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En Tierra Firme

El gato muerto

    Todos los días, cuando conduzco hacia el instituto, veo en el arcén de la carretera un gato muerto. Suelo pasar a unos cien kilómetros por hora y la imagen del gato tan sólo puedo retenerla en mi retina durante unos escasos segundos, suficientes para apreciar que cada día está más descompuesto. Esta visión me recuerda cómo es la vida; si la cruzas en otra dirección, los grandes vehículos te atropellan, los operarios te apartan y el resto del mundo observa cómo te pudres mientras continúan hacia su destino, muy parecido al del gato, pero en otro lugar, otro tiempo y otras circunstancias.

     Después no puedo borrar la imagen de mi cabeza. Él ya no sentirá nada, cierto es, pero los que quedamos sí que sentimos. Ahora es de noche y llueve. El gato seguirá en el arcén sin que nadie lo eche de menos.

Estudiando la filosofía cartesiana

Llegué tarde a clase como de costumbre. Todo el mundo estaba hablando, había gente de pie, otros dando vueltas, unos en las mesas haciendo cosas... Me dirigí a Manolo:

- ¿Y el profesor? –pregunté.

- No ha venido.

- Vaya putada, ahora tendremos que estar dos horas sin hacer nada.

- Sí, yo me voy a ir, para una hora que me queda después no vale la pena, además en lengua no hacemos nada.

- Pues sí.

Cogió el montante y se fue. No solía hablar con él pero me caía bien. Jamás se metía con nadie, nunca hablaba, no decía tonterías, era discreto y le gustaba pasar desapercibido.

Decidí quedarme en clase, quería aprovechar el tiempo para repasar los apuntes de filosofía. Me senté en la última fila, abrí el libro y me puse a leer. Descartes era un hombre sensato; razonaba, decía que nunca había que dar nada por hecho, que todas las creencias debían pasar por el filtro de la razón. Parece una tontería obvia, pero en su tiempo era una novedad ya que todo el mundo daba por hecho las cosas sólo porque Aristóteles o cualquier eminencia las había dicho. Él quiso romper con todo eso.

Pero la lectura me estaba resultando dificultosa, no podía concentrarme; delante de mí se había formado un corrillo de contertulios en el que estaban comentando la actualidad mundial y empecé a escuchar lo que decían.

- ¿Y el Manolo? Se ha ido sin decir nada, ¿verdad que es raro? Nunca habla con nadie – dijo una morena.

- Sí –contestó una gorda–, la verdad es que es bastante rarito, yo creo que es maricón.

- No me extrañaría nada –contestó la morena.

- Sí, seguro que es maricón. Ese tío no es normal.

- No es maricón –dijo una rubia que se incorporó a la conversación–. Manolo tiene novia, que yo lo he visto con ella.

- Sí –dijo la morena–, Pero yo siempre veo a su novia paseando con otro. Incluso cuando va con Manolo, el amigo también les acompaña. Se pasa más tiempo con el amigo que con el novio.

- Claro –dijo la gorda–. Además, ¿cuántos maricones hay por ahí que tienen novia sólo como tapadera?

Yo ya había perdido la pista al racionalismo de Descartes, estaba muy atento a la conversación. Por lo visto todo el mundo menos yo conocía a algún homosexual que lo tapaba saliendo con una chica. No pude evitar meterme en la conversación y decir:

- ¿Qué pasa? ¿Su novia no puede tener un amigo con el que se lleve bien?

- Sí –dijo la morena– pero no es normal que se pase las veinticuatro horas con él. Yo si tuviese novio y se pasase todo el día con una amiga me tocaría las narices.

- Habrá que ir con cuidado con ese –dijo uno–, no sea que te agaches y te dé por el culo.

Estaban afirmando que era homosexual tan sólo por que no hablaba con nadie y su novia tenía un amigo. Yo me estaba indignando cada vez más. En primer lugar si fuese homosexual me daría lo mismo, segundo, ¿qué derecho tenían para juzgar a una persona de ese modo y de esa forma tan despectiva? Sobre todo me sorprendía la actitud de los que empezaron a hacer bromas con la presencia de un homosexual en clase, son de esos que normalmente no se comen un rosco con ninguna tía y dan por hecho que si se agachan les darán por el culo, como si los homosexuales no pudiesen tener una pareja, un gusto, unas preferencias o unos sentimientos. ¿Es que todos eran necesariamente promiscuos? Y en cualquier caso, ¿había alguna diferencia entre un homosexual promiscuo y un heterosexual promiscuo?

Decidí no intervenir en la conversación. De haberlo hecho seguramente se pensarían que yo también soy homosexual o, incluso, viendo la capacidad que tenían de relacionar y dar cosas por sentadas serían capaces de afirmar que yo era el novio. Continuaron hablando de sus suposiciones. Más tarde hablaron de la selectividad, de las clases, de la carrera que querían estudiar. Cada cual comentaba sus preferencias, entonces decidí aportar mi grano de arena:

- A mí me gustaría mucho estudiar periodismo o comunicación audiovisual.

- Eso está muy bien –dijo la gorda– con un poco de suerte puedes trabajar en Aquí hay tomate.

FLASHBACK

Ante mi sorpresa de que en Valencia hacía falta sacar un 8,20 para entrar en periodismo pregunté a la profesora:

- ¿Por qué para entrar a periodismo hace falta tanta nota?

- Porque hay mucha demanda –me respondió.

No sabía si había escuchado bien, pero de lo que sí que estaba seguro es que hablaba en serio.

- ¿Dices que es una suerte trabajar en Aquí hay tomate?

- Sí, tienes que tener muuuuuuucha suerte porque entrar en un sitio así es muy difícil.

- ¿Pero eso es una suerte?

- Sí, es un buen trabajo, te pasas el día diciendo tonterías.

Me dieron ganas de decir: Es una lástima, tú te pasas todo el día diciendo tonterías y no te pagan.

FLASBACK 2

Estaba en el plató de Aquí hay tomate (que es el mismo que el de Salsa Rosa, lo que pasa que el fin de semana cambian el decorado) observando cómo era todo. (Algún día contaré mi paso por Tele 5) Me acompañaban dos amigos y nuestro anfitrión Maxim Huerta, que ahora es el colaborador del programa de Ana Rosa, entonces trabajaba en el telediario de la noche. El programa ya había terminado. Había un guión encima de la mesa, yo lo cogí, lo miré y me pregunté quién escribiría todas esas gilipolleces. Máxim Huerta al verme con el guión me dijo:

- Si quieres puedes coger el guión y quedártelo.

Cogí el guión y lo guardé en la mochila como una reliquia. Hoy en día lo conservo.

Decidí no hablar más para no perder el tiempo, era inútil explicarles nada. Abrí de nuevo el libro de filosofía, quise impregnarme de conocimientos de filosofía cartesiana, pero ahora todo me resultaba incomprensible.

Hay que tener la autoestima por las nubes

Soy un ser completamente despreciable. Me doy un asco indescriptible, soy como un virus que habla. Nunca maduro, nunca aprendo, jamás creceré, soy vomitivo y todo lo que toco se pudre. Los de Greenpeace deberían iniciar campañas contra mí porque no hago más que contaminar al mundo con mi sola presencia. Muchas veces pienso que soy la aberración de la materia, que un ser como yo no merece ni vivir. Es imposible saber cómo puedo ser tan feo, tan raro, tan insociable y tan desagradable. Es extraño que un espermatozoide como yo haya ganado la carrera hasta el óvulo; o bien la calidad del esperma era ínfima; o gané haciendo trampa; o maté a todos mis contrincantes; o simplemente, los que viajaron conmigo vieron que me dirigía por un camino y pensaron: “Si el idiota este, que no sabe ni donde está parado, va por ese camino, es que debe ser por el otro”.

            No merezco tener hijos porque sería una desgracia poseer mi carga genética. Soy un piojo sin sentimientos que sólo dice barbaridades. Soy la vergüenza del ser humano. Merezco ser torturado, maltratado, asesinado y una vez muerto que troceen mi cuerpo y se lo den de comer a los cerdos para que me conviertan en embutido y en mierda, y así volver a mi verdadero estado natural. Puedes escupirme si me ves, insúltame sin piedad cuando te cruces conmigo, mata a toda mi familia por ser los culpables de crearme, pincha las ruedas de mi coche, quema mi casa, denúnciame ante la justicia por ser tan repugnante, roñoso y mezquino. Que me condenen a muerte y que borren todos los archivos del registro civil donde aparezco para que así nadie recuerde que alguna vez existí. Bórrame de tu memoria para que no se te pudran las neuronas con mi recuerdo.

         Y todo esto lo digo en una época donde está de moda quererse a sí mismo. Yo no soy una excepción, me quiero más que a nadie.... así que imagina lo que pienso de ti...

Besaste a Lilly - Charles Bukowski

Como estoy sin ideas, os dejo con este extraordinario relato de Charles Bukowski para que os entretengáis un rato. Un saludo. 


 

Era un miércoles por la noche. La televisión no había sido gran cosa. Theodore tenía cincuenta y seis años. Su mujer, Margaret, cincuenta. Llevaban veinte años casados y no tenían hijos. Ted apagó la luz. Se desperezaron en la oscuridad.

—Bueno —dijo Margie—, ¿es que no me vas a dar el beso de buenas noches?

Ted suspiró y se volvió hacia ella. Le dio un beso rápido.

—¿Llamas a eso un beso?

Ted no contestó.

—Aquella mujer del programa era igual que Lilly, ¿verdad?

—No sé.

—Sí sabes.

—Escucha, no empieces, que habrá follón.

—Lo que pasa es que no quieres analizar las cosas. Sólo quieres cerrarte como una lapa. Sé sincero. Aquella mujer del programa se parecía a Lilly, ¿verdad?

—Está bien. Tenía un cierto parecido.

—¿Te hizo pensar en Lilly?

—Dios santo...

—¡No seas evasivo! ¿Te hizo pensar en ella?

—Por un momento, sí...

—¿Y te sentías a gusto?

—No. Escucha, Margie, eso pasó hace cinco años.

—¿Acaso el tiempo hace que lo que pasó no pasase?

—Te dije que lo lamentaba.

¡Que lo lamentabas! ¿Sabes lo que pasé yo? ¿Te imaginas que hubiese hecho yo lo mismo con un hombre? ¿Qué habrías sentido?

—No sé. Hazlo y lo sabré.

—¡Muy gracioso! ¿Es que quieres reírte de mí?

—Marge, hemos discutido este asunto cuatrocientas o quinientas noches.

—¿Cuando hacías el amor con Lilly, la besabas como me besaste ahora a mí?

—No, claro que no...

—¿Cómo, entonces? ¿Cómo?

—¡Por Dios! Basta ya.

¿Cómo?

—Bueno, distinto.

—¿Distinto en qué sentido?

—Bueno, había una novedad. Me excitaba...

Marge se incorporó en la cama y se echó a llorar. Luego dejó de hacerlo.

—Y cuando me besas a mí no te excitas, ¿verdad?

—Es que estamos habituados el uno al otro.

—Pero eso es el amor; vivir y hacerse mayores juntos.

—Bien.

—¿«Bien»? ¿Qué quieres decir con bien?

—Quiero decir que tienes razón.

—Lo dices, pero se ve que no lo crees. Lo único que quieres es no hablar. Has vivido conmigo todos estos años. ¿Sabes por qué?

—No estoy seguro. La gente se habitúa, se acostumbra a las cosas, es como el trabajo. La gente se acomoda. Es lo que pasa.

—¿Quieres decir que estar conmigo es como un trabajo? ¿Es como un trabajo ahora?

—Bueno, en el trabajo hay que fichar.

—¡Ya vuelves a empezar!  ¡Esto es una discusión seria!

—Está bien.

—¿«Está bien»? Eres un asqueroso imbécil. ¡Animal! ¡Te estás quedando dormido!

—Margy, ¿qué quieres que haga?  ¡Eso pasó hace años!

—¡Está bien, te diré lo que quiero que hagas! ¡Quiero que me beses a como besabas a Lilly! ¡Quiero que me jodas a mí como a Lilly!

—No puedo hacerlo...

—¿Por qué? Porque no te excito como Lilly, ¿verdad? ¿Porque no soy una novedad?

—Apenas si recuerdo a Lilly.

—La recuerdas perfectamente. Está bien. ¡No tienes que joderme! ¡Sólo bésame como a Lilly!

—Oh, por Dios, Margy, ¡déjalo ya, por favor, te lo suplico!

—Quiero saber por qué hemos vivido juntos todos estos años! ¿He desperdiciado mi vida?

—Todos la desperdician, casi todo el mundo.

—¿Desperdician sus vidas?

—Creo que sí.

—¡Si pudieses simplemente imaginar cuánto te odio!

—¿Quieres el divorcio?

—¿Que si quiero el divorcio? ¡Oh, Dios mío, qué tranquilo eres! ¡Destrozas mi maldita vida y luego me preguntas si quiero el divorcio! ¡Tengo cincuenta años! ¡Te he dado mi vida! ¿Adonde voy a ir?

—¡Puedes irte al infierno! Estoy harto de oírte. Harto de tus quejas.

—¡Imagínate que hubiera hecho yo lo mismo con un hombre!

—Ojalá lo hubieras hecho. ¡Ojalá!

Theodore cerró los ojos... Margaret gimoteó. En la calle ladró un perro. Alguien intentaba poner un coche en marcha. No arrancaba. Treinta grados de temperatura en un pueblecito de Illinois. James Carter era el presidente de los Estados Unidos.

Theodore empezó a roncar. Margaret fue hasta el armario y sacó el revólver del cajón del fondo. Un revólver del 22. Estaba cargado. Volvió a la cama junto a su marido.

Le zarandeó.

—Ted, querido, estás roncando...

Le zarandeó otra vez.

—¿Qué pasa...? —preguntó Ted.

Ella quitó el seguro al revólver y apoyó el cañón en la parte del pecho de él más a mano y apretó el gatillo. La cama se balanceó y Margaret disparó de nuevo. De la boca de Theodore surgió un sonido muy parecido a un pedo. No parecía dolerle. La luna brillaba en la ventana. Margaret se fijó en que el agujero era pequeño y apenas manaba sangre. Colocó el arma al otro lado del pecho de Theodore. Volvió a apretar el gatillo. Esta vez no hubo sonido alguno. Pero él seguía respirando. Le observó. Manaba sangre. La sangre hedía espantosamente.

Ahora que estaba muñéndose, casi le amaba. Pero Lilly, cuando pensaba en Lilly... la boca de Ted en la suya, y todo lo demás, entonces deseaba disparar otra vez... Ted estaba muy guapo con jerseys de cuello alto, le sentaban muy bien, le quedaba muy bien el verde, y cuando se tiraba un pedo en la cama, primero siempre se daba la vuelta... Nunca los tiraba contra ella. Rara vez faltaba al trabajo. No podría ir al día siguiente...

Margaret estuvo un rato llorando y luego se quedó dormida.

Al despertar, Theodore tuvo una sensación de juncos largos y agudos clavados a los lados del pecho. No sentía dolor. Se llevó las manos al pecho, las alzó luego a la luz de la luna. Estaban manchadas de sangre. Se desconcertó. Miró a Margaret. Estaba dormida y tenía en la mano el revólver que él le había enseñado a manejar para su defensa.

Se incorporó y la sangre empezó a salir más de prisa de ambos agujeros del pecho. Margaret le había disparado mientras dormía. Por tirarse a Lilly. Ni siquiera había sido capaz de correrse con Lilly. Pensó: «Estoy casi muerto, pero si pudiese huir de ella, tendría una oportunidad.» Estiró con cuidado el brazo y liberó el revólver de entre los dedos de Margaret. Aún tenía quitado el seguro.

No quiero matarte, pensó, sólo quiero largarme. Creo que llevo por lo menos quince años deseando hacerlo.

Consiguió levantarse de la cama. Cogió el revólver y apuntó a Margaret al muslo. Al derecho. Disparó.

Margaret gritó y él le tapó la boca con la mano. Esperó unos segundos y luego apartó la mano.

—¿Qué haces, Theodore?

Volvió a apuntar, al muslo izquierdo ahora. Disparó. Apagó su nuevo grito volviendo a taparle la boca. Aguantó unos segundos, luego retiró la mano.

—Besaste a Lilly —dijo Margaret.

Quedaban dos balas en el tambor del revólver. Ted se irguió y se miró los agujeros del pecho. El del lado derecho ya no sangraba. Del izquierdo, salía, a intervalos regulares, un hilillo fino como una aguja.

—¡Te mataré! —dijo Margy desde la cama.

—Quieres matarme realmente, ¿verdad?

—¡Sí, sí!   ¡Y lo haré!

Ted empezó a sentirse mal, mareado. ¿Dónde estaban los polis? Tenían que haber oído todos los disparos. ¿Dónde estaban? ¿Es que nadie había oído los disparos?

Miró hacia la ventana. Disparó contra los cristales. Se sentía cada vez más débil. Cayó de rodillas. Se arrastró de rodillas hasta la otra ventana. Disparó otra vez. La bala hizo un agujero redondo en el cristal, pero el cristal no se rompió. Pasó delante de él una sombra negra. Luego, desapareció. Theodore pensó:  «¡Tengo que tirar fuera este revólver!» Reunió sus últimas fuerzas. Lanzó el revólver contra el cristal. El cristal se rompió, pero el revólver volvió a caer dentro de la habitación.

Cuando recobró el conocimiento, su mujer estaba de pie ante él. Se sostenía sobre ambas piernas, las piernas contra las que él había disparado. Cargaba otra vez el revólver.

—Voy a matarte —dijo.

—¡Margy, por amor de Dios! ¡Escucha!  ¡Te quiero!

—¡Arrástrate, perro mentiroso!

—Margy, por favor...

Theodore empezó a arrastrarse hacia la otra habitación.

Ella le seguía.

—Así que te excitaba besar a Lilly...

—¡No, no! ¡No me gustaba! ¡Me repugnaba!

—¡Te voy a arrancar de la boca esos labios malditos!

—¡Margy!  ¡Dios mío!

Le puso el cañón del revólver en la boca.

—¡Toma un besol

Disparó. La bala se llevó parte del labio inferior y parte de la mandíbula. Theodore no perdió el conocimiento. Vio uno de sus propios zapatos en el suelo. Aunó de nuevo todas sus fuerzas y lanzó el zapato contra otra ventana. El cristal se rompió y el zapato cayó a la calle.

Margaret alzó de nuevo el revólver y se apuntó al pecho. Apretó el gatillo...

Cuando la policía derribó la puerta, Margaret estaba de pie sujetando el revólver.

—¡Ya está bien, señora, suelte el revólver! —dijo uno de los polis.

Theodore aún intentaba huir arrastrándose. Margaret le apuntó con el revólver, disparó, erró el tiro. Luego, se desplomó en su camisón púrpura.

—¿Qué diablos ha pasado aquí? —preguntó uno de los polis, inclinándose sobre Theodore.

Theodore volvió la cabeza. Su boca era un grumo rojo.

—Skirrr —dijo Theodore—. Skirr...

—Me fastidian estas peleas domésticas —dijo el otro poli—. ¡Qué asco...

—Sí —dijo el primer poli.

—Precisamente esta mañana reñí con mi mujer. Uno nunca sabe.

—Skirr... —dijo Theodore.

Lilly estaba en casa viendo una vieja película de Marlon Brando en la tele. Estaba sola. Siempre había estado enamorada de Marlon. Se tiró un pedo suave. Se alzó la bata y empezó a masturbarse.

Una historia del Neandertal

Una historia del Neandertal

Hace muchos años, cuando aún habitaban en la Tierra los ahora conocidos hombres de Neandertal, una mujer estaba dando a luz. Era una mañana soleada de verano, los pájaros cantores piaban en el amanecer y unos gritos salían del interior de una cueva.

- ¡Vamos empuja! ¡Empuja!

- Ahhhhhhhhh.

Fue un parto rápido y sin complicación alguna.

- ¡Es un bebé precioso! – dijo la comadrona.

- ¿Es niña o niño?

- ¡Es un niño!

Le dieron la criatura a la madre, que lo acogió en su regazo colmada de felicidad. El padre, que estaba presente en el parto, pidió coger a su nuevo hijo en brazos, la madre se lo cedió con un gesto de amor y miró a su nuevo hijo al que esperaba con ansia. Tenía la ilusión de que fuese niño para enseñarle a cazar, a pescar, a construir herramientas, a diferenciar animales, a jugar a fútbol...

- Dios mío, ¿No te has dado cuenta de cómo es el niño? – dijo el padre en un tono de voz bastante preocupante.

- ¿Qué le pasa?

- ¿No te das cuenta? El niño es distinto a nosotros.

- ¿En qué?

- Fíjate, tiene una cabeza más ancha, la nariz más grande, tiene menos pelo en el cuerpo de lo habitual...

- No digas tonterías cariño, eso es que acaba de nacer.

- No, no, sé lo que me digo, este niño es diferente. Cariño, no es por nada, pero creo que has parido a un mutante.

- ¿Cómo que un mutante? ¿Qué estás diciendo?

- Pues este bebé ha sufrido una mutación genética, es un eslabón más en la evolución del hombre.

- No te entiendo nada, me estás asustando.

- Pues acabas de parir a un homo sapiens sapiens.

- ¡Dios mío! ¿Y eso es bueno o malo?

- Pues no sé qué decirte, la diferencia entre él y nosotros es que él será mucho más inteligente debido a que su masa encefálica es superior a la nuestra

- ¡Oh dios mío!

- Pero lo peor... no sé si debería decírtelo... – y vaciló sin saber qué hacer.

- ¿Qué?

- Este niño tiene alma

- ¡Oh! ¿Y en qué consiste eso?

- Pues resulta que dios, nos utilizó a nosotros como escala evolutiva para llegar al prototipo de hombre que él buscaba, y ese hombre es este, el homo sapiens sapiens. Estos seres tienen un alma inmortal, indivisible e inmaterial que habita dentro de ellos.

- ¡Oh no! ¡Eso es terrible! – dijo la madre horrorizada.

- Eso no es todo querida, el niño cuando muera seguirá viviendo, pues su alma viajará hasta el purgatorio donde permanecerá años y años hasta que venga el hijo de dios a la Tierra y se sacrifique en una cruz por los homo sapiens sapiens, y hasta que esto no suceda no se abrirán las puertas del cielo, que es un lugar maravilloso donde todo es bonito y las almas de los justos habitan ese lugar para el resto de la eternidad.

- ¿Y los que no son justos?

- Los que no son justos, querida, irán a un lugar llamado infierno, donde está lleno de fuego y los torturan para el resto de tu vida.

- ¡Oh dios mío! ¿Por qué nos ha tenido que pasar esto a nosotros?

- Antes o después tenía que pasar querida.

- Oh, yo quiero que mi hijo sea un hijo normal, que cuando muera todo se acabe, que no tenga que estar viviendo eternamente o que tenga que sufrir. Cariño ¿Qué hemos hecho mal? ¿Por qué suceden estas cosas?

- No hemos hecho nada mal, amor mío, esto es cosa de la evolución, de vez en cuando hay mutaciones genéticas y los bebes nacen diferentes, unas veces para bien, y otras veces para mal.

De pronto entraron en la cueva un par de vecinas interesadas en conocer al nuevo bebé.

- ¡Hola! ¿Cómo ha ido todo?

- Mal – respondió la madre.

- ¿Qué ha pasado?

- El niño tiene alma.

- ¡Oh no! – dijo una de las vecinas.

- ¡Santo Dios! ¡Qué desgracia! – dijo la otra.

- ¿Por qué? ¿Por qué me pasan estas cosas? – lamentó la madre entre sollozos.

- Oye – dijo una de las vecinas – aún estáis a tiempo, ¿Por qué no lanzáis al niño por el despeñadero antes de que sea tarde? Igual el alma todavía no se ha despertado y el niño muere en paz y evita tener que sufrir para el resto de la eternidad y evitáis que sus hijos no hereden su ADN con alma.

- Sí – dijo el padre – si este niño tiene descendencia, transmitirá genéticamente su desdicha. En su ADN figura la existencia del alma, y eso lo transmitirá a todas las generaciones futuras que tenga.

- ¡Cariño! ¿Cómo puedes decir eso? ¡Nuestro bebé tiene derecho a vivir! ¿Por qué lo tendríamos que lanzar por el despeñadero? ¿Por ser diferente? Además, si dices que el niño será inteligente, no habrá por qué preocuparse, no tendrá descendencia pues nadie querrá hablar con él de filosofía ni esas cosas, nuestras hembras, por lo general, se van con los que tienen el troncomovil tuneado.

- ¿Y si el niño aplica su inteligencia en maquear su troncomovil? ¡Se las llevará a todas de calle!

- ¡Oh no! – Y la madre se lamentó de nuevo desconsolada.

- Me temo que el niño ya tiene su alma dentro de sí, por mucho que lo sacrifiquemos vivirá en el purgatorio hasta que en el año cero muera el hijo de dios. – dijo el padre.

- ¡Pobrecillo mi hijito! ¿Y en qué año estamos?

- Estamos en el año treinta mil antes de Cristo.

- ¿Tanto tiempo tiene que estar mi hijito en el purgatorio? ¡Oh no! – La madre seguía llorando desconsoladamente.

En la puerta de la cueva apareció Bugus, el inventor de la época.

- ¿Es cierto que ha nacido un mutante? – dijo nada más entrar.

- ¡No llames así a mi hijo! También es persona, además, será más inteligente que tú.

- No creo que sea más inteligente que yo, sigo inventando cosas que serán muy útiles para la humanidad. ¿Sabéis cual es mi último invento?

- Dinos.

- He inventado una cosa llamada poesía, consiste en recitar palabras de forma ordenada, haciendo que rimen los versos entre ellos.

- Eso no vale para nada, ¡sólo sabes inventar cosas inútiles! Prefería cuando te dedicabas a pintar animales en las paredes.

- ¿Cómo que no vale para nada? Con este invento podremos expresar los dolores y desventuras del alma.

- ¿Has dicho alma? – respondió el padre – ¡Pero si tú no tienes alma!

- Ya lo sé, pero eso hará que las futuras generaciones con alma puedan expresar lo que sienten.

- ¿Quieres decir que mi hijo será poeta? – preguntó la madre preocupada.

- Podría serlo, perfectamente.

- ¡Oh no! ¿Por qué? ¿Por qué me tienen que pasar a mí todas las desgracias del mundo? ¡Voy a tener un hijo poeta!

- Tranquila amor mío, piensa que podría haber sido peor si hubiese sido torero – dijo el padre.

- ¡Torero! ¡Siempre he querido tener a un hijo torero! al menos mata a animales con arte y nos trae la comida. ¿Por qué dices que hubiese sido peor?

- Porque los toreros torturan a los animales indefensos y se divierten con eso.

- ¿Y cuando tú sales a cazar los animales no sufren?

- Es distinto, yo cazo para comer, no para dar un espectáculo.

- Pero sufren igual, además, siempre estas contando batallitas de tus cazas de mamuts, ¿eso no es dar un espectáculo?

- Es distinto amor mío. Los toreros son seres sin escrúpulos que matan para aumentar su ego y su fama, y así, conseguir que todas las aficionadas taurinas quieran acostarse con ellos.

- Así me dará mas nietecitos.

- Sí, nietos con alma...

Continuaron hablando de los pros y los contras de tener a un hijo torero, pero la madre seguía muy preocupada con su hijo, lo miró amargamente y dijo:

- Amor, ¿bebiste algo raro cuando engendramos? ¿Por qué ha salido así el niño?

- ¿Ahora se llama engendrar? Cariño, el alcohol todavía no existe. No es culpa mía, es de Dios, que ha querido elegirnos a nosotros como herramienta para evolucionar la especie. Piensa en la relevancia de este nacimiento, en un futuro nos recordarán como los padres del humano moderno, nos recordarán una vez al año, harán fiestas en nuestro honor, montarán belenes con cuevas donde apareceremos nosotros y el niño recién nacido, y cantarán villancicos que relatarán esta historia.

- ¿Por nosotros? – preguntó extrañada la madre – No creo que merezcamos eso, eso lo deberían hacer, en todo caso, con la madre de dios, pero nosotros no lo merecemos.

- ¿Cómo que no? ¿No es igual de importante haber dado a luz a dios que haber dado a luz al primer homo sapiens sapiens con alma? ¡Nos tienen que recordar!

- Mira amor mío, a mí me parece que sólo dices tonterías. ¿Por qué motivo las futuras generaciones iban a celebrar esta desgracia?

- Sí, es lógico, la gente lo hará. Se deben celebrar cosas así.

- Yo creo que sí que lo harán – dijo el poeta.

- ¿Ves cariño? Ya hay alguien que me da la razón.

- Sí, estoy convencido de ello - añadió el poeta - y podrían cantar villancicos como este:

En el portal de Jaén,

Hay estrellas, Sol y Luna,

El hombre de Neardenthal

Y un mutante en una cuna

Y al unísono cantaron todos:

- Ande, Ande, Ande, la marimorena, ande, ande, ande que la noche es buena.

- Oye, pues al fin y al cabo no es tan malo haber parido a un hombre con alma. – dijo la madre ya más tranquila.

- Todo se verá cariño, yo espero que este nacimiento sea por el bien de la humanidad.

- Sin duda alguna lo será.

- Bueno gentes, me tengo que despedir de vosotros, - dijo el poeta- tengo que irme, que estoy escribiendo un libro que será un best seller en un futuro, estoy seguro que lo emitirán por todo el mundo a través de unos aparatos, que no me cabe ninguna duda que inventarán, con los que emitirán imágenes con las narraciones de esta historia.

- ¿Y como se llama tu best-seller?

- Pasión de Gavilanes.

- ¡Santo Dios! Es un nombre repugnante, te ruego que te vayas por donde has entrado y dejes de contarnos tus ocurrencias dignas de un demente.

- Adiós familia, y enhorabuena.

A continuación se marchó la comadrona y las vecinas. Se quedaron los tres solos, la madre a la derecha del niño arrodillada contemplándolo, el padre a la izquierda, de pie con un enorme bastón en la mano y el niño, en el centro, descansado en algo muy parecido a un pesebre. La madre preguntó:

- Oye cariño, ¿Y tú cómo sabes todas esas cosas?

Una pregunta

Una pregunta


¿En qué momento de la evolución humana el hombre comenzó a tener alma e ir al infierno cuando moría? ¿Cuándo dio lugar la mutación genética que otorgó alma a los hombres? ¿En los tiempos del australopitecos, Crogmanon, Neardenthal...? ¿Cuándo el hombre dejó de ser animal para convertirse en hombre?

 

En caso de que todas esas generaciones tuviesen alma, significaría que el mismísimo mono tendría alma, por lo tanto, todos los animales tendrían alma y podríamos remontarnos hasta el principio de vida más simple y concluir que hasta los seres unicelulares tendrían alma. Entonces, dentro de cada célula de nuestro cuerpo habita un alma, por lo cual estamos compuestos por millones de almas. Pero no, parece que muchos todavía no entienden que somos animales con cerebro, que el cerebro posee la propiedad de la inteligencia, y la inteligencia intenta dar respuestas a todo aquello que desconocemos, y lo más sencillo, es poner a Dios detrás las explicaciones que debería dar la ciencia. Y hay quién todavía niega la evolución del ser humano, poniendo en su lugar la teoría del “diseño inteligente”, porque consideran que la complejidad de los órganos de los seres vivos han sido creados por una inteligencia superior. No hace falta que recurran a divinidades inteligentes para apoyar su teoría, parecen desconocer que en la evolución sólo sobreviven los mejor adaptados al medio debido a la selección natural y que la naturaleza, por sí sola, es inteligente.

 

Antiguamente se colocó a Dios en las alturas, cuando el hombre voló no lo vio por ninguna parte, la Iglesia lo colocó más arriba, en los confines del universo, allí donde el hombre nunca llegará y si algún día el hombre da una explicación científica a la creación del universo, ya no se sabe dónde lo colocarán. Todo ello por justificar la historia inverosímil de un hijo de Dios que vino a la tierra y la existencia del alma. Llegados a ese punto, concluyo que Dios es sólo la respuesta para las preguntas que todavía no tienen respuesta. Se podrá debatir su existencia, pero no se pueden negar los hechos.

 

¿Para cuando el nuevo calendario científico? ¿Cuándo sustituirán a los santos del Calendario por científicos y filósofos? ¿Cuándo se dejarán de conmemorar fiestas de vírgenes y se celebrarán fiestas conmemorando descubrimientos científicos? (Más que nada para seguir manteniendo las fiestas que establece la ley, y no dar la razón a aquellos que quieren negar a los no creyentes el descanso oportuno por no creer en dios, como si fuese dios el que otorga a los trabajadores el descanso) ¿Cuándo dejarán de contar los años a partir del anecdótico acontecimiento histórico de la muerte de un revolucionario de la moral?

 

Es incuestionable que existe la evolución del ser humano, pero es muy lenta la evolución del pensamiento.

La belleza está en el interior. (El poeta y su poesía 2ª parte)

Érase una vez una chica muy guapa, tal era su belleza que desde pequeña la llamaron la Bella. Vivía con su padre, un viejo mercader millonario que de repente perdió todas sus riquezas y se tuvieron que trasladar al campo para trabajar. A la Bella la rondaban muchos hombres, entre ellos, un poeta que todos los días le recitaba en forma de sonetos el profundo amor que sentía por ella. Este poeta se dedicaba a limpiar botas en la plaza del pueblo, y aunque era un miserable, siempre llamaba a la Bella “mi princesita”. A la Bella le gustaba el poeta; era gentil, la amaba de verdad y además le encantaba que la llamasen princesa aunque no lo fuera, pero no se imaginaba al padre de sus hijos alimentando a la familia a costa del ridículo sueldo de un limpiabotas.

Un día, el padre de la Bella, que no sabía cómo echar a su hija de casa, se inventó una historia y le dijo a su hija que una bestia asquerosa le había perdonado la vida a cambio de que ella se fuera con él, pero en realidad, lo que había hecho el padre era vender a su hija a un proxeneta adinerado para salir de la miseria. La Bella no tuvo otro remedio que partir e irse a la casa de la Bestia. Al llegar, la Bella se quedó gratamente sorprendida ante la magnificencia del palacio y ante la cantidad de sirvientes que trabajaban allí. Al cabo del rato llegó la bestia, que era un chulo hijo de puta, y haciendo alarde de su falta de educación, cogió a la Bella del pelo y la arrastró hasta su habitación donde la violó repetidas veces. Y así se acostumbró; cuando la Bestia quería sexo, cogía a la Bella y se la beneficiaba. Cuando la Bestia no tenía ganas de nada, la Bella permanecía en su celda donde tenía libros, conexión a internet y podía llamar a los sirvientes en cualquier momento para pedirles lo que le quisiese. Así estuvieron durante mucho tiempo, hasta que un día llegó la bestia y le dijo a la Bella:

- Mira nena, yo ya tengo más de cincuenta años, estoy harto de tanta mujer. Durante este tiempo me he dado cuenta de que eres mi favorita, además, estás bastante buena. Quiero que te cases conmigo, eso sí, a mí el rollo ese de la fidelidad ni me hables, de vez en cuando echaré una canita al aire, pero necesito algo estable para ir a fiestas y esas cosas. ¿Qué te parece?

- No sé – respondió la bella.

- ¿Cómo que no sabes? Mira nena, si no eres tú puede ser cualquier otra, tengo ahí fuera más de mil tías que se morirían por estar conmigo.

La Bella se acordó del poeta al que amaba, pero ya estaba experimentando en sus carnes el síndrome de Estocolmo, le había cogido cariño a la Bestia y aunque era feo follaba bastante bien. Además, pensó que la Bestia tenía un palacio impresionante, más de cien sirvientes para él solo y de vez en cuando le regalaba collares de diamantes... ¿Qué cojones? A tomar por culo el poeta, la Bestia, aunque era un imbécil, tenía mucho dinero en el interior de su cuenta corriente.

- De acuerdo, me casaré contigo.

Y a partir de entonces la Bella fue feliz viviendo como una princesa.

Página 23, párrafo quinto...

Como no podía ser de otra modo, me apunto a la iniciativa que anda por el mundo bloguero, esta no tiene ningún fin, pero, como soy amante de las causas con fines inútiles, me ha encantado. La iniciativa consiste en poner el párrafo quinto de la página 23 del libro que estés leyendo. Yo personalmente no he contado el prólogo, ni las explicaciones previas. Y el fragmento en cuestión dice así:


"-Así será – respondió el barbero -; pero ¿qué haremos destos pequeños libros que quedan?

- Éstos – dijo el cura – no deben de ser de caballerías, sino de poesía.

Y abriendo uno, vio que era La Diana de Jorge de Montemayor y dijo, creyendo que todos los demás eran del mesmo género:

- Éstos no merecen ser quemados, como los demás, porque no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho; que son libros de entendimiento, sin prejuicio de tercero.

- ¡Ay, señor! – dijo la Sobrina -. Bien los puede vuestra merced mandar quemar como los demás; porque no sería mucho que habiendo sanado mi señor tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y, lo que sería peor, hacerse poeta, que, según dicen, es enfermedad incurable y pegadiza.

- Verdad dice esta doncella – dijo el cura -, y será bien quitarle a nuestro amigo este tropiezo y ocasión de delante. Y pues comenzamos por La Diana de Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo aquello que trata de la sabia Felicia y de el agua encantada, y casi todos los versos mayores, y quédesele en hora buena la prosa, y la honra de ser primero en semejantes libros."

¿Hace falta que ponga el título del libro en cuestión? Es de los pocos que, aun sin haberlo leído, todo el mundo sabe de qué trata.

Preguntas y dudas sobre la ley antitabaco que todavía no me han solventado.

Preguntas y dudas sobre la ley antitabaco que todavía no me han solventado.

Suponiendo que hubiesen indios y vaqueros en España, en caso de que estos sellasen una paz con los métodos tradicionales indios ¿Se les podría denunciar por fumar la pipa de la paz?

Si en unos estudios de cine, que es un lugar de trabajo, el actor debe fumarse un cigarro por exigencias del guión ¿Se considera que está fumando en su lugar de trabajo y por lo tanto está cometiendo una infracción? En caso afirmativo ¿Quién comete el delito, El actor, el director, el guionista, el productor o el propietario del estudio?

Si uno trabaja de catador de cigarros en una tabacalera española, ¿Debe salir a la calle para realizar su trabajo? ¿O es un trabajo que se va a perder?

Si una prostituta espera a su cliente en una esquina apoyada en la pared, con su bolso, su liguero, y apoyando la suela del zapato en la pared, y fumando un cigarro y echando el humo suntuosamente ¿Se puede considerar que está fumando en su puesto de trabajo, y por tanto es denunciable?

Si unos investigadores científicos quieren realizar pruebas a un cigarro para comprobar sus propiedades nocivas y precisan encenderlo ¿Deben salir del laboratorio para realizar dicho experimento en la calle?

En el caso de que en España se impusiera de nuevo la pena de muerte y un reo que está a punto de ser ejecutado pide como última voluntad fumarse un cigarro, ¿Deben suministrárselo allí mismo, deben sacarlo a la calle para que se lo fume o deben ejecutarlo al instante sin hacerle caso?

En caso de que la Santa Inquisición se restaure, si queman a una bruja y esta tiene unos cigarros en un bolsillo, ¿Se considera que ha encendido estos cigarros y por lo tanto ha cometido una infracción? En caso afirmativo ¿Se la penalizará por un cigarro completo o por el número de cigarrillos que tenía en el bolsillo?

¿Se puede fumar en la cabina de un sex-shop o a esta gente se le puede prender fuego directamente?

¿Se puede considerar el sexo oral practicado entre dos trabajadores en el puesto de trabajo una forma de fumar, y por tanto, de incurrir en el delito?

Si un soldado del honorable ejército español gana una guerra en España y se enciende un puro para celebrarlo ¿Puede considerarse que está quebrantando la ley en su puesto de trabajo? ¿Y si lo hace en territorio extranjero?

¿Puede un español fumar en una embajada española de otro país? ¿Puede ese nativo del país fumar en la embajada española?

¿Puede considerarse un agravavante el hecho de que un trabajador mate a su jefe con un cigarro en la boca en el puesto de trabajo?

En el caso de que pueda haber humo sobre el agua como la canción de Deep purple, ¿Se puede fumar en las piscinas o debajo del agua?

Si unos amigos deciden hacer un submarino ¿Puede considerarse el habitáculo donde se realice un transporte público y por lo tanto una falta grave?

Si uno se mete un cigarro por el culo o en cualquier otro esfínter de su cuerpo y lo enciende ¿Se le considera fumador aparte de un simple gilipollas?

Si una persona se pone un cigarro en la boca pero no lo enciende ¿Esta delinquiendo?

¿Se puede fumar dentro de Gran Hermano?

Si ya estaba prohibido fumar en un avión y a esto se le multiplica la nueva ley, ¿significa que podemos fumar debido al principio matemático que dice que si dos negativos se multiplican son igual a un positivo?

Si uno que es un vividor y su único trabajo es no pegar palo al agua, (pongamos de ejemplo a Dinio) ¿Se puede considerar que cualquier cigarro que se fume lo realiza en su puesto de trabajo?

Si una mujer se casa con un hombre por su dinero, y en la noche de bodas tras echar un polvo ella decide encenderse un cigarro, ¿Se considera que está infringiendo la ley porque está haciendo algo a cambio de una remuneración, como si estuviese en el trabajo?

Si un yonki te pregunta por la calle si tienes un cigarrito, ¿Te está preguntando si eres un delincuente?

Si uno se está fumando un porro en su puesto de trabajo y lo pillan, ¿le pueden reducir la multa alegando que estaba bajo los efectos de las drogas?

Y si está borracho, ¿Pueden perdonarte por estar bajo los efectos del alcohol como sucede habitualmente en la justicia española?

¿Puede Popeye el Marino salir a faenar con su característica pipa en la boca?

¿Y tú? ¿Tienes tus dudas?

La ley antitabaco ahoga pero no aprieta.

La ley antitabaco ahoga pero no aprieta.

Me alegra saber que el gobierno lucha contra el tabaco para preservar la salud de sus ciudadanos. Me alegra que prohíban fumar en ciertos sitios públicos ya que, anteriormente, el que no soportaba el humo del tabaco tenía que tragarlo o se tenía que ir, cuando debía ser al revés y los fumadores, que son los que cometen la aberración, son los que deben salirse fuera, es cuestión de respeto. Cuando una persona que está a tu lado se tira un pedo, normalmente se le dice que es un cerdo, que está podrido o es una mofeta asquerosa, y si hay confianza, se le lincha. Con los fumadores no ocurría así. Y aunque ahora esa conducta esté penada por la ley, jamás llegaré al extremo de denunciar a alguien que fume a mí lado ni discriminarlo por fumar.

Pero todo eso hace plantearme ciertos interrogantes; dejando de lado la cuestión de la salud y del respeto al que no quiere inhalar humo, me pregunto hasta qué punto somos libres. El gobierno ha prohibido fumar en determinados sitios, pero el tabaco, pese a ser algo nocivo, no se ha prohibido en su totalidad. Entonces, si el hombre es libre de fumar y se sigue comercializando con el tabaco, ¿Por qué no se legaliza cualquier otra modalidad de fumar? ¿Por qué no se legaliza el consumo de marihuana? ¿No es igual de nocivo? Sí, se supone que quema neuronas, que también provoca cáncer, que causa adicción y el consumidor es más propenso a la depresión. No veo demasiada diferencia entre un cancer provocado por el  tabaco que por la marihuana, aunque los defensores de la legalización, aseguran que el único producto nocivo que tiene la marihuana es el tabaco con la que se mezcla.

Podemos intuir, que el gobierno no restringe del todo este hábito para no perder unos importantes ingresos en impuestos, porque sabe, que aunque se prohibiese del todo, se traficaría con el tabaco ilegalmente como sucede con las drogas, y todas esas compras clandestinas no benefician en nada al estado. Además, sin prohibirlo del todo, se aseguran que mucha gente muera por alguna de las múltiples enfermedades derivadas del tabaco, de este modo, se ahorran un importante desembolso en todos aquellos que mueran antes de su jubilación, ingresos mucho más importantes de los que se pueda gastar la seguridad social en las enfermedades provocadas por el tabaco.

Seamos coherentes, si el fin de la democracia o de un estado liberal, es conseguir que el hombre sea libre dentro de los márgenes de la ley, se podría aplicar la ley de igual manera a todos los productos. Ya que está permitido fumar y morir de ello, que dejen fumar a cada cual la sustancia que quiera. Uno es libre de elegir su muerte y por la misma regla de tres, también deberían aprobar la eutanasia. Estoy a favor del avance de las libertades del ser humano, porque si nos ponemos represivos, podemos pedir que cierren los insaludables restaurantes de comida rápida, pedir que prohíban la sal, cualquier alimento con colesterol o cualquiera que sea perjudicial para la salud. Y no, no voy a decir como dicen muchos que prohíban también conducir coches. Yo abogo por el cumplimiento estricto de las leyes de tráfico y la reducción del potencial de los turismos, aunque en un mundo que sólo se mueve por intereses económicos, y en el que la industria petrolífera y automovilística tienen tanta influencia en la economía de un país, lo sencillo es no afrontar los problemas y dejarlos “correr”.

Y que sigan así los políticos, alejando a los ciudadanos de la muerte, que sigan prolongando su continuidad cronológica en el tiempo, que los hagan inmortales si quieren, mientras tanto, tendremos más tiempo para preguntarnos si somos libres y hasta dónde deberían limitarse las libertades. La ley antitabaco ahoga pero no aprieta porque, aunque el tabaco mate, otras cosas también matan, empezando por el simple hecho de vivir.

Adiós 2005

Fue el año que empecé trabajando, dejando los estudios de lado. Desalentado y desilusionado ante un curso que no me aportaba nada. No me gustaba estudiar programación, ni configurar ordenadores en red. Mientras hacía todo eso, yo me preguntaba cuál era el sentido de la vida. Tampoco me gustaba la gente con la que iba, así que con la excusa del trabajo me lo dejé con la esperanza de retomarlo al año siguiente.

Fue en el año en el que me propuse ir a Inglaterra , quería irme a vivir allí durante una temporada, me informé de los billetes, de los trabajos y de las ciudades. Pero no hice eso, me limité a ir durante una semana en la que visité a mi hermana que estaba de Aur-pair con una familia de locos guarros y con dos niñas de lo más estrambóticas que he visto en mi vida. Visité Londres , el museo británico, paseé por las calles de esa peculiar ciudad repleta de relojes. Degusté su más típica gastronomía. (Un plato de patatas con un pescado). Visité Manchester, Leeds y me quedé con la deuda pendiente de visitar Liverpool.

El año en el que fui a los conciertos de Def Con Dos y Andrés Calamaro . Al musical de Queen, que me encantó. En el que me di de alta en la SGAE para registrar la canción en la que participo en la letra que saldrá en el disco de Daniel Zamora, excomponente de Los Rodríguez, y que posiblemente grabará con Ariel Rot.

Fue el año que trabajé durante más de cuatro meses, que hice grandes migas con gente y me sentí muy bien con los compañeros, aunque el trabajo era para volverse un poco loco . Tenía una vida de lo más normal. Si hubiese sido por los compañeros sin duda alguna me hubiese quedado allí. Pero pensé que soy joven, y que puedo hacer algo que me llene de verdad. Me ofrecieron un contrato indefinido , y tras aceptarlo me arrepentí. No quise continuar con esa forma de vida porque no era feliz. Y ahora sigo en busca de esa felicidad, en busca de mi realización. Tras unas semanas frenéticas, terminé haciendo lo que nunca pensé que haría. Me matriculé en segundo de bachillerato para poder acceder a la universidad, en alguna carrera que me gustase. Y así sigo, con ilusión y con la esperanza de acabar este curso con buena nota, suficiente para hacer periodismo. Y no en Valencia, porque es imposible, pero sí en Madrid. Es el objetivo que se me ha metido entre ceja. Sé que si viajo hasta allí, comenzaré una etapa fructífera. Aunque siempre hay miedo. Y es que es difícil afrontar las cosas cuando no escuchas a nadie que te da aliento, cuando sólo escuchas una voz dentro de ti que te dice que puedes y temes que sea una paranoia o un delirio de grandeza.

Lo siento por todos mis amigos a los que no he prestado toda la atención que se merecen, a los que creen que me distancio de ellos. Pero no tengo nada personal con nadie, es el simple desencanto por todo en general. Y siempre me pregunto antes de salir o hacer algo ¿Para qué? ¿Me lo pasaré bien? ¿Veré algo nuevo? Y como sé que no, pues no estoy muy sociable.

Y emocionalmente.... ay... empecé muy perdido, buscando lo que anhelaba como un loco. Recomponiéndome de algo que pudo resultar trágico, pero que mi experiencia hizo que no se convirtiese en un mal crónico y depresivo. Me perdí en la inmensidad, conocí a muchas chicas, algunas maravillosas, otras me demostraron que el afecto, la bondad y los principios existen. Que había honestidad y nobleza. Pero gracias a eso me di cuenta de algo. Me di cuenta que todavía no puedo cargar con una relación porque antes tengo que repararme. Este cántaro loco, todavía derrama agua y no está acabado.

Adiós 2005. El año que creé este blog , donde doy rienda suelta a esas preocupaciones que no puedo compartir con nadie, y que aquí, en un lugar perdido del ciberespacio, están colgadas como estrellas que no calientan ni iluminan a nadie, pero brillan en su centímetro cuadrado que tienen.

Bienvenido 2006

Experiencias vividas en clase

Experiencias vividas en clase

Un día, el profesor de historia del arte estaba comentando las distintas épocas del arte griego y qué siglos correspondían a cada época. Cuando de pronto, un alumno de los allí presentes levantó la mano. El profesor le dio la palabra y preguntó:

- ¿Quién creo el mundo?

Todos nos quedamos mirándole pasmados, entre risas y bromas. Parecía que le había surgido una súbita duda existencial que no podía contener. El profesor le preguntó a qué venía esa pregunta, entonces el joven contestó:

- Pues si Dios creo el mundo... ¿Por qué habían cosas antes de Cristo?

El profesor, muy pacientemente, le explicó que Cristo no creó el mundo y le recordó quienes componían la santísima trinidad. El alumno se dio por satisfecho y se jactó de su perspicacia para no dar como válida la religión católica. Todo un filósofo en potencia de pelo en barba que ya superaba la veintena de años.

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En otra ocasión, en clase geografía, el profesor nos explicaba qué tipo de contaminaciones hay. Cuando dio los puntos que explicaban la contaminación del agua, habló de la salinización y explicó que, a veces, el agua del mar se mezcla con el agua de algunos pozos y hace esa agua inservible. En eso que saltó la pija de clase:

- Sí, a nosotros nos pasó eso, un verano que estuve veraneando en Denia no se podía beber ni cocinar del agua del grifo, teníamos que ir a un gran depósito de agua que habilitaron en la plaza.

Todos escuchábamos atentos a sus explicaciones, entonces, cuando el profesor iba a retomar la explicación añadió:

- Era horrible ¡Todo ese verano con el pelo hecho un asco!

Lo dijo como si se tratara de la mayor desgracia que le había sucedido en su vida. Y toda la clase estalló en una carcajada incontenible, y ella veía a todos descojonándose por los suelos y preguntando: “Ey, ¿Pero qué pasa?” Sin entender el motivo de nuestra mofa.

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Habíamos leído en clase de literatura un texto de un autor, al acabar, la profesora, con muy buenas maneras e intenciones, y como es costumbre en ella, preguntó si alguien no había entendido alguna palabra del texto, y entonces alguien preguntó:

- ¿Qué significa sodomizar?

- Sí, sodomizar, a mí me suena mucho. – Dijo otra.

- ¿Eso no es algo de la Iglesia? –Comentó otro.

- ¿Cómo que de la Iglesia? – preguntó la profesora.

- Sí, algo que decían los curas referente al pecado... pero no recuerdo qué.

- A ver, ¿Alguien sabe lo que significa sodomizar? – Preguntó la profesora dirigiéndose a todos.

Todos permanecieron en silencio. A mí me vio riéndome y me dice.

- Venga, dilo tú, que tú sí que lo sabes.

- No, yo no lo digo.

- Bueno, sodomizar es practicar el sexo anal.

- En otras palabras, dar por el culo. – Maticé.

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¿Cuál es la finalidad del educador? – preguntó el profesor de filosofía, que buenamente explicaba las teorías de Platón. Obtuvo el silencio como respuesta, por lo que formuló la pregunta de nuevo a un lado y otro de la clase. Y yo, que en ese momento gozaba de un estado le lucidez fuera de lo común, respondí:

- Educar.

Todos me felicitaron y me congratularon por mi gran descubrimiento. Se burlaron buena cosa y toda la santa tarde estuvieron llamándome el educador.

Media verónica

En un arrebato exhibicionista sin precedentes os dejo con esta profanación de la mítica canción de Andrés Calamaro:

Media Verónica

Recomiendo encarecidamente que vayan a la verdulería más cercana para aprovisionarse de género suficiente para lapidar a verdulazos al artífice de este despropósito desvergonzado.

Navidad es amor que viene de Dios.

No me gustan las navidades, es más, odio las navidades. No me gustan las lucecitas parpadeantes, no me gusta ver en las bolsas de plástico de los comercios un “Feliz Navidad”. No me gusta la artificialidad de la que está hecha la sociedad, que se ve reflejada en los mismos árboles de plástico. No me gusta ver en la tele los logotipos de las cadenas cubiertos de nieve, cuando por aquí no cae ni un sólo copo de nieve. No me gustan los vulgares anuncios de perfumes que hablan francés, como si les diese un toque de distinción decir “Agua del water”, y en los que siempre sale una hembra desesperada al oler al chico que lleva esa colonia. No me gustan los dibujos de los trineos de Papa Noel, ni los reyes, ni los villancicos, ni esas estúpidas bombillas de colores que forman una campana e inundan las principales calles de mi ciudad. No me gustan los belenes que representan una historia mitológica de un niño que nació acompañado de unos animales y que dormía en un pesebre, historia que luego utilizó la Iglesia para sacar partido e imponer en los temerosos cristianos sus absurdas doctrinas conservadoras, en las que dicen, por ejemplo, que se amen unos a otros y más adelante puntualizan que no lo hagan entre seres del mismo sexo. No me gusta que me feliciten por inercia la Navidad, ya sea gente conocida o desconocida que durante todo el año no te han deseado ningún bien, ni se han interesado en saber cómo estás o si realmente eres feliz o no, sólo te lo desean, como quien tira la basura a un contenedor y espera que los empleados de sanidad pública los vacíen por la noche. Mucho menos me gusta que feliciten el nuevo año, ni ver que todos se vuelven locos por hacer planes durante esa noche como si se acercase el fin del mundo. No me gusta ver a la gente hacer esfuerzos por emborracharse o por drogarse más de la cuenta y que luego te digan que hay empezar con buen pie el nuevo año, sí señor. No me gustan los regalos de Navidad y por eso no hago ni recibo. No me gusta ver a los dependientes de las tiendas estresados ante la avalancha de consumidores frenéticos que no saben ni qué quieren. No soporto acompañar a nadie a comprar regalos o ropa y estar esperando más de dos horas ante su indecisión y donde compruebas que sus compras no les nacen del corazón y son más bien regalos por compromiso. Por supuesto que tampoco me gustan las grandes cenas familiares en las que se nota que se reúnen más por obligación que por devoción, en las cuales nadie quiere verse en realidad, de hecho no pueden ni verse. En ellas debes saludar a familiares a los que no has visto desde hacía exactamente un año y luego a ellos se les despierta un insolente interés en tu porvenir y tu situación conyugal, no por curiosidad, sino para criticar a tus espaldas lo que haces y que dejas de hacer. No me gusta soportar la ostentación y alarde que se ve en esas cenas, donde informan a su supuesta familia de sus nuevas adquisiciones en forma de coches, inmuebles o donde los solteros presentan a su nueva parejita de turno y la exponen como un animal exótico para esperar la aprobación del resto de la manada y se sientan importantes cuando lleguen a sus oídos los comentarios que han hecho los demás, sobre la primera buena impresión que les ha dado su nueva pareja. Toda la navidad es una gran hipocresía, en la que se acentúa la insensatez del ser humano. Parece, que el frío navideño congele la parte más interna de nuestro cerebro, donde se aloja la avaricia, la territorialidad y los instintos primarios más miserables. En definitiva, no me gusta la navidad, pero tampoco me gusta nada en general.

Lejos de felicitar las fiestas os deseo mucha mierda por largo tiempo, y si queréis ser feliz navidad... no me leáis.

¿Quién es ese hombre?

Estaba yo lleno de ilusión esperando pacientemente en una cola de una administración de lotería. Había mucha gente. Finalmente llegó mi turno y vi al mismísimo Benedicto XVI despachándome un par de boletos de lotería que terminaban en 13 y en 03. No me quedé muy sorprendido, era como si fuese más o menos normal. Entonces Benedicto XVI salió que la jaula de cristal por un lateral, y pasó justamente por mi lado, sin escoltas ni nada. Yo sentía que tenía que decirle algo importante, pero no sabía el qué.

- Benedicto, tengo que decirle algo.

Él me miró, me sonrío y se fue ignorándome. Entonces me desperté. Extraño sueño, estuve pensando en el número, quizás era un sueño premonitorio. Hoy, instantes antes de que se inicie el sorteo de Navidad, no me arrepiento de no haber comprado ningún número terminado en 13, pero si sale, posiblemente maldeciré a todos los santos.

Son las 8:44 de la mañana. Es curioso, cuando tenía mucho trabajo que hacer era incapaz de despertarme pronto, me costaba una barbaridad. Ahora que ya he terminado los exámenes me desvelo enseguida. ¿Por qué el cuerpo se comporta de este modo?

Ya hace tres meses que comencé mi aventura quijotesca de retornar a los estudios, dejando de lado trabajo, dinero y estabilidad económica. No sé si estoy más feliz, pero creo que he hecho lo correcto. Lo que sí es cierto es que no estoy nada contento con los resultados, sé que no me he esforzado al máximo, sé que no he dado todo de mí y algo debo cambiar en mi comportamiento.

Comencé con una fuerza e ímpetu no vistas en mi antes, ilusión, ganas, trabajo. Prometí no caer en la vagancia y ociosidad, pero al mes y medio ya me levantaba tarde y me arrastraba por ahí. Durante estas últimas semanas he estado haciendo exámenes y me he enfrentado al sino eterno del estudiante de no ver recompensado mis esfuerzos cuando lo merecía y en otras asignaturas que no merecía nada tener buena nota. ¿Qué pensarías si os digo que una de las mejores notas que he sacado ha sido la de latín, la asignatura que más daba por hecho que iba a suspender? Quizás muchos se alegren y me feliciten por el encomiable trabajo realizado. Pero no más lejos de eso lo que sucedió fue que en el examen se sentó delante de mí el que más sabía de latín, y me copié miserablemente todo su examen. Desde luego la copia no fue exacta, el flamante erudito de latín sacó un loable 10 en su expediente. Yo me limité al 7 y medio. No estaba nada mal para no saberse absolutamente nada, sólo unas declinaciones y tiempos verbales. Ciertamente es algo vergonzante y ruin.

Días más tarde llegó el examen de filosofía, nos examinábamos sobre el inigualable Platón. El hombre era un ser pensante, aunque desatinaba mucho para mi gusto. Intentó darle una explicación a todo incluso a lo que no tenía capacidad para hacerlo. Dejó de lado a los filósofos de la naturaleza, a los físicos, para dedicarse a lo que él tanto criticaba: las creencias. Ni que decir tiene que fue el impulsor de la fe, la creencia en el alma que, aunque ya la promovieran los pitagóricos, la Iglesia adoptó sus enseñanzas adaptándolas a su catecismo. Un auténtico desbarajuste. Pues bien, aprendí de memoria todo el libro y las explicaciones del bueno de Platón. Estudié como nunca antes lo había hecho. Estaba seguro de sacar una buena nota, sobre todo si me preguntaba lo que más me sabía. Y cómo no, en el examen aparecieron las preguntas más esperadas. La redacción trataba sobre “El gobierno de la Polis según Platón”. Cierto es que el examen duraba 45 minutos. En los que hay que destacar las ideas principales y hacer una redacción clara. Tarea dificultosa ya que a mí me gusta repasar, retocar y enrollarme. Empecé muy bien y cuando faltaban 5 minutos me di cuenta que debía concluir pronto. Pese a eso sé que hice un buen examen y merecía una buena nota. Por eso me sorprendió mucho sacar un 7. No creo que mis merecimientos estuviesen reflejados. Voy a salir con la típica excusa de que los profesores tienen cierto prejuicio hacia mí, pero es indudablemente cierta. Si uno hace mala letra, viste mal, es un bohemio y no hace la pelota, les leen los exámenes con cierta actitud crítica, con el pensamiento adjunto de creer que ese chico no va a ir a ninguna parte. Sin embargo, si leen una letra clara, bonita y día tras días a uno le lamen el culo siempre habrá una mejor nota. Es algo más que comprobado. Pese a sacar la mejor nota de clase (el hombre puntuaba muy bajo) no me parece fiel reflejo a lo que hice por que nunca hago la pelota.

Con estos dos exámenes previos luego vino la semana de exámenes. Como bien es sabido, muchas veces el tiempo empleado en estudiar no es sinónimo de trabajo. Estudié lo inimaginable durante el puente, centré mis esfuerzos en aprender la historia del siglo XVIII y XIX. Para asegurarme un buen resultado lo que hice fue averiguar qué tipo de preguntas ponían en los exámenes de la primera evaluación. Vi que principalmente las preguntas se centraban en la constitución de 1812 y la primera guerra carlista. Por eso me esmeré mucho por estudiar esos dos acontecimientos, no sin prevenir que pudiese preguntarme por otra cosa mirando el resto del temario aunque no con mucho ahínco. Llegué al examen con el convencimiento y la seguridad de saber qué iba a preguntar. Repartió los exámenes boca abajo y dijo que no le diéramos la vuelta hasta que él no dijera. Cuando repartió la última hoja nos dio permiso para comenzar, di la vuelta a la hoja y me apareció la primera república. Suspenso.

Al día siguiente, tenía el examen de historia del arte con el mismo profesor. Puesto que ya había experimentado en mis carnes que él iría a poner lo más difícil de todo y lo que menos había explicado, decidí estudiar con un desmesurado aplomo, todo lo relacionado con la arquitectura islámica en España. Grecia y Roma serían muy fáciles como para ponerlas. Al llegar al examen, experimenté de nuevo mi ineficacia para ponerme en mentes ajenas y predecir sus actos. Preguntó Grecia y Roma y ratifiqué que uno nunca puede profetizar con exámenes. Es completamente inútil. Pese a eso, conocía bastante bien Grecia y Roma, saqué un 7, pero aún así me supo a poco. Cuando vi la nota recordé la frase que dijo el profesor al principio de curso: “Sé que este año no voy a poner más de un 7 a nadie”. Quizás sólo por orgullo se limite a poner 7. En la segunda evaluación pienso estudiar más y hacerle tragar la maldita frase que profirió a principios del curso.

Ese mismo día era el examen de Valenciano, estamos, para que os situéis en el tiempo, en el día 15 de diciembre del año 2005. Se trataba de comentar un texto. El texto era sencillo. No hubo complicación. Pero más tarde me enteré que los de la otra clase de segundo habían trabajado ese texto en clase. Eso hace que te ahorres mucho trabajo y que se cometiese una gran injusticia con nuestro grupo. No he visto la corrección del examen, pero comprobamos todos juntos que el tío ha puesto un 5 a todo el mundo. ¿No es raro?

Al día siguiente era el examen de castellano. Esta asignatura es aparentemente sencilla, es fácil aprobarla y difícil sacar buena nota. Es decir, consiste en hacer un comentario de un artículo periodístico, pero luego hay preguntas técnicas que a mí me disgustan bastante, análisis morfológicos y sintácticos. A mí me da mucha pereza estudiar esas cosas. Sé que hago muy mal y si quiero sacar buena nota debería estudiarlo. Pero no lo estudié. También había otra pregunta de vocabulario. Te preguntaban por tres palabras que aparecían en el examen que debía decir cual era su significado. Pese a todo eso, saqué un mísero 6 que no deja satisfecho a nadie.

Durante esa semana también expiraba el plazo para entregar los trabajos de literatura, en esta asignatura ha sido la única que he sacado buena nota, un 9. Pero si en el resto de asignaturas no me esfuerzo más... no haré nada. Este último fin de semana yo ya estaba asqueado, deprimido, con ganas de terminar. Tan sólo me quedaban los exámenes de geografía e inglés. Sabía que suspendería inglés, y después no tenía ganas de estudiar nada de geografía. Era como si me encomendase al destino. Empecé con ganas, pero no podía hacer ningún esfuerzo más por estudiar lo que no había estudiado cuando debía y hacerlo la víspera de un examen no servía de nada. Evidentemente suspendí las 2.

Salí de mi último examen de inglés descansado, más ligero, como si me hubiese quitado un peso de encima. Sabía que iba a suspender pero no me importaba. Sólo quería terminar esas semanas frenéticas y empezar el descanso navideño para dedicarme a hacer cosas que me gustan como publicar mis miserias aquí. Y aunque ahora me arrepiento de no haber estudiado, me he estado haciendo propósitos para el nuevo año sin que todavía haya terminado este, quiero estudiar más, quiero sacar buenas notas, quiero hacer algo en la vida. A veces me pregunto por qué hago esto, y recuerdo que era para estudiar periodismo como primera opción, comunicación audiovisual en segunda y durante el último mes me ha vuelto la idea a cabeza de estudiar filosofía. Al menos los filósofos me encantan. Me veo identificado con sus reflexiones. ¿Quién sabe si no me pondré a estudiar a los filósofos en vez de dedicarme a saber cómo se redactan noticias? ¿Cumpliré los nuevos propósitos o serán esas promesas que se olvidan en el mismo momento que las haces?

Tras los exámenes tan sólo me faltaba volver al instituto para recoger las notas, pero nadie me dijo a qué hora las daban. Decidí llamar a una de mi clase que me dio su número, pensé que sería útil algún día y efectivamente ayer me sirvió para preguntar cuando y a qué hora daban las notas. Marqué el número y entonces apareció la musiquita que algunos se ponen en el teléfono para recibir la llamada, la letra decía algo así: “¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda? Una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar y me hace sentir mujer”. Cesó la música y escuché la voz que me decía: ¿Diga?

El cántaro de oro


Cuenta la leyenda que un orfebre creó un cántaro de oro. Ese cántaro de oro cayó en manos de una escultora que lo utilizaba para transportar aguas y beber de él. El cántaro tenía unos poderes mágicos que hacía que todas las aguas que pasaban por su interior se depurasen. Todo el mundo quería un cántaro así. Pero un día, la escultora, decidió comprar otro cántaro porque pensó que ella no necesitaba un cántaro tan valioso porque con uno simple de barro le bastaba para satisfacer sus necesidades. Así que se deshizo del cántaro tirándolo por la ventana. El cántaro, pese a ser de oro, se rompió. Una artista que pasaba por allí lo recogió y se lo llevó a su casa, intentó repararlo, pero cuando fue al río a por agua apreció que por sus grietas se colaba el agua y no se podía guardar nada en él. Así que también lo tiró por la ventana. De este modo fue pasando de mano en mano sucesivamente. Todos los propietarios que tuvo apreciaron el valor de su material y todos coincidieron en que el cántaro era una rareza arqueológica excepcional, aunque rápidamente quedaban defraudados al ver que no podía transportar agua y ni aportarles nada útil. Nadie quería quedarse un cántaro tan caro y que no tenía ningún provecho. Sabían que repararlo resultaba más caro que comprarse uno nuevo. Como en aquel lugar todo se regía por la ley de la oferta, la demanda y el coste de oportunidad, todos preferían olvidarse del cántaro de oro y comprarse un cántaro de barro simple, práctico y útil.

Un día, unos expertos se reunieron para decidir cual sería el futuro de ese cántaro. Dieron por hecho que ese cántaro jamás podría ser útil aunque tenía unas características dignas de admiración. Concluyeron que lo trasladasen a un museo arqueológico de mucho prestigio donde quedaría expuesto al público y se custodiaría como patrimonio nacional. Acto seguido metieron al cántaro en el museo. Lo colocaron en una vitrina central donde fue admirado por muchos y querido por pocos. Esa noche llovía y hacía frío.

Un hombre con el alma corrupta defecando. (Platón nunca lo dijo)

Entró en el cuarto de baño, se situó delante del inodoro y se bajó los pantalones. A continuación, una persona aparentemente normal se hubiese sentado, pero nuestro personaje introdujo su cabeza en el inodoro e hizo el pino. Una vez consiguió el equilibrio con el culo en pompa apuntando hacia el techo, (hacia arriba, hacia la Idea de Bien) comenzó a hacer fuerza. De su culo iba apareciendo lentamente una figura cónica marrón que crecía como una flor, como una montaña que se levanta hacia el cielo, como una orca que sale del océano para dar un salto. En el momento en el que aquel cuerpo castaño estuvo medio fuera, el hombre dejó de moverse y la excrescencia abrió los ojos, miró a su alrededor y se vio atrapado en aquel ano. Haciendo gran acopio de fuerzas logró sacar sus extremidades superiores que estaban aprisionadas y pudo impulsarse para salir de aquel agujero negro. La caca caminó hasta el botón para tirar de la cadena, lo presionó y el cuerpo fue engullido por el inodoro y transportado hacia una mejor vida a través de las cañerías, que se amoldaban con la forma del sujeto por donde iba pasando.

Y así, queridos amigos, la mierda salió de aquel cuarto de baño dispuesta a encarar su nueva vida mostrándose tal y como era. El alma que habitaba dentro de él, la que daba movimiento a su cuerpo, se había desprendido de su disfraz.

Teletienda

Esta página se sube al tren del progreso para ofrecer a sus lectores productos que, sin ninguna duda, le ayudarán a mejorar su calidad de vida.

¿Está usted afligido? ¿Le ha dejado la novia y no sabe como superarlo? ¿El estrés le está mermando sus fuerzas? ¿Acaba de tener una discusión con su pareja y se siente abatido? ¿Está atravesando una mala racha y no ve la luz? ¿Quiere olvidar algún mal recuerdo? ¿Ya está cansado de tomarse todo tipo de antidepresivos sin que le cause ningún efecto? ¿Está harta de ir al médico a que no le aporte ninguna solución?

Todo eso ya tiene solución porque ha llegado: ¡¡El Electroshock en casa!!

Colóquese las ventosas en la cabeza, regule la intensidad de la descarga en proporción a la gravedad de su problema, túmbese en el sofá de su casa y en pocos segundos experimentará una notable mejoría.

Este producto está avalado por prestigiosos psiquiatras de todo el mundo y por los esquizofrénicos más recalcitrantes.

Escuchemos el testimonio de Henry Tomelloso, actor de Hollywood que no lo conoce ni su puta madre:

- Hola amigos, como ya sabéis, soy Henry Tomelloso. Gracias al Eletrochock en casa mi vida ha cambiado. Antes solía tener depresiones, siempre llegaba a casa malhumorado tras un largo día de rodaje y gritaba a todo el mundo. Con el Electroshock en casa ahora soy más feliz. Ha mejorado mi vida y la de los míos.

Es el método más eficaz conocido para restablecer los biorritmos cerebrales. Con está herramienta aumentará su autoestima, su integridad mental y su psique. ¿A qué espera? Mejore su calidad de vida o sorprenda a sus amistades que llegan a su casa amargados por cualquier cosa ya que, este innovador producto, posee 4 ranuras de salidas eléctricas para que puedan electrificarse hasta 4 personas simultáneamente, de este modo, a parte de mejorar sus problemas mentales, tendrá una herramienta de integración social colectiva y un divertido juego de mesa para hacer sus tardes de Domingo más amenas con sus amigos más enfermos.

Llame ahora y no pierda esta oportunidad que le ofrece En Tierra Firme y consiga su Electroshock en casa por la módica cantidad de 99,90 Euros. Y si llama ahora mismo, le regalaremos este magnífico kit de viaje, para que se lleve su electroshock a donde quiera. Lléveselo al trabajo para olvidar lo que le dice el capullo de su jefe, lléveselo a la playa para atajar sus deseos al ver las chicas en bikini o lléveselo a clase para superar los traumas que le ocasionan lo que dicen todos los imbéciles de le rodean.

El regreso de Calamaro

Tenía ganas de escribir una crónica viajera. Desde que volví de Inglaterra no he publicado ninguna, no he tenido tiempo de viajar. Así que os comunico que mañana partiré a Barcelona para ver uno de los tres conciertos que ofrecerá Calamaro en su nueva gira.

Calamaro no actuaba en concierto en España desde hacía 5 años, aunque durante todo este periodo de tiempo ha sacado varios discos: El salmón, El cantante y ahora El regreso. Los que me conozcáis ya sabréis lo que significa para mí la música de Andrés Calamaro y Los Rodríguez, su música me ha acompañado desde que tengo gusto musical.

Este es un evento que no podía perderme y espero que sea un gran espectáculo. Si vuelvo satisfecho y vale la pena haré la crónica del concierto. Lamento mucho que mañana no asista mi amigo Daniel Zamora, (componente de los Rodríguez) a la Ciudad Condal, (lo digo para hacerme el importante, como a él le gusta) hubiese sido espléndido. Pero bueno, ya habrá otra crónica viajera cuando vaya a visitarlo a la Costra Brava. (Indirecta)

Respecto al blog, siento que no estoy en forma escribiendo, me noto pesado. Y no tengo el tiempo suficiente para actualizarlo frecuentemente. Espero que me perdonéis y seáis pacientes, las historias llegarán, pero no hay que forzar nada.


Greendog. Asociación para la protección de los perros verdes.

Greendog. Asociación para la protección de los perros verdes.

Se ha creado la primera asociación del mundo para la defensa de los perros verdes. El fin de esta es la concienciación social a nivel mundial de una realidad que no es ajena a nadie.

            En muchos países los perros verdes son marginados, perseguidos y maltratados sólo por el hecho ser verdes. Otros son mutilados y, los que peor suerte tienen, son asesinados para comercializar con sus pieles. Con ellas hacen campos de césped artificial en los estadios de fútbol más conocidos de España. Si usted es aficionado al fútbol, debe saber que está colaborando con estas mafias caninas internacionales. No se puede consentir en pleno siglo XXI estas muestras de xenofobia dignas de una sociedad incivilizada.

El portavoz oficial de la asociación, Boby, un perro verde que ha sufrido en sus carnes la marginación social, declaró: “Estamos hartos de que nos señalen por la calle y digan: ¡Mira, un perro verde!”, Boby se mostró indignado con todo esto y con la las frases hechas del idioma español, concretamente se refirió a la expresión “más raro que un perro verde”. “El lenguaje también está en nuestra contra, y esto atenta contra nuestros derechos y contra la constitución” dijo indignado.

Si usted es una persona solidaria y sensible ante esta causa, puede hacer su donativo económico a la asociación. O bien, si lo prefiere, puede apadrinar un perro verde. Póngase en contacto con el administrador de esta página entierrafirme@hotmail.com y haga su generoso donativo. Los perros verdes se lo agradecerán.

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