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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005.

08/12/2005

Un hombre con el alma corrupta defecando. (Platón nunca lo dijo)

Entró en el cuarto de baño, se situó delante del inodoro y se bajó los pantalones. A continuación, una persona aparentemente normal se hubiese sentado, pero nuestro personaje introdujo su cabeza en el inodoro e hizo el pino. Una vez consiguió el equilibrio con el culo en pompa apuntando hacia el techo, (hacia arriba, hacia la Idea de Bien) comenzó a hacer fuerza. De su culo iba apareciendo lentamente una figura cónica marrón que crecía como una flor, como una montaña que se levanta hacia el cielo, como una orca que sale del océano para dar un salto. En el momento en el que aquel cuerpo castaño estuvo medio fuera, el hombre dejó de moverse y la excrescencia abrió los ojos, miró a su alrededor y se vio atrapado en aquel ano. Haciendo gran acopio de fuerzas logró sacar sus extremidades superiores que estaban aprisionadas y pudo impulsarse para salir de aquel agujero negro. La caca caminó hasta el botón para tirar de la cadena, lo presionó y el cuerpo fue engullido por el inodoro y transportado hacia una mejor vida a través de las cañerías, que se amoldaban con la forma del sujeto por donde iba pasando.

Y así, queridos amigos, la mierda salió de aquel cuarto de baño dispuesta a encarar su nueva vida mostrándose tal y como era. El alma que habitaba dentro de él, la que daba movimiento a su cuerpo, se había desprendido de su disfraz.

Jueves, 08 de Diciembre de 2005 03:08 #. Tema: Relatos Hay 6 comentarios.

18/12/2005

El cántaro de oro


Cuenta la leyenda que un orfebre creó un cántaro de oro. Ese cántaro de oro cayó en manos de una escultora que lo utilizaba para transportar aguas y beber de él. El cántaro tenía unos poderes mágicos que hacía que todas las aguas que pasaban por su interior se depurasen. Todo el mundo quería un cántaro así. Pero un día, la escultora, decidió comprar otro cántaro porque pensó que ella no necesitaba un cántaro tan valioso porque con uno simple de barro le bastaba para satisfacer sus necesidades. Así que se deshizo del cántaro tirándolo por la ventana. El cántaro, pese a ser de oro, se rompió. Una artista que pasaba por allí lo recogió y se lo llevó a su casa, intentó repararlo, pero cuando fue al río a por agua apreció que por sus grietas se colaba el agua y no se podía guardar nada en él. Así que también lo tiró por la ventana. De este modo fue pasando de mano en mano sucesivamente. Todos los propietarios que tuvo apreciaron el valor de su material y todos coincidieron en que el cántaro era una rareza arqueológica excepcional, aunque rápidamente quedaban defraudados al ver que no podía transportar agua y ni aportarles nada útil. Nadie quería quedarse un cántaro tan caro y que no tenía ningún provecho. Sabían que repararlo resultaba más caro que comprarse uno nuevo. Como en aquel lugar todo se regía por la ley de la oferta, la demanda y el coste de oportunidad, todos preferían olvidarse del cántaro de oro y comprarse un cántaro de barro simple, práctico y útil.

Un día, unos expertos se reunieron para decidir cual sería el futuro de ese cántaro. Dieron por hecho que ese cántaro jamás podría ser útil aunque tenía unas características dignas de admiración. Concluyeron que lo trasladasen a un museo arqueológico de mucho prestigio donde quedaría expuesto al público y se custodiaría como patrimonio nacional. Acto seguido metieron al cántaro en el museo. Lo colocaron en una vitrina central donde fue admirado por muchos y querido por pocos. Esa noche llovía y hacía frío.

Domingo, 18 de Diciembre de 2005 22:16 #. Tema: Relatos Hay 14 comentarios.

22/12/2005

¿Quién es ese hombre?

Estaba yo lleno de ilusión esperando pacientemente en una cola de una administración de lotería. Había mucha gente. Finalmente llegó mi turno y vi al mismísimo Benedicto XVI despachándome un par de boletos de lotería que terminaban en 13 y en 03. No me quedé muy sorprendido, era como si fuese más o menos normal. Entonces Benedicto XVI salió que la jaula de cristal por un lateral, y pasó justamente por mi lado, sin escoltas ni nada. Yo sentía que tenía que decirle algo importante, pero no sabía el qué.

- Benedicto, tengo que decirle algo.

Él me miró, me sonrío y se fue ignorándome. Entonces me desperté. Extraño sueño, estuve pensando en el número, quizás era un sueño premonitorio. Hoy, instantes antes de que se inicie el sorteo de Navidad, no me arrepiento de no haber comprado ningún número terminado en 13, pero si sale, posiblemente maldeciré a todos los santos.

Son las 8:44 de la mañana. Es curioso, cuando tenía mucho trabajo que hacer era incapaz de despertarme pronto, me costaba una barbaridad. Ahora que ya he terminado los exámenes me desvelo enseguida. ¿Por qué el cuerpo se comporta de este modo?

Ya hace tres meses que comencé mi aventura quijotesca de retornar a los estudios, dejando de lado trabajo, dinero y estabilidad económica. No sé si estoy más feliz, pero creo que he hecho lo correcto. Lo que sí es cierto es que no estoy nada contento con los resultados, sé que no me he esforzado al máximo, sé que no he dado todo de mí y algo debo cambiar en mi comportamiento.

Comencé con una fuerza e ímpetu no vistas en mi antes, ilusión, ganas, trabajo. Prometí no caer en la vagancia y ociosidad, pero al mes y medio ya me levantaba tarde y me arrastraba por ahí. Durante estas últimas semanas he estado haciendo exámenes y me he enfrentado al sino eterno del estudiante de no ver recompensado mis esfuerzos cuando lo merecía y en otras asignaturas que no merecía nada tener buena nota. ¿Qué pensarías si os digo que una de las mejores notas que he sacado ha sido la de latín, la asignatura que más daba por hecho que iba a suspender? Quizás muchos se alegren y me feliciten por el encomiable trabajo realizado. Pero no más lejos de eso lo que sucedió fue que en el examen se sentó delante de mí el que más sabía de latín, y me copié miserablemente todo su examen. Desde luego la copia no fue exacta, el flamante erudito de latín sacó un loable 10 en su expediente. Yo me limité al 7 y medio. No estaba nada mal para no saberse absolutamente nada, sólo unas declinaciones y tiempos verbales. Ciertamente es algo vergonzante y ruin.

Días más tarde llegó el examen de filosofía, nos examinábamos sobre el inigualable Platón. El hombre era un ser pensante, aunque desatinaba mucho para mi gusto. Intentó darle una explicación a todo incluso a lo que no tenía capacidad para hacerlo. Dejó de lado a los filósofos de la naturaleza, a los físicos, para dedicarse a lo que él tanto criticaba: las creencias. Ni que decir tiene que fue el impulsor de la fe, la creencia en el alma que, aunque ya la promovieran los pitagóricos, la Iglesia adoptó sus enseñanzas adaptándolas a su catecismo. Un auténtico desbarajuste. Pues bien, aprendí de memoria todo el libro y las explicaciones del bueno de Platón. Estudié como nunca antes lo había hecho. Estaba seguro de sacar una buena nota, sobre todo si me preguntaba lo que más me sabía. Y cómo no, en el examen aparecieron las preguntas más esperadas. La redacción trataba sobre “El gobierno de la Polis según Platón”. Cierto es que el examen duraba 45 minutos. En los que hay que destacar las ideas principales y hacer una redacción clara. Tarea dificultosa ya que a mí me gusta repasar, retocar y enrollarme. Empecé muy bien y cuando faltaban 5 minutos me di cuenta que debía concluir pronto. Pese a eso sé que hice un buen examen y merecía una buena nota. Por eso me sorprendió mucho sacar un 7. No creo que mis merecimientos estuviesen reflejados. Voy a salir con la típica excusa de que los profesores tienen cierto prejuicio hacia mí, pero es indudablemente cierta. Si uno hace mala letra, viste mal, es un bohemio y no hace la pelota, les leen los exámenes con cierta actitud crítica, con el pensamiento adjunto de creer que ese chico no va a ir a ninguna parte. Sin embargo, si leen una letra clara, bonita y día tras días a uno le lamen el culo siempre habrá una mejor nota. Es algo más que comprobado. Pese a sacar la mejor nota de clase (el hombre puntuaba muy bajo) no me parece fiel reflejo a lo que hice por que nunca hago la pelota.

Con estos dos exámenes previos luego vino la semana de exámenes. Como bien es sabido, muchas veces el tiempo empleado en estudiar no es sinónimo de trabajo. Estudié lo inimaginable durante el puente, centré mis esfuerzos en aprender la historia del siglo XVIII y XIX. Para asegurarme un buen resultado lo que hice fue averiguar qué tipo de preguntas ponían en los exámenes de la primera evaluación. Vi que principalmente las preguntas se centraban en la constitución de 1812 y la primera guerra carlista. Por eso me esmeré mucho por estudiar esos dos acontecimientos, no sin prevenir que pudiese preguntarme por otra cosa mirando el resto del temario aunque no con mucho ahínco. Llegué al examen con el convencimiento y la seguridad de saber qué iba a preguntar. Repartió los exámenes boca abajo y dijo que no le diéramos la vuelta hasta que él no dijera. Cuando repartió la última hoja nos dio permiso para comenzar, di la vuelta a la hoja y me apareció la primera república. Suspenso.

Al día siguiente, tenía el examen de historia del arte con el mismo profesor. Puesto que ya había experimentado en mis carnes que él iría a poner lo más difícil de todo y lo que menos había explicado, decidí estudiar con un desmesurado aplomo, todo lo relacionado con la arquitectura islámica en España. Grecia y Roma serían muy fáciles como para ponerlas. Al llegar al examen, experimenté de nuevo mi ineficacia para ponerme en mentes ajenas y predecir sus actos. Preguntó Grecia y Roma y ratifiqué que uno nunca puede profetizar con exámenes. Es completamente inútil. Pese a eso, conocía bastante bien Grecia y Roma, saqué un 7, pero aún así me supo a poco. Cuando vi la nota recordé la frase que dijo el profesor al principio de curso: “Sé que este año no voy a poner más de un 7 a nadie”. Quizás sólo por orgullo se limite a poner 7. En la segunda evaluación pienso estudiar más y hacerle tragar la maldita frase que profirió a principios del curso.

Ese mismo día era el examen de Valenciano, estamos, para que os situéis en el tiempo, en el día 15 de diciembre del año 2005. Se trataba de comentar un texto. El texto era sencillo. No hubo complicación. Pero más tarde me enteré que los de la otra clase de segundo habían trabajado ese texto en clase. Eso hace que te ahorres mucho trabajo y que se cometiese una gran injusticia con nuestro grupo. No he visto la corrección del examen, pero comprobamos todos juntos que el tío ha puesto un 5 a todo el mundo. ¿No es raro?

Al día siguiente era el examen de castellano. Esta asignatura es aparentemente sencilla, es fácil aprobarla y difícil sacar buena nota. Es decir, consiste en hacer un comentario de un artículo periodístico, pero luego hay preguntas técnicas que a mí me disgustan bastante, análisis morfológicos y sintácticos. A mí me da mucha pereza estudiar esas cosas. Sé que hago muy mal y si quiero sacar buena nota debería estudiarlo. Pero no lo estudié. También había otra pregunta de vocabulario. Te preguntaban por tres palabras que aparecían en el examen que debía decir cual era su significado. Pese a todo eso, saqué un mísero 6 que no deja satisfecho a nadie.

Durante esa semana también expiraba el plazo para entregar los trabajos de literatura, en esta asignatura ha sido la única que he sacado buena nota, un 9. Pero si en el resto de asignaturas no me esfuerzo más... no haré nada. Este último fin de semana yo ya estaba asqueado, deprimido, con ganas de terminar. Tan sólo me quedaban los exámenes de geografía e inglés. Sabía que suspendería inglés, y después no tenía ganas de estudiar nada de geografía. Era como si me encomendase al destino. Empecé con ganas, pero no podía hacer ningún esfuerzo más por estudiar lo que no había estudiado cuando debía y hacerlo la víspera de un examen no servía de nada. Evidentemente suspendí las 2.

Salí de mi último examen de inglés descansado, más ligero, como si me hubiese quitado un peso de encima. Sabía que iba a suspender pero no me importaba. Sólo quería terminar esas semanas frenéticas y empezar el descanso navideño para dedicarme a hacer cosas que me gustan como publicar mis miserias aquí. Y aunque ahora me arrepiento de no haber estudiado, me he estado haciendo propósitos para el nuevo año sin que todavía haya terminado este, quiero estudiar más, quiero sacar buenas notas, quiero hacer algo en la vida. A veces me pregunto por qué hago esto, y recuerdo que era para estudiar periodismo como primera opción, comunicación audiovisual en segunda y durante el último mes me ha vuelto la idea a cabeza de estudiar filosofía. Al menos los filósofos me encantan. Me veo identificado con sus reflexiones. ¿Quién sabe si no me pondré a estudiar a los filósofos en vez de dedicarme a saber cómo se redactan noticias? ¿Cumpliré los nuevos propósitos o serán esas promesas que se olvidan en el mismo momento que las haces?

Tras los exámenes tan sólo me faltaba volver al instituto para recoger las notas, pero nadie me dijo a qué hora las daban. Decidí llamar a una de mi clase que me dio su número, pensé que sería útil algún día y efectivamente ayer me sirvió para preguntar cuando y a qué hora daban las notas. Marqué el número y entonces apareció la musiquita que algunos se ponen en el teléfono para recibir la llamada, la letra decía algo así: “¿Quién es ese hombre que me mira y me desnuda? Una fiera inquieta que me da mil vueltas y me hace temblar y me hace sentir mujer”. Cesó la música y escuché la voz que me decía: ¿Diga?

Jueves, 22 de Diciembre de 2005 11:56 #. Tema: Cosas de la vida Hay 2 comentarios.

24/12/2005

Navidad es amor que viene de Dios.

No me gustan las navidades, es más, odio las navidades. No me gustan las lucecitas parpadeantes, no me gusta ver en las bolsas de plástico de los comercios un “Feliz Navidad”. No me gusta la artificialidad de la que está hecha la sociedad, que se ve reflejada en los mismos árboles de plástico. No me gusta ver en la tele los logotipos de las cadenas cubiertos de nieve, cuando por aquí no cae ni un sólo copo de nieve. No me gustan los vulgares anuncios de perfumes que hablan francés, como si les diese un toque de distinción decir “Agua del water”, y en los que siempre sale una hembra desesperada al oler al chico que lleva esa colonia. No me gustan los dibujos de los trineos de Papa Noel, ni los reyes, ni los villancicos, ni esas estúpidas bombillas de colores que forman una campana e inundan las principales calles de mi ciudad. No me gustan los belenes que representan una historia mitológica de un niño que nació acompañado de unos animales y que dormía en un pesebre, historia que luego utilizó la Iglesia para sacar partido e imponer en los temerosos cristianos sus absurdas doctrinas conservadoras, en las que dicen, por ejemplo, que se amen unos a otros y más adelante puntualizan que no lo hagan entre seres del mismo sexo. No me gusta que me feliciten por inercia la Navidad, ya sea gente conocida o desconocida que durante todo el año no te han deseado ningún bien, ni se han interesado en saber cómo estás o si realmente eres feliz o no, sólo te lo desean, como quien tira la basura a un contenedor y espera que los empleados de sanidad pública los vacíen por la noche. Mucho menos me gusta que feliciten el nuevo año, ni ver que todos se vuelven locos por hacer planes durante esa noche como si se acercase el fin del mundo. No me gusta ver a la gente hacer esfuerzos por emborracharse o por drogarse más de la cuenta y que luego te digan que hay empezar con buen pie el nuevo año, sí señor. No me gustan los regalos de Navidad y por eso no hago ni recibo. No me gusta ver a los dependientes de las tiendas estresados ante la avalancha de consumidores frenéticos que no saben ni qué quieren. No soporto acompañar a nadie a comprar regalos o ropa y estar esperando más de dos horas ante su indecisión y donde compruebas que sus compras no les nacen del corazón y son más bien regalos por compromiso. Por supuesto que tampoco me gustan las grandes cenas familiares en las que se nota que se reúnen más por obligación que por devoción, en las cuales nadie quiere verse en realidad, de hecho no pueden ni verse. En ellas debes saludar a familiares a los que no has visto desde hacía exactamente un año y luego a ellos se les despierta un insolente interés en tu porvenir y tu situación conyugal, no por curiosidad, sino para criticar a tus espaldas lo que haces y que dejas de hacer. No me gusta soportar la ostentación y alarde que se ve en esas cenas, donde informan a su supuesta familia de sus nuevas adquisiciones en forma de coches, inmuebles o donde los solteros presentan a su nueva parejita de turno y la exponen como un animal exótico para esperar la aprobación del resto de la manada y se sientan importantes cuando lleguen a sus oídos los comentarios que han hecho los demás, sobre la primera buena impresión que les ha dado su nueva pareja. Toda la navidad es una gran hipocresía, en la que se acentúa la insensatez del ser humano. Parece, que el frío navideño congele la parte más interna de nuestro cerebro, donde se aloja la avaricia, la territorialidad y los instintos primarios más miserables. En definitiva, no me gusta la navidad, pero tampoco me gusta nada en general.

Lejos de felicitar las fiestas os deseo mucha mierda por largo tiempo, y si queréis ser feliz navidad... no me leáis.
Sábado, 24 de Diciembre de 2005 01:20 #. Tema: Divagaciones Hay 6 comentarios.

28/12/2005

Media verónica

En un arrebato exhibicionista sin precedentes os dejo con esta profanación de la mítica canción de Andrés Calamaro:

Media Verónica

Recomiendo encarecidamente que vayan a la verdulería más cercana para aprovisionarse de género suficiente para lapidar a verdulazos al artífice de este despropósito desvergonzado.

Miércoles, 28 de Diciembre de 2005 10:13 #. Tema: Increible pero cierto Hay 8 comentarios.

29/12/2005

Experiencias vividas en clase

20051229170421-pizarra.jpgUn día, el profesor de historia del arte estaba comentando las distintas épocas del arte griego y qué siglos correspondían a cada época. Cuando de pronto, un alumno de los allí presentes levantó la mano. El profesor le dio la palabra y preguntó:

- ¿Quién creo el mundo?

Todos nos quedamos mirándole pasmados, entre risas y bromas. Parecía que le había surgido una súbita duda existencial que no podía contener. El profesor le preguntó a qué venía esa pregunta, entonces el joven contestó:

- Pues si Dios creo el mundo... ¿Por qué habían cosas antes de Cristo?

El profesor, muy pacientemente, le explicó que Cristo no creó el mundo y le recordó quienes componían la santísima trinidad. El alumno se dio por satisfecho y se jactó de su perspicacia para no dar como válida la religión católica. Todo un filósofo en potencia de pelo en barba que ya superaba la veintena de años.

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En otra ocasión, en clase geografía, el profesor nos explicaba qué tipo de contaminaciones hay. Cuando dio los puntos que explicaban la contaminación del agua, habló de la salinización y explicó que, a veces, el agua del mar se mezcla con el agua de algunos pozos y hace esa agua inservible. En eso que saltó la pija de clase:

- Sí, a nosotros nos pasó eso, un verano que estuve veraneando en Denia no se podía beber ni cocinar del agua del grifo, teníamos que ir a un gran depósito de agua que habilitaron en la plaza.

Todos escuchábamos atentos a sus explicaciones, entonces, cuando el profesor iba a retomar la explicación añadió:

- Era horrible ¡Todo ese verano con el pelo hecho un asco!

Lo dijo como si se tratara de la mayor desgracia que le había sucedido en su vida. Y toda la clase estalló en una carcajada incontenible, y ella veía a todos descojonándose por los suelos y preguntando: “Ey, ¿Pero qué pasa?” Sin entender el motivo de nuestra mofa.

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Habíamos leído en clase de literatura un texto de un autor, al acabar, la profesora, con muy buenas maneras e intenciones, y como es costumbre en ella, preguntó si alguien no había entendido alguna palabra del texto, y entonces alguien preguntó:

- ¿Qué significa sodomizar?

- Sí, sodomizar, a mí me suena mucho. – Dijo otra.

- ¿Eso no es algo de la Iglesia? –Comentó otro.

- ¿Cómo que de la Iglesia? – preguntó la profesora.

- Sí, algo que decían los curas referente al pecado... pero no recuerdo qué.

- A ver, ¿Alguien sabe lo que significa sodomizar? – Preguntó la profesora dirigiéndose a todos.

Todos permanecieron en silencio. A mí me vio riéndome y me dice.

- Venga, dilo tú, que tú sí que lo sabes.

- No, yo no lo digo.

- Bueno, sodomizar es practicar el sexo anal.

- En otras palabras, dar por el culo. – Maticé.

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¿Cuál es la finalidad del educador? – preguntó el profesor de filosofía, que buenamente explicaba las teorías de Platón. Obtuvo el silencio como respuesta, por lo que formuló la pregunta de nuevo a un lado y otro de la clase. Y yo, que en ese momento gozaba de un estado le lucidez fuera de lo común, respondí:

- Educar.

Todos me felicitaron y me congratularon por mi gran descubrimiento. Se burlaron buena cosa y toda la santa tarde estuvieron llamándome el educador.

Jueves, 29 de Diciembre de 2005 16:56 #. Tema: Cosas de la vida Hay 8 comentarios.

31/12/2005

Adiós 2005

Fue el año que empecé trabajando, dejando los estudios de lado. Desalentado y desilusionado ante un curso que no me aportaba nada. No me gustaba estudiar programación, ni configurar ordenadores en red. Mientras hacía todo eso, yo me preguntaba cuál era el sentido de la vida. Tampoco me gustaba la gente con la que iba, así que con la excusa del trabajo me lo dejé con la esperanza de retomarlo al año siguiente.

Fue en el año en el que me propuse ir a Inglaterra , quería irme a vivir allí durante una temporada, me informé de los billetes, de los trabajos y de las ciudades. Pero no hice eso, me limité a ir durante una semana en la que visité a mi hermana que estaba de Aur-pair con una familia de locos guarros y con dos niñas de lo más estrambóticas que he visto en mi vida. Visité Londres , el museo británico, paseé por las calles de esa peculiar ciudad repleta de relojes. Degusté su más típica gastronomía. (Un plato de patatas con un pescado). Visité Manchester, Leeds y me quedé con la deuda pendiente de visitar Liverpool.

El año en el que fui a los conciertos de Def Con Dos y Andrés Calamaro . Al musical de Queen, que me encantó. En el que me di de alta en la SGAE para registrar la canción en la que participo en la letra que saldrá en el disco de Daniel Zamora, excomponente de Los Rodríguez, y que posiblemente grabará con Ariel Rot.

Fue el año que trabajé durante más de cuatro meses, que hice grandes migas con gente y me sentí muy bien con los compañeros, aunque el trabajo era para volverse un poco loco . Tenía una vida de lo más normal. Si hubiese sido por los compañeros sin duda alguna me hubiese quedado allí. Pero pensé que soy joven, y que puedo hacer algo que me llene de verdad. Me ofrecieron un contrato indefinido , y tras aceptarlo me arrepentí. No quise continuar con esa forma de vida porque no era feliz. Y ahora sigo en busca de esa felicidad, en busca de mi realización. Tras unas semanas frenéticas, terminé haciendo lo que nunca pensé que haría. Me matriculé en segundo de bachillerato para poder acceder a la universidad, en alguna carrera que me gustase. Y así sigo, con ilusión y con la esperanza de acabar este curso con buena nota, suficiente para hacer periodismo. Y no en Valencia, porque es imposible, pero sí en Madrid. Es el objetivo que se me ha metido entre ceja. Sé que si viajo hasta allí, comenzaré una etapa fructífera. Aunque siempre hay miedo. Y es que es difícil afrontar las cosas cuando no escuchas a nadie que te da aliento, cuando sólo escuchas una voz dentro de ti que te dice que puedes y temes que sea una paranoia o un delirio de grandeza.

Lo siento por todos mis amigos a los que no he prestado toda la atención que se merecen, a los que creen que me distancio de ellos. Pero no tengo nada personal con nadie, es el simple desencanto por todo en general. Y siempre me pregunto antes de salir o hacer algo ¿Para qué? ¿Me lo pasaré bien? ¿Veré algo nuevo? Y como sé que no, pues no estoy muy sociable.

Y emocionalmente.... ay... empecé muy perdido, buscando lo que anhelaba como un loco. Recomponiéndome de algo que pudo resultar trágico, pero que mi experiencia hizo que no se convirtiese en un mal crónico y depresivo. Me perdí en la inmensidad, conocí a muchas chicas, algunas maravillosas, otras me demostraron que el afecto, la bondad y los principios existen. Que había honestidad y nobleza. Pero gracias a eso me di cuenta de algo. Me di cuenta que todavía no puedo cargar con una relación porque antes tengo que repararme. Este cántaro loco, todavía derrama agua y no está acabado.

Adiós 2005. El año que creé este blog , donde doy rienda suelta a esas preocupaciones que no puedo compartir con nadie, y que aquí, en un lugar perdido del ciberespacio, están colgadas como estrellas que no calientan ni iluminan a nadie, pero brillan en su centímetro cuadrado que tienen.

Bienvenido 2006

Sábado, 31 de Diciembre de 2005 16:35 #. Tema: Cosas de la vida Hay 5 comentarios.

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