cantante que va al casting de operación triunfo y le dicen que va a entrar en la academia. Nos dijo que vamos a enfrentarnos a un gran problema: que hasta ahora siempre nos habían dicho lo que teníamos que hacer, pero en su asignatura no nos iba a decir lo que teníamos que escribir, que vamos a tener libertad absoluta a la hora de crear, que no nos podrá ningún límite y que debemos explotar nuestras capacidades al máximo. Dijo que para crear personajes, primero debemos conocernos a nosotros mismos, y a partir de ahí, podremos tener una perspectiva más global y seremos capaces de captar otras personalidades y otras sensaciones ajenas a nosotros. El objetivo es encontrar nuestro propio Aleph en el que podamos tener una perspectiva de todo. Nuestro trabajo será observar la realidad, tomar notas, apuntar nuestras reflexiones. Nos recomendó no confiar en nuestra memoria, ya que, aunque creamos que esta no nos fallará, lo normal es que se nos olviden las ideas. Nos dijo que lo ideal es que nos hiciésemos un cuaderno de notas, como si fuese un diario, y que en él escribamos lo que nos apetezca.

Comentó una infinidad de cosas interesantes, que ahora no voy a escribir, pero a mí me ha encantado y estoy seguro de que todo ello me ayudará a aprender. De momento ya nos ha mandado el primer deber: escribir sobre nuestro refugio, al que acudimos cuando queremos estar solos, debemos decir qué lugar es, describirlo, en primera persona, segunda o tercera, como nos dé la gana, nos ha recordado que somos libres de hacer lo que queramos. Y si no nos gusta esa propuesta podemos escribir sobre el tiempo en el que nos hubiese gustado vivir: Grecia, Roma, la Edad Media, lo que queramos, y que digamos qué es lo que hubiésemos hecho en esa época. La verdad es que es muy interesante. Pero ahora tengo miedo de escribir, sé que si me suelto diré muchos tacos, muchas burradas políticamente incorrectas y no sé si debo dar un tiempo de espera a mis impulsos creativo-destructores o desde el primer día ponerlos en marcha. En cualquier caso, parto desde la más absoluta humildad, sabiendo que yo no sé nada y que estoy para aprender y para que me enseñen.

Respecto a la universidad... estoy bastante perdido, es un cambio muy radical respecto al instituto, la gente va más a su bola, no hablan entre ellos, el trato es más distante, me resultan incómodos los silencios desesperantes que se producen en clase. A veces me gustaría romper esa seriedad que reina en las clases con un estruendoso pedo que haga retumbar el aula. No me gusta tanta seriedad. Echo de menos a los paletos del instituto, al menos hablaban, murmuraban, eran espontáneos, impulsivos, sádicos, caníbales. Pero ahora son toda la gente es seria, es gente como yo, que da asco, y yo doy asco solo, pero si somos 20 personas como yo nos convertimos en una gran bola de mierda insoportable.

Pero en fin, lo importante es que estoy haciendo algo que creo que me va a gustar, en otra ocasión ya contaré anécdotas y sensaciones que experimento en el día a día. Os hablaré de las otras asignaturas, como la de historia del cine, que también promete ser de lo más interesante. De momento trataré de adaptarme, de hacerme la idea de que ya he empezado. Intentaré asimilar que aquello que hace un año era una vaga idea e ilusión se ha convertido en una realidad. Estoy contento de haber dejado el trabajo de mierda, de haber renunciado a un trabajo fijo, estoy contento de no haberme guiado por el dinero, por la estabilidad laboral, por la comodidad. Estoy muy agradecido a la gente que hizo posible que este sueño se convirtiera en una realidad. Durante todo este año pensé que todo esto era una locura, que no me llevaría a ninguna parte, incluso creí que no sería capaz de sacarme segundo de bachillerato, pero lo he conseguido, he llegado a la meta, aunque ahora ya hay nuevas metas a las que tengo que llegar.

Estoy encantado de haber hecho las cosas con el corazón, y de eso no me arrepiento ni me arrepentiré nunca.
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Ir al cine solo

Ir al cine solo

Era la una menos cuarto de la noche y de pronto se me ocurre la genial idea de ir al cine. A la una había una sesión y me apetecía ver la nueva película de Superman. Rápidamente me cambié y a la una menos cinco cogí el coche. Llegué a los cines a la una en punto y me fui corriendo a la taquilla.

- Dame una entrada para la película de Superman con el carnet Jove.
- ¿Las dos con el carnet Jove?
- No, no. Sólo quiero una.

Hace sus trámites.

- 10,40 por favor.
- ¿10,40 una entrada?
- ¿Sólo quieres una? – me pregunta extrañada.
- Sí.

Me miró como a un bicho raro. ¿Qué pasa? ¿Qué trabajas en la taquilla del cine y nunca ves a gente que va sola al cine? ¿O es que hay que tratarnos como a marginados? Lo peor es que dio por hecho que iba acompañado. ¿Pero tú has visto a alguien a mi lado? ¿Te he pedido dos? ¿Tan raro es?

Mientras guardaba el cambio en la cartera, vi que la chica cogía el teléfono
- Rápido, pon superman, acaba de llegar uno.

Resulta que yo era el único espectador de la sala. Entré y le di el ticket a los de la puerta. También me miraron como si fuese un parásito antisocial que va marginado por el mundo y se apiadaban de mí.

- Sala 3 –me dice.

Tenía la puerta delante. Entré y ya estaban puestos los trailers. No había nadie. Había soñado con eso alguna vez: tener toda la sala para mí solo. Subí las escaleras y me quedé pensando dónde sentarme. Tenía todos los asientos para mí y ahora me costaba decidirme. No sabía si ponerme en el primer tercio de asientos y vivir la película como si estuviese dentro o ponerme por el final. Miré la ventanita de proyección. Pensé que si me ponía en los primeros asientos me espiarían desde allí y se burlarían de mí, así que decidí sentarme por las últimas filas, desde las cuales no me podían ver desde arriba. Me senté a mis anchas, con los pies por encima de los asientos y con las piernas bien abiertas.

Apareció en pantalla el aviso para que apagásemos el móvil. Busqué el teléfono en mi bolsillo y llamé a mi hermana para decirle que estaba solo en la sala y que eso era una pasada. Me sentía bien. No fumo porros, pero de haber tenido me hubiese liado uno. La ocasión lo merecía.

Comenzó la película. Sonó la banda sonora y se me puso la piel de gallina. De pequeño vi más de mil veces las películas de Superman. Cuando me aburría cogía la cinta y la ponía. Ponía la uno, la dos y la tres. Nunca me cansaba de verlas. De hecho creo que no veía más películas. Sólo los dibujos de Érase una vez el hombre, que los veía pero no me enteraba de nada. Hace poco estaba estudiando historia del arte y volví a ver unos capítulos del renacimiento para enterarme de cómo era la época y me di cuenta que de pequeño no aprendí nada. Lo veía y no retuve ni una sola información.

Apareció el título de la película.

 


 

Yo me pregunté. ¿Por qué cojones ponen Superman Returns y luego el regreso? Si lo repiten porque es la traducción que al menos lo pongan entre paréntesis. Pero parece parte del título y están repitiendo lo mismo. ¡Serán garrulos!

La película me gustó. No voy a ponerle peros porque he visto en que en alguna página criticaban el realismo de la película, como, por ejemplo, el hecho de que superman sujete un avión desde la punta, decían que hacer eso físicamente es imposible. Pero vamos a ver, críticos de mierda, ¿Qué realismo y qué física buscáis en una película que trata de un hombre que vuela y tiene superpoderes? ¿Es que sois idiotas? Buscad realismo en un documental o en las noticias pero no en una película basada en un cómic fantástico.

Habían escenas calcadas de otras películas. Cosa que a los nostálgicos como yo nos emociona. Y el hecho de que Superman tenga un hijo me sorprende. He tenido que volver a ver Superman II para enterarme de que el hijo se gestó cuando Superman se hizo humano. Esto es comprensible, porque si Superman se tira a Lois la hubiese matado de un pollazo. Lo raro es el hijo haya heredado poderes ya que Lois y Superman follaron cuando él era humano. Pero bueno, lo que he dicho antes.. ¿Esto es fantasía no?

Salí del cine entusiasmado. Dos trabajadores esperaban en la puerta a que yo saliese para poder cerrar. Seguramente se cagarían en mi madre ya que por lo visto era la película más larga de todas las que habían en cartelera y estaban esperando sólo por mí. Seguro que el cine perdió dinero conmigo.

Vi que mi coche el último que quedaba en el parking. Me metí en el coche y me sentí como un niño después de ver una película: Creyendo que yo era Clark Kent y que ocultaba al mundo mis verdaderos superpoderes.

 

 

Estalla la guerra

Debería estallar una guerra. Un gran conflicto que agite las conciencias de la gente y que movilice a toda la juventud que deambula por las calles sin ningún ideal. Deberían meterles los teléfonos móviles por el culo. Deberían rapar el pelo a todos esos que quieren parecerse a Fernando Torres y enviarles al frente para que luchen contra los enemigos. Necesitamos que pase algo que haga hundirse todas las bolsas, que quiebren todos los bancos, que escaseen los alimentos y que la gente se mate entre sí. Necesitamos despertar del sueño que nos produce un nivel de vida cómodo. Ya está bien de tanta tontería, de tanta máscara y de tanto engaño.
Es por eso que he decidido volver a la guerra. A partir de la semana que viene voy a iniciar de nuevo mis andanzas por los puestos de telefonía. Sí, queridos amigos, aquellos stands que tanto he criticado y de los que huí hace un año como de la peste. Os pensaréis que tengo una actitud sadomasoquista y que soy un charlatán que se contradice. Pero necesito dinero y para conseguirlo tengo que trabajar un poco, y nada mejor que volver al lugar que más odio para ganarme los cuartos. El trabajo será hasta final de agosto, y tan sólo trabajaré los fines de semana. Es decir: Viernes, Sábados y Lunes (incomprensiblemente el lunes es uno de los días que más teléfonos móviles se venden a lo largo de la semana, a todos les da por comprar los lunes, si alguien sabe el porqué que me lo explique por favor). Con esto podré sentir que hago algo útil este verano y conseguiré inspirarme para escribir nuevas historias con las vivencias que me sucedan en aquel antro. Me moriría si no escribiese las anécdotas y putadas que ocurren en un puesto de trabajo con tanto trato humano.

He tenido que ir a Valencia para firmar el contrato. Mientras paseaba por las céntricas calles de Valencia he vuelto a sentir el asco que me produce el lugar. La gente me parece que está acartonada. Por esas calles camina demasiada gente vestida con corbata, grandes ejecutivos, empresarios y hombres de negocios que arrastran una bola de plomo invisible encadenada a sus pies. La alienación ya no es propia de los estratos sociales más bajos, ahora atrapa también hasta a los directivos de las compañías más importantes. Todos ellos se cruzan con jovencitas trabajadoras, bien vestidas y acicaladas, que muestran sus generosos escotes a esos hombres de negocios casados, puteros y que se suelen acostar con su secretaria mientras le tiran los tejos a la nueva chica que ha entrado de prácticas.

Cuando he llegado a la empresa he visto al jefe echar un puro a unas azafatas de congresos. El jefe les decía que había recibido quejas sobre ellas, les explicaba que no debían de estar allí esperando a que alguien se acercase para ayudarles, tenían que ofrecerse constantemente, debían poner ganas e interés, debían ser competentes. Después las amenazó con no llamarlas más si seguían con esa actitud. Para colmo, le informaron que vieron a una de ellas tomarse un café en la cafetería del congreso. Algo imperdonable por lo visto. Cuando el jefe vio que yo estaba allí cambió su rostro y con una actitud muy amable y un tono muy cordial, me invitó a que esperase 10 minutos fuera y que me tomase un café o algo. Ese cambio de actitud tan brusco demostraba que era un gran actor, no se puede estar cabreado con unas personas y de pronto dirigirte a otra tan amable, y después volver al tono de antes. Lo que no sé es con quién fingía: si con ellas o conmigo. Salí de allí y entré en el bar más cercano que había. Me dirigí a la barra, en la cual no había ni una silla para sentarse y pedí un café con leche. El camarero me preguntó si quería tomarlo en la barra o en una mesa, supuse que lo preguntaba porque había distintas tarifas dependiendo del lugar, así que decidí tomármela en aquella incómoda barra, de pie, y con ganas de irme de allí cuanto antes. En una zona tan comercial hay que pagar incluso por sentarse, los espacios públicos no son públicos, son de las empresas, necesitas pagar por todo, a este paso pronto nos invadirá la moda europea de cobrar por entrar en los servicios para poder echar una meada. Mientras tomaba el café estuve reflexionando sobre las azafatas de congresos. Una vez conocí a una chica que trabajaba de azafata y me contó que en los congresos tienen que estar aguantando a los empresarios salidos que intentan conquistarlas de forma insistente, los hay que incluso les ofrecen dinero por acostarse con ellas. Se rumorea que muchas se ganan un sobresueldo con este tipo de actividades. Creería que sería una leyenda urbana si no fuera porque traté con esa gente cuando trabajé de botones en un hotel. Aún recuerdo cuando algunos de ellos me ofrecían suculentas propinas por buscarles una buena puta.

Al volver a la empresa me extendieron mi nuevo contrato y lo firmé. Me sorprendió descubrir una nueva cláusula que no figurabaen el anterior contrato que decía así:

"El trabajador se compromete a guardar silencio por los secretos comerciales, métodos, procedimientos, datos comerciales o industriales u otra información de naturaleza confidencial (...) El trabajador velará, con la debida diligencia profesional, por la seguridad de la información del contrato de trabajo, impidiendo que terceros puedan acceder a dicha información, obligándose a no transmitirla, almacenarla en cualquier sistema de almacenamiento, reproducirla por cualquier medio de duplicación manual o electrónico, mecánico, óptico o cualquier otro medio, ni sustraerla o hacerla pública en cualquier forma o manera. La inobservancia de las obligaciones anteriormente descritas se considerarán incumplimiento grave y culpable del trabajador, siendo considerado como falta susceptible de la sanción disciplinaria que en Derecho corresponda"

No tengo ni pajolera de leyes, no entiendo ni lo que dice, pero esto parece una amenaza a todos aquellos que les gusta publicar en sus blogs las miserias internas de sus empresas. Ya se han dado casos en los que algunos bloguistas han puesto verdes a sus empresas y en los buscadores más conocidos aparecían esos blogs cuando introducías en nombre de la misma y han tenido pleitos por eso. De todas formas yo no tengo nada que temer, todo esto es pura literatura, como bien sabe la gente que me conoce personalmente, todo lo que hay publicado aquí es fruto de mi imaginación delirante, los personajes que aparecen son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Así que tentaremos a la suerte un poco, veremos hasta dónde está el límite y si me echan me importa un pito: me harán un favor.

Y ahora partiré a Madrid, este fin de semana me marcho. No es que quiera asistir a la manifestación por el orgullo gay, más bien quiero echar una preinscripción para solicitar plaza en las universidades de allí. Todavía no he escogido ninguna carrera en Madrid, pero ya lo decidiré. Sin embargo, en Valencia ya he echado la preinscripción y he optado por poner como primera opción periodismo, pero mi nota es insuficiente, así que seguramente me acepten en comunicación audiovisual.

¿Los resultados de selectividad? Pues desconcertantes. He aprobado pero con notas muy diferentes a lo que me esperaba. Pensaba que la nota más alta sería la de lengua castellana y sólo he sacado un 7,3. Sin embargo, en otras asignaturas que esperaba una nota más mediocre como en historia o historia del arte he sacado un 9 y un 9,5 respectivamente. Incluso he sacado más nota en mi odiado valenciano (8,7) que en castellano, que ya es sorprendente, y eso que apliqué en la asignatura lo mismo que sabía de castellano pero traducido. En geografía las cosas también funcionaron bien, y saqué un 8,5, y en mi temido examen de inglés conseguí superarme y alcanzar un 6,6. No está mal para no saber nada. Por otro lado, como era de esperar, en latín he cosechado un estrepitoso fracaso con un 2,5. Aunque la nota es mucho más alta de lo que en realidad merecía, puesto que hice una traducción literal de diccionario y me inventé los tiempos verbales. Por lo visto aquella nota de disculpa que puse al final del examen conmovió al corrector y me puso ese 2,5 completamente inmerecido. Gracias señor corrector, si lees esto. En total una media de 7,2 en el selectivo y un 7,14 de nota media definitiva. Bastante mediocre para las expectativas que me marqué al principio.

¡Hasta pronto gentes!



¿Comunicación audiovisual o periodismo?

Estos días he estado replegado en casa y cavilando sobre las posibilidades que se me abren de cara al futuro. Tengo dudas sobre qué hacer. No lo tengo muy claro. Tampoco tengo la nota para saber exactamente qué carreras puedo elegir y dónde puedo hacerlas. Pero ya tengo hechos los esquemas básicos.

Acabo de repasar los artículos que publiqué en septiembre del año pasado cuando estaba en plena crisis existencial. No sabía qué hacer, sentía que estaba echando mi vida a perder y ahora no me arrepiento de la decisión que tomé. Ahora, gracias a eso tengo muchas expectativas e ilusiones. Hice lo que el corazón me pedía.

Gracias Marta por aquel comentario que cambió el rumbo de mi vida.

Aún no sé si la nota me llegará para quedarme en Valencia. De lo contrario me iré a Madrid a estudiar. Cuando comencé el bachillerato tenía claro que quería estudiar periodismo, pero a medida que ha avanzado el curso me he planteado más posibilidades. Ahora barajo sobre todo dos opciones: Comunicación audiovisual y periodismo. Ambas carreras son parecidas en su estructura, de hecho, las asignaturas troncales son las mismas. Pero, por lo visto, una trata más el proceso de la información y la otra las formas de transmitir cualquier tipo de información. Ambas me gustan, pero en función de las notas que saque decidiré qué hacer.

En el post que publiqué cuando estaba desesperado dije cosas como: A mí me gusta el arte, soy un artista. Tengo sueños que realizar, me gusta expresarme, me gusta causar sensaciones en la gente, me gusta plasmar cosas que no se hayan plasmado antes. Hacer cosas originales. Únicas. Me gusta hacer reír.

Creo que con eso está todo dicho. Ahora suscribo lo que dije entonces y, además, leer eso me ayuda a saber quién soy y qué quiero.

A veces es necesario volver al pasado para situarse en el presente.

Selectividad y su puta madre

Nos habían convocado a las ocho y media de la mañana. Yo no estaba acostumbrado a madrugar. Llegué puntual aunque eso es extraño en mí. Como me figuré, nos dijeron que llegásemos antes para que así nadie se retrasase. Me habían robado tres cuartos de hora de mi vida.

La gente fue llegando poco a poco. Los que eran de otras localidades venían en autobús. Paraban enfrente del instituto y bajaban dispuestos a enfrentarse con los exámenes que determinarían sus vidas. No pude evitar decirle al profesor:

- Esto me recuerda a los trenes llenos de judíos que iban llegando a los campos de concentración nazis para meterlos en la cámara de gas.

El profesor me miró y me dijo sí sí, pero estaba pensando que estaba loco. A lo largo de este curso he notado que por comentarios como ese la gente se ha creído que no estoy bien de la cabeza. Pero es que el lugar donde se hacían los exámenes se asemejaba por fuera a las cámaras de gas. Éramos las víctimas del sistema, éramos los mártires de nuestro tiempo.

Yo era prácticamente el más viejo de los que había allí. Tan sólo conocía a una persona que era más mayor que yo. La gente me miraría como si fuese un vago, se pensarían que he sido un parásito que ha estado repitiendo más de 20 veces bachillerato y al final me han aprobado por pena. Nadie les ha contado la verdad, nadie les ha dicho que en realidad me dejé el trabajo fijo para volver a estudiar y hacer algo que me gustase. Me siento un viejo, un residuo de una generación pasada que ya debería tener una carrera, un trabajo estable, una novia, un coche y estar pagando la entrada de un piso. Sin embargo no tengo nada, soy un inadaptado social que sueña demasiado. La gente se ríe de mí. Cuando me preguntan qué hago no sé qué responder, me da vergüenza decirles que quiero estudiar, que estoy pensando en hacer una carrera, que quiero marcarme una meta, que durante todo este tiempo he pensado que yo sirvo para algo más que para vender teléfonos móviles. Pero lo peor es cuando ellos me dicen qué están haciendo y me hablan de sus proyectos laborales, de sus parejas, del nuevo coche que se han comprado. ¿Por qué no he podido ser una persona normal? ¿Por qué no estoy empeñado hasta las cejas para poder pagarme caprichos? ¿Será porque pienso que tener objetos es totalmente inútil y lo único que vale la pena en esta vida es aprender, leer, escuchar música y ver fútbol? Porque esa es otra. ¿A quién se le ocurre convocar los exámenes de selectividad en pleno mundial? ¿Es que no tienen sensibilidad futbolística? Estas cosas no suceden en Argentina. Un país se debe parar cuando se celebre un mundial. Seguramente los que diseñan el calendario de exámenes sean de esos intectualoides que dicen la típica frase: "¿Fúbol? ¿Ver cómo 22 multimillonarios corren detrás de una pelota es divertido? Eso es para el populacho".

Comenzó el primer examen, era hacer un comentario sobre un texto que hablaba del botellón que había escrito un periodista del ABC. Pensé en ponerle en la opinión personal que yo también era un borracho que a veces también salía a la calle a beber, que mi vida también era una mierda y necesitaba el alcohol para mitigar las penas. Pero no, fui un hipócrita políticamente correcto que dijo que no entendía cómo los jóvenes tan sólo tenían esa diversión. Le cité unos cuantos libros de Bukowski, borracho por excelencia, como ejemplo de la desolación a la que puede llegar un borracho. También le cité a Pessoa, aunque no he leído nada de él y a Baudelaire. Quise hacerme pasar por intelectual que conoce a muchos autores.

Después hice un examen de historia, me sabía prácticamente todo. Lo que menos sabía era el franquismo. ¿Y qué salió? Efectivamente: El franquismo. Aún así recurrí a la épica para rescatar de mi memoria todos los recuerdos que tenía acumulados y rellené las diez hojas que nos dan para contestar y tuve que pedir hojas suplementarias. Puse demasiados detalles innecesarios. Era mi venganza contra el destino por haberme puesto justo lo que no quería que me saliera. El corrector se cagaría en mi puta madre al ver tantas hojas y sobre todo al ller la letra infernal que suelo hacer. Mi letra no la entiende ni Cristo.

Al día siguiente, como ya me habían hecho la jugarreta de hacerme esperar tres cuartos de hora tontamente, decidí llegar puntual, es decir, justo a la hora del examen. Al llegar una profesora que había en la puerta con gafas que tenían forma de almendra me dijo alterada: "¡Mira que llegar tarde! ¡Los profesores se enfadan mucho cuando alguien llega tarde!" Yo no le dije nada, simplemente la insulté con la mirada. La miré de arriba abajo y me pregunté por qué todas las profesoras repelentes tienen esas gafas dignas de personas sin sentido del gusto. Entré y nadie me llamó la atención. Todos estaban sentados y un organizador me indicó dónde estaba mi lugar. Al menos no me habían robado mi valioso tiempo, porque vale que se lo roben a los demás, que no tienen cerebro y sus vidas son una mierda, ¿pero a mí? ¿A un genio como yo? Hacer algo así a alguien como yo debería estar tipificado como delito.

Hice el examen de valenciano, que también era un comentario de texto. Este texto hablaba sobre el vacío que genera el consumismo. Era un buen texto. De hecho estaba de acuerdo con todo lo que decía. Yo escribí un relato que hablaba de eso para el concurso de narrativa del instituto pero no me lo premiaron. Prefirieron premiar unos relatos completamente abominables que tenían un final feliz. No aceptaron mi crítica social. No entienden que a veces el arte y la literatura puede servir para escupirle a alguien en la cara, que no todo tiene que ser belleza y proporción. En la vida real Superman no va a venir a rescatarnos cuando nuestro avión se vaya a estrellar, sin embargo, la gente prefiere ir al cine para ver aventuras fantásticas con un final en el que el bueno se casa con la tía buena. Quieren olvidarse de que la vida es una mierda. Quieren creen que la vida es algo especial, que el bien existe, que los criminales acaban en la cárcel. No me extraña que con esta actitud las iglesias estén llenas de gente que después de comulgar se vayan de putas.

Después hice un examen de historia del arte. Salió una escultura de Bernini y unos cuadros cubistas de Picasso. Por lo visto había algunos institutos que no se habían estudiado nada de eso, se formó un pequeño alboroto, había alumnas que se pusieron a llorar, otros mientras miraban el examen decían: "¡Hostia! ¡Hostia!". Por suerte en mi clase sí que dimos ambos autores, nuestro profesor era bastante bueno. Al acabar el examen teníamos otro de Geografía. ¡Justo cuando estaba jugando la selección! Sólo me dio tiempo a ver la primera parte. Iban 2-0 y yo había apostado a que quedaban así. ¡Por favor que se mantuviese el marcador intacto! Entré otra vez a la gran cámara de gas, no había estudiado absolutamente nada de geografía durante estas dos semanas de estudio. Tan sólo me había dado tiempo de mirar entre examen y examen el desarrollo demográfico de España en el siglo XX. Repartieron los exámenes y ¡Tachan! El examen era sobre demografía y una de las preguntas era: Explica el crecimiento demográfico en España durante el siglo XX. La baraka había vuelto a mí por unos instantes. Hasta que salí de la cámara de gas y vi que España había ganado por 4-0. Me cagué en los nuestros. A mí no me supuso ninguna felicidad. Cinco euros a la mierda.

Llegó la última jornada. Tan sólo me quedaba por hacer el examen de inglés y latín. Las asignaturas que más mal he llevado a lo largo del curso. Por suerte hice todas las preguntas bien en inglés, y en latín... pues nada, si saco un uno ya será suficiente. Resulta paradójico que habiendo sacado un 8 de media en latín ahora no sepa hacer absolutamente nada. Pero ya sabéis, los que me habéis leído, que la profesora que nos ha impartido clase durante todo el curso ha pasado absolutamente de todo. No tenía voluntad de enseñarnos nada, y, para colmo, nosotros tampoco hemos tenido muchas ganas que digamos. Al final del examen, tras hacer una traducción espantosa y literal del texto que habían puesto, puse una nota que decía: "siento el despropósito, pero en mi vida he dado latín y la profesora no nos ha enseñado nada a lo largo del curso". No lo hacía para dar pena, ni para que me aprobasen, simplemente era porque sentía vergüenza de estar allí haciendo ese examen mientras veía que la gente que estaba a mi alrededor no paraba de escribir. Por lo visto todos los empollones hacen letras. Un compañero de clase y yo nos mirábamos y nos descojonábamos. Pero en fin, supongo que por un examen no se hundirá Roma. Además, durante la hora y media que estuve metido en la cámara de gas estuve mirando a una que estaba sentada cerca de mí que tenía unas mandorlas místicas descomunales. Al menos eso me alegró la vista durante el espantoso trance que tuve que atravesar.

Ahora tan sólo queda esperar a que salgan las notas de selectividad publicadas en Internet. Espero haber aprobado, aunque no con muy buena nota. El objetivo que me marqué a principio de curso de sacar una media muy alta se fueron desvaneciendo a medida que vi la dificultad de ciertas asignaturas. Sustituí el objetivo de sacar buena nota por simplemente aprobar. Aún así, y contando el traspié que ha supuesto el examen de latín, creo que he hecho un buen papel.

El viernes que viene publicaré qué he sacado. Aunque ya sé que os importa una mierda. De hecho no creo que a nadie le interese, pero ya sabéis, a los que no os gusta leer, adiós.

A partir de ahora dedicaré el tiempo a leer libros. Tengo una gran lista de títulos que me gustaría leer. Ya veremos si me siento capaz de ponerme a escribir algo serio de una vez. Mi vida no es la de Henry Miller, pero veremos qué se puede hacer.

 

Baraka

Según los musulmanes, la baraka es una cualidad invisible, excepto por sus efectos, que hace tener grandes éxitos y suerte. Las personas con báraka están cerca de los dioses y están protegidos por ellos. La suerte de esta gente puede proyectarse e incluso se contagia.

Pues bien, desde el día que dejé el trabajo me convertí en un ser con báraka. Yo trabajaba de promotor de telefonía móvil. Ese trabajo me disgustaba mucho y sentía que estaba echando mi vida a la basura. Mi “yo creador” estaba muriendo día a día en aquel puesto de trabajo. Estaba convirtiéndome en una pieza más del gran engranaje del mundo capitalista. Allí estaba agotando mi alma. Me estaba cosificando. Me estaban creciendo raíces en los pies y ramas en las manos. Dejé de ser una persona sin ilusiones porque sólo generaba dinero para comprarme cosas. Y en realidad, las únicas cosas que quería eran libros y música. ¿Realmente hacía falta sacrificar 7 horas al día durante 6 días a la semana, todos los días de mi vida para poder conseguirlo? Tenía un contrato indefinido y lo rechacé. Envié a la mierda a la empresa y todo el materialismo que la envolvía. Yo no quería convertirme en una rata más. Yo era un artista, un creador y no un vendedor de teléfonos de mierda.

Decidí volver estudiar. Pero no quería estudiar el módulo de informática que estaba haciendo, no. Estaba apuntado a un módulo de informática porque creía que me gustaban los ordenadores y teniendo un título informático se me abrirían muchas puertas en el mundo laboral. Era un hipócrita que sólo pensaba en el dinero.

 

¿Quién era yo? ¿Qué quería yo? Yo era una persona preocupada por lo que pasaba en el mundo que de vez en cuando escribía, aunque no demasiado bien. Quería vivir la vida y no quería que el dinero me condicionase a la hora de tomar decisiones. Sólo quería hacer lo que verdaderamente me gustase.

 

Cuando acabé EGB mis padres me dijeron que yo no valía para estudiar. Yo me lo creí. Me arrebataron enseguida mis ilusiones y me convencieron de que estudiase formación profesional. Lo hice y, hoy en día, todavía no me ha servido ese título para nada. No quería volver a cometer semejante equivocación. Ahora que tenía capacidad de decidir por mí mismo y con 23 años a mis espaldas iba a hacer lo que siempre quise hacer: estudiar una carrera que me gustase.

Para eso, tenía que matricularme en bachillerato y hacer los dos cursos, pero no importaba, quería luchar por mis sueños. Fui a matricularme y cuando entregué toda la documentación la secretaria me dijo: “veo que ya has hecho un módulo superior de administrativo, eso significa que no será necesario que hagas primero de bachillerato, tú pasarás directamente a segundo”.

Era la primera vez que el título de administrativo me servía realmente para algo útil. Eso significaba que me ahorraría un año. ¡Un año! No acababa de comenzar mi nueva aventura y las cosas ya comenzaban a salirme bien. Estaba comenzando a creer la patraña de Paulo Coelho y su alquimista, que dice que si luchas por algo con todas tus fuerzas, todo el universo se conspira para que la consigas. Pero bueno, Paulo Coelho puede decir eso, que ha vendido más de 20 millones de libros en todo el mundo. No creo que se ponga a decir semejante memez un escritor que esté en casa comiéndose los mocos.

En fin, a lo que íbamos: Me matriculé en segundo de bachillerato y decidí emplearme al máximo para demostrar que yo sí que valía para estudiar. Aunque muchas veces pensé que estaba equivocándome, que estaba haciendo el gilipollas, que era un iluso, que nunca iba a hacer nada en la vida, que los que decían que yo era un idiota que no servía para estudiar tenían razón. Tenía mucho miedo de equivocarme de nuevo.

 

Cuando me matriculé me di cuenta de un grave error: yo quería hacer letras y me inscribí en el bachiller de letras. Pero lo que no sabía es que había clases de latín. Yo no sabía nada de latín, y todos los que estaban en segundo ya habían dado durante el primer año esa asignatura. Yo tenía que aprender en un año lo que todos aprendían en dos.

Comenté mi situación a la profesora de latín. Ella me dio ánimos. Me dijo que no era la primera vez que tenía un caso así y que si me aplicaba podía aprobar. Cuando pasaron las primeras semanas me di cuenta que no me iba a hacer falta esforzarme mucho para aprobar. La profesora no enseñaba nada. En su clase nos dedicábamos a hablar de cualquier asunto menos de latín. A veces nos poníamos a hacer fotos, uno se ponía a hacer abdominales, yo me ponía a leer, otras estaban comentando la actualidad del corazón... llegó el examen de la primera evaluación y a la profesora le daba igual que hablásemos entre nosotros durante el examen. Pude copiar el examen del que estaba delante sin mayor dificultad. Saqué un 7,5 sin saber ni las declinaciones ni el verbo sum (Sigo sin saber nada). La profesora me felicitó por mi gran examen y me dijo que estaba muy orgullosa de mí porque sin haber dado antes latín había sacado una buena nota. Yo le dije que había estudiado mucho durante toda la evaluación, y, aunque había cosas que no sabía muy bien cómo hacerlas, las contestaba por intuición. Ella se quedó muy sorprendida con mi explicación, se pensó que yo era un chico inteligente. Un compañero que estaba escuchando mi conversación con ella, más tarde me confesó que tuvo que aguantarse la risa cuando le explicaba a la profesora que hacía el examen por intuición.

 

Hasta ahí me había llegado la suerte. Habían colocado en mi clase a la profesora más incompetente y más pasota de toda España para que pudiese aprobar sin dificultad esa asignatura que, en caso de haberla impartido una profesora medio normal, no hubiese aprobado nunca.

 

Terminaron los exámenes de la primera evaluación. Logré un gran éxito en literatura con un flamante 10. Era mi asignatura favorita. Muchos compañeros de clase no entendían cómo me podía gustar la literatura o la filosofía. Sin embargo, yo no entendía que a ellos les pudiera gustar el tuning, las discotecas, y que comprar ropa fuese su principal afición.

 

Cuando ya estábamos en la segunda evaluación vino a verme el jefe de estudios. Me dijo que las asignaturas que tenía ahora eran incompatibles. Me comentó que como no había hecho primero estaba obligado a tener como asignatura optativa latín de primero. Es decir, en vez de tener la literatura como asignatura optativa, debía hacer más horas de latín con la profesora incompetente.

Me jodió mucho que me quitasen la asignatura de literatura. Era una asignatura de las que realmente me interesaba. Se lo comenté a la profesora de literatura y también lo lamentó. Me dijo que era una lástima perder al único alumno que se interesaba de verdad por la literatura. Me despedí de ella y afronté la nueva situación. Eso significaba que la nota media descendería muchísimo a final de curso sin ese diez que iba a sacar en literatura. Además, haciendo latín de primero no tendría a nadie de quien copiarme para poder aprobar y me delataría. Era el fin.

 

Me marché de la clase de literatura y poco más tarde pasé por delante de la sala de profesores y vi que la profesora de literatura estaba hablando con la de latín. No sabía qué se estarían diciendo. Pero nunca antes las había visto hablando y era extraño.

Un día más tarde, la profesora de literatura vino a hablar conmigo y me dijo: “He hablado con la profesora de latín y hemos hecho un trato. Verás, como tú ya tienes la asignatura de latín de segundo y la estás aprobando sin dificultad, le he propuesto, que en la casilla del boletín donde aparece la nota de latín de primero te ponga la que saques conmigo en literatura y así no tendrás que abandonar la asignatura. No me ha puesto ningún problema. Espero que estés contento. ¿No decías que te gustaba la literatura?”

 

Era un ángel venido del cielo. Tenía la suerte del que lucha por sus sueños, del que sabe lo que quiere, del que posee la baraka, del alquimista. El viento soplaba a mi favor. La profesora de literatura se había inventado una pirula impresionante para que pudiese continuar haciendo lo que me gustaba. ¿Cómo le podría agradecer ese gesto solidario?

 

Llegaron de nuevo los exámenes. Todas las asignaturas las superé sin mayor dificultad. No me presenté a ciertos exámenes porque no había estudiado pero las recuperé después sin mucho esfuerzo. Iba bien en todas las materias menos en una: INGLÉS. Nunca he sabido nada de inglés. Desde EGB siempre suspendía inglés para septiembre. Siempre he sido un completo inútil para conjugar nada. Para mí resulta todo abstracto. Ya sé que soy gilipollas, ya sé que me vais a decir que el inglés es el idioma más fácil del mundo, que es cuestión de práctica, de estudiar, que es matemático. Pero a mí no me entra. Son un negado y un inepto. Doy la razón a todos los que decían que no valía para estudiar tan sólo por esta asignatura. Además, durante los cinco años que hice administrativo no hicimos nada en clase de inglés. El profesor que tenía era igual que la profesora de latín de ahora. En sus clases lo único que hacíamos era hablar de Crónicas marcianas, de Gran hermano, de Operación triunfo y poco más. El profesor nos contaba sus sueños y, a veces, incluso, le contábamos los nuestros y nos los interpretaba. No lo critico. Debo decir que sus clases eran las más amenas y divertidas que hice durante aquella etapa. Además, el hombre sabía muchísimo sobre cualquier tema. Decía que pasaba de dar clases porque simplemente no veía ningún interés en nosotros. Cuando llegaba el final del curso nos preguntaba uno a uno qué nota creíamos que íbamos a sacar, después no hacía examen y ponía esa nota que habíamos dicho. Era un genio.

Ahora estaba pagando las causas de tanta holgazanería. Incluso he viajado a Estados Unidos e Inglaterra y no he aprendido una sola palabra decente. Esa asignatura haría que todo el curso se me fuese a la mierda. Suspendí la primera evaluación y la segunda y por fin llegó el examen de la tercera.

Pusieron un texto que me sonaba de algo. Lo leí y pronto lo reconocí. Era el estudio sobre un científico que había descubierto que a través de la genética no era posible prolongar la vida más de 115 años. Lo supe por algunas palabras clave que habían en el texto, pero no porque las entendiese sino porque ese mismo texto ya lo había leído en castellano en algún periódico. Sabía qué decía el texto sin saber qué ponía. Pude contestar a las preguntas tipo test y las acerté todas. Luego contesté como pude las preguntas para desarrollar. Finalmente, debía escribir una redacción sobre la death penalty. Aproveché para maldecir en inglés al gobierno americano, y para rellenar un poco metí unos cuantos fragmentos de canciones que me sabía de memoria. El resultado: que aprobé no sé ni cómo.

 

Hoy he recogido las notas. Ya es oficial: he aprobado todo. Ahora tan sólo me queda superar el selectivo. Debo confesar que no estoy muy contento, porque he sacado un 7,20 de media, y es poco para lo que quiero acceder (periodismo o comunicación audiovisual), pero como ahora estoy convencido de que los dioses me protegen, de que tengo baraka, sé que si esto ocurre así es por algún motivo concreto. La suerte está de mi lado y escoja el camino que escoja, me acompañará a donde vaya.

 

Tan sólo me queda hacer una pequeña mención especial a los que me ayudasteis y me apoyasteis. A los que nunca me habéis reprochado nada. Gracias a todos los que habéis creído en mí. Gracias por esa fuerza. Estoy convencido de que esos dioses protectores sois vosotros.

 

Ya estamos en la recta final. Tan sólo queda el último obstáculo. Hemos llegado hasta aquí... y ya nadie nos podrá parar.

 

¡Hasta pronto!

Parte oficial de guerra

 

Desde el cuchitril oficial del estudiantilísimo.

Correspondiente al día de hoy, primero de junio de 2006. Año triunfal.

En el día de hoy, acabados los exámenes de segundo de bachillerato. Han alcanzado las tropas estudiantiles sus últimos objetivos escolares.

 

El bachillerato ha sido aprobado.

Está escrito

<>Siempre que voy al supermercado a comprar un par de cosas tiene que pasar algún incidente en la caja. O bien no funciona la tarjeta, o bien no pasa el código de barras y tienen que llamar a alguien para que lo arregle, o bien al de delante no le salen las cuentas de lo que ha comprado o bien se pone a protestar sobre cualquier cosa y, claro, piensas en irte a la caja de al lado donde están avanzando répidamente, pero piensas que lo van a solucionar enseguida , así que te quedas mientras ves pasar a los que están en la caja de al lado y te arrepientes de no haberte ido a la otra caja. Luego, si te pasas a la otra caja compruebas que el que iba delante de ti ya se ha ido y los de la caja en la que estabas antes avanzan rápidamente mientras tú todavía estás haciendo cola en la otra caja, y reza para que no suceda nada ahora. La cuestión es que pierdes media hora haciendo una compra que, como mucho, deberías haber tardado 5 minutos.

<> ¿Por qué? !!!!!!!!!!!!!!!!
<>

Nunca hay un adiós total entre dos ñieris...

Nunca hay un adiós total entre dos ñieris...

Te acabo de dejar en el aeropuerto. Te has alejado por la puerta de embarque llevando torpemente unas maletas cargadas de sueños y ambiciones. Eran esas maletas antiguas, viejas y duras que una vez me dijiste que te llevarías vacías para traértelas llenas de dólares.

Aun así te fuiste ligero. Entre otras cosas, porque te deshiciste de todas las fotos en las que estaba plasmado el pasado que no quieres recordar. Las tiraste a la basura como quien tira unos papeles inservibles que sólo te traen malos recuerdos, o lo que es peor: recuerdos de una infancia que nunca tuviste.

Eran fotos en las que aparecía tu madre sonriente, de la que no te has despedido al marcharte y que ni siquiera sabe que te has ido de España. Esa vieja de la que no quieres saber nada porque te siguen doliendo en tu corazón, más que en tu carne, las palizas que te propinó durante toda tu infancia, por las que a veces te ingresaron en el hospital y tuviste que mentir a los médicos, coaccionado por ella, sobre el origen de tantas heridas. Una madre que a veces no te abría la puerta de casa porque estaba disgustada contigo y te hacía pasar noches enteras vagando por la calle o durmiendo en el zaguán. Tiraste fotos de esa madre que no quiso llevarte al colegio, que te dejaba en casa solo y obligándote a limpiar, como si fueses un gato más de los cientos que tenía. Hasta que a tus 10 años, la asistente social la amenazó con quitarle tu custodia si no te matriculaba en la escuela. También tiraste fotos de un niño vestido de blanco porque tu madre creyó que tú eras un enviado de Dios y, en agradecimiento a él, te vestía siempre de blanco, lo cual provocó la mofa de tus compañeros de clase y consiguió que repudies por completo el color blanco.

Tiraste unas fotos en las que nunca había un padre que viese cómo ibas creciendo. Un padre que os abandonó cuando tú todavía eras un crío. Recuerdo cuando no hace mucho partiste en su búsqueda con los pocos datos que tenías de él y lo encontraste lejos, en Galicia, viviendo con otra mujer en una casa en la montaña. Cuando te vio no te reconoció, tuviste que decirle que tú eras aquel niño que abandonó con 2 años, que no querías nada de él, que no buscabas su cariño, que no querías pedirle cuentas, que sólo querías saber quién era ese padre que aparecía en unas fotos borrosas que ahora ya no tienes. Me confesaste sentir envidia por esos hermanastros que conociste, porque ellos pudieron disfrutar de tu padre y tú no.

También te has ido ligero porque te has deshecho de toda la colección de vinilos que fuiste compilando con tanto entusiasmo. Los comprabas en aquella tienda del viejo a la que tantas veces te acompañé. Te comprabas discos muy dispares, desde los típicos de Michael Jackson, tu gran ídolo, pasando por Alaska y cualquiera que te recordasen tus queridos años 80, hasta discos de canciones infantiles como los de Enrique y Ana, que escuchabas para llenar el vacío de tu niñez.

Te has deshecho de todos tus dibujos, de todos los comics que has ido dibujando, de todas las pinturas, de todos los utensilios de dibujo y de todos tus lienzos. Pero te has llevado contigo la calidad y destreza del gran pintor y dibujante que eres, cosa que no podrás perder y dejar en ninguna parte.

Te has deshecho de la mayoría de libros que tenías, de muchísimos cedes que tenías, de una infinidad de cassetes de música. Incluso aquellos en los que grabábamos entrevistas ficticias en la playa, en las que imitábamos a pervertidos sexuales, marujonas, sexólogos desatinados, travestis, putas, abducidos...

Has tirado todos los documentos de tu pasado. Los boletines de notas del colegio, las cartas, las postales, los retratos... todo. Tu pasado ha muerto. Eres otro hombre. Ahora empiezas una nueva vida sin tara alguna.

Cuando te has ido y he visto el asiento del copiloto vacío he recordado cuando me contabas cómo descubriste el manga y Japón. En plena adolescencia, angustiado por el trato y los insultos de tu madre, encontraste un mundo que te permitió soñar y olvidarte de la bruja. Me contabas cómo las aventuras de esos personajes de manga te trasladaron a una nueva dimensión. El romanticismo de algunos comics te hechizó y, a partir de entonces, Japón fue tu patria espiritual. Siempre creíste que allí vivía ella, el gran amor de tu vida, esa chica que nunca conocerás en esta vida porque dices que vosotros os amáis por encima de la vida, de la muerte, del universo y por encima de todos los tiempos. Dices que os miraréis eternamente, sin que os canséis, porque en este universo no podrás contemplar nada más hermoso que sus ojos. Por eso siempre andas convencido de que ella te espera en algún lugar muy lejos de este mundo podrido.

Al volver del aeropuerto he visitado el piso en el que estabas viviendo. Era un piso que te alquilaron mis padres, aunque yo no quería que te cobrasen, pero tú insististe en que no querías vivir como un mantenido y quisiste pagar para no sentirte mal.

He visto las cosas que has dejado al no poder llevártelas. Me has dicho que me las quedase. He visto el ordenador en el que escribías tus relatos y tus novelas. Era el ordenador en que ibas a escribir la obra maestra que te convertiría en un escritor de éxito mundial. Te dije que no pensaba quedarme con tu ordenador, que en cuanto estuvieses asentado allí te lo mandaría por correo. Pero me dijiste que no, que me lo quedase, que estabas muy agradecido a lo que había hecho por ti. Pero yo te dije que no, que no me debes nada. Pero volviste a insistir en que me lo quedase, me dijiste que lo utilizase y escribiera en él mi primera novela, que tú no tienes apego a las cosas materiales, que el dinero va y viene y, además, pensabas comprarte allí un portátil y si no me lo quedaba no te quedaría otro remedio que tirarlo al río. Al final he decidido que guardaré tu ordenador, pero no será mío sino que seguirá siendo tuyo y te lo mandaré cuando quieras.

También he visto tu órgano cubierto de polvo. Ese que te compraste con tu primer sueldo cuando trabajaste en el Burguer. Ese con el que soñabas componer melodías tan buenas como las de tu querido Alejadro Sanz, canciones poperas como las de Michael Jackson y como todas esas canciones que triunfaban en América. Me has dicho que lo utilice y que aprenda a tocar bien el piano. Yo te he vuelto a decir que te lo mandaré cuando estés allí. Ese piano es tuyo y forma parte de ti.

Luego me he metido en la habitación de los trastos y he visto que estaba tu radiocasete. Lo he mirado y me ha traído muchísimos recuerdos. He reparado en una cinta que te has dejado puesta dentro. Quizás, al estar allí dentro, te has olvidado deshacerte de ella. Al pulsar play he oído que se trataba de una de las cintas que grabábamos en la playa en el año 98, ese año que tantos recuerdos nos trae, cuando la gente parecía amistosa y cuando no existía tanta falsedad.

Luego me he sentado en la silla en la que tú te habrás sentado un millón de veces. Me he puesto a recordar cuando íbamos a Valencia y nos metíamos en la catedral para confesarnos y preguntarle al cura, mientras aguantábamos la risa, cómo podía aguantar tanto tiempo sin follar. Recuerdo que ese día también fuimos a una tienda en la que vendían material religioso y tú preguntaste, con semblante serio, si tenían incienso para hacer una misa negra. Qué risa cuando vimos la cara de la beata escandalizada que creía estar ante el demonio personificado. Nos rogó que utilizáramos el incienso tan sólo para celebrar misas buenas. ¿Y recuerdas ese domingo por la mañana que pasé por tu casa cuando yo estaba completamente borracho y nos fuimos a misa? Qué divertido fue hablar con el cura para decirle que las misas son más interesantes que la programación de TV y que nos gustaban mucho las historias mitológicas que cuenta y le preguntábamos si de verdad había alguien que se las creyese. Después, comulgabamos tranquilamente ante la estupefacción del cura que no sabía si servirnos el cuerpo de Cristo.

También recuerdo un día que paseábamos y una chica se nos acercó para animarnos a donar sangre y tú te inventaste que eras Testigo de Jehová y le preguntaste cómo se le ocurría andar por la calle pidiendo sangre para ir contra la voluntad de Dios.

O el día que estábamos aburridos en el paseo marítimo y te dedicaste a preguntar a toda la gente con la que nos cruzábamos si sabían dónde había algún puticlub cerca. Lo mejor era observar las caras de las gentes.

Nos sentíamos sumamente pletóricos provocando a la gente como auténticos bohemios subversivos. Aunque, en realidad, tan sólo éramos dos adolescentes gilipollas haciendo el imbécil.

Pero los recuerdos que más resuenan en mi cabeza son todas esas charlas que hemos tenido. Horas y horas de pláticas infinitas hasta ver el amanecer, recorriendo todas las calles de Cullera, observando a la gente, hablando de recuerdos, de ideas, de miedos, de alegrías, de incomprensión, de nuestro día a día.. ¿Cuántas cosas habremos vivido juntos?

Una de las cosas que más me ha sorprendido a lo largo de toda tu vida es lo solo que has estado siempre. Sobre todo porque siempre te he considerado un genio y que tienes una mente con una lucidez increíble y con una personalidad única. A veces me recuerdas a Ignatius, el protagonista de la Conjura de los necios pero a la española. Más bien, eres el último hidalgo viviente, el último idealista, el último soñador. Eres ese Don Quijote que tanto odias y que dices que por culpa de él se han talado inútilmente demasiados árboles en el mundo imprimiendo ediciones y ediciones de El Quijote, y que ya es hora de que aparezcan más escritores españoles aparte de Jaime Peñafiel.

Tus discursos estaban cargados de un humor que nadie, o casi nadie, ha sabido ver. Por eso, muchos necios se han conjurado contra ti. No han sabido cómo eres, no te han conocido interiormente y se han limitado a juzgarte por tus palabras de odio hacia el mundo. No han visto al ser luminoso que hay dentro de ti. El mundo te ha dado la espalda porque no han captado la profundidad y el dolor de tus palabras, no han visto a ese niño que grita y necesita comprensión. No entiendo por qué no te adora todo el mundo, si una persona como tú tan sólo sabe hacerse querer.

Tampoco he entendido otras cosas, por ejemplo, que pese a toda la educación que tu madre no quiso darte, eres la persona más educada, con más modales, con más talante y con más caballerosidad que he conocido en mi vida. Imagino que toda esa educación con la que tratas a la gente y de la que haces gala, es inversamente proporcional a la forma que te ha tratado a ti la vida.

Creo que no andaba desencaminado aquel que te dijo una vez que una persona que ha vivido lo que tú has vivido lo más lo normal es que hubiese acabado loco, en la cárcel, drogaditco o suicidándose. Tu odias las drogas y estás un poco loco, pero recuerdo tristemente cuando me contaste que intentaste quitarte la vida. Llevabas mucho tiempo diciéndolo, pero nunca pensé que lo hicieras. Odiabas vivir sólo y anhelabas estar con una chica que te quisiese de verdad. Un día decidiste tomarte muchísimas pastillas, media botella de anís y rematarte cortándote las venas. Por suerte te arrepentiste a tiempo, te llevaron en ambulancia, estuviste en el hospital sin que nadie supiese que estabas mal. Yo no me enteré hasta que pasados unos días viniste a mi casa con el parte médico a contarme lo que habías intentado hacer y me enseñaste las marcas de tus muñecas. Menos mal que nunca más se te ha vuelto a pasar la idea por la cabeza. Después de aquel día te diste cuenta que amabas la vida. Todo lo que a lo largo de estos años no te ha matado, sin duda, te ha hecho más fuerte. Fortísimo.

Pero lo que más me sorprende de esta amistad es que tú y yo seamos amigos. No coincidimos en nada, no tenemos la misma perspectiva de la vida, somos políticamente opuestos, concebimos el mundo de distinta forma. Tú pareces el hijo de Adolf Hitler y yo el del Che Guevara. Recuerdo ese día, al poco tiempo de conocernos, que estuvimos hablando de política y cuando tú insultaste al Che comenzamos a pegarnos y te volaron las gafas. ¿Qué curioso no? Tú odias a los inmigrantes y a mí me importan una mierda porque odio a todo el mundo indiscriminadamente. Tú odias a los comunitas y yo odio a los fascistas. Tú odias a los judíos y a mí me importan 0. Tú adoras Estados Unidos y a mí me parece el peor país del mundo. Odias la lengua castellana y a mí me parece la más bonita que existe. Odias el Quijote y yo pienso que es una obra maestra. Somos dos antítesis ideológicas y, sin embargo, estoy en condiciones de decir que has sido el amigo más fiel y leal que he tenido. ¿Me lo puedes explicar? ¿Por qué cojones tú y yo somos amigos? ¡Yo todavía no lo entiendo!

 

Y No sé... ¿Qué más puedo decirte?

 

Toda la suerte que pueda desearte es poca.

Tampoco puedo ser egoísta y decirte que vuelvas.

 

¿Debo decirte que continúes escribiendo tu leyenda?

¿Decirte que nunca he tenido un amigo como tú?

¿Qué ahora hay un vacío muy asqueroso que has dejado cuanto te has ido?

¿Decirte que me joderá mucho pasar por tu casa y saber que no vas a estar allí... ?

 

Sólo puedo decirte que cumplas tus sueños

Y que se te echará jodidamente de menos hijo de la gran puta.

 

Nos volveremos a ver.

Que tenemos que hablar de muchas cosas,

Compañero del alma, compañero.

 

Burlas

 

 

Se está terminando el curso y en todo este tiempo no he conocido a nadie que valiese la pena o que me hubiese gustado ser su amigo. La gente con la que he compartido aula es muy distinta a mí. Ninguno ha captado cómo soy. Para colmo se piensan que soy gilipollas y como no hablo mucho se creen con derecho a mirarme con cierto aire de superioridad.

No hace mucho, uno de esos niñatos me vio ensimismado y me preguntó qué pensaba. La pregunta me pareció tan estúpida que contesté de broma: “estoy intentando averiguar algún sistema efectivo para suicidarme”. Los que estaban escuchando abrieron sus ojos como platos, se pegaron codazos entre ellos y se miraban como diciéndose “¿Has oído lo que ha dicho el raro de la clase? ¡Qué fuerte! ¡Se quiere suicidar! ¡Está mal de la cabeza!”. No se daban cuenta de mi tono irónico (de hecho, algunos, al principio de curso preguntaban a los profesores qué significaba la palabra “ironía”), cosa que me daba igual. Pero el asunto fue a más y ahora, cuando llego a clase, me ven y me dicen: “¿Todavía estás vivo?” y entre ellos sueltan unas carcajaditas contenidas y se miran con complicidad. Quieren divertirse burlándose de mí porque se creen que no me entero. Pero para mí todo esto es una diversión y por eso les sigo el juego y les digo: “sí tío, no me he suicidado. Todavía no he encontrado ningún sistema de suicidio que no duela”. Y entonces uno me replica: “podrías tirarte desde un puente” y yo contesto: “sí, pero yo quiero hacer una matanza antes de suicidarme. Me gustaría venir a clase y mataros a todos”. Luego se vuelven a mirar entre ellos aguantándose la risa. Saben que luego tendrán algo que contar al resto para echarse unas risas a mi costa. Dirán: “ahora dice que nos quiere matar a todos” y se descojonarán todos juntos.

Me gusta que crean que se ríen de mí. Todo eso me dice muchas cosas de esa gente. Son tan superficiales que no saben ver más allá de sus narices. Jamás han pensado por sí mismos. Sus cerebros sólo están llenos de mierda. La única preocupación que tienen es ir al gimnasio para trabajarse los musculitos y comprarse pijerías para creerse más que nadie y con esos objetos sentir que son alguien. Sólo saben hablar de ropa. Estudian por aprobar y no por aprender. Alguna vez me han visto leyendo y me han dicho: “¿Te gusta leer? ¿Tú eres raro no?”. Preguntas ante las que yo me quedaba completamente estupefacto. Ellos no me entienden a mí, yo no les entiendo a ellos. Somos mundos diferentes. Se pueden reír de mí todo lo que quieran. No saben que el que se ríe de ellos soy yo.

 

 

 

Las farmacias son lugares que invitan a la reflexión y a la enfermedad

Las farmacias son lugares que invitan a la reflexión y a la enfermedad


Nada más entrar en la farmacia siento ese característico olor de medicina concentrada. Seguramente algún día se demuestre que el aire de las farmacias es tóxico. Allí dentro mires a donde mires encuentras un cartel de publicidad. Comida para bebes, esnifadores para los mocos, caramelos, etc.

Me pongo en la cola. Están atendiendo a una chica que está pidiendo mil medicamentos. Los que van a la farmacia todos los días son hipocondríacos o están a punto de morirse. A mí no me gustan las farmacias. Intento evitarlas siempre que puedo. Estar allí significa que algo va mal.

La hipocondríaca se va con una bolsa llena de medicamentos. Seguramente al llegar a casa los mezcle todos en una olla exprés y se los tome como si fuesen los garbanzos del puchero. Deberían hacerles un tratamiento a esos yonkis.

Ahora están atendiendo a la que está delante de mí. Va con su hija. Es una cotorra de cuidado. Le está contando la vida al farmacéutico. Odio a la gente que no pide las cosas y se va. ¿Por qué tienen que contar más de lo que interesa? Cuando trabajaba en telefonía móvil odiaba a ese tipo de gente. Los hubiese matado a todos. Si queréis hablar os vais a un parque y conversáis con otros solitarios pero que no jodáis a los dependientes.

- Toma este jarabe. Seguro que con esto la niña no se marea en el autobús. – dice el farmacéutico.

- Pero es que a mi hija no le gusta esto.

- No vale elegir – le dice el farmacéutico dirigiéndose a la niña – tú te lo tomas y a callar. Que se note que eres valiente.

- Bueno pues ya sabes Yolanda – le dice la madre a la hija – si no te tomas esto no podrás ir de viaje.

Qué fácil es hacerle chantaje a los niños. Los Reyes Magos y Papa Noel se inventaron para hacer chantaje a los niños. Parece que sea el único sistema para que aprendan. El hombre del saco, el cuarto de las ratas, el coco, la bruja, los monstruos que se comen a los niños que no se terminan las comidas, los secuestradores de niños que se portan mal. La infancia de un niño está llena de personajes horribles capaces de amargar la infancia a cualquiera. “O te portas bien o te llevaré al cuarto de las ratas y la bruja te pegará y si te escapas el hombre del saco te meterá en su saco y te tirará por un acantilado”. No me extraña que haya tanta gente traumatizada o que acabe mal de la cabeza . No es para menos. Esos malvados personajes están marcando a una generación. Aunque posiblemente antes existían otros verdugos para chantajear a los niños y no lo sabemos. Me pregunto si los romanos le dirían a sus hijos: “Comete todo o vendrá Vulcano y te secuestrará y te quemará el culo con un hierro candente”.

La pubertad y la edad del pavo no se debe al aumento de las hormonas, no. Toda esa tontería e impertinencia que le entra a uno es porque descubre que todos esos hijos de puta no existen y, entonces, el adolescente se libera y hace lo que le da la gana sin temor a ninguna represalia de seres fantástico. Aunque no a todos les ocurre así. Hay muchos que todavía se creen el Nuevo Testamento y piensan que les premiarán en el cielo por sus buenas acciones y se dedican a llevar vidas de santos sin preocuparse de lo que verdaderamente importa.

Después de estar hablando un rato, el farmacéutico se mete en la habitación que está llena de estanterías con medicamentos. El paraíso de los yonkis. Entonces ocurre lo peor. La madre se gira y comienza a hablar conmigo. Se ve que me ha visto con ganas de hablar. Yo no lo puedo evitar.

- Mi hija se tiene que ir de excursión al Safari Park y se marea.

- Vaya por Dios.

- Y claro, se tiene que ir en autobús y es una hora de viaje. Lo que pasa es que tiene que tomarse una ampolla antes de ir y otra antes de volver. Así que le daré la medicina a la profesora y que se la dé antes de que salgan. ¿Qué otra cosa voy a hacer?

- Claro.

- Lo que pasa que no le gusta el jarabe ese. Es muy malo.

No contesto.

El farmacéutico vuelve con el medicamento mágico y lo factura. Después se ponen a hablar otra vez de tonterías. En las farmacias también se cotillea. No me extraña que en la televisión triunfen tanto los programas de cotilleos, si hay un plató de salsa rosa en cada panadería, en cada farmacia, en las colas de las charcuterías y en todos los bares. Los dependientes son los primeros en enterarse de todo. Aunque en las ciudades de mierda las únicas noticias novedosas son las defunciones. Muy de vez en cuando hay algún escándalo de divorcios o cuernos y todo el pueblo se hace eco de la noticia y despellejan públicamente al cabrón que puso los cuernos y se inventan cosas de él. Pero cuando se arma más revuelo es cuando se anuncia la salida del armario de alguien popular en la ciudad (que siempre suele ser falsa), entonces la gente ya no habla de otra cosa y el rumor acaba deformándose de tal forma que acaban diciendo: “su mujer entró en casa y se lo encontró en la cama con dos hombres”.

Al fin la cotorra se va. Yo avanzo un paso y me pongo delante del mostrador. El dependiente mira.

- ¿Qué deseas?

- Unos tapones para los oídos – digo convencido.

Llego a casa. Abro la cajita y leo el prospecto. Cojo los tapones y me los pongo como puedo. Entonces empiezo a flotar. Doy un paseo por casa. Es maravilloso. ¡No escucho mis pasos! ¡Voy en una nube! ¡Ahora podré estudiar sin que nadie me moleste! ¡Sin escuchar a la puta de mi vecina! ¡Sin oír la televisión! Es un mareo pero los sonidos más bajos no los escucho. Esto es como ir colocado. Estoy en mi burbuja. ¡Bien! Podré estudiar.

Mientras estudio pienso en lo maravilloso que es no escuchar a nadie. Si pudiese comprarme una habitación acorazada para no tener que ver a nadie también me la compraría. Sería la Solución Final sin matar a nadie.

Pero pronto me desmorono. Me doy cuenta de una cosa: Los tapones para los oídos no sirven para dejar de escuchar a la voz de mi conciencia.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Los locos siempre tienen algo que decir

Domingo. 7:30 de la mañana. Despuntaban los primeros rayos de sol de la aurora. Yo volvía a mi casa solitario y con paso sosegado mientras recordaba el transcurso de la noche. Había visto a mucha gente y había bebido mucho. Volver a casa después de una noche así era deprimente. ¿Por qué salía la gente? No entendía el motivo. Era una pérdida de tiempo. Yo nunca quise ser uno más. Nunca quise ser alguien que hace lo mismo que todo el mundo sin saber por qué. Sin embargo allí estaba yo, volviendo a casa como un idiota más. Sentía asco de mí mismo.

Caminaba por una calle por la que los coches pasaban muy rápidos. Pensé que si uno de esos coches se despistase y subiese en la acera me atropellaría mortalmente. Ese macabro pensamiento me inquietó durante todo el paseo por esa peligrosa calle.

Cuando llegué al final de la calle vi a una anciana muy bajita que arrastraba un carro azul. Ella miró hacia atrás y al verme se detuvo. Cuando llegué a su altura reincorporó el paso y me habló:

- Tienes cara de irte a dormir.

- ¿Qué más puedo hacer a estas horas, señora?

- Pues ahora te contaré lo que me ha pasado: Estaba caminando por la calle de allí delante cuando he visto a una pareja que estaban haciéndolo allí en medio. Me he acercado y les he dicho que son unos desgraciados y unos cerdos. Ellos me han contestado que quieren hacerlo así, que no pasa nada, que si se queda embarazada se lo quita. Entonces ha llegado un municipal y se lo he dicho y el policía en vez de hacer algo se ha puesto a mirar...

- ¿Dónde dice que ha ocurrido eso? – le pregunté curioso, intentando escrutar la salud mental de la anciana.

- Allí delante – y señaló una calle trasversal –. Todas las jóvenes son unas putas. Luego no quieren que las llamemos putas. Y los hombres igual, sólo se las buscan putas y sólo quieren hacerlo con ellas. Escúchame: Tú si quieres una buena chica búscatela fea. Si te la buscas guapa seguro que es una puta.

- Tendré en cuenta su consejo, señora.

- ¡Tú qué vas a hacer! ¡Si los jóvenes sólo queréis hacerlo! No tenéis respeto por nada.

- ¿Está insinuando que yo soy de esa clase de tipos?

- ¡Pues claro! La juventud no tiene respeto a la Virgen ni a Dios. Y Dios no quiere estas cosas. Dios no quiere pobreza y la hay. La Virgen tampoco quiere pobreza y hay pobreza en el mundo.

- Ni Dios ni la Virgen creo que tengan culpa de la pobreza en el mundo.

- Tú no lo entiendes niño. Yo ahora me voy por ese camino, porque ahora vengo del médico. Yo siempre voy al médico ¿sabes? Últimamente no paro de sangrar por la nariz, por la boca y por el chocho. Es como si volviese a tener la regla a mi edad.

- Que se recupere señora. Pero recuerde que yo soy un hombre de bien.

- Sí, sí... ¡Todas son unas putas y todos unos cabrones!

Ella tomó otra calle y se alejó.

Al contrario de lo que les sucede a la mayoría de cuerdos del mundo, los locos siempre tienen algo que decir. Quizás por eso siempre se ha relacionado la esquizofrenia con el genio. Por lo tanto, no sabía si acababa de hablar con una loca o con un ángel enviado por Dios que me traía un mensaje. Sea lo que sea no importaba. La cuestión es que ya tenía una historia que contar cuando me sentase a escribir. No sé si ese era el problema.

Vuelta a clase

Martes 25

Hoy volvía a clase después de las vacaciones. Iba conduciendo el coche y veo en la carretera un gato negro acostado y moviéndose.

- ¿Qué haces ahí gato de mierda? ¿Por qué coño no te apartas?

Lo esquivé con un hábil volantazo y unos metros más adelante veo una pata negra y poco más allá otra. Miro por el retrovisor y me doy cuenta de lo sucedido: acababan de atropellar al gato y le habían arrancado las patas traseras del golpe. El gato estaba agitándose mientras agonizaba y levantaba la cabeza para mirar su cuerpo mutilado.

- ¡¡Dios!! ¡¡Qué asco! ¡¡Qué horror!! ¡¡Me cago en la puta!! ¡¡Qué alguien trate de salvarlo!!

Seguí todo el trayecto pronunciando maldiciones contra la existencia de todos los seres vivientes del mundo y cualquier posible ser creador.

Por si no tenía suficiente con ver día a día a los gatos pudrirse en los arcenes, ahora la señorita fortuna intentaba sembrar mis dudas más supersticiosas y me cruzaba con gatos negros mutilados que agonizaban.

Sin duda es un buen presagio para volver de las vacaciones y enfocar la recta final de cara a la selectividad.

Veremos qué pasa.

El grunge

En el instituto. Última hora del día en clase de literatura. Un compañero se ha sentado a mi lado. Es el típico que lleva rastas, viste camisetas negras y en mochila siempre lleva  chapas contra la guerra, insignias nacionalistas, anarquistas y de todo tipo. No suelo hablar mucho con él pero me cae decentemente bien porque creo que al menos tiene ideales.

En medio de clase me dice:

- ¿Vas el próximo martes a la manifestación?

- ¿Qué manifestación?

- ¿No te has enterado?

- No.

- La manifestación a favor de la lengua valenciana.

- Pues no, no voy. Paso de todo eso.

Parece que se queda decepcionado conmigo y no contesta. Se queda mirando mi camiseta de Kurt Cobain en la que aparece una foto de él y arriba sale el año de nacimiento y muerte.

- ¿Quién es ese Kurt Cobain que murió tan joven? Me suena de algo.

- ¿No sabes quién es Kurt Cobain?

- No.

- El cantante de Nirvana.

- ¡No jodas! ¿Está muerto?

- Sí.

- ¿Y de qué murió? ¿De sobredosis?

- No. Se pegó un tiro.

- ¿Y por qué se pego un tiro?

- Depresiones, drogas, amoríos... dicen que la mujer, Courtney Love, estaba implicada en el asunto. Pero nunca se ha sabido nada.

- Joder... yo pensaba que Nirvana aún iba por ahí...

- Ya...

Crisis vocacional

Casi nadie comenta en el blog. Esto está abocado al fracaso como yo. Se supone que aquí entran todos los días de 20 a 40 personas, pero no creo que me lean, la mayoría vienen perdidos a través de google buscando cosas que no encuentran en sus vidas. Casi todos vienen buscando cosas referentes al sexo. Andan muy necesitados buscando perversiones de todo tipo. Deberían hacer un estudio sobre eso. Por lo visto los internautas andan más reprimidos de lo que parece. Para que os hagáis la idea, la palabra que más se repite en las búsquedas que llegan a mi página es “sodomizar”.

Pero no he empezado a escribir esto para analizar los criterios de búsqueda de los internautas.

Hace un año yo estaba planteándome qué hacer con mi vida. Odiaba vender teléfonos. Estaba harto de repetir siempre lo mismo y de estar en un puesto donde lo único que aprendía eran las marcas de teléfonos nuevos y donde no desarrollaba ni la imaginación ni la creatividad.

Ahora he vuelto al instituto. Cuando acabe el curso podré acceder a la universidad para hacer algo que me guste. Pero me he dado cuenta que todavía no sé qué hacer con mi vida. Tengo muchas dudas. En principio comencé el curso teniendo claro que quería hacer periodismo. Creía que siendo periodista podría abarcar todas las inquietudes que me gustan. Leer, escribir, informarme, viajar, entrevistar, conocer gente interesante. Pero ese mundo tampoco es de color de rosa. Nada es de color de rosa. También me estoy planteando estudiar filología hispánica. Así podré también profundizar en la lengua y leer mucho, que es una de las cosas que más me gustan. Pero los que estudian filología suelen acabar trabajando en la enseñanza y a mí eso no me atrae nada. No creo que sirva para dar clases; los alumnos me torearían, no me harían caso y me pincharían las ruedas del coche cuando los suspendiese por burros.

Me da la sensación que todos quieren ser pragmáticos con sus decisiones, los profesores nos dicen que estudiemos para ir a la universidad, sacarnos una carrera y tener un buen trabajo que nos proporcione un buen dinero. Hasta los profesores encaran nuestros actos hacia el dinero. Yo considero eso un error. Hay que estudiar porque te gusta aprender, sin mirar hacia el futuro y mucho menos el dinero que ganarás. Yo creo que los que piensan en el dinero nunca serán felices con lo que hacen. No quiero enfocar mi vida pensando en la economía. Quiero estar bien con lo que hago. Me parece poco inteligente que los profesores recomienden estudiar carreras con las que ganaremos mucho. Eso no es una motivación para los estudiantes. Al menos para mí no.

Creo que soy más inteligente que todos los profesores. Pero bueno... seguramente ellos piensen que yo soy un burro y por eso me suspenden.

PAZ

Muchos hombres desean que algún día llegue la paz mundial y que nunca jamás se desate una nueva guerra. Pero pocos piensan en la paz interior.

Para alcanzar la paz interior se deben eliminar los imperativos que recaen sobre tu persona. Haz la cama, ve a comer, estudia, sal un poco, búscate una buena chica que te quiera y te dé hijos, trabaja en algo que te dé mucho dinero. ¡Basta ya! Yo sólo quiero silencio y tranquilidad. No quiero que intenten hacerme sentir culpable por hacer lo que quiero si no hago daño a nadie. En mi mundo ideal todo el mundo sería libre y la única ley que imperaría sería: “Eres libre hasta que empieza la libertad del otro”. Punto.

Estoy harto de que me pregunten por qué no salgo, como si lo que hiciese no fuese normal. Yo no pregunto a la gente por qué sale, seguramente si les preguntase por qué salen no sabrían qué responderme. Adoro la soledad y odio la mentalidad tribal. Odio a todos esos que no son nadie sin sus manadas, sin sus grupos sociales, sin su bandera, sin su país, sin su equipo de fútbol, sin su comunidad de vecinos. En este mundo aprece que lo único que importa es hacerse la puñeta los unos a otros y ver quien tiene más dinero y más cosas.

Iros todos a la puta mierda. Dejadme en PAZ.

En Tierra Firme cumple un año.

<center>En Tierra Firme cumple un año.</center>

Hoy hace exactamente un año que aterricé en el mundo de la blogosfera. Nos hacemos mayores. Repasando los primeros posts he apreciado que he tenido una evolución muy significativa. Al principio escribía realmente mal, y continúo haciéndolo, aunque ahora me esfuerzo un poquito más para mejorar lo presente.

Cuando comencé nunca imaginé que la página se mantuviese tanto tiempo, pensé que era tan sólo una chorrada más que hacía. Pero esto ha ido muy lejos. Debo reconocer que escribir aquí me ha divertido mucho y también me ha ayudado a conocerme más. De hecho, puedo decir, sin miedo a exagerar, que mi vida ha cambiado gracias a esto. He reconducido mi vida hacia otros derroteros que me gustan más y he sabido seguir adelante en esos momentos de angustia existencial en los que no sabía qué hacer con mi vida. Estoy orgulloso de haber creado este rincón oscuro y recomiendo a todo el mundo que se cree un blog. No importa que te lean o no, lo importante es escribir y pensar. Es como hacer un diario que ofreces sólo a las personas que quieran leerte de verdad. La página está ahí y quien quiera ya sabe a dónde dirigirse.

Estoy seguro que este fenómeno de los blogs se va a extender todavía más y en un futuro se hablará de ese boom que impulsó a mucha gente a comentar sus penas y alegrías a través de Internet. Hay blogs que son auténtica literatura urbana y hay muchos autores que deberían plantearse la posibilidad de escribir un libro. Todo esto será recordado como un renacimiento de la literatura. Muchos quieren ser escritores, muchos leen, muchos tienen inquietudes, muchos piensan, muchos denuncian, muchos quieren mejorar el mundo. Y todo lo que sea literatura, filosofía, ideas y movimientos sociales constructivos es bueno para toda la sociedad. ¡Saquemos al periodista que llevamos dentro! Un dato que me llamó mucho la atención es que España es el tercer país del mundo que más blogs crea y el primero con relación a sus habitantes. ¿Qué tendremos los españoles de exhibicionistas? ¿Qué tenemos que contar? ¿Vendrá un nuevo siglo de Oro? ¿Se llamará el siglo de bronce?

Desde que tengo 15 años llevo escribiendo cosas y nunca se me había ocurrido compartir abiertamente las tonterías que pienso y digo. Ciertamente, no sé si gustarán todas las divagaciones que escupo aquí, pero al menos sé que hay algunos fieles seguidores que visitan la página diariamente, y a los que espero seguir atormentando con mis elucubraciones y relatos indigeribles. Gracias a todos (sabéis quienes sois) por estar aquí y añadir vuestro granito de arena (con los que construiremos un castillo) con vuestros comentarios. También quiero expresar mi gratitud a todos los que dejáis comentarios con insultos y os invito a que lo hagáis más a menudo porque sois los que más me divertís.

Por último, quiero recordar a mis fans más incondicionales que en los próximos meses voy a estar preparando los exámenes finales de selectividad (¿quién me lo diría hace un año?) y lamentablemente no voy a publicar tan asiduamente. Espero que pese a esta trágica noticia podáis levantaros por las mañanas con el mismo entusiasmo de siempre.

Saludos a todos y todas, incluidos esos visitantes accidentales que me encuentran en google  con criterios de búsqueda (y os aseguro que son verdad) como: “qué significa sodomizar”, “el hombre más asqueroso el mundo”, “poemas de mierdas vividas”, “cómo cortarse las venas”, “fotos de gordas tuertas”, “manualidades de huevos de pascua”, “letras de reaggeton”, “fotos de mi mujer jodiendo con otro” o “cuando me tiro un pedo me excito”.

Triunfador

<center>Triunfador</center>
Foto: Hasta luego - Los Rodríguez

Conversaciones interesantes

En el cuarto de hora de descanso la gente se agolpa en la puerta del bar para fumarse un cigarro, tomarse la merienda, estirar las piernas y, como siempre, todos hablan un rato. Yo no suelo intervenir mucho en las conversaciones, soy más bien reservado y silencioso. No me gustan mucho los charlatanes, ni esos que hablan por los codos, ni toda esa gente que dice que los silencios les resultan incómodos. El silencio es algo maravilloso, sobre todo cuando estás rodeado de gente que por sus bocas sólo expulsan mierda. A veces desearías ser sordo, o tener un mp3 que eclipse todas las expresiones que emiten esos cerdos erguidos que dicen llamarse humanos, que representan la zafiedad y mal gusto por todo.

Allí estaba yo, y a mi lado un compañero, el cual vestía con unos vaqueros, chaqueta Alfa con bolsillos casi en los pectorales, gafas y mirada de matón de moscas, que estaba hablando con otro y decía:

- Y cuando estoy allí y veo a todos esos moros, en serio tío, cerraría las puertas y le prendería fuego y que se quemasen todos. ¡Qué asco me dan! ¡Que se vayan a sus putos países!

Era el momento adecuado para intervenir. La charla podía ser interesante.

- ¿Por qué dices eso? – le pregunté.

- Por que sí tíooo, ¿Tú sabes lo que es entrar al pub y verte bailando a todos esos moros sin camiseta que dan asco? parece que si les miras te vayan a pegar, son unos chulos.

- ¿No conoces a chulos españoles? –formulé la pregunta de forma muy inocente pero con una malicia profunda, él mismo era un chulo.

- Sí, claro ¡pero tío! ¿A qué viene toda esa gente? Que vengan con contrato de trabajo y cuando acaben – y hace un gesto con la mano señalando a la puerta – que se larguen. Aquí sólo vienen a delinquir para que así los metan en la cárcel y quedarse ¿o es que no lo ves?

- ¿Tú no conoces a ningún español que haya delinquido?

- Claro tío, pero esos tíos... ¡que los echen del país! a un español no lo pueden echar.

- ¿Las leyes no son iguales para todos? ¿Es que si un español delinque no le hacen juicio o qué? ¿O es que quiere quedarse en el país?

- Que sí, que hay gente de toda clase, habrá gente buena y mala, pero esa gente, cuando acabe de trabajar, ¡que se vayan a su puto país y cuando tengan otro contrato que vuelvan!

- ¿No pueden quedarse en paro según tú? ¿Qué quieres? ¿Que haya gente de primera y segunda categoría? ¿Qué cuando un español se quede en paro tenga derecho a cobrar y a buscarse otro y si un inmigrante se queda sin trabajo que se vaya del país sin derecho a nada? ¿No crees que es una forma de legalizar la esclavitud?

- A veeer, a ver... que yo no tengo nada en contra de los inmigrantes eh. Que habrá gente honrada. Lo que yo digo es que cuando acaben que se vayan de aquí.

- Estás tocando un tema muy delicado que hay que ver con mucha perspectiva.

En ese momento pasó por nuestro lado una chica de buen ver, el chico clavó los ojos en ella y se enmudeció. Siguió la trayectoria de su culo hasta que se perdió a la vuelta de la esquina.

- ¡¡Jodeeeer!! Joder, joder, jodeeeeeer. ¡Que buena está! La cogería y le haría ¡Así! ¡Así! – hacía gestos extremadamente exagerados con la pelvis y los brazos como si estuviese esquiando– y asíi. ¡La madre que la parió!

Definitivamente, volví a pensar que el silencio es precioso. Me di cuenta que la conversación había terminado, era mejor hablar de otra cosa, por ejemplo, de fútbol.

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5 hábitos normales para mí. (extraños para los demás)

Ya hacía tiempo que me invitaron a hacer este pequeño cuestionario, pero hasta ahora no tenía ganas de hacerlo. Ahí os lo dejo.

1. No moverme la leche.

Sí amigos, me pongo 1/4 de vaso lleno de Nesquik, vierto la leche siempre fría. Pongo la cucharilla en el vaso (no puedo beberme la leche sin la cucharilla dentro del vaso, es como si le faltase algo) y sin moverlo me lo bebo (preferiblemente de un trago). En el fondo queda una capa de Nesquik húmedo y entonces hago uso de la cucharilla para comérmelo todo a cucharadas. Es el placer más exquisito del mundo, aunque muchos que me han visto hacerlo les parezca una auténtica guarrada y un peligro para la salud dental o se han quedado atónitos ante el espectáculo sin entenderlo.

2. Llegar siempre tarde a los sitios.

No puedo ser puntual. Vivo pasivamente. El año pasado simplemente lo atribuía a que tenía que madrugar y por eso llegaba un cuarto de hora tarde. Pero este año que entro a clase a las cinco de la tarde sigo entrando un cuarto de hora tarde. Sé que si saliese un cuarto de hora antes de casa llegaría puntual, pero mi cerebro ya está programado así y no puedo modificarlo.

3. Ir siempre por el camino de baldosas amarillas.

No sé si fue desde que vi el mago de oz. Pero al menos en mi ciudad todas las aceras están llenas de baldosas rojas y amarillas. Casi siempre me sorprendo pisando las amarillas, no soporto las rojas, les tengo manía. He conocido a gente que me ha caido mal tan sólo por decirme que preferían pisar las baldosas rojas ¿Cómo se atreven esos insensatos? Por otra parte, cuando no hay baldosas de colores, procuro no pisar ninguna línea y adecuar el ritmo de mis pasos para encajar mi pie justo dentro de la baldosa porque pisar la línea también me da rabia. Me encantó descubrir en la película “Mejor imposible” que había alguien que hacía lo mismo.

4. Vestirme en el ascensor.

En verano, cuando bajo por el ascensor, debido a mi pasividad citada, lo que hago es vestirme o acicalarme en el ascensor. Me pongo los zapatos, la camisa o cualquier cosa. Es porque no me gustan los espejos y, normalmente, sólo me enfrento al espejo cuando subo y bajo del ascensor. Me hago el pelo allí en el corto tiempo que dura el trayecto, de ahí a mi habitual aspecto dejadizo.

5. Escarbar en los contenedores de papel.

Desde que un día por simple curiosidad un amigo y yo comenzamos a escarbar en un contenedor de papel y encontramos numerosas revistas y libros interesantes no puedo evitar escarbarlos. Para ello tienen que estar llenos hasta arriba, de lo contrario no se puede coger nada. Una vez encontré más de 20 libros, todos ellos buenos, periódicos, revistas, ¡incluso un día había un diario personal de una que lo había tirado! Unos lo llaman síndrome de Diógenes (no sé que tendrá que ver el gran Diógenes aquí) yo lo llamo trabajo de investigación y ahorro.

Los que queráis seguir esta práctica, os recomiendo que busquéis en los contenedores de papel próximos a las bibliotecas públicas, suelen tener los más ricos desechos. Lo dicho... los contenedores de papel son una fuente de cultura gratuita.

Yo no voy a obligar a nadie a hacer este juego, simplemente lanzo la pregunta y si quieres contestas: ¿Y tus 5 hábitos normales para ti y exaños para los demás cuales son?

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